lunes, 18 de enero de 2010

Ciertas pequeñísimas libertades (I)


Multitud de matices conforman la libertad. Puede que en ello radique la gran dificultad para consensuar un transparente concepto que la defina: en la existencia de múltiples libertades. En mi opinión, la libertad es sólo personal, una cualidad aplicable únicamente al ser individual que es cada quien, y que es el que la perfila, la enuncia, la decide, la moldea, la ejerce o la niega. Al mismo tiempo, nuestra condición de entidades mortales confinadas a este género de la fauna terrestre que hemos autodenominado homo sapiens, confirma ese carácter subjetivo que refiero, al circunscribir la libertad al discreto umbral de actuación de dicha especie.

Esto, entre tantas juveniles razones, provocó que alguna vez considerara a la libertad una más entre las grandes utopías del hombre. O las idioteces. Mis presupuestos para negarla iban desde la imposibilidad de elegir las circunstancias en las que se nace, los factores culturales, los psicológicos o las naturales limitaciones del animal físico que somos... hasta la eventual existencia del destino: lo que sucede ¿es puramente azaroso o irremediablemente necesario (o sea, no podría dejar de ocurrir)? Sólo el azar dejaría cierto margen de maniobra a la posibilidad de existencia de algún tipo de Libertad.

Desde esas y otras muchas premisas emergen una serie de situaciones en las que la decisión de elegir es un acto de nuestra absoluta correspondencia. Estas situaciones son diferentes y constantes y nos proporcionan la oportunidad de ejercer esas pequeñas y continuas libertades con que salvamos o arruinamos cada día. Sin embargo, en determinados momentos, la percepción de alguna de esas libertades menores nos conduce a estados de euforia o simplemente nos llena de insólitas certezas, de tal conciencia de Ser, que solemos recordarlas o exhibirlas como los únicos momentos en los que realmente hemos sido o nos hemos sentido libres. Son momentos de Libertad con mayúscula, escasos, pero fundamentales por su valor como referente en un mundo y una vida tan únicos como coartados.

La primera vez que experimenté la Libertad no fui consciente de ello. (Tampoco, visto en la distancia, sorprende el que no me haya percatado de tan insólito suceso, como observarán más adelante). Por ese motivo, cuando refiero los pocos momentos en que he rozado situaciones de auténtica liberación, no lo hago siguiendo el orden cronológico en que fui llegando a esos estados, sino aquel en el que los percibí.

Hace ya años, catorce para ser preciso, reconocí cómo me sucedía la Libertad por primera vez. La acompañaba cierto matiz doloroso. Cargaba con una pérdida, un pequeño enorme sacrificio necesario para la percepción del acto sublime de sentirme ¡LIBRE! Sucedió a poco de llegar a España, exiliado, cuando mi esposa se reunió conmigo. Una noche, mientras buscábamos trabajo de bar en bar. En el metro de Madrid. Sentí que, por primera vez en mis 34 años, no tenía que rendir cuentas a nadie. Y cuando digo nadie, hablo de mi familia, que era, a esas alturas, la única institución humana a la que me sentía obligado a rendir cuentas desde hacía ya tiempo (ese era el dolor: la tanta lejanía).
Estábamos solos, en otro mundo. Sentí una brutal liberación. Nadie me esperaba al regresar esa noche. Ni siquiera tenía adonde regresar. No me importaba regresar a ningún lado. Ni quería. Tampoco debía "avisar" a nadie si tardaba o si no regresaba. Estaba, de entre todas las personas que amaba, con la única que había elegido yo para darme un baño de vida si esta, la vida, me daba esa oportunidad. Y me la estaba dando. Reíamos, saltábamos las escaleras y el andén. No teníamos ni dinero ni trabajo ni “papeles”. Ni futuro inmediato. Nuestro pasado estaba lejos, literalmente lejos en el espacio, más allá del océano. Mi hijo estaba a salvo, bien cuidado y en el país donde siempre había considerado yo que debía estar. No teníamos nada que perder. Ni que ganar. Estábamos liberados de compromisos. El lastre de nuestra responsabilidad para con el resto del mundo, los afectos, las convenciones sociales, las correcciones en nuestros modos de comportarnos, toda esa carga que, sin dejar de ser incluso hermosa, es agresivamente pesada, había desaparecido. Al menos momentáneamente. Ni siquiera nos sentíamos responsables de haber propiciado esa situación. Y, uy, ¡éramos libres! ¡absolutamente libres!
No digo que fui feliz porque no lo recuerdo. Pero, sentí la Libertad, en tiempo real, por primera vez en mi vida.

