martes, 18 de octubre de 2011

¿Amor vs. Razón?

    Llevo unos días inmerso en un interesante debate, email mediante, con mi amigo Julio Fowler: crisis económica y  de valores,  verdad y  libertad,  política e ideología, lo absoluto y lo relativo, amor y razón. Justo transcurriendo este último punto sucedió la muerte de Steve Jobs. 
    Desde Arcos de la Frontera otro buen amigo, Rafa, me ha instado a escribir algo al respecto. Julio me ha enviado un link del discurso de Jobs durante la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford de 2005 en email que amablemente me ha autorizado a publicar, cosa que ahora hago acompañándolo de mi respuesta.
    Puesto que mi conocimiento del fundador de Aple no va más allá de mi condición de cliente con Iphone, algunas referencias ineludibles en noticiarios y prensa y ahora desde mi encuentro con su discurso de Stanford, en mi respuesta parto de las opiniones de Julio derivadas del debate que mantenemos. De ahí el énfasis en mi defensa de la Razón del Hombre, uno de los fundamentos de mi defensa de la verdad, la libertad y el amor. Y trazo mi propia percepción de la dimensión de ese hombre que, aun joven, acaba de morir dejando marcado el mundo con la huella de su obra y su trabajo.
    Antes de ver el vídeo leí la transcripción del discurso, enviado por Julio con sus personales subrayados en negritas. Lo he colocado en este link tal y como me lo envió para, si lo desean, lo puedan leer (y ver los subrayados), que es en mi opinión mejor vía para acercarse a él.





He aquí el email de Julio:
"Mi querido Rubén: He estado leyendo y releyendo este discurso de Steve Jobs y curiosamente, su mensaje contiene unas cuántas claves emocionales, éticas, filosóficas y antropológicas narradas como lecciones de vida no muy distantes de lo que ya se nos ha dicho por ejemplo en "El Nuevo Testamento" en boca de Jesús (o en los mensajes de tradiciones gnósticas, místicas, esotéricas, en el arte y la canción y ahora desde el nuevo paradigma científico); también en "El pequeño Príncipe" (por solo citar solo dos libros con un mensaje ético más o menos común) que sugieren la idea del AMOR como condición antropológica del ser humano, como motor inspirativo y creador y al CORAZON como nido, como centro creativo, energético, iluminador, orientador. Hay unas cuantas frases sintomáticas de Jobs en este discurso que me llamaron mucho la atención y me recordaron de repente la sentencia con la que terminas el último de tus mensajes cuando dices:
"Es a la Razón adonde ha de retornar el Hombre para salir de este atolladero al que el uso inducido de la sinrazón le ha llevado".
Te invito a reflexionar sobre estas, al parecer "tópicas" frases que desbordan el discurso de Jobs (algunas las he señalado en negritas) pero que en mi opinión, son de una honestidad visceral y revelan una verdad que al menos yo comparto. Me pregunto si lo que el ser humano olvidó durante los últimos 2.000 años no fue precisamente el mensaje que preside las parábolas más entrañables de Jesús, Ghandi e incluso Albert Einstein...?. Me pregunto _coincidiendo con Humberto Maturana_ si no ha sido la RAZON la herramienta psicológica que han utilizado los controladores para manipular y devaluar la naturaleza de esta emoción-energía?. Me pregunto si el desequilibrio social y la asimetría psicológica y perceptual que vivimos no tiene que ver precisamente con la sobrevaloración de la Razón?. Tal vez no haya que acudir a los mensajes de Jesús, Ghandi o Einstein para entender el Amor como fundamento olvidado de lo humano puesto que, seguramente nuestras madres nos educaron instintiva e incondicionalmente en ese sentimiento que por cierto, no se enseña en las escuelas. Me pregunto entonces, retomando tu idea si, a donde ha de retornar la especie que somos para salir de este atolladero no es sino al AMOR, al corazón, al interior?. Si hay algo que comparto profundamente con Jobs en este discurso es esa certidumbre crística y antropológica de que el AMOR es la respuesta. 
(love is the answer)
Te abrazo."

    Naturaleza y Razón.
    Querido Julio: Sí que es interesante el discurso de Steve Jobs. Al menos a mí me ha gustado mucho. Me confirma la idea de que nada tiene valor en sí mismo, que las cosas sólo tienen valor si alguien le otorga ese valor. Y este es el discurso de un hombre que otorga mucho valor a la vida. Este de Job no es el discurso de un hombre ante la muerte: es el discurso de un hombre ante la vida, de un hombre que va a vivir. Un hombre que ha estado en peligro de abandonar la vida, sí, pero que ha superado tal peligro.
    Y precisamente en este hecho encuentro una de las premisas en que fundamento esa defensa de la Razón que cuestionas. El Jobs de ese discurso no ha superado la muerte porque lo deseaba, ni por intuición, ni porque sus emociones lo contactaron con algún poder del más allá ni de su interior que lo curaron: la superó justamente porque desechó esas energías emocionales ¿naturales?  y se puso en manos de la medicina. ¿Debo decir medicina creada exclusivamente por la razón del hombre para procurarse una vida sana, condición indispensable para acceder entre otras cosas a esas “tradiciones gnósticas, místicas, esotéricas, en el arte y la canción y ahora desde el nuevo paradigma científico”? 
    La realidad es que ese hombre superó tal peligro justamente porque se violaron todas las leyes de la naturaleza, de los chamanes, de la mística y de las fuerzas ocultas naturales o mágicas. Incluso porque se alteraron algunas desafortunadas creencias personales de Steve Jobs acerca de esas leyes naturales. Resulta que, curiosa y lamentablemente, fue justo una reacción equivocada de Jobs lo que, según algunos especialistas, ahora le ha causado la muerte: cuando le notificaron su enfermedad recurrió en un primer momento a terapias alternativas. Un año antes del discurso en Stanford cambió de idea y decidió someterse a la operación que lo mantuvo con vida por más de siete años. Pero al parecer ya era tarde.
     
     La Razón estricta.
     Ninguna de nuestras creencias y certezas, ni la fe ni la ausencia de ella nos puede inducir a menospreciar, ignorar o tergiversar el hecho de que es el ejercicio de la razón y no otra cosa lo que nos confiere nuestra cualidad de Hombres. 
     Jobs superó el peligro de morir en aquel momento, pero no tiene música de fondo ni nada de romántico el motivo estricto por el que sucedió ese admirable y feliz acontecimiento: otros hombres y él mismo hicieron uso de la razón para conseguirlo. Los medicamentos creados por el hombre le curaron alterando el desenlace natural de su enfermedad. Tales medicamentos y los aparatos con que los médicos consiguieron alargar la vida de Jobs desafían todas las leyes naturales, desde el bisturí y las jeringas hasta los escáneres que detectaron su mal. Los “brujos” que hicieron posible que Steve Jobs sorteara la muerte fueron los hombres, los médicos que lo atendieron, el personal todo relacionado con esto, los creadores de los artilugios con que se realizan esas operaciones, los científicos que usando su razón inventaron aparatos, descubrieron medicamentos efectivos, aquellos otros hombres que montaron las fábricas para producir las medicinas y cada uno de los implementos usados en la operación... y los matemáticos, biólogos, químicos y  filósofos que aportan cada vez nuevas ideas y creativos razonamientos para mejorar la vida del hombre... y los miles de libros que conservan memoria de todo ello... 
     No se me ocurre un solo componente de ese acto de curar a Jobs que pudiera haber sucedido o sido creado de manera natural y diferente a la acción de razonar del hombre. Todas involucradas: desde la rueda y la imprenta hasta la microcámara, desde el sistema eléctrico hasta el tubo de cristal, desde las combinaciones químicas hasta la goma rodante de los camiones que transportan todo lo implicado de un sitio a otro... Todo creado por la mente del hombre.
      
     El sitio justo.
     Todo ello es digno de la más alta consideración y respeto y, en mi opinión, debiera tener música de fondo y ser cantado por poetas a la vieja usanza de odas y rapsodias, y ser observado con mayor frecuencia bajo este prisma romántico que no consigo disimular.
   Y nada tiene que ver esta Razón que defiendo con esos experimentos de diseño social, ideologías y manipulación de masas con que desde ciertos círculos intelectuales y de poder se quiere presentar la Razón del Hombre. El uso de la razón, como verás más adelante, es justamente lo opuesto a esas falsedades.
    Algo me sonrojo al escribir estas cosas, pues sé que te son conocidas y evidentes y me reprocho que, aunque parece que hablo con un extraterrestre, es obvio que conoces todo esto. Pero un poco las escribo también para mí, para no olvidarlas, para no permitir que vuelva a poseerme aquella irresponsable visión que provocó que malgastara los grandes años de mi juventud esperando sucediera algún milagro relacionado con mi vida y mi felicidad que no fuera provocado por mí mismo.
     "Volver a la Razón" quiere decir para mí, además, encontrar la belleza, la grandeza y la poesía también en todos esos actos que son consecuencia del ejercicio de la Razón del Hombre. Puede parecer temeraria la idea de “volver” adonde no parece que hayamos estado jamás. Pero haber llegado a este punto del camino en que nos encontramos no es un síntoma que pueda ser rechazado. Y yo soy siempre optimista. Además llevamos mucho tiempo salvando vidas, sorteando leyes naturales que nos son muy poco favorables. ¡Estamos volando, amigo, volando! Y navegando por el mar. Y conquistando el polo y la selva y el ecuador. Y la luna y el cosmos. Y cada aparatito que tan común hoy día nos parece, desde un helicóptero hasta un mando a distancia o una guitarra eléctrica no es un milagro divino ni de la naturaleza ni es magia o esoterismo: es obra de la Razón del Hombre, creación suya... nuestra.


    Razón es identidad.
    Yo no te quiero amigo (al menos no de modo fundamental) ni realizo este intercambio de ideas por tu condición de entidad emocional e intuitiva. Tú no eres una mascota. ¿Con cuál de tus emociones aprendiste a escribir, a pensar, a elegir cada acción de tu vida?  Todo cuánto crees o decides creer, todas tus decisiones, erradas o acertadas requieren de tu acto de pensar. Es ese acto el que te identifica como el Julio que Yo quiero y no como otro ni como otra cosa distinta a una Persona. Deja de pensar y te convertirás en una planta. Entiendo que alguien pueda querer ser una planta, o una entidad medio animal medio bosque. Pero ese alguien ha de decidir mediante el uso de la razón dejar de ser una persona, suicidarse como hombre. Aún no sé cómo lo lograría, pero supongo que puede uno inyectarse alguna sustancia que apague el cerebro, o lo desconecte para siempre. Seguramente. Y si no lo hay lo puede crear (por supuesto usando la razón) Pero para ello ha de ser previa e irremediablemente un hombre. 
    Desde mi personal perspectiva la palabra más importante del discurso de Steve Jobs aparece en esta frase: “Y diseñamos el Mac”... “Diseñamos”. Esa palabra define al Hombre, al ser humano, a la criatura más insólita de la creación, cumbre de lo vivo conocido. Y todo eso no lo es el Hombre porque la tierra, el viento o los poderes del más allá etéreo lo hayan querido o estructurado así, sino por su capacidad para razonar, para pensar, para usar esa herramienta sin la que no sería: su mente. El uso de la Razón (palabra esta última que para alguna gente resulta hasta vulgar y que otros niegan con el propósito de manipular a los más crédulos o perezosos) es la más sorprendente y admirable cualidad que se da en la naturaleza. La conciencia no existe sin razonamiento. Sólo desde el acto de pensar es que puede una criatura conocer que está viva y ser consciente y dar valor a esa vida. 
    La frase más notable del discurso es para mí esta: “Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.”  Una reacción particularmente sobrada de “incorrección política” para la actual moral social más generalizada esa de asumir con orgullo algo que tanto él como el resto del mundo reconocen como un valor. Eso es ego crecido y asumido. Eso es autoestima. Eso es lo que llamarían por ahí “falta de humildad”. ¿Y a la gente qué le parecerá? Porque resulta que tiene toda la razón del mundo, que es una verdad al parecer indiscutible. Me gusta esa frase porque considero que el hombre debe sentirse orgulloso de sus logros. Eso también lo identifica.

     Claves.   
     Pero vayamos a tus subrayados.
     La primera palabra que señalas es intuición”. Está claro que nada de lo expuesto en el discurso de Steve Jobs está ahí por azar. Pero la clave para interpretar el sentido estricto de esa palabra en su exposición es esta frase:
     "...era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde. Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro."

    Desde mi punto de vista, Jobs intenta comunicar su experiencia e inspirar seguridad en los jóvenes que lo escuchan. Pero, en lugar de hacerlo desde una reflexión negativa tipo "no te amilanes ante los obstáculos que puedan surgir", usa un parlamento de comunicación positiva: "Tienes que confiar". Y para ofrecer garantía de veracidad a su recomendación presenta su propio comportamiento de años atrás como consecuencia de su "curiosidad e intuición", no como una actuación carente de sentido y sin consecuencias ya prescritas. Evidentemente Jobs  ha reflexionado acerca de las causas que lo llevaron a los resultados obtenidos en su vida. Y trata de encontrar en aquel juvenil comportamiento suyo un sentido más allá del simple proceder de un joven inteligente poco dado a regirse por las normas  y decidido a hacer sólo aquello que le apetecía.
     Está claro que podemos creer que todo formaba parte del destino, él mismo puede haberlo creído. Desde una visión determinista de la existencia, desde la creencia en un destino inevitable podemos aceptar aquella cierta "intuición" de sus años juveniles como una de las causas para el efecto que fue el triunfo de Job y la creación del Mac, del Iphone, del Ipad, de Toy Story, etc. Aunque sospecho que, en un mundo predeterminado, el destino inevitable sería la única causa de todos los efectos.  


    La causa.
    Pero la realidad es que si Steve Jobs  hubiera muerto en aquellos días de la universidad, hoy “los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen”. Porque la clave real para esos resultados es inalterable y sólo tiene una causa: Steve Jobs... y su inteligencia y su talento y su entrega al trabajo y su encuentro con esas tipografías... y mucho de haber sucumbido a su belleza: “Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante." (En fin, la estética, que es en mi opinión el fundamento sobre el que se soporta buena parte de las grandes creaciones del hombre y probablemente todas sus actitudes más cotidianas) 
     Jobs, desde la cima de su obra realizada, trató de encontrar más allá de sí mismo una causa a todo ese éxito. Y no la encontró porque él mismo era esa causa. (Me divierto pensando que, de haber topado con un curso de relojería en lugar del de caligrafía, lo más probable es que ese hombre, en lugar del Iphone, nos hubiera legado una "Máquina para Viajar en el Tiempo")  Aunque tal vez sí lo supo. Y se guardó tal certeza quizás autocensurándose o, cosa comprensible, por cierta aprensión a que se interpretara mal su respeto a su propio trabajo, su autoestima (ya sabemos cuán costoso es hoy día el "individualismo")
     Cualquiera de esas dos razones son premisa de lo impreciso de la segunda frase que subrayas en el discurso y de su incapacidad para concretar el consejo: “Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
      La lección  que trata de comunicar Jobs es que todo cuanto percibimos nos va a servir en el futuro, y por tanto nada se debe desechar, pues cuanto se aprende, cuanto nos gusta y encontramos de valor va a estar incorporado a nuestras creaciones, nuestras actuaciones y a nuestra visión futura de la vida.  
     Sin embargo, eso no es suficiente. Y es en su segunda historia donde él mismo confirma la verdadera causa de su éxito, de su realización personal y de nuestro beneficio que te indico: el amor al trabajo y la constancia de Steve Jobs.
    El amor.
    Es imposible realizar algo bien, total, sin amor. No es posible la felicidad sin amor. Y en todo sentido el amor no es un capricho, ni es un deseo, no es instinto, no es arbitrariedad de emociones, aunque todos esos sentimientos se encuentren implicados. El amor, en tanto que proyección verdadera y sublime del hombre, es sobre todo un ejercicio de la razón. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis “ – dice Job y tú mismo lo subrayas. Eso sólo se consigue desde la reflexión, de lo contrario tendríamos que convenir que los animales aman.
    El hombre no ha solucionado su problema con el AMOR precisamente porque lo mantiene subordinado al terreno de lo emocional. Y el amor, válgame Dios, es asunto demasiado serio y fundamental para dejarlo a merced de las emociones. El amor es un acto volitivo. Otra cosa es el enamoramiento, como lo son el deseo, la idolatría, la sumisión, incluso el apareamiento... todas estas emociones más o menos involuntarias, aunque inevitables algunas y necesarias otras. ¿No te parece revelador cómo a pesar de tanto tiempo transcurrido los problemas del hombre relacionados con “el amor” perduran como si estuviéramos aun en la cueva?
       El Amor (el verdadero, no hay otro) está supeditado realmente al conocimiento de lo amado. No puede amarse lo que no se conoce. Y conocimiento es pensamiento. El amor es la materialización y concreción en otra persona o acción (como el amor al trabajo) de lo mejor que quiere uno para sí. Está claro que es un sentimiento complejo y de difícil consecución, pero no es un acto irracional, no es una práctica ajena a la voluntad. Y es por ello exclusivo del hombre. Cualquier otra definición que se le quiera dar reduce el amor a un instinto. O, en el mejor de los casos, lo devalúa a otras categorías menos elevadas para mi gusto: el cariño, el afecto,  la simpatía, etc., que son válidas, pero que no son Amor. 
      En mi opinión, si el amor no pasa el filtro de la razón, si no es un acto consciente, aceptado y concebido de manera meditada y reflexiva no pasa de ser puro instinto, no deja de ser jamás inmaduro y por tanto inseguro, incontrolable, y en lugar de formar parte de lo mejor de tu vida se puede convertir en un infierno, en una serie de sensaciones que conspiran en contra tuya, un obstáculo más que un motivo de felicidad.
     El corazón.
     Cada cual puede tomar para sí lo que desee del discurso de Jobs. Tú pones el énfasis en la alusión que hace acerca del corazón: “Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado”  
    Me hago cargo que buscas confirmación a una presunta controversia con la razón en esas palabras. Pero te saltas lo que realmente es el mensaje basado en la experiencia de este hombre y que él expresa justo antes de esa frase, cuando dice:
"El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis."

