viernes, 9 de octubre de 2026

Asamblea de Monte

Recordando el 15M, sus Indignados y aquellas asambleas
(Publicado el 9 de Junio de 2011)

Voy a hacer un alto en la secuela “Indignados”, (nada, Piratas del Caribe va por IV y nadie se queja) Pero tengo un buen motivo para hacerlo.
Desde Cádiz, mi amiga Montemayor comenta y se confiesa en mi post anterior. Considero importante debatir con alguien que forma parte de ese movimiento de “Indignados”, que participa en Asambleas, que es mujer (y por lo tanto no es igual a mí) y que desde Cádiz, en los tramos en que su multiocupación le permite (su trabajo, sus hijas, su matrimonio, las asambleas...), busca tiempo para entrar a mi blog y exponer sus ideas y su sentir acerca de mis opiniones.
Le estoy tremendamente agradecido por ello y he decidido publicar como post su comentario y un poco postcomentarlo a continuación.

7 de junio de 2011 16:13
Monte dijo...

1ª Parte:
Bueno, Ruben...... son muchas las ideas que se me vienen a la cabeza, y tengo a Julieta metiendome a Hello Kiti por la nariz, pero iremos poquito a poco, a ver si soy capaz de escribir con lucidez lo que pienso. Me gustaria contarte primero para situarte/me, mis antecedentes Asamblearios, que tambien los tengo, seguro que nada que ver con los tuyos, pero te aseguro, que dejaron marcas en muchos de nosotros, los "del barrio".
De forma resumida te cuento, que yo, nosotros, algunos de nosotros, somos hijos de lo que se llamó la reconversión industrial. Nuestros padres, obreros de Astilleros. Nuestras madres, limpiadoras, amas de casa (este termino nos dará pa otro debate), cuidadoras de nuestros abuelos, de nosotros. Nuestros días transcurrian, entre Asambleas, contenedores ardiendo, lavadoras y macetas volando y nuestros padres corriendo, delante o detras de la policia. Los mas valientes miraban desde el balcón y los que eramos mas corbades nos escondiamos debajo de la cama, a esperar que no se oyera nada.
Cuando eramos pequeños no jugabamos al tenis, nuestros juegos eran, la patá, el puli en alto o el mangüiti, juegos todos, poco refinados. Y por supuesto y esto lo cuento con todo el cariño, cuando sonaba la sirena de Astilleros a las dos de la tarde, eramos una marea de niños esperando en la plazoleta, a que llegaran nuestra propia marea de padres, marea que venia precedida por un olor intenso a hierro, a soldadura a mugre de los monos.........
Así que, puestos ya en antecedentes, imaginate de que color podia llevar la chaqueta, cuando me hice adolescente........ es evidente que mi corazon siempre ha estado en el lugar que le correspondia, física y sentimentalmente. Pero sin embargo no ha tenido que pasar demasiado tiempo, para que los que yo creia que eran los mios, empezaran a cambiar mi corazón y por supuesto mi opinión, y este primero, se me ha quedado muy pequeñito, tambien física y sentimentalmente.
Mucho despues, y habiendome tropezado varias veces con la misma piedra, me he dado cuenta de que la política y los políticos no tiene color ni ideologia, que da igual como se vistan, que las izquierdas y las derechas van juntas de la mano hace mucho y que lo que tenemos ahora no son guerras ideológicas sino guerras económicas.
Y ahora viene al pelo un poema de Gloria Fuertes que lei hace tiempo y que describe a la perfeción mis sentimientos:

Mi espíritu revolucionario rebelde
no puede pertenecer a ningún "partido"
pertenece a un entero
a la entera humanidad presente y futura.

Ahora y dicho todo esto, creo que muchos de nosotros, gente que no pertenece a nada ni a nadie, tenemos una necesidad, una necesidad vital y es que necesitamos gritar, tan fuerte tan fuerte, que se nos oiga en cualquier lado. Necesitamos recuperar la posibilidad de hablar, de expresarnos, de no tener que elegir entre el blanco y el negro, de recuperar la cara de "no soy tonta", que aunque disimule me he dado cuenta que me estas robando, que me doy cuenta que mi hermano, mi vecino, mi amigo, mi gente, mis iguales..... no son ahora tan felices, porque ya la ideologia no reconforta, porque ahora, si no tienes, sencillamente "no existes". No formas parte de nada, eres un numero mas entre los cinco millones de parados (y esto si que es una gran masa). Así que necesitamos gritar , aunque solo sea para que la ulcera de los estomago salga pa fuera.

2ª parte:
Ruben yo entiendo este movimiento, como algo mas intelectual que político, y creo que son los filosofos, universitarios, maestros, poetas, escritores, etc....los que tienen cosas que decir, y son los que tendrian que volver a sentar las bases de la convivencia, que nos recuerden que somos seres sociales, tendriamos que dejar a un lado al individuo y ser capaces de reconocer al colectivo. Pero para conseguir algo, habria que empezar de muy abajo, de cero y primero tendriamos que despojarnos de todos nuestros prejuicios, quedarnos limpios, libres de polvo y paja, y sentirnos los unos a los otros ¿Cuanto tiempo hace que no pedimos azucar al vecino?, ¿quien se atreve a dejar a sus niños un ratillo con la vecina mientras vas a comprar?...... tenemos que volver a educarnos y primero tendremos que despojarnos.
A groso modo, me parece que esto que te cuento es lo que deberia prevalecer, ese sentimiento de alegria, y no de ilusión como tu me propones, no quiero un motivo para ilusionarme, ya que ilusión se refiere a una esperanza infundada...............quiero motivos para seguir en la calle y motivos para entender este movimiento como algo posible, necesario............. y real.
No se si he conseguido expresar con claridad mis pensamientos, ya que ha medida que escribo se me vienen otras ideas, y se me estan haciendo nudos en los dedos, así que lo dejo aquí, y no dudes nunca, que cuando lleves la razón te la daré......................quedo a la espera de esa propuesta tuya que me tiene intrigadísima.
Bueno lo último, creo que es muy importante observar que cosas nos estan uniendo y no quedarnos con las que nos separan.
Muchos besos desde Cádiz.


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Mucha nostalgia, querida Monte, mucha añoranza “del barrio” es lo que leo en tu comentario. Me ha dado hasta envidia que hayas tenido una vida así de lindamente recordable, precisamente porque cualquiera pensaría que es vida para olvidar. Me trajo a la memoria una película inglesa, “Billy Elliot”.
También es cierto que todos tenemos una hermosa vida de infancia y adolescencia. Y la enorme mayoría de los hoy adultos, más-menos maduros, olvidamos que ese lindo recuerdo es el resultado de contemplar la lucha de nuestros padres por la supervivencia. Claro, no tenemos idea realmente de cómo se sintieron ellos ante esa, su propia vida. Nosotros nos limitamos a jugar, a disfrutar de la libertad de no tener que ser responsables. Podían estar nuestros padres en plena guerra o exiliados o jugando al golf. Nosotros éramos felices.
En el primer capítulo de La insoportable levedad del ser, Milán Kundera, refiriéndose a la idea del eterno retorno de Nietzsche, hace una reflexión escalofriante acerca de este hecho:
“No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; ¿pero qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?
Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.”
(aquí el primer capítulo completo)

Todos tenemos nuestras reconciliaciones inconfesables y un super-recuerdo de la infancia salvador para cada momento difícil. Pero una cosa es recordar el pasado con cariño y otra bien distinta querer volver a él. Por eso me permito sugerirte una pregunta al respecto:
¿Era mejor aquella vida tuya “del barrio” que la que viven hoy tus dos preciosas niñas? Por lo que leo se me antoja que, cuando te indignas, inconscientemente priorizas lo que has perdido tú en detrimento de lo que han ganado ellas.

