lunes, 9 de diciembre de 2019

Tonadas Guajiras Cubanas en Décimas de mi Padre



Aún no puedo detectar si yo llegue a la música a través de la poesía o si, justo lo contrario, la poesía se hizo ante mí arropada en música.
La más sorprendente expresión de la poesía, al menos la que más lo es para mí, está indisolublemente ligada a la música: se llama repentismo y se cultiva o practica, hasta donde sé, en casi to el mundo. El repentismo tiene variadas formas y nombres en distintas regiones del planeta. Consiste en improvisar versos, cantándolos, generalmente mientras una guitarra o instrumentos folklóricos acompañan al poeta. Los instrumentos, las tonadas o melodías y las estrofas poéticas suelen ser diferentes en las distintas regiones del mundo, aunque este modo de expresión de arte popular es en esencia el mismo. Por ser una expresión cultivada por gente de pueblo, fundamentalmente de campo, en la mayoría de los países o regiones donde se practica no hay una particular reglamentación a propósito del tipo de estrofa o de música a las que deben ceñirse sus cultivadores. La posibilidad de tomarse licencias de tipo técnico no restan calidad ni valor al buen hacer de estos versificadores.
Pero yo nací y me crié en Cuba, indudablemente el lugar donde con mayor severidad se castiga a quienes violan las, allí sí, estrictas leyes y parámetros que conforman la estrofa poética única que han de usar sus repentistas: la décima espinela. Para colmo de presión, esta estrofa ha de ser improvisada con y desde una melodía musicada por el poeta mientras va creando sus versos bajo el inclemente escrutinio de uno de los pueblos más musicales que existe. Aunque el nivel de exigencia es menor en el aspecto musical, la realidad es que una buena melodía o tonada y una voz hermosa y afinada aumentan considerablemente las posibilidades de culminar airoso una presentación o de resultar vencedor en una contienda poética entre repentistas, las llamadas controversias.
Cuando se hace repentismo en una sala o batey o patio en Cuba el público no te está evaluando: te está realizando una verdadera autopsia estética.
La controversia es un género violento, probablemente tanto como lo eran los combates de gladiadores en el coliseo romano hace más de 2000 años. Y hay que estar preparado y en forma. Si no quedas bien es mejor que te retires y a otra cosa. Es precisamente por ello que existen tantas décimas improvisadas de esa manera en Cuba que forman parte de la historia de la poesía universal.

Yo fui amamantado bajo un aguacero constante de décimas y tonadas, hermosas pero tristes en su mayoría, como suelen ser las canciones, las leyendas y las historias de los pueblos. Mi madre, exquisita interprete de tonadas y décimas, vertió sobre mí y sobre mis hermanos toda la mágica grandeza de la expresión menos adulterada de la cubanía en aquellos tiempos de nuestra infancia, que era la música del campo cubano, guajira, verde, con aroma de humedad y cristalina, de palma, de manantial, de caña, café y (oh, pecado) de tabaco. Aumentada la tanta magia por la dulzura desde la que madre hacía llegar a nuestros oídos aquellas tonadas y décimas, al convertirlas en susurros y  despojarlas, para sus tres pequeños, de esa suerte de violencia con que la impronta de la improvisación y la presión del jurado público suelen arroparlas. Mi padre es el mayor amante de la décima criolla que conozco. Y uno de sus más fieles cultivadores. Antes de aprender a pensar yo aprendí a rimar y a comprender en versos, octosílabos, incompletos si no sumaban diez, consonantes y sin rima interna. Antes de aprender a hablar y a escuchar yo cantaba mis lloros y mi risa y el mundo era para mí una melodía entonada por el amor de mis padres.
Quizás por eso yo soy un hacedor de canciones inapelable. No se me ocurre que pueda existir traje mejor donde amparar mi desnudez, manera más precisa de contarme, de hacerme entender, de transparentarme. Ni tampoco, por supuesto, de rebelarme, increpar y exhibir la miserias y las virtudes que aprendo o diseño y que me perfilan cada día.
La poesía y la música son una misma y única señal en mi expresión y mi percepción.