    Seguir los dictados del corazón quiere decir, literalmente, que, tras realizar un razonamiento, el hombre decide dejarse llevar por su intuiciónelige consumar una acción de la que no conoce exactamente el resultado pero sobre la que su mente sospecha que puede ser buena para él. El corazón no decide: la mente decide seguir al corazón.
    El corazón no reacciona ante el hecho estético o amoroso o premonitorio o de conocimiento de modo involuntario, mucho menos voluntario. Lo hace después que la mente "identifica" esos hechos como tales. No existe reacción del corazón previa a esa identificación. Y esos criterios se aplican a todos los órganos y componentes de nuestro cuerpo físico a los que solemos atribuir capacidades premonitorias o cualidades como instintos, etc: “un salto en el corazón”, “una angustia en el pecho”, “un vacío en el estómago”, “un frío en la espalda”, “una sensación en la nuca”... Todos estos “indicadores” están precedidos de algún proceso mental, ya sea percepción en tiempo real, un recuerdo, o la representación de un suceso futuro.


    La imagen.
    Desde el punto de vista estético lamento despoetizar  estos símbolos, que de siempre nos han servido a los hombres para sublimar los sentimientos o adornar con algo de misterio y mística una vida que se nos antoja mediocre y vulgar, cuando no totalmente aburrida. El hombre, en un larguísimo ejercicio de pereza intelectual, ha vivido confundiendo ese reflejo estético, esa imagen ilusoria, esa interpretación con la realidad misma. Y así nos va.
    Los poetas, como un poco señalé en el post anterior, tienen una enorme responsabilidad en este hecho. Aunque no exclusivamente: hay que sumar a todos esos individuos que se atribuyen el patrimonio de nombrar las cosas, contar la historia, definir el mundo y lo cognoscible: intelectuales, escritores, filósofos, políticos, todos los que diseñan lo que ha de conocer el hombre, la mayoría de los cuales no existirían como tales sin esta actitud irracional con que los demás contemplamos la vida más que la vivimos. En todos los casos, la metáfora es la forma que eligen para conectar con sus seguidores (víctimas, por mejor decir) Por eso, y porque aquellos son precursores, continuaré llamándolos poetas.     
     El hombre común suele creer a esos iluminados y considerarlos líderes y guías. Pero el problema no es que los hombres crean a los poetas, sino que los poetas, a resultas de su vanidad, terminan creyéndose a sí mismos. Y, puesto que del pozo de lo irracional no parece que vayamos a salir en breve, suelo divertirme también con esto: 
    Tal vez el origen de la sinrazón se encuentre en ese momento en que los poetas descubrieron que, la mayor parte de las veces, el único modo de conseguir que una mujer te perdone es diciéndole: “¡por favor, cariño, escucha a tu corazón!”... no “a tu razón”. 

    La muerte.
    "Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder."
    Es inevitable de vez en vez recordar que uno va a morir, reflexionar acerca de la muerte. Pero, amigo, mi reflexión más constante y consciente es acerca de la vida. Me interesa enfrentar una personal cultura de la vida a esta cultura de la muerte en la que hemos crecido y que ha marcado al hombre desde tiempos inmemoriales. No me gusta el alegato que intenta hacernos creer que, puesto que vamos a morir, todo lo que poseemos es banal y carece de valor y significado. No me parece correcto disminuir el valor que concedo a las cosas que me hacen feliz, sean estas las que sean, porque existe la muerte al final del camino. Más bien al contrario. La muerte es inevitable, llegará. Pero mi deber es para con la vida, para con mi vida y la de los míos. Una cultura de la vida, de la alegría, una búsqueda constante de felicidad, de bienestar, de amor. Una vida en la que nada signifique un sacrificio para mí.
    Sólo hay una cosa “que perder”: la vida. Y esta cuando se pierde no tiene significado. Es decir: sólo estamos vivos, no existe estar muerto.
    El amor, el trabajo, ambos en sentido “genial” como dice Job en su discurso, el orgullo, la plenitud espiritual y material son todos ingredientes y vías desde los que procurarnos felicidad. Si no soy feliz debo cambiar mi vida. Si me es difícil cambiarla, debo encontrar en lo que realmente soy y hago el motivo para la alegría que me corresponde de cada día de esa única vida mía. Eso, amigo, no debe posponerse, no debe dejarse para después, para un más allá, para una posible trascendencia. Porque con ello, definitivamente, tampoco vas a alterar el final. Y todo esto es igual tanto para quienes creen en Dios como para quienes se aproximan a cualquier otro tipo de percepción, e igual para quienes no creen que existan opciones posteriores.
    Pienso que el alimento para la vida es la felicidad, no el “recuerdo de que vas a morir”. Y felicidad en tiempo real. No tenemos mejor activo, para el futuro que venga, que esa acumulación de dicha, satisfacción espiritual, profesional, intelectual o física que resulta de la felicidad de cada día. ¿Y cómo acceder a esa conquista constante de la felicidad si no es mediante el acto consciente de la búsqueda? 
    Defensa de la Razón
   Toda defensa de la razón es siempre autodefensa. Y no procedería sin la existencia de la sinrazón. Toda una niebla de falsos conceptos inducidos, medias verdades, erradas premisas y una moral ancestral aceptada por todos y sin alternativas entorpeció durante mucho tiempo mi percepción de la razón. Así somos educados. Considero eso un ataque premeditado a mi libertad y a mi derecho a mi vida. He supuesto, como tantos, que la razón enturbiaba el pleno acceso al amor, a la creación artística y al entusiasmo, a la bondad, incluso al conocimiento de la verdad. Había un objetivo claro en la pretensión de hacerme víctima de tales desmanes. No es nada personal”, dirían los victimarios en estricto argot pandillero. Pero eso ha dejado de ser importante para mí hasta donde es razonablemente posible. 
    La mayor nobleza está en la mente del hombre, no en su corazón ni en sus emociones. Un hombre que abusa de otro no es un hombre que razona, es un ser primitivo que atiende apenas a sus impulsos más básicos. Eso hace un hombre que mata: dar rienda suelta a sus instintos, a sus emociones. Mientras que un hombre que cultiva la razón enriquece su vida intelectual, espiritual y física. Y eso provoca felicidad. Y la felicidad es lo que el hombre culto y sano de mente intenta procurarse en todo momento. Cuando un hombre culto hace uso de la violencia y reacciona de manera violenta no lo hace desde la razón sino desde el ser primitivo que lleva dentro.
    Lo que conduce a las guerras no es la razón sino todo lo contrario: la sinrazón.  El hombre que usa la razón concluye y sabe que su vida es su mayor, su único valor. Quien razona descubre que ese valor, su vida, ha de ser protegido y mimado y salvado de todo peligro. Porque es único ese valor y sin él no puede ni vivir ni ser feliz y ni siquiera proteger todo aquello que quiere y posee. Por tanto, un hombre que violenta a su prójimo, que provoca guerras es un hombre que no está haciendo uso de su razón, porque es un hombre que está poniendo en peligro su propia vida, su mayor valor. Un hombre que razona sólo hace uso de la violencia para proteger su vida. Por cierto, un hombre que pudiendo hacerlo no protege su vida de la violencia de otros es también un hombre que no razona.
    Y un hombre que no trabaja, que no busca la felicidad, que no alimenta y cuida su propia vida es también un hombre irracional.
    Negar al hombre la Razón es negar al Hombre mismo, negar su propiedad más exclusiva. Negar la Razón es acercarnos al animal. La ética es un ejercicio de la Razón: los animales no tienen ética, la tierra no tiene ética, ni el viento, ni el fuego... El mundo natural no es un mundo noble, es más bien salvaje, agresivo, un mundo en el que todo lo vivo está en constante lucha por la supervivencia. Todos los organismos vivos, excepto el hombre, se hallan directamente a merced de ese mundo y de su comportamiento, arbitrario o armonioso pero siempre indescifrable para toda entidad que no piense, que no razone y no lo conozca.
     Que el hombre pretenda negarse a sí mismo, negando la Razón como hacen y tanto consiguen aquellos manipuladores que te señalé, es el principal síntoma de cuán enfermo está. Sólo te puedes reconocer a ti mismo mediante el ejercicio del pensamiento, pues las emociones no son  una herramienta fiable para el conocimiento. Los animales y hasta las plantas tienen emociones, reaccionan al medio y a la circunstancia. Pero no tienen conciencia de sí mismos ni de su entorno. El hombre puede sobrevivir sólo porque usa la razón. Y aun así, para que haga uso de ella, tiene que ser enseñado por otros hombres. 
    Abandona a un hombre recién nacido en un bosque y verás qué queda de él. El hombre cuando nace no sabe qué planta es venenosa ni qué alimentos comer ni cómo procurarse un sitio para sobrevivir al frío, al fuego, al ataque de otros animales, a las enfermedades. No cuenta con ningún aditamento fuera de los órganos de los sentidos para adquirir información del medio, ni fuera de su propia mente para procesar esa información, conocer el medio y transformarlo en beneficio propio para sobrevivir.
    Observa a tu alrededor y comprueba cuán distante está el hombre de hoy de esa situación tan primitiva que te describo. Y concuerda conmigo cuánto le debe el hombre a su capacidad de pensar, a su mente, a su razón. Y no olvides que para ello necesita también de la vida en sociedad, que es la única que suple esa carencia de instintos, pues hace que el hombre conserve el conocimiento y lo trasmita a cada nuevo hombre que nace y le advierta acerca de cuál ha de ser su comportamiento. Incluso para negar todo esto que te digo hay que hacerlo usando la mente, el pensamiento, la capacidad de razonar. La tierra, la amada tierra no ha destruido al hombre porque este se defiende con la Razón. Todo lo demás es, perdona la rudeza, tontería.


    El Hombre.
    El hombre, como entidad viva, no tiene destino. La tierra sí y practicamente todo lo que nos rodea: la destrucción es el destino de este planeta. Su acercamiento al Sol hasta tal vez ser absorbida por este es una de ellas. Otra puede ser el choque con algún elemento espacial de dimensiones “apropiadas” para tal desastre. Sin embargo el hombre no tiene que tener ese destino: podemos abandonar el planeta, largarnos a otros sitios, conquistar otras piedras estelares y usarlas como refugio hasta que esa también se destruya después de habernos largado una vez más. Eso no lo lograremos haciendo uso de nuestras emociones, más bien al contrario.  En cualquier caso, ningún otro organismo vivo de la tierra, complejo o simple, tiene esa posibilidad de que dispone el hombre. Porque no cuentan con esta herrramienta que hace que la vida tenga conciencia de sí misma y se garantice la posibilidad de no perecer. Se puede fantasear de mil maneras acerca de cómo puede concretarse el acto mediante el cual el hombre perdure eternamente. La ciencia ficción se ha ocupado de ello desde años ha. Pero no hay fantasía alguna en el acto de asegurar que disponemos de todas las herramientas (en realidad una sola: la mente, el pensamiento, la razón) adecuadas para ello.

    Steve Jobs 
    Es el símbolo del hombre “locomotora”, el que tira de los vagones en que va el resto del mundo. Es la representación de eso que tantos odian y envidian: el hombre que consigue el éxito y la realización mediante el esfuerzo propio. Pertenece a ese tipo de hombres que son fundamentales para que el Hombre sobreviva. Es un creador de riqueza. Como tantos que hoy día desprecia el vulgo. Es ese tipo de ser humano que por más que se le intente destruir saldrá adelante una y otra vez. Porque basan su acción en la satisfacción de sus principios individuales, en el respeto de sus valores personales, en su amor al trabajo y la concreción de ese amor. Y porque encuentran la felicidad en la armonía entre el amor y la acción, entre lo que piensan y lo que hacen. Y tanto que sólo lo complace la realización de un “trabajo genial”. Nunca descansan y nada los detiene. No viven parásitos de los demás. Eso es liberador y un paso fundamental para la felicidad.
     En lo personal, me quedo con estas palabras del discurso de Jobs, que interpreto como un llamado a la reflexión propia, a la acción individual, al razonamiento íntimo y al trazo de un objetivo personal, independiente de lo que otros pretendan inculcar en nuestras mentes. Y que, al parecer, aunque por caminos diferentes, nos hace a ti y a mí finalmente coincidir:

"Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior."

     La propia voz...
     No existe la Razón en sentido social, colectivo, común. Existe sólo en sentido personal, individual, íntimo, en interacción e intercambio de resultados con otros hombres y sus propios exclusivos procesos de pensar y obtener conclusiones.
     El uso de la Razón por el Hombre es el único vehículo para una búsqueda rigurosa de la verdad y para el ejercicio consciente de su mayor fuente de energía: el Amor.
     Y no es que niegue la fundamental función de las emociones ni que me parezcan absolutamente obstaculizadoras o innecesarias. Las emociones forman parte de nuestra identidad tanto como la razón. Pero han estar supeditadas a esa nuestra herramienta para la comprensión, el conocimiento y la supervivencia. Dependemos de la mente, y entre esta y las emociones hay que elegir nuestra mente. No es una emoción lo que advierte que no debes cruzar la calle con el semáforo en verde. Si desconectas tu mente para "sentir" el universo, antes de una semana te has muerto de sed o de hambre. Eso no es algo que me parezca debatible siquiera: no existe la opción de elegir entre razón y emoción, porque sería elegir entre vida y muerte. Y me atrevo un poco más: es cierto que lo común es un punto intermedio, algo de razón, algo de emoción... Pero eso conduce a este tramo gris, mediocre, que adultera la lucidez y cierra las puertas a la genialidad, conduce a esa entidad incompleta que hemos sido siempre la mayor parte de los hombres, los que usamos el mínimo de razón posible para controlar el máximo de emoción conveniente.
     No dudo que muchos de los grandes logros, inventos y descubrimientos de la humanidad han sido producto de la vanidad del Hombre, o del intento de procurarse el amor de una dama o mancebo, o buscando apenas la aprobación de sus semejantes... resultado en fin de emociones básicas o complejas. Pero en todo caso han debido realizarse desde el uso más estricto del pensamiento, desde la razón.
     Es ahí adonde refiero que ha de llegar el Hombre, es eso lo que opino que lo puede salvar. Por supuesto, para ello necesita el Hombre despojarse del lastre de lo que han dicho y siguen diciendo los gurús de lo irracional, que pretenden que el uso de la Razón es malvado y sus consecuencias dañinas.


     Te abrazo.
     Rubén.


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50 comentarios:

  1. Hermano, ante todo me parece didáctico y necesario (para feliz devenir de la polémica) aclarar una cuestión. La polaridad que propones como premisa del debate es falsa y va a conducir irremediablemente a confusión, a una errónea interpretación de nuestro debate. Estás oponiendo como si fueran rivales dos categorías que, en primer lugar solo existe en la ilusión de una conciencia dualista y en segundo lugar, ni la he formulado ni es mi caso. Estás enfrentando dos nociones que en mi percepción del mundo se concilian, son complementarios, se unifican. Si chequeas bien, en momentos anteriores de nuestro debate y vuelves sobre la alusión permanente que hago a la Ciencia del nuevo paradigma, a la ciencia de campo unificado y a la teoría holofractal, comprobarás que en mi aceptación de su entendimiento reside un cuestionamiento permanente del dualismo en la percepción del mundo es decir, una crítica del daño perceptual que nos ha causado entender el Universo y la naturaleza como "cosas" u objetos muertos, separados y ajenos a nosotros (como opuestos).
    Desde un paradigma unificado, aquel postulado fundamental de la Filosofía que nos enseñaron en el colegio que respondía a la pregunta ¿que es lo primario, la conciencia o la materia, el Ser o la conciencia? sencillamente no funciona, es un sofisma, una ilusión de la percepción, no existe. Esa crítica de la conciencia dualista que he manifestado a lo largo de nuestro último debate es una crítica de la ciencia positivista, de ese racionalismo antropocentrista, de esa ontología egocéntrica, materialista, y "objetivista" que generó la ilusión de que somos los "emperadores del universo", su cúspide; principio y fin de una cadena de supervivencia cuando en realidad somos una parte diminuta e ínfima del tejido vibratorio y energético de un multiuniverso inteligente y participativo para el que ni siquiera somos importantes (según la investigación de Lyn Margulis): una racionalidad que olvidó que vivimos en simbiosis con toda la existencia y que no se puede despojar de Alma, Inteligencia y Conciencia al resto del universo y la vida como demuestra la física cuántica.
    Yo no niego ni excluyo la Razón, lo que cuestiono profundamente es el papel preponderante que nuestra cultura (y su epistemología más ortodoxa, dominante y arcaica) le ha atribuido como conciencia del mundo y el desequilibrio ecológico que ha generado esa jerarquización. Cuestiono ese mito que ha acompañado a la ciencia en los últimos tres siglos de la racionalidad "pura", "objetiva", dualista que generó una ciencia sin conciencia (la que ha llevado a acuñar la famosa frase de que "La razón produce monstruos"), que olvidó el diálogo sagrado que otras culturas conservan con la naturaleza.
    Sigo pensando hermano, que la Razón y la lógica tridimensional que involucra ha sido coronada en detrimento de otras formas de comprensión de la realidad y del mundo como mismo lo apolíneo ha venido gobernando sobre lo dionisíaco como forma de entender la experiencia vital. Insisto que, en todo caso, es la Razón la que debe retornar al fluido de nuestra rica y diversa subjetividad, al reino del equilibrio. La razón (con minúscula) no es más que una de nuestras muchas facultades que nos permiten entender y relacionarnos con el mundo, una facultad que ha sido jerarquizada (en detrimento de otras) en el contexto de una cultura egocéntrica, patriarcal, materialista, apolínea que la ha convertido en su paradigma de conciencia.

    continúa...

