miércoles, 19 de mayo de 2010

El Perdedor

Esto es CNN+, España.



Entre la tristeza y el insulto que provoca este video han conseguido estos energúmenos sacar gotas de sudor a mi estómago.
Y no porque pretenda ahora yo exhibir alma sensible, caritativa y misericordiosa, dadivosa, compasiva y sentimental... Ni mucho menos. Rara vez consigue conmoverme, más allá de lo razonable, la actitud de la mayor parte de las personas que suelo encontrar en la calle pidiendo limosnas. Invariablemente me pregunto qué razones tan complejas hay detrás de aquel que lo hace honestamente convencido de que no tiene otro camino. Pero, no suele ser la limosna la manera que estimo apropiada para que una persona preste, solicite o reciba ayuda. Más bien suelo molestarme (había escrito “indignarme”... mejor lo borro) cuando algún ser humano desafía el siempre nebuloso sistema de valores de sus semejantes a través de esa especie de chantaje moral, emocional, estético, psicológico... ("agresivo", había escrito... borrado), que es acudir-ampararse a-en la lástima para conseguir dinero (ya puesto, me niego a escribir “ayuda”) (¿Será la mía una reacción inconsciente ante la idea que no puedo ya alejar de que tantos coterráneos en la isla han terminado siendo, por culpa del comunismo, una multitudinaria enorme indecente involuntaria desubicada turba pandillera aglutinación de limosneros?)
Podemos discutirlo; pero, no es esa la reflexión que me interesa hacer en este momento.

Las conclusiones acerca de la gracieta que hace ese corresponsal a costa del mendigo alemán las dejo a discreción de cada uno. Lo que me interesa referir viene determinado por la polémica desatada en la red a partir de esta transmisión de CCN+. La reiterada alusión al canal emisor es un propósito y viene motivada por lo significativo que resulta que esto ocurra en un medio de comunicación desde donde a diario se pretenden impartir lecciones de moralidad a esa mitad del país que no comulga con las doctrinas, edictos y principios de sus afectados gurús.

Resulta que en redes sociales, foros, chats, blogs, etc, anda buena parte del personal enardecidamente sumido en la discusión acerca de la pertenencia del reportero a determinado signo ideológico. Que si es progre, que si es facha, que si a diestra o siniestra. Desconcertante que tantas y tan variadas opiniones coincidan en establecer que la actitud bochornosa del impresentable comunicador de televisión esté determinada por su pertenencia a uno u otro extremo del tablero político-ideológico en que se posiciona el individuo moderno y no a su propia dimensión ética, moral y humana. Desconcertante y prosaico. Realmente miserable. Defender la actitud de ese corresponsal esgrimiendo que “los fachas hacen cosas iguales o peores” es tan insultante y mediocre como reprobarla achacando esa actitud a su condición de “progre” o “sociata”.

A esto quería referirme. En este punto estamos. Izquierda o derecha. Nadie da más.
¿De verdad cree alguien que el verdadero indigente, el mendigo, el incapacitado social es ese hombre, alemán, que en el video es humillado mientras pide limosna? Yo no lo tengo nada claro. Ni en el caso que se expone en el video ni en el de las personas que sentencian desde sus limitados credos ideológicos.

Es este un mundo donde cada hombre es un manco mental, psicológico, un mutilado funcional y de credo. Se es de izquierdas o se es de derechas, pero se es un lisiado. Siempre una sola mano, siempre un sólo lado, uno de los dos bandos. Tullidos andamos, caminando con un sólo pié, llorando por un sólo ojo, ¿utilizando? las neuronas de un único lado del cerebro.
Y es que al 50% de homo sapiens que queda, que somos, ya no le interesa la verdad. Aunque la esté mirando, aunque salte a la vista como en ese video.

No importa que haya un hombre humillado por otro hombre, o grupo de hombres. Lo verdaderamente importante es conseguir colgarle al rival, al enemigo político-ideológico en este caso, la responsabilidad, la autoría intelectual del desmán y con ello propinarle una rotunda derrota.

Argumente usted lo que quiera; no hay modo: al hombre ya no le interesa la Verdad. Y puede que no le haya interesado nunca.
Sucede que desde siempre, desde todos los tiempos, lo único que le ha interesado realmente al hombre es el triunfo, la victoria, ganar. Ganar. Ese modo más coloquial de decirlo me gusta más, me parece más certero para describir lo que quiero decir: Ganar.