Cada pequeña libertad tiene su propio umbral de maniobra, su espacio pleno en su territorio particular, y sus fronteras. Por eso, cuando digo que he sido o soy libre me refiero a que he conseguido cubrir plenamente el espacio destinado a un tipo particular de libertad, a que he llenado todo ese espacio como haría el agua en un estanque, aunque sin la posibilidad de desbordarlo.

Aquella, por tanto, fue tan sólo una de las tantas pequeñas libertades a que podía o puedo aspirar, una desatada posibilidad de movimiento, física liberación que hizo fluir la sangre por mi cuerpo y aligeró mis pies. Aquella libertad me procuró una mejor perspectiva de nuestra situación, incrementó mi fe en el futuro y me confirmó definitivamente que había dado el paso correcto al largarme de Cuba.
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9 comentarios:

  1. Rube, aunque se que te idealizo, tambien te confieso algo: mi primera sensacion de libertad, me vino como un experiencia importada desde ti. No es que no tuviera yo el sentimiento, es que tu lo verbalizaste.
    Sucedio en tu carro, en algun punto del camino que hay entre Madrid y Toledo, me llevabas alli, gentilmente. Y me dijiste: me siento libre porque puedo hacer esto, llevarte, en mi carro. Yo sonrei agradecida y ahora te digo lo que entonces no supe: yo tambien.
    beso largo, porque sangramos, luchamos, pervivimos...

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  2. Sabes, Mabe, ahora que leo lo que has escrito: ¡yo tengo un carro!... ¡yo, que nunca pensé llegar a tener un carro!...Curiosamente lo veo escrito por primera vez, o me percato de ello por vez primera... Es asombroso como, para muchos cubanos, tener un carro (una ¡máquina!, soñaba yo cuando niño) es un símbolo de Libertad.
    Gracias por tus palabras.

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  3. Esto sólo es para "descargar", de forma caótica como siempre hago todo en mi vida. Y no significa que esté en contra o no, de lo que escribiste en este precioso artículo.
    Primero, no me siento libre porque mis padres y hermana murieron ya. Eso te deja la sensación de que estás indefenso en la vida, porque siempre tuviste un hogar y una familia que ya no existe (esto es independiente de tus hijos y tu esposa. Me refiero a la sensación que te deja la ausencia de lo que te protegió y respaldó siempre).
    Segundo, cuando casi llego al estado que describes, rompe la magia el pensamiento de que en cualquier momento llega un policía y te cuestiona por qué te sientes libre si este no es tu país.
    Tercero, me encanta ser dependiente de mi mujer. No soporto ese casi clisé de "necesito más independencia en mi pareja", "Me axficio, quiero más espacio en mi pareja". Yo creo que cuando uno está enamorado, encuentra la libertad y la independencia dentro de la dependencia de la relación, por contradictorio que parezca. Quiero a mi mujer bien cerca de mí para estar libre de ella y de todos.
    Cuarto, a pesar de lo que acabo de señalar, a pesar de encontrarte razón en muchas cosas y a pesar de no vivir cerca tuyo para "descargar" como antes, me siento más frecuentemente feliz que libre. Es un concepto que veo más claro.
    Un abrazo para Judith y un pellizquito para ti (o como lo quieras repartir).
    P.P.

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  4. Ah, se me olvidó agregar que disfruto de casa y auto, pero nunca he puesto nada material a mi nombre. Sabes que cuando me separo lo dejo todo y sólo me llevo la ropa, mis libros y ahora la laptop. Eso me da la sensación estúpida de ser más libre.
    P.P.

