domingo, 9 de mayo de 2021

La otra barricada.


Se equivoca Huxley al creer que algo o alguien pudo "modificar el énfasis de la verdad y la belleza hacia la comodidad y la felicidad". 
La belleza, la verdad y el conocimiento nunca fueron prioridad para las masas. Eran patrimonio de los hombres de estudio, de la cultura, el pensamiento, las artes y las ciencias. Apenas unos pocos; poquísimos. 
El hombre consume lo que su espíritu reclama. 
La progresiva eliminación de la pobreza y el acceso de las masas al poder y a amplios grados de libertad es lo que aumenta ese reclamo de “comodidad y felicidad” que, con relativa razón, se intenta desacreditar. Pero el origen de esa demanda no está en una conspiración en contra del hombre ni en una maniobra de fuerzas oscuras para controlarle. 
El germen de esa tendencia a la felicidad y la vida tranquila está en la falta de énfasis en educar, a esas personas ya liberadas, en las bellas artes, el crecimiento intelectual y espiritual, la filosofía, las ciencias y las nobles creencias. 
Y la razón de esa causa es la pereza de los hombres mejor preparados para ello, intelectuales, científicos, artistas, académicos, para integrarse a este nuevo mundo de bienestar y producción de riqueza. Al contrario, han construido una barricada entre ellos y esta desatada avalancha de liberación, tecnología y abundancia, para hacer oposición a una realidad que, muy a su pesar, resulta inevitable. Han abandonado a las masas a su suerte. Peor aun, los han dejado en manos de personajes y grupos oportunistas, como políticos y otros adoradores del poder, generalmente mediocres y muchas veces malvados. 
No es una elección para las masas, ahora con poder político, libres, prósperas, altamente instruidas pero poco cultivadas, esa "búsqueda de mejores formas para obtener bienes materiales  y su consumo libre de preocupaciones" que apuntaba Solzhenitsyn. Es un sin remedio. Una caída.  Y lo es porque quienes les pueden poner a salvo de esa presunta banalidad, se dedican mas bien a acusarles y acosarlos por sus carencias, despreciándoles mientras, cada vez más, les privan y hasta les alejan del amor al conocimiento de la verdad, la belleza, las artes. 
Porque la porción más escandalosa de estos perezosos sucumbe a la tentación de crear y sostener los fundamentos teóricos sobre los que se asientan quienes, desde el poder, pretenden y consiguen diseñar el orden dentro del que debe o puede moverse esa masa que de tan pocas herramientas intelectuales dispone para buscar su realización en la verdad y la belleza o para detectar el mal y protegerse de su amenaza. 
El sueño de un pobre es salir adelante económicamente y liberar a los suyos de la tragedia de la pobreza. Muy alejado del sueño de belleza, verdad y luz que consideran los intelectuales honestos que aquellos han perdido una vez han abandonado esa pobreza. 
No se abandona lo que nunca se ha tenido.
Pero todos los que a diario o de vez en vez nos hacemos preguntas, hemos llegado a esas preguntas por nuestra cuenta. O por nuestros padres. O por el tío aquel siempre despeinado y medio loco que de todo se reía… 
O por un amigo, ese enorme libro del cual somos la mitad.  

miércoles, 5 de mayo de 2021

El enemigo

 

