martes, 7 de septiembre de 2010

Juego a que pienso

Me divierte usar las palabras para jugar a que pienso.
Las palabras son indispensables para ejecutar el pensamiento y para desplegar ideas. Y comunicarlas, desde luego. Cuando decimos que intuimos algo, lo que sucede es que aún no tenemos las palabras apropiadas para describir qué es lo que está por suceder.
Igual ocurre con un montón de fenómenos y situaciones que están más allá de nuestra comprensión y para las que no hallamos las palabras adecuadas con que describirlas.
Algunas personas, como ciertos científicos y artistas, recurren a otros lenguajes para intentar describir esas situaciones y fenómenos. Esas personas, la mayor parte de las veces, están convencidos de haber encontrado las respuestas que, quienes dependemos únicamente de las palabras para pensar e interactuar con el mundo, no podremos encontrar jamás.
Los científicos, los físicos sobre todo, acuden a las matemáticas. Pero, las matemáticas son uno de esos otros lenguajes, como la música y las artes en general. Y, por tanto, no nos sirven a todos.

En mi caso, hago con lo que no comprendo lo mismo que hago con lo que comprendo: juego, lo convierto en broma, le busco el lado divertido y me doy placer y felicidad.
Me divierte jugar con las palabras y hacer como que pienso.
Hace apenas un rato me sorprendí tratando de pensar, a secas, sin juegos ni bromas. Pero, no conseguía dar con una sola respuesta a un dilema que...

Bueno, mejor juego. Además, esta tos constante de gripe, que el regreso de las playas, las carreteras y algún trasnocheo post-actuación me han procurado, no me deja otra opción.
Juego a que sueño que tengo 10 años. Tal vez sueño que juego y es una suerte de limbo de sueños y recuerdos de alguna noche, en el portal de la casa del abuelo Niní, en pleno campo cubano. Farol y luz hasta apenas dos metros más allá del jardín y ¿algo de miedo tal vez? No: ¡mucho de miedo! A la incertidumbre de lo no detectable, del vasto campo de caña y la carretera frente a la casa que la oscuridad intensa no permite ver, sumo un miedo acrecentado por el hecho de que yo creía saber lo que hay frente a ese mismo portal en que me encuentro ahora, pues, durante el día, ese es el sitio inmejorable para nuestros juegos, el de mis hermanos y mis primos y Palomo, el perro.
Pero, ahora, más allá de donde alcanza la luz, no sé si hay algo, si existen nuestro estadio de baseball hecho por el abuelo, ni nuestras voces y risas del mediodía. Y para esa ausencia (de lo que yo creía que allí estaba, pero que ahora no encuentro) no tengo palabras. No es Algo que falta, no es que no haya Nada, no es un sitio Vacío. Veo tan sólo un agujero negro. No sé que es. Sólo sé que tengo miedo. Abro los ojos, enormes como si con ello pudiera conseguir ver más...
Entonces, quizás por vez primera, juego con las palabras que pueden darme, ya que no una respuesta, sí un momento de ¿felicidad? Tranquilidad, más bien.
Ahora no sé si tenía realmente 10 años o 15 o si ocurrió realmente aquel juego de palabras y ausencias y miedos y broma. Ahora juego y me divierte hacer como que pienso mientras me traigo al dilema de hoy las mismas improductivas palabras de entonces:

La Nada no existe. Si la Nada existiera fuera Algo. Aunque con la peculiaridad de ser Algo que No existe.
Por otro lado, si la Nada es lo contrario de lo que Es, entonces la Nada ya Es Algo. Aunque sea en, digamos, negativo.
De nuevo acabo de matar a la Nada. Me da miedo matar algo, aunque no sea Nada.
Por cierto, si la Nada no existe, el Vacío tampoco. Pues, para ser Vacío ha de estar lleno de Nada. Estar lleno de Nada ¿no es estar lleno de Algo aunque carezca de contenido?
Pero, habíamos acordado que la Nada es Algo (lo contrario de lo que Es), por lo tanto de ese Algo está lleno el Vacío. ¿Una vez más resulta que el Vacío ¡tampoco es tal!?
Pero, aún si acordáramos que la Nada Existe: ¿tiene límites la Nada? ¿dónde comienza la Nada y dónde acaba? Se hace difícil imaginar que dentro o después de Algo no haya Nada, o sea, haya Nada... Algo habrá, aunque sea Nada... me voy aclarando...
Y hablando de límites o fronteras o cáscara incluso: ¿hasta dónde puede algo estar Vacío? ¿hasta arriba de lo que sea en que debe estar envasado? ¿tienen fronteras o puntos de partida el Vacío y la Nada, como parecen tenerlas el Infinito y la Eternidad?
¿Y estos dos últimos? Francamente, me resulta menos complejo imaginar a Dios que aceptar la idea del Infinito o de la Eternidad. Alguien me quiere tomar el pelo... ¿hacia dónde tira el Infinito? ¿qué tamaño puede llegar a alcanzar? Y la Eternidad ¿desde cuándo está ahí? ¿y cuánto puede durar esto? (espero no aburrirme)
En definitiva: ¿puede alguien contarme que es capaz de aceptar e incluso llegar a configurar en su mente la idea o la existencia del Infinito y de la Eternidad o del Vacío y la Nada absolutos y con el mismo énfasis negar la existencia de Dios por indemostrable (¿será que no acaba de dar con la ecuación apropiada?) y pretender aún que yo lo tome en serio? ¿Por muy Stephen Hawkings que se llame?

