jueves, 4 de febrero de 2010

Ciertas pequeñísimas libertades III (Final)

¿Es el ser humano malo por naturaleza? ¿O la gente es buena al nacer? Esta es una cuestión para la que distintos analistas, filósofos, teólogos, psicólogos, tienen respuestas diferentes. Pero, creo que tal vez se sobrevalora la importancia de tener una certeza al respecto. La bondad o la maldad no dejan de ser opciones ante las que tenemos la posibilidad de elegir una vez crecemos y maduramos. El modo en que hagamos uso de las pequeñas libertades que nos podemos permitir define muy bien la naturaleza de cada uno de nosotros. Y todos, absolutamente, recibimos a lo largo de la vida las señales adecuadas acerca de lo que es bueno y de lo que no lo es. Nuestra es siempre la elección.

Cada una de las múltiples libertades a nuestro alcance cuesta tanto y es tan preciada que sólo somos dignos de disfrutarla si la ejercemos con responsabilidad. Aquello de “tu libertad acaba donde empieza la de los demás” no puede ser una norma inviolable. Mi libertad no puede acabar donde comienza la de alguien que la vulnera. No me parece válida la presunta libertad de quienes ejercen la tiranía, ni desde el gobierno ni en el seno de la familia. La pretensión con que crecí, de haber nacido y estar viviendo en un país libre, era una mentira vergonzosa para la inmensa mayoría de los cubanos, que nos encontrábamos bajo la supervisión de un régimen totalitario que mancillaba todos nuestros derechos y libertades.
¿Dónde debía yo considerar que terminaba mi limitada libertad y comenzaba la de quienes la cercenaban? ¿De cuáles fundamentos servirme para conciliar mi espontánea y secreta necesidad de liberación con el sacrificio impuesto a mis libertades personales en pos de una “justa” conquista de otras comunes y la promesa de un “futuro luminoso” para las generaciones venideras (promesas que, entonces, víctima de un eficaz adoctrinamiento, no imaginaba yo que fueran una farsa)?
Mi aceptación o mi negativa a acatar tal sacrificio, mis dudas o mis certezas al respecto ¿podían definirme como un hombre bueno o malvado? Mi comportamiento (y el de mis contemporáneos en la isla) estuvo siempre marcado por el chantaje emocional que aquel dilema encarnaba.

De la vida obtenemos lecciones o bendiciones. Aprendí la lección: no creo en la libertad colectiva, la libertad social, la libertad de los pueblos, de los países. Ningún grupo puede ser libre como tal sin afectar la libertad personal de sus miembros y la de los demás. Aun si supeditar nuestros intereses personales a los intereses de grupo fuera una elección voluntaria, eso no evita que estemos marginando los naturales instintos de soberanía con que venimos al mundo. Cada miembro del grupo carga con sus íntimas pequeñas libertades como las que vengo refiriendo, puesto que no somos clones, manada desprovista de motivaciones propias. Si, como referí en el primer post, ni siquiera la familia, ese grupo en él que como norma nos sentimos protegidos, arropados, seguros y felices, consigue satisfacer la demanda de libertad estrictamente personal que arrastramos (a veces hasta como lastre) a través de toda nuestra vida, ¿qué podemos esperar del tanto colectivismo, tribalismo, socialismo con que los cada vez más abundantes grupos de poder tratan (y consiguen) de enjaularnos desde la farsa de tantas moralistas leyes y discursos ideológicos, psicológicos y estéticos? Las colectivas no son jamás la suma de las libertades de cada uno de los integrantes de un colectivo, ni siquiera de una mínima parte de ellos.
Por lo tanto es un timo abogar por libertades colectivas.
Y, puesto que considero que la libertad está por encima de cualquier otro tipo de interés, salgo corriendo cada vez que alguien reclama o reivindica libertades sociales, o para eso que llaman colectivos marginados, sean sexuales, raciales, minorías étnicas, los pobres, los obreros, para no hablar ya de los animales, las plantas, el planeta y el espacio cósmico.
Los intereses profesionales de muchos políticos y la demagogia de una inmensa mayoría de falsos intelectuales ha conducido a un mejunje tal de confusas intenciones que ya no podemos percibir claramente cuándo estamos hablando de libertades y cuándo de derechos, cuándo de deberes y cuándo de responsabilidad.
El orden social en que vivimos, sea cual fuere, implica precisamente eso: orden. Y para mantener el orden se precisa de la ley. Y la ley es restricción, aunque el objetivo sea presuntamente “proteger” a un colectivo determinado. Las leyes no se promulgan para liberar a grupo alguno de personas, se dictan para restringir la capacidad de acción de quienes suelen o pueden limitar ciertos posibles derechos a los individuos que conforman esos grupos. Pero, los derechos no son libertades. Por eso, cuando hablo de libertad, estoy bien lejos de referirme a este tipo de reivindicaciones que, por otra parte, suelo escuchar más en los discursos y diatribas de oportunistas y demagogos que en boca de gente honesta y de buen corazón sinceramente preocupada por posibles injusticias.
Esas son todas demandas de libertades artificiales, paradójicamente coercitivas e impuestas. Instrumentadas por minoritarios grupos, que a la postre resultan ser sus únicos beneficiarios, no pasan de ser vulgares sainetes compuestos para atraer a una clientela nostálgica de cierta ancestral épica de altos valores estéticos y humanos que ya pocos poetas o historiadores son capaces de ofrecerles.
Los países, en su caso, pueden pretender ser soberanos, independientes tal vez, pero a ellos no es aplicable el criterio de libres. Pues, reitero, libres sólo pueden ser las personas. Sólo a un individuo se puede asignar esa categoría. Y, aun así, sólo ese individuo puede decidir y saber si ostenta tal condición.

