jueves, 30 de julio de 2020

No había foto que se nos resistiera


Cienfuegos, Cuba, finales de los 80. Recorríamos Pedro Alfonso y yo todo lo recorrible, como hacíamos en cada pueblo, ciudad, batey o finca de la isla donde actuábamos. Nos inventábamos sobre la marcha los motivos menos ortodoxos para divertirnos. Y procurábamos conseguir fotos de las situaciones más inverosímiles, cada uno desde su cámara. Yo le fotografiaba a él y viceversa. Luego intercambiábamos los negativos. Razón por la cual conservo casi exclusivamente aquellas en las que aparezco yo. A él le ocurre lo mismo y lo contrario. Estas son, probablemente, de nuestra primera gira con La Seña del Humor de Matanzas a Cienfuegos.
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Primera foto. Haciéndome pasar por liliputiense ante la bodeguera para conseguir una lata de galletas. Pedrito hizo esta foto a escondidas.
La conseguí. La lata de galletas. Aunque tuvimos que salir disparados cuando me erguí para agarrarla.
En la cola no entendían mucho. Era apenas un tipo agachado, de voz muy ronca, parloteando a grito pelao' con uno muy serio que asentía.
Para la vendedora… momento de la foto:
- ¡¡Señora deme una lata completa!!… - gritaba desde abajo mientras agitaba la mano - A mí una entera… ¡¡Una entera, SEÑORA!!
Creo que aquel "señora", en lugar del habitual y correcto "compañera", gritado por aquel mediohombrecito fue lo que impresionó a la desconcertada mujer. Por supuesto, ella no iba a negarle lo que pidiera aquel personaje desde allá abajo. El mostrador le impedía ver más allá de mi cabeza y mi mano.
Ni siquiera lo hicimos por las galletas: era por conseguir la foto.
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Segunda foto. El mismo truco para obtener una revista con la que forrar ese libro que no se soltaba de mi mano y que se descascarañaba por minutos entre mis dedos sudados. La Odisea.
Yo era Nadie participante de aquella "Semana de la Cultura Cienfueguera del 18 al 24 de Abril". El calor era mi Polifemo. Pedrito, que tomaba apuntes en la Zenit soviética, Homero.




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Los capítulos en los que aquellos curtidos guerreros griegos, protagonistas de la historia que contaba el ciego juglar, navegaban de regreso a Ítaca eran lo único refrescante aquel día bajo el sol de La Perla del Sur. Registrado en la tercera foto.






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La última es una foto sin/con mucho engaño y justo premio: ¡¡Conseguimos Nafasolina!!
Éramos nafasolindependientes. No sabemos por qué, pero en lo que coincidíamos sin remedio aquellos humildes artistas matanceros era en nuestra nariz eternamente congestionada y moqueando y en la necesidad de esnifar nafasolina o, en su defecto, agua con sal de manera constante.
Quizás fueran las cercanas fábricas del puerto que sobre nuestras calles y puentes vertían aquel humo que los poetas confundían con romántica niebla. Quizás simple alergia al clima político universal, a las aglomeraciones o a la polvareda desplegada tras el derrumbe del muro, del campo y del espíritu de entusiasmo. El caso es que vivíamos prendidos a ese medicamento.
Justo en aquellos tiempos comenzó a escasear y había que conseguirlo por receta o resolver dando coba y chantajeando a las amistades. Pero Cienfuegos era, para nosotros, la perla virgen. Y, tras una muela de media hora, aquella buena mujer, la de la foto, me vendió un pomito de Nafasolina.
La foto es testimonio de la solemne entrega oficial. Ella obtuvo una entrada gratis para la función de esa noche, función que, sin su comprensión y noble gesto subvertidor de la ley, no se hubiera podido realizar porque, literalmente, nos estábamos ahogando.
Homero, sobre el mostrador, al confirmar nuestra conquista, exclamaba a dúo con Odiseo: "¡No me lo puedo creer!"
Conseguimos la foto.
En esa época no había foto que se nos resistiera.

