miércoles, 8 de julio de 2020

La llorona carta protestosa.

Realmente disfruto como un niño cuando la maldad y los malhechores se retuercen ahogados en el mismo charco de mierda que han creado.
Esta vez gozo con la llorona carta protestosa de esos compinches y/o inquisidores de la izquierda correctivera y establishmentcida, escritores, académicos e intelectuales que ahora se sienten víctimas ¡coyunturales! del monstruo que ellos mismos han ayudado a crear y alentado a lo largo de los años en su intento de volcar, sobre aquellos a quienes odian, sus propias miserias y sus carencias.
Vomitiva, la quejosa cartita, redactada desde la soberbia de su izquierdosa pretendida superioridad moral (ni siquiera en esta situación intentan evitarla o disimularla), acude al quevienelcoco de alegar: "Las fuerzas del iliberalismo están ganando fuerza en todo el mundo", para ventilar un tanto el mendicigüeño: "que temen por su sustento", que no les avergüenza confesar. Encima picúos y ridículos... ese toque de amenaza en tono suplicoso...
No la voy a compartir aquí, por supuesto.
Que preparen sus pescuezos que la guillotina que ellos decoraron tiene vida propia y un muy personal sentido de la justicia.
Muchos la conocemos bien.
Sarnosos.

Resulta que es un desconcierto la vida

Resulta
Letra y Música, Intérprete y Arreglos Musicales, Realización del Video por Ruben Aguiar. En Miami. 2020.
(Ennio Morricone acaba de partir. En esta canción que acabo de publicar hace unos pocos días incluyo un homenaje definitivo de mi vida a ese grande de la música del hombre, continuador de los maestros de la historia del arte.
La armónica que se escucha en varios momentos del video de mi tema “Resulta” es la original que, escrita por Morricone, se escucha a lo largo de la película de 1968 de Sergio Leone “Once upon a time in the west” (Érase una vez en el oeste), que extraje exactamente de la soberbia escena final.
Aquel adolescente al que obligan a soportar sobre hombros la vida de su hermano que cuelga de una horca, vista siendo yo un adolescente, es la imagen más estremecedora e inquietante que he cargado a lo largo de mis años. Y sin esa armónica no habría sido la misma. Tampoco mi vida.
No esperaba que partiera aún a otras lides Ennio Morricone, mi favorito compositor entre los vivos.
¡Buen viaje, maestro!)
"Resulta"
Resulta que es un desconcierto la vida
Que es cierto que al fin de los años
no hay más que preguntas
Que ver o no ver es igual
Que cotizan parejo callar y decir
Que obtiene lo mismo
quien se echa a volar
que quien cae al abismo
Resulta que es vano el intento
si al fin de los tiempos
resulta que no eres feliz.
Contemplas temprano dejar a tu hermano
plantar tu semilla en orillas
de ríos lejanos.
Tu aldea está muerta
y agazapada detrás de su puerta
la anciana serpiente tira de ti
Seduce y apura
cualquier aventura
Tan solo la duda será tu castigo
Partir es la justa salida
Y acaso vivir una vida de otros
te va a redimir.
Tu hermano te hará alguna apuesta
dirá que no está prohibida la fiesta
para quien se queda
Pero ya es muy tarde. Valiente y cobarde
te cruzas la verja que puede cuidarte
te atreves y partes
Te arriesgas, te asombras
E igual que a las cercas te saltas las normas
Te juntas, te acercas a otros caminantes
Y siempre preguntas. Preguntas bastante
Buscando salidas vives otras vidas
Disfrutas su vino. Recibes mordidas
Con yerro o con tino labras tu destino
mientras te abalanzas.
Y un día trapero y mezquino descubres,
oh, dios, que el camino es tan solo camino
y no hay nada delante.
Tu paso no es cierto.
Tu viaje es por dentro.
Tu andar es huida.
Tu meta, partida.
Tu ida, regreso.
La espada depuesta
y atado a tu nada de puertas abiertas
tan solo el enfado te guarda del trago
vulgar de buscar un refugio, como tu pasado.
Salvar del naufragio solo el amor
Y restos maltrechos de versos de una canción
de esperanza.
Tu hermano se acuesta. Final de la fiesta.
Cerrando los ojos suplica
por una respuesta.
Lo besas en largo silencio
Total, si ahora sabes, resulta lo mismo
callar que decir.
Sorteado el legado
del árbol plantado
del hijo y el libro,
sorteado el olvido,
resulta que es vano el intento
si al fin de los tiempos
resulta que no eres feliz.
Rubén Aguiar
Junio - 2019 - Miami

viernes, 12 de junio de 2020

La casa bajo el lago.