Hurgando un tanto más en el umbral de las libertades posibles, encuentro que mi libertad espiritual nunca ha dejado de estar a salvo, que hay un "espacio" en el que siempre he sido sediciosamente libre. Mis alas interiores jamás han podido ser amputadas, atadas siquiera. Desde esas alas he consumado el amor, la música, la poesía, he vivido miles de fantásticas y realísimas vidas, he sido príncipe y mendigo, carpintero y Pinocho, león y álamo. Desde esa íntima improfanable libertad he amado de modo desorbitado y promiscuo, he invadido territorios ajenos, he violado leyes y promulgado edictos. Allí he podido ejercer la maldad y la bondad sin límites, he sido dueño de toda la música y he reído y llorado por los más variados motivos.
La espiritual es, sin dudas, la más desatada libertad que nos podemos permitir en esta vida, la única sin límites, la que no se puede coartar. Aun así, no deja de ser también una de las tantas que hay que cultivar.

Finalmente, este año, el que se fue, se llevó roto un complejo eslabón de la cadena que ata mis pequeñas libertades, quebrado cuando decidí expresar públicamente lo que pienso con el rostro descubierto. Para algo tan natural y que se supone me corresponde por el sólo hecho de estar vivo, he debido esperar casi medio siglo. Se entiende que, luego de toda una vida de censura, exterior y propia, me sienta renacido, como un niño que descubre de pronto las palabras y el maravilloso efecto que causa en sí mismo poder usarlas para hacerse entender, y entonces habla y habla y habla.
Este año que fue he tenido acceso al (me vence el placer de decirlo así) más liberador acto de libertad que he podido consumar. Y, sólo una vez perpetrado, he sabido cuánto lo necesitaba. Porque, de todas esas pequeñas unidades que van conformando el rompecabezas de la libertad posible, esta de expresarme a mi antojo es la más formidable, es el alma, el hálito de vida, la que aporta sentido, personaliza y da categoría de SER a mi libertad.
Disfrutando serenamente, sin solemnidad, sin rabia y sin ánimo de incordiar (mucho menos de vengarme), me he liberado de temores y he increpado a mis recelos enviándolos al traspatio, junto a otros olvidos.
Acertado o errado, incluir en mi normalidad, en mi cotidiana y desordenada existencia, hacer costumbre el acto de expresarme libremente es una de las más regocijantes victorias que he obtenido sobre el mundo y sobre mí mismo. Y un fastuoso regalo que me he dado.
Necesitaba dejar constancia de ello en este humilde blog, que ha sido plataforma ideal y quizás resorte para que todo sucediera.
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16 comentarios:

  1. Mi querido Ruben, hermano, siempre supe que eras extraordinario, y ante la imposibilidad de poder imitarte, el consuelo llega en forma de orgullo. Muy pocos mortales tienen el honor y la dicha, no solo de conocer sino de considerarse amigo de alguien como tu. Por lo tanto, enhorabuena. Tus reflexiones indican que te perdimos, ahora si, en el intrincado mundo de las palabras. Que salten de envidia con sus tunicas de polvoriento tiempo Socrates, Platon y Aristoteles. Un Abrazo
    Fran Pablo Laucerica

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  2. Rube, uno de mis grandes amigos poetas dice: mi libertad un burdo vocablo de discursos/una falacia mas. No se si has leido esos versos. Pero te digo ahora y espero decirtelo cuando regresemos al tiempo del temblor (lease el Parkinson) la papilla y la compota, que la gram experiencia de libertad, esa que de falaz tiene poco o nada, esta siempre viva y eterna en nuestras cabezas. Como metafora de esa abstraccion, en nuestros blogs. Siendo el tuyo, el mejor.
    siempre amor y secretas libertades...