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  2. Es muy importante para mi aclarar esto para evitar caer en un contrapunteo equívoco y absurdo.

    En mi percepción, Razón y Amor ni se rechazan ni se excluyen ni se niegan; se equilibran, se complementan, retornan a su dinámica homeostática como en la representación del Yin y el Yan (es decir, creando un efecto coriolis o campo toroidal); se funden en una conciencia ecocéntrica, holística del mundo, conciencia que trasciende la ilusión de separación y en el que las polaridades son partes indisolubles del equilibrio cósmico, de una misma danza energética y conciencial que nos permite comprender nuestro justo lugar en la sinfonía del Multiuniverso. A partir de aquí, bienvenido sea el debate.
    Te abrazo
    Julio Fowler

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  3. Antes quiero aclarar que no había leído los comentarios de mi querido amigo Fowler a las reflexiones de Rubén ya que justo redactaba este escrito mientras Fowler publicaba las suyas. Como tampoco voy a arreglar el mundo, ni tengo ahora el ánimo de retomar mis reflexiones teniendo en cuenta los nuevos comentarios les dejo igualmente mis notas.

    Ruben creo estar de acuerdo en todo lo que argumentas. Me parece que podría expresarse de manera diferente, con otros matices, pero en general me parece de sentido común, al menos a mi. Ciertamente otras persona pueden pensar que usar la razón puede llevarte a ser irracional. Y es que creo que nuestros razonamientos pueden ser equivocados inclusive bajo la óptica de nuestros propios objetivos. Y es que el hombre por muy ser social que sea sigue siendo un animal disfrazado, con sus virtudes y limitaciones, y no tiene más verdades que la que su propio sistema de pensamiento le aporta. La ciencia es un intento de sistematizar ese pensamiento y de no girar en círculos y al menos conseguir una especie de acercamiento infinito a las verdades. Y es que aprendemos y nos comunicamos a través de nuestros sentidos y estos son limitados. Cada sistema de medición o calculo busca sobrepasar esos límites pero seguimos sin ser perfectos, siempre queda algo que mejorar o descubrir.
    Normalmente pensamos que nos equivocamos cuando nuestras decisiones nos hacen infelices por eso esperamos ser lo suficientemente lúcido o que otro lo sea por nosotros. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que no quiero que nadie sea responsable de mi felicidad pero es verdad que la vida en sociedad tiene sus inconvenientes y una de ella es que mi libertad puede entrar en conflicto con la de los demás y el papel de los mediadores aunque odioso suele ser necesario (Políticos, abogados, policía, militares, profesores, iluminados, etc…) Como ejercen esa mediación es toda una proeza social que hemos integrado en lo que llamamos democracia y el equilibrio entre mi libertad y la de los demás tiene que ser lo más ajustada posible. Si hay que eliminar algún órgano del estado para que sea así, pues que se elimine y si tiene que crearse uno nuevo pues que se cree. Creo que siempre tendrá que existir un nexo que una y organice a la sociedad ya que el hombre por si solo tiende a invadir la libertad de los demás al ejercer la suya. Que si es un super-ordenador o un consejo de sabio, no lo sé, pero algo tendrá que aunar criterios para que la convivencia entre los hombres, aunque sean los más racionales y concientes del universo, sea posible.
    Al margen de esa visión matemática que se tiene de la razón y hasta cierto punto superada con lo que han llamado inteligencia emocional, no puedo entender el amor separado de la razón, a los sentimientos al margen de mis pensamientos, como bien explicas. Y es que queremos que la consecuencia de nuestros pensamientos nos lleven directamente a sentir la emoción de la felicidad. Pero si queremos alcanzar la felicidad tal como la hemos pensado tendremos que actuar en consecuencia con nuestro pensamiento. Creo que ahí es donde el ser humano suele liarse. Piensa una cosa pero luego hace otra. ¿Quién o quienes son los culpables de eso? ¿Tal vez haya algo de conjura, como dices? ¿Los que van de listos y otros perezosos? No se si pueda desentrañar las intenciones de todos pero lo que está claro es que a algunos se les ve el plumero. Lo que está claro que una prueba de madurez en una persona es tener una visión del mundo organizada y coherente, que le permita explicarse las razones básicas por las que hace cada cosa que hace y que no sea un autómata programado por otro. De hecho lo que nos hace admirar a Steve Jobs y tomarle como una verdad en el debate es que nos está contando su experiencia. Como sus actos han sido consecuencia de su pensamiento y esto nos puede ayudar a pensar y actuar para conseguir nuestros objetivos, que no tienen porque ser el de los demás.

    continúa...

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  4. El amor no es más que el componente emotivo de la razón, es la estética de nuestro pensamiento, es la belleza de nuestras relación con el mundo. No es la panacea para resolver los problemas, es la consecuencia de resolverlos, de estar bien con los demás y contigo mismo, de sentirte realizado y que esto haga feliz a los demás. No puede existir amor sin razón porque seríamos, con perdón, como idiotas con una sonrisa en la cara sin más sentido que la sonrisa en si. No puede existir el amor sin conciencia porque lo que lo hace grande y hermoso es el logro de alcanzar la felicidad y hacer feliz a otros mediante nuestros actos. Así que entre la razón y el amor no veo ninguna contradicción, solo la veo entre la emoción que nos atonta y el pensamiento que nos hace infeliz. Hagamos como Steve Jobs, descubramos que nos hace feliz para que nuestro pensamiento guíe nuestros actos y estos se conjuguen con la felicidad de los demás. De ese idilio surjirá el amor y no te quedará más remedio que comprarte un Mac. :-)
    Perdón por la extensión.
    Abrazos
    Osmandy

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  5. Julio, realmente no veo contradicción entre nuestras perspectivas acerca de la integración, del concepto de un Todo Integrado. Las diferencias pueden encontrarse en la identificación de los elementos que integran ese Todo.
    Ahora bien, haces una lectura errada de mi post cuando dices: “La polaridad que propones como premisa del debate es falsa...”. No es exactamente “polaridad” entre Amor y Razón lo que extraigo de tu reflexión, ni a lo que me refiero en mi respuesta (si tengo que explicarlo está claro que no lo hice bien) No hay confusión en mi interpretación de tu “cuestionamiento permanente del dualismo en la percepción del mundo”. Es siempre clara y categórica tu refutación en ese sentido. Y no habría controversia si yo tuviera una visión coincidente de este asunto.
    La idea que defiendo es la de que el Amor no sólo No es una cualidad independiente de la Razón, sino que es una expresión derivada de la propia Razón, una expresión unificada, lúcida y consciente de la mezcla de otros sentimientos, altamente valorados de manera independiente, pero que conjugados entre sí tienen su mayor expresión en eso que llamamos Amor.
    Sostengo que es errada la noción de que el Amor existe “fuera e independientemente” de nuestra voluntad de amar. No me parece que coincidas conmigo en esa visión del Amor y de ahí el motivo de mi reflexión.
    En mi caso no coincido con el planteamiento de que “no se puede despojar de Alma, Inteligencia y Conciencia al resto del universo y la vida como demuestra la física cuántica.” No conozco mucho de física cuántica, pero hasta donde sé no me consta que “demuestre” tamaña aseveración. Con tales afirmaciones se corre el riesgo de devaluar las afirmaciones que se pretenden defender. ¿Puedes ofrecernos otros elementos que confirmen ese juicio? Alma, inteligencia y conciencia son categorías enunciadas por nuestra Razón. Si son un descubrimiento o una percepción (literalmente) no creo que esté muy claro aun.
    Tampoco acabo de encontrar los argumentos, las pruebas, los datos que confirman tu planteamiento de que el hombre entiende “el Universo y la naturaleza como "cosas" u objetos muertos, separados y ajenos a nosotros (como opuestos)” Me gustaría fueras más específico en la aportación de estos datos, si existen, y en la aclaración de cómo la ciencia ha podido ser objetivamente beneficiosa a pesar de tan supuesto grave error.
    Hasta hace muy poco, nuestra aproximación al conocimiento estuvo determinada fundamentalmente por la necesidad de supervivencia. Previamente a las posibilidades que se han abierto al hombre a partir de la revolución industrial y sobretodo de la tecnológica, nuestro margen para la indagación estuvo siempre supeditado a la aparición, muy de vez en vez, de alguna mente brillante. Es el hombre moderno el que ha multiplicado el umbral de acceso para el conocimiento y no dudo que las sorpresas se acrecienten en el futuro inmediato, para no hablar de lo que ya no veremos.
    Desde estos antecedentes me parece una contradicción que el descubrimiento de que “hemos estado equivocados” haya ocurrido precisamente bajo la premisa de postulados equivocados.
    Y no existen las contradicciones.
    Gracias por comentar.

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  6. Dices, Osmandy: “nuestros razonamientos pueden ser equivocados inclusive bajo la óptica de nuestros propios objetivos”
    Eso es clave para comprender cómo funciona (mal) nuestro sistema de pensamiento. Porque lo que describes suele ocurrir con excesiva frecuencia. No parece lógico que un hombre cometa una y otra vez errores de razonamiento cuando trata de alcanzar sus propios objetivos. Salvo que el coste de no alcanzar tales objetivos no sea decisivo. O que se fije objetivos que, aun cumpliéndose, no satisfagan todas las expectativas. En cualquiera de los dos casos hay un desencuentro o descoordinación en una sola y misma “entidad”: el pensamiento de un individuo.
    Esa aparente contradicción no es tal: la no-coincidencia entre el fin que se persigue y la vía que lleva a ese fin tiene su génesis en el hecho de que los objetivos que solemos fijarnos no responden a nuestros verdaderos intereses. Nuestras metas por lo general responden a criterios externos, de crianza o educación, a pautas inducidas por la pertenencia a grupos sociales o la necesidad de acceder a esos grupos, etc. Pocas veces la meta es la satisfacción plena de fines exclusivamente personales (al menos no abiertamente)
    La base de todo ello es lo condicionados que estamos por falsos juicios éticos y morales de origen religioso, ideológicos y sociales.
    Para intentar una salida yo comenzaría supeditando nuestros “objetivos” a nuestros propios “intereses”. Un sistema de pensamiento que reconozca nuestros propios intereses como base de nuestras metas (en libertad, por supuesto, y de manera individual) obligaría al hombre a perfeccionar el uso de la razón, a realizar un uso optimo de su mente e intentar disminuir el margen de error porque depende del pensamiento propio y la propia acción para alcanzar la felicidad y para su autoprotección y supervivencia.

    Una cosa más. Dices: “Creo que siempre tendrá que existir un nexo que una y organice a la sociedad ya que el hombre por si solo tiende a invadir la libertad de los demás al ejercer la suya.”
    ¿No debería la ley ser ese nexo? ¿La ley como acuerdo consensuado que parta de la limitación de invadir esa libertad de cada cual?

    Gracias por asomarte al blog. Tu comentario, como el de Fowler, está lleno de sugerencias en las que me gustaría abundar.
    Seguimos... Un saludo.

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  7. Querido Rubén, acabo de entrar en este interesantísimo debate. Leí rápidamente y me quedo con ganas de una segunda y más reposada lectura. Ahora no puedo. Hoy tal vez no pueda en todo el día. Pero si mañana sigue "vivo" el asunto, trataré de de entrar en él con el tiempo que demanda... En cualquier caso, tú, que estás entre los poquísimos amigos que lee mi poesía inédita, y que sabes que he escrito un libro hace poco precisamente sobre el amor, sabes también que para mí el amor no es un ejercicio de la razón ni un acto volitivo, al menos no es sólo eso, ni esencialmente eso. No creo que sea necesario para nada contraponer amor a razón, pero en todo caso, amigo, si me pusieras ante la obligación de hacerlo diría (pidiendo excusas de momento por la falta de argumentos) que la razón es un acto amoroso, antes que el amor un acto razonable... Como me tengo que ir ya, aquí les dejo un poema. Perdon por el estrofado. No sé adpatarlo a este formato. Abrazos. Jorge

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  8. Oscuridad
    (la lámpara de Diógenes)


    El amor que en la mente me razona...
    Dante



    El amor no se nos da en la luz.
    La luz puede ser uno de sus artificios,
    uno de sus engañosos voceros,
    pero nunca su motor, su matriz.
    El amor, que no tiene color,
    no absorbe ni refleja luz.
    Tampoco es mera transparencia.
    El amor es de una opacidad incierta,
    una mácula feliz en la blancura.
    Y es ciego, sí, no descifra claridades,
    más bien se ovilla ante ellas
    para estirarse plenamente en la invidencia.
    El amor es un agente de la madre oscuridad
    representada en lo visceral del hombre;
    ese ámbito vedado al logos
    donde lo amante y lo amado se acomodan
    para bregar en la verdad su lado ebrio.
    El amor es numen prodigioso, ilegible.
    Sólo se puede sentir, sólo se intuye.
    No se ve, no se entiende, no se sabe.
    No ha de buscarse el amor al mediodía
    de quien erige una pomposa arquitectura
    para meter al sentimiento en órdenes.
    El amor es misteriosa cueva, no
    iluminada cabaña.

    Cuentan que Diógenes, irónico,
    presuponiendo que no lo encontraría,
    buscaba a quien amar con una lámpara.
    Y al no encontrar lo amable entre los rostros
    que alumbraba la peregrina llama,
    exhaló su frustración hasta extinguirla,
    dejó de respirar hasta apagarse.
    Pobre cínico. Pobre viejo loco,
    con vitola de lúcido, y acechando al amor
    en el brillo seductor de la moneda falsa.
    Qué vida de hombre-perro
    la lucidez nos guarda.
    El amor no se nos da en la luz.
    El amor es un no-sé
    que señorea en el alma.


    Mas yo quiero imaginar un limbo amable
    donde Diógenes trata el asunto con Sócrates:

    ... no razones, colega, mi suicidio.
    No se penetra al amor con tales armas.
    Yo hacía lo que tú en mi destierro
    a la luz vanidosa del aceite ardido,
    cuando una voz desconocida me sedujo:
    Diógenes, el amor está en quien ama.
    Apaga tu lámpara, tus ojos, tu cinismo.
    Aviva la inocencia, libera tu hombre.
    Acaricia al más torpe de tus perros
    y siente la paz que desdibuja al miedo.
    No busques al amor en esos rostros
    que la luz esculpe epidérmica y coqueta.
    No busques al amor con nitidez impreso,
    expuesto al sol en concurridas ágoras.
    Estás buscando sangre en lívidos fantasmas.
    Diógenes, apaga la razón, aguanta la
    respiración,
    muere... ama.

    Querido Sócrates,
    detén ante el amor tu máquina.
    ¿Acaso no pasaste por algo parecido?
    ¿No intuyes en las almas luminosas,
    esas que aquí luchan por saberlo todo,
    una cierta desazón que las incordia?
    Digámoslo al poeta que con Virgilio indaga:
    La claridad en el amor es arma blanca.
    El amor que en la mente te razona
    deviene en desamor
    y te apuñala.

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  9. Jorge, tu entrada, tu magnífico poema, es la confirmación de lo que planteo en mi post en el inciso “La imagen”:
    ¡Qué tremenda trampa la belleza! ¡Qué dulce victoria la rendición ante el hecho estético!
    ¡Cuánta tentación y peligro! El efecto del arte es semejante al de las drogas. No tienes que explicar que ocurriría si te dan a elegir. Pero está claro que nos hemos quedado colgados de la Imagen y por tanto a merced de su médium mejor equipado: el poeta.
    Es por ello que insinúo en “El sitio justo” la aproximación a un arte ideal bajo las mismas premisas que Julio defiende y llama Integración del Todo. En el específico caso de la enunciación de la acción del Hombre el arte debiera ser la expresión de la belleza en su quehacer (el del Hombre) menos explorado, en su estéticamente marginado ministerio de la razón.
    Contrariamente, el énfasis del arte ha sido justo en esa “contradicción” que Osmandy describe “entre la emoción que nos atonta y el pensamiento que nos hace infeliz.”
    De una cosa puedes estar seguro: no sobraría un arte así, como no puede sobrar ARTE alguno.
    En cualquier caso sospecho que el “asunto” seguirá “vivo” aun el día que ya no estemos nosotros. Y mañana estaremos.
    Te esperamos...

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  10. Queridísimo amigo, esta entrada me parece la “menos tuya” de cuantas hayas hecho en tu blog. Te explicas muy bien y el tema es hondísimo (te felicito por ambas cosas; tu blog es, cada vez más, un espacio que importa) pero navegas aguas peligrosas, y la orilla a la que vas, se me antoja el colmo de tu alteridad. Entiendo que viajar a lo Otro es divertido (alguien dijo que la felicidad es estar fuera de sí) y espero que nos puedas regalar alguna excelente canción-poema sobre ese viaje, pero como te quiero tanto, te prevengo de que al final, en la orilla-otra te puedes estar esperando a ti mismo con una sonrisa socarrona. No pasa nada, sólo cuéntalo entre las posibilidades... No digo esto porque no seas un hombre razonable, para nada, sino porque eres un ARTISTA, o sea, un hombre muy hombre. Para que suene menos machista: un hombre-hombre, quiero decir, un animal imaginativo, y además, mucho más emocional que racional, como todos los animales imaginativos, como todos los hombres.
    Me imagino que seas conciente de que tu entrada no tiene desperdicio porque toca (frontal o tangencialmente) casi todo lo que más nos importa. Es una entrada abundante, generosa en ideas importantes, y hasta graves. Entiende que para contestar tu entrada se podrían escribir tratados. Como yo no soy capaz de ello y éste no es un espacio para tal cosa; intentaré ir al centro de la cuestión, aunque difícilmente podré ser todo lo escueto que quisiera.