Entré a Facebook sin mascarilla. ¡¿Qué esperaba?! No acabo de aprender mi tan cara más reciente divisa:
¡Ten cuidado, Rubén, dónde te metes!
Para una de las pocas veces que entro a Facebook resulta que tropiezo con un mensaje de mi amigo
Pepe Pelayo
contándome que lleva "castigado" sin poder publicar en esta plastaforma… "casi dos meses y no sé ni por qué ni hasta cuando"… "estoy decidiendo no entrar más aquí"…
Así de simple e irremediable es.
Pero me rechufló el estómago, por Pepe y por lo repetido que se va haciendo este tipo de mensaje.
Acabo de tomarme un sobrecito de Picot… sal de uvas… bicarbonato de sodio antiácido…
Poco a poco, mientras el remedio labora para regresarme a mi confortable mundo de trabajoyalcarajotodolodemás, paseo por el muro de Pelayo como si no supiera que buscar algo "censurable" me convierte en censor. Ejecutor y ejecutado, como tan bien hemos aprendido.
Es importante siempre tener luz avisora para saber de dónde puede venir el enemigo. Asumiendo que, de manera prioritaria, suele venir de bien adentro de uno mismo, de esa ingrávida región del alma donde los valores flotan en el puro pellejo, alimentándose de palabras ajenas e ideas preconcebidas igual de ajenas. Ese adolescente habitad fértil entre lo romántico y lo tonto, que, si no abonamos con espíritu crítico de cosecha propia, suele arrojarnos a la adultez convertidos en enanos sentimentales y despistados. Y en muchos casos en venenosos canales para regar huertas ajenas.
O sea…
Viene de la izquierda. De la izquierda de adentro y de la de afuera, de la de alante y la de atrás, la de arriba, la de abajo, la del centro, la de la derecha mucho y, por supuesto y sobre todo, la de la izquierda del marxismo, el comunismo, de los llamados progresistas, los inclusivistas, cochinos que aquí en USA dieron un golpe de estado ante el silencio, la conformidad y en muchos casos la alegría de los dóciles, los emocionales y los malvados, en la mayoría de esos casos valgando en su redundancia.
Cuando tenemos delante una dictadura de corte estalinista o hitleriana, comunista o fascista (redundo en la redundancia), castrista o chinortcoreana, es fácil bajar la cabeza o hacer huelgas de hambre o ser anti o activista o rebelde o ¡buenón! o cobarde o medido o asumido. No hay muchos matices entre la causa y el efecto cuando solo hay negro y blanco en la ceremonia. Tenemos claramente apuntando a nuestra cabeza una pistola que nos amenaza y que en cualquier momento dispara y eso nos concede autoridad moral o psiquiátrica para inmolarnos o hacernos el pendejo (vuelve a volver la redundancia). Y también para largarnos.
Pero cuando la cosa va de sutilezas de tipo socialdemócratas, multiculturosas, tolerantiñas e infinitas hipocriterías más, entonces se comprende que la verdadera maldad es gris, tramposa, asquerosamente guarra. Gris menor, gris de a poquitos, gris que confunde quizás: grismaldad.
Todo lo que tiene algo de maldad, por muy poco que sea ese algo, es malvado. Y sus gestores, por activos y por pasivos, resultan absolutamente prescindibles.
Si me ofreces un espacio para expresarme, ten la coherencia de respetar mi expresión. Y la prestancia, la valentía y el coraje que ofrecer oportunidad a quien no piensa como tú trae aparejado.
Pero ese perfil supera a los dueños norteamericanos y occidentales en general de esos monopolios de la convivencia y las relaciones sociales que son Facebook, Google, Youtube, Twitter, medios de prensa, radio, televisión. Sin desechar ese otro monopolio de la verdad y el cariño que ejercen ciertos prójimos, amistades, vecinos, camaradas izquierdosos, tolerantosos, integradorosos, multiculturosos, minoritariosos y una manada casi infinita de osos para quienes es más importante la tribu que el tribudadano.
Mención aparte merece la secta de los intelectualosos (esa banda alternativa al homoconstructor) cuyo 90% está constituido por vanidosos incapaces de hallar uso apropiado a sus inteligencia y talentos.
Y si me ofreces espacio y encima obtienes dinero con ello ten al menos la decencia y la clase pertinente para tolerarme. Tu postmoderna cultura de Wikipedia, esa anémica WikiCultura de la que ni el dinero salva, te pasará factura desde las preguntas de tus nietos y muchos suyos contemporáneos.
Zarrapastroso…
De vuelta al inicio… a ver si consigo calmarme…
Es importante siempre poner luz para, al menos, intentar saber dónde está y quién es el enemigo.
Porque si no prendemos esa luz hay un desorbitado número de probabilidades de terminar siendo desde un colaboracionista hasta un provocador o abanderado líder de la censura, la maldad, el odio y la perversidad que, tengamos el coraje o no de reconocer, significa hacer daño a quien no piensa como uno y ejerce la ingenuidad de expresarlo.
Daño que, como vemos cada día desde el inicio de los tiempos y seguiremos viendo, un día se vuelve contra uno mismo y terminamos en el corral, tras la reja moral de la cada vez más exigente horda de bárbaros que, mediocres y autoinsuficientes parásitos, necesitan de la vida ajena para encontrar sentido a la vida propia.
Porque que le impidan decir lo que le dé la gana es uno de los peores daños que puede recibir este animalito autodenominado homosapiens que, a estas alturas, resuelto casi todo lo que le mantiene vivo, debiera poseer la libertad plena posible que significa hablar, decir, contar, soñar desde la palabra, la buena y la mala palabra. Errado o acertado, disparatado o genial pero ¡libre!
Decir lo que me da la gana no es un derecho mío. Los derechos tienen que ser otorgados. Y no existe alguien o algo con autoridad suficiente para decidir lo que yo puedodebo decir o no:
Decir lo que me da la gana es mi salud, es el fundamento de mi salud, mental, espiritual y física.
Y justo este apretón en el estómago ahora mismo no es mental ni espiritual: es físico.
Y proviene de esta sensación de tener que tener cuidado con lo que estoy escribiendo.
¡Le ronca aquello que el apretón de estómago me impide escribir!
Por cierto, el "Picot" es como el Romerillo: ¡tremenda mierda!
...