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  3. !!!BRILLANTE HERMANO, BRILLANTE¡¡¡
    Te abrazo
    Julio Fowler

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  4. Muy escasas razones hay por las que merezca la pena arriesgar la libertad. El amor y el respeto de un amigo son una de esas razones.
    Los elogios, querido FRAN, no los merezco. Pero, he notado como se echa a temblar mi libertad imaginando que alguna vez, por algún motivo, tuviera yo que elegir entre su impronta y tu mano.
    Y es que un buen amigo es un valor sólo equiparable a la justicia, el equilibrio, la exacta medida... Pero, un amigo exagerado ¡no tiene precio!

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  5. Mabe, tu cita me estruja el alma: ¡qué dificil es renovarse! O cuán inútil pretenderlo.
    En esa huida hacia delante que es esta pretensión mía de más vivir que mirar al pasado, consigo sólo olvidar que la gente no cambia, o que al menos yo sigo siendo el mismo y diciendo lo de entonces. Ja, ni siquiera han cambiado las palabras y los modos.
    Bueno, olvidar tiene también sus ventajas: uno vive y disfruta (o padece) las mismas cosas como si fueran nuevas.

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  6. Fowler, gracias a manos llenas; hay tramos en esas reflexiones que pude sortear porque ya los había recorrido contigo.

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  7. La libertad de expresar tus sentimientos, perdona que lo diga, no nació con este blog, a dios gracias eres de los que han usado múltiples senderos para hacerlo, tú música son tus sentimientos y a través de ella los hemos conocido, todos.
    Que este vehículo, la palabra y desde este medio, Internet, te den una sensación liberadora, antes no experimentada, lo puedo entender porque libre de metáforas, la palabra escrita es el más poderoso instrumento que nos ha sido dado, ni siquiera a la oratoria la considero tan elocuente y clarificadora. Y por demás está que insista en el peso de la publicidad de este acto, que te desnuda, pobre de ti, a nuestros ojos; resumo entonces que lo que anhelabas, a mi entender, era perder el pudor de la metáfora y llamar al pan, pan y al vino, vino. Felicidades amigo.
    Yo siempre vi demasiado impudor en este tipo de páginas, blogs, contigo aprendí que existen nuevas y mejores emociones, en serio, ya no me parecen los blogs tan descomunales coartadores de la intimidad y el pudor, de hecho y por derecho lo convierto en nuestras muy añoradas conversaciones bis a bis.
    Entonces te cuento, cuando era pequeña lo que más me gustaba era leer, leer sin parar, todo, absolutamente, pero era tan tremendamente racional y considerada que cuando veía a mi hermana aburrida dejaba de leer para jugar con ella a juegos que consideraba insulsos y absurdos, refrenaba mis deseos para acompañarla, era una renuncia literal a mi libertad porque la amaba demasiado. Comprendo esas abdicaciones y algunas más, comprendo su tiranía de niña fuerte y su amor posesivo y autócrata. Hoy sigo siendo la misma y haría exactamente lo mismo.
    Pero, soy menos libre si elijo no serlo? Respóndeme tú que pareces saberlo.
    Cuando trasfiero ese sentimiento a la colectividad soy menos permisiva, creo, como tú, que es imperdonable que ejerzan fuerza sobre mis derechos, de cualquier índole, pero es peor cuando mi laxitud permite esos excesos a mi costa.
    Como rebeldía de cada día, por ejemplo, me visto como me da la gana, sin tener en cuenta mi edad, lugar o situación. Qué es una tontería? Puede ser, pero siento que existo yo, amén de las pautas sociales, si eso lo extrapolas a los demás actos sociales puedes, incluso, llegar a sentir que eres algo, medianamente, libre.
    Un abrazo
    Gisela

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  8. Mas que leermelo, he detallado las palabras, teniendo en mente tu rostrolleno de libertades porque eres un hombre, un amigo bueno, y esa nadie ha podido, ni puede arrebatarla a quien la posee.
    Cuanta razon, siempre se aprende. Durante un tiempo estuve perdida en el reclamo de libertades colectivas, cuando esto empieza por cada persona, tan individual como la genetica.

