miércoles, 11 de agosto de 2021

 Pregunto yo:

¿Pudiéramos los cubanos en el exilio efectuar unas elecciones. Libres y democráticas. Elegir un Presidente y un Gobierno Cubano en el Exilio. Presidente y Gobierno que, como resultado de esas elecciones, sea democráticamente reconocido por todos?
Ese Gobierno de Cuba en el Exilio podría, en nombre del pueblo cubano, exigir el reconocimiento de todos los organismos internacionales y gobiernos e instituciones del mundo. Lo que corresponda. Sería la mejor manera de hacernos escuchar, imponiendo nuestra unidad como cubanos víctimas de una dictadura y un sistema que, a la fuerza y de manera violenta, lleva más de 62 años en el poder en la isla.
Los cubanos necesitamos exhibir unidad, fuerza, hacernos escuchar de manera seria y uniforme. Como cada país libre del mundo donde durante cuatro años el Presidente y el Gobierno, independientemente de las ideas y las orientaciones políticas e ideológicas de los ciudadanos, son respetados y aceptados por todos como resultado de unas elecciones democráticas.
Creo que es el mejor modo de encontrar apoyo y al mismo tiempo ofrecer al pueblo cubano, de ofrecernos todos, la necesaria alternativa que, visto lo sucedido en estos días, se hace imprescindible como respuesta a las demandas de ese pueblo que se ha lanzado a las calles a exigir libertad pero que no tiene verdaderas opciones democráticas a las que aferrarse, ninguna que nos incluya a todos porque entre todos la hayamos consensuado, elegido de manera libre.
Una aclaración para quien invoque que quienes vivimos fuera de Cuba somos minoría y no nos corresponde hablar ni actuar en nombre de todo el pueblo cubano:
La inmensa mayoría de los cubanos fuera de Cuba no somos emigrantes. Un emigrante puede regresar a su país cuando desee. Nosotros somos desterrados. Nos está negado ese regreso. Que no podamos regresar significa que hemos sido expulsados de nuestro hogar, de nuestra tierra y del derecho que a ella nos asiste por nacimiento. Significa, además, que esa negativa sucede bajo disposición política, ideológica, por mandato gubernamental de quien se arroga el derecho de decidir quién es digno y merecedor de vivir en su propia tierra y quién no. La condición de cubanos desterrados incluye, además, a los hijos y nietos y descendientes de cubanos nacidos en el exilio, tan cubanos como todos y con los mismos derechos que todos.
Por otro lado, el mayor poder económico de ciudadanos cubanos disponible para Cuba, su reconstrucción y la apuesta por una infraestructura y un orden social de prosperidad, democracia y bienestar, está en manos del exilio, no de los ciudadanos de la isla.
Así que, en tanto que desterrados, hemos de hacer uso de nuestro derecho a nombrar representantes, gobierno, presidente, constitución e instituciones en las condiciones y circunstancias que nuestro destierro imponga.
Por cierto, nosotros no desterramos a nadie: todo cubano que quisiera participar de nuestras elecciones y reconocer nuestro gobierno y presidente tendría todo el derecho y la libertad de hacerlo. También dentro de Cuba la mayoría son exiliados y desterrados, de sus derechos y de su libertad. Mi propuesta para unas elecciones en el exilio y no en toda Cuba proviene de que ello no es posible para los cubanos de la isla: quienes los gobiernan se lo prohiben. Sería fantástico que votaran desde allá; clandestino voto, subversivo y libre.
Por momentos lo que digo se me antoja absurdo, ingenuo, un sueño sin mucho fundamento. No tengo idea alguna de cómo pudiera realizarse todo eso.
Pero los cubanos tenemos hombres de gran experiencia en política, hombres y mujeres que han sido y son influyentes líderes y políticos a nivel mundial, en Estados Unidos fundamentalmente, el país más complejo de la modernidad y hasta hace menos de un año la democracia más sólida. Tenemos también personas fuera y dentro de Cuba que son aspirantes a liderar un cambio, soberanos en sus propios sueños o ambiciones, como corresponde a ciudadanos que se sienten libres. Cada uno con sus ideas y sus propuestas, pero democrática, justa y decentemente capaces de convencer con sus proyectos.
¿Pudiéramos por una vez apartar nuestros egos y enfrascarnos en un proyecto común, complejo pero imprescindible para construir una Cuba libre del avasallamiento que sobre los cubanos han impuesto unos sátrapas sin escrúpulos y quienes los apoyan?
¿Pudiéramos empezar a tener una Cuba futura desde hoy, desde el exilio, ya que, evidentemente, dentro de Cuba nunca va a ocurrir algo así?
… pregunto yo…
Ruben Aguiar

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