Décimas de Rubén Aguiar Dávila
Tonadas Guajiras Cubanas
Guitarra y Voz Rubén Aguiar Muñoz
Violín Pedro Alfonso

domingo, 13 de octubre de 2019

Canciones de Cassette.

El tiempo no parece tener dirección específica. Las vías hacia el futuro son infinitas, en toda la magnitud de ese concepto. Al presente, sin embargo, se llega por un solo, único y exclusivo camino. Ese camino es el pasado. El pasado, por su parte, es un absoluto, estático, incambiable.
No obstante, en sentido general, nada de eso es muy importante. Por más que vivamos la tensión del día a día, allá adentro, bien adentro tenemos claro cuál será nuestro final.
Y acaso por esta última razón es que solemos postergar, retardar, suspender o simplemente cambiar por otros asuntos la realización de proyectos urgentes, en umbral tal que van desde tomar un vaso de agua (lo sublime) hasta intentar realizar un sueño (…)  De hecho, la mayoría de las cosas que pretendemos hacer ahora mismo las dejaremos para después.
Y es en este punto que, por acumulación, aquello no tan importante comienza a tomar la siniestra forma de la complejidad. Porque, aunque lo presumible respecto a la dirección del tiempo es que puede ser lo mismo hacia delante, hacia atrás, a un costado, al otro, arriba, al futuro o al pasado, lo que parece indiscutible es que va, invariablemente y además, hacia abajo. De esta manera resulta que todo aquello que aplazamos se va acumulando en algún lugar allá arriba, encima de los postergados ex-proyectos previos que constituyen nuestro bamboleante pasado. Unos encima de otros, como una torre.
Por ello ando yo, hace rato ya, caminando  de puntillas y dando saltitos al azar, a un lado y a otro, adelante o atrás (sí, como el tiempo) observando de reojo la torre de mis trastos pospuestos a la largo del camino de esta vida, convencido de que si en un descuido me detengo, me caen en la cabeza.
Entre ellos los más pesados son unos paquetes y cajones repletos de fallidos intentos y sueños de grabaciones de discos o maquetas o demos o simple testimonio para la familia y los amigos, de mis canciones.
Temeroso a esta edad de no conseguir sobrevivir bajo los escombros de un más que probable derrumbe, me he propuesto ir liberando espacio en la torre (está claro que voy a seguir acumulando desechos) Para ello he decidido convertir en sueños realizados una buena parte de esos sueños proyectados, esbozados apenas, trazos de una resonante obra mayor, que son mis canciones grabadas en cassettes hace casi treinta años y que están en la cima, en la puntita de la torre, allá arriba, ignoradas pero, afortunadas ellas, no olvidadas.
En lo concreto voy a publicar esas viejas grabaciones. Como están. Rotas, en su mayoría. Marcadas en amarillo-tiempo por el tiempo. Rasgadas como nacieron, acunadas en machacadas grabadoras de segunda mano, muchas veces con las pilas gastadas. Grabaciones ruinosas de temblorosas canciones, como yo entonces, cocidas en su propio sueño, el mío.
He llamado al performance “Canciones de Cassettes”. Y tienen para mí el valor, según les acabo de contar, de formar parte de mis trastos no olvidados.  Y un agregado valor sentimental que no acabo de definir en qué consiste. Él sabrá.
Cada seis días subiré a mi Canal de YouTube un video con una canción. Puesto que no hay presupuesto, más que mi tiempo, los videos harán firme homenaje a lo vi-ideado. Serán simples, casi todos video lyrics, letras y viejas o sencillas imágenes.
La impronta de los tiempos marca una dirección específica: Suscríbanse a mi canal de Youtube.
A ver si conseguimos agrupar la cantidad de suscriptores suficiente para mantener el espacio según las reglas de esa plataforma que permiten recoger frutos de los trabajos hechos con amor, dedicación y algo de suerte.
La primera canción: Que te has llevado todo. Grabada en Radio progreso, La Habana, Cuba, en 1993.
Letra y Música: Ruben Aguiar
Arreglo de Dany Aguiar.
Oboe: Angel Aguiar
Guitarra y Voz: Rubén Aguiar
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martes, 8 de octubre de 2019