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  11. Sobre la imagen:

    Hermano, si algo nos separó de la bestia, si algo nos posibilitó echar al oso de la caverna para estudiar sus sombras, no fue en primer lugar la razón, sino la capacidad de imaginar, la capacidad de imaginar realidades que “nunca existieron”, al menos que jamás se nos dieron por la vía sensible. Antes de razonar, tuvimos que entender, antes aún, tuvimos que intuir, pero antes incluso, tuvimos que crear y procesar las imágenes que están en la base de todo proceso cognoscitivo. Fue la creación de “realidades humanas suprasensibles” lo que nos hizo hombres, lo que nos puso en condiciones de intuir un fenómeno y entenderlo para después razonarlo. En algún momento del complejísimo proceso de humanización, una bestia ya no se interesaba (sólo) por la huella o el rastro, sino que imaginaba, conciente o inconcientemente, mecanismos para inclinar la huella y el rastro a su favor, y sobre todo, para explicarse que finalmente esto no sucediera siempre. Y entre ellos, unos más a la vanguardia en el proceso, no sólo imaginaban estos escenarios, sino que, ya en vías de lo razonable, desarrollando una capacidad de abstracción ya humana, lo cuajaban en “imágenes potables”: en signos y/o símbolos capaces de convocar y alistar en su nueva especie a todos los individuos de su clan. Amigo, la trampa que nos tendió la imagen fue ésa: hacernos hombres. Y caímos en ella, bien que caímos. Lo hicimos tanto que llegamos a la conciencia (qué peligro) y después, incluso a la historia (qué sumo peligro).
    La razón siempre, o casi siempre, ha ido detrás de la emoción “arreglando” o pretendiendo arreglar sus “desmanes”. Realmente en el Occidente divino, post-titánico, sobre todo en el mundo post-Narciso e histórico, donde la conciencia y el devenir eran ya realidades incontestables, la razón tuvo siempre “mejor prensa” que la emoción. Sí, antes de Sócrates todavía quedaban fuerzas para Dioniso que es, por ejemplo, el verdadero padre del teatro, una soberbia vía de escape para el hombre ya inmerso en el devenir histórico; pero después de Sócrates, en una operación ética de enorme calado, el hombre poco a poco creyó descubrir que la razón era la vía para ser más hombre, y claro, había que matar al hombre para crear al hombre nuevo-netamente razonable. Ah, pero esto debían hacerlo los hombres, no podía ser encargado a los lobos, y el hombre, por suerte, nunca tuvo verdadera vocación suicida. Así que, con sus vaivenes, el hombre nuevo-netamente razonable y el viejo hombre-hombre siempre compartieron escenario, y muchas veces compartieron, aunque a despecho, el mismo cuerpo, la misma alma. Hubo momentos en que la razón se apoderó en exclusiva de mentes superdotadas, muy infantiles, pero muy necesarias, como la de Aristóteles y la de Descartes, por ejemplo, para clavar banderas en babeles razonables, pero los hombres, aunque podemos incluso estar agradecidos a semejantes “héores”, nunca hemos querido dejar de ser lo que somos y hemos sonreído socarronamente desde lo humano, aplaudiendo, también socarronamente, sus “hombradas”. Posiblemente la humanidad no haya dado todavía una mente más poderosa y a la vez más infantil que la de Aristóteles. Cuánta falta nos hacen mentes como ésas, pero cómo se cuida el hombre “lúcido” ese que adora la oscuridad redentora (“Ay, oscuridad, mi luz”. Decía Lezama) de entender que nos hacen falta justo hasta que pretenden deshumanizarnos. El hombre es un animal imaginativo, después emotivo, después observador-registrador y finalmente razonable. Invertir esto, amigo, en mi opinión (y no hablo ahora desde la poesía) es un error, sin graves consecuencias, porque ya lo hemos cometido y drenado muchas veces, pero un error. La imagen es el primer motor cognoscitivo del hombre. Perdóname el integrismo aquí, pero yo creo que, incluso los conceptos, son imágenes.

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  12. Sobre el amor:

    Hace un tiempo que escribí ese libro sobre el amor. Cuando escribo un libro sé lo que quiero tratar, pero nunca sé lo que descubriré, adónde llegaré. Escribo precisamente para buscar y ordenar ideas. Pues bien, después de “buscar las cosquillas” al amor durante mucho tiempo, si algo creo haber descubierto (perdóname lo pretencioso implícito en este punto) es que el amor, por suerte, no es un producto de la razón. Nadie razonó nunca con éxito el amor porque posiblemente es la imagen cimera del hombre, algo que ni siquiera se puede nombrar con absoluta propiedad. Y, como dijo Fray Luís de León, refiriéndose a la imposibilidad de nombrar a Dios: “no es posible que llegue la palabra adonde el entendimiento no llega”. El amor es algo que el hombre ni siquiera pudo reducir a concepto con mediano éxito. En unos versos digo: “El amor es nuestro/ pero mucho más que nosotros/ si aconteciendo”. Y claro, puede decir otro: “mera poesía”. Pero nada supera a la imagen como vía de conocimiento porque, de lo que se puede saber, casi siempre preferimos la parte menos grosera, pero de lo que no se puede saber preferimos siempre lo que nos permita una frustración soportable, lo que nos permita seguir siendo hombres ante el abismo de lo ignoto. Nadie sabe qué es Dios. Como dijo el poeta: “¿Qué es Dios, qué no lo es, y qué hay entre lo uno y lo otro?” Y nadie sabe qué es el Amor, pero hemos llegado a imaginar, incluso, que es el centro de todo lo conocible, el verdadero motor de la humanidad, la imagen más poderosa de todas. Dijo Empédocles: “… y el Amor estuvo en el centro del remolino, todas las cosas convinieron en la unidad bajo su acción.”
    Claro, el hombre, cuando siente el frío inhumano de sus límites, sabe parar. Al menos lo ha sabido hacer hasta ahora. Dijo Carlo Sini hablando sobre Nietzsche: “…el secreto profundo de la ciencia, que consiste en tender incesantemente a sus propios límites; pero cuando los ha alcanzado, cuando llega a la frontera donde lo racional agota su propio empuje y se niega a sí mismo, encuentra allí el arte y el pensamiento mítico, es decir, aquello de donde salió y que lo sostiene todavía, oscuramente..."
    Hermano, la imagen, en mi opinión, no es un recurso poético, es el rasgo principal de la humanidad, es su principal herramienta cognoscitiva. Y el amor… “El amor es nuestro, pero mucho más que nosotros”. Posiblemente sea la imagen más importante de todas. Ambas cosas: imagen y amor (los uno ahora un poco torpemente) listan mucho antes que la razón en el escalafón humano.
    Otra cosa bien distinta es la tendencia actual de buscar en el chamanismo y la magia orientales una salida posible ante el imperio de la razón occidental, que, por puertas falsas como la técnica, por ejemplo, pretende engañarnos de nuevo. En la crítica actual al eurocentrismo, hay voces que apelan a los chamanes para, desde ellos, tomar distancia y ver mejor lo que quieren atacar. Recientemente hablé mucho sobre esto con un amigo filósofo que me dio a leer su tesis doctoral. Pero esto es otro tema enorme calado. De lo que leí a Julio no alcanzo a saber cuánto van por ahí sus ideas. Además esto ya es demasiado largo. Mejor ir poco a poco. Un fuerte abrazo. Jorge

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  13. Pienso que tal vez queremos hilar muy fino y las categoría que usamos no están suficientemente unificadas y clarificadas entre todos. Esta claro que en nuestras intervenciones no hay ánimo de establecer cátedra (aunque a veces lo parezca;-). Así que tengo la impresión, intuición o imagen (razonada) de que a veces “nos perdemos en la traducción” (lost in translation) como en la película. Me parece entender las razones de unos y otros y a veces creo que tal vez no estamos de acuerdo por cierta ambigüedad en las categorías como “razonamiento y pensamiento, imaginación y creatividad, amor y emoción, sentimientos y placer”, que siendo procesos mentales están muy interrelacionados y no se si a veces los aislamos demasiado o los trasgredimos con el ánimo de explicar la naturaleza que le vemos a cada cual. Solemos exaltar la emoción propia del amor y la perdida de control sobre nuestra voluntad que acompaña a muchos placeres. Y ciertamente la emoción que producen los placeres y la belleza que emana de una relación, llamemos amorosa, nos gusta y es parte de la naturaleza humana desearla. Pero intuyo que Rubén al igual que pienso yo, con el tiempo descubrimos mediante el “pensamiento racional” lo que debemos hacer para obtener ese placer y que otras cosas nos producen lo contrario. Es verdad que controlar lo que nos sucede es casi imposible por eso nuestros sentidos más básicos suelen estar alertas para aceptar lo que nos hace feliz o evitar lo que no, y es de hombre lúcido abrir su pensamiento a lo sorpresivo y buscar una explicación a lo nuevo o disfrutarlo si lo mereciera.
    Continua...

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  14. Por eso creo que a Rubén le resulta como mínimo curioso que el hombre moderno deseche con mucha frecuencia su mejor herramienta que es el pensamiento basado en la experiencia propia y la de muchos otros por un aturdimiento autoinducido que busca ir tocando teclas al azar hasta dar con una que le muestre el camino del amor. No digo que hayan personas que sea eso lo que necesiten y estén en libertad de hacerlo y al final les satisfaga. Tampoco niego que el camino de un razonamiento que niegue lo inesperado y el salto al vacío necesario para llegar a crear algo nuevo o entender algo nuevo, puede llevar a un absolutismo que no comparto. Así que puedo decir que estoy con unos y otros pero no me dejo llevar definitivamente por ninguno de los dos. Y si como se dice, algún día pierdo el control espero poder recobrar la “cordura suficiente” para percatarme de lo bueno y lo malo que estoy viviendo y poder regocijarme en ese sentimiento de saber lo que me está pasando. Justo ese puntito, ese equilibrio en el que me balanceo sobre el precipicio pero logro saber que floto sobre mi propia destrucción y que no he caído.
    Abrazos

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  15. Perdón donde dije, "No digo que hayan personas que sea eso lo que necesiten..." Quería decir "No niego que hayan personas..."

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  16. Osmandy, el tema sobre el que debaten Julio y Rubén es muy complejo. No es extraño que “patinen” ellos y que “patinemos” todos los que nos metemos en asuntos tales. No es extraño que no seamos todo lo claros y categóricos que nos gustaría ser. Yo al menos, que abordo estos asuntos casi siempre desde la poesía, me siento menos seguro cuando los “reduzco” a una prosa seudo-especulativa condicionada por el reducido espacio. Es muy difícil (y además nada deseable) que se puedan llevar a un convenio asumible por todos posiciones tan dispares. Así que tus sensaciones, desde mi punto de vista, son a la vez imaginables y razonables (río).
    Pero somos, cuando menos, todo lo cándidos que se debe ser para, sin sacar provecho alguno más allá del mero placer de hacerlo, primero: abordar en público temas tan complejos en un espacio tan poco propicio para hacerlo en profundidad; y, segundo: hacerlo sin miramientos, sin evitar los abismos a que nos exponemos, así, a “pecho descubierto”. Entonces, aquellos que ya saben que somos unos pesados y unos frescos, tengan en cuenta (y perdonen el victimismo) que somos también unas pobres criaturas que todavía creen que estas cosas pueden tener sentido. ¿Cuál? Pues no lo sé, pero por algo (quién sabe si imperdonable) lo hacemos. Yo mismo, que tengo ahora bastante trabajo, me veo aquí escribiendo pasadas las 24:00 horas, después de una jornada bastante intensa, y me compadezco de mí.
    Mira, no creo que podamos “unificar” del todo conceptos tan complejos, pero voy a hacer una locura más, y te voy a dar alguna definición muy mía. No me atrevo a definir “Amor”. Ya lo intenté sin éxito muchas veces. No creo que sea necesario definir “Razón” porque se me hace bastante evidente su significado. Pero te voy a definir “Imagen” de una manera muy poco usual. Hace ya un tiempo, mi hijo mayor, que comparte algunas de mis pasiones, me pidió que le definiera “Imagen” para poder comprender que era eso de lo que yo tanto hablaba. Claro que él me entendía perfectamente (es mucho más lúcido que yo) pero sentía la necesidad de comprobar si aquello se podía reducir a una definición. Yo jamás hubiera intentado empresa tan estéril si no me lo hubiera pedido un hijo, pero por esa razón lo hice. Así que aquí te va una definición temeraria de “Imaginación-Imaginar-Imagen” que te hará comprender por qué yo soy una especie de “talibán” a la hora de defender la primacía de esta capacidad tan humana:

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  17. Imaginación:

    Capacidad humana de imaginar.

    Imaginar:

    Operación cognoscitiva que crea o recrea imágenes sobre algo que se pretende llegar a conocer, se dé a priori su conocimiento por posible o imposible.
    Operación cognoscitiva que explora en lo suprasensible con vistas a que, mediante su reducción a imágenes, pueda ser de alguna manera representado en la conciencia del cognoscente.

    Imagen:

    Resultado de una operación cognoscitiva que resuelve, en términos de representación en la conciencia del cognoscente, lo mismo sus logros que sus fracasos.
    Resultado sintético y significante de una operación cognoscitiva, sea ésta de orden mágico, onírico, artístico, experimental o racional, que abstrae elementos de la realidad sensible o suprasensible hasta convertirlos en símbolos.
    Forma en que se representan, en el sujeto cognoscente, las ideas y los conceptos.

    Como ves, la imagen es para mí algo que trasciende con mucho el hecho meramente poético; es para mí una estrategia para conocer, es el fundamento mismo del “ser humano”. Claro que estas definiciones son muy mías y muchos podrán encontrar en ellas grandes incoherencias, pero ¿qué no se hace por un hijo? En mi defensa digo que no las necesito para nada, porque la imagen es algo tan vivo para mí que no necesita ningún corsé. También digo que para nada pretenden estar resueltas, pero aquí las dejo como un gesto de buena voluntad. ¿Te aclararán algo o te confundirán más aún? En cualquiera de los dos casos, sobre todo en el primero, te pido perdón, porque la claridad en estos asuntos suele ser un señuelo muy peligroso. Un abrazo. Jorge

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  18. Amigos. Sospecho que si no "radicalizamos" nuestras posiciones terminaremos hablando de cosas distintas pero usando los mismos términos. Veré si consigo explicar esta idea. Las cosas que defendemos, cada uno la suya y ellas en sí mismas, son hermosas, importantes, interesantes... y algo "peor" aun: todos las compartimos y hemos defendido como propias en algún momento y con razón. Pero cometemos el error de no ser estrictamente rigurosos en la identificación de las cosas y, por ende, en el respeto a la verdad.
    Osmandy lo ha detectado y da fe de cuál es el punto de desencuentro cuando dice: "Pienso que tal vez queremos hilar muy fino y las categoría que usamos no están suficientemente unificadas y clarificadas entre todos” y “nos perdemos en la traducción”...
    Jorge da su propia definición de “Imagen” de una manera muy poco usual”...
    Julio elige un silencio aterrador...
    Durante muchos años creí que el lenguaje de las palabras era un obstáculo insuperable a la hora de representarnos la realidad, y por tanto de comunicarnos, de pensar, de conocer (el pensamiento lo ejercemos a través de las palabras, los conceptos se enuncian con ellas) Pero hoy día me aproximo más a la idea de separar estrictamente cada palabra por su significado, cada cosa por sus propiedades. O sea, me deshago de pasiones y viejas manías de figurar, tanto como del ambiguo escudo del relativismo, y me rindo a la evidencia de que las cosas son lo que son y por mucho que queramos eso no las convierte en una cosa distinta.
    Le decía a Jorge del peligro de la poesía y de la trampa de la belleza porque nuestro oficio es ese precisamente: inventar un ropaje distinto, novedoso, atractivo y bello con que vestir la realidad, crear ajuares exquisitos para que las verdades desfilen en la pasarela de la vida disfrazadas con nuestras personales virtudes o frustraciones...
    (¡miren eso mismo cómo me quedó!) (en lo picúo ¡también puede haber sabiduría!)
    Bueno, el asunto es que nuestra inmemorial borrachera de combinar las palabras de manera que signifiquen algo diferente a lo que realmente significan nos puede hacer creer que lo relativo es lo absoluto. Y eso es absolutamente falso. O, en el mejor de los casos, eso nos aísla del resto del mundo y, lo que es peor, entre nosotros.
    Que el hombre accede al conocimiento a través de la mente, el pensamiento, la razón, no es algo que haya que demostrar. Toda otra vía, que estemos tratando en el debate o haya nombrado yo en el post, no navega con tanta suerte. Cuando digo razón digo pensamiento digo todo proceso mental. Eso es el rasgo de identidad del Hombre, es la causa del conocimiento y de la conciencia y la creatividad y la imaginación, es la vía por la que sabemos de las emociones y los sentimientos, a través de la que tenemos certeza de Ser, de que existe la realidad y que somos nosotros la parte consciente de esa realidad, del mundo, de la vida.
    “Poetemos” todo lo que queramos, pero en otros post: en este confieso que voy desnudo, calzado apenas con alguna parábola más que con metáforas... ya empecé de nuevo...
    Pongamos que existe una conciencia cósmica, un Todo Integrado Consciente, una Imagen que representa las ideas y los conceptos, pongamos que la física cuántica ha demostrado que tiene Alma, Inteligencia y Conciencia el resto del Universo, pongamos a Dios, pongamos al Hombre en soledad o multitud cósmica, pongamos existencia sin sentido o Vida con destino o eterno retorno... ninguna de esas opciones ni todas las que se les puedan ocurrir alteran el hecho de que este bicho en que vamos ES y depende de manera absoluta de la mente, el pensamiento, la razón.