Ayer, por andar de aniversario, quise aproximarme a los años de mi niñez y su resaca con la canción Entre El Palenque y El Pan. Justo entre esas dos lomas nació mi padre. Un lugar hermoso y perfecto donde los Aguiar tenían su pequeño feudo de sudor y sueños. Y donde mi infancia retoza hermanos primos risas juegos jardines guarapo amor mucho amor amor.
La mayor parte de aquel sitio ya no existe. O mejor: existe bajo las aguas de un inmenso lago, una presa, que alguien construyó allí hace más de 40 años.
Esa casa de la foto yace bajo ese lago. Intacta de cemento e historias de mis abuelos, que la construyeron, de mi padre y sus hermanos y mis primos. En ella velamos a mi abuela cuando se marchó. Igual de intactos y eternamente borrosos bregamos nosotros, los de la foto ante la casa, eternos de agua y aquel amor. Mi madre al centro, mi abuelo Niní a la izquierda, mi abuela Rosa a la (ala) derecha. Los primos todos. Y al fondo, asomado, El Pan de Matanzas. El Palenque y sus cuevas enormes quedaba al frente.
Ese sitio de la foto era la cuna, génesis, el paraíso en el que abuelo, entre el portal trasero de la casa y la loma había construido un terreno de pelota para esa creche de la foto que existía tan solo los sábados y domingos. Allí, las mañanas antes del juego ordeñaba su vaca y nos lanzaba burlón desde la tetilla la primera leche de aquella que luego ahumaba abuelarosa en sus enormes calderos de lata.
Es una historia infinita que acabó cuando sacaron de allí a todos los habitantes de la zona y poco después construyeron la laguna que nos sumergió a toda la familia en la única tristeza que probablemente nos sobreviva.
Todavía, de vez en vez, se me aparece ese niño de la foto que fui, preguntando cómo pudo suceder aquello, por qué, quién lo hizo y de qué manera. También mi padre se lo pregunta tantas veces, entre ellas en esas décimas que comparto al final.
Traigo desde la foto esta historia porque hace apenas un rato he leído el comentario de un amigo, Julio Vicente, que me ha cortado la respiración.
Julio es amigo de Facebook, de relativamente poco tiempo. Nació en Holguín, Cuba, pero tiene mucho camino andado que incluye Rusia, España, Paraguay, Estados Unidos. Es músico, poeta y aquello otro, agudo, apasionado, conoce un montón de cosas que me sorprenden cada vez que las nombra. Pero lo más notable en él es que parece haber estado en cuanto evento ha ocurrido en este universo. Al escuchar mi canción Entre El Palenque y Pan ayer, me comentó:
———
"Julio Vicente Eso está lindo! O en términos técnicos: Eso está bueno tuuuu!"
"�Julio Vicente No, y ahora me doy cuenta que he estado ahí. Dragando una presa. 40 o 45 años a. Oye, entre el palenque y el pan lo que hay es agua. Ahora me doy cuenta. Digo, si no se ha secao. Lindos parajes, pero te queremos por aca, Master!"
"Rubén Aguiar Muñoz Julio Vicente No sé si he entendido mal... Explícame eso de que has "estado ahí dragando una presa 40 o 45 años a", por favor."