viernes, 9 de abril de 2021

Cuba no es el socialismo: Cuba es el socialismo 60 años después.

 

Cuba no es el socialismo: Cuba es el socialismo 60 años después.
Las personas para quienes el dinero es lo más importante no ven venir el socialismo. No se les ocurre asociar las escaseces con otra cosa que no sea el dinero. Simplemente no se les ocurre un motivo más elevado para dar sentido al futuro que la abundancia o la escasez del dinero.

Pero el socialismo no es escasez de dinero, es escasez de libertad. El socialismo es ausencia de futuro.

Un mundo de hombres con los bolsillos y cuentas bancarias llenos de dinero no es un mundo deseable ni digno ni significa nada si esos hombres no son libres, si no pueden decir lo que piensan y hacer lo que desean sin ser controlados por el poder.
Por el poder que sea: el del gobierno o el del juicio social, el de las instituciones o el de los ciberforos de la modernidad, el de la ley o el de la aceptación y el consentimiento de los otros.

El socialismo es atadura. Es limitación y destierro de sí mismo a todo aquel que sienta y piense de manera diferente a quien impone el socialismo. Es dogmatismo, abuso de poder, imposición de ideas y de acciones. Socialismo es no permitir ser a quien no es socialista.

El socialismo no es economía destruida, que también: es violación de los derechos naturales y morales del individuo e imposición de deberes hacia el grupo.
El socialismo es altruismo obligado, asumido como noble y esencial por obra y gracia del sectarismo de quienes no se toman el trabajo de pensar en lo dañino que es, para el acto de sentir amor por el prójimo, que te obliguen a amar al prójimo.

El socialismo es el horror de la prohibición. El socialismo es la destrucción de la historia y sus símbolos. Socialismo es la declaración de la cultura occidental como el mal sobre la tierra.

Es odio. El socialismo es el odio. El odio al que piensa distinto, al que no permite que le dicten quién ser, cómo debe ser, qué debe hacer y qué decir. El odio al otro. El socialismo es el odio a mí, que no soy socialista. El socialismo es el castigo a quien no comulgue con el socialismo.

El socialismo es el odio al hombre blanco y la acusación de que este es la causa de todos los males del planeta, esta piedra que no tiene ningún significado sin el hombre que la reconoce.

Cuando se habla de socialismo en USA el error está, para quienes no entienden o están en desacuerdo con lo que se manifiesta, en creer que lo que sucede hoy es un problema de cubanos emigrados y dolidos que fueron o son víctimas del socialismo en Cuba.

Veamos. Los cubanos somos 12 o 13 millones. Juguemos a que dentro de una hora los cubanos nos extinguimos de pronto por una brujería en nuestros ADN. Ya está. A partir de mañana el mundo sigue adelante.

