lunes, 31 de mayo de 2010

El Telón Infinito

Esta mañana, al llevar a mi mujer hasta la estación en donde cada día toma el metropolitano para ir al trabajo, la he visto abordar el tren algo contrariada, pues se ha dejado en casa el libro que comenzó a leer justo en el viaje anterior. Es mi libro de cabecera de mi hermano.
Explico: mi hermano Danny celebró mi cumpleaños 44 obsequiándome ese libro y apremiándome en los días siguientes a que lo terminara “¡Ya!”... para leerlo él. Debí comprarle otro en aquel momento, pero no.
Desde esa misma noche de junio de 2005 comencé a hacer con el libro lo que durante más de 20 años y hasta unos meses antes había hecho cada noche, ya en la cama, con mi último cigarrillo del día: engullirlo, integrarlo horizontal en mi cuerpo y procurar que me calara célula a célula como si me hubiera estado preparando la vida entera para entrar en La Vida y hubiera llegado el momento de hacerlo.
El libro es El Telón, de Milán Kundera.
En algún momento posterior a aquel verano mi hermano entró un día a mi cuarto, tomó el libro y me dijo: “Te lo devuelvo en cuanto lo lea”...
El jueves pasado, de visita en su casa, le increpé: “¡Dame El Telón, ya es hora de que Judith lo lea; no me voy sin él!”...
Lo seguí hasta su cuarto. Su cama. Tomó el libro de la mesita de noche, al lado de su almohada, donde ha estado ejercitando su rol de último cigarrillo del día para mi hermano durante estos cuatro años. Me lo entregó. No les cuento su cara.
Es mi libro de cabecera de mi hermano.
Tal vez convendría tener uno cada uno. Pero, no sé por qué, sospecho no sería lo mismo.

El Telón debiera ser el libro de cabecera de todo el que escribe. Y de todo el que lee.
Los buenos libros no te dejan leerlos. Tienen vida propia. Y, vivos al fin, parecen estar a cada momento renovándose, enriqueciéndose, de modo tal que cada párrafo que lees te provoca cantidad tal de reflexiones, de alegrías, de exquisito disfrute que no logras avanzar, pues, cada página te premia con todo un libro que fabricas en tu mente, íntimo libro definitivo jamás escrito por nadie ni leído jamás, salvo por ti mismo.
El Telón es, en menos de 200 páginas, ese libro definitivo que me esperaba desde tiempos inmemoriales.
Aunque el objetivo central de Kundera sea subrayar que, más allá de la historia, la ciencia, la filosofía o la fe, la novela es un auténtico e independiente modo de conocer al hombre e interpretar su alma, El Telón es enciclopedia y compilación de todas las sugerencias posibles a propósito de la literatura, la música, el Arte todo, del hombre individuo y el hombre social, la libertad, la vida, la muerte, el olvido, la risa...

Lo he abierto. Y no he podido completar la tercera página. Ya estoy ciego de certidumbres y deslumbrado por la duda.
Y me resisto a negarme compartir aquí esas primeras páginas y una breve reflexión.

Conciencia de la continuidad
Contaban una anécdota de mi padre, que era músico. Se encuentra entre amigos en algún lugar donde, desde una radio o un fonógrafo, suenan los acordes de una sinfonía. Los amigos, todos músicos o melómanos, reconocen enseguida la Novena de Beethoven. Preguntan a mi padre:
-¿Qué es esa música?
Tras una larga reflexión, éste dice:
-Parece Beethoven.
Todos contienen la risa: ¡mi padre no ha reconocido la Novena sinfonía!
-¿Estás seguro?
-Sí -dice mi padre-, un Beethoven tardío.
-¿Cómo puedes saber que es tardío?
Mi padre les llama entonces la atención sobre cierta ligadura armónica que Beethoven jamás habría utilizado en su juventud.
Sin duda, la anécdota es sólo una maliciosa invención, pero ilustra bien lo que es la conciencia de la continuidad histórica, uno de los signos por los que se distingue al hombre que pertenece a la civilización que es (o era) la nuestra. Para nosotros, todo adquiría el cariz de una historia, nos parecía una sucesión más o menos lógica de acontecimientos, actitudes, obras. En tiempos de mi primera juventud conocía, de un modo natural, sin esforzarme, la cronología exacta de las obras de mis autores predilectos. Imposible pensar que Apollinaire hubiera escrito Alcoholes después de Caligramas, ya que, en ese caso, habría sido otro poeta, ¡su obra tendría otro sentido! Me gusta cada uno de los cuadros de Picasso por sí mismo, pero también toda la obra de Picasso concebida como un largo camino del que conozco a la perfección cada uno de los períodos. Las célebres preguntas metafísicas, ¿de dónde venirnos? y ¿adónde vamos?, tienen en el arte un sentido concreto y claro, y no carecen de respuestas.