Mi hijo se divierte con la broma perenne de cualificar-definir-ungir casi todo lo que destaca a su alrededor aplicando ese término y su significante. La primera vez que se lo escuché conversábamos en un tranquilo café de Loeches, este adormilado pueblo donde vivo ("Café con Loeches", decimos) y, de pronto, escuchamos a los lejos el ruidoso y veloz paso de una de esas inconfundibles harley davidson que no dejan indiferente a nadie: "¡Ganó!", dijo en voz baja mi hijo, sin dirigirse a mí ni a nadie en particular, y continuó conversando tranquilamente. Pero ya yo no pude continuar el hilo de su discurso y estuve riendo un buen rato. Se me antojó que era una acertadísima manera de describir y coronar lo ocurrido. Me percaté entonces de su costumbre: si adelanto a otro auto al salir en un semáforo: "Ganaste", me señala; ve al hombre del tiempo en la tele recomendando alistar los abrigos ante la probabilidad de un frente frío: “Va a ganar”, augura; se acerca una joven rubia (con o sin atributos, le da igual): "Ganó", se dice mientras trata tímidamente de ganar su atención. Aunque no sólo "canta" las victorias... si la chica lo ignora me comenta, frustrado: "Perdí, papá".

La lucha por sobrevivir desde el hombre primitivo, la humana supervivencia toda es una larga cadena de constantes victorias. Ha habido que ganarle al mamut, al frío, al rayo, al otro hombre.

La Victoria... V... ¡ahí está! Ganar es condición del ser humano. No hay argumento, evidencia, ni mandato que esté por encima de la necesidad de Ganar. Es la absoluta prioridad. Aún a expensas de la Verdad. Ganar está, muchas veces, por encima incluso de la vida misma. Morir por un ideal sólo es posible porque esa entrega irreversible lleva en sí un innegable matiz de victoria. “Dar” en pos de “algo” lo más grande que se posee, que es la vida misma, es un modo de Ganar.

Y es que, en los códigos humanos, el que gana, termina teniendo la razón. Aunque no la tenga. Nunca a la inversa: tener la razón no hace a nadie vencedor. El hombre necesita Ganar. Es Ganar lo que le da la razón. Aunque la tenga.

Bajando a la tierra, a la calle, a la tele y al trabajo, Ganar se convierte en el único objetivo diario de cada ser humano desde que despierta hasta que se duerme. Con el tiempo, el hombre moderno ha ido adaptando a las nuevas circunstancias los horizontes, los matices, los elementales o complejos motivos y espacios donde conseguir la necesaria victoria nuestra de todos los días. Desde el éxito en la escuela y el trabajo, la exhibición de algún talento o fortuna; desde conseguir la mirada o la sonrisa de el o la más agraciada del solar hasta la euforia del éxito deportivo del nuestro equipo inderrotable, o el inigualable sabor del pan que se hace en mi pueblo, el mejor del mundo, el hombre busca llenar de victorias constantes cada día cada tramo de día, en un mundo donde la victoria total aparece cada vez definitivamente aplazada.
Y, de entre todas, ninguna como la victoria de nuestros credos, de nuestra fe, de nuestra irrefutable percepción de lo cognoscible y lo no tanto; o de sus contrarios. Es ahí donde menos dispuestos estamos a ceder. De modo tal que, cuando la realidad se empecina en empañar con evidencias nuestras más caras creencias, nada consigue curar el malestar que nos produce la imposibilidad de Ganar.

El Hombre no está preparado para perder. El perdedor es un ser enfermo, un lastre. Y se vuelve peligroso, pues entonces trata de encontrar un modo alternativo de Ganar que, por lo general, no contempla la ética, la transparencia, el juego limpio. El perdedor, en tanto que hombre condicionado para Ganar, suele buscar la victoria a toda costa, desde el mal si es preciso. Para un perdedor la victoria posible será doblemente satisfactoria si con ella consigue humillar al vencido.

Y vivimos en un mundo de perdedores. Peor aún: vivimos en un mundo donde han ganado los perdedores. Un mundo donde la incompetencia, la mediocridad y la hipocresía se parapetan tras un disfraz demagógico, coloreado a medida con reciclados principios morales, de esos de aleación, que se doblan, que cambian de forma y se adaptan a lo inmediato conveniente sin dificultad.

Entonces, ahí lo vemos. Todos piensan que es ese mendigo del video el perdedor. Pero no está claro eso para mí. Viéndolo, me pregunto, como hago invariablemente, ¿qué razones tan complejas puede haber en ese hombre que pide limosna para que crea que no tiene otro camino? No estaré jamás seguro de que ese mendigo sea realmente un perdedor.
Pero, lo que si es evidente en el video, es la cualidad de miserable fracasado con micrófono, sueldo, pasaporte y probable título universitario de ese corresponsal, verdadero indigente moral e intelectual con poder, peligroso perdedor dispuesto a la más miserable estratagema para apuntarse una victoria, para Ganar.
Como evidentes perdedores son los tantos y tantos mutilados que en la red, observando y juzgando desde fuera, sin importarles un comino lo que realmente sucede, toman el video de bandera únicamente para vestir de victoria la pata de la que cojean.