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  19. Y les pongo un ejemplo de por qué verdades de Perogrullo no siempre son tales. Les muestro algo que considero una interesada falacia de gente que pretende moralizar con la mentira.
    En el segundo párrafo de su primer comentario Fowler hace referencia a “la famosa frase de que "La razón produce monstruos"... Está claro que nuestro amigo no tiene la intención de hacer de portavoz de una manipulación, pero su buena fe lo expone a la falta de rigor de sus fuentes. La frase a la que se hace alusión es de Goya. Pero está alterada, amputada para conseguir que tenga el sentido que se le quiere dar y exhibir al gran artista como argumento de autoridad (una falacia con todas las de la ley)
    La frase original es el título del grabado 43 de la serie Los Caprichos: "El sueño de la razón produce monstruos". Juzguen ustedes mismos.
    Pues existen manuscritos atribuidos a Goya en los que este explica el significado de la serie. Observen:
    - La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas. (Manuscrito del Museo del Prado... se duda de su autoría)
    - La fantasía abandonada de la razón produce monstruos, y unida con ella es madre de las artes. (Manuscrito de López de Ayala)
    - Portada para esta obra: cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelve visiones. (Manuscrito de la Biblioteca Nacional)

    En los tres casos, la idea aparece orientada en este sentido: los monstruos surgen cuando se abandona la razón, la ignorancia son esos monstruos que aparecen cuando duerme la razón... O sea, ¡justo lo contrario de lo que se pretende colocar en boca de Goya!... ¡el pobre!... Goya es un producto de la Ilustración y la filosofía del culto a la Razón que la inundaba. Cualquier juicio riguroso acerca de la frase y del autor y su circunstancia conduce a una conclusión opuesta a esa que pretenden certificar, por lo que su aproximación ha de hacerse con sumo cuidado.
    Seriamente no puedo permitirme a veces claudicar ante estas “imprecisiones”... ya estoy siendo deshonesto e incoherente... imprecisiones no: tergiversaciones, falacias, manipulaciones, miseria humana que consigue embaucar a tanta gente e involucrar a mis amigos y a mí mismo...
    La frase, amputada intencional y agresivamente, se la escuché por vez primera a Eduardo Galeano (esa cosa intelectual que necesita que las personas no hagan uso de la razón para poder venderles sus libros), durante un paseo turístico entre los “indignados del 15M” en Barcelona, en un video que anda por youtube como todo un homenaje al mismo Goya, al confirmar esta otra frase del genio pintor en el grabado 52: “La superstición hace adorar un tronco vestido al público ignorante.”

    Ambos Caprichos aquí: http://no-se-bien.blogspot.com/p/goya-los-caprichos.html
    Saludos.

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  20. Rubén, amigo, es que, aunque te parezca increíble, yo creo que eres tú el que te equivocas mucho cuando quieres dar a la razón el papel que le das. Lo siento, pero en mi modesta opinión estás en un error. Conocer no es razonar. El razonamiento es sólo una fase del conocimiento. Mira te pongo un ejemplo muy sencillo porque ahora no tengo mucho tiempo:
    Un cazador y un ciervo:
    1. El cazador desconoce por dónde pasará el ciervo que desea abatir, pero intuye que el ciervo pasará por determinado recodo y va a esperarlo (intuición)
    2. Imaginemos que el ciervo finalmente pasa por ahí (comprobación) pero no sólo lo hacer la primera vez, sino que lo hace todos los días, o sea, que se puede decir que el ciervo suele pasar por ese recodo. El cazador lo observa y lo memoriza (experiencia, entendimiento, memoria)
    3. Pero el cazador comienza a preguntarse por qué sucede esto a fin de establecer las relaciones causales que le permitirá esperar en el futuro a otros ciervos en recodos similares (razonamiento)
    Si confundes conocimiento con razón, te equivocas. Nada se puede conocer sólo razonándolo, porque antes que la razón operan siempre la intuición y el entendimiento, la imaginación y la memoria. En el fondo tu deseo de dar con la verdad absoluta te está “perdiendo”. Es eso lo que creo te pasa, que no te alcanza con dar con tu verdad, sino que quieres dar con la verdad. Y eso, amigo, tendrías que pactarlo con cada uno de los hombres que existe. La verdad es siempre un convenio pasajero. Y la razón natural, biológica, acompaña al hombre desde su nacimiento, como lo hacen su imaginación y su memoria; pero la razón razonada, amigo, es muy reciente, y se tiene en pie sólo desde convenios HUMANOS. Es el producto de una combinación de necesidades y de capacidades humanas muy vinculado a la ética.
    Entonces, creo que debes concentrarte en la verdad que necesitas, que afortunadamente no es la verdad que necesitamos todos. En tu viaje a lo absoluto no puedes ir más que contigo. Puede ser un viaje maravilloso y es natural que te guste compartirlo, pero tienes que entender que para muchos, aunque participemos de muchos convenios “útiles”, el hombre siga siendo la medida de todas las cosas, y la verdad una más de sus representaciones, o sea, de sus imágenes. Desde el relativismo amante, te abrazo absolutamente. Jorge

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  21. Hermano, contemplo con gozo no solo cómo el debate se ha tornado mucho más suculento, profundo y plural sino más intenso y, curiosamente, en medio de su complejidad, más diáfano y abierto. No me sorprende; lo raro sería que en estos tiempos de enormes sacudidas globales y convulsiones de toda índole, los temas que más nos inquietan o imantan se queden en la acalorada y fugaz retórica de la sobremesa. Me parece fascinante el vuelo y la belleza que ha alcanzado una controversia que si mal no recuerdo comenzó con el intercambio de comentarios a raíz de la aparición del broker de nombre Rastani en la BBC londinense, luego el contrapunto sobre las teorías de Milton Friedman y finalmente la muerte y el discurso de Steve Jobs. Las contribuciones de Osmandy y de Jorge al debate reforzando una u otra perspectiva, ampliando sus fronteras, o proponiendo otros enfoques me han resultado muy interesantes, acertadas en muchos de sus pasajes aunque discutibles en otros. Por cierto, después de rendirme ante los fabulosos versos de Jorge, su poética y penetrante disertación filosófica, me pregunto si, tanto el broker Rastani y el propio Milton Friedman, en su miopía serían capaces de entender que “habitamos la tierra no solo prosaicamente, sometidos a la utilidad y la funcionalidad, sino también poéticamente, llamados al asombro, al amor, al éxtasis”. (Edgar Morin). Me sigo preguntando (y te pregunto) si esa lógica pragmática y usurera del beneficio que irrumpe con su codicia y su rutina consumista cotidiana, no olvidó acaso la infinita red de misterios de la existencia que aún escapan a nuestra percepción o acaso abandonó definitivamente el lado poético, soñador y espiritual de la especie que somos.
    Desde luego no voy a refrendarme aquí en una crítica tautológica al capitalismo, pero lo cierto es que, me resulta sintomático como tras los comentarios de Rastani, las teorías de Milton y el discurso casi póstumo de Jobs, nuestros puntos de vista, en sus nudos y desencuentros, desembocan no casualmente en una polaridad (Amor VS Razón) que, si bien su rivalidad me parece ilusoria, ficticia, sin embargo son el reflejo o eco del intenso debate que ahora mismo ocupa y anima las sociedades en las que vivimos cuyas tensiones indican que, otra percepción del mundo y una realidad coherente con aquella están por emerger en la pulsión a un nuevo paradigma científico, de convivencia y de conciencia. Este nuevo paradigma que, de algún modo resuelve las viejas tensiones y dicotomías recurrentes en la historia intelectual occidental, cuestiona radicalmente la mirada, los fundamentos epistemológicos y la racionalidad que fundó la cultura en la que vivimos.
    Esa tensión que se agita en el vientre civilizatorio, que clama por cristalizar y viene derribando unas cuantas certidumbres y creencias, tiene que ver _ en mi opinión_ con lo que Fritoj Capra llama “crisis de percepción”.
    Para Capra, los principales problemas de nuestro tiempo global, esos que se amontonan a la vista de la sociedad tecno-industrial contemporánea (por más que pretenda sacar pecho en otro gesto de alarde etnocéntrico); desde los ecológicos, energéticos y medioambientales, hasta la violencia sistémica y sus convulsiones económicas, financieras, políticas, superpoblacional, las enfermedades, el hambre y la pobreza, son diferentes facetas de un mismo y único dilema: el equivoco en nuestra visión y concepción del mundo.
    Continua...Julio Fowler

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  22. En su libro “La trama de la vida” nos dice: “la mayoría de nosotros y, especialmente nuestras grandes instituciones sociales, subscriben los conceptos de una visión desfasada del mundo, una percepción de la realidad inadecuada para tratar con nuestro superpoblado y globalmente interconectado mundo…”El reconocimiento de la necesidad de un profundo cambio de percepción y pensamiento capaz de garantizar nuestra supervivencia, no ha alcanzado todavía a los responsables de las corporaciones ni a los administradores y profesores de nuestras grandes universidades”. Este libro recorre y revisa de manera crítica las momentos y tensiones más notables de la historia del pensamiento científico occidental y actualiza esa historia no solo para demostrarnos la interrelación e interdependencia de todos los fenómenos (psicológicos, biológicos, físicos, sociales y culturales) estudiados en su devenir sino para decirnos que en la emergencia del paradigma ecológico, en la espiritualidad y el enfoque ecocéntrico que involucran; la humanidad encuentra, además de una visión unificada del mundo, la posibilidad de edificar comunidades humanas sostenibles capaces de trascender el paradigma dualista, antropocéntrico, materialista, patriarcal y racional que ha regido en la ciencia y configurado de ese modo nuestras certidumbres y creencias más enquistadas.
    Curiosamente, la emergencia del paradigma unificado ecocéntrico no representa una simple y mecánica oposición al racionalismo antropocéntrico y patriarcal que caracteriza a la cultura occidental que vivimos, tampoco es uno de esos hallazgos inherentes a una cultura que “progresa” de acuerdo al modelo dialéctico; es sobre todo el reconocimiento de un legado tan ancestral como visible en la resistencia de aquellas comunidades indígenas y culturas originarias, tradiciones espirituales y místicas que aún conservan la sabiduría y la práctica de la comunión con la dinámica de la biosfera. Es por eso también un ejercicio de memoria, un regreso al Homo Sapiens no enajenado, un retorno a los fundamentos del Ser y al amor como energía que articula y acopla es decir, a nuestro origen más sagrado.
    La pérdida del vínculo pleno con la trama de la vida, la quiebra de la unidad originaria con la totalidad del ser cósmico, la rotura de un diálogo simbiótico con la matriz divina y su equilibrio energético que es lo que Humberto Maturana llama “pérdida de confianza en la coherencia del mundo natural o alejamiento del ser humano del mundo natural” (no a través de la técnica sino de la psiquis, del espíritu); creó la ilusión de separación entre hombre y naturaleza, reemplazó la noción de un universo orgánico , viviente y espiritual por la del mundo como máquina, imaginó el artificio de la materia sobre la conciencia, la preeminencia de lo material sobre lo espiritual, engendró el espejismo del tiempo lineal, descompuso el todo para diluirse en sus partes, desató la obsesión por la medición y la cuantificación en su delirio de objetividad, concibió un mundo en perpetua lucha y competencia, se autocoronó en la cúspide de la cadena evolutiva, se convirtió en contrario de sí mismo, sepultando la época del Yin (principio femenino en el Tao Te Ching), invisibilizando a la mujer, clausurando una cultura de comunidades agrícolas, vinculantes y cooperativas (que de manera brillante han investigado Marija Gimbutas y Rianne Eisler al documentar el tránsito del matrísmo al patriarcado), e inaugurando así la edad del Yan (principio masculino en el Tao Te Ching ), la época del Ego patriarcal: esa historia de dominación y control, de violencia y de lucha del hombre contra sí mismo que ya harto conocemos.
    Continuará...Julio Fowler

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  23. Albert Einstein es bien contundente respecto a esa fragmentación perceptual antropológica; dice: “El ser humano es parte del Todo (llamado por nosotros Universo a este rincón limitado en el espacio y el tiempo)…sin embargo, se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto, como una especie de ilusión óptica de su conciencia”.
    Aquel legado ancestral, aquellas tradiciones espirituales y místicas con las que converge hoy la ciencia del nuevo paradigma (es decir, la ciencia que declina estudiar procesos y fenómenos físicos mecánicos y aislados para comprenderse como parte de fenómenos y procesos conscientes y vivos), desafía persistente nuestra facultad de razonar al interrogarnos “¿cómo será vivir centrado en la conservación de la armonía con la naturaleza y en equilibrio con el universo en vez de vivir en la búsqueda de su control o dominación?, ¿cómo será vivir en la cooperación, en el placer de la convivencia y no en la competencia y la violencia institucionalizada?, ¿cómo será vivir sin buscar una justificación racional para dominar al otro porque uno no pretende ser dueño de la verdad? (Humberto Maturana).
    Continuará...Julio Fowler

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  24. Mauricio Abdalla en su brillante ensayo “Filosofía de las ciencias y el cambio de racionalidad: las perspectivas para el conocimiento científico en la contemporaneidad
    desmonta unos cuantos mitos racionalistas que no es más que la falacia y la demagogia que se ha instaurado en la ciencia moderna. Voy a citarlo íntegramente porque su reflexión no tiene desperdicio y merece la pena.
    Mauricio Abdalla se pregunta “¿por qué conceptos como amor, “solidaridad”, “cooperación” y “altruismo” no forman parte del vocabulario científico o, al menos, no son utilizados como conceptos claves en la explicación de la Naturaleza? ¿Por qué tales conceptos se enfrentan a una cierta resistencia incluso en las ciencias sociales?. Algunas de las respuestas más comunes a esta preguntas son: “porque no son conceptos racionales”; “porque se refieren a sentimientos y no son propiamente conceptos con carácter de objetividad”; “porque son principios subjetivos y están relacionados con una visión romántica, y no científica, de la Naturaleza y de los seres humanos”.
    Desde el nacimiento de la ciencia moderna, ha prevalecido el discurso de que todo lo que no estuviese relacionado con las características cuantitativas de los objetos o que no fuese directamente relacionado con la observación rigurosa de la Naturaleza debería ser excluido de la ciencia. Así, se creó la idea de un pensamiento puramente racional y objetivo, que se convirtió en la meta de todas las ciencias. Un pensamiento verdaderamente científico debería ser aséptico: la racionalidad y la objetividad sólo serían expresadas en un pensamiento libre de las contaminaciones de cualidades, principios subjetivos, sentimientos e ideologías y sólidamente basado sólo en la experiencia, en la razón objetiva y en el cálculo. Por ello, todas las ideas mencionadas arriba estaría, ipso facto, excluidas de la ciencia por no pertenecer al ámbito de la objetividad, del cálculo racional o de la experiencia.

    Podríamos, sin embargo, preguntar: si amor, solidaridad, cooperación y altruismo son solamente sentimientos y sirven sólo para una elaboración romántica y no científica sobre el mundo, ¿qué decir de los contrarios? Obviamente, el antónimo de un sentimiento no puede ser otra cosa que un sentimiento contrario. Por tanto, el opuesto de un sentimiento es también un sentimiento y, de esta forma, en el caso de que la historia del párrafo anterior fuese verdadera, la ciencia moderna debería rechazarlos tanto como rechaza los que cité en el inicio. Así, tendríamos que conceptos como odio, lucha individualista por la supervivencia, competición y egoísmo no deberían formar parte del vocabulario científico o, al menos, no deberían ser utilizados como conceptos claves en la explicación de la Naturaleza.
    continua...Julio Fowler

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  25. El problema es que entre el ideal de ciencia (principalmente el ideal positivista) y la ciencia real existe una gran diferencia y la historia de las ciencias siempre se resiste a cualquier tentativa de encuadrarlas en una concepción basada en una racionalidad aséptica, libre de preconceptos, principios subjetivos, ideas metafísicas o concepciones sociales. En verdad, las ideas de racionalidad “pura” y objetividad fueron los mayores mitos que acompañaron a la ciencia en los últimos tres siglos, sólo desafiados por los debates epistemológicos que, iniciados en la década de 1930, ganaron fuerza en la segunda mitad del siglo XX.Y, como todos los mitos, estos no tienen sus correlatos en el mundo real, aunque sirvan para guiar, confortar y, muchas veces, falsear el mundo subjetivo de los que en ellos confían.

    Si amor ha sido un concepto rechazado en las ciencias por ser sólo un sentimiento, su contrario, el odio, tiene un lugar garantizado en la galería científica de la sociología o de la politología desde que Thomas Hobbes estableció su idea de que el hombre es el “predador” (el lobo) para el hombre (homo homini lupus). Dado que el ser humano no es antropófago, la predación no está basada en la necesidad natural de alimentarse de la presa, sino en la disputa por los medios de subsistencia que conduce a la especie humana a un estado de bellum omnium contra omnes (guerra de todos contra todos). Eso genera un sentimiento de odio “natural” entre los humanos que los llevaría a su eliminación caso de que no hubiera un Estado para frenar esos sentimientos y distribuir los bienes. La existencia del Estado, en la visión hobbesiana, sería una consecuencia del principio del odio entre los humanos.