"Julio Vicente Rubén Aguiar Muñoz , estuve en La Coca, Campo Florido, en una escuela de operadores de Grúas (retro excavadoras, Dragalinas, Izaje, Frente Pala y Jaiba) 1973-1975 y haciendo prácticas íbamos a empresas a hacer prácticas y yo estuve en Ceiba Mocha y todos esos parajes preparando ‘las cañadas que van al San Juan’ jajaja para hacer represas bueno, era cerca de la loma El Palenque, y del pan de Matanza. Lejos Del Río San Juan, si a eso te refieres en tu canción. Pero me acordé de esa parte de mis historias. Eso lo dejé para ir para la escuela de instructores de Arte. Chau grúas."
———
No tengo cómo describir lo que siento. No sé lo que siento!! ¡Fue Julio Vicente quien…!!!!!!
Increíble. La vida es asombrosa. Y hermosa de veras. Tanta tristeza y de pronto esta curiosa alegría de lo pequeño que es el universo y lo cerquita que estamos unos de otros, en el espacio y el tiempo, en el misterio y la magia!
En venganza dejo aquí estas décimas de mi padre donde acusa a ese lago. A Julio le encantan las décimas así que no encuentro mejor castigo para quien creyó alguna vez que el talento se puede desperdiciar manejando grúas. Un artista en otro oficio puede ser un grave peligro.
———————
"Presa de valle Elena""
Autor: Rubén Aguiar Dávila
"La finca donde nací, situada en Valle Elena, y las praderas que la bordean y me vieron crecer entre las lomas El Pan y El Palenque de Matanzas, Cuba, se encuentran hoy sumergidas bajo las aguas de una inmensa presa o pantano construida por el hombre..."
Rubén Aguiar Dávila.
Inmenso lago, tú ignoras
Que el asiento de tus aguas
Nutrió en mis tiempos sin maguas
Mis virtudes creadoras.
Tú no sabes las auroras
De vivencias que aniquilas,
Ni sabes que mis pupilas
Cansadas de ver estrellas
Buscan sepultas mis huellas
Bajo tus aguas tranquilas.
Tú no sabes que la luz
Me llega de donde posas
Que el silencio que reposas
Para mi es látigo y cruz.
Que un inefable capuz
Invade mis reflexiones
Que donde tus proporciones
Se hacen líquida sustancia
Treinta años de fragancia
Besaron mis ilusiones.
Con qué intimidad te acuestas
Gigante desentendido,
Sobre mi espacio vivido
Y el espejo de mis fiestas.
Con qué arrogancia recuestas
Tu transparencia a mis lomas
Con qué cuerpo sin aromas
Ni savia para las flores
Tomas todos mis amores
Y no sabes que los tomas
Te acuso por tu indolencia
De anegar el caserío
Dejar el valle sin río
Y las flores sin esencia.
Te acuso por tu presencia
De incolora longitud
Y porque mi juventud
Y mis sueños de regazo
Son víctimas del abrazo
Eterno de tu ataúd.
Te acuso porque el sinsonte
Plegó sus alas de seda
Al quedar sin arboleda,
Frutos, palmares ni monte.
Por hacer del horizonte
Un espejismo difuso
Y por el flagrante abuso
De exterminar el batey
Patrimonio de la grey
Que me antecede, te acuso...
Tu delito es no saber
Que eres bóveda de todo,
Barro, lino, frondas, lodo,
Borrando mi amanecer.
Tu delito es converger
Lo siniestro con lo humano
Y tus náufragos, el llano,
El valle, el Palenque, el Pan,
Fiscales que juzgarán
Tu demencia de océano.
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Aquí un link a un video de mi padre diciendo esas décima suyas dedicadas a la presa bajo la cual vive humedecido todo su pasado. Y buena parte del mío!
https://youtu.be/dK4beuAI-Z8