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20 comentarios:

  1. Estoy contigo. Ya sabes lo que pienso de las izquierdas y derechas. Y ese es un buen ejemplo. Me da igual donde se ponga, ese tío es un imbécil. Y la panda que le rodea, la nueva generación. De imbéciles. Solo un detalle hoy casualmente vi el final de un concurso de baile donde algunos famosillos intentan hacer baile de salón. Las dos finalistas: Edurne una chica joven, linda y talentosa que bailaba como una profesional, y la otra Belén Esteban. La exsingante de un torero con menos gracia, ritmo y belleza en el baile que se pueda mandar a hacer. Pero el público de una manera grotesca votó por el adefesio arrítmico y rígido y mal hablado de la Belén. Te quedas pensando. Que coño van ha aprender los niños que ven premiar con 50000eu a la vulgaridad y la fealdad frente a una clara manifestación de superioridad artística, belleza y esfuerzo. No me puedo imaginar en lo que se convertirán los niños que se forman en la telecracia de hoy. Será un milagro si salimos de la crisis con esos ejemplo de compensación. Me callo.
    Osmandy

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  2. Hermano, comparto el enfoque ético de tu reflexión, tu malestar respecto al nauseabundo video que has descrito brillantemente..solo hacer una pequeña objeción: ganar o perder no es una condición humana sino una de las características del sistema patriarcal en que vivimos. Estas características dominantes de la cultura basadas en la "escases", la competencia, la individualización, el egoísmo no son inherentes a la especie que somos pues lo que realmente nos ha hecho sobrevivir es justamente todo lo contrario es decir, la solidaridad, la cooperación, la compasión, razón por la que somos seres sociales y sociables...Lo que sucede es que estos valores de naturaleza matríztica son cotidianamente ocultados, marginados por una percepción del mundo y un modo de vida que ve en la escases, la competencia, la separación y la división entre seres humanos sus fundamentos para el control, la dominación y la servidumbre. Otra manera de vivir es posible rompiendo desde tí mismo con esa dinámica cultural (puesto que no la compartes), viviendo en tu propia cotidianidad de acuerdo con principios opuestos, haciendo elecciones de vida diferente, pensando y encarnando paradigmas y valores de vida alternativos, a contracorriente de esa miserable circunstancia que nos venden las elites dominantes como realidad. Es tiempo de ser dueño de tu propia vida, de crear tu propia realidad. Piensa (como creador que eres) que la realidad es también objeto de tu creación y por tanto puedes afectarla, cambiarla en la medida que cambias tu percepción de ella y la vez no como una carrera sofocante y depredadora por la supervivencia, sino como todo lo contrario. Este mundo es una manifestación de temor o amor en tu conciencia, tú tienes la posibilidad de elegir qué emoción llevarás en la mochila y por tanto le de sentido a tu vida. (Yo sé que tu has elegido el AMOR). Si esto no nos fuera posible entonces no seríamos humanos, seríamos autómatas (que es en lo que algunos pretenden convertirnos) y no tendría sentido PENSAR.
    Gracias por esta reflexión magnífica que te aplaudo.
    Va abrazón para Osmandy y para ti
    Julio Fowler

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  3. Sabes, Osmandy, la culpa, la responsabilidad por eso que ocurrió en ese concurso de baile, es tuya... Por verlo.. jaja...
    Da miedo la televisión... y la prensa. Entre la mediocridad y el sectarismo hemos terminados rodeados y con los brazos en alto.
    De todas maneras, es una suerte para algunos privilegiados niños y jóvenes de este país, que tú seas maestro en su “cole”... En ese pequeño espacio de que dispones yo sé cuánto procuras que no sean tus alumnos simples perdedores.
    Gracias por comentar.
    Y, por favor, no te calles.

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  4. Bueno, Julio, amigo, en broma pienso, ante tus sentidas y honestas observaciones, cual es el mejor modo de rebatirlas y conseguir “ganarte” sin necesidad de que cambies de opinión (pues sé que no conseguiré jamás que te molestes)... :)
    Lo intentaré.
    Ganar (no “perder”) es condición inherente al ser humano. Toda vez que, para conseguir estar hoy aquí debatiendo este tema, nuestro primer acto de vida fue Ganar ¡nuestra más importante carrera!, aquélla que nos condujo, raudos y veloces, desde los túbulos seminíferos de papá hasta el coqueto y apacible óvulo de mamá... ¡Y la ganamos! ¡Hubo que ganarla!
    No me cabe duda de que eso marcó nuestras vidas para siempre... Millones de “elementos” como nosotros, disparados, saltando, pisoteando a los más débiles, tirando hacia atrás a los desprevenidos... uf... Hasta que quedamos tan sólo unos pocos. Esa última parte de la lucha fue la más dura. No te voy a contar hoy aquí cómo me han dicho que conseguí vencer yo; lo dejo para otro momento. Lo que sí te garantizo es que no fueron precisamente “la solidaridad, la cooperación, la compasión” lo que me condujo a aquella primera y condicionante victoria. Sospecho que te habrá ocurrido lo mismo, como a todos y, sospecho también por tanto, que esos que nombras no parece que sean seriamente “valores de naturaleza matríztica”. No me extraña que sean “cotidianamente ocultados, marginados por una (poco amable) percepción del mundo", cuando fue justamente el abandono de esos valores, su absoluta negación en el más importante momento de nuestras vidas, lo que nos convirtió en seres vivos (humanos, por decir algo)
    Y ahora, para “aplastarte” definitivamente: TE AGRADEZCO TUS LINDO CONSEJOS.
    Desde tan jóvenes andamos, hermano, labrando una realidad que no sólo nos permita tomar las riendas de nuestras vidas, sino que sea útil a tanta gente que la necesita. Organizando el ruido y los silencios, desde nuestras guitarras, nuestras voces, filtrando a través de ellas los mismos sueños de siempre.
    Y, eso Fowler querido, también es Ganar. Tú, desde esos prados, y aunque tu comprensible rebeldía ante la empedrada dinámica de la realidad te impida verlo claramente, eres un Ganador.
    Lo siento... Pero, poco.

