lunes, 14 de septiembre de 2020

Dos riberas. Historia de amor y dolor, como todo buen amor.

"Dos riberas" es canción de una historia real. Historia hermosa y triste. De otros y mía. De amor y dolor, como todo buen amor.  

Muy pocas veces he podido cantarla completa pues no tengo defensa ante esta canción. Se me encima, cada vez que recurro a ella, con todo el derrumbe de mi mundo, esa caída hacia otro Rubén que fue la década del 90' del Siglo XX, que comenzó quitándome a mi madre y, sin detener, separándome de mi hijo, de mi padre, de mis hermanos, de mis amigos, de mi tierra, de mi comida, de mis sueños y mis rabias, de mi futuro de cantor y una probable adultez y del cabal cumplimiento de aquella reposada vejez junto al río, frente al mar…

Nada de lo tanto hermoso vivido después de esa década ha conseguido reconciliarme con Dos riberas, reconocerla como una canción de circunstancia, útil, como toda canción, únicamente para exorcizar lo peor del pasado. Sigue siendo un golpe en mi pecho. 

Hay cosas a las que no se le debe cantar. Las canciones son la fotografía de las emociones, un retrato no de la imagen sino de lo que estás sintiendo cuando aprietas el obturador de la melodía y el verso.   

Los protagonistas de Dos riberas no sólo tienen una historia de amor increíble. De esas de también dolor. Él, además, ha compuesto algunos de los más bellos cantos que se han escrito en Matanzas. Ella no se ha conformado con provocar muchas de sus canciones y también las ha cantado.


"Dos riberas" 


Con un bolso, un abrigo, un pasaje real

un manojo de sueños y un trozo de mar

partió el amigo rumbo a Nueva York

a fundar quizás.

Dejaba atrás canciones, promesas de amor

y un "paraíso ajeno" que no lo acogió

el paraíso del olvido

el reino de lo prohibido y la falsedad.


Su guitarra callada triste en un rincón

nos guarda de escuchar los ecos y el temblor

en la promesa de su regresar en otra canción.

Pero cuesta no ver su risa en el San Juan

posponer cada vez “La descarga de Fran”

y la sospecha del olvido

y el paraíso prometido sin recobrar.


El amigo dejó detrás de sí su viejo nido

y sus alas lloraron al partir.


En su traje de ausencia y su triste mirar

merodeaba la amiga por la soledad

Hay tantos meses hasta Nueva York 

o hasta regresar

Y llamadas nocturnas y cartas de amor

Y un secreto reclamo a la buena de Dios

Y la sorpresa del hechizo

tiene una puerta al paraíso para escapar.


Y la amiga que escapa sin decir adiós

¡Vaya, amigo, qué lindo regalo de amor!

Con el coraje del que sabe amar

¡Cuida su calor!

Porque cuesta perder la risa del San Juan

aunque se ha de tener "La descarga de Fran"

y algo del sueño prohibido

y amar desnuda y sin permiso

y sin avisar.


Cuando Miriam partió a defender su viejo nido

sus dos alas lloraron de partir.


Algo se deshace en la ciudad

Crece en su interior la soledad

Miriam y Fran

Y la sorpresa del adiós

Y lloran las aguas del San Juan

¡Y mis dos orillas dónde están!

Miriam y Fran

Mis dos riberas del amor.


Con mi calle, mi niño, mi poco de pan,

mi canción encadenada a los demás

y la paciencia como vocación

me harto de callar

Porque cuesta no dar

rienda suelta a un dolor

y hay amigos que parten sin decir adiós

porque partir está prohibido

porque llorar no es permitido

no es natural.


Pero nadie puede encarcelar un corazón

las murallas son ajenas a la voz

que busca un sitio para su verdad

para su canción.

Los amigos necesitaban anidar 

aunque el árbol es frío lejos del San Juan

donde el amor está prohibido

donde volar no es permitido

no es natural.


Cuando Miriam y Fran

fueron en busca de otro nido

mis dos alas volaron tras de sí.

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Letra y música: Rubén Aguiar Muñoz (Noviembre 13 de 1992)

 

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