lunes, 8 de junio de 2020

Mi descolorida y enorme camisa matancera

Mi descolorida y enorme camisa matancera tenía un agujero de quemadura de cigarro que yo jamas recordaba al salir de casa. Salvo que pasara ese día frente a la casa de Esperancita Chapela. Había allí un pequeño agujero, que brotaba de la acera justo en el momento en que se escuchaba su voz: "Rubencito, avísame cuando tengan algo!". "Algo" era alguna actuación o encantadera en aquellos días en los que "algo" era todos los días. Yo miraba el bache. "¡Carajo, me puse la camisa del hueco!" Ella era la compositora de mi ciudad. Y yo, que comenzaba a hacer canciones... un hueco en aquella camisa que no era mi talla. No se me quita el trauma.
Pedro Alfonso era la voz de Matanzas. Lo que quiere decir una de las mejores voces de Cuba. Y un encantador de almas. Lo quise mucho y lo extraño enormemente.
Y para que en el pueblo no necesitáramos ni televisión teníamos al pianista: Gilberto Perez Lavastida. Que desapareció temprano: "!se fue pafuera!"... dicho en voz baja, por supuesto. Lo recuperé en 2007 en New Jercy.
Este tema acaba de compartirlo Gilberto. Y me ha transportado a ese trocito mío... y de mis hermanos Angel y Danny y Pedro Alfonso y Lazaro Horta y Alfredo Zaldivar y más... los del "algo".
¿La Habana, Madrid, Miami? Nunca dejaré de ser de provincias.
Así presenta Gilberto Perez Lavastida el video.
Gilberto Perez Lavastida
YouTube
Este audio de los años 70s, con Pedrito Alfonso y yo al piano. Es una de las grabaciones que hicimos para la radio en Matanzas, para el programa Ondas de Matanzas.
Les recomiendo que vean otros videos de composiciones de Esperancita Chapela, y otros mas del cabaret Continental de Varadero. Si pueden suscribanse a dicha pagina y denle LIKE a los videos que puedan ver. Mil gracias.

domingo, 7 de junio de 2020

Es la película más importante de mi vida.

Es la película más importante de mi vida. Tendría once o doce años cuando la vi por primera vez, en Cuba, en tv, subtitulada, por supuesto. Yo era un niño pero crecí con esta película en el alma. Luego la vi cada vez que la reponían, calculo que más de diez veces entre principio y finales de los setenta. Después ya no la vi más. Pero quedó por largos años ahí, donde ni yo mismo podía acceder. La he estado contando por los tiempos de los tiempos, por los whiskys de los whiskys y desde esa insolencia de “yo sé la mejor película” que no tienes cómo demostrar… sí, como es mejor el verso aquel que no podemos recordar. También la he estado cantando por todos los años desde aquella primera vez cuando, tras el конец, tomé la guitarra y toqué la canción que es el tema principal, bien simple, bella y rusa, casi francesa y tango como desde siempre se me antoja que es la música rusa. Mis amigos y mis hermanos se saben esa melodía y no vieron nunca el film. Ahora mismo acabo de verlo nuevamente, en ruso y aunque no entiendo una palabra, lo entiendo todo. La dejo ahí solo por la emoción… o, quien sabe, quizás alguien se anime alguna vez y la subtitule en español.
Sigue siendo mágica esta película para el yo siempre adolescente que sueña para sí la más bella historia de amor del mundo.
Por supuesto que me encantan las buenas películas rusas. Sobre todo ahora que Hollywood, Netflix and the gang han asumido ese tono rojo banal retorcido e hipócrita que ensucia y está acabando con el cine. A diferencia de los rusos, que lo hacían con un revolver en la cabeza, estos postmodernistas de acá lo hacen con la pistola en la mano y evidentes ganas de disparar.
Película: “Cada noche a las once”.
Director: Samson Samsonov.
Guión: Edward Radzinsky sobre una historia de Anar Rasul oghlu Rzayev
Compositor: Eduard Artemyev
Protagonistas: Margarita Volodina y Mikhail Nozhkin.
Año: 1969
Estudios Mosfilm.

jueves, 28 de mayo de 2020

Debi llorar de Piloto y Vera . Canta Barbara Milian



Debí llorar y ya ves, casi siento placer. Eso es sólo la mitad de esa frase completa.  La otra mitad es la melodía que no hay cómo expresarla si no es en música. Es el comienzo de una de las más espectaculares canciones cubanas, feeling y bolero a la vez. Sus autores son Gerardo Piloto y Alberto Vera,  un binomio grande. 
"Debí llorar". Disfruten esta magnífica versión, voz, guitarra e interpretación de Barbara Milian. 
Suscríbanse a su canal de YouTube

jueves, 21 de mayo de 2020

Yo nací bajo un aguacero de décimas improvisadas.

