Desde Cádiz, mi amiga Montemayor comenta y se confiesa en mi post anterior. Considero importante debatir con alguien que forma parte de ese movimiento de “Indignados”, que participa en Asambleas, que es mujer (y por lo tanto no es igual a mí) y que desde Cádiz, en los tramos en que su multiocupación le permite (su trabajo, sus hijas, su matrimonio, las asambleas...), busca tiempo para entrar a mi blog y exponer sus ideas y su sentir acerca de mis opiniones.
Le estoy tremendamente agradecido por ello y he decidido publicar como post su comentario y un poco postcomentarlo a continuación.
7 de junio de 2011 16:13
Monte dijo...
1ª Parte:
Bueno, Ruben...... son muchas las ideas que se me vienen a la cabeza, y tengo a Julieta metiendome a Hello Kiti por la nariz, pero iremos poquito a poco, a ver si soy capaz de escribir con lucidez lo que pienso. Me gustaria contarte primero para situarte/me, mis antecedentes Asamblearios, que tambien los tengo, seguro que nada que ver con los tuyos, pero te aseguro, que dejaron marcas en muchos de nosotros, los "del barrio".
De forma resumida te cuento, que yo, nosotros, algunos de nosotros, somos hijos de lo que se llamó la reconversión industrial. Nuestros padres, obreros de Astilleros. Nuestras madres, limpiadoras, amas de casa (este termino nos dará pa otro debate), cuidadoras de nuestros abuelos, de nosotros. Nuestros días transcurrian, entre Asambleas, contenedores ardiendo, lavadoras y macetas volando y nuestros padres corriendo, delante o detras de la policia. Los mas valientes miraban desde el balcón y los que eramos mas corbades nos escondiamos debajo de la cama, a esperar que no se oyera nada.
Cuando eramos pequeños no jugabamos al tenis, nuestros juegos eran, la patá, el puli en alto o el mangüiti, juegos todos, poco refinados. Y por supuesto y esto lo cuento con todo el cariño, cuando sonaba la sirena de Astilleros a las dos de la tarde, eramos una marea de niños esperando en la plazoleta, a que llegaran nuestra propia marea de padres, marea que venia precedida por un olor intenso a hierro, a soldadura a mugre de los monos.........
Así que, puestos ya en antecedentes, imaginate de que color podia llevar la chaqueta, cuando me hice adolescente........ es evidente que mi corazon siempre ha estado en el lugar que le correspondia, física y sentimentalmente. Pero sin embargo no ha tenido que pasar demasiado tiempo, para que los que yo creia que eran los mios, empezaran a cambiar mi corazón y por supuesto mi opinión, y este primero, se me ha quedado muy pequeñito, tambien física y sentimentalmente.
Mucho despues, y habiendome tropezado varias veces con la misma piedra, me he dado cuenta de que la política y los políticos no tiene color ni ideologia, que da igual como se vistan, que las izquierdas y las derechas van juntas de la mano hace mucho y que lo que tenemos ahora no son guerras ideológicas sino guerras económicas.
Y ahora viene al pelo un poema de Gloria Fuertes que lei hace tiempo y que describe a la perfeción mis sentimientos:
Mi espíritu revolucionario rebelde
no puede pertenecer a ningún "partido"
pertenece a un entero
a la entera humanidad presente y futura.
Ahora y dicho todo esto, creo que muchos de nosotros, gente que no pertenece a nada ni a nadie, tenemos una necesidad, una necesidad vital y es que necesitamos gritar, tan fuerte tan fuerte, que se nos oiga en cualquier lado. Necesitamos recuperar la posibilidad de hablar, de expresarnos, de no tener que elegir entre el blanco y el negro, de recuperar la cara de "no soy tonta", que aunque disimule me he dado cuenta que me estas robando, que me doy cuenta que mi hermano, mi vecino, mi amigo, mi gente, mis iguales..... no son ahora tan felices, porque ya la ideologia no reconforta, porque ahora, si no tienes, sencillamente "no existes". No formas parte de nada, eres un numero mas entre los cinco millones de parados (y esto si que es una gran masa). Así que necesitamos gritar , aunque solo sea para que la ulcera de los estomago salga pa fuera.