Pero vamos por parte... Ojo, no quiero que esto sea una controversia en la que necesitemos quedar uno mejor que el otro. Sólo expongamos nuestros puntos de vista y veamos en qué podemos coincidir. Y trataré en lo posible de referirme exclusivamente a la idea, a las ideas, aunque personalice en ti mi discurso. Sé que no te vas a molestar, cosa muy rara cuando se confrontan ideas en estos tiempos.
Para empezar, dejemos clara una primera y fundamental coincidencia: el enorme poder del Estado, que hace enormemente poderosos a los políticos, empeora nuestra vida cada día y hay que encontrar la forma de resolver eso.
Vayamos a tu texto entonces.
...
Dices: “tenemos una necesidad, una necesidad vital y es que necesitamos gritar, tan fuerte tan fuerte, que se nos oiga en cualquier lado”

¿Te has preguntado seriamente por qué tienes esa necesidad de gritar? ¿Te has preguntado honestamente contra qué o contra quién debes gritar? ¿Estás culpando acaso a otros de que “ya la ideología no reconforta”? ¿Es por eso que ya “no perteneces a nada ni a nadie”? ¿Qué ha pasado con “la ideología”? ¿que no era real, que era falsa, que no era tuya?
Ideología viene de idea, la idea proviene de la mente, del pensamiento. ¿Habías pensado tu ideología o simplemente habías adoptado alguna, la que te inculcaron de adolescente?
No es lo mismo descubrir que aprender, no es lo mismo pensar que repetir.

Seguramente estás en lo cierto cuando dices “Necesitamos recuperar la posibilidad de hablar, de expresarnos, de no tener que elegir entre el blanco y el negro...” Una vez que lo admites, ya está claro que lo necesitas. Pero ten en cuenta que nunca nadie te ha quitado esas posibilidades que nombras. Ni muchas otras. Si te has callado ha sido por decisión propia. Igual si te has dejado manipular, o si has consentido cambiar en su momento lo que entendías correcto por alguna ventaja inmediata, pensando quizás que era posible aplazar el acto de ser honesto y coherente sin pagar a la larga un alto precio por ello. Ser funcionario del Estado es un ejemplo de esto.
Y me refiero al hecho de supeditar tu razón, tu pensamiento y el ejercicio de obtener un criterio estrictamente personal a, por ejemplo, la exaltación de esa ideología que ahora ya no te reconforta.
Y me refiero, por supuesto, al acto de aparcar todos los sueños y proyectos más hermosos, aquellos que conducen a la realización personal, para garantizarse un puesto de trabajo "de por vida".

Dices: “porque ahora, si no tienes, sencillamente "no existes".”

¿Y antes? ¿Existías aunque no tuvieras? Si eso es cierto es que algo ha cambiado. Veamos qué.
¿Te parece un atributo positivo, moral o éticamente, el hecho de que “si tienes”, digamos dinero o propiedades, “existes”? ¿Te parece bueno que para ser alguien tengas que “tener algo”, material se supone?
Si la respuesta es Sí, quiere decir que quien ha cambiado eres tú, que ahora das valor a las posesiones materiales, cosa que antes no hacías. En ese caso no comprendo tu “indignación”, porque para tener cosas materiales, riqueza, hay que crearlas, hay que trabajar y tener éxito en el trabajo, lo que se manifiesta en dinero o bienes o propiedades. (Ojo: otra manera es robando o adquiriéndolas de forma ilícita o apropiándosela legalmente a través del gobierno por ejemplo, pero ese no será tu caso jamás, me consta) Si no has trabajado ni te has esforzado honradamente para ello estoy seguro que consideras que no te corresponde “existir”, figurar, "ser alguien", puesto que no eres ni envidiosa ni deseas tener más de lo que mereces. No tendrías en este caso motivo para indignarte.
Si la respuesta es No, ¿a qué viene la indignación? Si esa premisa, “si no tienes, sencillamente "no existes", te parece superficial digamos, inmoral, inapropiada, ¿qué mas te da “no ser”? Allá los que crean que por tener “cosas” son importantes. Eso no va contigo. No tendrías, en este caso tampoco, motivo para indignarte.
Tengo claro que entiendes perfectamente a qué me refiero con todo esto. Tengo claro que lo sabes tan bien como yo. Pero tengo la impresión que lo olvidas en el entusiasmo de las Asambleas.

Dices: “...yo entiendo este movimiento, como algo mas intelectual que político, y creo que son los filósofos, universitarios, maestros, poetas, escritores, etc....los que tienen cosas que decir”

¿Y tú, no tienes cosas que decir? ¿Y tu marido y tu cuñado con su pequeña empresa de construir y vender música no tienen nada que decir? ¿No te gustaría que esos dos torpes empresarios pero enérgicos emprendedores y brillantes pensadores y extraordinarios seres humanos tuvieran éxito y ganaran mucho dinero con su esfuerzo, cosa que los haría felices y te harían feliz a ti y a la familia y de paso nos beneficiaría a todos los demás, por ejemplo a la persona que compre el producto que ellos les ofrecen o al colectivo social que se reúna a disfrutar de sus propuestas?
¿Crees que tienen más que decir los “filósofos, universitarios, maestros, poetas y escritores” que los tíos que se inventaron este software a través del que estamos tú y yo conectados a 700 km de distancia?
¿ Crees que el pensamiento es exclusividad de los filósofos?
¿ Crees que la juventud es patrimonio de los universitarios?
¿ Crees que la enseñanza de la verdad es prerrogativa de los maestros?
¿ Crees que los poetas y los escritores inventaron las palabras o el lápiz o la máquina de escribir o el ordenador?
Dices que crees que ellos “son los que tendrían que volver a sentar las bases de la convivencia”... ¿Y por qué mejor no piensas que hay que dejar que la gente decida por sí misma cuáles han de ser las bases de su convivencia? Libremente, como se les antoje. No esperes a que los filósofos te indiquen que le pidas azúcar a la vecina... hazlo por ti misma... ya estás tardando...

Dices: “que nos recuerden que somos seres sociales” ...