Yo nací bajo un aguacero de décimas improvisadas. Nunca escampó mientras crecíamos mis hermanos y yo. Sigue lloviendo y no quiero paraguas.

domingo, 29 de marzo de 2020

Letra-y-música es una canción

Letra-y-música es una canción. No puede haber mayor peso en una o la otra. Es un árbol. Tiene hojas, raíces, ramas, vida propia. En eso es como los demás árboles. Pero, árbol en sí mismo, solo sobrevive si esos componentes son meticulosamente eficaces en su condición de elementos específicos de tal árbol.
La canción es algo tremendamente importante en la vida del hombre. Así debemos cuidar de ella. Además de ser absolutamente honestos a la hora de calificarla. Como en todo, hay canciones para distintos momentos e intereses. Pero la Canción Arte tiene su propio universo, sus particulares leyes, su reino, su inigualable luz. Compuesta con todo el respeto que merece, al intentar una canción así no se ha de usar la música para simplemente arropar un poema ni usar la poesía para autorizar cualquier melodía, por bellos que ambas sean por separado. Tiene que ser un solo objeto, en la misma dimensión en que lo describiera Martí:
"El lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea."


Les comparto una canción que ilustra lo anterior. La que considero la mejor canción que ha compuesto el hombre. Y recalco Canción. Simple y enorme aporte del ser humano a la belleza de la vida. Perfecta esta y diosa de canciones.
"A mi pequeña radio" ("An den Kleinen Radioapparat") Compuesta en 1942. Música de Hanns Eisler y letra de Bertolt Brecht.
Musicalmente es un poema de sobrecogedora belleza, donde no se puede separar la melodía de la armonía que la soporta, ni los modos de tempo y matices con que el piano se vuelve un enorme lecho percutido para acomodo de la voz humana, el instrumento musical perfecto.
Me tomé la atribución de contar un poco la letra. Escrita por Brecht en el exilio tras el advenimiento de Hitler, cuando un pequeño aparato de radio, en el que solo se escuchaba al enemigo, era el único amigo y contacto con su tierra. He usado un montón de traductores y acudido a versiones de la letra en inglés, italiano y español que he encontrado para resumirla aquí. Convencido de que ni se le parece, les dejo también el original alemán, donde sospecho sea aún más tierna y estremecedora.
Está cantada por el barítono Dietrich Fischer-Dieskau y acompañada al piano por Aribert Reimann. Grabada en Berlín en 1987.

Nota: La canción tiene una versión realizada por Sting. Así la conocí. Pero siempre que la escuchaba tenía la impresión de que esas melodía y acompañamiento excedían al magnifico cantautor inglés y más aún al bello texto que él le aportó. Entonces me puse a investigar.

"A mi pequeña radio"
Tú, pequeña cajita que llevé en mi huída,
Apretada para que mis válvulas tampoco se rompieran dentro de mí,
Preocupado, de la casa al barco, del barco al tren,
Para que mis enemigos me siguieran hablando
Junto a mi cama y mi tormento,
Lo último cada noche y lo primero en la mañana,
Gritando sus victorias y mis peores derrotas:
¡Prométeme que no te quedarás callada de repente!

————————————
"An den Kleinen Radioapparat"
Du kleiner Kasten, den ich flüchtend trug,
Daß meine Lampen mir auch nicht zerbrächen,
Besorgt vom Haus zum Schiff, vom Schiff zum Zug,
Daß meine Feinde weiter zu mir sprächen,
An meinem Lager und zu meiner Pein,
Der letzten nachts, der ersten in der Früh,
von ihren Siegen und von meiner Müh:
Versprich mir, nicht auf einmal stumm zu sein!