Historia y valor
Imaginemos a un compositor contemporáneo que hubiera escrito una sonata que, por su forma, sus armonías, sus melodías, se pareciera a las de Beethoven. Imaginemos incluso que esta sonata haya sido tan magistralmente compuesta que, si hubiera sido realmente de Beethoven, habría figurado entre sus obras maestras. Sin embargo, por magnífica que fuera, al firmarla un compositor contemporáneo, daría risa.
Como mucho, se le felicitaría por ser un virtuoso del pastiche.
¡Cómo! ¿Sentimos un placer estético al escuchar una sonata de Beethoven y no lo sentimos con otra del mismo estilo y con el mismo encanto si la firma un contemporáneo nuestro? ¿Acaso no es el colmo de la hipocresía? La sensación de belleza es, pues, cerebral, está condicionada por el conocimiento de una fecha?, ¿no es espontánea, dictada por nuestra sensibilidad?
¡Qué remedio! La conciencia histórica es hasta tal punto inherente a nuestra percepción del arte que sentiríamos espontáneamente (o sea, sin hipocresía alguna) este anacronismo (una obra de Beethoven fechada hoy) como ridículo, falso, incongruente, incluso monstruoso. Nuestra conciencia de la continuidad es tan fuerte que interviene en la percepción de toda obra de arte.


La reflexión de Kundera es una verdad como un templo. Aún así, o precisamente por ello, me ha dejado el mal sabor de tener que asumir cuánta ignorancia nos trae el Saber, no sólo en el sentido de que cada conocimiento nuevo aumenta el umbral de lo desconocido sino de cuánto nos aleja el Conocimiento de algún otro tipo de percepción, de experiencia, de acercamiento o quién sabe si descubrimiento de quién sabe qué Verdad... de cuán marcados estamos por la erudición que resulta del "pensamiento lineal", consecuencia seguramente de una percepción determinada por nuestra finita condición. Ello se refleja en lo que Kundera llama “conciencia de la continuidad”, que nos impide disfrutar (aventuro yo) de cualquier hecho artístico que se salga de su propia circunstancia, su propia lógica histórica, su momento, como en el ejemplo del joven “imitador” de Beethoven.
Me pregunto si no seremos acaso víctimas inconscientes del rigor del dato ¿científico, teórico, real? que proviene de una percepción no "lateral" o abierta o múltiple de lo que observamos. Me temo que lo somos.
Veamos. ... ...
Para un conocedor de la obra de Beethoven, esa sonata del joven compositor que supone Kundera, es ciertamente algo anacrónico y falso. Pero, ¿qué sucedería con un profano y humilde desconocedor de estos asuntos (tengamos en cuenta que eso es la mayoría de los más de siete mil millones de habitantes del planeta), alguien que, aunque ha escuchado a Beethoven y disfruta profundamente de su música, no sabe cuántas ni cuales sonatas compuso el genial músico?
Sospecho que, al no saber distinguir entre la sonata falsa y otra verdadera, al no saber siquiera que existe alguna sonata falsa, y tomando como premisa lo que sugiere el mismo Kundera en su ejemplo de que está “tan magistralmente compuesta que, si hubiera sido realmente de Beethoven, habría figurado entre sus obras maestras”, para este feliz ignorante el placer al escuchar esa pieza musical sería igual al de escuchar cualquier otra de las que sí escribió el maestro.

El individuo, desprovisto de esa “conciencia de la continuidad”, ignorante del ropaje histórico y circunstancial que condiciona una obra musical, estaría, cuando menos, en mejores condiciones para disfrutar de la belleza y consecuencias de esa obra.

