lunes, 26 de diciembre de 2011

Todos bajo sospecha.

Fue maravilloso estar allí, en “lo mismo”, en lo que somos...
Mabel Cuesta, escritora cubana, profesora de la University of Houston, amiga enorme presentó su libro “Inscrita bajo sospecha”  (Betania, 2010) en el bar “La Ida”, en Malasaña, en Madrid, el pasado jueves 22 de diciembre a las 6:30 de la tarde.
Me pidió que cantara algunas de mis canciones, como hace cada vez que podemos coincidir. Un honor que no sé ni pretendo describir.
Una hermosa reseña de lo sucedido la pueden leer en este post de Gisela Baranda en su blog “Desde mis 35 metros cuadrados”.  Fue precisamente ese post el que provocó en mí estas reflexiones que apunto con prisa, sin intención alguna de ser definitivo ni cerrar el posible debate al respecto. Y que tienen como premisa este fragmento de Gisela (el subrayado es mío):
"María José enlazaba sus palabras con sonrisas, Mabel leía sus cuentos por encima de la algarabía del bar, Rubén y Judith cantaban sus canciones amadas y rotundas, conversamos, comentamos, reímos… y la magia volvió cauta y familiar a rondar sobre nuestras cabezas."  
Éramos nosotros “la algarabía del bar” aquella tarde. El bullicio, los raros, lo infrecuente. Nosotros fuimos “el ruido”  y casi el estorbo del pasado jueves en La Ida. Y no hay que pedir perdón por ello como tampoco nos correspondía pedir silencio. Para los clientes del bar y para el bar mismo lo habitual era lo que ellos hacían: beber, conversar, reír y todo lo que se hace en un bar y es lo propio de un bar.
Qué diferencia existe entre hacer la presentación de un libro en un bar y hacerlo en un apartado rincón del Parque del Buen  Retiro o en el salón de alguno de nuestros hogares. La respuesta es: justamente nuestro afán de protagonismo y cierta dosis de exhibicionismo y esa fe alegre y común a todos los mortales en que lo que hacemos es importante y definitivo, acaso lo más. Con nuestros poemas, canciones, risas y credos ocupamos un espacio diseñado para otras cosas, para luego marcharnos con la sensación de ser unos incomprendidos.
Es así que creamos nuestro particular elitismo los intelectuales y los artistas. Así imponemos ambiguas definiciones de la otredad, la alteridad, lo otro. Y así, marginando a los otros, nos marginamos nosotros mismos, otorgándonos una supuesta superioridad que no es más que una actitud defensiva y una manera ¿sutil? de evadir nuestra equivocación. ¿De dónde nos viene esa creencia en que somos los abanderados de la sociedad o la cabeza o punta de lanza de la historia y el progreso del hombre? ¿De dónde que debemos ser escuchados cuando lo decidamos y no cuando lo decida quien ha de escuchar? ¿Qué hacíamos presentando en un bar no diseñado para ello un libro de poesía y cantando canciones intimistas y “raras”?
No nos basta con sentirnos bien, necesitamos mostrarlo. Recuerdo cómo en Cuba, cuando alguien hace una fiesta en casa (incluso muchas veces sólo cuando está contento), abre las puerta o las ventanas o el balcón, y enfila hacia la calle los altavoces del tocadiscos o la casetera o la radio y  conecta a todo volumen la música... ¡que se enteren!, ¡transmitimos!... ¡esto es lo que soy esto lo que me gusta ea a disfrutar conmigo!!!
No hay mucha diferencia entre eso y la actitud de siempre, de año tras año, de una y otra vez  pretender realizar presentaciones de libros, conciertos de íntimas canciones para la reflexión, exposiciones de arte con nuestros afanes como altavoces enfilados hacia esas calles sorprendidas que son tantas y tantas personas a quienes no interesa nuestra fiesta. Está claro que no llegamos a ser mendigos atravesados en las aceras implorando ayuda, pero no estamos muy distantes de huelguistas o indignados que claman derechos que no siempre les corresponden.
Fue bueno estar juntos, incluso estar juntos allí. Pero no era estrictamente necesario hacerlo en  aquel sitio. Y conste que la amabilidad del dueño del local y de su personal fue total y mucho la agradecemos. 
Sí, fue maravilloso estar allí, en "lo mismo", en lo que somos... pero...
Suerte que Mabel es una escritora y comunicadora muy especial. ¡Y hasta cantó haciéndome feliz una mía canción! 
En cualquier caso, a partir de hoy, como siempre hice en Cuba, ofrezco mi casa, mi pequeño pero suficiente salón para cuanta presentación literaria o musical o artística suceda, o casi. Y también recomiendo aquello que insinué: un parque, un rincón de este basto universo donde estemos los que queramos, sin molestar a nadie para culparlos después de nuestras molestias, sin involucrar a quienes no desean ser involucrados en nuestros modestos o trascendentales asuntos. 


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martes, 18 de octubre de 2011

¿Amor vs. Razón?