Para el resto del mundo el socialismo del que hoy día se habla es ese que está y que no es un criterio ni una opinión de los cubanos.
He aquí algunos tips, simples, por arribita, para no aburrir e indicar sólo un camino de referencia para poder observar el socialismo en Estados Unidos, en Europa y en el mundo occidental, mundo en el que Latinoamérica tiene un rol protagónico:

El socialismo es ¡tantas! instituciones subvertidas por un estado y un orden o sistema controlado por burócratas, políticos, profesionales del acto de decidir cómo se tiene que vivir.

Socialismo es el respaldo a ese poder por casi toda la prensa y los medios del mundo, desde una estructura no periodística ni informativa sino propagandística que, en el mejor de los casos, aparenta tener una ideología de izquierdas predeterminada, pero que todos sabemos que sólo responde a la cantidad de dinero, subvenciones, comisiones, favoritismo económico, cuotas de poder que reciben de esos profesionales del caciquismo del estado profundo que todo lo legislan y controlan.

Socialismo es la tendencia, en ambos lados del espectro político pero fundamentalmente en la izquierda demócrata, a implantar leyes de tipo socialistas que agreden la base del crecimiento económico que es la libertad de mercado.

Socialismo es Obamacare, que convirtió en delito el derecho de hacer uso de la libertad personal para elegir si quiero o no pagarme un seguro.

Socialismo es salarios mínimos cada vez más altos. Educación primaria y secundaria gratis. Subvenciones a la educación superior. Gobierno que pague los préstamos de estudio…

¡Los gobiernos no tienen dinero! ¡Se lo tienen que quitar a la fuerza a los que lo tienen para usarlo en lo que les dé la gana! Se llama ¡expropiación! ¡Esclavitud!

Socialismo es Universidades dedicadas a lavar el cerebro a los jóvenes en favor del socialismo, el marxismo y la socialización de la economía.

Derrida. Teoría Crítica. Marxismo Cultural. Postmodernismo. Escuela de Frankfurt. Socialismo es carreras universitarias llamadas "Igualdad de Género".

El socialismo es organismo mutante. Subversión.

El socialismo es hoy la mutación del obrero en grupo identitario "oprimido" y enfrentado a la dominación cultural de la burguesía. Como si la burguesía no fueran ellos mismos, los socialistas, que son hoy los dueños de todo, desde el capital hasta las universidades.

Socialismo es cultura de victimización. Socialismo es reclamo de identidades múltiples y quejas en contra de lo que ellos llaman grupos dominantes, siempre y cuando esos grupos no sean de izquierda.

El socialismo es la imposición de géneros sexuales a gusto del poder. El socialismo es privilegio de razas y la discriminación positiva.

Socialismo es ataque a las instituciones. Ataque a la cultura. Ataque al modo de vida occidental. Ataque al cristianismo. Ideología de género.

Odio de razas. Socialismo es perseguir al hombre blanco por el delito de ser blanco. Hacer con los hombres blancos lo que se hizo con los judíos: desterrarlos de sí mismos, de lo que son de manera natural.
Socialismo es la utilización del cruel e injustificable pasado de esclavitud y desprecio del hombre negro para conseguir adeptos y votos y soporte de esa minoría en la lucha por el poder.

Socialismo es odio a las tradiciones, odio a la cultura y moral occidental. Socialismo es feminismo radical y antifeminista.

Socialismo es guerra a un tipo de estatismo para instaurar otro estatismo de tipo social.

Socialismo es estatuas al suelo. Socialismo es retirar obras de arte que molestan a la calaña. Socialismo es revoluciones culturales, quemas virtuales y reales de libros, reescribir clásicos, prohibir películas.

Socialismo es Censura. Socialismo es Censura en las redes. Censura en las universidades. Censura en el lenguaje. Censura en el arte y la literatura. Palabras eliminadas del idioma o castigos si se pronuncian ciertos vocablos.

Socialismo son las cuotas de Hollywood. Las cuotas del sector público. La cuotas para instituciones.

Socialismo es Economía de Diseño para sustituir el Libre Mercado. Socialismo es incapacidad de comprender qué es el libre mercado.

Socialismo es ignorancia absoluta para comprender que lo que hundió a Cuba no fue la intención de sus autonombrados dueños sino su acción: abolir la libertad, alejarse del libre mercado, suplantar la democracia por la dictadura del proletariado, rechazar el capitalismo, disminuir cada vez más la iniciativa personal de los individuos y sus beneficios, coartar el libre pensamiento y la posibilidad de manifestación. Persecución a homosexuales y a disidentes.