    Si solidaridad es considerada apenas un “slogan de ONG´s”, o un deseo de activistas políticos de izquierda, o incluso un sentimiento romántico, pero no realista – y por tanto, no científico -, ¿qué decir de la lucha por la supervivencia, que es exactamente su opuesto? La solidaridad es un sentimiento que vincula a las personas en un grupo en la busca de un fin común, donde cada uno se dispone a ayudar y apoyar al otro, aunque eso le cueste parte de sus ventajas individuales. La lucha por la supervivencia es un sentimiento que aísla a los individuos en la búsqueda de un fin individual (la propia supervivencia) y, en este caso, la derrota del otro es la meta a ser alcanzada y las ventajas de cada uno son capitalizadas para la victoria en la lucha. La lucha por la supervivencia fue elevada a concepto científico social con Thomas Malthus y coronada, también como principio de las ciencias naturales, con Charles Darwin.
    continua...Julio Fowler

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  26. La cooperación, a su vez, es constatada por la ciencia como un hecho en la Naturaleza y entre los humanos. Pero, dada su supuesta irracionalidad, no es tenida como principio –al contrario, para ser entendida, debe ser explicada como una estrategia dentro del juego “natural” de la competición (este sí, es tenido como racional y objetivo). Los científicos no se cansan de repetir que “la existencia de cooperación a gran escala entre humanos no emparentados es uno de los grandes enigmas de la biología” (ver Kurzban y Houser, 2005). Por tanto, la cooperación como hecho escondería, en verdad, una estrategia de competición o de acumulación de ventajas individuales. Herbert Spencer consagró el principio de competición en las ciencias sociales, proporcionándole un tratamiento conceptual “objetivo” a partir de su idea de “supervivencia del más apto” (survival of the fittest). Darwin, declarando seguir los pasos de Spencer (así como de Malthus), aplicó esta idea a la Naturaleza y, a partir de ahí, la competición dejó de ser una acción decidida por los humanos a partir de motivaciones subjetivas, como lo es la cooperación, para ser una ley de la Naturaleza. La cooperación sería apenas una forma disfrazada de concretar la competición natural. La cooperación sin intereses competitivos e individualistas pasó a ser un ideal romántico, inexistente e intangible. La competición se transformó en un principio científico.

    A partir de esa base conceptual, el altruismo se torna también apenas un ideal patético, restringido muchas veces al discurso religioso o a las apelaciones humanistas de personas ingenuas, aunque de buena fe. El verdadero principio científico objetivo, extraído de una supuesta “ley natural” con base en la experiencia rigurosa y en el cálculo, sería su opuesto, el egoísmo. Su primera expresión científica fue aportada por Adam Smith, al afirmar que es del egoísmo del “panadero, del carnicero y del cervecero” del que obtenemos nuestro yantar. En las ciencias naturales, el responsable de la transformación del egoísmo en concepto científico “objetivo y racional” fue Richard Dawkins, transformación acogida sin mayores críticas por el discurso oficial de la biología.Las consecuencias para la ciencia moderna de la transformación de esos sentimientos humanos característicos de un determinado modelo de sociedad en conceptos "científicos" los veremos en los próximos capítulos.
    continua...Julio Fowler

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  27. Como decía Jorge en su primera intervención, la fundamentación de un tema de esta envergadura o precisa de un tratado (casi nuestro caso) o sencillamente te lo ahorras asumiendo coherentemente las consecuencias de tus postulados. Por otra parte esta bitácora aunque íntima y amable es relativamente incómoda para abordarlo y uno corre el riego de irse a la deriva. De todas formas, para mí es un placer compartir ideas, puntos de vistas, opiniones, reflexiones con gente tan querida y admirada. Como ya le comenté a Ruben en un mensaje anterior, no vemos el mundo como es sino como somos, lo que hace que la ciencia cambie no son los cambios en la Naturaleza, sino los cambios en las verdades científicas, que son fruto de la forma en cómo vemos la Naturaleza, cómo la sentimos o cómo se manifiesta en nosotros (Percepción). Eso abre un campo de posibilidades cuánticas (según el principio de la incertidumbre de Heisemberg) puesto que, al no tener acceso a una "realidad objetiva", absoluta, trascendente, entonces inventarse realidades es una condición humana y una cuestión de elección; optar por su negación es entender que hay muchos dominios legítimos diferentes de realidad como tantos dominios de explicación puede el observador traer de la mano al explicar su experiencia inmediata o la praxis de su vivir; así emerge la legitimidad del otro y el respeto por el otro.
    Si sienten un interés particular por el ensayo de Mauricio Abdalla estaré encantado en enviarselos por correo; no obstante me gustaría dejarles unas últimas reflexiones en convergencia con el debate de la mano de Humberto Maturana cuya investigación contenida en libros como "El árbol del conocimiento", "Ontología del conversar", "Fundamentos olvidados de lo humano", "Desde la biología a la Psicología" ha subrayado mis intuiciones más profundas y guiado mi mirada hacia el patrimonio y el saber ancestral como espejo de autoreconocimiento y posibilidad autoemancipativa.
    continua...Julio Fowler

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  28. Dice Maturana:
    "Las conductas que forman el dominio de acciones que en la vida cotidiana connotamos cuando hablamos de AMOR son las que constituyen al otro como un legítimo otro en la convivencia y, como tales fundan lo social. La humanidad surge en la historia de primates bípedos a que pertenecemos, al agregarse el conversar a un modo de vivir en grupos pequeños que incluye la recolección, el compartir alimentos, la colaboración de los machos en la crianza de los pequeños, la caricia en un convivir sensual y la sexualidad frontal en un espacio de convivencia que solo puede constituirse y mantenerse en el AMOR. En otras palabras, los seres humanos en un sentido estricto surgimos del AMOR, porque el AMOR como emoción constituye el dominio de acciones de aceptación recíproca en el que pudo surgir y conservarse el conversar, agregándose como parte constitutiva del vivir que nos define al modo de vida de nuestros ancestros homínidos. De allí resulta que, como seres humanos somos adictos al AMOR, y dependemos, para la armonía biológica de nuestro vivir, de la cooperación y la sensualidad, no de la competencia y la lucha. Los seres humanos dependemos del AMOR y enfermamos cuando este nos es negado en cualquier momento de la vida. No hay duda de que la agresión, el odio, la confrontación y la competencia también se dan en el ámbito humano, pero no pueden haber dado origen a lo humano porque son emociones que SEPARAN y no dejan espacio de coexistencia para que surjan las coordinaciones de coordinaciones de acciones que constituye al lenguaje".

    Si es cierta _como creo_ la teoría de David M. Jinks (en su libro "El mono y el tetraedro") que une a la física cuántica con la poderosa energía del amor para establecer una comunión que abriría las puertas de la evolución humana y en el que asegura que el AMOR es un flujo completamente libre y sin restricciones de información que puede tomar la forma de palabras, pensamientos o pura energía; en un mundo donde la aceptación incondicional del amor fuera la regla, la energía en todas sus formas fluiría coherentemente, sin ningún tipo de resistencia. El amor, descrito de esta manera, sería el estado ideal para transmitir energía...Ya lo decía Lennon: !!All you need is love¡¡
    Les abrazo¡
    Julio Fowler

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  29. Julio, ante todo, te felicito por tu magnífica entrada… Me agrada que te haya gustado ese poema. Gracias por tus consideradas palabras. Bueno, siempre pensé que somos deudores de nuestras lecturas. Veo que sigues de cerca de varios pensadores contemporáneos. De nuevo te felicito. Yo no lo hago tanto como tú. Tu discurso (como tal ves el de Rubén y el mío) demanda otro marco, seguro. Pero es de agradecer que lo expongas aquí. Y te lo agradezco. Comparto casi todo lo que dices. Reservo mis dudas para lo que linda con la crítica contemporánea al eurocentrismo y se parapeta en Oriente para hacerlo. Puestos a ser radicales, confieso que identifico con Occidente sólo la herencia griega, quiero decir la griega-griega, no la helenista, o sea, sobre todo la combinación de las culturas pelasga y aquea, y, un poco menos, la doria. Para mí Alejandría y Pérgamo son realidades orientalizadas, y ni siquiera a Roma, tan ecléctica ella, la considero netamente occidental. Por supuesto que considero al judaísmo y al cristianismo religiones totalmente orientales (aquí no tengo duda alguna) y a Jesús un producto del sueño de Alejandro de unificar Oriente y Occidente en un mundo “global”. En una ocasión escribí: “Ah, Jesús, poema alejandrino”. Digo esto para que entiendas cuán comprometido estoy con el “núcleo duro” de Occidente. No tengo el más mínimo complejo de ser occidental y de buscar en mi despensa la solución a los problemas occidentales. ¿Qué gano con esto? Nada. Seguramente pierdo. Pero, sencillamente, no lo puedo evitar. Dicho esto te digo que, en mi modesta opinión, todo lo que anda buscando el pensamiento occidental contemporáneo en las afueras, por no decir en las antípodas de Occidente, lo podría encontrar mucho antes, y mucho más coherentemente, en su interior. Nosotros fuimos chamanes hasta hace muy poco. Nosotros no deveníamos en nuestro mundo titánico, mientras fuimos prehistóricos, mientras el tiempo discurría en círculos cerrados ajeno al devenir. Nosotros fuimos magos y también vivimos en un mundo donde todo era sujeto, donde el numen podía manifestarse tranquilamente en el ondular de una espiga de trigo. Nosotros experimentamos la inmanencia en nuestra religión. Fuimos ajenos a la trascendencia hasta hace relativamente poco tiempo. Nada de eso nos es ajeno. ¿Para qué ir a buscarlo a Oriente? Nunca supe responder esta pregunta. El hombre occidental, cuando entró en la historia necesitó sustituir el universo titánico por el divino, y lo hizo. Luego necesitó sustituir el pensamiento mítico por el abstracto, y lo hizo. También necesitó sustituir el pensamiento relativo por el absoluto, y lo hizo… ¿Nos equivocamos? A “toro pasado” es muy fácil decir que sí. Pero lo cierto es que una respuesta compleja a esa pregunta la encontraremos antes en Occidente que en Oriente... (continúa)

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  30. Yo creo que pensar una regresión a un mundo de sujetos, donde la inmanencia sea el eje de la fe, es una utopía. Y creo también que la utopía, concepto totalmente vinculado al devenir histórico, es completamente ajena a un mundo chamánico, a-histórico o prehistórico, donde el devenir no existe, donde el tiempo no ha desarrollado aún sus espirales o sus líneas infinitas. Mira, sobre esto escribí hace poco a un amigo: “…¿puede el hombre, conciente y curioso por naturaleza, detenerse y contenerse en un estadio donde sujeto-cognoscente y objeto-conocido se relacionen de igual a igual? Tal vez, pero para un hombre histórico, post-Narciso, esto es sólo posible desde convenios racionales, mientras que para un animista prehistórico pudiera ocurrir de forma natural. El hombre que no deviene en un tiempo histórico, no tendrá problemas para ser en un medio “romo” donde los objetos se animan hasta convertirse en sujetos, y los sujetos se aquietan hasta convertirse en objetos. Porque todo indica, amigo, que un mundo se sujetos tiene que ser también, por fuerza, y en alguna medida, un mundo de objetos, o de seudo-sujetos no plenamente concientes de su diferenciada subjetividad. ¿O es que podemos los sujetos de toda la vida igualarnos a los objetos de toda la vida, sólo por arriba, sin el peligro de hacerlo también por abajo?
    Esto de la nueva osmosis sujeto-objeto para el hombre histórico, que ya superó esa fase, y que busca afanosamente el conocimiento de sí mismo y de su perimundo, es un imposible, digo, si no se conviene desde la razón. ¿Tiene sentido convenirlo desde la razón? Ah…”
    ¿Qué quiero decir? Pues que si queremos ser serios (perdóname ahora la gravedad) para revisar algunos errores que hemos cometido en Occidente; primero: debemos buscar las soluciones en Occidente; y, segundo: no debemos barrer todo lo hecho. No podemos cuestionar del todo a la razón y querer operarnos una catarata a la vez. No podemos ser utópicos y ansiar un mundo inmanente, chamánico.
    Hecho este paréntesis, que me importa mucho, insisto en que coincido contigo en casi todo. A ver cuándo podemos conocernos personalmente. Si Ruben pone la guitarra, yo pongo el ron. Abrazos. Jorge

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  31. Jorge, entiendo que no hayas comprendido del todo mi certeza de que nuestra salida del atolladero en que vivimos es posible a través de lo que identifico con el legado ancestral, certeza que no está relacionada con tu interpretación del “regreso” ni con tu entendimiento discutible de lo chamánico y las tradiciones místicas, sino con lo que relaciono con una re-conexión de la percepción. Tal vez no he sabido explicar lo suficientemente bien el paradigma de la unidad o esa perdida de la dinámica simbiótico /poietica con la totalidad del hombre moderno, como me gusta llamarla; no obstante las interrogantes que formulé siguiendo a Maturana son claras en ese sentido y las repito:“¿cómo será vivir centrado en la conservación de la armonía con la naturaleza y en equilibrio con el universo en vez de vivir en la búsqueda de su control o dominación?, ¿cómo será vivir en la cooperación, en el placer de la convivencia y no en la competencia y la violencia institucionalizada?, ¿cómo será vivir sin buscar una justificación racional para dominar al otro porque uno no pretende ser dueño de la verdad?.
    Para mí “regresar” y “reconectar” aunque con un parentesco semántico común, son dos cosas distintas e implican procesos, dinámicas y compromisos de vida distintos. Como expliqué, las diversas crisis que vivimos yo las entiendo con Capra como una desconexión de la percepción con su fuente y esta problemática es decir, la pérdida del vínculo, del lenguaje que nos conecta a la naturaleza como parte de su urdimbre y su totalidad no es una cuestión que atañe a una cultura u otra en particular (Occidente / Oriente) sino sobre todo al individuo, a la condición humana, porque, entre otras muchas cosas, entraña el júbilo del encuentro desalienado consigo mismo y, en consecuencia su despertar definitivo, la liberación de su extraordinario potencial subjetivo.
    Esa tensión emergente a la unidad cósmica (que trasciende la ilusión cartesiana: res cogitans), a la convergencia con un mundo de revelaciones cuánticas que “une al que mira con aquello que mira” (como dice Octavio Paz en su prólogo a “Las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castaneda”), que postula que no existe nada “físico” ni separado en el universo porque eso que llamamos universo es una red holofractal, inteligente e infinita y nosotros los humanos somos consciencia alineada a esta red, energía que fluye y participa en simbiosis con ese universo; que nos dice que la única realidad que conocemos son nuestras elaboraciones cerebrales, que nos dice que tú y yo y todo lo que existe somos parte de la misma partícula que ha creado todo el universo al que seguimos energéticamente conectados, que nos dice que “lo que acaece a la tierra, acaece a los hijos e hijas de la Tierra” (como dijo Ted Perry inspirado en el gran Jefe indio Seattle), que nos dice que compartimos el mismo destino que los árboles; nos está diciendo en su lenguaje (el lenguaje científico) todo lo que nuestros ancestros y las antiguas tradiciones místicas, mágicas, chamánicas nos decían (y nos dicen) en el suyo como bien plantea Gregg Braden en su documental “La Ciencia de los milagros”.
    continua...Julio Fowler

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  32. Créeme que entiendo el estupor y la frustración que puede causar al hombre ilustrado en los convenios racionales, en una visión lineal del tiempo y en un marco tridimensional de conciencia que a estas alturas le digan que el desenlace al que ha llegado la investigación científica _sobre todo a partir de la revolución cuántica_ es el mismo resultado que la Magia.

    No obstante, si se tratara o lo asumiéramos en efecto como un REGRESO; tampoco sería una utopía puesto que, el mundo que habitamos registra una formidable variedad de formas y modos de vida alternos al modelo eurocéntrico y globalizado, comunidades y culturas diversas que viven según ese legado unificado de enseñanzas sagradas y la sabiduría de sus ancestros (los Zoe en el Amazonas, los Tuaregs en el desierto, los indios Hopi en América, o los Senoi en Malasia por solo citar algunos) y que viven fuera de ese reducido marco temporo-espacial que llamamos HISTORIA. Estas comunidades periféricas que se resisten, subsisten y perduran ajenas al paradigma civilizador europeo no son utopías, son realidades en cuyo corazón se conservan los relatos y las cosmogonías de pueblos que aprendieron a vivir en consonancia con muchos de los saberes que hemos olvidado.

    De todas formas, yo tampoco entendía ese apego “testarudo” de esos pueblos a su legado (un legado, una memoria es más que un pasado) hasta que comencé a desintoxicar mi subconsciente de todos esos programas y creencias materialistas, racionalistas, positivistas y patriarcales que configuraron mi percepción y me hacían cautivo de la realidad como una colección de cosas y objetos externos e inconexos y no como una red cuántica holofractal e hiperdimensional, como un flujo infinito y constante del que yo (y mi especie) no somos más que una hebra de esa trama.

