domingo, 7 de junio de 2015

La vida

La vida, a edad temprana, se antoja una lejana luz, una "probabilidad" con discutibles tintes de llegar a hacerse realidad alguna vez.  ¿Se acerca? Probablemente, pero, muy  m u y  l e n t a m e n t e. Aprobamos despreocupadamente los exámenes para acallar a padres y profesores; delegamos, conscientemente o no, las responsabilidades de nuestros cuidado y aprendizaje en instituciones ya establecidas (y cuestionables) como la familia o el estado; perezosos, aplazamos el esfuerzo de enfocar con rigor y objetividad nuestros sueños y probables proyectos de vida; nos desparramamos en los torbellinos del placer, vengan del juego, el amor o tantos otros vicios... Nada mal; es el tiempo de todo ello y más. 
El problema es que cuando "llega" la vida lo hace de repente. De pronto, un día, alguien cercano muere... esa misma tarde, cuando aún no has salido del desconcierto causado por  noticia tal, la mirada buscando respuestas en el suelo, descubres que tienes las manos llenas de manchas. Desconcertado te das cuenta que desde hace unos meses has dejado de ver con nitidez. En menos de dos lunas llenas comienzas a olvidar dónde te has dejado las gafas.  Las chicas que una vez hicieron palpitar tu pecho y tu pelvis son hoy unas señoras muy parecidas a sus abuelas (aquellas santas viejitas en las que se difuminaban los castigos impuestos por nuestros pecados) que trajinan cargadas de hijos y borrosas detrás de cuánto maquillaje.  Tu cantante favorito tiene el pelo pintado y su poder de seducción dos tonos más grave. 
Sientes que estás en medio de un torbellino que se te hace ligeramente familiar pero que está fuera de tu control. 
Descubres la vida, como si estuviera acabada de llegar, justo en el momento en que ella c
omienza a alejarse, inatrapable, a una velocidad vertiginosa.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada