martes, 31 de mayo de 2011

Indignado (I)

Mi vida es tan poco aburrida (que no quiere decir carente de cierta rutina y buena dosis de tranquilidad) que paso por alto algo elemental: no todo el mundo sufre el dilema de no disponer de tiempo alguno para bostezar.
Ha de ser por eso que me siento desconcertado ante el entusiasmo de muchos amigos y conocidos a propósito de las acampadas que, en algunas de las principales plazas de España, realizan desde mediados del mes de mayo grupos de personas que se declaran preocupados e indignados por el panorama político, económico y social existente marcado por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros.
Este movimiento, denominado “Democracia Real YA”, fundamenta así su posición:

Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo

Hay que estar muy aburrido o tener en añejo stand by los sueños propios para que a uno le entusiasme la idea de enfrentar innegables problemas actuales desde la perspectiva de individuos dispuestos a defender manifiestos con enfoques como ese.
Mis amigos, gente diseminada por medio mundo, con la cabeza bien amueblada en todo caso, me escriben, me preguntan, me dan su opinión, coincidiendo la mayoría en la emoción y la mirada positiva acerca de este suceso, al menos en sentido general.
Por ello voy a exponer, por y con todo el cariño y respeto que profeso a estos amigos, algunos hasta acampados física, virtual o psicológicamente, lo que pienso de estos actos. Me referiré fundamentalmente a lo que he podido constatar de manera personal y a través de las consultas realizadas en la web de la plataforma “Democracia Real YA”. Debo decir, no obstante, que para una mejor comprensión de lo que sucede he tenido en cuenta una serie de circunstancias producidas en los últimos meses que, desde mi punto de vista, protagonizan dos sucesos fundamentales:
1) la celebración de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo para las que los resultados de las encuestas previas vaticinaban, tal como ocurrió, una debacle de la izquierda, y
2) la publicación del panfleto devenido best-seller “Indignados”, del nonagenario francés Stéphane Hessel, (hay dos versiones al español, muy parecidas, aquí y aquí), que ha servido de pretexto más que de resorte para las manifestaciones de mediados de este mayo en España.
Procurando en la medida de lo posible una mirada objetiva de los sucesos en cuestión he decidido posponer (confieso que a duras penas), para futuros encuentros personales, mi habitualmente incontrolada artillería de malas palabras, muecas, gestos exagerados, cubaneo en la dicción y falta de coordinación entre la expresión y el discurso que estos actos me provocan y que de seguro los amigos sabrán imaginarme ahora y perdonar después.
He estado en la Puerta del Sol de Madrid. He merodeado en varias ocasiones entre los “indignados” que ocupan la habitualmente tranquila plaza. Trabajo a 50 metros de donde se han acuartelado. He visto sus rostros, escuchado sus consignas, leído sus carteles y panfletos. De madrugada y de tarde he aspirado el aroma que ahora inunda los alrededores de la estatua de Carlos III, mezcla de hachís, marihuana, orina, cerveza, sudor y restos de comida. En ese orden.
“Son los hijos de los del 68”, me digo... (Los de mayo, en Francia, probablemente descendientes de Robespierre, aquel que aplacaba su indignación cortando cabezas hasta que le cortaron la suya los suyos, indignados con él)
Tal vez con otra vestimenta y con un promedio de edad algo superior, por lo que he visto en fotos y leído por ahí, pero sí, son herederos de aquel mayo del 68 parisino.
Con menos ideas estos que aquellos. Porque, no nos engañemos, aquellos no tenían muchas ideas. Más bien no tenían ni idea. Agitadores de discursos rimbombantes, pero huecos. ¿O tendenciosos... equivocados? ¿ o no? Y tremendamente presumidos. Eso sí, profusos en frasecitas ingeniosas, juegos de palabras y chistecitos expuestos en graffitis, pintadas y carteles (como aquel de “la imaginación al poder”, que actualmente ilustra espléndidamente Daniel Cohn-Bendit , Dany el Rojo, el líder antisistema más famoso de aquellos días, en su eco-abnegado rol de eurodiputado en el Parlamento Europeo desde hace ¡más de 16 años!... ¡eso es imaginación en provecho... del poder!)
Poco más. Por mucho que busco no encuentro una sola idea rescatable procedente de aquel mayo del 68. (Tal vez si hubieran esperado un año más) ¡Y mira que nos han contado historias y argumentado ideas provenientes de aquellas revueltas! Es cierto que el griterío fue tal que el gobierno tuvo que adelantar las elecciones. Tan cierto como que el partido en el poder, de ideología contraria a los revoltosos, salió fortalecido, obteniendo la coalición gobernante más del 57% de los votos. (Si, ya sé que se parece mucho a lo sucedido el pasado domingo 22 en las elecciones en España, pero tal vez sea pura coincidencia)

En cualquier caso, decido que lo que fuera que pudieran legar aquellos agitadores, aburridos de la buena vida decente, no sería algo muy distinto a lo que sucede en España en estos días.

Hay tantas razones en este mundo y esta vida para ilusionarse, que no comprendo cómo puede provocar entusiasmo el hecho de que una muchedumbre malhumorada decida sentarse en el suelo y ponerse a gritar para hacer saber a quienes provocan su malestar que no se van a levantar hasta que se ocupen de ellos...
y
... de su falta empleo, de su mala remuneración, de sus subcontratos (esto debe ser malísimo), de su precariedad, de su juventud...

Y me preocupa, porque mis amigos pasan por alto que veintidós millones novecientos setenta y un mil trescientos cincuenta (22.971.350) de compatriotas de esos “indignados” hayan decidido libremente ir el domingo 22 de mayo a las urnas a ejercer su derecho al voto y, de manera mayoritaria, dar una nueva oportunidad a quienes se dedican a gobernar, convencidos de que, con crisis o sin crisis en las buenas y en las malas y mientras no se encuentre otra que la mejore, esta forma de convivencia social que existe en España y Occidente es la que prefieren para organizar su modo de vida.

Me preocupa que esos casi veintitrés millones de demócratas optimistas (a los que me sumé porque considero la Democracia muy superior al resto de sistemas intentados por el hombre, aunque no el mejor posible) no signifiquen mucho, y que quienes entusiasmen sean los del

queremos un cambio (¿de gobierno, de ropa, de sexo?... de trabajo no parece ser)

y un futuro digno (¿digno como qué? ¿o como el de quién?, han olvidado especificarlo... ¿y elaborado con dinero de quienes? desde luego no de ellos mismos, puesto que están en el paro y son precarios, etc... con el de los bancos no me parece a mí, puesto que de dinero mal habido no sale nada digno, digo yo que dirían los “indignados”... del gobierno, imposible, puesto que el gobierno no tiene dinero, tan sólo usa el que sustrae a los contribuyentes – estos sí que debieran salir a la calle, indignados- Hay aspectos pendientes en esto del “futuro digno” y me temo que va a demorar un poco... ¡Y pensar que yo tuve que labrar por mí mismo este futuro que ahora tengo!)

... los del

Estamos hartos de reformas antisociales, (¿querrán decir hartos de que se haya acabado el reparto del dinero destinado a los que no producen, a los que viven de las subvenciones estatales, a quienes reciben becas públicas otorgadas por caritativos políticos de turno, el dinero que costea los espectáculos gratuitos ... en definitiva, el dinero extraído a los ciudadanos que, encima, se gastaba el gobierno irresponsablemente? Por si les sirve de consuelo: el actual gobierno socialista hubiera preferido continuar comprando votos con ese dinero, pero el caso es que ¡se lo ha gastado todo!)

de que nos dejen en el paro, (deben estar refiriéndose a los malvados empresarios, que tienen el monopolio del empleo y son los únicos con posibilidad de ofrecer puestos de trabajo... pero ya se sabe que los empresarios, egoístamente, priorizan sus propios intereses; no como “los indignados” que... ¡caramba, qué coincidencia!)

de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, (¿los bancos han provocado la crisis? ¿se ha preguntado alguien con qué objetivo pudieran los bancos querer provocar una crisis y perder mucho dinero? ¿no habrá sido más bien la intervención de los gobiernos en el mercado y la alteración con ello de las leyes naturales de este? Los Bancos Centrales son monopolios que controlan el sector financiero, la política monetaria, el sistema de precios. Ellos son los que fijan los tipos de interés que, cuando suben, nos hacen exclamar: "¡estos ladrones me han subido la hipoteca!". Los Bancos Centrales no son instituciones privadas: son Organismos del Gobierno... “El sector bancario es, de lejos, el más intervenido, regulado y controlado por el poder público en las economías desarrolladas.” - algo de historia aquí - Por otro lado, los bancos no se quedan con nuestras viviendas si pagamos el préstamo que les solicitamos y que nos facilitaron para que la adquiriésemos a cambio de ciertas condiciones que aceptamos firmando libremente un contrato donde todo esto aparece clarito, clarito. Es evidente que los bancos se aprovechan, puesto que no hay posibilidad de castigarlos desde la libertad de competencia. Pero, no son ellos estrictamente responsables de tal situación. Cosa que no se puede decir de quienes firman contratos y eluden su responsabilidad cuando no pueden cumplirlos)

de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. (aquí me faltan datos para evaluar el texto: 1 – ¿quienes imponen: los bancos, los políticos? 2 - ¿cuáles exactamente entre las tantísimas leyes limitan cuáles libertades en beneficio de los poderosos?, 3 - ¿cuáles son los beneficios que reciben y quienes son esos poderosos?... Es tan poco clara la frase que hasta es posible que tengan razón en este punto... (vale, es broma) Poderosos pueden ser desde Botín o el Grupo Prisa hasta Greenpeace o los Sindicatos... En cualquier caso, toda ley implica limitación de libertades, beneficios para unos y perjuicios para otros... hay que especificar)

Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo”. (Ya, deben estar agobiadísimos ahora mismo los poderes políticos y económicos acusados de la precaria situación en que se encuentran la Puerta del Sol de Madrid y algunas otras plazas de España... Y, por último, lo de exigir un cambio de rumbo precisamente a quien te ha metido en el pantano es, francamente, para descuajeringarse de la risa...)

“Nuestra precaria situación”. Es esa estética del victimismo la que hace poco creíble el gimoteo que pretenden vendernos como “indignación”. El uso del adjetivo “precario” es una constante entre los manifestantes estos días. Es la misma quejumbrosa liturgia del chantaje emocional que interpretan el mendigo, el chabolero, el okupa, el “necesitado”.

Y la ceremonia de levantar el puño redentor apenas consigue disimular la mano pedigüeña que se extiende por debajo implorando limosna.

(continúa)

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