Corrían lentos los ochenta

Sucedió el siglo pasado. Como todo. Corrían los ochenta, los años más lentos de la historia del hombre. Una década tan cargada de sucesos que parecía no acabaría nunca. Y de la que es imposible recordar lo tanto vivido.
Aunque, para compensar los agujeros de la memoria, andan, habitando cajones o como marcadores de polvorientos libros, algunas pocas fotos en las que aún somos jóvenes y sabios, atrevidos y convencidos de que el futuro existe. Sólo hay que remover un poco el trastero o releer a Homero, quizás.
En estas fotos, que hasta hace unos minutos no recordaba, están atrapados algunos de los más conmovedores momentos de mis ochenta. Y sospecho que también el de los co-protagonistas del suceso.
Los Novo Trovadores
, los hermanos
Pedro
y Roberto
Novo
, artistas cubanos de sello propio y personas de alto calibre, y aquel humano poeta cantor crédulo y noble repleto de rimas y sueños llamado Lázaro García, sobre quien desde la distancia es tan difícil tener noticias, nos acogieron en su huerta, Cienfuegos, donde nos engordaron con su abrazo y el aplauso de sus conciudadanos.
Fueron varios encuentros. Nosotros hicimos lo mismo. Los llevamos a Matanzas para que mostraran a los nuestros esa parte que eran ellos de la ciudad que más le gustaba al Benny.
Lazaro Horta
,
Pedro Alfonso
,
Pepe Pelayo
y Rubén Aguiar les llevamos el nuestro poquito de la ciudad que le faltaba al mundo, Matanzas, la que en 1860 había sido declarada La Atenas de Cuba.
Compartimos no sólo música y humor. Fueron también el hogar, la cocina, los parques, las familias y esas miradas y confidencias que son patrimonio de los grandes amigos y las personas que sólo necesitan estar cerca para aliviar el mundo.
Sí, corrían lentos los ochenta. Pero nada hacía presagiar que era porque no repetiríamos aquella intensidad viviendo.
Confieso que las imágenes me dejan también cierta melancolía, casi tristeza. Claro que más triste es la muerte. Pero esta obligada distancia de personas y sitios que alguna vez fueron alimento para tu espíritu, impulso, abrazo y canción de vida, no me permite acceder a la plenitud detrás de los recuerdos.
 