    Llevo unos días inmerso en un interesante debate, email mediante, con mi amigo Julio Fowler: crisis económica y  de valores,  verdad y  libertad,  política e ideología, lo absoluto y lo relativo, amor y razón. Justo transcurriendo este último punto sucedió la muerte de Steve Jobs. 
    Desde Arcos de la Frontera otro buen amigo, Rafa, me ha instado a escribir algo al respecto. Julio me ha enviado un link del discurso de Jobs durante la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford de 2005 en email que amablemente me ha autorizado a publicar, cosa que ahora hago acompañándolo de mi respuesta.
    Puesto que mi conocimiento del fundador de Aple no va más allá de mi condición de cliente con Iphone, algunas referencias ineludibles en noticiarios y prensa y ahora desde mi encuentro con su discurso de Stanford, en mi respuesta parto de las opiniones de Julio derivadas del debate que mantenemos. De ahí el énfasis en mi defensa de la Razón del Hombre, uno de los fundamentos de mi defensa de la verdad, la libertad y el amor. Y trazo mi propia percepción de la dimensión de ese hombre que, aun joven, acaba de morir dejando marcado el mundo con la huella de su obra y su trabajo.
    Antes de ver el vídeo leí la transcripción del discurso, enviado por Julio con sus personales subrayados en negritas. Lo he colocado en este link tal y como me lo envió para, si lo desean, lo puedan leer (y ver los subrayados), que es en mi opinión mejor vía para acercarse a él.





He aquí el email de Julio:
"Mi querido Rubén: He estado leyendo y releyendo este discurso de Steve Jobs y curiosamente, su mensaje contiene unas cuántas claves emocionales, éticas, filosóficas y antropológicas narradas como lecciones de vida no muy distantes de lo que ya se nos ha dicho por ejemplo en "El Nuevo Testamento" en boca de Jesús (o en los mensajes de tradiciones gnósticas, místicas, esotéricas, en el arte y la canción y ahora desde el nuevo paradigma científico); también en "El pequeño Príncipe" (por solo citar solo dos libros con un mensaje ético más o menos común) que sugieren la idea del AMOR como condición antropológica del ser humano, como motor inspirativo y creador y al CORAZON como nido, como centro creativo, energético, iluminador, orientador. Hay unas cuantas frases sintomáticas de Jobs en este discurso que me llamaron mucho la atención y me recordaron de repente la sentencia con la que terminas el último de tus mensajes cuando dices:
"Es a la Razón adonde ha de retornar el Hombre para salir de este atolladero al que el uso inducido de la sinrazón le ha llevado".
Te invito a reflexionar sobre estas, al parecer "tópicas" frases que desbordan el discurso de Jobs (algunas las he señalado en negritas) pero que en mi opinión, son de una honestidad visceral y revelan una verdad que al menos yo comparto. Me pregunto si lo que el ser humano olvidó durante los últimos 2.000 años no fue precisamente el mensaje que preside las parábolas más entrañables de Jesús, Ghandi e incluso Albert Einstein...?. Me pregunto _coincidiendo con Humberto Maturana_ si no ha sido la RAZON la herramienta psicológica que han utilizado los controladores para manipular y devaluar la naturaleza de esta emoción-energía?. Me pregunto si el desequilibrio social y la asimetría psicológica y perceptual que vivimos no tiene que ver precisamente con la sobrevaloración de la Razón?. Tal vez no haya que acudir a los mensajes de Jesús, Ghandi o Einstein para entender el Amor como fundamento olvidado de lo humano puesto que, seguramente nuestras madres nos educaron instintiva e incondicionalmente en ese sentimiento que por cierto, no se enseña en las escuelas. Me pregunto entonces, retomando tu idea si, a donde ha de retornar la especie que somos para salir de este atolladero no es sino al AMOR, al corazón, al interior?. Si hay algo que comparto profundamente con Jobs en este discurso es esa certidumbre crística y antropológica de que el AMOR es la respuesta. 
(love is the answer)
Te abrazo."

    Naturaleza y Razón.
    Querido Julio: Sí que es interesante el discurso de Steve Jobs. Al menos a mí me ha gustado mucho. Me confirma la idea de que nada tiene valor en sí mismo, que las cosas sólo tienen valor si alguien le otorga ese valor. Y este es el discurso de un hombre que otorga mucho valor a la vida. Este de Job no es el discurso de un hombre ante la muerte: es el discurso de un hombre ante la vida, de un hombre que va a vivir. Un hombre que ha estado en peligro de abandonar la vida, sí, pero que ha superado tal peligro.
    Y precisamente en este hecho encuentro una de las premisas en que fundamento esa defensa de la Razón que cuestionas. El Jobs de ese discurso no ha superado la muerte porque lo deseaba, ni por intuición, ni porque sus emociones lo contactaron con algún poder del más allá ni de su interior que lo curaron: la superó justamente porque desechó esas energías emocionales ¿naturales?  y se puso en manos de la medicina. ¿Debo decir medicina creada exclusivamente por la razón del hombre para procurarse una vida sana, condición indispensable para acceder entre otras cosas a esas “tradiciones gnósticas, místicas, esotéricas, en el arte y la canción y ahora desde el nuevo paradigma científico”? 
    La realidad es que ese hombre superó tal peligro justamente porque se violaron todas las leyes de la naturaleza, de los chamanes, de la mística y de las fuerzas ocultas naturales o mágicas. Incluso porque se alteraron algunas desafortunadas creencias personales de Steve Jobs acerca de esas leyes naturales. Resulta que, curiosa y lamentablemente, fue justo una reacción equivocada de Jobs lo que, según algunos especialistas, ahora le ha causado la muerte: cuando le notificaron su enfermedad recurrió en un primer momento a terapias alternativas. Un año antes del discurso en Stanford cambió de idea y decidió someterse a la operación que lo mantuvo con vida por más de siete años. Pero al parecer ya era tarde.
     