2ª parte:
Ruben yo entiendo este movimiento, como algo mas intelectual que político, y creo que son los filosofos, universitarios, maestros, poetas, escritores, etc....los que tienen cosas que decir, y son los que tendrian que volver a sentar las bases de la convivencia, que nos recuerden que somos seres sociales, tendriamos que dejar a un lado al individuo y ser capaces de reconocer al colectivo. Pero para conseguir algo, habria que empezar de muy abajo, de cero y primero tendriamos que despojarnos de todos nuestros prejuicios, quedarnos limpios, libres de polvo y paja, y sentirnos los unos a los otros ¿Cuanto tiempo hace que no pedimos azucar al vecino?, ¿quien se atreve a dejar a sus niños un ratillo con la vecina mientras vas a comprar?...... tenemos que volver a educarnos y primero tendremos que despojarnos.
A groso modo, me parece que esto que te cuento es lo que deberia prevalecer, ese sentimiento de alegria, y no de ilusión como tu me propones, no quiero un motivo para ilusionarme, ya que ilusión se refiere a una esperanza infundada...............quiero motivos para seguir en la calle y motivos para entender este movimiento como algo posible, necesario............. y real.
No se si he conseguido expresar con claridad mis pensamientos, ya que ha medida que escribo se me vienen otras ideas, y se me estan haciendo nudos en los dedos, así que lo dejo aquí, y no dudes nunca, que cuando lleves la razón te la daré......................quedo a la espera de esa propuesta tuya que me tiene intrigadísima.
Bueno lo último, creo que es muy importante observar que cosas nos estan uniendo y no quedarnos con las que nos separan.
Muchos besos desde Cádiz.
----------------------------------------------------------------------
Mucha nostalgia, querida Monte, mucha añoranza “del barrio” es lo que leo en tu comentario. Me ha dado hasta envidia que hayas tenido una vida así de lindamente recordable, precisamente porque cualquiera pensaría que es vida para olvidar. Me trajo a la memoria una película inglesa, “Billy Elliot”.
También es cierto que todos tenemos una hermosa vida de infancia y adolescencia. Y la enorme mayoría de los hoy adultos, más-menos maduros, olvidamos que ese lindo recuerdo es el resultado de contemplar la lucha de nuestros padres por la supervivencia. Claro, no tenemos idea realmente de cómo se sintieron ellos ante esa, su propia vida. Nosotros nos limitamos a jugar, a disfrutar de la libertad de no tener que ser responsables. Podían estar nuestros padres en plena guerra o exiliados o jugando al golf. Nosotros éramos felices.
En el primer capítulo de La insoportable levedad del ser, Milán Kundera, refiriéndose a la idea del eterno retorno de Nietzsche, hace una reflexión escalofriante acerca de este hecho:
“No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; ¿pero qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?
Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.”
(aquí el primer capítulo completo)
Todos tenemos nuestras reconciliaciones inconfesables y un super-recuerdo de la infancia salvador para cada momento difícil. Pero una cosa es recordar el pasado con cariño y otra bien distinta querer volver a él. Por eso me permito sugerirte una pregunta al respecto:
¿Era mejor aquella vida tuya “del barrio” que la que viven hoy tus dos preciosas niñas? Por lo que leo se me antoja que, cuando te indignas, inconscientemente priorizas lo que has perdido tú en detrimento de lo que han ganado ellas.
Pero vamos por parte... Ojo, no quiero que esto sea una controversia en la que necesitemos quedar uno mejor que el otro. Sólo expongamos nuestros puntos de vista y veamos en qué podemos coincidir. Y trataré en lo posible de referirme exclusivamente a la idea, a las ideas, aunque personalice en ti mi discurso. Sé que no te vas a molestar, cosa muy rara cuando se confrontan ideas en estos tiempos.
Para empezar, dejemos clara una primera y fundamental coincidencia: el enorme poder del Estado, que hace enormemente poderosos a los políticos, empeora nuestra vida cada día y hay que encontrar la forma de resolver eso.
Vayamos a tu texto entonces.
...
Dices: “tenemos una necesidad, una necesidad vital y es que necesitamos gritar, tan fuerte tan fuerte, que se nos oiga en cualquier lado”
¿Te has preguntado seriamente por qué tienes esa necesidad de gritar? ¿Te has preguntado honestamente contra qué o contra quién debes gritar? ¿Estás culpando acaso a otros de que “ya la ideología no reconforta”? ¿Es por eso que ya “no perteneces a nada ni a nadie”? ¿Qué ha pasado con “la ideología”? ¿que no era real, que era falsa, que no era tuya?
Ideología viene de idea, la idea proviene de la mente, del pensamiento. ¿Habías pensado tu ideología o simplemente habías adoptado alguna, la que te inculcaron de adolescente?