domingo, 26 de julio de 2020

La no-vela cubana

“Para mí, lo cubano dista mucho de ser una abigarrada descripción monumental y barroca, al estilo de Alejo Carpentier. Para mí lo cubano es la intemperie, lo tenue, lo leve, lo ingrávido, lo desamparado, desgarrado, desolado y cambiante. El arbusto, no el árbol; la arboleda, no el bosque; el monte, no la selva. La sabana que se difumina y repliega sobre sus propios temblores. Lo cubano es un rumor o un grito, no un coro ni un torrente. Lo cubano es una yagua pudriéndose al sol, una piedra a la intemperie, un matiz, un aleteo al oscurecer. Nunca una inmensa catedral barroca que jamás hemos tenido. Lo cubano es lo que ondula. Más que un estilo, lo cubano es un ritmo. Nuestra constante es la brisa. Más fuerte al atardecer, casi inmóvil al mediodía, anhelosa y gimiente en la madrugada. De ahí que la novelística cubana no esté escrita en capítulos, sino en rachas; no sea algo que se extiende, sino que ondula, vuelve, se repliega, bate, ya con más furia, ya más lentamente, circular, rítmica, reiterativa, sobre un punto. Así, si de alguna ‘teluricidad’ podemos hablar es de una ‘teluricidad’ marina y aérea... Nuestra selva es el mar.” - Reinaldo Arenas, Necesidad de libertad.
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Es bello ese texto de Reinaldo Arenas. Paradójicamente carpenteriano. Tiene razón, quizás. Y da gusto leerlo por bien escrito y amable. Sin embargo, que lo cubano sea eso que él ilumina no le aporta mérito a la novela que después describe, mas bien lo contrario. Está tan diestramente escrito que consigue no parecer estar juzgando, pero el arte, si el artista no se atreve y arriesga, no alcanza su condición.
"De ahí que la novelística cubana" no sea capaz de estar "escrita en capítulos, sino en rachas, no sea algo que se extiende, sino que" se diluye... poco y nada… De ahí que en Cuba no dispongamos de un Kafka, un Mann, un Dostoievsky; o de un Unamuno, alguna Woolf, un Kundera; ni siquiera alguien menos lejano como un Sábato, un Octavio Paz, un Vargas Llosa, que encumbren lo criollo y su intemperie, su guajiro convertido en cocuyo, su túnel de aguasal, conflictos tan válidos como los usados por esos escritores citados para una novela cubana de capítulos imprescindibles y que se extienda, aunque sea a nivel de noticia literaria. Arenas, capaz de escribir un pequeño gran texto como ese, no fue capaz de entregar su talentosa alma al diablo de la novela cuando escribió novela. Quizás porque era fundamentalmente un poeta. ¿Y así los novelistas cubanos todos? No a todos he leído. Pero, hasta donde sé, la novela cubana es exposición del conflicto exterior del hombre, su vínculo con la circunstancia. Y, también en mi opinión pero esta vez a partir de lo percibido como lector, la gran novela es la expresión del conflicto interior del hombre: su vínculo con su condición. —————————————————— Incluso sin haber salido del caracol, tras cualquier aproximación a la literatura creada fuera de la isla, me ha desconcertado siempre no hallarme en la novela cubana. Y se me hace molesto esa persistente ostentación de ligereza al dibujar la cubanía y la ridícula intención de convertir esa ligereza en virtud. Y no creo se trate de falta de talento. Si desde que naces estás escuchando que no eres capaz de llegar se reducen las posibilidades de que te esfuerces para hacerte el camino. La novela es un territorio en sí mismo, separada del resto de las artes aunque también es una de ellas. La novela pertenece tanto a las artes como a la historia, la filosofía, la psicología, la política, la sociología, la ciencia. La novela es un territorio entre el arte del hombre y el hombre en sí mismo, entre el hombre creando y el hombre siendo, punto de unión entre el hombre que piensa y el que hace. O sea, el hombre pleno en su condición. Eso no lo consiguen el resto de las artes. Como tampoco son suficientes, por sí solas, la historia, la filosofía, la psicología, la política, la sociología, la ciencia para conocer, comprender y expresar al hombre. La novela es lo que nos llevaremos cuando nos larguemos de esta piedra maravillosa pero mortal. O lo que quedará si no conseguimos escapar.

La circunstancia.

Se equivocaba Ortega: el hombre es solo circunstancia. Sin el Yo. Yo soy este que nació en aquella capital de provincias. Hijo de padres cantores al que le crecieron pronto dos hermanos. Mar y campo. Humedad y sol. Herencia española. Mis gestos, mi idioma, mi modo de ver, pensar y decir son todos consecuencia de la provinciana ceremonia en que crecí. Si me hubieran secuestrado el día de mi nacimiento y llevado a Ulán Bator yo sería nómada. Si a Estocolmo, un sueco sin fisuras. Esta mirada siempre perdida luciría mirada siempre distante. Frío mi silencio. Alienación mi fobia a los teléfonos. Odiaría la síncopa. Por fin! Aunque quizás mi síndrome sería de habanacolmo. Lo que, sueco al fin, podía ser cualquier cosa menos raro. La vida, tal como la conocemos, es la circunstancia de la vida que conocemos. Donde quiera que se manifieste, la vida tendrá la forma de la circunstancia que le toque. Será solo una circunstancia de la Vida. Por eso no hay destino ni trascendencia para esto que somos. El hombre es hijo del planeta Tierra. Su hijo más aventajado, sí. El rebelde. El hijo pródigo que todo lo pone patas arriba. El que todo lo acomoda en su beneficio. El que terminará marchándose de casa. Pero la vida en el planeta Tierra es la circunstancia de la Vida en el planeta Tierra. No hay Yo. Somos solo adaptación. Circunstancia. Atrapados.

