lunes, 6 de junio de 2011

Indignado (II)

He estado una vez más en la Puerta del Sol de Madrid. He vuelto a escuchar las voces de los “indignados”. He visto nuevamente sus rostros.
Y he recordado un momento esencial en mi vida.
Era 1994. A raíz de las revueltas en La Habana conocidas como “El Maleconazo” y durante la posterior salida de miles de cubanos hacia Estados Unidos (la mayoría de los cuales fueron a parar a la base militar norteamericana en Guantánamo), tuve oportunidad de vivir muy de cerca un inusitado suceso. Mientras pugnaban en la costa y en las desembocaduras de los ríos por encontrar una barca que los llevara bien lejos de la opresión y la miseria, miles de personas se debatían entre la satisfacción de estar expresando, “por fin”, el gesto reivindicativo nacido de la necesidad de querer violar la ley y la frustración provocada por la evidencia de no estar violando nada puesto que les estaba siendo permitida dicha acción y por tanto se sentían una vez más absurdamente manipulados.

Quien hace la ley y se inhibe en su función de hacerla cumplir transforma cada intento de resquebrajar el orden en una ridícula agresión contra nadie.

Yo fui uno de aquellos cubanos que batallaban por largarse y aquel sentimiento de frutración solo desapareció cuando pude abandonar la isla un año más tarde. Casi 17 años después tengo ante mí, en una céntrica plaza europea, aunque sin la desesperación que cicatrizaba en aquellos otros rostros, grupos de personas con idénticos motivos para el desconcierto. Y tal vez sea la coincidencia en lo patético de tal situación lo que enfatiza la paradoja que emerge de lo opuestas que resultan las razones para la reivindicación: nosotros soñábamos con lo que ellos tienen; ellos proclaman querer mejorar lo que tienen aproximándose a aquello de lo que huíamos nosotros.


control estricto...eliminación... supresión
obligatoria... reducción... expropiación por el estado... prohibición de...
elevación de los impuestos... devolución a las arcas públicas... prohibición
de inversión... aumento del tipo impositivo... recuperación del impuesto...
control real y efectivo...


Me sumerjo entre las tiendas de campaña desplegadas en pleno centro de la plaza y los observo. No sonríen. Puede parecer justificado que no sonrían: no es la risa un ademán apropiado para este tipo de reivindicaciones. Pero, cuando se actúa con convicción y legitimidad, es imposible ocultar la transparencia en la mirada, cierta relajación en el rostro y ese asomo de felicidad que tanto aborrecen los hipócritas. Y no es ese el caso. Estos que he visto miran con recelo, como si sospecharan de todos cuantos hay a su alrededor. Sus movimientos no son espontáneos, naturales. Se desplazan como si temieran el roce inadecuado o brusco de cada día en el metro o el autobús, realizando, ante cualquier inevitable encuentro físico, giros calculados y correctos, pero con la leve torpeza de quien no ha ensayado el gesto previamente.

Se trasluce que han recibido orientaciones de evitar la tosca violencia que se supone en quienes están dispuestos a violar la ley para ejercer esos actos que llaman “reivindicar derechos”. Pero, al no poder ejercer algún tipo de violencia directa (romper cabinas telefónicas, encender cócteles molotov y dulzuras por el estilo inherentes a este tipo de personajes durante este tipo de rabietas), con el paso de los días se pierde lógicamente el entusiasmo, por lo que depositan toda la energía en alimentar el ánimo a través de las Asambleas. Me son muy familiares estas asambleas, que son la base de todo tipo de catequesis totalitaria y cuya organización corre a cargo de lo que en Cuba conocíamos como Departamento de Agitación y Propaganda, que no era más que aquella agitprop que había implantado Lenin en la Rusia Comunista de los años 20. Funcionan de maravilla y son tremendamente efectivas, pues los participantes acaban convencidos que son protagonistas de los más profundos cambios en la historia del hombre y que cada uno de ellos, en lo personal, tiene un papel prácticamente determinante. Estas asambleas han de estabilizarse para mantener vivo el espíritu de la protesta. Sobre todo porque esto va para largo, pues queda todo un año hasta unas elecciones generales que desde ya, y como consecuencia de lo que veo, vislumbro muy movidas.