    Que alegria de tenerte, besos.

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  9. Gisela, acerca de por qué me siento liberado tienes toda la razón, aunque esas no sean todas la razones. También, la dificultad de confrontar mi música con los oídos apropiados, e incluso con cualquier oído, me ha conducido a tener que usar otros medios, este; y aquí no me debo a nadie, ni siquiera a un pasado como el que sí ata a mi nueva música. Estoy libre. Bastante.
    Me cuentas y preguntas si eres menos libre al elegir no serlo. Una vez que eliges has “cometido” una libertad. Incluso si es entre dos cosas muy muy malas. En lo que me cuentas, eran dos cosas muy muy buenas.
    Pero, sólo tú puedes decidir si eres menos libre al elegir no serlo, porque es tuya tu libertad, muy íntima y personal. De todos modos me arriesgaré a decirte lo que pienso.
    Lo que te llevaba a tu hermana no era la niña “tan tremendamente racional y considerada!” que eras, sino la que "la amaba demasiado”. No elegías entre tu hermana y leer, sino entre tu amor a tu hermana y tu placer por la lectura. Y, no hay conflicto en lo que preguntas: nadie te obligaba a ir con tu hermana (sospecho que a veces sí, también tengo hermanitos... ¡y menores!)... Tú tenías dos motivos en la balanza y elegías.
    Y no sólo me refiero a que elegías entre cada uno de esos dos motivos, sino a que, antes que todo, elegías elegir. Si no hubieras decidido que debías elegir, no hubiera habido conflicto. Y siempre que eliges tú, has ejercido la libertad.

    Lo que crees que coartaba tu libertad no era tu hermana, ni su condición de más pequeña, ni su necesidad de jugar contigo. Mucho menos era tu amor por ella, pues el amor es una prioridad instintiva en nosotros (no es ni siquiera un acto voluntario), es imposible confrontarlo con la libertad. Si ibas a ella por amor, no estabas sacrificando nada. Cuando ejerces el amor no sacrificas nada, eso es un disparate de poetas o un arma para chantajistas de las emociones (y me consta que no es ese tu caso). Todo en el amor es ganancia, todo lo que se haga por amor es en pos de ganancia, aunque sea dejarse morir (no suicidarse, nadie se suicida por amor; la gente se mata por dolor, porque te abandona quien te quiere o ya no tienes a quien querías, vamos a decir, pero por amor sólo se vive). Porque el amor es “egoísta”, y satisfacer ese egoísmo es, como te dije, instintivo y prioritario. Ni te enteras que estás “sacrificando” algo.
    Otra cosa es que fueras a ella por lástima o por caridad, por piedad o simplemente por el noble acto de cubrir su soledad. En cualquier caso estabas yendo por ti misma, por lo que tú sentías. Si al ir sacrificabas cosas que también tenías deseos de hacer eso no niega que hacías uso de tu libertad de elegir. Creo que era la responsabilidad lo que estabas confrontando con tu libertad. En ambos casos decides tú: ¿fuiste menos libre al elegir no serlo?

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  10. Marga, gracias, por tu cariño y porque, a pesar de tan impetuosa bohemia francesa, la humilde y provinciana amiga artista matancera sigue haciéndose querer desde ti.

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  11. ¡¡Muy interesante tu reflexión!! De verdad que me parece muy bien la mayor parte de lo que planteas, pero tengo una "espinita" clavada: Si las personas hubieran elegido "salir corriendo", como dices tú que harías, cuando los negros norteamericanos reclamaban su libertad como minoría social despreciada y maltratada, en los años 60 (eso no está muy lejos) aún habría algún que otro perro cayéndole atrás hoy (y no precisamente como Lazarillo) al mismísimo Stevie Wonder, ese humilde representante de la Nueva Trova norteamericana (teniendo en cuenta que buena música y buenos textos son los "derroteros" de ese "movimiento cubano"). Claro que ha habido demagogia y todo eso que dices, pero gracias a eso, un político "demagogo" como Robert Kennedy hizo que fueran los niño blancos y negros juntos a la escuela por primera vez y ¡¡escoltados por el ejército norteamericano!! para que la mayoría blanca "ofendida" no fuera a excederse y darle un par de balazos a cualquier "negrito de mierda". Perdona el apasionamiento, pero esos temas (al igual que el racismo cubano) siempre me tocan la fibra. Abrazos. Tu hermano, Archi.