Ultimas tardes con Marse

Como cuando llegas en la sed desaforada de andar el sol bajo la tarde y acercas a tus labios la jarra para beber despacio porque sea eterna el agua de la vida y de pronto tu ambición de sorbos tropieza con un incontrolable tragar tragar tragar sin respirar siquiera hasta que en la última gota descubres que va tu sed por la mitad si acaso fue que me bebí "Últimas tardes con Teresa" el día que cayó en mis manos esa novela de Juan Marsé resultando aquella la única vez que me ha ocurrido que comencé a leer un libro y no lo cerré hasta aquella tristeza del punto final que aun me acompaña porque la sed de Marsé no he conseguido saciarla ni leyendo tres veces su novela.
Juan Marsé ha muerto en Barcelona a los 87 años.
Si tienen sed de una novela espléndida bébanse "Ultimas tardes con Teresa".

Mis pantalones anchos

Lo que mejor recuerdo de esta foto son mis pantalones. Tan anchos como pudiera conseguirlos, mi pasión de grandes pantalones y camisas enormes me llevaba a entrar siempre en una tienda de la Calle del Medio en Matanzas que vendía ropa para gente muy alta y ancha. Para gordos, sin ir más lejos. Ahí me encontré con ese pantalón que desluzco en la foto. Talla extra. Mal doblado sobre un estante de camisetas. Lo toqué. Y un rumor de hilos en mis manos me enamoró: ¡ese pantalón sonaba cuando lo tocabas!
Mi ambición de grandeza entonces era bien humilde y quedaba a salvo bajo la insolencia de mis desproporcionadas mudas de ropa.

domingo, 19 de julio de 2020

Marta Flores, la Reina de la Noche

Marta Flores, la Reina de la Noche y la Radio en Español de Miami, ha fallecido esta pasada madrugada, poco después de su programa habitual "La noche y Usted". Tenía 91 años y continuaba trabajando.
La escuché muchísimas veces. Era un crack. Matancera. Nació en Cárdenas, el 27 de diciembre de 1928. Llegó a Estados Unidos en 1959, sola, sin trabajo y sin hablar una palabra en inglés. Terminó convertida en una figura icónica de la radio, con más de 60 años al aire. Fue la primera voz femenina de la radio en español del sur de la Florida.
Los pocos minutos de esta entrevista de 2018 son suficientes para hacernos una idea de la historia de esta admirable mujer. Y, de paso, aprender y comprender un poco de la Cuba norteamericana y el esfuerzo, el emprendimiento, la perseverancia y la fuerza de una generación que convirtió un pantano en una ciudad imprescindible con una sola herramienta: el trabajo.
Esta enorme mujer, en sus inicios, para pagar un espacio de 15 minutos diarios en una radio local, trabajaba en una tienda vendiendo ropa, cantaba en un restaurante por la noche y los domingos vendía muebles en una mueblería de la calle 8.
Mucho le debe nuestra nación a personas como Marta Flores. Si Cuba y lo cubano no está completamente borrado del mapa es gracias a que ellos reprodujeron aquí en Miami una Cuba que en la isla se fue deteriorando.
Lo que admiro y agradezco por encima de todo es que hayan puesto a salvo el afán de trabajo. Lo que nosotros, los que nacimos después del 59, crecimos entendiendo como un deber, esos cubanos acá lo ejercieron como una necesidad y un derecho, desde la libertad, voluntariamente y con una voracidad que provoca mucha admiración y respeto.



EDP Marta Flores.

miércoles, 8 de julio de 2020

La llorona carta protestosa.