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  5. Pues, muy precisa y motivadora tu “caótica” percepción de todo esto, P.P. Pelayo. Y no se trata de estar “en contra o no” de mis consideraciones, sino de que cada una de esas coincidencias u objeciones para con ellas son pequeñas libertades que ejerces.
    Es comprensible también que te sientas “más frecuentemente feliz que libre” (aunque yo te exhorto a que reflexiones acerca si de verdad es “felicidad” lo que sientes y no tal vez un estado que se le aproxima y que también te procura placer, bienestar, alegría, goce. Es que la felicidad me merece una consideración distinta, y por eso matizo). El asunto es que la libertad, como norma, no depende de ti (sobre esto hablaré en próximas entradas) pero la felicidad sí. La búsqueda de equilibrio, de realización, de bienestar, la búsqueda sin más, puede ser motivo de felicidad. La libertad, su ausencia, sólo nos procura angustia. Solemos, podemos poner felicidad en las más difíciles situaciones; nos bastamos a nosotros mismos para ello. Pero, la libertad no está en nuestras manos. Por eso tenemos más posibilidades de ser “felices” que de ser libres. Lo que creo que sucede es que la felicidad, o su aproximación, nos procura un estado tal de “luz” que terminamos creyendo que no necesitamos la libertad. Incluso la coartamos nosotros mismos, porque la necesidad de ella no nos permite vivir felices. Es también autoprotección, instinto de supervivencia...
    Otra cosa es nuestra libertad para decidir cómo ser felices, y el ejemplo que pones es perfecto y hermoso: qué nos vamos a contar tú y yo de nuestras necesidad de M y J: ¡sólo en ellas somos libres!...
    Pero, cuando me paro frente a la vida, frente a mí mismo y a mi pasado y a lo que pueda haber de futuro, comprendo, decido que hay libertades posibles que son previas a mi felicidad, libertades que, hasta donde de mí dependa, no quiero darme el lujo de no ejercer. A estas alturas ya he comprobado que la vida es corta; he aprendido (ya era hora) que la felicidad viaja con uno; y he decidido que la libertad es hacer lo que hay que hacer, y nunca dejar de intentar ser feliz mientras la vida dure.
    Dentro del caracol todo es decisión personal. Y sí somos libres para tomar esa absolutamente íntima e individual decisión.

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  6. Consultas:
    1-Si la felicidad te procura placer, bienestar, alegría, goce, y un estado que se le aproxima te procura lo mismo, ¿qué importa cómo se llame ese estado si te vas a sentir igual?
    2-Si la libertad no depende de ti, ¿dónde queda el manido concepto que muchas veces fue lo que nos hizo y hace sobrevivir: "tú eres libre en tu mente y en tu creación sin depender de lo que te rodea"?
    3-Si la necesidad de libertad nos angustia, nos nos hace feliz y no depende de nosotros, y la felicidad nos brinda un estado de "Luz" con placer, bienestar, alegrúa, goce y depende de nosotros, ¿para qué nos sirve ser libre en esta efimera vida? ¿Para qué machacárnosla, como diría un amigo nuestro? ¿No es mejor preocuparse por ser feliz y no de ser libre?
    4-¿por qué me meto a discutir contigo si nunca ninguno de los dos le ha ganado una discusión al otro?
    5-¿Por qué si firmo como "PP" para pasar inadvertido, porque soy tímido y acomplejado, me respondes como Pelayo?
    P.P. (Pedrito Pible)

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  7. “Cuando me fui de Cuba” o para hablar más exactamente, cuando decidí quedarme fuera de Cuba sopesé los pros y los contras, quién no?, y el balance me dio en el concepto de pérdidas, muchos puntos objetivos y dramáticos; como ganancia tenía pocos y subjetivos, con lo cual decidí que para hacer rentable esa operación debía magnificar los elementos espirituales, el ejercicio de la libertad y la lucha por la felicidad entre ellos, y me puse a la tarea desde entonces.
    Coincido con PP en que pormenorizar sobre ello es absurdo, sobre todo si tienes en cuenta que no son directamente proporcionales, ni siquiera inversamente, por otro lado ser libre no es lo mismo que sentirse libre así como tampoco sertirse feliz te hace un hombre feliz.
    Sobre la construcción de la propia libertad se erige el monumento a las libertades sociales, gestión indefinible e ingrávida y conste que esta aseveración no sostiene que estés en lo cierto cuando la ves quimérica, la libertad es tangible, es posible, pero solo si tienes claras las reglas de uso y abuso, y sobre todo que la esclavitud voluntaria no nos hace deficientes de libertad, cuando hemos elegido pertenecer a algo o a alguien hacemos un ejercicio de libertad.
    Las manifestaciones de exaltada libertad solo se dan en ocasiones, más bien escasas, a mí me sucede cuando voy en un avión y este levanta el vuelo, vaya prosaísmo!!! Pero la mezcla de exaltada libertad y exaltada felicidad, ah! eso es harina de otro costal, es el non plus ultra de la realización y suelen suceder como consecuencia de actos tan baladíes que asusta.
    Por último, y para no dar más la lata, yo creo que no existen actos de “nuestra absoluta correspondencia”, somos seres sociales, animales de compañía, léase acompañar y ser acompañados, por lo que el uso de tus libertades, del libre albedrío, siempre atañe a otros, y para mí es lo que entorpece la medida justa de ese acto, pero volvemos a lo mismo: no quiero ser libre y solo, ni quiero ser feliz y no ser libre, ni quiero ser feliz y solo, ni puedo ser infeliz y libre, ni deseo ser solo y libre, ni puedo, ni quiero, ni deseo. Me entiendes?
    GBP