No es lo mismo descubrir que aprender, no es lo mismo pensar que repetir.
Seguramente estás en lo cierto cuando dices “Necesitamos recuperar la posibilidad de hablar, de expresarnos, de no tener que elegir entre el blanco y el negro...” Una vez que lo admites, ya está claro que lo necesitas. Pero ten en cuenta que nunca nadie te ha quitado esas posibilidades que nombras. Ni muchas otras. Si te has callado ha sido por decisión propia. Igual si te has dejado manipular, o si has consentido cambiar en su momento lo que entendías correcto por alguna ventaja inmediata, pensando quizás que era posible aplazar el acto de ser honesto y coherente sin pagar a la larga un alto precio por ello. Ser funcionario del Estado es un ejemplo de esto.
Y me refiero al hecho de supeditar tu razón, tu pensamiento y el ejercicio de obtener un criterio estrictamente personal a, por ejemplo, la exaltación de esa ideología que ahora ya no te reconforta.
Y me refiero, por supuesto, al acto de aparcar todos los sueños y proyectos más hermosos, aquellos que conducen a la realización personal, para garantizarse un puesto de trabajo "de por vida".
Dices: “porque ahora, si no tienes, sencillamente "no existes".”
¿Y antes? ¿Existías aunque no tuvieras? Si eso es cierto es que algo ha cambiado. Veamos qué.
¿Te parece un atributo positivo, moral o éticamente, el hecho de que “si tienes”, digamos dinero o propiedades, “existes”? ¿Te parece bueno que para ser alguien tengas que “tener algo”, material se supone?
Si la respuesta es Sí, quiere decir que quien ha cambiado eres tú, que ahora das valor a las posesiones materiales, cosa que antes no hacías. En ese caso no comprendo tu “indignación”, porque para tener cosas materiales, riqueza, hay que crearlas, hay que trabajar y tener éxito en el trabajo, lo que se manifiesta en dinero o bienes o propiedades. (Ojo: otra manera es robando o adquiriéndolas de forma ilícita o apropiándosela legalmente a través del gobierno por ejemplo, pero ese no será tu caso jamás, me consta) Si no has trabajado ni te has esforzado honradamente para ello estoy seguro que consideras que no te corresponde “existir”, figurar, "ser alguien", puesto que no eres ni envidiosa ni deseas tener más de lo que mereces. No tendrías en este caso motivo para indignarte.
Si la respuesta es No, ¿a qué viene la indignación? Si esa premisa, “si no tienes, sencillamente "no existes", te parece superficial digamos, inmoral, inapropiada, ¿qué mas te da “no ser”? Allá los que crean que por tener “cosas” son importantes. Eso no va contigo. No tendrías, en este caso tampoco, motivo para indignarte.
Tengo claro que entiendes perfectamente a qué me refiero con todo esto. Tengo claro que lo sabes tan bien como yo. Pero tengo la impresión que lo olvidas en el entusiasmo de las Asambleas.
Dices: “...yo entiendo este movimiento, como algo mas intelectual que político, y creo que son los filósofos, universitarios, maestros, poetas, escritores, etc....los que tienen cosas que decir”
¿Y tú, no tienes cosas que decir? ¿Y tu marido y tu cuñado con su pequeña empresa de construir y vender música no tienen nada que decir? ¿No te gustaría que esos dos torpes empresarios pero enérgicos emprendedores y brillantes pensadores y extraordinarios seres humanos tuvieran éxito y ganaran mucho dinero con su esfuerzo, cosa que los haría felices y te harían feliz a ti y a la familia y de paso nos beneficiaría a todos los demás, por ejemplo a la persona que compre el producto que ellos les ofrecen o al colectivo social que se reúna a disfrutar de sus propuestas?
¿Crees que tienen más que decir los “filósofos, universitarios, maestros, poetas y escritores” que los tíos que se inventaron este software a través del que estamos tú y yo conectados a 700 km de distancia?
¿ Crees que el pensamiento es exclusividad de los filósofos?
¿ Crees que la juventud es patrimonio de los universitarios?
¿ Crees que la enseñanza de la verdad es prerrogativa de los maestros?
¿ Crees que los poetas y los escritores inventaron las palabras o el lápiz o la máquina de escribir o el ordenador?
Dices que crees que ellos “son los que tendrían que volver a sentar las bases de la convivencia”... ¿Y por qué mejor no piensas que hay que dejar que la gente decida por sí misma cuáles han de ser las bases de su convivencia? Libremente, como se les antoje. No esperes a que los filósofos te indiquen que le pidas azúcar a la vecina... hazlo por ti misma... ya estás tardando...