Realmente disfruto como un niño cuando la maldad y los malhechores se retuercen ahogados en el mismo charco de mierda que han creado.
Esta vez gozo con la llorona carta protestosa de esos compinches y/o inquisidores de la izquierda correctivera y establishmentcida, escritores, académicos e intelectuales que ahora se sienten víctimas ¡coyunturales! del monstruo que ellos mismos han ayudado a crear y alentado a lo largo de los años en su intento de volcar, sobre aquellos a quienes odian, sus propias miserias y sus carencias.
Vomitiva, la quejosa cartita, redactada desde la soberbia de su izquierdosa pretendida superioridad moral (ni siquiera en esta situación intentan evitarla o disimularla), acude al quevienelcoco de alegar: "Las fuerzas del iliberalismo están ganando fuerza en todo el mundo", para ventilar un tanto el mendicigüeño: "que temen por su sustento", que no les avergüenza confesar. Encima picúos y ridículos... ese toque de amenaza en tono suplicoso...
No la voy a compartir aquí, por supuesto.
Que preparen sus pescuezos que la guillotina que ellos decoraron tiene vida propia y un muy personal sentido de la justicia.
Muchos la conocemos bien.
Sarnosos.

Resulta que es un desconcierto la vida

Resulta
Letra y Música, Intérprete y Arreglos Musicales, Realización del Video por Ruben Aguiar. En Miami. 2020.
(Ennio Morricone acaba de partir. En esta canción que acabo de publicar hace unos pocos días incluyo un homenaje definitivo de mi vida a ese grande de la música del hombre, continuador de los maestros de la historia del arte.
La armónica que se escucha en varios momentos del video de mi tema “Resulta” es la original que, escrita por Morricone, se escucha a lo largo de la película de 1968 de Sergio Leone “Once upon a time in the west” (Érase una vez en el oeste), que extraje exactamente de la soberbia escena final.
Aquel adolescente al que obligan a soportar sobre hombros la vida de su hermano que cuelga de una horca, vista siendo yo un adolescente, es la imagen más estremecedora e inquietante que he cargado a lo largo de mis años. Y sin esa armónica no habría sido la misma. Tampoco mi vida.
No esperaba que partiera aún a otras lides Ennio Morricone, mi favorito compositor entre los vivos.
¡Buen viaje, maestro!)
"Resulta"
Resulta que es un desconcierto la vida
Que es cierto que al fin de los años
no hay más que preguntas
Que ver o no ver es igual
Que cotizan parejo callar y decir
Que obtiene lo mismo
quien se echa a volar
que quien cae al abismo
Resulta que es vano el intento
si al fin de los tiempos
resulta que no eres feliz.
Contemplas temprano dejar a tu hermano
plantar tu semilla en orillas
de ríos lejanos.
Tu aldea está muerta
y agazapada detrás de su puerta
la anciana serpiente tira de ti
Seduce y apura
cualquier aventura
Tan solo la duda será tu castigo
Partir es la justa salida
Y acaso vivir una vida de otros
te va a redimir.
Tu hermano te hará alguna apuesta
dirá que no está prohibida la fiesta
para quien se queda
Pero ya es muy tarde. Valiente y cobarde
te cruzas la verja que puede cuidarte
te atreves y partes
Te arriesgas, te asombras
E igual que a las cercas te saltas las normas
Te juntas, te acercas a otros caminantes
Y siempre preguntas. Preguntas bastante
Buscando salidas vives otras vidas
Disfrutas su vino. Recibes mordidas
Con yerro o con tino labras tu destino
mientras te abalanzas.
Y un día trapero y mezquino descubres,
oh, dios, que el camino es tan solo camino
y no hay nada delante.
Tu paso no es cierto.
Tu viaje es por dentro.
Tu andar es huida.
Tu meta, partida.
Tu ida, regreso.
La espada depuesta
y atado a tu nada de puertas abiertas
tan solo el enfado te guarda del trago
vulgar de buscar un refugio, como tu pasado.
Salvar del naufragio solo el amor
Y restos maltrechos de versos de una canción
de esperanza.
Tu hermano se acuesta. Final de la fiesta.
Cerrando los ojos suplica
por una respuesta.
Lo besas en largo silencio
Total, si ahora sabes, resulta lo mismo
callar que decir.
Sorteado el legado
del árbol plantado
del hijo y el libro,
sorteado el olvido,
resulta que es vano el intento
si al fin de los tiempos
resulta que no eres feliz.
Rubén Aguiar
Junio - 2019 - Miami