¿A que comienzas a sentirte mal? ¿Necesitas que alguien te recuerde eso, que “somos seres sociales”? No vayas más a la Asamblea: yo te lo acabo de recordar. ¿O sólo eres un ser social si vas a la Asamblea y te indignas y te enfrentas al capitalismo? No, Monte, no puedes dejar de ser un ser social ni aunque lo intentes, ni siquiera aunque nadie te lo recuerde. Es inherente al ser humano, puesto que en caso contrario no podrías llegar a ser siquiera persona, pues nadie te enseñaría a pensar y sin pensar te mueres, porque no tienes instintos de supervivencia. Eres el único animal que necesita pensar para poder comer y sobrevivir. ¿Lo habías pensado?
Es por eso que hemos formado el lío que hemos formado en la Tierra.

Dices: “tendríamos que dejar a un lado al individuo y ser capaces de reconocer al colectivo”

¿Colectivismo o individualismo? ¿Cuántas de las cosas que aplazas cada día las puedes achacar a tu individualismo? Aplazas leer un buen libro, ver alguna película, escribir algunas de tus ideas, ¿quién quita que hasta hacer un blog? ... irte a un parque con tus niñas y con tu marido, regalarte algún viaje a Marruecos o a Brujas... Hay mucho más... Pues, todo eso que aplazas corresponde estrictamente al territorio de tu individualidad.
¿Qué eres, Monte, un colectivo o un individuo... como qué te reconoces? 
Para mejor precisar, ¿estás casada con un miembro del colectivo humano social o con un individuo exclusivo, particularmente único irreemplazable y elegido por ti justo por esas cualidades? ¿Tus hijas son un colectivo de hijos cada una, o las dos forman un colectivo familiar?
Ya te decía en el comentario anterior: cuando formas parte de un colectivo dejas de ser Montemayor. Y quienes te queremos necesitamos reconocer a la persona, al individuo que eres, no a la miembra de ningún colectivo, porque un colectivo no piensa, no ama, no pare, no sueña. Un colectivo no puede ser amiga, esposa, madre, hija...

Dices: “...habría que empezar de muy abajo, de cero y primero tendríamos que despojarnos de todos nuestros prejuicios, quedarnos limpios, libres de polvo y paja, y sentirnos los unos a los otros ¿Cuanto tiempo hace que no pedimos azúcar al vecino?, ¿quien se atreve a dejar a sus niños un ratillo con la vecina mientras vas a comprar?”
Vamos a ver, detente y piensa serena y honestamente: ¿necesitas “indignarte” contra otros porque ya no te reunas con tus amigos o porque ya no le pidas azúcar a tu vecina ni le dejes las niñas un ratillo cuando vas de compras? ¿En qué momento de tu vida decidiste hacer responsable al gobierno, a los bancos, al mercado de no “sentirnos los unos a los otros” ? ¿Son ellos “nuestros prejuicios”? Cuándo los destruyas o los mejores o cuando consigas que te escuchen ¿quedarás libre de polvo y paja?

No quiero que me respondas, quiero que te preguntes.

¿Te has preguntado qué es lo que te está pasando a TI?
No al gobierno, no.. ni a la sociedad, ni al sistema... ni a los bancos o los mercados...
¡A TI!
Y a los que gritan en la calle...
¿Acaso necesitan tú y ellos que el gobierno, los políticos, el sistema, los bancos centrales, las ideologías, lo que sea, les resuelvan los problemas que no les causan?

Y ahora te pregunto: ¿es en estos términos que se discute en las Asambleas?

Es cierto que todo está malogrado. Pero para mejorarlo hay que caminar hacia delante, no hacia atrás. Las ideas que escucho por todos lados a todas horas en boca de casi todo el mundo son ideas viejas: más impuestos, más democracia, más control, más representación... Y, en otro orden, más unidad, más colectividad, más compañerismo, solidaridad... Llevo toda la vida escuchando ese discurso una y otra vez y sé que no ha solucionado nada jamás. Es un discurso viejo e inútil.
¿Dónde están las ideas nuevas? ¿Dónde estás tú, renovada, dentro de todo eso? ¿Dónde está la nueva persona que eres y que va a cambiar la vida? Porque es por ahí que hay comenzar. Para cambiar la vida tienes que empezar a cambiarte tú. Esto no son palabras de asambleas ni dibujos poéticos ni metáforas ideológicas. Cambiar tú primero significa que pienses tu vida de otro modo, de un modo diferente al que te han enseñado que has de observarla. Porque del modo en que la has mirado siempre es evidente que no te satisface. Que pienses tu persona de un modo distinto, más cercano, más sincero, más armónico.

El orden social, de convivencia en que deambulas es insatisfactorio (por decirlo de manera suave) porque tú nunca te has mirado a ti misma dentro de ese orden: siempre te has visto como parte del colectivo, como tú le llamas. Y has hecho lo que el colectivo hace. Eso te da algo de seguridad, pero no te hace feliz.
Curiosamente, ahora mismo, estás "indignada" en colectividad. Gritas en colectivo. Cuando acabe todo, que acabará, volverás a casa a tu personal colectiva soledad. Quiere decir que no estarás sola porque sabes que formas parte de un colectivo de personas solas, solitarias, en soledad, acompañados en la certeza de que cada uno de todos los demás están igual de solos.
(Por suerte, en ese momento tendrás a tus niñas, a tu esposo, a tus amigos, lo único que de verdad te acompaña y te llena)
Debe ser por todo eso que percibo que los “indignados” entienden la “indignación”, las manifestaciones y las Asambleas como un fin, no como un medio. Porque no hay nuevas ideas, o viejas pero no reconocidas o razonadas, porque no hay enfoques diferentes. Es por eso que supongo que hablas de alegrías no de ilusiones.
Yo si te hablo de ilusionarte. Me ilusiona imaginar soluciones. De a poco, como ya te dije, iré aventurando algunas. Pero antes debemos estar de acuerdo en una serie de premisas básicas. Y en todas esas preguntas que te he hecho están muchas de esas premisas.
Ya tenemos la “indignación”, la cobertura, el diálogo iniciado. Falta airear las ideas, porque las que escucho están muy manidas. ¿O no te parece así?
Espero que se animen los amigos a conformar con nosotros una “asamblea” aquí en el blog.

jueves, 8 de octubre de 2026

Indignado (III)

Recordando el 15M y sus Indignados (III)
(Publicado el 20 de Junio de 2011)

Si existe en la trasnochada izquierda europea otra nostalgia tan recurrida como la de la Revolución Cubana, es la del Mayo del 68 francés.


La izquierda española (y mucha derecha también) no es la excepción. Y a pesar de que aquí apenas se aportó una revuelta modesta ahogada por el franquismo, o precisamente por ello, el sueño de enfrentar al viejo régimen sigue y seguirá pendiente pues ya no será posible cumplirlo

Los gritos del mayo francés no se profirieron contra una dictadura aletargada y  antigua como la que imperaba en España. Aquellos gritos provenían de un mundo estable, amansado de bienestar y riqueza. Eran gritos provenientes del agotamiento, no de la indignación. Un mundo próspero en el que los intelectuales bostezaban abrumados por esa variante de
desempleo que es, para un intelectual, no tener apenas influencia en la historia que fraguan cada día el hombre individual y el social. Aquellos intelectuales se apropiaron del grito de mayo y se propusieron más o menos rediseñar el futuro. Y más o menos lo consiguieron. Porque, aunque ya casi nadie recuerda qué fue aquello exactamente, el mito de mayo del 68 aún hace suspirar al viejo continente ante cualquier asomo de crisis.