El valor estético de una obra musical (este ejemplo que expone Kundera es sobre el arte de la música), en mi opinión, trasciende el valor estético objetivo, de contexto, histórico y de evolución de la historia del arte. Es un valor en sí mismo. Pero quizás sólo conseguiríamos demostrárnoslo si nos hundiéramos en el olvido o simplemente pudiéramos desconectar esas regiones del cerebro donde alojamos el conocimiento y la experiencia. Tal vez entonces, desde una definitiva (aunque fuera temporal) ausencia de todo tipo de referentes culturales e históricos previos, extirpadas la ilustración y la gnosis , nos llegaría la certeza de ese valor estético absoluto.

Otra cosa es que decidamos, aplicando legítimas valoraciones éticas y hasta morales, que cada hecho artístico ha de pertenecer exclusivamente a su tiempo, a su autor y circunstancia, y que una aproximación, asimilación de estilo o intento de imitación que no alcance la categoría de plagio deba ser marginada y considerada fraudulenta.
Y, por supuesto, opino que estas valoraciones no son aplicables a la novela, o la pintura, o el resto de las artes, exceptuando la poesía.

Breve historia de familia:
Mi cuñada y amiga Lisset conduce su auto. Su hijito Gabriel, de unos cuatro años, viaja en la parte posterior, acomodado en su pequeña silla. Desde que salieron, más de quince minutos atrás, suena música en los altavoces. Música que el niño interrumpe para preguntar a la madre con voz entrecortada:
- Mamá, ¿por qué si a mí esa música me gusta yo estoy llorando
?

Siento que todo esto es navegar en aguas altamente inestables, revueltas y peligrosas. El Conocimiento es vida, es luz, es crecer y es amor. Pero no tengo garantías de que conocer los más íntimos detalles de una propuesta artística no me limite, ni me inhiba de hundirme a plenitud, crecer y hasta perecer en su misterio.



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22 comentarios:

  1. NECESITO ESE LIBRO URGENTE!!!!!!!MANDENMELO!!!!
    Hola Como estan? Os quiero mucho,
    Yovani

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  2. Rubén, amigo, bonita e interesante reflexión. No he leído ese libro de Kundera (a ver si doy con él, tal vez si me lo dejas un par de años... Sonrío...) pero conozco la inquietud. Y sí, es curioso e inquietante lo que se plantea. Pero si lo miramos bien, tampoco es tan raro, porque yo creo que no existe un valor estético, tampoco ético, absoluto. El valor estético siempre se nos da "manchado de tiempo", envuelto en historia. Según algunos pensadores, el conocimiento tiene tres etapas: intuición, entendimiento y razonamiento. Pero el arte, que es, entre otras cosas, un agente cognoscitivo más, se lleva muy mal con la tercera etapa. El conflicto surge cuando se quiere razonar el arte, cuando se quiere saber, porque el arte, sobre todo, hay que sentirlo. Pero el hombre no se detiene nunca en la intuición o el entendimiento de un fenómeno, ni siquiera cuando éste es artístico, siempre quiere razonarlo, saberlo. Muchas veces porque ese saber parece que nos puede ayudar a afilar la sensibilidad para disfrutar el arte más plenamente. En esto podemos llegar al absurdo más grande precisamente los creadores. Yo, por ejemplo, en lugar de leer poesía, casi siempre la estudio, en lugar de disfrutar un espacio, casi siempre lo califico. Seguramente a ti te pase igual con la música. Esto puede llegar a ser una desgracia. Entonces ¿cómo podemos llegar a consumir el arte plenamente limpios, siendo, como somos, razonables animales históricos que todo lo quieren saber? Esto resulta complejo, amigo, así que nos debemos una tertulia, no para abordarlo, sino para trascedenlo con ayuda de la música y la poesía. Porque hermano, el afán de saber el arte sólo se puede curar con ARTE. Aún con todas las limitaciones que nos ciñen, cuando nos enfrentamos al ARTE nos "desmelenamos". En esos casos el sentimiento siempre gana la partida. El arte y el amor, vaya pareja de artistas... Te abrazo. Jorge

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  3. Yovani, ¡NECESITAS ESE LIBRO URGENTE!... es de los tuyos, de los nuestros. Terminarás comprando un pasaje a España “pa’ ripiárnoslo” juntos acá.
    http://www.amazon.com/Telon-Biblioteca-Kundera-Fabula-Spanish/dp/8483830949
    Estamos bien y leyendo.