     La Razón estricta.
     Ninguna de nuestras creencias y certezas, ni la fe ni la ausencia de ella nos puede inducir a menospreciar, ignorar o tergiversar el hecho de que es el ejercicio de la razón y no otra cosa lo que nos confiere nuestra cualidad de Hombres. 
     Jobs superó el peligro de morir en aquel momento, pero no tiene música de fondo ni nada de romántico el motivo estricto por el que sucedió ese admirable y feliz acontecimiento: otros hombres y él mismo hicieron uso de la razón para conseguirlo. Los medicamentos creados por el hombre le curaron alterando el desenlace natural de su enfermedad. Tales medicamentos y los aparatos con que los médicos consiguieron alargar la vida de Jobs desafían todas las leyes naturales, desde el bisturí y las jeringas hasta los escáneres que detectaron su mal. Los “brujos” que hicieron posible que Steve Jobs sorteara la muerte fueron los hombres, los médicos que lo atendieron, el personal todo relacionado con esto, los creadores de los artilugios con que se realizan esas operaciones, los científicos que usando su razón inventaron aparatos, descubrieron medicamentos efectivos, aquellos otros hombres que montaron las fábricas para producir las medicinas y cada uno de los implementos usados en la operación... y los matemáticos, biólogos, químicos y  filósofos que aportan cada vez nuevas ideas y creativos razonamientos para mejorar la vida del hombre... y los miles de libros que conservan memoria de todo ello... 
     No se me ocurre un solo componente de ese acto de curar a Jobs que pudiera haber sucedido o sido creado de manera natural y diferente a la acción de razonar del hombre. Todas involucradas: desde la rueda y la imprenta hasta la microcámara, desde el sistema eléctrico hasta el tubo de cristal, desde las combinaciones químicas hasta la goma rodante de los camiones que transportan todo lo implicado de un sitio a otro... Todo creado por la mente del hombre.
      
     El sitio justo.
     Todo ello es digno de la más alta consideración y respeto y, en mi opinión, debiera tener música de fondo y ser cantado por poetas a la vieja usanza de odas y rapsodias, y ser observado con mayor frecuencia bajo este prisma romántico que no consigo disimular.
   Y nada tiene que ver esta Razón que defiendo con esos experimentos de diseño social, ideologías y manipulación de masas con que desde ciertos círculos intelectuales y de poder se quiere presentar la Razón del Hombre. El uso de la razón, como verás más adelante, es justamente lo opuesto a esas falsedades.
    Algo me sonrojo al escribir estas cosas, pues sé que te son conocidas y evidentes y me reprocho que, aunque parece que hablo con un extraterrestre, es obvio que conoces todo esto. Pero un poco las escribo también para mí, para no olvidarlas, para no permitir que vuelva a poseerme aquella irresponsable visión que provocó que malgastara los grandes años de mi juventud esperando sucediera algún milagro relacionado con mi vida y mi felicidad que no fuera provocado por mí mismo.
     "Volver a la Razón" quiere decir para mí, además, encontrar la belleza, la grandeza y la poesía también en todos esos actos que son consecuencia del ejercicio de la Razón del Hombre. Puede parecer temeraria la idea de “volver” adonde no parece que hayamos estado jamás. Pero haber llegado a este punto del camino en que nos encontramos no es un síntoma que pueda ser rechazado. Y yo soy siempre optimista. Además llevamos mucho tiempo salvando vidas, sorteando leyes naturales que nos son muy poco favorables. ¡Estamos volando, amigo, volando! Y navegando por el mar. Y conquistando el polo y la selva y el ecuador. Y la luna y el cosmos. Y cada aparatito que tan común hoy día nos parece, desde un helicóptero hasta un mando a distancia o una guitarra eléctrica no es un milagro divino ni de la naturaleza ni es magia o esoterismo: es obra de la Razón del Hombre, creación suya... nuestra.


    Razón es identidad.
    Yo no te quiero amigo (al menos no de modo fundamental) ni realizo este intercambio de ideas por tu condición de entidad emocional e intuitiva. Tú no eres una mascota. ¿Con cuál de tus emociones aprendiste a escribir, a pensar, a elegir cada acción de tu vida?  Todo cuánto crees o decides creer, todas tus decisiones, erradas o acertadas requieren de tu acto de pensar. Es ese acto el que te identifica como el Julio que Yo quiero y no como otro ni como otra cosa distinta a una Persona. Deja de pensar y te convertirás en una planta. Entiendo que alguien pueda querer ser una planta, o una entidad medio animal medio bosque. Pero ese alguien ha de decidir mediante el uso de la razón dejar de ser una persona, suicidarse como hombre. Aún no sé cómo lo lograría, pero supongo que puede uno inyectarse alguna sustancia que apague el cerebro, o lo desconecte para siempre. Seguramente. Y si no lo hay lo puede crear (por supuesto usando la razón) Pero para ello ha de ser previa e irremediablemente un hombre. 
    Desde mi personal perspectiva la palabra más importante del discurso de Steve Jobs aparece en esta frase: “Y diseñamos el Mac”... “Diseñamos”. Esa palabra define al Hombre, al ser humano, a la criatura más insólita de la creación, cumbre de lo vivo conocido. Y todo eso no lo es el Hombre porque la tierra, el viento o los poderes del más allá etéreo lo hayan querido o estructurado así, sino por su capacidad para razonar, para pensar, para usar esa herramienta sin la que no sería: su mente. El uso de la Razón (palabra esta última que para alguna gente resulta hasta vulgar y que otros niegan con el propósito de manipular a los más crédulos o perezosos) es la más sorprendente y admirable cualidad que se da en la naturaleza. La conciencia no existe sin razonamiento. Sólo desde el acto de pensar es que puede una criatura conocer que está viva y ser consciente y dar valor a esa vida. 
    La frase más notable del discurso es para mí esta: “Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.”  Una reacción particularmente sobrada de “incorrección política” para la actual moral social más generalizada esa de asumir con orgullo algo que tanto él como el resto del mundo reconocen como un valor. Eso es ego crecido y asumido. Eso es autoestima. Eso es lo que llamarían por ahí “falta de humildad”. ¿Y a la gente qué le parecerá? Porque resulta que tiene toda la razón del mundo, que es una verdad al parecer indiscutible. Me gusta esa frase porque considero que el hombre debe sentirse orgulloso de sus logros. Eso también lo identifica.