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  5. Amigo, magnífico texto. Enhorabuena. Coño, si exsistieran muchos blogs con este tipo de análisis, no sé si tuviera tiempo para nada más que leerlos... Y sí, el humanismo reducido a los márgenes de dos polos políticos tan estrechos resulta una grotezca caricatura. No me detengo en ese vídeo porque con lo que has dicho sobra. No sé si el reportero es o cree ser de izquierdas o de derechas, y tampoco me interesa. Es, entre otras cosas, un grosero, un pijo, un vendedor de morbo y un cursi que se cree gracioso. Pero textos como el tuyo me hacen meditar, no en la anécdota, que es el vídeo, sino en el fondo de lo que quieres decir. Lo firmaría todo con un par de apuntes. Coincido con los matices que introduce Julio Fowler en su comentario, y te confieso que me detuve a dudar sólo en dos puntos: cuando hablas de la Verdad y del mundo de perdedores en que vivimos. La Verdad, así con mayúscula, hermano, no sé yo si es muy recomendable... En cualquier caso tiene valedores y detractores muy sólidos, y en algunos sitios tiene una fama nada envidiable. Es cierto que grandes pensadores la han buscado afanosamente, pero otros, igualmente grandes, le han colocado unas banderillas con el rojo de PELIGRO. Ya Protágoras dijo algo así como: "puedo decir una cosa y acto seguido la contaria sin mentir en ningún caso" Ah, la maldad del sofista... Pero por ejemplo, más recientemente Schopenhauer, no sé si queriéndolo del todo, escribió una de las sentencias más lapidarias en este sentido "El mundo es mi representación... todo este mundo es solamente objeto en referencia a un sujeto, intuición de alguien que intuye; en una palabra, representación". En Occidente, siempre que logramos escapar de la poderosísima mente de Platón, fíjate, aún en Aristóteles, aparece la Verdad envuelta en contradicción. Podría citarte mil ejemplos inquietantes. Por eso la búsqueda de la Verdad, te confieso, me da algo de miedo. Escribí hace poco en un poema. "Aunque su rastro sea infinito/ la verdad es tan escueta como el rincón que habita/ En una verdad apenas caben su ego y su agonía..." Con relación al mundo de perdedores habría que entenderlo como un correlato del mundo de ganadores. Aquí también quiero proponer un toque de relativismo. Podría decir, por ejemplo: qué bendición saber y poder perder frente al espanto que supondría ganar tal cosa... Porque lo de ganar y perder, amigo, sé que estarás de acuerdo, es muy, pero muy relativo. Terminó compartiendo contigo aquellos "versos" en prosa de Tagore: "El vestido de los hechos aprieta demasiado a la verdad. ¡Cuánto más holgada está vestida de ficciones!" Y estos otros "El río de la verdad va por cauces de mentiras" Muchas gracias, hermano, por tu lúcido texto que provoca en mí estas ganas de seguir pensando. Un abrazo. Jorge

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  6. Jorge, poeta amigo, te agradezco de verdad tu comentario. Y te aseguro que no creo de VERDAD que merezca esos elogios.
    (No puedo evitar la broma)
    Ahora sí: gracias sinceramente por ambas cosas.
    Una breve observación sobre tus apreciaciones. Apremiado por tu “par de apuntes” volví sobre mi texto a confirmar que el insulto, el vino y la premura por publicar mi reflexión no habían conseguido jugarme una mala pasada. Y así lo confirmé, por suerte: mi primera referencia a “la verdad” en el post (5to párrafo) es con minúscula. Pequeña, honesta, humilde verdad. Todo un alivio, porque, tal y como aclaras en tu comentario, definir un hecho categorizándolo como “Verdad con Mayúscula” suele ser arriesgado... La Verdad tiene, desde tiempos inmemoriales, una meticulosamente bien ganada “mala prensa”. No es fiable. Y esa rimbombante UVE Mayúscula con que se arropa no consigue ocultar su ligereza, ni disimular su naturaleza promiscua, por bella que se insinúe. ¡Cuántos han (hemos) creído poseerla! Pero, invariablemente terminamos todos llamándola “inconstante, voluble, falsa”... incluso “frívola, perdida y superficial”. De nada vale que la adoremos: ella es sólo de ella y así será por siempre.
    La segunda vez que la nombro, en el séptimo párrafo, ya me estoy refiriendo, “con ganas” diría yo, a esta “inconsciente”, cuyos devaneo e inatrapabilidad pudieran muy bien ser la causa de todos nuestros males.
    En cuanto al “mundo de los perdedores” sólo una acotación: Perder, en el estricto sentido de la acción y la palabra, no es jamás una decisión propia.
    Me explico: si la intención es dejarse derrotar, no triunfar, perder, el acto de conseguirlo es claramente un triunfo. “Prefiero perder”, claman desde aquel bolero. Pues, si lo prefieres y pierdes, te has anotado un triunfo, machote.