    Añel, muchas gracias, por pasarte y leer... y ni te digo por tu comentario.

    Jorge, amigo, quiero pedirte un favor: léete ese libro.
    “El Telón” no tiene que ver siquiera con lo que he colocado en este post. Mira, publicar lo que escribí me creó un leve conflicto: el que va desde la certeza de quizás alimentar en la gente los deseos de leerlo, hasta el temor de no conseguir más que “proyectar” en la mente de esa misma gente una imagen equivocada de lo que es el libro. O sea, lo contrario de lo que pretendo.
    Y, ja, hay una exquisita alusión, un breve capítulo en el libro dedicado a este mismo tema: “La lectura es larga, la vida es corta”.
    En cualquier caso no fue para “incentivar su lectura” por lo que “descargué” esas apreciaciones.

    En cuanto a tu comentario, tienes razón: están claras las “manchas del tiempo” y de la historia en nuestra percepción del arte.
    Aunque, y ya ves que es el eje central de mis reflexiones, la música puede que sea una excepción: no necesitamos un conocimiento previo, ni histórico, ni cultural, para convertirnos en “víctimas” de la belleza de la música.
    Ni siquiera necesitamos conocer la palabra: los niños, los bebés, reaccionan a la música. ¿Podemos decir que “a la belleza de la música”? ¿a su “valor estético”? Yo me atrevería a decir que sí.
    Se ha hecho común recomendar a las embarazadas poner “Mozart”, para que ¿escuche, disfrute, actúe sobre? el feto.
    La música escapa a las certezas de los pensadores, va por otros derroteros, pienso yo.
    Gracias por tu comentario.

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  4. Y, Jorge, la “desgracia” de estar siempre “estudiando” la música en lugar de escucharla, como cuentas que te sucede en la poesía, es un vicio crónico y común en los músicos. Algunos aseveran que “se disfruta más”, otros, que “es un obstáculo” para la percepción y el puro disfrute.
    Yo pienso que es una discusión absurda: no podemos elegir.

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  5. El libro no es caro, como todo libro que hoy día se respete. Se puede comprar por internet o en librerías. Pero, para quien desee o le guste o sea capaz de leer en el ordenador, el libro es posible descargarlo también de internet.
    Yo les pido que lean el libro físico; ya saben, para lo palpen, se queden dormidos con él en las manos, o para que lo subrayen y escriban a un lado: “bah, Rubén está perdío`”... o “no se me puede olvidar comprar el pollo”

    http://dc221.4shared.com/download/266458632/8c71fff/El_teln_-_Milan_Kundera_-_Ensa.rar?tsid=20100601-074904-ccabd6b5

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  6. Entiendes ahora por qué cuando terminé el libro ( que me lo habían prestado ) salí corriendo al Corte Inglés y lo compré? Entiendes ahora por qué cuando terminé de leer el libro, comencé a leerlo inmediatamente por la primera página, como si no lo hubiera leído nunca? Y eso me volvió a ocurrir con la segunda vez que lo terminé. Pensé que me estaba volviendo loco, que eso no era normal. Y pasé miles de noches en la escalera de la Queen of Cuba hablándole a Dany del libro, citándole fragmentos, leyéndole directamente pasajes enteros. Después que uno lo lee ya no puedes ser el mismo nunca más; llegas a preguntarte - " Cómo es posible? " Recuerdo cuando te lo comenté que me dijiste - " Esa es la Biblia de la novela "; palabras sabias y lúcidas como no podía ser de otra manera viniendo de tí. También el libro te produce una especie ( al menos en mi caso ) de desconcierto y hasta cierta frustración pues entonces lo que habíamos pensado ( y que habíamos defendido vehementemente )se desmorona, se desvanece así no más. Y no es justo, no. No tengo que decirte que el libro también lo tengo en la cabecera de mi cama y es EL LIBRO.
    Entiendes ahora por qué cuando nos vimos el domingo pasado en Madrid te dije que eras el Kundera de Matanzas? Ja, ja, ja.

