viernes, 22 de enero de 2010

Ciertas pequeñísimas libertades (II)


Si el más bajo nivel de la libertad es su absoluta inexistencia, su punto más alto tiende al infinito: Libertad Infinita. Pero, puesto que todo lo que tiende al infinito es inconcebible para nuestra mente, sólo un acto de Fe nos puede llevar a la aceptación y comprensión de tal perspectiva.

Más de veinte años atrás, mientras reparaba el mundo cada día junto a un montón de obreros de los sueños, poetas, músicos, pintores, amigos y amigas todos, en aquella creída Matanzas de nuestra juventud, había experimentado la Libertad por primera vez. Entre versos y trazos, acordes, acuerdos y besos, jugábamos a hacer preguntas y, abriéndolos al azar, a encontrar respuestas en los sagrados libros de grandes y exóticos poetas como Rimbaud, Whitman o Tagore (aún no nos atrevíamos a buscarlas en nuestros propios amagos artísticos). En algún momento alguien, seguramente en voz baja, sugirió que esas respuestas donde mejor se hallaban era en la Biblia...sss... ¡Cuánto morbo propicia a los jóvenes cualquier gesto que se les antoje conspiratorio! Y eso era justamente la Biblia en aquella provinciana urbe de una Cuba atea comunista restrictiva que te vigilaba e imponía castigo si quebrantabas sus preceptos. Al día siguiente teníamos una Biblia (la de Lissy Rodés...sss, por supuesto) y todas las respuestas en la sala de mi vieja casa.

No soy capaz de describir lo que significó para mí el descubrimiento de una estética y una suerte de liturgia literaria que me habían estado vedadas y a las que consideraba, desde la soberbia de mi ignorancia, retrógradas, kitsch y peligrosas. Unas primeras ojeadas a aquella distribución de los parlamentos en pequeños versículos numerados, el lenguaje multiliterario y nada coloquial de la versión de Casiodoro de Reina, las sugerencias constantes de sus metáforas y la música que traslucía del finísimo papel que enfrentaba por vez primera me descubrieron un universo apasionante y conmovedor.

Nunca devolví a Lisett su Santo Libro. Me lo apropié y me lo bebí, a infinitos y egoístas sorbos, como supongo degustan los catadores profesionales la exquisita intimidad de un vino desconocido y magnífico. Versos de los Salmos y sentencias de Eclesiastés me desposaron con el judaismo. Luego llegó Jesús. La cruz. El Amor. El dolor, el infinito inmenso dolor que me tuvo llorando toda una larga noche. Y ese amanecer en que me descubrí liberado de algo que no podía precisar, pero que estaba relacionado directamete con el conocimiento. Me había liberado de la duda, la incertidumbre del antes y el después. No era creible que algo irreal provocara tal dolor. Ni que tamaño sufrimiento provocara tanto amor.

La Fe me desató de la muerte, me salvó de todo y de la Nada y me liberó del sinsentido. Fue mi primera libertad un encuentro tan absolutamente personal, íntimo y natural, que sólo con el tiempo pude comprender de qué se trataba. La Fe sigue siendo la más cara de mis libertades y la que mayor umbral de maniobra me ofrece; tanto que no soy capaz de llenarlo. Aún.

¿Está el concepto de libertad supeditado a la posibilidad de su ausencia, validado por la perspectiva misma de perderla? Simplificando: ¿se hará la libertad (total) sólo cuando no haya que hacer uso de ella porque han desaparecido todos los obstáculos que nos conducen a ejercerla? El frío no existe, existe la ausencia de calor. Igual la oscuridad: es como nombramos a la ausencia de luz. ¿Sucede algo parecido con la libertad, de modo tal que esta sólo existe o tiene sentido en la eventualidad de que desaparezcan las causas que la propician? ¿Podríamos sentenciar: la libertad no existe, existe la ausencia de límites?