Quedan por ahí fragmentos de sueños incompletos, como este:

“... el efecto del 68 en España comportó una fuerte radicalización de movimientos que ya estaban en marcha, como el estudiantil y el movimiento obrero, o ayudó a la creación de otros nuevos, como el movimiento de las feministas, pero no lograron enlazar la lucha contra la dictadura con el objetivo de una democracia «socialista» o «anticapitalista».”     (EL MAYO DEL 68 FRANCÉS Y SU REPERCUSIÓN EN ESPAÑA Montserrat Galceran Huguet - pag. 21, final)

o como este:

“Por tanto, el significado histórico fundamental del Mayo del 68 no se ha de buscar ni en las "especificidades francesas", ni en la revuelta estudiantil, ni en la "revolución de las costumbres" que nos repiten hoy con todos los tonos y melodías (los ideólogos de la burguesía) sino en la salida del proletariado mundial de la contrarrevolución y su entrada en un nuevo periodo histórico de enfrentamientos contra el orden capitalista.»    (1er párrafo)


Pero, buscando y rebuscando entre referencias accesibles que lo definan clara y seriamente, encuentro detalles que me hacen sospechar que en ningún sitio hizo tanto daño mayo del 68 como en la España posterior a la muerte de Franco. Tal parece que, sin la experiencia de la libertad previa que sí habían conocido todos sus vecinos europeos, la naciente democracia española, sobre todo la de los socialistas en los 80, asumió como propios los “postulados” de mayo del 68. Y los aplicó de manera radical, los hizo ley. 

Observo estas palabras del actual presidente francés referidas a aquel suceso y descubro la génesis del modelo de mundo en que aun se educan los niños y jóvenes españoles:

“Mayo del 68 nos había impuesto el relativismo intelectual y moral. Los herederos del 68 habían impuesto la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo. Habían querido hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos alumnos, que no había diferencias de valor y de mérito. Habían querido hacernos creer que la víctima cuenta menos que el delincuente, y que no puede existir ninguna jerarquía de valores. Habían proclamado que todo está permitido, que la autoridad había terminado, que las buenas maneras habían terminado, que el respeto había terminado, que ya no había nada que fuera grande, nada que fuera sagrado, nada admirable, y tampoco ya ninguna regla, ninguna norma, nada que estuviera prohibido.”

Del mismo discurso extraigo estos fragmentos que parecen destinados a la España de hoy:

"... la herencia de Mayo del 68 ha liquidado a la escuela de Jules Ferry en la izquierda francesa, que era una escuela de la excelencia, del mérito, del respeto, del civismo; una escuela que quería ayudar a los niños a convertirse en adultos y no a seguir siendo niños grandes, una escuela que quería instruir y no infantilizar, porque había sido construida por grandes republicanos que tenían la convicción de que el ignorante no es libre."

"La herencia de Mayo del 68 ha introducido el cinismo en la sociedad y en la política. Han sido precisamente los valores de Mayo del 68 los que han promovido la deriva del capitalismo financiero, el culto del dinero-rey, del beneficio a corto plazo, de la especulación. El cuestionamiento de todas las referencias éticas y de todos los valores morales ha contribuido a debilitar la moral del capitalismo, ha preparado el terreno para el capitalismo sin escrúpulos y sin ética, para esas indemnizaciones millonarias de los grandes directivos, esos retiros blindados, esos abusos de ciertos empresarios, el triunfo del depredador sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador."

No es Sarkozy ejemplar que satisfaga mis expectativas de liberación, puesto que para mí todo político estatista forma parte del problema no de la solución, pero valgan esas reflexiones para observar la España contemporánea bajo el prisma con que algunos franceses observan las secuelas de sus propias exuberancias. 
(Todo el discurso puede leerse aquí)



Es probable que el principal aporte de mayo del 68 fuera este nuevo espécimen de ciudadano que de manera silvestre crece y se multiplica por toda la pradera europea, que vive y se alimenta del sistema al tiempo que arremete contra él, sus fundamentos y sus formas. Y cuya variante española teme ahora perder sus prebendas. No son revolucionarios (esa palabreja, para mí tan relacionada con el conservadurismo), ni de lejos. No son rebeldes. No pretenden en realidad cambiar el sistema (ni locos)  No la Democracia. Hablan en nombre del pueblo y de todos saltándose, sin ofrecer solución alguna, el complejo rol que juega en la democracia moderna la llamada "regla de la mayoría", mediante la cual, cuando existen diversas opciones y propuestas, la que mayor cantidad de apoyo reciba por parte del pueblo es la que se aplica. El 22 de mayo supimos la opinión de la mayoría del pueblo.

Sin embargo, siguiendo la línea de lo ya transitado, algo me dice que estos de hoy son también los que van escribir y contar la historia de y durante los próximos 50 años. Al menos lo intentarán, tal y como hicieron aquellos del mayo de entonces intentando hacernos creer que lo habían cambiado todo. No es difícil detectar en algunos de estos "indignados" el rostro y la compostura de quienes ya se reconocen predestinados a perpetuar la historia de la Nueva Democracia o como sea que se les ocurra nombrar a todo esto que han comenzado (ya no se atreven a llamar "revolución" a sus protestas, apuestan por la ambigüedad para desmarcarse del  tipo de violencia relacionado con esa palabra) 


Algunos con libros de notas, otros con cámaras fotográficas (de las carísimas, por cierto) no han ocultado ni un momento el gesto de estar tomando apuntes, sacrificando la recomendable discreción al hecho de saberse imprescindibles en su doble rol de testigos y protagonistas de este momento histórico. Aún no necesitan disimular el imprescindible porte de superioridad intelectual y moral, más bien lo acentúan (siempre procurando no alejarlo del estándar consensuado), para, de esa forma, poder ser detectados por los gurús y profetas establecidos del  ramo, algunos de los cuales ya se han acercado para animarles y poner en su conocimiento que, efectivamente, han sido detectados. Poco a poco irán puliendo el verbo y los modales, bajo  la impronta y auspicio de las normativas de lo "políticamente correcto". Hasta llegar a alcanzar la exacta transparencia del discurso engalanado con la visión ideológica adecuada para entender la historia en tiempo real, y contarla. Son los falsos intelectuales, vigías y diseñadores de una-otra realidad tan falsa como la que hemos creído estar viviendo los hombres y mujeres de finales del Siglo XX y principios del XXI.