     Claves.   
     Pero vayamos a tus subrayados.
     La primera palabra que señalas es intuición”. Está claro que nada de lo expuesto en el discurso de Steve Jobs está ahí por azar. Pero la clave para interpretar el sentido estricto de esa palabra en su exposición es esta frase:
     "...era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde. Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro."

    Desde mi punto de vista, Jobs intenta comunicar su experiencia e inspirar seguridad en los jóvenes que lo escuchan. Pero, en lugar de hacerlo desde una reflexión negativa tipo "no te amilanes ante los obstáculos que puedan surgir", usa un parlamento de comunicación positiva: "Tienes que confiar". Y para ofrecer garantía de veracidad a su recomendación presenta su propio comportamiento de años atrás como consecuencia de su "curiosidad e intuición", no como una actuación carente de sentido y sin consecuencias ya prescritas. Evidentemente Jobs  ha reflexionado acerca de las causas que lo llevaron a los resultados obtenidos en su vida. Y trata de encontrar en aquel juvenil comportamiento suyo un sentido más allá del simple proceder de un joven inteligente poco dado a regirse por las normas  y decidido a hacer sólo aquello que le apetecía.
     Está claro que podemos creer que todo formaba parte del destino, él mismo puede haberlo creído. Desde una visión determinista de la existencia, desde la creencia en un destino inevitable podemos aceptar aquella cierta "intuición" de sus años juveniles como una de las causas para el efecto que fue el triunfo de Job y la creación del Mac, del Iphone, del Ipad, de Toy Story, etc. Aunque sospecho que, en un mundo predeterminado, el destino inevitable sería la única causa de todos los efectos.  


    La causa.
    Pero la realidad es que si Steve Jobs  hubiera muerto en aquellos días de la universidad, hoy “los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen”. Porque la clave real para esos resultados es inalterable y sólo tiene una causa: Steve Jobs... y su inteligencia y su talento y su entrega al trabajo y su encuentro con esas tipografías... y mucho de haber sucumbido a su belleza: “Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante." (En fin, la estética, que es en mi opinión el fundamento sobre el que se soporta buena parte de las grandes creaciones del hombre y probablemente todas sus actitudes más cotidianas) 
     Jobs, desde la cima de su obra realizada, trató de encontrar más allá de sí mismo una causa a todo ese éxito. Y no la encontró porque él mismo era esa causa. (Me divierto pensando que, de haber topado con un curso de relojería en lugar del de caligrafía, lo más probable es que ese hombre, en lugar del Iphone, nos hubiera legado una "Máquina para Viajar en el Tiempo")  Aunque tal vez sí lo supo. Y se guardó tal certeza quizás autocensurándose o, cosa comprensible, por cierta aprensión a que se interpretara mal su respeto a su propio trabajo, su autoestima (ya sabemos cuán costoso es hoy día el "individualismo")
     Cualquiera de esas dos razones son premisa de lo impreciso de la segunda frase que subrayas en el discurso y de su incapacidad para concretar el consejo: “Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
      La lección  que trata de comunicar Jobs es que todo cuanto percibimos nos va a servir en el futuro, y por tanto nada se debe desechar, pues cuanto se aprende, cuanto nos gusta y encontramos de valor va a estar incorporado a nuestras creaciones, nuestras actuaciones y a nuestra visión futura de la vida.  
     Sin embargo, eso no es suficiente. Y es en su segunda historia donde él mismo confirma la verdadera causa de su éxito, de su realización personal y de nuestro beneficio que te indico: el amor al trabajo y la constancia de Steve Jobs.
    El amor.
    Es imposible realizar algo bien, total, sin amor. No es posible la felicidad sin amor. Y en todo sentido el amor no es un capricho, ni es un deseo, no es instinto, no es arbitrariedad de emociones, aunque todos esos sentimientos se encuentren implicados. El amor, en tanto que proyección verdadera y sublime del hombre, es sobre todo un ejercicio de la razón. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis “ – dice Job y tú mismo lo subrayas. Eso sólo se consigue desde la reflexión, de lo contrario tendríamos que convenir que los animales aman.
    El hombre no ha solucionado su problema con el AMOR precisamente porque lo mantiene subordinado al terreno de lo emocional. Y el amor, válgame Dios, es asunto demasiado serio y fundamental para dejarlo a merced de las emociones. El amor es un acto volitivo. Otra cosa es el enamoramiento, como lo son el deseo, la idolatría, la sumisión, incluso el apareamiento... todas estas emociones más o menos involuntarias, aunque inevitables algunas y necesarias otras. ¿No te parece revelador cómo a pesar de tanto tiempo transcurrido los problemas del hombre relacionados con “el amor” perduran como si estuviéramos aun en la cueva?
       El Amor (el verdadero, no hay otro) está supeditado realmente al conocimiento de lo amado. No puede amarse lo que no se conoce. Y conocimiento es pensamiento. El amor es la materialización y concreción en otra persona o acción (como el amor al trabajo) de lo mejor que quiere uno para sí. Está claro que es un sentimiento complejo y de difícil consecución, pero no es un acto irracional, no es una práctica ajena a la voluntad. Y es por ello exclusivo del hombre. Cualquier otra definición que se le quiera dar reduce el amor a un instinto. O, en el mejor de los casos, lo devalúa a otras categorías menos elevadas para mi gusto: el cariño, el afecto,  la simpatía, etc., que son válidas, pero que no son Amor. 
      En mi opinión, si el amor no pasa el filtro de la razón, si no es un acto consciente, aceptado y concebido de manera meditada y reflexiva no pasa de ser puro instinto, no deja de ser jamás inmaduro y por tanto inseguro, incontrolable, y en lugar de formar parte de lo mejor de tu vida se puede convertir en un infierno, en una serie de sensaciones que conspiran en contra tuya, un obstáculo más que un motivo de felicidad.
     El corazón.
     Cada cual puede tomar para sí lo que desee del discurso de Jobs. Tú pones el énfasis en la alusión que hace acerca del corazón: “Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado”  
    Me hago cargo que buscas confirmación a una presunta controversia con la razón en esas palabras. Pero te saltas lo que realmente es el mensaje basado en la experiencia de este hombre y que él expresa justo antes de esa frase, cuando dice:
"El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis."