Si desaparecen todas las circunstancias que limitan la libertad no queda nada, apenas “vacío”. El ejercicio de la libertad sólo tiene sentido si existe una situación que impida ese ejercicio, puesto que el concepto de libertad nace precisamente de ese impedimento. Cualquier otra cosa sería unicamente “nada”, ausencia de obstáculos. Si a esa ausencia queremos darle valor, sea, y llamémosle Libertad Plena o Total o Absoluta. Sólo que, en ese caso, no parece que tenga valor alguno, ni utilidad. Si no tienes contra qué usar la libertad (o si cualquier cosa que “elijes” estaba ya determinado de antemano), la libertad no existe. Esa parece ser la conclusión más adecuada para el ser limitado y mortal que habita nuestro conocido mundo inmediato. Y a ese mundo y ese ser corresponden esas pequeñas libertades que voy refiriendo.

Otra cosa es que consideremos la libertad desde el punto de vista de la Fe en Dios, de la trascendencia. Si aceptamos nuestra mortal condición, la defensa de la existencia de la libertad como entidad independiente, objeto o sustancia en sí misma y no como valor sólo referido al hombre, no tiene mucho futuro. Pero, una vez resuelto el obstáculo de la mortalidad (y la Fe lo resuelve), la perspectiva cambia. Esa “nada”, ese “vacío” que queda ante la desaparición de todo límite, adquiere forma y sentido, se convierte en Libertad real y absoluta. Un estado que yo sé, deseo, sospecho ES de plenitud (dando al significado de ese vocablo una connotación imposible de explicar).

La Fe es la certeza de lo que no se ve. La libertad, desde la certeza de la trascendencia, es inexplicable para los humanos. Sólo me atrevo a considerar que sí tiene un referente: esto que conocemos como vida, mortal, finita, limitada.

La Libertad es, entonces, que seré libre de esta finitud, de esta mortalidad, de esta limitada existencia.
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5 comentarios:

  1. En ese campo ya no me atrevo a opinar, la fe encierra tantas incertidumbres para mí y suscita tantas preguntas que me provoca más que otra cosa desconcierto e inestabilidad, confieso que mi posición es mezquina y personal, las mínimas, mías, para mí, injusticias divinas, las siento colosales e injustificadas, y me alejan de abrazarla, y créeme, nada tiene que ver con la felicidad o con la libertad esta sensación.
    Siempre he sentido un poco de envidia hacia los seres que confían, que creen, por naturaleza y también como consecuencia de los actos que rodean mi vida soy incrédula y solo confío en el ejercicio de mi raciocinio y en la fuerza de mis manos y de mi espíritu, que esto tiene algo de místico? puede ser, pero cómo lo llamo si no con estos nombres?
    GBP

