lunes, 10 de octubre de 2011

35 metros cuadrados de poesía

    Pocas cosas consiguen aun sorprenderme tanto como ese insólito, amotinado y necesario estampido de belleza que producen el dolor, la tristeza y tantos otros inconvenientes vulgares o sublimes en los humanos más sensibles. Los poetas en la proa. La poesía, como pocas cosas, confirma la diferencia entre los humanos. Sólo el hombre en poesía supera al propio hombre hasta el infinito. Las palabras son vulgares en sí mismas, limitadas, torpes y tramposas. Pero son la belleza y la verdad definitiva cuando un poeta las combina.
    El poeta exorciza la vida. Por eso, desde siempre, el propio hombre ha necesitado sublimar a los poetas, los ha mimado y malcriado. Hasta saltarse, la mar de las veces, el justo punto en que se derrama la vanidad de aquel que crea belleza. 
    La vida, con su enmarañado  carcaj de humor y rutina, mesura y violencia, aun aquella que transita repleta de premios y exuberantes vivencias, diseñadas o silvestres, se torna mansa cuando la escudriñan los poetas, que son quienes la adaptan al lenguaje humano. De los humanos más cercanos se entiende, los que hablan la propia lengua del poeta y viven una circunstancia parecida. Que por eso la poesía no se puede traducir a otros idiomas. Apenas versionarla o referenciarla.
    No es exactamente la condición de seres pensantes lo que convierte en poetas a algunos de los hombres, privilegiados. Todos somos seres pensantes, sólo unos pocos son poetas. El poeta es una herramienta, una vía, un transmisor de comunicar la belleza. Aun no sé de donde viene ese don, creo que es el más difícil de explicar de los dones artísticos del hombre.
     Los poetas que no creen que hay Dios han de romperse la cabeza y quizás el alma para responder a la pregunta "¿de dónde "me" ha venido esto?". Supongo que lo más lejos que pueden llegar es a la aceptación de la presencia de "un gran misterio". 
    Los que se sienten tocados por la fe creen tener una respuesta más definitiva, aunque igual de indemostrable: “Dios habla a través de mí”. En cualquier caso, los poetas son gente muy vanidosa y no es tontería suponerles a estos últimos cierta desazón ante la actitud de reconocerse apenas un instrumento, aunque sea de la máxima autoridad de la creación.
    Tanto los unos como los otros son esclavos y dueños a un tiempo de esa vanidad que les impide percibir con claridad si son realmente ellos los creadores y no simples instrumentos para la revelación. Hablo por supuesto de poetas reales y de la real poesía. Hay grandes y famosos fabricantes de versos que no califican como poetas. Dicen.
    A pesar de tanta teoría relacionada con el arte y la literatura, de tanto tratado sobre estética y de tanto empeño en hallar una definición categórica de cómo, cual y qué es la buena poesía, los poetas siguen haciendo caso omiso al dato de que el mundo continúa prefiriendo la novela, el cuento, incluso el ensayo (por no hablar de las otras artes: cine, música, plástica, danza... todas con mejor capacidad de consumo) y no dejan de escribir poesía.
    Yo, que tantos poetas conozco (en Cuba, aunque nadie lo sepa, hay más poetas que músicos) no sé de uno sólo de ellos que tenga como prioridad la publicación de sus textos, ni siquiera su lectura por parte de cantidades notables de consumidores de versos, no hablemos ya de premios y reconocimientos. Y ello, a pesar de ese detalle nada desdeñable que es su citada vanidad.




Todo lo anterior es referido a uno de esos poetas reales y tiene como objeto presentarle. Poetiza, me obliga a decir la “corrección” al uso (aunque no lo repetiré), pues es mujer.
    Debo aclarar previamente que en el caso de Gisela Baranda el criterio de "poeta vanidoso" no aplica. Nada más lejos de la vanidad que esta mujer en tanto que poeta (no así en tanto que mujer: toda mujer que se respete ha de ser vanidosa para ser respetada por todo hombre que se respete... ¡feministas a degüello!)  Ella, que consumió su primera juventud rodeada de la mayor parte de los más grandes poetas vivos de Cuba, dentro y fuera de la isla, ha sido siempre extremadamente modesta (probablemente “contenida” sea palabra más apropiada) en la valoración de sus textos y su condición de escritora.
    Por suerte, puesto que pasan los años y uno se libera de poses, a mí ya no me importa saltarme su visto bueno para exponer a los cuatro vientos que considero a Gisela Baranda una excelente poeta, tanto como los mejores entre aquellos que entonces ostentaban curriculum. Y aun. La circunstancia de haber sido durante muchos años uno de los habituales en su entorno, me procuró el privilegio de disfrutar de primera mano de su poesía y su prosa, siempre lamentando y reprochando a Gisela que no escriba más. Lástima que no escriba más, o que si lo hace... lástima que no escriba más.
    Gisela ha estrenado blog. Y todo lo que pueda yo decir aquí lo usaré en su contra si no sigue escribiendo.
    Por tanto, lo que procede es recomendar su “Desde mis 35 metros cuadrados”, que va ya por la segunda entrega y que estoy disfrutando tanto como espero le suceda a todos.
    Sólo una última acotación personal que me apetece compartir: Gisela es una persona muy querida por mí, por mi esposa y mi familia. Forma parte de esta última. Cuando lean su blog entenderán algunos de mis parlamentos más tremendos: ¡cómo no voy a ser feliz con amistades así!
“Desde mis 35 metros cuadrados”
Gisela Baranda.
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10 comentarios:

  1. rube, comparto el entusiasmo por el blog y la poesia de la gise... es impresionante como aquella muchacha de color magenta, sigue de pie... es idea mia o entiendo por una referencia a Loeches que ahora son vecinos... ay, que lejos diciembre... que lejos mis amigos...

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  2. No, Mabe. Donde único somos vecinos es en la barra de favoritos de mi explorador. No te preocupes, diciembre está ahí mismo. Tanto que ya estoy pensando cuánto te extrañaré cuando regreses a Houston.

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  3. Queridísimo amigo, tu texto me alegró el inicio de la mañana, así que robaré un tiempo al trabajo para sumarme a tus entusiastas palabras para la poesía y los poetas. Ya sabes que yo, en sentido general, soy bastante escéptico ante la posibilidad de dar con POESÍA y con POETAS. Andan por ahí libros y autores con pretensión de tales que me dejan muy desamparado, porque, sencillamente, no hacen falta. Y claro, uno se pregunta: si esto es poesía, y es absolutamente banal e innecesario, ¿hace falta la poesía? Bueno, la respuesta que me impongo siempre pasa por suponer que no estoy ante la POESÍA, sino ante un sucedáneo flácido y vacuo que la suplanta y viene a demostrar precisamente hasta qué punto es necesaria aquélla. Claro que esta duda me asalta siempre ante mis propios poemas y libros, así que imagínate cuán angustioso puede ser el asunto. Pero vayamos a tu texto:
    Viniendo de ti la recomendación, leeré esperanzado a Gisela, más aún, la leeré con cariño y complicidad aun sin conocerla. Es muy importante, ante el escepticismo del que hablaba, que amigos-poeta como tú nos sugieran cosas válidas para que nos acerquemos a ellas. Ya te lo agradezco. Espero poder agradecértelo más.
    Con relación a lo que dices sobre la poesía y los poetas; primero, gracias. Ya sabes cuánto necesito la poesía, y cuánto agradezco cualquier esfuerzo que busque descubrirla, dar fe de ella y loarla. Después, tocar los dos puntos que considero más opinables en tu texto.
    Por un lado ese del poeta desde siempre sublimado por el hombre... Bueno, no creas que siempre fue (es) así. La poesía, esa gran “embaucadora”, al menos en Occidente y con posterioridad a Sócrates, siempre fue una piedra en el zapato para los buscadores de la verdad. Ya sabes que, por ejemplo Platón, a su pesar poeta él mismo, expulsó a los poetas (niñatos y tramposos, pura carroña) de su república. Y es que la poesía, o sea la imagen, es, en mi opinión, la única fuente de verdad posible, el gran motor cognoscitivo del hombre, la gestora de la verdad que interesa, la que nos hace humanos y que, como dijo el poeta, va necesariamente rodeada de “mentiras” (“El río de la verdad va por cauces de mentiras”. Tagore). Así que, para los que buscan la verdad apartados de la imagen, la poesía es siempre un pequeño-gran problema, sean éstos filósofos, políticos, científicos, teólogos… Ahora hago un apunte: es difícil ser poeta y no creer en Dios. Sólo que hay aquí dos vías de fe: ¿Dios como poema o Dios como poeta? Yo creo en Dios como poema. Otros creen en Dios como poeta. Los que no creen en Dios en ningún sentido, los que se empecinan en negar a Dios, incluso como poema, no están muy enterados de qué va el asunto. Otra cosa es que haya quien crea en Dios como poema, pero no necesite ese poema. Ay, pobre, porque Dios, en mi opinión, es el poema casi perfecto, llevamos milenios escribiéndolo; es, cuando menos, un poema entrañable.