    Seguir los dictados del corazón quiere decir, literalmente, que, tras realizar un razonamiento, el hombre decide dejarse llevar por su intuiciónelige consumar una acción de la que no conoce exactamente el resultado pero sobre la que su mente sospecha que puede ser buena para él. El corazón no decide: la mente decide seguir al corazón.
    El corazón no reacciona ante el hecho estético o amoroso o premonitorio o de conocimiento de modo involuntario, mucho menos voluntario. Lo hace después que la mente "identifica" esos hechos como tales. No existe reacción del corazón previa a esa identificación. Y esos criterios se aplican a todos los órganos y componentes de nuestro cuerpo físico a los que solemos atribuir capacidades premonitorias o cualidades como instintos, etc: “un salto en el corazón”, “una angustia en el pecho”, “un vacío en el estómago”, “un frío en la espalda”, “una sensación en la nuca”... Todos estos “indicadores” están precedidos de algún proceso mental, ya sea percepción en tiempo real, un recuerdo, o la representación de un suceso futuro.


    La imagen.
    Desde el punto de vista estético lamento despoetizar  estos símbolos, que de siempre nos han servido a los hombres para sublimar los sentimientos o adornar con algo de misterio y mística una vida que se nos antoja mediocre y vulgar, cuando no totalmente aburrida. El hombre, en un larguísimo ejercicio de pereza intelectual, ha vivido confundiendo ese reflejo estético, esa imagen ilusoria, esa interpretación con la realidad misma. Y así nos va.
    Los poetas, como un poco señalé en el post anterior, tienen una enorme responsabilidad en este hecho. Aunque no exclusivamente: hay que sumar a todos esos individuos que se atribuyen el patrimonio de nombrar las cosas, contar la historia, definir el mundo y lo cognoscible: intelectuales, escritores, filósofos, políticos, todos los que diseñan lo que ha de conocer el hombre, la mayoría de los cuales no existirían como tales sin esta actitud irracional con que los demás contemplamos la vida más que la vivimos. En todos los casos, la metáfora es la forma que eligen para conectar con sus seguidores (víctimas, por mejor decir) Por eso, y porque aquellos son precursores, continuaré llamándolos poetas.     
     El hombre común suele creer a esos iluminados y considerarlos líderes y guías. Pero el problema no es que los hombres crean a los poetas, sino que los poetas, a resultas de su vanidad, terminan creyéndose a sí mismos. Y, puesto que del pozo de lo irracional no parece que vayamos a salir en breve, suelo divertirme también con esto: 
    Tal vez el origen de la sinrazón se encuentre en ese momento en que los poetas descubrieron que, la mayor parte de las veces, el único modo de conseguir que una mujer te perdone es diciéndole: “¡por favor, cariño, escucha a tu corazón!”... no “a tu razón”. 