Por ahora se mantienen tranquilos, lo que no parece fácil dentro del inevitable desorden bajo las tiendas de campaña. Pero esa conducta delata una disciplina y esta una autoridad. Y tienen la actitud de quien espera órdenes, de la autoridad o del enemigo, y la tensión exacta del que teme estar equivocado o que le falten datos, pero neutraliza sus dudas diluyéndose en el grupo, cambiando el yo por el nosotros, el por el nuestro.
No es que piense que sea horrible tener dudas o estar equivocado. Ahora mismo, mientras escribo, ambas sensaciones me abrazan. Tal vez justo por ello me atrevo a saber qué sienten. Y por una razón aun más personal: de alguna manera su actitud y sus expresiones me remiten a las que hace más de 30 años observé en mis amigos cuando eran enviados a la guerra de Angola, en una época en que muchos creíamos que eran buenos y nobles esa guerra y ese viaje a esa guerra. Duda, nerviosismo, búsqueda de aprobación, pequeño miedo mal controlado, y tal vez una disimulada necesidad de entrar en acción para canalizar tanta tensión.
Son, tanto aquellas como estas, la actitud y expresiones de quienes han decidido que su futuro ya no les pertenece, que otros han decidido por ellos, y tratan de convertir lo ya inevitable en un acto heroico, el más heroico de su vida. Solo que a quienes iban a la guerra el heroísmo los conducía probablemente a la muerte. Y a estos que tengo ante mí los conduce apenas al abandono de esa vida tan cómoda que hasta hace poco han llevado, una vida de relativa abundancia que el despilfarro de los políticos en el poder ha tornado en incertidumbre.
Sí, están esperando órdenes.
Desde que nace el hombre tiene sobre él una autoridad (padres, maestros, tutores) dirigiendo orientando corrigiendo y siempre decidiendo cada paso que lo adentra y prepara para la vida. Luego, una vez adulto y hasta que muere el hombre es incapaz de cuestionarse la razón o necesidad de que alguna otra autoridad realice esa misma función. Esa autoridad es reconocida y confirmada en el Gobierno que, como los padres, maestros o tutores ya estaba ahí cuando el hombre nació, ejerciendo esa función de autoridad sobre todos. El hombre entonces sanciona a favor del Gobierno, al que autoriza la inmersión en todos los aspectos de su vida personal y social, creyendo poder garantizarse con ello seguridad y estabilidad “para toda la vida”.
Pero, ¿qué sucede entonces cuando la autoridad se resquebraja, no en la intención, admitamos, sino en la viabilidad de garantizar esas seguridad y estabilidad?
Nada. Nada o muy poco sucede. Algo de pataleta, algo de “indignación” y un falso desafío al orden y la autoridad, expresados en ambiguos manifiestos en que se mezclan reclamos y reproches a estos padres de la adultez, pero dejando bien claro que no hay intención alguna de prescindir del tutelaje del gobierno con todos sus atributos.
De ahí que se me antojen nerviosos, pero sobre todo, frustrados. El umbral de incertidumbre que se vislumbra hoy en España provoca temor en muchas personas, y estos que se dicen “indignados” son el destacamento de vanguardia de ese temor. Temor a dejar de ser mantenidos. Temor a tener que dejar de vivir de los presupuestos públicos, que no es otra cosa que vivir del dinero y el esfuerzo de los que trabajan. Temor a tener que enfrentar el trabajo duro y una vida en la que hayan de ser ellos mismos, con su esfuerzo personal y laboriosidad, los únicos garantes de sus propios bienestar y seguridad.
Y, en el caso de estos “indignados” aun acampados en tantas plazas, temor, en fin, a perder esa especie de puesto de funcionario que es ser antisistema en España.
El puesto de funcionario antisistema, me digo, es uno de los dos empleos cuyos salarios rara vez sufren las consecuencias de los recortes y las crisis: no se congelan, no se reducen, no varían con el alza de los impuestos.
El otro es el de los políticos, precisamente.


(continúa)

.

6 comentarios:

  1. Ayyyy Rubén...... cuanto me estas haciendo pensar en estos días. Ya sabes que soy mujer con poco tiempo para estas labores, que trabajo, que cuido de mi casa, de mis niñas, de mi marido, de mis amigos......... pero entre todo este trabajo, también he sacado tiempo para acercarme a la acampada de Cádiz, que aunque no lo creas y a pesar de lo bien que vivimos aquí, tambien tenemos nuestros "indignados".

    Y al igual que tú, lo tenemos muy cerquita. Así que desde los primeros días he cogido a mis niñas, y en vez de pasear por la alameda me he ido acercando a la plaza del palillero, y efectimavente a medida que vas llegando a la plaza, el olor a pies se hace muy presente en el olfato, quizas tambien no queden muy decorativas esas casetas de campaña, pero fijaté tú, que a mi se me antoja que tambien hay olores de alegria, de esperanza, de ilusión..... en definitiva y como ha dicho Agustin Garcia Calvo, por fin siento que hay vida antes de la muerte.