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  4. Por otro lado está el asunto del par poeta-pensador o poesía-pensamiento. Yo, amigo, creo que puede haber pensadores-no poetas, pero no puede haber poetas-no pensadores. Esto para mí no es una tontería. Yo creo, realmente, que es su condición de agudo pensador, de ser especialmente pensante, lo que hace al poeta. Sólo que el poeta tiene que saber moverse en el reino de la imagen, porque es en ese reino donde su pensamiento se hace muy poderoso, se potencia hasta lo necesario, lo urgente, lo esencial, lo atemporal. Digo que esto no es ninguna tontería, porque es el problema que está en el fondo de la vacuidad manifiesta en la mayor parte de la poesía que nos rodea. El poeta que se mueve sólo en los terrenos de lo sensitivo, lo empírico, podrá descubrir cosas sólo en ellos. Bueno, puede que tenga mayor capacidad de sentir o de observar que los demás, pero su poesía tendrá mucho peligro de llegar, cuando más, al “color”. Y es esta poesía la que se me antoja, a la postre, bastante innecesaria… Entonces la poesía, la imagen para ser más preciso, es una vía de conocimiento, de creación de realidades habitables, de humanidad. Es una cosa muy necesaria, la más necesaria tal vez, y no puede existir al margen del pensamiento, digo más, de la especulación pensante, porque si lo hace se queda en una caricatura de sí misma, en una protopoesía sujeta a los devaneos del tiempo, ya no de ese “tiempo como imagen móvil de la eternidad” que decía Plotino, sino del tiempo como devorador de hojarasca.
    Bueno, amigo, agradezco mucho que seas amante de la poesía, que seas tú mismo poeta, que escribas sobre estas cosas, que compongas, que toques y que cantes poesía como lo haces. Hoy mi mañana ha comenzado de forma más humana. Gracias. Te abrazo. Jorge

    Leeré a Gisela…

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  5. Gisela tiene a su vez algo temerario en la vida de un poeta...ser editor, y es también una brillante editora, con conocimiento "técnico" de la lengua...demasiado para ser tan bajita de estatura...Me alegro mucho que haya decidido comenzar a rayar en pantalla líquida.

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  6. A propósito, y como mínimo homenaje a Gisela Baranda, editora (y poeta y amiga), reproduzco a continuación el principio de un ensayo en que recuerdo el día en que nos conocimos. Como si fuera hoy: ella, el rayo verde de sus ojos, su palabra inquebrantable.

    VIAJE POR LA VITRINA VIENESA DE VIGÍA

    María Elena Blanco

    (Ensayo publicado en Encuentro de la cultura cubana, Madrid, Nº 39, invierno de 2005-2006.)


    EL DESCUBRIMIENTO

    Como la América para Colón, antes que un lugar fue un deseo. Es decir, lo contrario. Una errancia. Una búsqueda. ¿De qué? No se sabía bien. Algo, un enlace, un arraigo, una imantación. Una imantación, sí. Ocurrió en Guadalajara, México. Un recinto demasiado grande, frío. Pero quemante de intereses y vanidades. Se dice que hasta intrigas se cuecen. Salvo en el cuadrilátero de una exigua mesita improvisada en el peor rincón, a un lado de la entrada, apenas atendible entre el trasiego y el ruido. Y una joven menuda de ojos verdes, sentada, como esas campesinas con los siete melones de su huerto al borde del camino, ofreciendo su mercadería.

    Un producto no como los otros, sobre un rectángulo que no era cualquier mesa: una superficie irradiante como las ventanas de Ynaca Eco. Salían de allí unos hilos dorados que me enlazaban por el puño y me halaban desde lejos. Temiendo lo inevitable, mantuve en este punto una distancia, si curiosa, prudente. Entonces invadieron mi reducido círculo, saltando sobre cráneos pulidos o frondosos, un rosa viejo, un fucsia, unos índigos que se pegaban a mi pupila y teñían todo objeto contiguo. Raras partículas de cirio, papiro o henequén, polvo de estrellas, plumas se depositaron insensiblemente a mis pies trazándome la vía a seguir, nueva Gretl, en aquel trasnochado bosque.

    LA CITA

    Sobre el cuadrílátero aquél brillaban los objetos que habían exhalado extrañas vibraciones, obrando la suerte de hechizo que por fin, tras dudosos quites y desvíos, me condujo hasta allí. Estaba un libro de traducciones del inglés de Eliseo Diego, que contenía la luctuosa elegía de Thomas Gray, uno de los poemas favoritos de mis melancólicos catorce o quince años, y el de Marlowe "A su esquiva amante", que junto con el suave epicurismo de Ronsard me titilaba a mis pícaros diecisiete. Estaba, de los inagotables Cintio Vitier y Fina García Marruz, un volumen que recogía poesía y ensayos dedicados a San Juan de la Cruz en su cuatricentenario. Había también un pergamino, especie de desplegable con una pequeña lazada de cáñamo para colgar en la pared, develando un poema de autora desconocida, de apellido Baranda. Y un volumen de un tal Zaldívar cuyo título, Con el cuidado del que pisa en falso, repercutía curiosamente en mí como un eco de algo vivido.