    Con muchos quieros y abrazos,

    te saluda,

    El Portero de Derechas,

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  7. Portero de Derechas, olvidas decir que cada vez que nos encontramos, aunque llevemos meses sin vernos, terminamos hablando de ese libro. Olvidas (quizás no te das cuenta) que citas ¡párrafos enteros! del mismo, contando con incontrolable entusiasmo, como si de una película se tratara: - “¡y la parte en la que Kundera dice...!”
    Dices bien: “Después que uno lo lee ya no puede ser el mismo nunca más”. O como dice mi hijo, también de Kundera, pero esta vez el de La Insoportable levedad del ser: “¡Cómo es posible que después de un libro como ese el mundo siga siendo el mismo!”
    Por supuesto, lo estoy releyendo por no sé cuánta vez... Es como leer: “El Telón IV”...
    Ah, en este de ahora la intriga aumenta; y dicen que al final, en vez del Mayordomo, el asesino es el Portero... jjjj
    Gracias por tu entusiasmo desbordado y por compartir conmigo esta emoción.
    Un quiero.

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  8. De La Insoportable..., recuerdo un párrafo que dice más o menos así ..." el amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con una mujer, porque ese deseo se experimenta con relación a muchas mujeres; el amor se manifiesta en el deseo de DORMIR junto a una mujer, porque ese deseo se experimenta con relación a una sola mujer"...
    Me parece genial que tu hijo cite a Kundera; bueno dicen que los hijos del tigre salen con rayas.
    Recuerdo aquella noche en casa de Dany cuando te leía un fragmento de El libro de la risa y el olvido cómo nos reímos en la parte que dice (así como si de una película se tratara) que lo peor que le había hecho una ex amante al protagonista no era que había dejado de amarlo ni nada parecido, dice ..." lo peor que le había hecho Zdena es que era FEA" ... Ja, ja, ja, eso está de p...
    El caso de Kundera es raro, es como si Dios hubiera decidido concederle toda la inteligencia, la lucidez y la sabiduría de este mundo a él solo. Bueno, y a tí, claro.

    Otro quiero,

    El Portero de Derechas ( que se pone del lado de Israel )

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  9. Hace mucho que no comento en el blog por falta de tiempo, pero Kundera.....

    Ahora voy a tener que comprar el libro. Se dice por ahí que los libros no se prestan, y si se prestan, “no se devuelven”. Debí recordarlo.

    Kundera tiene la curiosa manía de decirlo Todo. Pero esa maravilla no solo viene de sus respuestas. Te quedas pensando en qué pudo haberle ocurrido a este hombre para que previamente se hiciera esas Preguntas. En fin, el genio.

    En relación a los fragmentos del libro y a tu reflexión, estoy de acuerdo en que toda experiencia es condicionante a la hora de percibir, sentir e interpretar el arte. Haces una distinción entre el hombre ilustrado y el ignorante, yo prefiero quedarme con un tercer candidato, aquel al que se le ha otorgado el don de la “Percepción”.
    Hay una escena de la película Amadeus, en la que Salieri, a solas, frustrado y entre lágrimas, pregunta a Dios: “¿Por qué si me diste el don para regocijar mi espíritu con esa música celestial, no me diste el don para crearla?” Salieri lloraba escuchando a Mozart porque había recibido el don de la “Percepción”. Es posible que para ello no necesitara la gran formación musical que tenía. Porque
    esta Gracia, como los demás dones, se recibe, (o no), al margen de la erudición o la ignorancia.
    Por cierto, nada para estar muy orgulloso, porque como dijo alguien: “La historia de las tristezas humanas es una historia –entre otras– protagonizada por todos los Salieris de este mundo”.

    El tema da para mucho y el tiempo que tengo es poco, pero gracias por escribir.