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  2. “La fe encierra tantas incertidumbres para mí”... GBP: la Fe es lo opuesto a la incertidumbre. Uno se pregunta el cómo y el por qué, se desconcierta y tropieza, pero no duda: esto que conocemos como “la Vida” no es lo único. El énfasis en la opción de los cristianos es porque, además de anunciar la trascendencia (la vida después de la muerte), propone comportamiento, un modo de vida. Nunca va a perjudicar hacer el bien, aunque el mundo esté lleno de mal y de injusticia. Incluso, para quien cree (o quiere) que el Dios de los Cristianos, o cualquier Dios, es injusto o violento, la propuesta es “haz el bien”, “nada mejor que dar la vida por tu amigo”, “ama a tu enemigo como a ti mismo”... El argumento contra eso es que quien lo predica no lo cumple... ¿qué te parece?... Anjá, si quien lo predica no lo cumple, ¿tampoco lo hagas tú?, ¿sé una mala persona?, ¿sé como ese que criticas?... Tienes esa libertad y ¿seguramente serás feliz rompiendo todas las reglas de la bondad y el buen hacer y actuando como aquel que dices que hace mal?
    Bonito tema, perdona que me salga un poco. Tu posición no es mezquina, es natural y la única posible y humana: absolutamente personal. “Las mínimas, mías, para mí, injusticias divinas, las siento colosales e injustificadas”.. eso “denuncia” a una buena persona, no a un ser mezquino. En cualquier caso, no me refiero al hecho moral, ni ético, ni histórico o metafísico de la vida después de la muerte. Mi tesis es que, para quien acepte que hay ese “después”, la libertad es “algo” en sí misma, objeto, sustancia, lo que sea, pero no una “cosa” que existe sólo porque el hombre la necesita y la crea y la cree para salvar sus propias limitaciones. Es el único caso en el que sí existe la Libertad Absoluta.
    “Tus manos y tu espíritu” te hacen un ser particularmente maravilloso. Es tonto creer que somos consecuencia del azar, pero es de idiotas creerlo y actuar como si fuéramos a ser juzgados después. La ética, la moral, la corrección, el respeto a la libertad ajena y el sacrificio de ciertas felicidades por “respeto” a los otros, por temor a la ley.. ¡la ley misma!.. ¿qué sentido tiene todo eso si no hay más que lo hay?.
    Es más, no te digo que esto que conocemos no sea lo único que hay, sino que si es así, hemos estado desperdiciando la vida desde el principio. Porque la mayoría de nuestras limitaciones, ausencias de libertades y la tanta escasez de felicidad, parten de sacrificar nuestra natural e intuitiva tendencia a sentir placer y a gozar la vida y a procurarnos felicidad, por temor a ser juzgados, por el "qué dirán", por ser “correctos”. Soberana tontería si la cosa no pasa de aquí.
    Perdona la extensión. Y gracias por comentar. Lo primero limita mi libertad. Lo segundo me hace feliz.

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  3. Unas reflexiones bellísimas. La libertad yo también creo que es una conquista, nadie nos la puede regalar. Y además no puede haber libertad plena si no nos libramos antes de la ignorancia, porque sólo si conocemos otras opciones, podemos elegir entre ellas. Los jóvenes que son educados en los catecismos progres, en el positivismo y relativismo baratos de tanto maestrucho con alma de funcionario, quedan espiritualmente cercenados, sus ideas y opiniones no son suyas... Mientras no den el paso de instruirse, de indagar por ellos mismos. Es decir, mientras no conquisten su libertad.

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  4. El anterior CLD soy yo, Carlos López de Archipiélago Duda. Un saludo.

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  5. Tienes razón, Carlos: “no puede haber libertad plena si no nos libramos antes de la ignorancia”. “Ser cultos para ser libres”, decía José Martí.
    Al leer tu comentario me he preguntado si para comprender, aprender, enterarse de que “nadie nos puede regalar la libertad”, primero no habrá que realizar ese mismo ejercicio que acertadamente sugieres para los jóvenes: el de dar “el paso de instruirse, de indagar por ellos mismos”, por uno mismo. ¿Será en ese orden?
    Ahora bien, ¿qué ha de ocurrir entonces para que esos jóvenes decidan buscar, averiguar si existen otras opciones válidas, cuando crecen sumergidos en esos dogmas, cuando desde la cuna, en la casa, la escuela, la prensa, la tele, el cine, los juegos, les están inyectando en teoría y en la práctica esas “certezas incuestionables”? ¿Y cómo hacerlos reflexionar si a quienes aman la libertad no les gusta imponer la libertad, ni siquiera el amor mismo a la libertad?
    Una mezcla de tristeza y rabia es lo que siento cuando pienso en la cantidad de tiempo que la progresía, mediocre y malvada, le ha hecho perder al hombre moderno.
    Bueno, un poquito de optimismo: lo que haces en tu blog para poner un poco de luz en tanta intención de penumbras.
    Muchas gracias por pasarte por aquí y por tus palabras.

    El blog de Carlos López es "Archipiélago Duda" y este es el link: http://archipielagoduda.blogspot.com/
    Os lo recomiendo.

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