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  8. P.P. Ayer estuve todo el día de cumpleaños, el de mi hermano Ángel. He estado ¡tan contento!, he disfrutado mucho, la alegría de la familia reunida y cosas así maravillosas. Pero no tenía libertad, entre otras cosas, para sentarme a responderte. Por cierto, una caja de botellas de vino de la Rioja son un obstáculo mortal para ciertas libertades, principalmente esta que te cuento: no te permite dejar de disfrutar. Horrible.
    Te contesto, con toda libertad (por ejemplo, lo hago de abajo hacia arriba):
    5) Pedrito Pible, ya sé que te molesta que te confunda o te acuse de Pelayo (ya sé: más Pelayo seré yo), pero me divierte mucho y sobretodo: soy libre para hacerlo. ¿O no?.
    4) Nunca nos hemos ganado una discusión uno al otro porque las difusiones no solemos emprenderlas para ganarlas, sino por el puro placer de discutir. Si no pudiéramos ejercer la libertad de decidir hacerlo así tendría que ganar alguno cada vez. Esa pequeña libertad nos propicia la felicidad de seguir discutiendo.
    Eso me lleva a responder la pregunta anterior, o sea la siguiente:
    3) Ser libres no nos sirve de nada en sí mismo. Pero es fundamental que exista el muro de la falta de libertad para procurar derribarlo a toda hora y conseguir con ello el placer , el goce y hasta la felicidad. La angustia es el punto de referencia para esos estados de bienestar. La mayoría de los espacios de placer, al menos los mejores, son espirituales e intelectuales (hasta la vulgaridad de tener que comer para mantenernos vivos -otra falta de libertad- la hemos convertido en un hecho estético, para mí uno de los más deliciosos), y nos los procuramos y los buscamos nosotros mismos precisamente desde nuestra certeza de lo efímeros que son. No tener libertad para poder elegir vivir en constante felicidad, saber lo limitado que es cada trocito de alegría, hace que lo apreciemos mejor.
    “¿No es mejor preocuparse por ser feliz y no de ser libre?” Cada vez que eres feliz es porque estás ejerciendo una pequeña libertad, porque te has liberado de algún tipo de “esclavitud”. Aunque sean cosas diferentes no parece que se puedan desligar libertad y felicidad.
    2) A esta pregunta intento dar respuesta en los post que publicaré a continuación. Sólo te señalo que, justo por eso, es que hablo de múltiples, pequeñas libertades, no de una sola libertad.
    1) Importa, mucho, llamar a cada cosa con la mayor precisión posible. La felicidad incluye a todos los otros estados. No te sientes igual en cada uno de ellos: estar alegre.. sentir placer... disfrutar de bienestar... la gozadera... ¿ves que son cosas distintas?

    Sabes, gracias al amigo Aramís Quintero aprendí en mis juveniles años la importancia absoluta de cada palabra, de cada frase, de cada cosa que se diga y, sobretodo, que se escriba. Mezclarlo todo, confundir los significados crea malentendidos, imposibilita la comprensión y además inhibe el disfrute estético y el placer que causa lo bien “dichecito”.

    Pero, si tienes ganas de discutir...

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  9. GBP, no te entiendo pero estoy de acuerdo contigo...
    En realidad en estos temas sucede que hay tantos puntos de vista como gente opine. La tesis de mi post es exactamente la de que hay “múltiples libertades”, “multitud de matices” que la conforman, “pequeñas libertades” nuestras de cada día de toda la vida, y que, puesto que cada persona, de manera individual, es quien “la perfila, la enuncia, la decide, la moldea, la ejerce o la niega “ (como se hace evidente en tu planteamiento mismo), la libertad es de “carácter subjetivo”. De ahí que comience la respuesta a tu comentario con esa medio-broma: estoy convencido de que tú si sabes de tus libertades y seguramente si yo fuera tú opinaría y actuaría como tú; por eso estoy de acuerdo contigo aunque no te entienda.
    De todas maneras, ese que cité fue sólo un momento, la primera vez sentí “en tiempo real” la libertad. En ese momento comprendí que casi todo lo que había vivido y tenido antes por libertad era únicamente “soledad” y por eso me refería a ella como una “idiotez”. De la primera vez que seguramente fui libre hablaré ahora en el próximo post.
    Y ante el ingenioso modo en que cierras tu comentario, desde mi subjetiva visión de la libertad sólo puedo responder que yo “sí quiero ser libre y solo, y quiero ser feliz y ser libre, y quiero ser feliz y no solo o sólo, y sí que puedo ser infeliz pero libre (algo de felicidad hallaré), y deseo ser solo y libre para elegir no serlo, y puedo, y quiero, y deseo. Me entiendes tú?... Porque, yo no.

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