    Yo me siento ahora mucho mas confudida que antes, tengo cientos de dudas, no se siquiera si tengo una opinion que exponer, cada dia leo y escucho ideas diferentes, puntos de vista de lo mas diversos, absurdos, cercanos, creibles e increibles.................... y para colmo apareces tú con tu blog y lo único que he conseguido al leerte es emborronarme mas mis ideas.

    Así que Ruben, no se si realmente el movimiento es algo real y espontaneo o si está manipulado, pero desde luego hay una cosa que es absolutamente cierta y es que como haya muchos como yo, confundida, aturdida, descentrada, tambaleándose en un mar de ideas, alegre y luego triste, esperanzada y a la vez desilusionada.......... esto ya ha servido para algo, para mover conciencias, para que volvamos a expresarnos, para discutir, que es tela de sano, para encontrarme con un monton de amigos y exaltarnos en discusiones que no llevan a ninguna parte, pero que nos mantienen el alma caliente...... para acercarnos a nuestros amigos virtuales, y por supuesto para hecharte un montón de menos en estos debates sin sentido, en donde tus exagerados aspavientos y tu vocabulario grosero ponen un punto de color muy de agradecer para todos los que te escuchamos.

    Ah, por cierto a tí tambien de noto ofuscado en lo que dices, ¿no será, que tambien estas "indignado"?


    Miles de besos desde Cádiz. Monte

    ResponderEliminar
  2. Pienso, Monte de mi “arma”, que tal vez te hayas visto de perfil en algún (¿este?) tramo de mi post referido a las Asambleas... (Perdona la autocita... en fin, es mi blog...)

    “los participantes acaban convencidos que son protagonistas de los más profundos cambios en la historia del hombre y que cada uno de ellos, en lo personal, tiene un papel prácticamente determinante.”

    Yo también me he visto tantas veces en ese trance; aunque hace tanto tiempo... Es la ceremonia del “hombre masa”. Mientras estás “abducida” por la Asamblea dejas de ser la Monte, y te conviertes en un pequeño desierto en medio de una multitudinaria Nada. Y crees que eso es Todo.

    Claro que tienes que estar confundida en cuanto llegas a casa y vuelves a ser tú: eres Montemayor, artillería pesada siempre dispuesta al combate. Pero no todo el mundo tiene la suerte de saber dudar: hay quien es “hombre masa” desde que nace hasta el último suspiro.

    Uno de mis objetivos al escribir estos post es mantener un ruido, un pitido molesto para que no ocurra sin obstáculo, en mi opinión, de lo malo lo peor. Si provoco confusión en ti ya no ha sido en balde.

    Como ves, he preferido no decirlo todo de una vez, pues sería largo laaargo el discurso de mi indignación (claro que estoy, como me haces notar, indignadísimo, desde hace mucho). Pero mi visión es otra y la voy a ir exponiendo poco a poco. Quiero intentar intercambiar ideas, proponer mi propio “manifiesto”. Pero, por ahora prefiero ir deshaciéndome de las rabias, porque los debates han de realizarse en un mismo idioma y la ira es enemigo irreconciliable de las ideas.

    Tu confusión viene de la negativa a que no haya motivo para la ilusión. Yo voy a intentar proponerte una-otra ilusión, una ilusión que es la mía de ahora. Yo estoy pleno de ella, pero no es fácil exponerla y de golpe imposible. Aunque ten por seguro que lo intentaré.

    Vamos a tener motivos para “discutir”. Te pido, por favor, que no te calles ni siquiera si has de pasar por el difícil trance de tener que darme la razón.

    Besos desde Madrid.

    ResponderEliminar
  3. Sí que tiene agallas esta gaditana...
    Olé con ella.

    ResponderEliminar
  4. la gaditana es mas interesante! dejala que habkle mas!

    ResponderEliminar
  5. 1ª Parte:
    Bueno, Ruben...... son muchas las ideas que se me vienen a la cabeza, y tengo a Julieta metiendome a Hello Kiti por la nariz, pero iremos poquito a poco, a ver si soy capaz de escribir con lucidez lo que pienso. Me gustaria contarte primero para situarte/me, mis antecedentes Asamblearios, que tambien los tengo, seguro que nada que ver con los tuyos, pero te aseguro, que dejaron marcas en muchos de nosotros, los "del barrio".