Anda, de eso se trataba: de jugar a pensar cómo es que funciona el cerebro de este respetado y famoso hombre de ciencias que aporta la peculiaridad de ser un científico frecuentemente refutado por él mismo al tiempo que realiza extraordinarias contribuciones a la confusión que en el hombre causa la incertidumbre acerca del origen de la humanidad.
En este sentido, en el de las auto-refutaciones, acabamos de disfrutar de un nuevo aporte: si en "Una Breve Historia del Tiempo" Hawkings plantea que no hay incompatibilidad entre la existencia de un Dios creador y la comprensión científica del Universo, en su más reciente libro afirman que afirma que la física moderna excluye la posibilidad de que Dios crease el Universo.
Teniendo en cuenta que para sus refutaciones a propósito de su propia Teoría de los Agujeros Negros (que al final resultaron no ser tan negros, ni tan agujeros) hubo que esperar algunos años, no es alocado suponer que, en lo concerniente a esta nueva refutación acerca de la existencia de Dios, aún tenga tiempo de refutarse de nuevo. Aunque, jugando a hacer números, sospecho que, dadas la cantidad de años que transcurren entre una y otra rectificación, la próxima refutación tendrá que hacerla cuando se encuentre ya al lado del Señor, en el más allá...

Esta tos no me permite hacer nada. Al menos nada que tenga que ver con jugar a que pienso. Estoy confuso porque no me concentro. Lo de Stephen Hawkings y sus auto-refutaciones, ¿no sería un catarro?

Finalmente, si quieren una reflexión seria y que aporta luz desde el rigor y la lucidez acerca de la polémica generada a propósito de este asunto, les recomiendo este artículo de Carlos López Díaz "La falsa antítesis Dios/razón" (Siempre que leo a Carlos pienso qué hubiera sido de mí (y, por extensión, del mundo) si en mis años de estudiante me hubiera beneficiado con la suerte de tener un profesor como este hombre)

Por cierto: ¿qué es el más allá?
.

3 comentarios:

  1. Tú disjiste:
    "Me divierte usar las palabras para jugar a que pienso.
    Las palabras son indispensables para ejecutar el pensamiento y para desplegar ideas. Y comunicarlas, desde luego. Cuando decimos que intuimos algo, lo que sucede es que aún no tenemos las palabras apropiadas para describir qué es lo que está por suceder.
    Igual ocurre con un montón de fenómenos y situaciones que están más allá de nuestra comprensión y para las que no hallamos las palabras adecuadas con que describirlas".
    A partir de eso, se me ocurrió este juguetico como regalo para ti. Ahí va:

    -¿Qué te pasa, Rubén?
    -Nada, Pela.
    -¿Cómo que nada? ¡Vamos, anda, dime aunque sea en pocas palabras lo que te sucede!
    -Es que acabo de tener unas palabras con Pedri y estoy enojado.
    -¿Pelearon? ¿Y se fueron a las manos?
    -¡No, Pela! La cosa no pasó de palabras.
    -Bueno, pero cálmate y cuéntame palabra por palabra lo que sucedió.
    -Es que estoy enojado, Pela. No tengo palabras para expresar lo que siento.
    -¡Cálmate y cuéntame! ¿Cómo comenzó todo?
    -¡No me acuerdo bien!... Tú sabes que Pedri es un tío fácil de palabra.
    -Sí, es verdad, en un minuto te llena de palabrerías. Es un artista de la palabra.
    -Sí, Pela, pero esta vez, la mayoría de sus palabras fueron huecas, vacías.
    -¡Pero acaba de decirme cómo empezó todo, Rubén!
    -Mira, me parece que fue porque yo le hice un juego de palabras ayer, sobre la existencia de Dios y supongo que eso no le gustó.
    -Es que tú siempre haces chistes cambiándole el sentido a las palabras. Y además, él es un tío sensible y uno tiene que medir las palabras cuando habla con gente así.
    -Sí, Pela, pero él puso palabras en mi boca. Palabras que nunca dije.
    -¿Estás seguro, Rubencito?
    -Te doy mi palabra de honor. ¿O me crees más si te doy las palabras por escrito?
    -¡Sabe Dios las palabrejas que habrás dicho!
    -¿Yo? ¡Las palabrotas las soltó él!
    -Si estaba enojado, me imagino que no fueron palabras de buena crianza.
    -Te aseguro que fueron palabras mayores.
    -¡Me imagino el intercambio de malas palabras! ¿Y te dijo que parte del jueguito de palabras no le gustó?
    -En realidad no mencionó ni una palabra de aquello.
    -¡Cómo?! Entonces, después de tanto palabreo resulta que no había motivo para discutir. ¿No será que tú inventaste el lío, Rubén? ¿Tú no serás un poco perseguido? ¿Un…? ¿Un…? ¿Cómo se llama eso…? ¡Tengo la palabra en la punta de la lengua…!
    -Me imagino que la palabra es “paranoico”.
    -¡Esa es la palabra clave!
    -No, Pela. No es el caso. La culpa de todo fue de él.
    -Habrá que ver su versión ahora. En otras palabras, que puede contar su cuento diferente a lo que sucedió.
    -Bueno, es mi palabra contra la de él.
    -Recuerda, Rubén, que las palabras se las lleva el viento.
    -Pero yo lo voy a demostrar con hechos y no con palabras, Pela.
    -¿Sigues enojado aún? Pues te diré que en estos casos “paciencia” es la santa palabra. Bueno, ¿y cómo terminó todo? ¿Se arreglaron?
    -¡¿Qué?! ¡¿Arreglarme con ese loco?! ¡No! ¡Y a él le quedó claro cuál fue mi última palabra! ¡Yo-dije-ya-la-última-palabra!
    -¡Cálmate, Rubencito! Te enfureciste más. Escúchate, tus palabras salen entrecortadas… Bueno, ¿y cuál fue tu última palabra?
    -¡Lo dejé con la palabra en la boca y me fui! ¡Y le dije que no me dirigiera más la palabra!
    -Oye, pero…
    -¡Ni una palabra más, Pela!
    -¿En serio?
    -¡Palabra de Dios!

    Ojalá te haya gustado, amigo mío.
    P.P.

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  2. Amigo P.P. ¡Sobran las palabras!

    En realidad, debo confesar que tu cuento o diálogo o divertimento (“dialoguento”, llamémosle), luego de leerlo palabra por palabra, me ha dejado... eso mismo: sin palabras... Mas bien, sin frases comunes que incluyan la palabra "palabra".

    Quiero darte las gracias por el gesto de tan entrañable regalo y por algún otro detalle. Para ello te pido me concedas la palabra, pues, aunque este espacio es técnicamente mío, con tu gesto te has apropiado de ese derecho.

    Te agradezco el delicado detalle de prescindir de ciertas palabras que, aunque tú y yo estamos por encima de prejuicios, puede que algunos lectores consideren “malas palabras”: buscas o groseras o violentas palabronas que coincidimos en obviar (como si lo tuviéramos apalabrao) para que nadie pueda toser las palabras.

    Asimismo agradecerte que hayas decidido no comerte las palabras al escribir, cosa tan frecuente hoy día en este cibermundo donde la prisa (o la tarificación$$$ por letras de los mensajes de textos) es quien marca los estilos.
    Ejemplo de los dos primeros renglones de tu texto abreviando palabras:
    - K t pasa, R?
    - 0, Pla.”

    Sólo puedo tener palabras de agradecimiento por tu “dialoguento”. Tienes el don de la palabra y eso te crea, aún a tu pesar, el compromiso de la palabra dada. Y, en ese sentido, has de cumplir tu palabra, aunque haya quien no entienda ni media palabra de lo que escribes.

    Y, aunque sé que jamás has de faltar a tu palabra, yo te ofrezco, bajo palabra, poner a disposición de tu empeño mis más humildes, sinceras, sentidas, nobles, amistosas y encarecidas palabras.
    Y ya sabes que yo soy un hombre de palabra.

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  3. Parole, parole, parole...

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