    Y detrás, unos ojos. Envuelta ya en el ámbito inmediato de la mesa no supe decir de dónde provenían los efluvios más fuertes, si de esos libros con cera chorreando y pabilos marchitos, con irisaciones de espejos o de ángeles o, como reza la inmortal canción, de aquellos ojos verdes. Gisela Baranda. Ediciones Vigía.

    (...)

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  7. No es una frase hecha decir que no sé qué decir, para ustedes los artistas responder en el escenario es fácil, hacen una inclinación de cabeza, sonríen y vuelven a inclinar la cabeza, esto lo pueden repetir hasta el cansancio, responder a la palabra con palabras es bastante más difícil, sobre todo si se trata de responder a amigos a los que ciega el amor.
    Como sé lo peligroso que resulta últimamente contradecirte, acepto tu sentencia: soy poeta, soy escritora, si llamas ser poeta a la inquietud de alma que siento, a la necesidad de nombrar y explicar cada cosa, a la tendencia incurable a la inconformidad, a escribir en cuanto pedazo de papel cae en mis manos, es cierto, soy poeta. Soy escritora por necesidad de escribir, y por amor a las palabras, pero me asusta compartir lo que digo porque no es imprescindible que me oigan y banalidades ya dicen muchos.
    Jorge esperanzado, María Elena seducida, Zilma admirada, Mabel impresionada, Rubén laudatorio, gracias.

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  8. Publiqué hace un momento unos poemas en mi blog, para que Jorge juzgue y Rubén no se sienta defraudado.

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  9. Gisela, créeme, me ruboriza y me abruma que me pidas juzgue tu poesía. Nadie soy para hacer tal cosa. Soy un lector curioso, nada más. En cualquier caso, mi curiosidad me acercó a tus versos. Acabo de dejar este texto en tu blog:

    Hola Gisela.
    Leí y comenté el texto de Rubén. Hoy, en vías de celebrar el día de la hispanidad, ya con un par de rones encima que no he sabido evitar, me asomé a tus versos. Gracias. Si, como dijo el poeta (Paz) “Lo que no es piedra es luz”, tus versos, nada pétreos, seguramente hacen sustancia de muy inquietos fotones. Pobre de ti. Te has abismado ya. Y aunque dijo otro poeta (Gamoneda) que “la luz es sombra de la nada”, en tus versos hay luces con vocación constituyente. Cómo me gustaría leerte mejor. Quiero decir: más luz en días menos “hispanos”, o sea, más sobrios. Estoy en Valladolid y tú ¿en Madrid? Seguramente podamos (debamos) seguir en contacto. Gracias. Muchas gracias por tus versos. Un saludo. Jorge

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  10. Gisela sonríe, inclina la cabeza... sonríe y vuelve a inclinar la cabeza...

    Gracias, Jorge, poeta-pensador (¿o pensador-poeta?), por tus comentarios siempre lúcidos y sentidos y exuberantes y provocadores en igual magnitud. Me alegra que hayas iluminado tu mañana con la discreta llama de mi presentación de 35 metros... (Ya veo que continúa la luz en el blog de Gisela)
    La poesía es el mayor "banco" con el que está en deuda el hombre y el que de manera más urgente nos urge salvar. Por eso me alegra tanto que tú, que tantos ahorros tienes depositado en él, aun conserves la esperanza y no lo ocultes.
    Un abrazo.

    Ana Zilma, gracias por participar y traer a colación la condición de “editora” de Gisela, realmente "brillante" como demostró en sus años de Vigía. Creo que todos juntos debemos sacudir un poco a esta chica y recuperarla, no tanto para ella como para nosotros mismos.
    Saludos.

    Maria Elena, amiga. Gisela, ha sido el único vínculo entre mi pereza y tus quehaceres. Nunca he dejado de saber de ti gracias a ella. Pero ahora que nos regalas esa mirada tuya de vuestro primer encuentro, ¡tan bellamente escrito!, hallo un nuevo motivo para lamentar este aislamiento físico de los últimos años al que Judy y yo nos hemos sometido, de Madrid, de los amigos, de nosotros mismos.
    Bueno, qué suerte esta maravilla que es Internet: espero no perderme cada nuevo evento, personal o virtual, de poesía o feria que suceda.

    Por lo pronto las he agregado a ambas a la lista "donde busco y encuentro".

    Gisela: sonríe... inclina la cabeza... sonríe y vuelve a inclinar la cabeza... hazlo muchas veces...
    ¡Y no dejes de escribir entre sonrisa y saludo!
    Gracias por tu blog y por seguir ahí.

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