    Conocer, adentrarme, indagar en ese legado nouménico y no fenoménico, en ese orden implicado y no explicado, lejos del escenario espacio-temporal tridimensional justo de la mano de la nueva ciencia ha sido y sigue siendo una aventura intelectual extraordinaria que, curiosamente refuerza el ser místico y poético que me habita. Espero en los próximos años deje de ser solamente una experiencia intelectual para convertirse en una vivencia si no histórica, fuera del modelo de historia de esta matrix.
    Acepto y me apunto gustoso a tu invitación guitarra, versos y ron de por medio. Será un placer conocerte y compartir con Rubencito.
    Un abrazo
    Julio Fowler

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  33. Julio, te comprendo muy bien. Comprendo la esencia de tu pensamiento, y me parece una respuesta lógica a la realidad que vivimos. De veras que te entiendo. Todo parece indicar que huimos. Y lo hacemos o hacia “delante” o hacia “atrás”. Hacia delante queda el transhumanismo y la vida en otros planetas, o, quién sabe, si en asentamientos maquinales ajenos a toda gravedad. Hacia “atrás” queda un contexto físico-ambiental improbable y un tiempo ajeno al devenir, a la historia. Bueno, en ninguna de las dos huidas cabemos todos. Ni allí “delante”, ni allí “atrás” hay espacio para quienes y cuantos somos. Para huir hacia “delante”, tendremos que reducirnos a un pequeño grupo de máquinas con inteligencia artificial, tendremos que trascendernos como especie, “rediseñarnos”. Para ir hacia “atrás” tendremos que reducirnos a un pequeño grupo de hombres que, desmovilizados de la historia y descivilizados, sea capaz de habitar los reductos de plantea fértil que queden para entonces… Si me obligan a escoger un mañana para mis bisnietos, yo, sin poder consultarlos, escogería sin dudas que fueran pigmeos o guaraníes antes que robots; pero ¿no habrá una tercera vía? ¿No habrá una vía en la que podamos seguir siendo todos y quienes somos? ¿Realmente no tenemos en nosotros: hombres occidentales, reconocidos sujetos, memoriosos, civilizados, trascendentes, históricos, la posibilidad de resolver esos problemas que tan bien refieres, sin rediseñarnos o deconstruirnos? Bueno, pareciera que no. Pero yo me resisto a aceptarlo mansamente. Para llegar a robot o a guaraní, tendríamos por delante un largo y temible viaje, porque no sólo deberíamos deshacernos de la piel como el ofidio, sino de la identidad toda. Y además, sabes qué pasa, pues que siendo realistas y conociéndonos, tendríamos que asumir que, aunque tengamos mucho más cerca al guaraní que al robot, iremos corriendo detrás del robot. Así de simples y de torpes somos. Al guaraní ya lo conocimos hace tres o cuatro mil años, ya lo trascendimos para bien y para mal. Al robot aún lo desconocemos, no lo hemos alcanzado. La curiosidad nos matará… Entonces no se trata (sólo) de gustos u opciones personales (válidas todas), sino de encontrar un camino realmente viable para evitar nuestro fatal desembarco en la inteligencia artificial, en lo robótico. Supongo que tú no te sitúes en un escenario tan polarizado y extremo como el que describo aquí. Mas yo veo peligros muy serios en ambas huidas, y contesto todo lo que linde con ellas. Insisto, te entiendo perfectamente, y comparto de la “a” a la “z” la crítica que haces a la situación actual. Sólo creo que la solución más adecuada, y también más creíble, la tenemos que buscar en nosotros, no huyendo de nosotros.
    Para poner a la razón en su sitio frente al amor, por ejemplo, que es lo que dio comienzo a este debate, no hace falta más que ser amantes razonables, que es lo que creo que somos, y evitar ser razonables amantes. Para intentar resolver los enormes problemas que nos hemos creado deviniendo en la historia también debíamos ser amantes razonables… pero cultos. Más que la historia, nos anula nuestra incapacidad para intuirla, entenderla y razonarla, o sea, para conocerla. Y, amigo, en un arranque de lucidez sólo reservado para genios, dijo Lezama: “La imagen es la causa secreta de la historia”. Yo creo que la imagen es la causa secreta de todo. Las huidas que refería antes son ambas poderosas imágenes. Cuidado con las imágenes que, como dijo el maestro, tienen vocación histórica. A ver cuándo podemos conocernos. Un abrazo. Jorge

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  34. Jorge, somos nosotros mismos el principio y el fin de toda huída, de todo conocer, de toda imagen, de todo encuentro. "Lo que es arriba es abajo, lo que es afuera es adentro" reza un ancestral proverbio que nos sugiere que todo lo que existe es una y la misma cosa. Pasado y futuro son ficciones de una razón enajenada que pretende reducir la vastedad del espacio-tiempo a un calendario. "Nosotros tenemos el reloj, no el tiempo", le escuche decir sabiamente a un pastor Tuareg. Solo existe el ahora en su eterno fluir.
    No siempre andamos huyendo, no siempre andamos deseando quitarnos un peso de encima, también amamos el viaje, anhelamos la aventura, también nos inspira iluminar alguna esquina oscura del universo y si nos extraviamos, como parte de la cuota de riesgo que implica, quiero pensar que ha sido para aprender una lección. Viajemos o escapemos, por amor o por miedo, será para volver a nosotros mismos de lo contrario, la imagen no tendría ningún sentido.
    UN fuerte abrazo
    Julio Fowler

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  35. Muchachos, ¡ni se les ocurra pensar (perdón: intuir y percibir) que han conseguido escapar a mi lucha por "hacerlos entrar en razón"! 
     He estado unos días  con "los pies en la tierra", haciendo cosas tan mundanas como tratar de ganar el pan con mi propio sudor... ¡Horrible! Pero he conseguido estar a la altura y una semana mas podremos comer en casa.  Me doy perfecta cuenta de lo vulgar que resulta ponerse a masticar unas masitas de puerco con tamales en medio de un debate de tan altos vuelos, pero alguno de los tres ha de ocuparse de la parte orgánica de su cuerpo. 
    He seguido el diálogo y confieso que me siento muy agradecido por el tiempo que han dedicado a exponer sus puntos de vista en mi blog.     El tema es denso y provocador.  Y no pierde interés por el hecho de que yo considere que los dos están adorablemente equivocados. 
    El desacertado "razonamiento" de Jorge acerca de cómo funciona el sistema de razonamiento,  y la rendición  final de Julio ante la evidencia de que el hombre es el "principio y el fin" ¿de todo? constituyen nuevos resortes para la reflexión a los que no me resisto, aunque lo avanzado de la hora y un insolente dolor de ciática me obligan a posponer tal propósito.
    Por cierto ¿hay "VapoRub"  en esos mundos posibles? :)
    Abrazos. 

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  36. Ya te echaba de menos Rubén jaja...El debate puede ser interminable si lo vemos desde la perspectiva de que "todos estamos equivocados". Esa afirmación implica equivocarse también. Yo no lo considero así, para mí cada perspectiva es legítima pues la "verdad" si es que existe, es la que salimos a buscar todos juntos puesto que uno no percibe la totalidad y mucho menos en esta cultura. De todas formas quería concluir mi perspectiva añadiendo que, volver a la unidad es volver al amor, volver al amor es volver al encuentro con uno mismo. Volver al encuentro con uno mismo, a su dinámica psico-social yin / yan, es volver a la totalidad. NO se trata ni de una huída ni de una elección entre dos polos ficticios y opuestos del tiempo, sino a una cura de la percepción, a una cura del alma.
    Les abrazo con todo cariño
    JULIO FOWLER

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  37. Julio, yo también creo que somos el principio y el fin de toda huida, y, sin signos de interrogación, de todo. Realmente no creo que en el viaje del pensamiento universal haya un arribo más lúcido que aquel de Protágoras cuando dijo que "el hombre es la medida de todas las cosas". Terrible y temible hallazgo que hemos querido (y necesitado) derribar a golpe de pragmatismo y de ética. Porque para que el hombre tuviera interés en conveniar alguna “verdad”, debía situarse la posibilidad de lo verdadero fuera de él, en el reino de lo otro-cognoscible, o incluso de lo otro-incognoscible. Si no hubiera sido así, fuéramos realmente otros hombres, mejores o peores, no lo sé, pero otros, cuando menos, mucho más antisociales de lo que a veces ya somos. Entonces, todos los días creamos y/o recreamos imágenes para combatir el agujero negro implícito en el hallazgo del genio de Abdera. La ciencia misma, esa que ahora nos permite (no sé si para bien o para mal) hablar de estas cosas sin un café por medio, no tendría ningún sentido en un escenario radicalmente relativista. Hasta a los que somos relativistas, suele asustarnos el relativismo integrista… Pero, si realmente somos la medida de todas las cosas, si realmente TODO es lo que nos atañe, lo que somos capaces de conocer, de percibir por vías sensoriales o suprasensoriales, y TODO es medido en nosotros y por nosotros, entonces, sin lugar a duda, TODO es imagen, o sea, NADA más allá fuera de nosotros mismos. Y, en estas circunstancias, pésele a quien le pese, tenemos el reloj y también el tiempo. No es un ejercicio de prepotencia, sino todo lo contrario. Es la comprobación de lo grosero-pequeño de nuestro universo cognoscitivo, de esa grosería endógena de la “realidad” que combatimos a diario con nuestra capacidad de imaginar.
    Hemos imaginado, incluso, hasta llegar primero a la divinidad inmanente y después hasta la divinidad trascendente. Todo por combatir la escueta grosería a que nos vemos abocados si paramos un instante la máquina de imaginar que somos. Algunos siempre han intentado aguarnos la fiesta. Ya ves, el mismo Protágoras con su lapidaria sentencia. O Epicuro, que decía que los dioses tal vez no existieran, pero que si existían no se ocupaban de nosotros para nada: “Los dioses no nos vigilan, no nos incumben”. Y hasta algún cristiano como Ángel Silesio, por ejemplo, que dijo: “Yo sé que sin mí Dios no puede existir ni un instante”... En fin, ¿Hay algún camino que conduzca a algo? ¿Podemos escapar del escepticismo siendo “razonables”? Sí, si somos capaces de imaginarlo. La imagen nos viene salvando de ser lo que éramos antes de ser capaces de ella. Nos viene salvando también de nuestro apetente “yo-razonable”. Pero también nos puede llevar por caminos muy peligrosos. Por eso puede resultar de cierta gravedad, como ha sucedido tantas veces, colocar una imagen poco afortunada en el motor de la convivencia social. Eso quise decir al final de mi entrada anterior. Una huida hacia “lo otro”, esté delante o detrás, es una imagen poderosísima. No estaría mal anteponerle un poco de razón y de memoria (cultura) para atemperarla. Te abrazo. Jorge

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  38. Rubén, sé que (afortunadamente, porque lo otro sería más aburrido y estéril) no estás de acuerdo con lo que digo. Te honra especialmente que siendo así, des tu espacio a este tipo de debates en los que todos nos obligamos a un ejercicio tremendo de síntesis y temeridad. Aprecio mucho tus ideas, amigo, porque, aunque estén muy alejadas de las mías, siempre me hacen pensar (ya sabes, los que todavía creemos en la dialéctica, sabemos que tus ideas sin las mías no tendrían sentido y viceversa) pero sobre todo te creo, porque eres una gran persona y siempre resultas creíble. Sé que dices lo que piensas y que lo sustentas en un loable esfuerzo por conocer y mejorar que te ha llevado a la lectura. Lo que resulta innecesario es que trates de “hacernos entrar en razón”. Eso no hace falta. Pero además, supone que no somos razonantes. Y eso tal vez sea mucho suponer. Nuestras capacidades de amar, imaginar, razonar, etc, deben quedar fuera de dudas en un debate como éste para que sea más útil para todos. Que tú intentes hacernos entrar en tu forma de razonar es totalmente comprensible porque tú nos quieres y quieres que compartamos aquello que consideras provechoso; pero no que nos quieras “hacer entrar en razón” porque para bien y para mal ya entramos en ella desde que embarcamos en la especie, no lo hemos podido (ni querido) evitar.
    Yo, que creo conocer perfectamente el ADN de tu pensamiento, también en este punto que concierne a la fascinación por la razón; y que, como ya dije, considero tu entrada inicial buenísima por generosa, ambiciosa y bien planteada, lo único que temo es que te alejes demasiado de ti para, al final, encontrarte a ti mismo; y que esto te resulte frustrante. Porque yo también te quiero mucho y sé que tú eres, sobre todo, un gran artista. Y un gran artista, hermano, debe alejarse de sí cada día, pero no para meterse en un laboratorio razonable a formular ecuaciones invariantes, sino para meterse en un laboratorio imaginativo a perseguir las variantes de las ecuaciones. Lo otro ya lo hacen los políticos, los teólogos, los matemáticos, los físicos y hasta los metafísicos. Y cuando lo hacen bien, se lo agradecemos mucho. Pero también (y especialmente) necesitamos a los artistas que, aún armados con toda la razón posible, pongan una imagen resolutiva allí donde la razón jamás podrá llegar a resolver nada. Como diría Lezama: “Allí, en la más intocable lejanía, donde los pitagóricos colocaron un alma a las estrellas”. Pero sobre todo, digo yo: “Allí, en la más abrumadora cercanía, donde los jonios colocaron raíces a la tierra”. Sí, hermano, en el Hades, en el mismísimo infierno estamos esperando tus canciones… siempre. Acaso para dar fe, precisamente, de que una vez más hemos vencido. Hemos sido capaces de engañarnos hasta la verdad humana, la única posible. Porque, como ya te recordé hace unos días: “El río de la verdad va por ríos de mentiras”. Te abrazo. Jorge

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  39. En la cita final, que es de Tagore, debió decir: "El río de la verdad va por cauces de mentiras"

    Abrazos para todos.

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  40. Ruben, hermano, subscribo 100 por 100 el comentario anterior de Jorge y no creo que deba añadirle poco más. Cuando debatíamos al interior de los emails que generaron este debate público, te comentaba _siguiendo mi comprensión de las revelaciones de la física cuántica y lo que el principio de la incertidumbre de Heisemberg postula al conocimiento de la "realidad"_ que, al ser nuestro universo un infinito campo de posibilidades, entonces (y esto lo comenté en mi primera entrada), "hay muchos dominios legítimos diferentes de realidad como tantos dominios de explicación puede el observador traer de la mano al explicar su experiencia inmediata o la praxis de su vivir; así emerge la legitimidad del otro y el respeto por el otro".
    La física cuántica canceló toda investigación positivista (newtoniana, cartesiana) porque descubrió que todo lo que le llamamos materia, repito, es una ilusión de la percepción, la elaboración de un cerebro que no "piensa" por sí mismo (teoría no local de la conciencia) sino en conexión con lo que Gregg Braden llama "la matríz divina". Es por eso que, la física, hoy por hoy es una metafísica, una teoría de campo unificado que invetiga la conciencia, su diversa e infinita red holofractal según los planos, capas, dimesiones espacio-temporales en que se manifiesta...Cómo en una de tus intervenciones arriba me preguntas sobre esta cuestión, te dejo debajo algunos enlaces a entrevistas, articulos, que, aunque más bien ligeros e introductorios te pueden acercar a esta inquietante perspectiva...
    Por último, no sé si recuerdas en la Matanzas de finales de los 80 y principios de los 90 que mi primer libro de versos "Los esplendores" describía y relataba mi fascinación por la cultura Maya. Entre las muchas cosas que me inquietaron de aquella cultura (a la que el arrogante cánon occidental consideraba "arcaica", primitiva y superada), fue su capacidad para observar el tiempo más allá del sistema solar, su capacidad para medir los ciclos de la galaxia alrededor de Alción, el sol central cuando apenas la Tierra estaba cartografiada como lo está hoy. Cuando hoy la ciencia comienza a desplegar su poderosa colección tecnológica para observar el espacio y lo que ocurre más allá de nuestras narices, aquella civilización hizo un alarde de expansión de la percepción realizando cálculos cósmicos y profecías de una exactitud sorprendente. ¿Cómo es posible si se trata de una cultura arcaica?. Este hecho, al menos a mí, no solo me despierta la más gorda de las sospechas, también me exíge las más "temerarias" preguntas.
    Espero te recuperes pronto y podamos encontrarnos. Les abrazo

    http://biancaatwell.wordpress.com/2010/08/20/amit-goswami-evolucion-creativa/

    http://biancaatwell.wordpress.com/2010/07/20/inteligencia-colectiva-suma-de-las-decisiones-individuales/

    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/gesta/advenimiento/nueva/especie/humana/elpepisoc/19820610elpepisoc_4/Tes
    Julio Fowler

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  41. Julio, resulta curioso todo el ruido creado (que citas y con el que coinciden muchas tendencias contemporáneas) alrededor de lo que resumes en esta frase: "tú y yo y todo lo que existe somos parte de la misma partícula que ha creado todo el universo al que seguimos energéticamente conectados". Curioso y llamativo porque la única evidencia que, tras miles de años de vida en la tierra, tiene el hombre es precisamente esa: existimos en "Unidad Cósmica", en un “Todo Unificado", o como quieran llamarle.
    Todo ejercicio riguroso de la razón conduce exactamente a ese punto. No puede ser de otra forma. Aunque, esgrimiendo la razón, muchos, demasiados diría yo, han cometido el sacrilegio de hacer creer al mundo que Razón es negar la evidencia, alejarse del ejercicio honesto y excitante de adentrarse en la verdad y reconocerla y dar a ello el mejor uso posible. Decir al hombre: “tu razón no te sirve”, es decirle: “¡estás muerto!” En la medida en que el hombre deja de usar la razón deja de ser hombre. La subjetividad, la Imagen y las emociones, cuando están supeditadas unas a otras, sólo consiguen poner velos a la realidad, alterar nuestra percepción de ella.
    Y puesto a hacer alusiones: no digo que Kant fuera totalmente incapaz de titularse en alguna ingeniería, pero dudo seriamente que se atreviera a ejercerla jamás: nunca hubiera podido estar seguro de nada.
    Citas: "Hay muchos dominios legítimos diferentes de realidad como tantos dominios de explicación puede el observador traer de la mano al explicar su experiencia inmediata o la praxis de su vivir; así emerge la legitimidad del otro y el respeto por el otro".
    Eso, Julio, podemos consensuarlo exclusivamente en el campo de las opiniones, los comportamientos y las percepciones menos saludables que arrastra el hombre. Más allá de la lectura que puede hacer cada "observador" acerca de la realidad, está la realidad misma. Esa lectura puede ser "legítima" e incluso "respetable" como dices que propone Heisemberg (en el terreno de la cortesía apenas, opino yo) pero NO es la Realidad (permítanme la mayúscula). La realidad es que cada cosa es lo que ES. A=A. Ley de la no contradicción: una cosa no puede ser ella misma y lo contrario en un mismo tiempo y en el mismo sentido. Por mucho que dos o más personas (incluso una misma) puedan ver o percibir cosas diferentes ante un mismo hecho eso no cambia el hecho en sí. Esas “realidades” personales no son tales: son la Imagen (que propone Jorge), en cada uno, de La Realidad.
    Para aproximarme a esa lectura (precisamente) que anuncia que la realidad está fuera del alcance del hombre ("todo lo que llamamos materia es una ilusión de la percepción, la elaboración de un cerebro que no "piensa" por sí mismo (teoría no local de la conciencia) sino en conexión con lo que Gregg Braden llama "la matriz divina"), tendría que partir de una contradicción: debería ser real ese dualismo que, denuncian, “ha marcado el comportamiento del hombre durante los últimos siglos”. Y ese dualismo no es más que la sanción a favor de aquellos que yo señalo y que consiguen falsear el verdadero sentido de la razón.
    Toda lectura errada de la Realidad nos puede costar la vida. Y la vida es todo lo que tenemos mientras la tenemos. En el mejor de los casos, una lectura inapropiada de la realidad se traduce en una vida de incertidumbres, de inapetencias, de falta de entendimiento entre los hombres, de búsqueda de un sentido que no aparece, de alejamiento del Amor, de incapacidad para ser felices... ¿Les suena todo eso?
    continúa...