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  10. Rubén, amigo, leeré ese libro. Basta que tú me lo recomiendes para hacerlo. Ahora tengo mucho material que leer por delante, pero lo pongo en la cola. Lo encontraré y lo leeré. Ya lo comentaremos. Te abrazo. Jorge

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  11. Lo que dices, Danny, es provocación como para conflicto bélico.
    Pero, lo primero es saludar tu vuelta. Y hacer constar que, desde que no comentas, percibo algunos otros muy notables silencios por acá.
    Al conflicto:
    Coincido contigo en la existencia de un “tercer candidato” Indiscutible vigía y capitán a un tiempo, bendecido con el poder de “Percibir”, como le llamas al maravilloso y exclusivo don de crear-recrearse en la Vida, en lo que Es. Pero, este “tercer candidato”, aunque imprescindible, es tan escaso que apenas si se le encuentra.
    Ahora bien, tú mismo señalas a otro tipo de personaje, otra figura humana que en tu reflexión está representado por Salieri, y que yo llamaría el “Candidato Inconcluso” Y este, aunque puede que tampoco sea el que más abunda (si tenemos en cuenta la totalidad de humanos), sí es el que más se hace notar en este occidental mundo social que transitamos.
    Creo recordar a un Salieri desconcertado, dolido y sufriente preguntando a Dios:
    - “¿Por qué si no me diste el talento me das el deseo?” (Así lo he resumido en mi memoria, no sé si es literal)
    Ya no es el Salieri que añora un don creador, sino el que tiene el “deseo” de crear. Ese es, dentro del umbral de las figuras humanas, el más peligroso. Porque es el que rara vez está provisto de coraza ante la envidia que lo puede invadir. Entonces deviene en aquel personaje intolerante, hipócrita pero embutido en disfraz afable y “buenista” con el que de modo tan familiar convivimos hoy día.
    Los que “quieren”, pero no pueden porque no tienen el talento, el don de lo que llamas “Percepción”.
    Esta figura humana moderna es la que lamentablemente con tanta frecuencia desempeña roles de liderazgo en tan variados frentes de la sociedad (y a los que no me canso de apuntar): política, prensa, mundillo falsamente intelectual, literario, artístico...
    Son los que en lugar de discrepantes tienen enemigos. Los que en lugar de argumentar, odian. Los que carentes de “Percepción” propia, pero conscientes de la “Percepción” en otros, terminan emprendiéndola con el libre albedrío, con la diferencia, con la humana libertad. Esos, los que solapadamente no toleran la libertad y huyen de ella y se refugian en dogmas y credos ideológicos, políticos, religiosos. Los que buscan el grupo, la pertenencia a un colectivo para compensar con la “robustez” que le da la masa impersonal, la fragilidad íntima que le provoca la insatisfecha ambición de ser algo más que lo que realmente puede.
    Por suerte esa figura humana, aunque poderosa, no es mayoritaria. El más abundante individuo que somos podemos describirlo como una suerte de “espectador protagonista” que percibe que otros han sido bendecidos con la “Percepción”, pero no padece por no poseerla él mismo. Es el hombre común, abierto, crédulo (manipulable por ello), el fan incondicional, el buen hombre de siempre, el de los “buenos días” y la taberna. Con este prefiero quedarme.

    Hasta que vuelvas a escribir te regalo mi viejo sueño de una taberna, Kundera a la mesa en un rincón, tú, yo, el Portero y algunos más que se apunten, rodeándolo... y una larga conversación con el maestro acerca de lo maravillosa que es la cerveza.

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  12. Yo leí varios fragmentos de tu (vuestro) libro en el baño de tu casa cuando me alojé ahí unos días. Disfruté mucho su reflexión sobre la risa, el humor. Pienso terminarlo cuando vaya a tu casa el próximo año. Pero si lo tiene tu hermano, dímelo con tiempo para ir a casa de Danny mejor.

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  13. dime si tu cumple sigue celebrandose por estos dias...ya compre el libro...estoy preparando recital con nuestro inefable Lazaro y la carismatica Gema de la cultura del exilio...ya te contaremos, yo? pintare y hablare y vomitare al final encima de los invitados para que no sean tan ....

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  14. Aclaro que lo que debe comprar ese señor es un libro con el Manual de buenas costumbres, para que aprenda a vomitar donde se debe
    Estamos hablando de Kundera y se aparecen con esa ordinariez.
    Estamos recogiendo el Hombre Nuevo que Martí detestó y Fidel se lo cumplió.

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  15. Bendita provocación, bienvenida la provocación de Dany, a la que ya nos tiene acostumbrados. Iluminación por la vía del conocimiento y la búsqueda de la verdad ( porque existe; su relativización es una falacia, un ejercicio pedestre y estéril para demostrar justamente lo contrario ).