    Y emulándote en esto de aportar citas, quédate esta del General Pirro (318-272 a.C.), Rey de Epiro, quien, luego de haber vencido en la Batalla de Heraclea, contemplando lo que quedaba de su ejército, exclamó:
    “Otra victoria como esta y tendré que regresar solo a casa”
    No siempre Vencer es sinónimo de Ganar.
    Mi abrazo.

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  7. Hermano, no te preocupes por mis apuntes. Igual sobraban, pero en este tipo de foro tan escaso (me refiero a espacios para un intercambio fértil) uno escribe pensando y viceversa. Y claro, está muy tentado a hacerlo. El mensaje central de tu estupendo texto no gira alrededor de la Verdad. Y cuando hablas de ganadores o perdedores te sitúas en posiciones muy humanistas. Yo no hablo de ganadores o perdedores, pero ése tampoco es el eje de tu texto. Por esta razón mis apuntes son sólo eso: apuntes al margen. Comparto el centro de tu escrito de punta a cabo. Escribes muy bien. Manejas la imagen como lo que eres, un poeta que compone arropado por la música patente, no sólo por la música latente que en hay en toda poesía. Además tienes un sentido del humor muy inteligente. Y sí, te mereces estos elogios. Yo no elogio a nadie (ni a mis hijos) si no creo que lo merece... En cuanto a las citas, las vierto por un afán deontológico que no puedo evitar. Ni siquiera en un foro como éste, me gusta utilizar ideas de otros sin citar la fuente. Sé que pudieran resultar pedantes en algún caso, pero te juro que nada más lejos de mi intención que ésa. Ser pedante es algo que en alguna medida nos adorna a los cubanos. Yo asumo lo que me toca, pero en cuanto a las citas que puedo usar, sobre todo en un espacio como tu blog, su razón está en una ética un tanto jacobina que atenaza, en una vocecilla que me dice: "esto no es tuyo, da fe de ello". Además, por ejemplo, para desarrollar por mi cuenta una sentencia como esa de "El mundo es mi representación" necesitaría mucho tiempo y seguramente lo haría fatal. ¿Pará qué hacerlo, si en esa frase queda dicho todo de una forma tan genial? ¿Y cómo usar la frase sin citar a su dueño? Bueno, amigo, sigue pensando y escribiendo, y sobre todo, componiendo, tocando y cantando. Y que estemos para disfrutarlo. Te abrazo. Jorge

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  8. Buenas, rubén. Perdón por comentar aquí tan tarde, pero el dinero que me dieron casi no me alcanzó para buscar un cibercafé y entrar a tu blog.
    Yo soy el mendigo del video de tu artículo. Soy un cubano que después de mucha vuelta (larga y triste historia) cayo aquí y me fue mal.
    Te escribo por dos razones: 1) Conocí el comunismo en varios países de Europa del Este, estudié con detenimiento el marxismo y puedo afirmar que hay una diferencia notable entre el comunismo y el fidelismo. No soy comunista, ni me simpatiza ese Sistema que fue un fracaso, pero se me hace una linda quimera cuando se compara con lo que se ha implatado en nuestra Isla. Eso te digo para que sea otro tema en tus reflexiones. Lo menciono porque lo leí en tu artículo sobre mí.
    Y 2)Las apariencias engañan. Yo estaba ese día caminando por la calle, como siempre, cuando el reportero ese se me acercó y me dijo que quería que yo me acostara en la acera, me tapara con esa frazada sucia y soportara que me humillaran y a cambio me daría dinero. Regateamos y me convenció la posibilidad de comer caliente, comprar un para de zapatos y entrar en este cibercafé para escribirte, cuando un amigo y colega me contó que lo habías escrito. Puedo asegurarte que el tipo sólo deseaba continuar con su fama de ingenioso y simpático), porque eso es lo que dicen todas las encuestas que hace el canal de TV entre sus espectadores) y por supuesto, los ejecutivos del canal - me dijo-, están felices por el alto rating. En fin, todos ganaron con ese reportaje. ¡Hasta yo! Ya me invitaron para un reality show que comenzará a grabarse pronto. Lo que pasa es que rechacé la propuesta porque pagan muy poco y a mí no me gustan que me exploten. Uno tiene su dignidad, ¿no?
    Y por último, no manchen el honor de esa barra de fútbol que me dio dinero, visa, móvil y humillaciones, porque no son más que eso, simples barras bravas. ¡Y bastante bien se portaron que no me cortaron en pedazos!... como los he visto hacer en otras oportunidades, cuando no hay cámaras delante.
    Bueno, te felicito, porque no entendí mucho de lo que escribiste, pero sonó a intelectual y como es sobre mí, me hace sentir orgulloso.
    ¡Hasta la victoria siempre!