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  42. Y ejemplifico con "Imágenes" simples (en coherencia con el modo en que, como seguro habrán notado, he decidido exponer mis criterios):
    1- Sin la lectura apropiada, estrictamente correcta acerca de los espacios, las distancias, las dureza o blandura de los elementos necesarios y millones de detalles más que nuestro querido amigo arquitecto ¡Jorge Tamargo, precisamente! conoce sobradamente, no sería posible al hombre construir un simple Puente. Esa es una respuesta de la mente humana a un problema de la Realidad que se le presenta al hombre en su identidad animal, material, física, por su necesidad de atravesar ríos, montañas, ciudades.
    2- Sin la lectura correcta acerca de la capacidad absoluta de nuestra mente para conocer la Realidad, el hombre no se atrevería a construir Puentes, por temor a un derrumbe con el hombre encima y ... ay... muerte... Así de simple.

    La lectura correcta es que el Hombre SÍ puede y conoce la realidad. Y la transforma. Ya lo dije en mi entrada: “¡Estamos volando, amigo, volando! Y navegando por el mar. Y conquistando el polo y la selva y el ecuador. Y la luna y el cosmos. Y cada aparatito que tan común hoy día nos parece, desde un helicóptero hasta un mando a distancia o una guitarra eléctrica no es un milagro divino ni de la naturaleza ni es magia o esoterismo: es obra de la Razón del Hombre, creación suya... nuestra.”
    Si “la cosa en sí” no coincide con nuestros criterios y percepción de ella, pues lo está disimulando bastante bien.
    ¿Qué estamos en pañales aun? Por supuesto. Y tanto que de nosotros mismos no conocemos siquiera todas las herramientas que poseemos para maximizar el acto de “conocer”.
    ¿Que nos hemos alejado del Amor? Por supuesto. ¿Cómo no nos vamos a alejar si hemos renunciado a usar el motor-corazón del Amor: nuestra mente maravillosa y noble? Tan maravillosa y noble que ha sido capaz de unificar y concentrar en una sola actitud sublime todos los mejores impulsos de nuestras percepciones para darse la mayor felicidad posible: el Amor.
    La confusión en los conceptos obstruye toda posibilidad de ver con transparencia contradicciones tan evidentes como esta: si somos un “Todo Unificado” ¿qué diablos hace el hombre buscando, por ejemplo, el Amor fuera de sí mismo? ¿Somos o no Unidad?
    Defender la razón, la mente, nuestra única herramienta de conocimiento, es defender la unidad y el Todo Integrado.
    Una idea de Dios como entidad exterior, superior y ajena y a quien sólo en espíritu puede el hombre contactar, es una causa bastante más plausible de ese dualismo que intentan atribuir a los dominios de la razón. Las religiones habrían contribuido de manera especial en la prosperidad de esa visión dualista.
    Y también en el mismo sentido y con la misma intensidad y efectividad las Ideologías, sobre todo las que aislan al hombre de la razón y lo convierten en una manada irracional, igualitaria, colectiva, que integra al hombre en el acto suicida del pensamiento único y la anulación de la reflexión personal y el criterio individual. La sociedad, el bien común y el futuro como entidad exterior, superior y ajena, con quien sólo en Utopía puede el hombre contactar.

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  43. Jorge, para nada estoy en desacuerdo contigo. Al contrario, tu idea de la Imagen en general me es muy cara. Y coincido contigo en esa dimensión del hombre que defiendes.
    La divergencia viene de tu razonamiento de que la razón es posterior a la Imagen y al conocimiento y, bueno a "la capacidad de imaginar realidades que “nunca existieron", "entender", "intuir,... crear y procesar las imágenes" y crear "realidades humanas suprasensibles"...
    Todos esos procesos que describes como previos al uso de la razón son consecuencia de ello. La razón es precisamente quien propicia esa representación de imágenes. Si no usas la razón no “ves” la Imagen.
    Recuerda que estás tratando con Conceptos. "Imagen" es un concepto y sólo puedes identificar esa Imagen y todos los demás conceptos después que razonas.
    Y eso mismo no puedes hacerlo hasta que aprendes a razonar, pues, cuando naces “no sabes razonar”: tienes que aprenderlo de otros hombres.
    Al hombre le está vedada toda forma de conocimiento que se salga de su facultad racional. Encima, esa facultad no es automática: tiene que elegir ejercerla constantemente si quiere sobrevivir. Incluso si quiere no sobrevivir: hasta para suicidarse y morir tiene que elegirlo el hombre mediante un acto de razonamiento.
    Quien no aprende a razonar, en caso de que sobreviva, no va más allá de ser un animal. Y los animales no tienen, es decir, no perciben "Imagen". Supongo que tú llamarías "Imagen" a lo que piensas que ellos tengan, pero ellos tienen "Nada". Sólo nosotros tenemos “razón” desde la que elaboramos conceptos.
    Para que tu "cazador" desee "abatir al ciervo", previamente
    1- ha tenido que identificar que tiene hambre (el hambre es una sensación y el hombre, cuando nace, no sabe lo que es eso; no sabe al nacer que tiene que alimentarse para vivir: tiene que aprenderlo)
    2- ha tenido que aprender cómo se soluciona el problema del hambre (le han enseñado a comer y mientras crecía y usaba la razón iba conociendo cómo alimentarse)
    3- ha tenido que aprender qué alimentos eran buenos y cuáles no (cuáles animales eran peligrosos y cuáles factibles de ser cazados.. etc)
    4- ha aprendido a cazar a los más convenientes para él, a los que mejor le sirven de alimento...
    5- ha aprendido cómo capturarlos, qué costumbres tienen, "por qué recodo pasan"...
    Creo que ya te va siendo más fácil entender mi “lógica primitiva”: cuando tu cazador va a esperar al ciervo, ha elegido previamente, mediante un ejercicio de razón inherente a su condición de hombre, que va a cazar un ciervo, que por lo general se mueven los ciervos en tales y tales sitios a tal hora por tal motivo.
    Ahora vuelve y lee la lógica que me expusiste de "razonamiento" del cazador y comprueba.
    El cazador no puede salir a "abatir al ciervo" si no sabe que tiene hambre, que el ciervo es un alimento apropiado, que, según lo que ya sabe, el ciervo debe estar en determinada zona, si no tiene armas o herramientas o técnicas para abatirlo y, por último, tiene muy razonado que si se aparece en la cueva sin el ciervo su mujer lo mata de modo irracional.
    Nada de intuición, amigo. Razón pelá.
    Amigos míos, la percibamos o no, la imaginemos de una u otra manera, la realidad es independiente a los juicios conceptuales.
    Es cierto que el Amor ha de ser el objetivo, pero no para conocer la realidad sino para integrarnos a ella. Y hablo del Amor como acto sublime y consciente del hombre.
    Y, definitivamente, las emociones no emiten juicios. El hecho estético produce emociones, pero no a la inversa: tus emociones no te hacen ver la belleza. Siempre es tu mente la que da la categoría y la definición a las cosas que disfrutas. Los conceptos de bueno o malo, bello o feo no son enunciados por las emociones. Tu corazón da un sobresalto cuando tu mente detecta la belleza, o advierte al ser amado o simplemente lo recuerda. No siente Amor el corazón sin que la mente identifique previamente lo amado.
    Les quiero.

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  44. Ay, amigo, qué sabrosas divergencias. Jamás nos podremos encontrar en tu montículo razonable, pero ahí estamos, coincidiendo en el afecto mutuo. No me extenderé mucho porque creo que está casi todo dicho (al menos de mi parte). Sólo te explico que hurtas a mi ejemplo su condición de tal para situarlo en un plano más general de confunde las cosas. En aquel ejemplo me refería al hecho concreto: “cazador conoce y re-conoce que el ciervo pasa por ese recodo; cazador conoce y re-conoce por qué los ciervos pasan por recodos tales”. Claro que para que se dé ese instante o supuesto de conocimiento tienen que suceder cosas primero. Dijo Aristóteles: (mira qué lógico me pongo) “Todo se refiere a algo que es primero”. El conocimiento es un proceso ¿infinito? que se puede segmentar para el estudio. ¿O no? Entonces, dentro de ese continuo que es el conocer, yo segmento y pongo un ejemplo sencillo y concreto de cómo se conoce algo, sólo ese algo. Por supuesto que para que el cazador fuera a intentar cazar al ciervo tuvo que tener hambre y “saber” que los ciervos se comen, etc… Pero esto también le pasa a los leones, que saben mejor que los razonantes hombres dónde pueden esperar a los ciervos, pero que, sin embargo, jamás llegarán a saber por qué. O sea, podrán intuir y entender, pero nunca establecer las cadenas causales que llevan a los ciervos a pasar por ese tipo de recodo (razonamiento). En fin, hermano, yo, que como bien sabes no suelo poner en la red poemas inéditos, celebro la generosidad de tu espacio y de quienes se “abisman” en él sobre temas complejos, dejándoles otros tres poemas. Claro, no son ingenuos, pero se los dejo con mucho cariño. Un abrazo para todos. Uno muy especial para ti, Rubén.

    Ah, Rubén que Aristóteles en “Acerca del alma” dijo también: “El alma jamás comprende sin el concurso de la imagen” (río)

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  45. Alteridad
    arder en lo otro)

    Arder en lo otro. Eso es amar.
    Deponer la imagen de la libertad
    para ser libres. Libres
    en la necesidad que no se coarta,
    que no se embuda hacia el entendimiento;
    ese redil tramposo
    que nos tienta.

    Alterados en las afueras del yo,
    habitando lo otro sin cálculos,
    hasta la plenitud, hasta la cándida imagen
    de la felicidad si es necesario;
    las pérdidas, que son inevitables,
    tendrán su recompensa
    en la memoria ardiente.

    En el yo,
    inerte queda lo que se pierde,
    lo que apaga.

    En lo otro,
    trémulo espera lo que se gana,
    lo que prende.



    Dolor
    (el amor siempre duele)


    Pueden instituir el reino de los analgésicos.
    Pueden aislar en el amor las enzimas dolorosas
    para aplicarles novísimas terapias génicas.
    Pueden establecer la felicidad por decreto
    en un piélago donde el amor derive, integre,
    se haga ecuación transparente para escupir aciertos
    en los tibios caladeros de lo previsible.
    Pueden levantar escuelas para amantes uniformados
    que aprendan a levitar sobre endemoniados páramos.
    Pueden hacer lo que quieran... Será en vano.
    El amor siempre duele. No hay posible asepsia
    donde la sangre riega.

    Perdonad este discurso decadente
    en los ínclitos umbrales de la holografía, pero
    el amor es subversivo y anacrónico:
    medra en una feliz y dolorosa mezcla
    de pasión, compromiso y dependencia.
    El amor no conmuta en la razón su precio,
    no se entrega en indoloros cuantos.
    El amor duele, cuesta.
    Atended,
    descreídos pimpollos de lo inmune,
    el amor no es un protectorado de la ciencia.
    El amor tiene un precio y no se regatea.
    Escuchad,
    hasta en la periferia de lo humano suena. Sí,
    nos lo ladran, hace ya una era,
    calcinados, detenidos en su aullido pétreo,
    frente al Vesubio exhausto
    del que por amor no huyeron
    ––no quisieron o no pudieron hacerlo––
    los perros de Pompeya.

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  46. Perdonen el estrorfado y los versos "rotos". No están así encabalgados, pero no sé controlar tales asuntos en este formato

    Imagen y primate

    ... bajamos.
    ––Sólo lo difícil es estimulante––
    ¿Tiene sentido la libertad si no se mide,
    si no se registra fuera de sus propios (valladares?
    ¿Tiene sentido si no se disputa al tigre,
    si no se gana luchando en las fauces de la (muerte
    con una sentencia firme a la luz de la (conciencia?
    ¿Qué libertad fuera esa que se bastara a sí (misma?

    Allí estaban las bestias, los sugerentes (caminos,
    la perspectiva del fuego, los pendones de los (dioses
    y el sahumerio de lo ignoto.
    Más allá ––entiéndase más adentro imposible––
    danzaba la eternidad que sólo puede anhelarse
    si desde el entendimiento,
    si con los pies en la tierra.

    ... bajamos, sí,
    del más licencioso limbo a la ergástula del (tiempo,
    del río de los sentidos a los dominios del (nombre,
    del festín de los instintos a la hoguera (cognoscente,
    de los apremios del rastro al hondón de los (espejos,
    de la propiedad de nadie a los registros del (cielo.

    ... y fuimos libres, sí,
    porque a la única libertad posible,
    aquella, incómoda, que nos libraba de nosotros (mismos,
    pudimos suplantarla finalmente con una encendida
    imagen.

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  47. Bueno, no salió cómo se veía en la vista previa. Así que obvien esos paréntesis abiertos y sin cerrar que había metido para que se leyeran bien los versos. Saludos.

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  48. Ruben hermano, te recomiendo encarecidamente veas esta conferencia de David Wilcox de principio a fin. Es muy amena y entretenida y te aseguro que lo que escucharás y te revelará te va a sorprender en más de un sentido. Eso sí, cada una de las historias y ejemplos que irá narrando como parte de su teoría va a desmontar uno a uno cada peldaño de la escalera desde la que ves el mundo. No pasa nada, yo me estampé también; solo hay que saber levantarse.
    Jorge, hago una reverencia ante tus versos, intensos, profundos, delirantes, certeros...Cuando tu poesía aparece en escena es cuando mejor te comprendo. No andaba desacertado Ouspensky cuando dijo "La Ciencia debe reconocer que solo a través de la poesía y de la mística nos aproximamos al mundo de las causas invisibles, al lado oculto de la vida. La preparación a través de la fe y el amor es necesaria para vencer el terror al infinito".
    Les invito a ver esta inquietante conferencia y les abrazo fuerte.
    Julio Fowler

    https://www.youtube.com/watch?v=klvct1l0Gwg&feature=player_embedded#!

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  49. Gracias, Julio. No me puedes hacer mayor halago que diciéndome lo que me dices. Cuando escribo poesía, es, tal vez, cuando único me entiendo bien a mí mismo. No hay nada más "convincente" que la imagen, que la sustancia poética tomando forma ante la realidad abatida, o sea, humanizada. Veré esa conferencia. Un gran abrazo y, de nuevo, muchas gracias. Jorge

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  50. Julio, escuché esa conferencia, pero, para ser sincero, no me impresionó demasiado. Este hombre lo mezcla todo de una manera un poco caótica. ¿Lo pretende así? Tal vez, pero también pretende dar a su teoría un trasfondo científico. Ahí está tal vez su error. No lo sé. Si se nos presentara como un “poeta” o incluso como un “iluminado”, sin ningún complejo, sería tal vez más coherente. Se trata, en mi opinión, de una mezcla rara de filosofía, psicología, religión, esoterismo… Mira, encontré pedazos de:

    - la teoría del logos único de Heráclito
    - la transmigración de las almas pitagóricas
    - los misterios órficos
    - las “ideas” platónicas
    - el atomismo de Demócrito
    - el “primer motor” de Aristóteles
    - fragmentos de todo tipo pensamiento oriental: Mesopotamia, Persia, China, India, Alejandría, todo ello, incluso, a través de Roma.
    - el motor necesario de Maimónides
    - el pensamiento de Jung y Freud
    - el súper-hombre de Nietzsche…

    En fin, una especie de totum revolutum que me resulta muy difícil de seguir.
    Claro, habría que entrarle con más calma, pero no me entusiasma mucho hacerlo con esta conferencia como puerta de entrada. Casi preferiría hablar contigo de esas cosas que escucharlo a él. Seguramente tú, que tendrás más incorporado su discurso, me lo puedas hacer llegar mejor. A ver cuándo lo podemos hacer. Abrazos. Jorge

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