    Dany, recuerdas aquella noche que hablábamos de Kundera y su capacidad ( innata, natural ) para "VER"? Es tal como dices, un don de Dios. También hablamos de Fisher ( Bobby, por supuesto ) y lo relacionábamos.

    Poco puedo añadir a tanta idea, tanto argumento lúcido. Celebrar la brillante idea de Rubencito de crear este blog, este pequeño espacio de ideas y conceptos para alimentar el pensamiento y el espíritu, tan escasos en estos en este MAD, MAD, MAD WOLRD.

    Un quiero a todos,

    El Portero de Derechas

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  16. Ex-timado Anónimo 20:59
    En los últimos años nos extrañaba la constante afluencia de visitantes “de larga temporada” que sufríamos en mi casa y en la de Danny. Hasta que nos percatamos de la gran cantidad de tiempo que pasaban en el baño los sucesivos huéspedes. Resultado: hemos cambiado los libros que tenemos en cada baño, junto al inodoro, para momentos sublimes.
    Ahora en mi casa se puede disfrutar de la 324 edición de “Fidel y la Ruge-el-león”, de Frei Beto Corleone, con fotos del protagonista haciendo sus necedades a todo color.
    En casa de Danny: “Nadia podrá Destender el Comino de la Histeria”, discursos completos del protagonista del libro anteriormente citado.
    Tienes donde elegir. Incluso puedes alternar una semanita aquí y otra allá. Te cultivarás.

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    Os-tinado Anónimo 22:13
    Mi cumple se mantiene intacto para el 11, pero avisaré, como siempre, para neutralizar olvidos in-convenientes.
    Música de amigos mientras tú, amigo, pintas, ¡qué envidia!
    En cuanto a tu performance: ¿no habías vomitado ya en los 80, cuando-donde estaba prohibido?
    En España a vomitar se le dice “repetir”...
    No te repitas.

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    Antó-nimo 00:41
    Pedir “buenas costumbres” a un artista es cortarle las alas. (Aunque estando Kundera de por medio, debían en realidad cortarle la cabeza)
    Te aseguro que es sólo un comportamiento estético. Hoy día no es frecuente esgrimir una estética en el comportamiento, pues somos cada vez más uniformes.
    Y monotemáticos: Kundera.

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    Y, Portero de Derechas, delego en Danny corresponder a tu comentario, porque a él aludes; pero, te reitero las gracias y les dejo algo aquí:

    ¿Recuerdan, Portero, Danny, aquella frase célebre, histórica diría yo, de la insigne chica que una de aquellas inolvidables noches kunderianas en las escaleras de la Reina de Cuba (tu inapreciable puesto de trabajo), nos espetó, insultada, en nuestra cara:
    - Ay, no, que va, mijitos... ustedes na’má que hablan siempre de ¡cosas importantes!... mmme voy-
    Y mientras se alejaba decía:
    - ¡¡¡Qué pesaooossss!!!!
    ???

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  17. Creo que mi comentario ha sido vago. Intentaré ser más preciso por si acaso, aunque corra el riesgo de caer en "la vulgaridad de repetirme".

    Cuando hablo del don de la "Percepción" me refiero a algo más definido, concreto. La capacidad de estar ante algo extremadamente complejo y simplemente "Verlo", sentirlo de un modo divino, entenderlo, descifrarlo sin que medie la razón, sin esfuerzo e involuntariamente. Y no necesariamente tener el talento para Crear. (Por cierto, espero que escribas sobre la creación en algún momento).

    Me cuesta explicar esto pero haré un esfuercito más. Un ejemplo, ( salvando las distancias y puede que hasta desafortunado); la escena de Rain Man, (lo siento, soy cinéfilo), en que caen al suelo casi todos los palillos de una caja y el autista, (Dustin Hoffman), de un solo vistazo dice cuántos palillos había. No los contó, "Los Vió".
    Este ejemplo, aunque no sea el más indicado, si es probatorio. Hay un resultado que confirma el don.