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  9. Jorge, ¡cómo no “preocuparme” por tus apuntes! Me enriquecen y enriquecen este espacio para mí tan querido. Tanto los tuyos como los de todos los que destinan un tramo de su tiempo (ese árbol tan preciado) a comentar mis reflexiones. Me alaba tanta dedicación y siento profundo respeto por todos esos comentarios que, además, me retan, que necesito y que (confieso) suelo esperar con expectación.
    Tus ideas, hermano, tus citas y tus modos son un desafío constante a la indiferencia, y sería un error enorme que pusieras límites a tan rica y espontánea mezcla de lucidez y entusiasmo (eso de “igual sobraban”, sobra) Si pudiera te obligaría a sentirte absolutamente libre para decir lo que quieras del modo que quieras cuando quieras. Como no puedo forzarte, me conformo con rogártelo encarecidamente.
    Tus apuntes, los comentarios todos en este blog, me ayudan una enormidad a definir mis fronteras y a moldear esta vasija medio llena medio vacía que suelo esconder bajo el sombrero.
    Te abrazo.

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  10. Estimado Mendigo. Siento mucho lo que te ocurrió con ese cretino de la tele española. Pero, sospecho que no es lo peor que te ha podido pasar. Eso de creer que el comunismo lleva algo de ventaja con respecto al fidelismo no puede ser más que una consecuencia de cómo el duro invierno alemán te ha apabullado el cerebro. Lo curioso es que conozco un montón de gente con holgura económica, millonarios incluso (¿o sobre todo?), que suelen hacer también esa distinción. Debe ser que ponen muy alto el aire acondicionado.
    En mi humilde criterio (yo también soy humilde y muy pobre, como tú y como la mayoría de los que habitamos este planeta, aunque procuro ganarme la vida por otros medios... digamos, trabajando), pues, opino que esa distinción que haces “entre el comunismo y el fidelismo” es como decir que existe “una diferencia notable” entre el nazismo y el hitlerismo, o entre el fascismo y el musolinismo, o entre dictadura militarista y pinochetismo, o entre terrorismo y alqaedismo, o, aun, entre el imbecilinismo y el chavismo...
    Me vienen muchas ideas al respecto, pero mejor acepto tu sugerencia de que sea este otro tema en mis reflexiones y lo dejo para más adelante.
    Espero estés por ahí para entonces y que comentes, ya reparado tu honor, pues me enteré que el Ministerio de Industria español “ha decidido abrir un expediente de oficio contra la cadena pues este tipo de imágenes pueden ser consideradas infracciones muy graves y se castigan con multas de hasta un millón de euros.”... Anjá... ¡multa de un millón de euros al canal ese, CNN+!, y que seguramente irá a las arcas del gobierno... No te preocupes que a ti seguramente te darán algunos marcos alemanes, de los antiguos de la RDA, como recuerdo.
    ¡Venceremos!

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  11. Con estrépitos de músicas vengo,
    con cornetas y tambores.
    Mis marchas no suenan solo para los victoriosos,
    sino para los derrotados y los muertos también.
    Todos dicen: es glorioso ganar una batalla.
    Pues yo digo que es tan glorioso perderla.
    ¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!
    ¡Hurra por los muertos!
    Dejadme soplar en las trompas, recio y alegre, por ellos.
    ¡Hurra por los que cayeron,
    por los barcos que se hundieron el la mar,
    y por los que perecieron ahogados!
    ¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes
    vencidos!
    Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes mas
    grandes de la Historia.

    Walt Whitman "Songs of myself"

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  12. ¡Chapeau, maestro!... ¡grandioso tu canto!
    Qué haríamos sin el viejo Whitman, qué haríamos sin POETAS, esos vencedores que miran a través de los ojos de Dios.
    Gracias ¿Anónimo?, por esta bendita lección: ¡escuchad a los grandes!
    Y chapeau también para ti por esa otra que es hacerlo desde el anonimato.