La Nada Sudamericana


“Es la nada sudamericana lo que hace a los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.”
La frase es de Emil Cioran, en carta a propósito de Jorge Luis Borges que reproduzco más adelante. Pero antes, con permiso, apunto la reflexión que me provoca.  
En caso que admitamos como acertada o muy probable esta apreciación de Cioran, expuesta en 1976, mucho me temo que caducó poco tiempo después. Desde hace más de cuarenta años esa cualidad de “más abiertos, más vivos y más diversos” atribuida por el maestro rumano a los escritores latinoamericanos no consigue hacerse notar por ningún lado. Al menos no en sus obras, si es que hay en los escritores latinoamericanos de las últimas décadas algo que pueda, en su conjunto, considerarse obra.
Pero es otro asunto el que mejor llama mi atención en esa carta. 
Siempre he sentido que, para el indagador y el soñador moderno no europeo, lo verdaderamente exótico es lo occidental y su cultura, Europa y su protagonismo en la configuración del hombre tal y como lo conocemos actualmente. Y la causa sería esa “nada” que acertadamente denuncia Cioran, que es real y aplica en mucho más territorio que el sudamericano. “Nada”, en dimensión tal, que al hombre que la frecuenta y padece solo le queda, como destino para sus sueños y haceres, la exuberancia de la tierra y la cultura que abandonaron sus antepasados, ese exótico mundo de los ancestros que constituye Europa, la raíz, el origen, la sangre. No es de extrañar entonces que la curiosidad sea el rasgo más notable en cuanto escritor y artista de Latinoamérica llega a esa “casa de los abuelos” que es la vieja Europa, la de la historia común, original y definitiva, la que diseñó el abrigo y los zapatos que calza en su aldea americana, la de los cubiertos y las maneras ante la barroca mesa y las tonadas con cierto deje español o italiano o francés en la voz de la madre. 
El efecto es testimonio: todos o casi todos se mudan a Europa aunque sea un tiempito nomás.
En otro momento se refiere Cioran a los artistas del este de Europa como “irremediablemente provincianos.” Se salta Cioran que ser un “provinciano europeo” significa haber sido amamantado con versos Goethe y acunado con melodías de Bach, llenos los ojos cada mañana de los parajes que tentaron a Velazquez en sus colores originales. Significa corretear la infancia entre castillos y catedrales y bosques y brujas. Ser provinciano europeo significa convivir con los mismos reyes, lloros, tragedias, aventuras, amores y traiciones con que corretean y conviven los latinoamericanos pero como irremediables extranjeros cuya decadente cultura europea, su cultura real, les fue contada desde viejos libros, recuerdos de nostálgicos ancianos y perezosos rituales y creencias conservadas con tibia fe y frágil esperanza. Los artistas europeos no necesitan “curiosear” para contar: cuentan lo que viven, lo que son, su arte es autobiográfico. Otra cosa es que se hayan estancado en su ruedo. O que otros europeos menos arriesgados, los del este, digamos, les exijan riesgos mayores. O que la resaca de las guerras y el advenimiento del imperio de las ideologías haya ralentizado parte de la creatividad en sus artistas, con imposiciones, censuras, dictados, leyes.
Desde la lejanía latinoamericana, eso que llama Cioran “tradiciones” son nuestra ilusión, nuestra utopía, nuestro retorno al hogar. Cuando llegué a Europa por primera y definitiva vez, a España hace más de veinte años, sentí como que estaba de vuelta. Fue una sorpresa ese sentimiento. La carga enorme del dolor por el desprendimiento de la matriz que eran mi familia, mi barrio y mis manías no consiguió nublar la agradable sensación de estar regresando a un sitio al que pertenezco.
El destierro para mí fue un regreso a casa.   
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He aquí la carta de Ciorán. 
Emil Cioran y Jorge Luis Borges. 1976
París, 10 de diciembre de 1976
Querido amigo:
El mes pasado, durante su visita a París, me pidió usted que colaborara en un libro de homenaje a Borges. Mi primera reacción fue negativa; la segunda también. ¿Para qué celebrarlo cuando hasta las universidades lo hacen? La desgracia de ser conocido se ha abatido sobre él. Merecía algo mejor, merecía haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tan inasequible e impopular como lo es el matiz. Ese era su terreno. La consagración es el peor de los castigos -para el escritor en general y muy especialmente para un escritor de su género. A partir del momento en que todo el mundo lo cita, ya no podemos citarle o, si lo hacemos, tenemos la impresión de aumentar la masa de sus “admiradores”, de sus enemigos. Quienes desean hacerle justicia a toda costa no hacen en realidad más que precipitar su caída. Pero no sigo, porque si continuase en este tono acabaría apiadándome de su destino. Y tenemos sobrados motivos para pensar que él mismo se ocupa ya de ello.
Creo haberle dicho un día que si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado. En Europa, como ejemplar similar, se puede pensar en un amigo de Rilke, Rudolf Kassner, que publicó a principios de siglo un excelente libro sobre la poesía inglesa (fue después de leerlo, durante la última guerra, cuando me decidí a aprender el inglés) y que ha hablado con admirable agudeza de Sterne, Gogol, Kierkegaard y también del Magreb o de la India. Profundidad y erudición no se dan juntas; él había logrado sin embargo reconciliarlas. Fue un espíritu universal al que sólo le faltó la gracia, la seducción. Es ahí donde aparece la superioridad de Borges, seductor inigualable que llega a dar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, un algo impalpable, aéreo, transparente. Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos.
Nunca me han atraído los espíritus confinados en una sola forma de cultura. Mi divisa ha sido siempre, y continúa siéndolo, no arraigarse, no pertenecer a ninguna comunidad. Vuelto hacia otros horizontes, he intentado siempre saber qué sucedía en todas partes. A los veinte años, los Balcanes no podían ofrecerme ya nada más. Ese es el drama, pero también la ventaja de haber nacido en un medio “cultural” de segundo orden. Lo extranjero se había convertido en un dios para mí. De ahí esa sed de peregrinar a través de las literaturas y de las filosofías, de devorarlas con un ardor mórbido. Lo que sucede en el Este de Europa debe necesariamente suceder en los países de América Latina, y he observado que sus representantes están infinitamente más informados y son mucho más cultivados que los occidentales, irremediablemente provincianos. Ni en Francia ni en Inglaterra veía a nadie con una curiosidad comparable a la de Borges, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, irreal.
Siendo estudiante, tuve que interesarme por los discípulos de Schopenhauer. Entre ellos, un tal Philip Mainlander me había llamado particularmente la atención. Autor de una Filosofía de la Liberación, poseía además para mí el aura que confiere el suicidio. Totalmente olvidado, yo me jactaba de ser el único que me interesaba por él, lo cual no tenía ningún mérito, dado que mis indagaciones debían conducirme inevitablemente a él. Cuál no sería mi sorpresa cuando, muchos años más tarde, leí un texto de Borges que lo sacaba precisamente del olvido. Si le cito este ejemplo es porque a partir de ese momento me puse a reflexionar seriamente sobre la condición de Borges, destinado, forzado a la universalidad, obligado a ejercitar su espíritu en todas las direcciones, aunque no fuese más que para escapar a la asfixia argentina. Es la nada sudamericana lo que hace a los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.
Puesto que le interesa saber qué es lo que más aprecio en Borges, le responderé sin vacilar que su facilidad para abordar las materias más diversas, la facultad que posee de hablar con igual sutileza del Eterno Retorno y del Tango. Para él cualquier tema es bueno desde el momento en que él mismo es el centro de todo. La curiosidad universal es signo de vitalidad únicamente si lleva la huella absoluta de un yo, de un yo del que todo emana y en el que todo acaba: comienzo y fin que puede, soberanía de lo arbitrario, interpretarse según los criterios que se quiera. ¿Dónde se halla la realidad en todo esto? El Yo, farsa suprema. El juego en Borges recuerda la ironía romántica, la exploración metafísica de la ilusión, el malabarismo con lo ilimitado. Friedrich Schlegel, hoy, se halla adosado a la Patagonia.
Una vez más, no podemos sino deplorar que una sonrisa enciclopédica y una visión tan refinada como la suya susciten una aprobación general, con todo lo que ello implica. Pero, después de todo, Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas, y si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado.
Emil Cioran.