    La muerte.
    "Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder."
    Es inevitable de vez en vez recordar que uno va a morir, reflexionar acerca de la muerte. Pero, amigo, mi reflexión más constante y consciente es acerca de la vida. Me interesa enfrentar una personal cultura de la vida a esta cultura de la muerte en la que hemos crecido y que ha marcado al hombre desde tiempos inmemoriales. No me gusta el alegato que intenta hacernos creer que, puesto que vamos a morir, todo lo que poseemos es banal y carece de valor y significado. No me parece correcto disminuir el valor que concedo a las cosas que me hacen feliz, sean estas las que sean, porque existe la muerte al final del camino. Más bien al contrario. La muerte es inevitable, llegará. Pero mi deber es para con la vida, para con mi vida y la de los míos. Una cultura de la vida, de la alegría, una búsqueda constante de felicidad, de bienestar, de amor. Una vida en la que nada signifique un sacrificio para mí.
    Sólo hay una cosa “que perder”: la vida. Y esta cuando se pierde no tiene significado. Es decir: sólo estamos vivos, no existe estar muerto.
    El amor, el trabajo, ambos en sentido “genial” como dice Job en su discurso, el orgullo, la plenitud espiritual y material son todos ingredientes y vías desde los que procurarnos felicidad. Si no soy feliz debo cambiar mi vida. Si me es difícil cambiarla, debo encontrar en lo que realmente soy y hago el motivo para la alegría que me corresponde de cada día de esa única vida mía. Eso, amigo, no debe posponerse, no debe dejarse para después, para un más allá, para una posible trascendencia. Porque con ello, definitivamente, tampoco vas a alterar el final. Y todo esto es igual tanto para quienes creen en Dios como para quienes se aproximan a cualquier otro tipo de percepción, e igual para quienes no creen que existan opciones posteriores.
    Pienso que el alimento para la vida es la felicidad, no el “recuerdo de que vas a morir”. Y felicidad en tiempo real. No tenemos mejor activo, para el futuro que venga, que esa acumulación de dicha, satisfacción espiritual, profesional, intelectual o física que resulta de la felicidad de cada día. ¿Y cómo acceder a esa conquista constante de la felicidad si no es mediante el acto consciente de la búsqueda? 
    Defensa de la Razón
   Toda defensa de la razón es siempre autodefensa. Y no procedería sin la existencia de la sinrazón. Toda una niebla de falsos conceptos inducidos, medias verdades, erradas premisas y una moral ancestral aceptada por todos y sin alternativas entorpeció durante mucho tiempo mi percepción de la razón. Así somos educados. Considero eso un ataque premeditado a mi libertad y a mi derecho a mi vida. He supuesto, como tantos, que la razón enturbiaba el pleno acceso al amor, a la creación artística y al entusiasmo, a la bondad, incluso al conocimiento de la verdad. Había un objetivo claro en la pretensión de hacerme víctima de tales desmanes. No es nada personal”, dirían los victimarios en estricto argot pandillero. Pero eso ha dejado de ser importante para mí hasta donde es razonablemente posible. 
    La mayor nobleza está en la mente del hombre, no en su corazón ni en sus emociones. Un hombre que abusa de otro no es un hombre que razona, es un ser primitivo que atiende apenas a sus impulsos más básicos. Eso hace un hombre que mata: dar rienda suelta a sus instintos, a sus emociones. Mientras que un hombre que cultiva la razón enriquece su vida intelectual, espiritual y física. Y eso provoca felicidad. Y la felicidad es lo que el hombre culto y sano de mente intenta procurarse en todo momento. Cuando un hombre culto hace uso de la violencia y reacciona de manera violenta no lo hace desde la razón sino desde el ser primitivo que lleva dentro.
    Lo que conduce a las guerras no es la razón sino todo lo contrario: la sinrazón.  El hombre que usa la razón concluye y sabe que su vida es su mayor, su único valor. Quien razona descubre que ese valor, su vida, ha de ser protegido y mimado y salvado de todo peligro. Porque es único ese valor y sin él no puede ni vivir ni ser feliz y ni siquiera proteger todo aquello que quiere y posee. Por tanto, un hombre que violenta a su prójimo, que provoca guerras es un hombre que no está haciendo uso de su razón, porque es un hombre que está poniendo en peligro su propia vida, su mayor valor. Un hombre que razona sólo hace uso de la violencia para proteger su vida. Por cierto, un hombre que pudiendo hacerlo no protege su vida de la violencia de otros es también un hombre que no razona.
    Y un hombre que no trabaja, que no busca la felicidad, que no alimenta y cuida su propia vida es también un hombre irracional.
    Negar al hombre la Razón es negar al Hombre mismo, negar su propiedad más exclusiva. Negar la Razón es acercarnos al animal. La ética es un ejercicio de la Razón: los animales no tienen ética, la tierra no tiene ética, ni el viento, ni el fuego... El mundo natural no es un mundo noble, es más bien salvaje, agresivo, un mundo en el que todo lo vivo está en constante lucha por la supervivencia. Todos los organismos vivos, excepto el hombre, se hallan directamente a merced de ese mundo y de su comportamiento, arbitrario o armonioso pero siempre indescifrable para toda entidad que no piense, que no razone y no lo conozca.
     Que el hombre pretenda negarse a sí mismo, negando la Razón como hacen y tanto consiguen aquellos manipuladores que te señalé, es el principal síntoma de cuán enfermo está. Sólo te puedes reconocer a ti mismo mediante el ejercicio del pensamiento, pues las emociones no son  una herramienta fiable para el conocimiento. Los animales y hasta las plantas tienen emociones, reaccionan al medio y a la circunstancia. Pero no tienen conciencia de sí mismos ni de su entorno. El hombre puede sobrevivir sólo porque usa la razón. Y aun así, para que haga uso de ella, tiene que ser enseñado por otros hombres. 
    Abandona a un hombre recién nacido en un bosque y verás qué queda de él. El hombre cuando nace no sabe qué planta es venenosa ni qué alimentos comer ni cómo procurarse un sitio para sobrevivir al frío, al fuego, al ataque de otros animales, a las enfermedades. No cuenta con ningún aditamento fuera de los órganos de los sentidos para adquirir información del medio, ni fuera de su propia mente para procesar esa información, conocer el medio y transformarlo en beneficio propio para sobrevivir.
    Observa a tu alrededor y comprueba cuán distante está el hombre de hoy de esa situación tan primitiva que te describo. Y concuerda conmigo cuánto le debe el hombre a su capacidad de pensar, a su mente, a su razón. Y no olvides que para ello necesita también de la vida en sociedad, que es la única que suple esa carencia de instintos, pues hace que el hombre conserve el conocimiento y lo trasmita a cada nuevo hombre que nace y le advierta acerca de cuál ha de ser su comportamiento. Incluso para negar todo esto que te digo hay que hacerlo usando la mente, el pensamiento, la capacidad de razonar. La tierra, la amada tierra no ha destruido al hombre porque este se defiende con la Razón. Todo lo demás es, perdona la rudeza, tontería.