En este mayo español  de hoy están gritando también los más radicales de buena parte de los futuros periodistas y escritores y cineastas y fotógrafos y filósofos y políticos y ecologistas del porvenir inmediato, ese que ya han decidido ir ocupando ante la proximidad del retiro (forzoso) de los del 68. Son los que fundarán los nuevos periódicos digitales, virtuales o de papel, las nuevas editoriales y productoras de cine, los neopalacios de una cultura que ellos mismos se encargarán de diseñar mientras cuentan, a su manera, desde tales libros y periódicos, la “compleja historia de la traspostmodernidad"...  Inconclusa historia – dirán - plagada de sus propias buenas intenciones y hermosos intentos de diseñar un mundo mejor, que se verá irremediablemente obstruida por el enemigo de siempre, el viejo, inmoral y malvado Capitalismo.

Y, tal cual sus padres lo fueron luego del 68, estos de hoy serán el principal freno a la historia que nos espera. Porque, tal y como de los gritos de aquel mayo francés apenas salió algo novedoso y útil, tampoco de entre quienes emiten estos gritos de hoy saldrán los hombres y mujeres que se constituirán en el motor principal de la sociedad, en la locomotora real del Hombre del futuro inmediato. Las más ilustres mentes, los auténticos y coherentes artistas, los grandes industriales y empresarios, los más creativos emprendedores generadores de capital y puestos de trabajo, los que construirán y luego abrirán las puertas al porvenir, los que crearán el Pensamiento del futuro, el Arte trascendente, bienestar, riqueza y prosperidad para la especie humana no se encuentran hoy en las plazas de este “mayo de 2011”. Tal y como los que todo eso han creado durante estos últimos 43 años no se encontraban en las plazas de “mayo del 68”.

Para constatarlo no hay más que ver cómo esas reivindicaciones no están relacionadas con la propia libertad y el deber, sino con el aumento de control por parte de ese Estado al que dicen enfrentar y con sus propios presuntos derechos de grupo.

No son todos, intento decirme. Probablemente algunos habrá cuya honestidad e inteligencia los conducirá por otros derroteros.
Pero, la mayoría es sólo ganado, incapaz de generar en grupo o de manera individual una sola idea que sacuda la deteriorada estructura social que han heredado, una utópica o posible idea que los confirme al menos como seres pensantes, y los aleje de ese ostentoso sentimentalismo que los induce a exhibir indignación, precariedad, indefensión.
Ganado, encerrado cada uno en su personal redil de ignorancia, y domesticado por cawboys portadores de ideas tan nocivas y tramposas como que nacemos con una suerte de derecho natural a obtener y hacer uso de una riqueza que no hemos creado, y que, aunque sean otros los que trabajen y creen esa riqueza, todos somos merecedores de ella y de su reparto equitativo.
Como si la riqueza fuera un recurso natural y no fruto de la inteligencia y el trabajo del hombre.
Y no precisamente de muchos hombres, me atrevo a decir.

(continúa... seguramente...)
.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Indignado (II)

Recordando el 15M y sus Indignados (II)
(Publicado el 5 de Junio de 2011)

He estado una vez más en la Puerta del Sol de Madrid. He vuelto a escuchar las voces de los “indignados”. He visto nuevamente sus rostros.
Y he recordado un momento esencial en mi vida.
Era 1994. A raíz de las revueltas en La Habana conocidas como “El Maleconazo” y durante la posterior salida de miles de cubanos hacia Estados Unidos (la mayoría de los cuales fueron a parar a la base militar norteamericana en Guantánamo), tuve oportunidad de vivir muy de cerca un inusitado suceso. Mientras pugnaban en la costa y en las desembocaduras de los ríos por encontrar una barca que los llevara bien lejos de la opresión y la miseria, miles de personas se debatían entre la satisfacción de estar expresando, “por fin”, el gesto reivindicativo nacido de la necesidad de querer violar la ley y la frustración provocada por la evidencia de no estar violando nada puesto que les estaba siendo permitida dicha acción y por tanto se sentían una vez más absurdamente manipulados.

Quien hace la ley y se inhibe en su función de hacerla cumplir transforma cada intento de resquebrajar el orden en una ridícula agresión contra nadie.

Yo fui uno de aquellos cubanos que batallaban por largarse y aquel sentimiento de frustración solo desapareció cuando pude abandonar la isla un año más tarde. Casi 17 años después tengo ante mí, en una céntrica plaza europea, aunque sin la desesperación que cicatrizaba en aquellos otros rostros, grupos de personas con idénticos motivos para el desconcierto. Y tal vez sea la coincidencia en lo patético de tal situación lo que enfatiza la paradoja que emerge de lo opuestas que resultan las razones para la reivindicación: nosotros soñábamos con lo que ellos tienen; ellos proclaman querer mejorar lo que tienen aproximándose a aquello de lo que huíamos nosotros.


control estricto...eliminación... supresión
obligatoria... reducción... expropiación por el estado... prohibición de...
elevación de los impuestos... devolución a las arcas públicas... prohibición
de inversión... aumento del tipo impositivo... recuperación del impuesto...
control real y efectivo...


Me sumerjo entre las tiendas de campaña desplegadas en pleno centro de la plaza y los observo. No sonríen. Puede parecer justificado que no sonrían: no es la risa un ademán apropiado para este tipo de reivindicaciones. Pero, cuando se actúa con convicción y legitimidad, es imposible ocultar la transparencia en la mirada, cierta relajación en el rostro y ese asomo de felicidad que tanto aborrecen los hipócritas. Y no es ese el caso. Estos que he visto miran con recelo, como si sospecharan de todos cuantos hay a su alrededor. Sus movimientos no son espontáneos, naturales. Se desplazan como si temieran el roce inadecuado o brusco de cada día en el metro o el autobús, realizando, ante cualquier inevitable encuentro físico, giros calculados y correctos, pero con la leve torpeza de quien no ha ensayado el gesto previamente.

Se trasluce que han recibido orientaciones de evitar la tosca violencia que se supone en quienes están dispuestos a violar la ley para ejercer esos actos que llaman “reivindicar derechos”. Pero, al no poder ejercer algún tipo de violencia directa (romper cabinas telefónicas, encender cócteles molotov y dulzuras por el estilo inherentes a este tipo de personajes durante este tipo de rabietas), con el paso de los días se pierde lógicamente el entusiasmo, por lo que depositan toda la energía en alimentar el ánimo a través de las Asambleas. Me son muy familiares estas asambleas, que son la base de todo tipo de catequesis totalitaria y cuya organización corre a cargo de lo que en Cuba conocíamos como Departamento de Agitación y Propaganda, que no era más que aquella agitprop que había implantado Lenin en la Rusia Comunista de los años 20. Funcionan de maravilla y son tremendamente efectivas, pues los participantes acaban convencidos que son protagonistas de los más profundos cambios en la historia del hombre y que cada uno de ellos, en lo personal, tiene un papel prácticamente determinante. Estas asambleas han de estabilizarse para mantener vivo el espíritu de la protesta. Sobre todo porque esto va para largo, pues queda todo un año hasta unas elecciones generales que desde ya, y como consecuencia de lo que veo, vislumbro muy movidas.