martes, 8 de enero de 2019

Abuelarosa


¿Cómo puedo saber todo lo que quiero de todas y cada una de las personas que aparecen en esta foto? ¿Cómo saber todo lo que quisiera de esa señora, al centro, que los engendró? ¿Cómo saber del hombre que ahí falta, el que puso la otra mitad, el padre? Porque son 16 hermanos y hermanas alrededor de la señora y su tanta paz en el rostro. Porque justo a su lado, la segunda en la hilera del centro, con blusa blanca de bandas y mangas oscuras y mirada que amo es Rosa Dávila, la madre de mi padre. Abuelarosa. ¿Cuánto será lo tanto que quiero saber? Sus nombres todos, sus edades, sus destinos. ¿Cómo saber sus gestos y sus manías, sus miedos y sus sueños? Puedo imaginar el color de sus voces, algo graves como la de Abuelarosa, quizás. ¿Olerían también a miel y cigarro? Puedo aventurar un punto melancólico en sus cada miradas, desde ojos transparentemente impregnados de luz de campo, incapaces de ocultar esa luz del campo de Cuba. ¿Cómo fueron esos nueve hombres en sus juegos y sus torpezas? ¿Cómo esas siete mujeres en sus sobresaltos e ilusiones? 
¿Serán acaso mis propios sobresaltos, mis torpezas, mis juegos y mis ilusiones aquellas que de ellos quisiera conocer? De pronto descubro que puedo estar soñando sus sueños, temblando sus miedos, disimulando sus gestos y manías. Con muchos otros, por supuesto, los que provienen de los otros tres causes que abonan mis venas e interrogantes. Pero estos que miro han aparecido de repente esta noche en esta foto que no conocía, que me deslumbra y disfruto por primera vez. Llevo la sangre que cargaron durante toda su vida Abuelarosa, sus seis hermanas y nueve hermanos. Poco a poco se fueron marchando. Más de cien años tendrían ya casi todos. Pero se están moviendo ahora mismo dentro de mi cuerpo. Corretean, se abrazan, ríen entre ellos, se tocan ellas, emocionadas. Es la primera vez que se ven dentro de mí. ¡Y hace tanto que no se ven así juntos! En unánime ritual de tragar hasta el fondo siento que se beben la más deliciosa leche ahumada que ha bebido jamás alguien sobre la tierra, la que nos hacía a sus nietos Abuelarosa y que estoy seguro aprendieron a beber y hacer desde las manos y la ternura de su madre, la del centro, la del rostro de paz. No sería yo sin ella. Y no sé su nombre.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Alberto Pichardo


Aquí si cabe aquello de “esto no puede ser”… no debiera… el Picha era eterno… grande, hermoso, brillante… el más brillante de todos… no hay sentimentalismo en ello: era el hombre con mayor sentido del humor que me dio la vida… ese sentido que es proporcional a la inteligencia… y ya no hay cómo destronarlo porque se ha ido el primero y siempre será mejor el chiste aquel de Pichardo que no podemos recordar… y tengo rodando por el rostro junto a la rabia sus insuperables comentarios sobre cualquier cosa… inagotable el hermano grande… tengo su abrazo abrazándome desde esta tarde cuando supe que ya se iba hoy… su abrazo es el abrazo más hombre que he recibido y que he dado… era un abrigo Pichardo, desde los primeros y peores inviernos que fue aquel nuestro primer exilio en los noventa… Madrid es también el gran abrazo de Pichardo, sobre el que me dijo una tarde de Negra Tomasa en que nuestras bien cultivadas barrigas atentaban contra el beso tras los meses: “Vamos a tener que empezar a abrazarnos de espalda”… esa misma tarde, desde la mesa en que se bebía en heineken nuestra actuación, interrumpió con su voz redonda un tema de Jobim del que ya habíamos cubierto los primeros acordes, diciendo: “Aguanta, aguanta, Rube - y mientras se levantaba - que esa canción no se puede escuchar bebiendo cerveza, déjame pedirme un whisky, ve cantando otra”… el Picha era “una completa” del disfrute… tenía un trago distinto para cada tipo de música… desde su clásico gin tonic hasta el destornillador reforzado “más vodka que naranja”… y no nos podía faltar el Picha en ninguna de nuestras historias… llegaba el primero y se iba el último… no le importaba despilfarrar tres horas para regresar a su casa en El Escorial… cuando comenzaba a amanecer partía y luego, la mar de las veces, estaba nuevamente de regreso al final de la tarde… era el hombre solo que más compañía era… “¡¿dónde está Pichardo?!” es quizás la frase que más se repitió en el Madrid de estos últimos 23 años… significaba el cariño todo, desde y hacia... le daba sentido a cada encuentro, era el asiento sobre el que nos acomodábamos para ser… y no era poco el enorme ser que éramos todos los pocos juntos… sé que voy a repetir este sobresalto de hoy cada una de las pocas veces que recuerde que el Picha ya no está… porque está claro que será eso su partida: una sorpresa de vez en vez… el resto del tiempo, como siempre “Mi hermano, dale pacá’ que viene Pichardo… que ya está llegando”