jueves, 19 de marzo de 2020

Acertijo

Estreno canción junto a Barbara Milian en mi canal de Youtube.
"Acertijo".
La letra de la canción es en décimas. A finales del siglo pasado mi comunicación con mi hermano Pedro Alfonso era a través de emails, él desde Chile yo desde España. Pedrito solía escribir los suyos en décimas y no había quien detuviera la controversia. Estas décimas del texto de la canción son una de mis respuestas.
La música comencé a hacerla en 2013. También por email, le envié a Barbara el texto y el fragmento de música que yo había compuesto hasta el momento. Recibí de respuesta un mp3 con la música que faltaba. Dijo "una propuesta" pero a mí me pareció maravillosa.
Ahora la hemos grabado y arropado con imágenes. Esperamos les guste.
"Acertijo" - Interpretes: Rubén Aguiar y Barbara Milian
Letra: Décimas de Rubén Aguiar Muñoz
Música: Rubén Aguiar y Bárbara Milian
Acertijo
Afuera, la madrugada.
A mi lado, mi mujer.
En mi pecho, sin nacer,
la décima desvelada.
Al norte, la tan soñada
Francia, romántica y loca.
Al sur, África que evoca
a los abuelos. Al Este,
la guerra. Y en el Oeste
la tierra que me convoca.
Arriba, el cielo infinito.
Abajo, el polvo al que voy.
A un lado, el calor que doy.
Al otro, el que necesito.
Delante de mí, inaudito,
un futuro ¿luminoso?
Detrás, el feroz acoso
del pasado. Y cada día
más cerca la lejanía,
más lejos lo provechoso.
En mis manos, la guitarra.
En mis piernas, el camino.
En mis ojos, el destino.
En mi oído, la cigarra.
En mi cabello, la garra
del tiempo, el intolerante.
En mi ceño el más constante
fruncir. Mi espalda desnuda.
En mi palabra, la duda.
En mi elección, el amante.
Así vuelvo a andar, disuelto
en la vida, que transcurre
con tanta prisa que aburre.
Libre, como un verso suelto,
con mi música he resuelto
imposibles acertijos.
Y voy como van los hijos
del campo, con el arado
sobre mi rostro grabado
de rústicos escondrijos.
Afuera, la madrugada.
Adentro, el amanecer.
Delante lo por hacer.
Detrás lo que fue y es nada.
A la vera, la tonada.
Al pairo, lo que medito.
Arriba, el cielo infinito.
Abajo, el polvo al que voy.
A un lado, el calor que doy.
Al otro, el que necesito.
(Madrid. Abril de 1999)

martes, 25 de febrero de 2020

Oscaridad II. Parásitos se burla de los pobres.