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  12. Archi, hermano, gracias por comentar y por tu reflexión fundamental en estos debates.
    Mi opinión al respecto está en este último post: NO hay que confundir "libertades" con "derechos".
    Un hombre, encerrado en una celda, debajo de un león, marginado por la sociedad o por su familia, puede ser libre en un montón de pequeñas libertades: la espiritual, la intelectual, libre de ser un racista blanco (o negro) siendo un negro adorable, libre de ser un explotador, libre de ser considerado como el idiota que lo margina... y así.
    La libertad no es una condición única. Ya has leído: hay múltiples libertades.
    Pero, yo sé qué te ocurre y lo vamos a debatir aquí en algún momento, pues me encanta el tema y es necesario.
    Sólo te adelanto: mucho antes que Kennedy ya Thomas Jefferson lo había dicho bastante mejor que él, y la constitución americana lo recoge perfectamente: “TODOS LOS HOMBRES son igualmente libres e independientes y tienen derecho a la vida, la libertad, los medios de adquirir propiedades y la búsqueda de la felicidad y la seguridad”.
    Otra cosa es que exista tanta gente malvada y miserable en este mundo que no haga suyo tan nobles principios. Aunque, ojo: no todos los blancos odiaban a los negros, ni era generalizado...
    De todos modos, al final, las aguas toman su cause. Todos debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para ello. Aunque sea denunciarlo , como haces tú, en este blog.

    Estoy saliendo en unos minutos hacia Portugal y no puedo abundar, pero hay tiempo después.
    Mientras tanto te recomiendo que leas con detenimiento a este señor que tengo aquí al lado entre los que "busco y encuentro", Thomas Sowell, negro, norteamericano, académico, uno de los líderes de opinión más respetados en medio mundo
    http://www.libertaddigital.com/opinion/thomas-sowell/
    Busca sus reflexiones acerca del tema de los negros, pero todo lo que dice es interesante. Es uno de mis intelectuales preferidos. Si consigues un libro suyo no dejes de leerlo.
    Un abrazo.

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  13. jajja "a pesar de tan impetuosa bohemia francesa", pues hijo como de verdades se trata, no se de donde sacas eso, porque la normandia es un campo y a no ser para el trabajo, mantener la casa y ayudar a Laura, hasta temprano me levanto los domingos para hacer tabajo voluntario y fregar la tonga de platos de la semana, no tengo tiempo ni para ver las colecciones de moda, jajaj. La unica incursion mundana la conociste en Madrid,- la verdad que buenisima- y el resto, son "leyendas" de mitomanos y homos que me tienen de idolo y obsesion perversa. Por el resto, nada ha cambiado a no ser unas cuantas bibliotecas leidas y el mucho ejercicio que tengo que hacer para que no se me caigan "las partes" con la vejez, jajaja besotes.

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  14. Felicidades Rubén, mi amigo. Enhorabuena por esta revelación a la que te ha llevado la exquisita candidez de tu verso silenciado. Qué tengan larga vida los nuevos brotes de tu libertad reverdecida. Gracias por colocar luces en el camino de los que abandonamos nuestra libertad individual en manos de los impostores de un Estado libertario. Ojalá tenga el tiempo y el tesón de liberarme yo también de los espejos cóncavos que me confunden, enfocar al enemigo de mi libertad y que mi palabra pueda fluir tan libre como la tuya.

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  15. Antonio, hermano, llevo más de catorce años atravesando este enmarañado y desconocido bosque de vida (fugitivo del absurdo caracol en que me crié), gracias en gran parte a la infinitud de pequeñas libertades que tú me has ido descubriendo, y a otras que juntos hemos conquistado, tras dulces tropiezos, en largas e impagables conversaciones, o desde esos amenos silencios a los que hoy rindo culto y con los que quisiera fueran bendecidos tantos otros amigos que aún no te conocen. Soy yo quien te agradece la luz y la palabra. Y el gesto.

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  16. Hola, amigo Rubén, el hermano pródigo siempre regresa al blog de sus agrados, y he venido a traerte el Premio Coral de Manos, o Viceversa, por el primer aniversario de mi blog www.josancaballero.wordpress.com, pues considero al tuyo uno de los mejores en la Blogosfera Cubana, y quiero compartir este año de éxitos contigo. Un abrazo y saludos, Josán Caballero.

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