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  13. Cuidado, anónimo amante de Whitman. La fascinación por el perdedor tiene un pedigrí tan duduso como su contraria. Esa apología tan blanca, tan rubia, tan alta, tan decimonónica, tan romántica y tan vertical sobre el perdedor; mal te acompaña a donde parece que quieres ir. Para loar al perdedor hay que entrar en "el juego". Y una vez en él... La vocación épica, sobre todo sin un pensamiento místico detrás, puede resultar, y casi siempre resulta, muy peligrosa. Los estrépitos de músicas, las cornetas y los tambores, incluso en el séquito de Dioniso, solían anunciar, no sólo fiestas y vino, sino también sangre derramada o por derramar. Pero fuera de ese marco, cuando no es el hombre dionisíaco quien entona la epoya, entonces el peligro es enorme; se hable de ganadores o de perdedores, aspirantes éstos a ocupar las relucientes peanas de la memoria colectiva desplazando a sus contrarios. No es ése el Whitman que prefiero. Prefiero al hombre contradictorio que fue, al poeta que, cuando se apartó de los grandes o grandilocuentes discursos de su tiempo, escribió, por ejemplo:
    "Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros"

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  14. Por cierto: esa gloria en la derrota a la que canta Whitman, es también victoria. Algo como lo que sugiere Jorge (15:04): hay que “entender al mundo de perdedores... como un correlato del mundo de ganadores”.
    Los poetas, aún antes de nacer, ¡ya lo han visto todo!

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  15. Me temo Jorge que no hay en Whitman "fascinación por el perdedor", sino simple inclusión en su parto, parto de Amor agregaría yo.

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  16. Ese poema, hermano, es arquetípico del romanticismo del XX. El romanticismo que pretendió siempre situarnos frente a un abismo, a un torbellino emocinal ineludible. En mi modesta opinión, Whitman no es un poeta precedible o fácilmente catalogable, pero este poema tiene todas las virtudes y los vicios de su época. Dentro del romanticismo, el más viril, el menos decadente, el que se le puede imputar, por ejemplo, a Martí. Cuando el poeta pide gloria para los que pierden (verso 6º), no sólo está pidiendo que se les recuerde, sino que se les recuerde gloriosamente, como héroes. Está tratando de invertir, de subvertir si se prefiere, el orden de las cosas; pero lo hace con las armas de su tiempo. Tiene que situarnos frente a esos perdedores y, con "estrépito de músicas", desatar en nosotros todas las pasiones posibles para que los aceptemos en nuestros altares. No se cuestiona que en realidad existan o no perdedores y ganadores, que se necesiten o no esos altares; él trata de convencernos de que los perdedores son también ganadores. Su poema ya ha "elevado" a los perdedores a la categoría de ganadores. En realidad no es fascinación por los perdedores, sino fascinación por los ganadores en los que él quiere convertirlos. Es un juego muy del siglo XIX, muy romántico. Pero Whitman en este caso no lo juega desde el escepticismo, lo juega desde el estoicismo más militante. No nos propone dudar sobre la lucha, nos propone una subversión romántica de sus resultados. Me encanta Whitman, incluso éste más romántico. Pero claro, traído aquí de la mano de ese poema y al hilo de este fértil intercambio de ideas, no es (afortunadamente) inocente. Es seguir hablando de ganadores y perdedores. Entiendo yo que éste no era el eje central de tu texto incicial, pero, ya ves, un texto rico puede sucitar mucho más de lo que puede pensar su autor. Yo no acepto, hermano, los roles del ganador y del perdedor. Esos roles, como todo, pueden existir sólo para quién los intuye, los entiende y los razona. El ganador y el perdedor necesitan de un sujeto que los refleje y los integre. Hoy por hoy yo no quiero ser ese sujeto. Te abrazo. Jorge

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  17. Lazaro Riera Estorino.21 de mayo de 2010, 15:17

    QUERIDO AMIGO, COMPARTO TU CRITERIO, ES DIFICIL DURO, PERO REAL. UN ABRAZO Y GRACIAS.

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  18. Jorge, pues, desde tu percepción del Whitman de ese fragmento del “Canto a mí mismo”, (y que describes de modo tan preciso e interesante) no hace el poeta más que confirmar lo que refiero en mi texto y en la respuesta a Fowler: lo que realmente le interesa al hombre es “el triunfo, la victoria, ganar” Tu mismo dices que “no es fascinación por los perdedores, sino fascinación por los ganadores en los que él quiere convertirlos” Y sí que lo consigue, porque el poema, como hace toda la poesía, trasciende al poeta y sus intenciones.
    En otro orden, no veo yo por qué hay que “dudar sobre la lucha”, por qué intentar escabullirnos esa realidad ¿posible? de ganadores y perdedores, o negarnos que es humana condición.
    Un primera lectura del poema citado aquí, antes de leer tu comentario (12:49) me sugirió que hablaba el poeta de músicas propias, muy íntimas, no las que nuestras manías de ver conspiración por todos lados nos harían suponer, por supuesto no las dionisíacas, ni siquiera aquellas que pudieran ser sospechosas de estar “dentro del juego”, como lo has descrito. Llegué a ver incluso más “eros” que “épica” en esas loas.
    Sin embargo, ahora, a la luz de estas reflexiones que provocas, descubro en este Whitman del "Canto a mí mismo" una posible Épica tardía, moribunda quizás, pero reacia a rendirse ante el descreimiento de la modernidad y el imperio del relativismo que el poeta detectaba que se nos echaba encima, el mismo que hoy nos mantiene semiinconscientes, en coma, respirando artificialmente a través de débiles tubos que van de la memoria de nuestros una vez vigorosos pulmones a ese inestable limbo de contemporaneidad cuya inconsistencia nos impide tanto morir como vivir para la historia.
    Aquellas “cornetas y la sangre que anunciaban”, como refieres, nos han traído hasta muy cerca de donde estamos. Lástima, pienso yo, que fuera sólo hasta unos pueblos antes. Justo la ausencia de una Épica que nos defina nos impide continuar y crecer. Y puede que estos tiempos sean borrados de la historia precisamente por la ausencia de esa épica. Ausencia que puede que sea consecuencia de “la muerte de Dios”.
    Esto puede no tener fin, son tantas la lecturas y yo he quedado para llevar a mi niña a montar bicicleta.
    Pero, es la magia de la poesía: nos posee a cada cual donde cada cual precisa ser poseído.
    ¿Os veo luego?