lunes, 19 de noviembre de 2018

viernes, 9 de noviembre de 2018

Vicio poeta.


Vicio poeta. Es el vicio que se adquiere escribiendo poesía. La dulce y siempre cariñosa poeta matancera Carilda Oliver Labra, me señaló una mañana de taller literario en Varadero que yo tenía ese vicio incluso en la poesía misma, en la décima. Rondaba yo los 17 años y lógicamente, en testosterónica arrogancia adjudiqué aquella observación a su "pertenencia a una generación más conservadora en el lenguaje y las formas, incapaz de comprender los nuevos caminos que abríamos a la poesía (a la décima en este caso) la gente nueva". Cómplice y testigo recuerdo a mi amigo Fernandito García, quien además de la sonrisa compartía conmigo en aquellos tiempos (palabras de su padre Fernando García... de esos tan todos grandes poetas García de Sabanilla) "el honor de constituir la avanzada en la renovación de la décima guajira escrita en Matanzas". Importante subrayar "guajira", porque prácticamente todos los poetas en Matanzas, en esa y en todas la épocas cultivan, de modo exquisito, la décima. Pero nosotros éramos los hijos de los guajiros, de los repentistas, que renunciábamos al repentismo (¡ya nos hubiera gustado tener en ese género el talento y la estatura de nuestros padres!) y tomábamos la pluma para intentar ese mismo repentismo sobre el papel, procurando un lenguaje, si bien menos espontáneo y seductor, al menos más "trascendente" y ambicioso en términos literarios. Muy creídos ¡rimbombantemente creídos! pero divirtiéndonos a lo grande, nos hicimos de un espacio en el guateque. Hace unos años Fernandito se murió en abril siendo un incondicional de mi décima. De alguna manera y tras muchos recados a Madrid consiguió burlar mi dejadez y que le enviara algunas décimas que publicó en un libro de poetas matanceros. También han muerto su padre y Carilda. No sé si se salvará alguna de aquellas nuestras ilusionadas décimas. Pero estábamos equivocados. Y la vieja-bella-Gran Dama de Tirry estaba en lo cierto, aunque me costó muchos años comprenderlo.
La contención y los silencios, esas torturas para un poeta joven, tienen la ingrata función de poner en equilibrio lo que sin ellas sería oscuridad, pasión y desahogo escrito, pero no poesía.
No entiendo cómo consigo recordar estas cosas. Más misterioso aún es sentir que afloran desde mi memoria estas décimas que concebí en esa época.

De la décima a mi padre...
Cuando el tiempo (que te sabe
virtuoso de esa locura
que es combinar la ternura
de tu beso, que no cabe
en un verso, con la nave
en que subo descubierta
hasta la tierra) convierta
tu andar en faro, seré
un juglar cantando fe
con la guitarra desierta.
Mi calle...
San Vicente que le impones
a mis noches las maneras
de tus quejosas riberas
de muros y caserones.
En ti se van las canciones
eternas, inconfesadas
que no atrapo, las aladas
fantasías que convoco
secretamente si toco
tus aceras elevadas.
Montura...
Mi amigo el pintor, Yovani Bauta, me pidió una décima para escribirla sobre una vieja montura que estaba convirtiendo en una de sus piezas de arte. Así me habló aquella montura.
Miras. A trote de sueño
jinetea tu mirada
nostalgias de la tonada
que te acunó de pequeño.
Hoy me cabalga el diseño
perfecto, no soy la muda
montura, discreta, viuda
de preguntas y respuestas,
voy con la décima a cuestas,
ya no me siento desnuda.