Por ahora se mantienen tranquilos, lo que no parece fácil dentro del inevitable desorden bajo las tiendas de campaña. Pero esa conducta delata una disciplina y esta una autoridad. Y tienen la actitud de quien espera órdenes, de la autoridad o del enemigo, y la tensión exacta del que teme estar equivocado o que le falten datos, pero neutraliza sus dudas diluyéndose en el grupo, cambiando el yo por el nosotros, el mí por el nuestro.
No es que piense que sea horrible tener dudas o estar equivocado. Ahora mismo, mientras escribo, ambas sensaciones me abrazan. Tal vez justo por ello me atrevo a saber qué sienten. Y por una razón aun más personal: de alguna manera su actitud y sus expresiones me remiten a las que hace más de 30 años observé en mis amigos cuando eran enviados a la guerra de Angola, en una época en que muchos creíamos que eran buenos y nobles esa guerra y ese viaje a esa guerra. Duda, nerviosismo, búsqueda de aprobación, pequeño miedo mal controlado, y tal vez una disimulada necesidad de entrar en acción para canalizar tanta tensión.
Son, tanto aquellas como estas, la actitud y expresiones de quienes han decidido que su futuro ya no les pertenece, que otros han decidido por ellos, y tratan de convertir lo ya inevitable en un acto heroico, el más heroico de su vida. Solo que a quienes iban a la guerra el heroísmo los conducía probablemente a la muerte. Y a estos que tengo ante mí los conduce apenas al abandono de esa vida tan cómoda que hasta hace poco han llevado, una vida de relativa abundancia que el despilfarro de los políticos en el poder ha tornado en incertidumbre.
Sí, están esperando órdenes.
Desde que nace el hombre tiene sobre él una autoridad (padres, maestros, tutores) dirigiendo orientando corrigiendo y siempre decidiendo cada paso que lo adentra y prepara para la vida. Luego, una vez adulto y hasta que muere el hombre es incapaz de cuestionarse la razón o necesidad de que alguna otra autoridad realice esa misma función. Esa autoridad es reconocida y confirmada en el Gobierno que, como los padres, maestros o tutores ya estaba ahí cuando el hombre nació, ejerciendo esa función de autoridad sobre todos. El hombre entonces sanciona a favor del Gobierno, al que autoriza la inmersión en todos los aspectos de su vida personal y social, creyendo poder garantizarse con ello seguridad y estabilidad “para toda la vida”.
Pero, ¿qué sucede entonces cuando la autoridad se resquebraja, no en la intención, admitamos, sino en la viabilidad de garantizar esas seguridad y estabilidad?
Nada. Nada o muy poco sucede. Algo de pataleta, algo de “indignación” y un falso desafío al orden y la autoridad, expresados en ambiguos manifiestos en que se mezclan reclamos y reproches a estos padres de la adultez, pero dejando bien claro que no hay intención alguna de prescindir del tutelaje del gobierno con todos sus atributos.
De ahí que se me antojen nerviosos, pero sobre todo, frustrados. El umbral de incertidumbre que se vislumbra hoy en España provoca temor en muchas personas, y estos que se dicen “indignados” son el destacamento de vanguardia de ese temor. Temor a dejar de ser mantenidos. Temor a tener que dejar de vivir de los presupuestos públicos, que no es otra cosa que vivir del dinero y el esfuerzo de los que trabajan. Temor a tener que enfrentar el trabajo duro y una vida en la que hayan de ser ellos mismos, con su esfuerzo personal y laboriosidad, los únicos garantes de sus propios bienestar y seguridad.
Y, en el caso de estos “indignados” aun acampados en tantas plazas, temor, en fin, a perder esa especie de puesto de funcionario que es ser antisistema en España.
El puesto de funcionario antisistema, me digo, es uno de los dos empleos cuyos salarios rara vez sufren las consecuencias de los recortes y las crisis: no se congelan, no se reducen, no varían con el alza de los impuestos.
El otro es el de los políticos, precisamente.


(continúa)

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martes, 6 de octubre de 2026

Indignado (I)

Recordando el 15M y sus Indignados (I)
(Publicado el 30 de Mayo de 2011)

Mi vida es tan poco aburrida (que no quiere decir carente de cierta rutina y buena dosis de tranquilidad) que paso por alto algo elemental: no todo el mundo sufre el dilema de no disponer de tiempo alguno para bostezar.
Ha de ser por eso que me siento desconcertado ante el entusiasmo de muchos amigos y conocidos a propósito de las acampadas que, en algunas de las principales plazas de España, realizan desde mediados del mes de mayo grupos de personas que se declaran preocupados e indignados por el panorama político, económico y social existente marcado por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros.
Este movimiento, denominado “Democracia Real YA”, fundamenta así su posición:

“Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo”

Hay que estar muy aburrido o tener en añejo stand by los sueños propios para que a uno le entusiasme la idea de enfrentar innegables problemas actuales desde la perspectiva de individuos dispuestos a defender manifiestos con enfoques como ese.
Mis amigos, gente diseminada por medio mundo, con la cabeza bien amueblada en todo caso, me escriben, me preguntan, me dan su opinión, coincidiendo la mayoría en la emoción y la mirada positiva acerca de este suceso, al menos en sentido general.
Por ello voy a exponer, por y con todo el cariño y respeto que profeso a estos amigos, algunos hasta acampados física, virtual o psicológicamente, lo que pienso de estos actos. Me referiré fundamentalmente a lo que he podido constatar de manera personal y a través de las consultas realizadas en la web de la plataforma “Democracia Real YA”. Debo decir, no obstante, que para una mejor comprensión de lo que sucede he tenido en cuenta una serie de circunstancias producidas en los últimos meses que, desde mi punto de vista, protagonizan dos sucesos fundamentales:
1) la celebración de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo para las que los resultados de las encuestas previas vaticinaban, tal como ocurrió, una debacle de la izquierda, y
2) la publicación del panfleto devenido best-seller “Indignados”, del nonagenario francés Stéphane Hessel, (hay dos versiones al español, muy parecidas, aquí y aquí), que ha servido de pretexto más que de resorte para las manifestaciones de mediados de este mayo en España.
Procurando en la medida de lo posible una mirada objetiva de los sucesos en cuestión he decidido posponer (confieso que a duras penas), para futuros encuentros personales, mi habitualmente incontrolada artillería de malas palabras, muecas, gestos exagerados, cubaneo en la dicción y falta de coordinación entre la expresión y el discurso que estos actos me provocan y que de seguro los amigos sabrán imaginarme ahora y perdonar después.
He estado en la Puerta del Sol de Madrid. He merodeado en varias ocasiones entre los “indignados” que ocupan la habitualmente tranquila plaza. Trabajo a 50 metros de donde se han acuartelado. He visto sus rostros, escuchado sus consignas, leído sus carteles y panfletos. De madrugada y de tarde he aspirado el aroma que ahora inunda los alrededores de la estatua de Carlos III, mezcla de hachís, marihuana, orina, cerveza, sudor y restos de comida. En ese orden.
“Son los hijos de los del 68”, me digo... (Los de mayo, en Francia, probablemente descendientes de Robespierre, aquel que aplacaba su indignación cortando cabezas hasta que le cortaron la suya los suyos, indignados con él)
Tal vez con otra vestimenta y con un promedio de edad algo superior, por lo que he visto en fotos y leído por ahí, pero sí, son herederos de aquel mayo del 68 parisino.
Con menos ideas estos que aquellos. Porque, no nos engañemos, aquellos no tenían muchas ideas. Más bien no tenían ni idea. Agitadores de discursos rimbombantes, pero huecos. ¿O tendenciosos... equivocados? ¿ o no? Y tremendamente presumidos. Eso sí, profusos en frasecitas ingeniosas, juegos de palabras y chistecitos expuestos en graffitis, pintadas y carteles (como aquel de “la imaginación al poder”, que actualmente ilustra espléndidamente Daniel Cohn-Bendit , Dany el Rojo, el líder antisistema más famoso de aquellos días, en su eco-abnegado rol de eurodiputado en el Parlamento Europeo desde hace ¡más de 16 años!... ¡eso es imaginación en provecho... del poder!)
Poco más. Por mucho que busco no encuentro una sola idea rescatable procedente de aquel mayo del 68. (Tal vez si hubieran esperado un año más) ¡Y mira que nos han contado historias y argumentado ideas provenientes de aquellas revueltas! Es cierto que el griterío fue tal que el gobierno tuvo que adelantar las elecciones. Tan cierto como que el partido en el poder, de ideología contraria a los revoltosos, salió fortalecido, obteniendo la coalición gobernante más del 57% de los votos. (Si, ya sé que se parece mucho a lo sucedido el pasado domingo 22 en las elecciones en España, pero tal vez sea pura coincidencia)