    De forma resumida te cuento, que yo, nosotros, algunos de nosotros, somos hijos de lo que se llamó la reconversión industrial. Nuestros padres, obreros de Astilleros. Nuestras madres, limpiadoras, amas de casa (este termino nos dará pa otro debate), cuidadoras de nuestros abuelos, de nosotros. Nuestros días transcurrian, entre Asambleas, contenedores ardiendo, lavadoras y macetas volando y nuestros padres corriendo, delante o detras de la policia. Los mas valientes miraban desde el balcón y los que eramos mas corbades nos escondiamos debajo de la cama, a esperar que no se oyera nada.
    Cuando eramos pequeños no jugabamos al tenis, nuestros juegos eran, la patá, el puli en alto o el mangüiti, juegos todos, poco refinados. Y por supuesto y esto lo cuento con todo el cariño, cuando sonaba la sirena de Astilleros a las dos de la tarde, eramos una marea de niños esperando en la plazoleta, a que llegaran nuestra propia marea de padres, marea que venia precedida por un olor intenso a hierro, a soldadura a mugre de los monos.........

    Así que, puestos ya en antecedentes, imaginate de que color podia llevar la chaqueta, cuando me hice adolescente........ es evidente que mi corazon siempre ha estado en el lugar que le correspondia, física y sentimentalmente. Pero sin embargo no ha tenido que pasar demasiado tiempo, para que los que yo creia que eran los mios, empezaran a cambiar mi corazón y por supuesto mi opinión, y este primero, se me ha quedado muy pequeñito, tambien física y sentimentalmente.

    Mucho despues, y habiendome tropezado varias veces con la misma piedra, me he dado cuenta de que la política y los políticos no tiene color ni ideologia, que da igual como se vistan, que las izquierdas y las derechas van juntas de la mano hace mucho y que lo que tenemos ahora no son guerras ideológicas sino guerras económicas.

    Y ahora viene al pelo un poema de Gloria Fuertes que lei hace tiempo y que describe a la perfeción mis sentimientos:

    Mi espíritu revolucionario rebelde
    no puede pertenecer a ningún "partido"
    pertenece a un entero
    a la entera humanidad presente y futura.

    Ahora y dicho todo esto, creo que muchos de nosotros, gente que no pertenece a nada ni a nadie, tenemos una necesidad, una necesidad vital y es que necesitamos gritar, tan fuerte tan fuerte, que se nos oiga en cualquier lado. Necesitamos recuperar la posibilidad de hablar , de expresarnos, de no tener que elegir entre el blanco y el negro, de recuperar la cara de "no soy tonta", que aunque disimule me he dado cuenta que me estas robando, que me doy cuenta que mi hermano, mi vecino, mi amigo, mi gente, mis iguales..... no son ahora tan felices, porque ya la ideologia no reconforta, porque ahora, si no tienes, sencillamente "no existes". No formas parte de nada, eres un numero mas entre los cinco millones de parados (y esto si que es una gran masa). Así que necesitamos gritar , aunque solo sea para que la ulcera de los estomago salga pa fuera.

    ResponderEliminar
  6. 2ª parte:
    Ruben yo entiendo este movimiento, como algo mas intelectual que político, y creo que son los filosofos, universitarios, maestros, poetas, escritores, etc....los que tienen cosas que decir, y son los que tendrian que volver a sentar las bases de la convivencia, que nos recuerden que somos seres sociales, tendriamos que dejar a un lado al individuo y ser capaces de reconocer al colectivo. Pero para conseguir algo, habria que empezar de muy abajo, de cero y primero tendriamos que despojarnos de todos nuestros prejuicios, quedarnos limpios, libres de polvo y paja, y sentirnos los unos a los otros ¿Cuanto tiempo hace que no pedimos azucar al vecino?, ¿quien se atreve a dejar a sus niños un ratillo con la vecina mientras vas a comprar?...... tenemos que volver a educarnos y primero tendremos que despojarnos.


    A groso modo, me parece que esto que te cuento es lo que deberia prevalecer, ese sentimiento de alegria, y no de ilusión como tu me propones, no quiero un motivo para ilusionarme, ya que ilusión se refiere a una esperanza infundada...............quiero motivos para seguir en la calle y motivos para entender este movimiento como algo posible, necesario............. y real.

    No se si he conseguido expresar con claridad mis pensamientos, ya que ha medida que escribo se me vienen otras ideas, y se me estan haciendo nudos en los dedos, así que lo dejo aquí, y no dudes nunca, que cuando lleves la razón te la daré......................quedo a la espera de esa propuesta tuya que me tiene intrigadísima.

    Bueno lo último, creo que es muy importante observar que cosas nos estan uniendo y no quedarnos con las que nos separan.


    Muchos besos desde Cádiz.

    ResponderEliminar