Oscaridad (II)
¿Contraste entre ricos y pobres? No. Contraste entre estafadores e incautos. Eso es el film "Parasitos".
Lo esperpéntico es leer a puñados que "Parásitos es un retrato brillante de la lucha de clases". Clase pobre vs clase rica. Para luego ver esa lucha, talentosamente expuesta en su cinematografía, reducida a una "simpática clase estafadora", los pobres, desvalijando como parásitos a una "tontísima clase de incautos", los ricos.
Aunque los protagonistas son los primeros, por supuesto. Vagos, oportunistas, estafadores, parásitos. Es el orden en que nos los presentan. Los que hemos sido pobres ¡y tan pobres!, reconocemos ese tipo de personaje de barrio, esa familia en la que nadie quiere trabajar, que anda siempre a la caza de una oportunidad para hacerse con los bienes de los demás, sea estafando, robando, chivateando… y odiando, envidiando y maldiciendo, no ya a los ricos sino a sus prójimos mas cercanos, la gente que trabaja y se esfuerza en salir adelante por sus propios medios, sin engañar ni hacer daño a nadie, sin apropiarse de las propiedades ajenas.
"Parásitos" termina siendo una alegoría perfecta de la diferencia entre la mezquindad, esa familia pobre estafadora, y la honradez, cualquier familia pobre pero decente que no aparece en la película y que no sería capaz de cometer ninguno de los delitos que se magnifican como gracietas de los estafadores en el film. Deja mucho margen a la imaginación cómo puede haber sido la vida, el entorno y la educación que recibió el director en su infancia y juventud, cuando era pobre. O a qué le huelen los suyos y nosotros, los pobres, ahora que pertenece a otra clase, la de los famosos y probablemente rico.
En "Parásitos" eso son las dos "clases" en lucha. No son personas que se comportan a la altura de su criterio de la responsabilidad: son dos clases. Una brillante burla gestionada por los neodiseñadores de la corret-opinion y confirmada por la mayor parte de los asalariados de la industria del cine, siempre evadiendo el riesgo de moverse mucho por temor a quedar fuera de la próxima foto. Y finalmente aplaudida por los millones de consumidores que adoran el cine, les disparen lo que les disparen.
Las mediocres actuaciones son algo perdonable teniendo en cuenta lo falsos y poco creíbles que resultan todos esos caricaturescos personajes. Sólo se salva, en su brevísima aparición, la chica de la pizzería que regaña a la familia protagonista por echar a perder, con su holgazanería e indolencia, las cajas de pizzas. Por cierto, ese personaje sí representa una posible pobre real luchando por salir adelante, como realmente hacen y deben hacer los pobres para salir adelante.
El humor es absolutamente predecible. Una vez planteada la trama ya es fácil seguir cada gag, esperarlo, adivinarlo, pues estamos acostumbrados a ese tipo de comedia de enredos. Entonces resulta agradable y cómico sentir confirmado el chiste y la solución que veías venir. Lo saben todos los humoristas. Y no sólo los que hacen comedia recurren a este truco. En la música popular sobre todo, el éxito y las cifras multimillonarias que maneja la industria dependen de que los rompimientos sean los menos posibles, de ahí que en cualquier género las canciones que se promueven tengan idénticas bases armónicas y melodías y estructuras semejantes, de manera que parecen todas casi una sola, la misma pero muy larga. En Parásitos, incluso cuando cambian o se entremezclan los géneros, se recurre al recurso de llevar al espectador a un estado o sentimiento de burdo "¡¿qué será lo que vendrá?!". Este es un truco que ya comienza a peinar canas. Se ha convertido en un lugar común apostar por la sorpresa desagradable para provocar una emoción basada en el futuro, el susto previo a la ruidosa imagen violenta que seguramente viene. Es esta una emoción que proviene de afuera, abandonando el viejo método de provocar a la mente y a la inteligencia con insinuaciones y sutilezas en las que la emoción surge de la confirmación de lo se ha concluido desde los datos que te ofrece la narración de la película. Una emoción, esta última, que proviene de adentro. No es que el recurso no sea válido, simplemente no es nada novedoso. Tarantino y los Cohen son maestros en esto. Pero en Parásitos ni siquiera es muy original lo que ocurre, lo que conduce a que el humor se diluya y uno no consiga ni incomodarse ni sonreír.
El malestar lo provoca no saber si se están burlando de esos ricos o se están burlando de mí haciéndome creer que se están burlando de los ricos mientras se burlan de los pobres.
Pero bueno, si en esta postmodernidad una academia otorga su premio de Literatura a un cantautor que hasta como músico es de mediocre para abajo y todos tan campantes, qué importancia puede tener que cualquier academia de cine otorgue su premio mayor a una película de menor nivel que otras que aspiraban a esa distinción.
El valor de los Oscar no proviene de los premios que otorga sino de la excelencia de las películas que se realizan cada año. Pero su infraestructura convierte en jueces a una clase al parecer poderosamente resentida y tendenciosa que se divierte repartiendo a su gusto y medida el prestigio robado a aquella otra clase de verdaderos artistas que son la causa de que ellos existan y de la que se nutren como Parásitos.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Oscaridad