En cualquier caso, decido que lo que fuera que pudieran legar aquellos agitadores, aburridos de la buena vida decente, no sería algo muy distinto a lo que sucede en España en estos días.

Hay tantas razones en este mundo y esta vida para ilusionarse, que no comprendo cómo puede provocar entusiasmo el hecho de que una muchedumbre malhumorada decida sentarse en el suelo y ponerse a gritar para hacer saber, a quienes acusan de responsables de su malestar, que no se van a levantar hasta que se ocupen de ellos...
y
... de su falta empleo, de su mala remuneración, de sus subcontratos (esto debe ser algo malísimo), de su precariedad, de su juventud...

Y me preocupa, porque mis amigos pasan por alto que veintidós millones novecientos setenta y un mil trescientos cincuenta (22.971.350) de compatriotas de esos “indignados” hayan decidido libremente ir el domingo 22 de mayo a las urnas a ejercer su derecho al voto y, de manera mayoritaria, dar una nueva oportunidad a quienes se dedican a gobernar, convencidos de que, con crisis o sin crisis en las buenas y en las malas y mientras no se encuentre otra que la mejore, esta forma de convivencia social que existe en España y Occidente es la que prefieren para organizar su modo de vida.

Me preocupa que esos casi veintitrés millones de demócratas optimistas (a los que me sumé porque considero la Democracia muy superior al resto de sistemas intentados por el hombre, aunque no el mejor posible) no signifiquen mucho, y que quienes entusiasmen sean los del

queremos un cambio (¿de gobierno, de ropa, de sexo?... de trabajo no parece ser)

y un futuro digno (¿digno como qué? ¿o como el de quién?, han olvidado especificarlo... ¿y elaborado con dinero de quienes? desde luego no de ellos mismos, puesto que están en el paro y son precarios, etc... con el de los bancos no me parece a mí, puesto que de dinero mal habido no sale nada digno, digo yo que dirían los “indignados”... del gobierno, imposible, puesto que el gobierno no tiene dinero, tan sólo usa el que sustrae a los contribuyentes – estos sí que debieran salir a la calle, indignados- Hay aspectos pendientes en esto del “futuro digno” y me temo que va a demorar un poco... ¡Y pensar que yo tuve que labrar por mí mismo este futuro que ahora tengo!)

... los del

Estamos hartos de reformas antisociales, (¿querrán decir hartos de que se haya acabado el reparto del dinero destinado a los que no producen, a los que viven de las subvenciones estatales, a quienes reciben becas públicas otorgadas por caritativos políticos de turno, el dinero que costea los espectáculos gratuitos ... en definitiva, el dinero extraído a los ciudadanos que, encima, se gastaba el gobierno irresponsablemente? Por si les sirve de consuelo: el actual gobierno socialista hubiera preferido continuar comprando votos con ese dinero, pero el caso es que ¡se lo ha gastado todo!)

de que nos dejen en el paro, (deben estar refiriéndose a los malvados empresarios, que tienen el monopolio del empleo y son los únicos con posibilidad de ofrecer puestos de trabajo... pero ya se sabe que los empresarios, egoístamente, priorizan sus propios intereses; no como “los indignados” que... ¡caramba, qué coincidencia!)

de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, (¿los bancos han provocado la crisis? ¿se ha preguntado alguien con qué objetivo pudieran los bancos querer provocar una crisis y perder mucho dinero? ¿no habrá sido más bien la intervención de los gobiernos en el mercado y la alteración con ello de las leyes naturales de este? Los Bancos Centrales son monopolios que controlan el sector financiero, la política monetaria, el sistema de precios. Ellos son los que fijan los tipos de interés que, cuando suben, nos hacen exclamar: "¡estos ladrones me han subido la hipoteca!". Los Bancos Centrales no son instituciones privadas: son Organismos del Gobierno... “El sector bancario es, de lejos, el más intervenido, regulado y controlado por el poder público en las economías desarrolladas.” - algo de historia aquí - Por otro lado, los bancos no se quedan con nuestras viviendas si pagamos el préstamo que les solicitamos y que nos facilitaron para que la adquiriésemos a cambio de ciertas condiciones que aceptamos firmando libremente un contrato donde todo esto aparece clarito, clarito. Es evidente que los bancos se aprovechan, puesto que no hay posibilidad de castigarlos desde la libertad de competencia. Pero no son ellos estrictamente responsables de tal situación. Cosa que no se puede decir de quienes firman contratos y eluden su responsabilidad cuando no pueden cumplirlos)

de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. (aquí me faltan datos para evaluar el texto: 1 – ¿quienes imponen: los bancos, los políticos? 2 - ¿cuáles exactamente entre las tantísimas leyes limitan cuáles libertades en beneficio de los poderosos?, 3 - ¿cuáles son los beneficios que reciben y quienes son esos poderosos?... Es tan poco clara la frase que hasta es posible que tengan razón en este punto... (vale, es broma) Poderosos pueden ser desde Botín o el Grupo Prisa hasta Greenpeace o los Sindicatos... En cualquier caso, toda ley implica limitación de libertades, beneficios para unos y perjuicios para otros... hay que especificar)

Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo”. (Ya, deben estar agobiadísimos ahora mismo los poderes políticos y económicos acusados de la precaria situación en que se encuentran la Puerta del Sol de Madrid y algunas otras plazas de España... Y, por último, lo de exigir un cambio de rumbo precisamente a quien te ha metido en el pantano es, francamente, para descuarejingarse de la risa...)