viernes, 28 de septiembre de 2018

Barbara Milian interpreta Bossa para mi Superman



“Bossa para mi Superman”. Una hermosa canción en espléndido portal: este videoclip que ojalá sirva de acogedor refugio a quienes intentan guarecer sus oídos del tormentoso clima musical que asola nuestras tardes. Barbara Milian se luce cuando compone, canta y toca la guitarra. Aquí lo hace y me enorgullece haber puesto mi notita de arena en el proyecto. Disfruten el tema y el video… 
y Compártanlo!

sábado, 4 de agosto de 2018

Algo contigo

Bajando de Callao a Puerta del Sol. Ahí lo tropecé, llenando el centro de Madrid de música. Fue muy grato y conmovedor compartir un buen rato con él. Cantarnos un poco nuestras vidas y contarnos algunas canciones. Si van del kilómetro cero a Fnac o en sentido contrario, háganlo por la Calle del Carmen.
Abril, 2018.







viernes, 13 de abril de 2018

Antología de la Poesía Humorística Española

  Con Humor amanso mi ego, al tiempo q lo denuncio. Con Décimas me disciplino, controlo mis excesos, domestico la Imagen. Décima y Humor juntos aumentan la mirada lateral necesaria para mi personal perspectiva de la vida, creando, en fundido maravilloso, una otra vida igual de real y placentera que la que me corresponde por mandato (adivino). Porque la Décima, poesía en estructura hermética, hace menos previsible el destino del “gag” y, desposada con el Humor, resultan vía evidente que conduce al destino menos previsible. Divertidísimo y estimulante reto. Juego. 

  Si, además, en el laburo cuento con la mano de un amigo, resulta doble la felicidad que escribir me provoca.   El asunto que da pie a tan embrollada reflexión personal (que tanto me gustaría comprender) es el siguiente:
  La Editorial española Verbum, acaba de publicar “Antología de la Poesía Humorística Española”, en cuyo índice se pueden leer los nombres de Cervantes, Góngora, Lope de Vega, Quevedo, Arcipreste de Hita, Juan Ruiz de Alarcón, Feliz María Samaniego, Valle-Inclán, Machado, Alberti, Enrique Jardiel Poncela y muchos grandes escritores humorísticos más.
  En ese índice aparecen los nombres de Pepe Pelayo y Ruben Aguiar como autores de uno de los poemas antologados.
  Estoy feliz, agradecido a los antologadores y a Pepe, que me convidó y con quien es y siempre ha sido un honor trabajar... bueno, trabajar y mirar la vida y bebérnosla, desde que sobre los dos viejos sillones del salón de mi casa de Pueblo Nuevo nos balanceábamos sobre aquella Matanzas de los primeros ochenta, los del Siglo XX, claro, soñando, señeando, creando, creyendo y ya desde entonces cumpliendo nuestros sueños, por locos que fueran... sean...

Les dejo aquí el link donde se puede adquirir el libro... para que nadie se los cuente.


miércoles, 14 de febrero de 2018

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Youtube ha cambiado algunas normas y exige, a quienes poseen un canal en su plataforma, nuevos requisitos de elegibilidad para unirse al Programa de Socios de YouTube. O sea, para poder monetizar los videos de contenido original que suben a su canal. Los requisitos más importante son un número de 1000 suscriptores y 4,000 horas de tiempo de reproducción durante los últimos 12 meses. 
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No es algo complejo ni demorado. En esta entrada mía sería apenas un Clic sobre esta foto o el link a Youtube y otro Clic en la pagina que se abrirá pidiendo se suscriban. En sentido general es visitar el canal de Youtube de aquellos a quienes desean apoyar y suscribirse. Dos sencillos clic que mantienen el estímulo para continuar subiendo videos y compartiendo el trabajo a quienes intentamos intercambiar y ofrecer nuestro quehacer artístico o de cualquier tipo.
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Gracias de antemano.