Socialismo es Neolenguaje para inventar enemigos: Patriarcado. Heterosexualidad. Misoginia. Privilegio Blanco. Imposición del odio a la cultura blanca occidental y culparla del dolor y los padecimientos de las minorías que los socialistas elijan.

Qué estupidez… cuando la única cultura, el único privilegio y la única imposición real ha sido la grecolatina.

Nosotros los latinos somos los únicos que hemos impuesto todo en este mundo moderno: las artes, los idiomas, la religión, la filosofía, las leyes, la literatura, la música, la cultura, las comidas, las rabias, los amores, la poesía, la exuberancia, la envidia y hasta el odio y los cuernos.

Nuestra piel judeocristiana no la impusieron los judíos ni los arios, esos blancos que sin los latinos y los griegos quizás seguirían siendo tribus y etnias rústicas y salvajes, supersticiosas, guerreras.

El modo de vida occidental lo impusimos los latinos con mente griega y gesto romano. Los caminos, los puentes, los acueductos, los coliseos, las olimpiadas, las guerras, la navegación, la manzana, el protestantismo y también las conquistas y la sumisión, la condición de esponja para asumir lo nuevo y transformarlo, el nuevo mundo, Marco Polo, Colón, la mulata, el mulato, el chino de ojos azules, las Catedrales con la misma categoría de los ríos en el centro del pueblo, el pueblo alrededor de Dios y de la naturaleza…

Todo eso es grecolatino… qué mierda los blancos ni los bancos… ¡Nosotros los latinos hemos sido y somos los dueños de la cultura occidental, de la occidentalidad! ¡Supremacistas Latinos! ¡Tá bueno ya de complejo!

El socialismo es ese complejo o síndrome del mediocre de no ser capaz de construir un ápice de todo eso bueno y bello y necesario que la cultura occidental ha creado.

El socialismo es la maldad de asesinar y mutilar a todo el que eso ama y defiende, a todo aquel que no comparte el odio de los desagradecidos.

Aunque ninguna explicación vale si a quién va dirigida no está dispuesto a abrazar la verdad. Y la verdad es que, donde antes estaba Dios, ahora está el gobierno. Y si en el gobierno está la izquierda se va a imponer irremediablemente la esclavitud.
Un esclavo es aquel que no es dueño de todo lo que produce y obtiene honradamente con su esfuerzo personal y su trabajo. La esclavitud es que el ser individual sea sacrificable en beneficio del grupo. Y que ello ocurra por mandato de unos cuantos que se erigen en dioses moralmente superiores y destinados a hacer cumplir esas premisas.

Cien millones de muertes.

Bastaba una sola muerte para que el comunismo, el socialismo y todo el mal que la izquierda ha traído al mundo fuera considerado monstruoso.

Pero no bastan ni esos 100 millones. Porque los muertos no es lo que quiere el socialismo.
El socialismo quiere sumisión, servicio, consentimiento, sanción de su víctima, ego satisfecho. El socialismo no quiere diferencia, quiere igualdad. Y, puesto que no produce, la igualdad no puede ser en riqueza y prosperidad sino en miseria y vuelta a las cavernas.

El socialismo no sería un problema si los socialistas negociaran para dividir la tierra y quedarse para ellos un sitio en el mundo, un continente, la mitad del planeta, tres cuartas partes para ellos solitos. Y habitaran allí, en sus principios y con sus premisas. Sin obligar, a quien no quiera, a vivir el socialismo.

Pero el socialismo no puede vivir en el socialismo porque se autodestruye, destruye a sus hombres, no sobrevive. Y necesita desesperadamente del capitalismo o de cualquier otra forma de orden social que produzca bienes. El problema, ya lo he dicho, no es el dinero, es la incapacidad de producir.

Porque el socialismo impide al hombre producir libremente. El socialismo subvenciona la vagancia, subvenciona a los pobres, los multiplica y los estanca. Y el hombre está diseñado para vivir de la acción de producir.