“Nuestra precaria situación”. Es esa estética del victimismo la que hace poco creíble el gimoteo que pretenden vendernos como “indignación”. El uso del adjetivo “precario” es una constante entre los manifestantes estos días. Es la misma quejumbrosa liturgia del chantaje emocional que interpretan el mendigo, el chabolero, el okupa, el “necesitado”.

Y la ceremonia de levantar el puño redentor apenas consigue disimular la mano pedigüeña que se extiende por debajo implorando limosna.

(continúa)

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15M Indignados: quince años después

 


El futuro de los indignados. 

Entre mayo y junio de 2011 y algunos meses después, escribí los post que esta semana compartiré. 

Resulta que han transcurrido 15 años desde aquella aparatosa sentada que en España llamaron “15M” (caramba qué coincidencia), que también fue conocida como “Indignados” y que tanto entusiasmo inspiró en los entonces aún ingenuos creyentes de que el orden social de los humanos es una línea progresiva hacia el futuro y una evolución hacia el bien. 


“Hacia adelante solo hay mejoría” parece creer el hombre que nos dice la vida, confundiendo desarrollo tecnológico y aumento del confort con crecimiento espiritual, intelectual, humano, social. 

En el 2011 no me guardé mis puntos de vista “radicales y poco acertados” (dijo alguien), aunque respetuoso y cortés expuse lo que pensaba a propósito del “15M” y de aquel movimiento Indignado que sacudió a toda España y a otros sitios del planeta. 


Increíble e inquietantemente mi radicalismo e intransigencia se quedaron cortos, resultaron pequeños e incompletos visto lo visto en el recorrido de estos últimos reales 15 años. Aunque no tanto como buena parte de lo que amigos queridos y lúcidos (aunque quizás con cierta premura) comentaron entusiasmados a propósito de ciertos errores o algunas perspectivas desafortunadas con las que, decían ellos, abordaba yo lo que estaba sucediendo. 


No voy a dar una opinión ahora sobre aquel 15M, los 15 años transcurrido y lo que de verdad resulta indignante. La opinión la di en 2011. Y, puesto que mantengo lo dicho entonces de la “a” a la “y” (ofrezco la “z”), voy a compartir los cuatro post más indignantes que publiqué y debatimos; tres sobre los  indignados y uno desde un intercambio con alguien muy querido por mí y que muy me quiere (lo cual nos permitió un diálogo totalmente descontaminado a pesar de tener cada uno diferentes perspectivas y exponerlas sin remilgos). 


Todos en el contexto de aquel indignante 15M. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Yo no quepo en un país así. Por Ruben Aguiar Muñoz

 Yo no quepo en un país así.

A veces considero la posibilidad de estar en un error (pocas, sinceramente) pero me hierve la sangre cada vez que, sabiendo lo que ello quiere decir, leo o escucho a los cubanos proclamando:

“Construyamos un país en el que quepamos todos”.

¿Todos quienes?  ¿Los que salen a protestar contra el gobierno comunista gritando libertad,
más
los que salen a golpear y aplastar, aniquilar, encerrar, vapulear, torturar a los anteriores,
más
los que toman distancia y se quedan mirando cómo esa mayoría enfurecida, que abiertamente disfruta de su brutalidad autorizada, inducida u orientada deshace de modo criminal los anhelos de libertad y la necesidad de acabar con su hambre en aquellos primeros valientes o desesperados o ambos,
más
los que callan,
más
los que esgrimen el argumentario estricto, legal desde una presunta independencia o metafórico desde esa estética de lo malvado y lo miserable que resuena de fondo por sobre los gritos de un lado y del otro?

¡Todos son cubanos! Todos los implicados en estos sucesos.

No son gobiernamericanos ni rusosovieticos ni chinangolanos ni sordidarios latinohambrericanos…

¡Son todos cubanos! Los de un bando y los del otro y los del de más allá. Hijos padres hermanos primos amigos vecinos compatriotas cubanostodos buenosmaloscobardesvalientescriminalesyvictimas...

Todos CUBANOS que hacen uso de su responsabilidad.

Y No son solo los Castro y los generales y los “fundamentadores” o los Diaz-Canel de turno los únicos “malos o irresponsables” que golpean.

 

¿Tendrían que caber en esa Cuba donde "quepamos todos" también todos esos salvajes que tantos y tantos son? ¿Tendrían que caber aunque no fueran tantos? ¡Que Sí lo son!

¿Seré yo el único que no está dispuesto a caber en un país así? Porque, honestamente, yo no quepo en una Cuba así.

Amor, Paz, Tolerancia, Convivencia, Comprensión, Perdón ¿para un solo lado?

Yo no quiero caber en un país así.

No sin que antes sea extirpada la raíz del mal. Y la raíz del mal que ha destrozado a Cuba es una idea. Porque los Castro y sus matones no hubieran conseguido nada sin su ideario, su religión, sus dogmas buenistas y aplaudidos por protagonistas, por observadores y hasta por sus víctimas.

Y, puesto que la idea raíz o ideario parece  crecer de manera natural o forma parte de la malvada configuración de la mitad o casi del género humano, yo siento que

debiérase construir una Cuba en la que quepamos todos pero en la que estén previa y definitivamente proscritas la idea despreciable del comunismo y sus pre o subgéneros el socialismo y el izquierdismo esgrimido por esos a quienes tanto se desprecia de dientes hacia afuera cuando del castrismo se trata.

La izquierda que, esgrimida como virtud, ha permitido, financiado, promovido y celebrado que, durante más de 67 años, suceda lo que sucede en Cuba.

Sí, a veces considero la posibilidad de estar en un error. Tomo distancia, lo mastico y concluyo:

¿Cuál será la parte que no se entiende de esto o cuál la que no entiendo yo mismo?

En el lado contrario a la izquierda lo que está es el hombre natural, el que trata de sacar adelante a su familia y dar forma a sus sueños.

Es la izquierda quien trata de tapar su propia maldad con la presunta maldad de otro. Es la izquierda quien separa una maldad de otra para hacer creer que hay maldades buenas (las suyas) y maldades malas (las de otros).

Todo el que intenta imponer sobre los otros hombres sus propias creencias, su poder, sus frustraciones o ideas de felicidad, es malvado.

No hay malvados malos, la derecha, y malvados buenos, la izquierda. La maldad es una sola. La imposición de  la maldad es una misma en cualquier variante: maldad impuesta.

"Construyamos un país donde no quepan quienes impiden que construyamos un país donde quepamos todos" ¿es una paradoja?

Yo no quiero vivir en un mundo donde una paradoja de la libertad termine destruyendo la vida de sus habitantes. 

El fascismo fue un infarto en la historia. Duró unos pocos años y murió de golpe.

El comunismo es un cancer, una muerte lenta de todo lo que significa vida. Y, como tal, comienza igual de lento, muy lento en el izquierdismo y va haciendo metástasis hasta culminar en la destrucción de aquello de lo que se alimenta: la buena fe de sus víctimas.

Yo ya no quepo en un país así.

No tengo tiempo.