Acabo de ver "Parásitos", la película coreana que recibió cuatro Oscar en la edición 92ª de entrega de esos premios.  
Construida de punta a cabo sobre armazón hollywoodense, o sea, occidental, lo que echa por tierra cualquier expectativa de disfrutar algo exóticamente novedoso, "Parásitos" es  una comedia de medio palo que nada aporta ni a la comedia ni al palo.  Mucho menos al cine. Y, por supuesto, con una dirección y un guion a la altura de esas escaseces.
Mi perplejidad es tal que, honestamente, pienso que quien no coincida en ello es porque no la ha visto. Y, si la ha visto, entonces es que no ha visto "1917" ni "Érase una vez… en Hollywood" ni "El irlandés" ni "Joker"  (ni "El faro" ni "Richard Jewell" ni "Historia de matrimonio" ni "Doctor Sleep" ni "Uncut Gems" ni "Knives Out"… vaya 2019!) 
Y si las ha visto todas y aún cree que “Parásitos” merecía un premio (¿mejor película de habla no inglesa?!!  no jorobe, ¿así está el cine por ahí?!) es porque pertenece a ese grupo de cinendofóbicos que lleva semanas denunciando que las otras cuatro películas aspirantes al premio fueron nominadas porque estaban realizadas por blancos. Sí, hechas por "hombres blancos". 
¡Películas acusadas de haber sido nominadas no porque no fueran buenas o por pretenciosas o porque los realizadores fueran agitadores políticos o activistas enemigos o terroristas o porque son amiguetes o millonarios y compraran las nominaciones. Nada de eso: porque están hechas por  ¡Hombres Blancos!   Nivelazo de  acusación! 
Por cierto, las citadas no es que sean buenas, ¡es que son cuatro magníficas películas dignas las cuatro de Premio Mayor!  Aún cuando no nos gusten. Y con Premio Mayor, no me refiero al Oscar, que visto lo visto en estos últimos años, no vale la pena.  Hablo de algún premio que se respete. Sí, ya sé, ojalá algún día se instaure un premio así.
Mi reacción cuando leí que el Oscar lo ganó la película coreana fue de desconcierto. No la había visto, así que no quise apresurarme y concedí que quizás estuviera a nivel, aunque convencido de que era poco probable que superara a las otras nominadas. Cuando la vi, mi primera reacción fue de malestar, por supuesto. Mis favoritas eran
-               "1917" de Sam Mendes, un magnifico espectáculo cinematográfico, encima sin discursos moralistas y alejado de conflictos que le obligaran a cometer burdas concesiones ante la cada vez más afilada guillotina de lo políticamente correcto que hoy florece en cada plaza o esquina de la red… 
  y
-              "Érase una vez… en Hollywood", de Quentin Tarantino, que me sorprendió y emocionó con una incontrovertible propuesta (que ya había insinuado a manera de comedia en Inglourious Basterds, en la que mató a Hitler en un atentado, pero que esta vez es tarantinamente explosiva y taranatinadamente conmovedora): el arte nos puede hacer vivir una versión de la vida como debió ser.
(La propuesta que se me antoja en Tarantino es excitante y esperanzadora. En ausencia de un eterno retorno constatable, el arte, sobretodo el arte del cine, nos permite vivir nuevamente nuestra vida. Pero cada próxima vez tenemos la oportunidad de corregir lo inapropiado y vivirla, arte mediante, como nos hubiera gustado ocurriera la vez anterior. No confirmando o maldiciendo lo vivido, no opinando, no juzgando. Simplemente vivir lo ya vivido pero a nuestro gusto y sin improvisar. El arte como posibilidad de reconciliarnos con nosotros mismos, concediéndonos la oportunidad de reparar nuestros descuidos e infortunios.  Está claro que Tarantino en sus filmes se da el gustazo de vengarse, que para eso es Tarantino. Pero a su favor consta que no hay garantía alguna de que su propuesta artístico-filosófica sea reconocida y aceptada. Yo diría, incluso, que tiene amplias posibilidades de que sea ignorada y rechazada, que para eso es hombre y blanco)
Cualquiera de ellas. Pienso que son las dos mejores películas de 2019. 
Pero aquella, la de la molestia, fue sólo mi primera reacción. Luego me fui a los videos, los comentarios, los artículos, las redes y…  
A ver si me explico bien. Al final me va quedando la impresión de que mi creciente fobia hacia los miembros de la Academia de la Caridad al Pobre Oscar, o sea, los que dan los premios, no parte de una premisa razonable ni inteligente, quizás porque carezco de la astucia que le sobra a esos señores para resolver asuntos tan delicados como tener que elegir. Y es que, viendo los discursos de los premiados y de casi todo aquel a quien le ponen un micrófono delante en Hollywood últimamente, he comenzado a sospechar que la Academia, en pleno, puede que esté hasta el bigote de escuchar tanta sandez, tanta babosearía, tanta hipócrita reivindicación de tanto ricachón complejista y sobrado de doble moral, teniendo en cuenta que para ellos, los académicos, eso debe ser pan de cada día.  ¿Será ese el punto?
Bueno, lo sea o no lo sea, yo a estas alturas del festival casi prefiero que premien a los pioneritos coreanos con tal de no tener que escuchar más discursos de los miembros del Comité de Agitación y Propaganda del Frente de Supremacistas Morales del Progrexismo Hollywoodense. Con el discursito del afectado miembro que interpretó al Joker (sin superar ni por asomo a su previo, Heath Ledger) tengo bastante. Ya está repleto mi álbum de colección de ídolos caídos.
Me temo que Tarantino tendrá que ceder y concedernos diez películas más para reparar toda esta etapa decepcionante de la historia del cine americano.
El otro cine, ya nos hacemos cargo, no cuenta.