    El Hombre.
    El hombre, como entidad viva, no tiene destino. La tierra sí y practicamente todo lo que nos rodea: la destrucción es el destino de este planeta. Su acercamiento al Sol hasta tal vez ser absorbida por este es una de ellas. Otra puede ser el choque con algún elemento espacial de dimensiones “apropiadas” para tal desastre. Sin embargo el hombre no tiene que tener ese destino: podemos abandonar el planeta, largarnos a otros sitios, conquistar otras piedras estelares y usarlas como refugio hasta que esa también se destruya después de habernos largado una vez más. Eso no lo lograremos haciendo uso de nuestras emociones, más bien al contrario.  En cualquier caso, ningún otro organismo vivo de la tierra, complejo o simple, tiene esa posibilidad de que dispone el hombre. Porque no cuentan con esta herrramienta que hace que la vida tenga conciencia de sí misma y se garantice la posibilidad de no perecer. Se puede fantasear de mil maneras acerca de cómo puede concretarse el acto mediante el cual el hombre perdure eternamente. La ciencia ficción se ha ocupado de ello desde años ha. Pero no hay fantasía alguna en el acto de asegurar que disponemos de todas las herramientas (en realidad una sola: la mente, el pensamiento, la razón) adecuadas para ello.

    Steve Jobs 
    Es el símbolo del hombre “locomotora”, el que tira de los vagones en que va el resto del mundo. Es la representación de eso que tantos odian y envidian: el hombre que consigue el éxito y la realización mediante el esfuerzo propio. Pertenece a ese tipo de hombres que son fundamentales para que el Hombre sobreviva. Es un creador de riqueza. Como tantos que hoy día desprecia el vulgo. Es ese tipo de ser humano que por más que se le intente destruir saldrá adelante una y otra vez. Porque basan su acción en la satisfacción de sus principios individuales, en el respeto de sus valores personales, en su amor al trabajo y la concreción de ese amor. Y porque encuentran la felicidad en la armonía entre el amor y la acción, entre lo que piensan y lo que hacen. Y tanto que sólo lo complace la realización de un “trabajo genial”. Nunca descansan y nada los detiene. No viven parásitos de los demás. Eso es liberador y un paso fundamental para la felicidad.
     En lo personal, me quedo con estas palabras del discurso de Jobs, que interpreto como un llamado a la reflexión propia, a la acción individual, al razonamiento íntimo y al trazo de un objetivo personal, independiente de lo que otros pretendan inculcar en nuestras mentes. Y que, al parecer, aunque por caminos diferentes, nos hace a ti y a mí finalmente coincidir:

"Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior."

     La propia voz...
     No existe la Razón en sentido social, colectivo, común. Existe sólo en sentido personal, individual, íntimo, en interacción e intercambio de resultados con otros hombres y sus propios exclusivos procesos de pensar y obtener conclusiones.
     El uso de la Razón por el Hombre es el único vehículo para una búsqueda rigurosa de la verdad y para el ejercicio consciente de su mayor fuente de energía: el Amor.
     Y no es que niegue la fundamental función de las emociones ni que me parezcan absolutamente obstaculizadoras o innecesarias. Las emociones forman parte de nuestra identidad tanto como la razón. Pero han estar supeditadas a esa nuestra herramienta para la comprensión, el conocimiento y la supervivencia. Dependemos de la mente, y entre esta y las emociones hay que elegir nuestra mente. No es una emoción lo que advierte que no debes cruzar la calle con el semáforo en verde. Si desconectas tu mente para "sentir" el universo, antes de una semana te has muerto de sed o de hambre. Eso no es algo que me parezca debatible siquiera: no existe la opción de elegir entre razón y emoción, porque sería elegir entre vida y muerte. Y me atrevo un poco más: es cierto que lo común es un punto intermedio, algo de razón, algo de emoción... Pero eso conduce a este tramo gris, mediocre, que adultera la lucidez y cierra las puertas a la genialidad, conduce a esa entidad incompleta que hemos sido siempre la mayor parte de los hombres, los que usamos el mínimo de razón posible para controlar el máximo de emoción conveniente.
     No dudo que muchos de los grandes logros, inventos y descubrimientos de la humanidad han sido producto de la vanidad del Hombre, o del intento de procurarse el amor de una dama o mancebo, o buscando apenas la aprobación de sus semejantes... resultado en fin de emociones básicas o complejas. Pero en todo caso han debido realizarse desde el uso más estricto del pensamiento, desde la razón.
     Es ahí adonde refiero que ha de llegar el Hombre, es eso lo que opino que lo puede salvar. Por supuesto, para ello necesita el Hombre despojarse del lastre de lo que han dicho y siguen diciendo los gurús de lo irracional, que pretenden que el uso de la Razón es malvado y sus consecuencias dañinas.


     Te abrazo.
     Rubén.