    La tragedia es que en la música por ejemplo, (también soy "musicófilo"), esto no ocurre. Aquel que posee el don de la "Percepción" arrastra con él la gran frustración de no poder compartirlo, explicarlo o exibirlo. No es demostrable. Quizás de vez en cuando sólo se asome una lágrima que deje contrariado a los demás. De modo que se convierte, en un don tan valioso y exclusivo como inútil, (si se tiene en cuenta que la vida está marcada por un gran sentido de la utilidad).
    Todo el mundo dispone de unos sentidos que le permite acceder, en mayor o menor grado, al arte, pero no son todos los que sienten la mano de Dios cuando les toca.
    Éste es un talento que no brilla ni se ditingue entre la muchedumbre y creo que a partir de aquí es donde nace el otro Salieri que nombras y que describes tan bien.
    Abrazos.

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  18. Danny, me parece que entiendo lo que llamas “Percepción”. Ahora bien, mi duda es si esa capacidad, ese don, puede estar presente en un montón de personas que no saben que lo tienen. De hecho, puede estar en un niño sin que este, por supuesto, se entere de que está sucediendo en él algo exclusivo, que otros no pueden sentir. Ya crecerá y tal vez, luego de años de estudio, descubra que tiene ese don.
    Igual puede suceder que esa Percepción la posea una persona que nunca haya estudiado, que ha vivido toda su vida en una aldea de pescadores donde no ha recibido más educación ni conocimientos que justo aquellos que le permiten freír pescado.
    O sea, creo que hay una Percepción de saber que se Percibe, que pasa por la escuela, por el Saber. Ahora, ¿la ausencia de ese Saber anula la Percepción en el ignorante? ¿O precisamente esa ignorancia le permite a este acceder a otras dimensiones de la Percepción?
    Y, en ese caso: ¿no será aquel Saber un obstáculo? ¿Un obstáculo para llegar, por ejemplo, a la Verdad?

    Veamos... Se escucha un Beethoven maravilloso sobre el mundo...
    . En un salón, cierto talentoso joven compositor escucha conmovido, disfruta, se emociona, se pone eufórico... “¡Dios, mío, cuánta grandeza; esos giros, esas soluciones... Mágico!”...
    . Muy lejos de allí, junto al mar, en la cocina de una vieja casucha, alguien, friendo pescado, siente de pronto, literalmente, correr la sangre por su cuerpo... “¿Qué pasa?” se pregunta... alucina, flota... y entonces VE, SE ENCUENTRA, ES...
    Y se le quema el pescado...
    (Lo siento, no pude evitarlo)...
    Bueno, ese es el eje de mi reflexión en el post.
    Iba a decir “no sé si me explico”... Pero, sé que no me explico...

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  19. Ya sabes lo que dicen: "Hay dos clases de tontos, los que prestan libros, y los que los devuelven." ;-)) Voy a leer a Kundera (sí, lo admito...), y empezaré por "El telón". El fragmento que citas y tu comentario me han recordado ese relato de Borges, "Pierre Menard, autor del Quijote"... Qué lujo tu blog.

    Saludos!
    Carlos

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  20. Bueno, Carlos, parece que los libros son para aprender de ellos no acerca de ellos. Me va a ser grato conocer tu criterio acerca de ese libro. Y con suerte otro (auque mismo) Kundera, digamos el de "La broma" y/o "La insoportable levedad del ser". Muchas gracias por tu comentario.

    A todos. Estoy en Israel, hasta el jueves 10. Conciertos y con-amigos. Desde aquella Matanzas este es el sitio donde "mejor" escuchado me siento. Debe ser por el idioma. Y los amigos. Y la gente tan dulce. Quisiera tanto juntaros a todos!
    (Teclado en hebreo: evito palabras con tilde... prueben a escribir de ese modo y me cuentan... es genial)
    Shalom

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  21. Claro Rubencito, claro que recuerdo a la chica ( con aire habanaviejero) diciéndonos entre enfadada y frustrada que solo hablábamos de cosas importantes. Solo le faltó quitarse la chancleta y zas, zas, zas. Pero también recuerdo una noche, esa misma chica preguntando a su marido si Carlos Manuel de Céspedes ( el biznieto, quien fuera mi guía espiritual durante un tiempo en Cuba para mi vergüenza posterior )era el padre de Pancho Céspedes. El marido, a quien le gustaba posar de culto e inteligente, hubiera querido matarla ese momento, lo sé!!!

    En fin, el mar.

    Escríbeme cuando llegues del Crying Wall in Jerusalen,

    Un quiero,

    El Portero de Derechas

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