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  19. Gracias, Lázaro, a tí por comentar.

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  20. Coño, Rubén, amigo, qué diálogo más rico. Deslizas ideas muy interesantes que ocupan el centro de mis inquietudes. Yo también tengo que irme a trabajar en el jardín, pero me cuesta hacerlo sin reflexionar un poco más sobre el asunto. Mira, estoy totalmente de acuerdo contigo en que lo que interesó, interesa y tal vez interesará al hombre es, como bien dices "el triunfo, la victoria, ganar" en un proceso activo de "lucha". Sobre todo al hombre occidental, porque si nos salimos de él, ese GANAR que se alimenta de la acción, podemos encontrarlo travestido en un "ganar" que se nutre de la no-acción. Pero por ahí podemos complicar mucho las cosas. Así que lo dejo. Lo que tenemos derecho a dudar, creo yo, desde la razón, o sea desde el saber, es la validez universal, la validez atemporal y la oportunidad de esa forma de ver el acontecer y el desarrollo humanos. Quiero decir: así fue y es, pero ¿está bien? ¿Ya está, se acabó? ¿Se trata de una ley, y si es así, de qué tipo de ley? El hombre místico occidental, el pobre, no podía hacer nada, porque sin quererlo, sin poderlo evitar, se encontraba a expensas de las disputas ("humanísimas") de los dioses. De nada le valía querer o no luchar, ser bueno o malo, si un par de dioses lo quería utilizar para resolver sus problemas. Ahí, en ese medio, nacieron el materialismo y el relativismo. Pero el pensamiento absoluto tomó el poder, llegó a niveles de abstracción nunca antes alcanzados, conquistó el idealismo más puro y enterró al "oscuro" misticismo en medio de una borrachera de luz que todavía purgamos para bien y para mal. De Sócrates para acá, o sea, de Platón para acá, el hombre creyó entender que no podía crecer con tal tipo de dioses, que necesitaba a un demiurgo que dotara de un orden, de una simetría aprehensible al universo. Para que alguien pueda "matar a Dios" si es que esto es posible, antes tuvo alguien que "parir a Dios", si es que esto es posible. Hablo de un Dios-padre, de un demiurgo, no de lo divino, que superando lo titánico, sacó al hombre (siempre al occidental) de la prehistoria para meterlo de lleno en la historia. Reconozco las grandes ventajas que al hombre occidental le ha traído el pensamiento abstracto y absoluto, pero también creo que, como no podía ser de otra manera, le la hecho cargar con algunos pesados fardos. Esto de ganadores y perdedores, si lo sacamos del puro y duro proceso de selección natural al que parece (y resalto este "parece")haber escapado el hombre-animal gracias a la razón, ¿adónde nos lleva en otros terrenos? ¿a una suerte de selección artificial establecida por ley? Yo no lo creo, amigo... Por otra parte la épica y su hermana menor: la epopeya, tuvieron su nacimiento y su momento álgido en el pensamiento místico, allí donde los dioses hacían y deshacían, ajustados sólo a sus caprichos. El hombre allí no era un actor principal, era un mero vehículo para que los dioses parcelaran sus predios y ajustarán sus cuentas. Para Homero, separar dioses de hombres y viceversa hubiera sido una locura, un imposible. Sin embargo, la épica sacada de ese mundo místico y traída a nuestro mundo, al menos para mí, resulta más problemática. Ya no se trata de que los dioses nos usan para resolver sus problemas, sino de que nosotros usamos a Dios, o a su vacío, para resolver los nuestros. El hombre aquí no está a expensas de caprichos divinos, ¿o sí?. En caulquier caso, esto de las formas y de los tonos poéticos no se puede racionalizar matemáticamente. Yo trato de entender por qué la épica hoy me asusta. No me asusta la del siglo XIX, no, me asusta sólo si traída al presente como por arte de magia. Pero entiendo y respeto que la épica todavía tenga su público. Fíajte, termino mi "actuacón" en este tema, que ya creo que abuso un poco de tu espacio, con una frase un tanto... Vivan la libertad y la poesía! Te abrazo. Jorge

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