El hombre no es una entidad que, como los animales y el resto de lo vivo, está predeterminado para sobrevivir. El hombre no tiene instinto de supervivencia. Tiene que pensar y aprender la supervivencia. Y decidir a favor de ella.

El hombre para sobrevivir tiene que actuar. La comida no es como el aire, que solo requiere el esfuerzo de respirar. Ni lo es ninguna otra cosa que el hombre necesita para sobrevivir.

Sólo con su acción, su trabajo y su producción puede el hombre cubrirse del frío, protegerse de la tempestad y del ataque de los depredadores, mantener el fuego, cuidar al débil, alimentar a los hijos, comunicarse, hallar remedios contra las enfermedades, aprender a hablar, a pensar, a preguntarse, comprender una ausencia, dejarse amar, convertir en armonía el agresivo entorno y llegar a disfrutarlo mediante eso que llamamos arte.

El socialismo es la negación a que el hombre actúe libremente para conseguir todo eso. El socialismo es un taladro que corta las alas de la iniciativa del individuo para intentar sobrevivir.

El socialismo obnubila las mentes y cultiva las bajas pasiones de los hombres. Y las hace manifestarse. Por eso se ponen violentos, golpean, matan, pegan, gritan, tiran huevos y balas, persiguen a quienes se les oponen o simplemente desean alejarse.

Aún si los socialistas no están de acuerdo con todo esto que yo declaro que es el socialismo, habrán de reconocer que no es humano, justo, noble, valiente, moral, ético y conveniente obligarme a vivir en cualquiera de las formas del socialismo si yo, simplemente, no quiero vivirlo.

Pero para los socialistas es un delito no ser socialista. Es un pecado. En el mejor de los casos, es un error. Pero nunca es una opción, una decisión y una manera de ejercer mi derecho a no ser lo que no quiero ser, de ejercer mi libertad de ser o intentar ser como yo quiero.

Miren alrededor. Miren los gobiernos, las leyes, las redes sociales y su censura, los gritos de los que odian a quienes odian o simplemente no piensan igual.

Miren las calles, el vandalismo, las amenazas, la necesidad de callar, de no manifestar desacuerdo con la mayoría de quienes se consideran de izquierda por temor a las agresiones, a perder los trabajos, a la violencia.

Miren esa intolerancia represiva que invade todos los rincones de la convivencia. La intolerancia de los abanderados de la tolerancia.

Miren el sectarismo de quienes te borran de sus perfiles de Facebook.

Miren cómo se criminaliza a todo el que no apoya a la izquierda, como se le tilda de ignorante, aberrado, sucio, facha.

Miren cuánta imposición de todo tipo en todos lados.

Miren Antifa, miren BLM… esas brigadas de acción rápida.

Miren las acusaciones indiscriminadas. Los tribunales ciberpopulares que juzgan y condenan. La casi aniquilación del debido proceso. La ciberguillotina en el patíbulo de las redes sociales.

Miren un Tribunal Supremo donde ya no sólo no se ocultan las tendencias ideológicas de sus miembros sino que se intenta manchar la imagen de los jueces que van a ocupar esa Institución, antes sagrada y ahora cuestionada y, cuando hay que renovarla, supeditada a la tendencia gobernante de turno.

Todo eso está ocurriendo. Todo eso y cientos de amenazas más está ocurriendo.

Digan, si lo desean, que eso no es socialismo. Pero saben tan bien como yo que es una descripción, un trazo, apenas un esbozo de la historia de los últimos 60 años de Cuba y de lo ocurrido en la Rusia comunista y Europa del Este y China y Corea del Norte y Venezuela cada día más... ¡Arriba España, que te queda atrás!
Así comenzaron todos.

Saben que por eso están los cubanos, estamos, aquí, acá, afuera, en Miami y Alaska y Australia y Angola y Haiti y Brasil y Chile…

Saben de ese poquito a poquito que todo lo va corrompiendo.

Y el alma que no llega… que se quedó en la Cuba posible, la que nos tocaba pero no fue.

El alma que no acaba de llegar.

No me puedo permitir no ver, por respeto y agradecimiento a la gran suerte que he tenido de nacer y estar vivo, que el socialismo ha llegado antes que el alma.