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lunes, 10 de octubre de 2011

35 metros cuadrados de poesía

    Pocas cosas consiguen aun sorprenderme tanto como ese insólito, amotinado y necesario estampido de belleza que producen el dolor, la tristeza y tantos otros inconvenientes vulgares o sublimes en los humanos más sensibles. Los poetas en la proa. La poesía, como pocas cosas, confirma la diferencia entre los humanos. Sólo el hombre en poesía supera al propio hombre hasta el infinito. Las palabras son vulgares en sí mismas, limitadas, torpes y tramposas. Pero son la belleza y la verdad definitiva cuando un poeta las combina.
    El poeta exorciza la vida. Por eso, desde siempre, el propio hombre ha necesitado sublimar a los poetas, los ha mimado y malcriado. Hasta saltarse, la mar de las veces, el justo punto en que se derrama la vanidad de aquel que crea belleza. 
    La vida, con su enmarañado  carcaj de humor y rutina, mesura y violencia, aun aquella que transita repleta de premios y exuberantes vivencias, diseñadas o silvestres, se torna mansa cuando la escudriñan los poetas, que son quienes la adaptan al lenguaje humano. De los humanos más cercanos se entiende, los que hablan la propia lengua del poeta y viven una circunstancia parecida. Que por eso la poesía no se puede traducir a otros idiomas. Apenas versionarla o referenciarla.
    No es exactamente la condición de seres pensantes lo que convierte en poetas a algunos de los hombres, privilegiados. Todos somos seres pensantes, sólo unos pocos son poetas. El poeta es una herramienta, una vía, un transmisor de comunicar la belleza. Aun no sé de donde viene ese don, creo que es el más difícil de explicar de los dones artísticos del hombre.
     Los poetas que no creen que hay Dios han de romperse la cabeza y quizás el alma para responder a la pregunta "¿de dónde "me" ha venido esto?". Supongo que lo más lejos que pueden llegar es a la aceptación de la presencia de "un gran misterio". 
    Los que se sienten tocados por la fe creen tener una respuesta más definitiva, aunque igual de indemostrable: “Dios habla a través de mí”. En cualquier caso, los poetas son gente muy vanidosa y no es tontería suponerles a estos últimos cierta desazón ante la actitud de reconocerse apenas un instrumento, aunque sea de la máxima autoridad de la creación.
    Tanto los unos como los otros son esclavos y dueños a un tiempo de esa vanidad que les impide percibir con claridad si son realmente ellos los creadores y no simples instrumentos para la revelación. Hablo por supuesto de poetas reales y de la real poesía. Hay grandes y famosos fabricantes de versos que no califican como poetas. Dicen.
    A pesar de tanta teoría relacionada con el arte y la literatura, de tanto tratado sobre estética y de tanto empeño en hallar una definición categórica de cómo, cual y qué es la buena poesía, los poetas siguen haciendo caso omiso al dato de que el mundo continúa prefiriendo la novela, el cuento, incluso el ensayo (por no hablar de las otras artes: cine, música, plástica, danza... todas con mejor capacidad de consumo) y no dejan de escribir poesía.
    Yo, que tantos poetas conozco (en Cuba, aunque nadie lo sepa, hay más poetas que músicos) no sé de uno sólo de ellos que tenga como prioridad la publicación de sus textos, ni siquiera su lectura por parte de cantidades notables de consumidores de versos, no hablemos ya de premios y reconocimientos. Y ello, a pesar de ese detalle nada desdeñable que es su citada vanidad.




Todo lo anterior es referido a uno de esos poetas reales y tiene como objeto presentarle. Poetiza, me obliga a decir la “corrección” al uso (aunque no lo repetiré), pues es mujer.
    Debo aclarar previamente que en el caso de Gisela Baranda el criterio de "poeta vanidoso" no aplica. Nada más lejos de la vanidad que esta mujer en tanto que poeta (no así en tanto que mujer: toda mujer que se respete ha de ser vanidosa para ser respetada por todo hombre que se respete... ¡feministas a degüello!)  Ella, que consumió su primera juventud rodeada de la mayor parte de los más grandes poetas vivos de Cuba, dentro y fuera de la isla, ha sido siempre extremadamente modesta (probablemente “contenida” sea palabra más apropiada) en la valoración de sus textos y su condición de escritora.
    Por suerte, puesto que pasan los años y uno se libera de poses, a mí ya no me importa saltarme su visto bueno para exponer a los cuatro vientos que considero a Gisela Baranda una excelente poeta, tanto como los mejores entre aquellos que entonces ostentaban curriculum. Y aun. La circunstancia de haber sido durante muchos años uno de los habituales en su entorno, me procuró el privilegio de disfrutar de primera mano de su poesía y su prosa, siempre lamentando y reprochando a Gisela que no escriba más. Lástima que no escriba más, o que si lo hace... lástima que no escriba más.
    Gisela ha estrenado blog. Y todo lo que pueda yo decir aquí lo usaré en su contra si no sigue escribiendo.
    Por tanto, lo que procede es recomendar su “Desde mis 35 metros cuadrados”, que va ya por la segunda entrega y que estoy disfrutando tanto como espero le suceda a todos.
    Sólo una última acotación personal que me apetece compartir: Gisela es una persona muy querida por mí, por mi esposa y mi familia. Forma parte de esta última. Cuando lean su blog entenderán algunos de mis parlamentos más tremendos: ¡cómo no voy a ser feliz con amistades así!
“Desde mis 35 metros cuadrados”
Gisela Baranda.
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