Dices: “que nos recuerden que somos seres sociales” ...
¿A que comienzas a sentirte mal? ¿Necesitas que alguien te recuerde eso, que “somos seres sociales”? No vayas más a la Asamblea: yo te lo acabo de recordar. ¿O sólo eres un ser social si vas a la Asamblea y te indignas y te enfrentas al capitalismo? No, Monte, no puedes dejar de ser un ser social ni aunque lo intentes, ni siquiera aunque nadie te lo recuerde. Es inherente al ser humano, puesto que en caso contrario no podrías llegar a ser siquiera persona, pues nadie te enseñaría a pensar y sin pensar te mueres, porque no tienes instintos de supervivencia. Eres el único animal que necesita pensar para poder comer y sobrevivir. ¿Lo habías pensado?
Es por eso que hemos formado el lío que hemos formado en la Tierra.
Dices: “tendríamos que dejar a un lado al individuo y ser capaces de reconocer al colectivo”
¿Colectivismo o individualismo? ¿Cuántas de las cosas que aplazas cada día las puedes achacar a tu individualismo? Aplazas leer un buen libro, ver alguna película, escribir algunas de tus ideas, ¿quién quita que hasta hacer un blog? ... irte a un parque con tus niñas y con tu marido, regalarte algún viaje a Marruecos o a Brujas... Hay mucho más... Pues, todo eso que aplazas corresponde estrictamente al territorio de tu individualidad.
¿Qué eres, Monte, un colectivo o un individuo... como qué te reconoces?
Ya te decía en el comentario anterior: cuando formas parte de un colectivo dejas de ser Montemayor. Y quienes te queremos necesitamos reconocer a la persona, al individuo que eres, no a la miembra de ningún colectivo, porque un colectivo no piensa, no ama, no pare, no sueña. Un colectivo no puede ser amiga, esposa, madre, hija...
Dices: “...habría que empezar de muy abajo, de cero y primero tendríamos que despojarnos de todos nuestros prejuicios, quedarnos limpios, libres de polvo y paja, y sentirnos los unos a los otros ¿Cuanto tiempo hace que no pedimos azúcar al vecino?, ¿quien se atreve a dejar a sus niños un ratillo con la vecina mientras vas a comprar?”
Vamos a ver, detente y piensa serena y honestamente: ¿necesitas “indignarte” contra otros porque ya no te reunas con tus amigos o porque ya no le pidas azúcar a tu vecina ni le dejes las niñas un ratillo cuando vas de compras? ¿En qué momento de tu vida decidiste hacer responsable al gobierno, a los bancos, al mercado de no “sentirnos los unos a los otros” ? ¿Son ellos “nuestros prejuicios”? Cuándo los destruyas o los mejores o cuando consigas que te escuchen ¿quedarás libre de polvo y paja?
No quiero que me respondas, quiero que te preguntes.
¿Te has preguntado qué es lo que te está pasando a TI?
No al gobierno, no.. ni a la sociedad, ni al sistema... ni a los bancos o los mercados...
¡A TI!
Y a los que gritan en la calle...
¿Acaso necesitan tú y ellos que el gobierno, los políticos, el sistema, los bancos centrales, las ideologías, lo que sea, les resuelvan los problemas que no les causan?
Y ahora te pregunto: ¿es en estos términos que se discute en las Asambleas?
Es cierto que todo está malogrado. Pero para mejorarlo hay que caminar hacia delante, no hacia atrás. Las ideas que escucho por todos lados a todas horas en boca de casi todo el mundo son ideas viejas: más impuestos, más democracia, más control, más representación... Y, en otro orden, más unidad, más colectividad, más compañerismo, solidaridad... Llevo toda la vida escuchando ese discurso una y otra vez y sé que no ha solucionado nada jamás. Es un discurso viejo e inútil.
¿Dónde están las ideas nuevas? ¿Dónde estás tú, renovada, dentro de todo eso? ¿Dónde está la nueva persona que eres y que va a cambiar la vida? Porque es por ahí que hay comenzar. Para cambiar la vida tienes que empezar a cambiarte tú. Esto no son palabras de asambleas ni dibujos poéticos ni metáforas ideológicas. Cambiar tú primero significa que pienses tu vida de otro modo, de un modo diferente al que te han enseñado que has de observarla. Porque del modo en que la has mirado siempre es evidente que no te satisface. Que pienses tu persona de un modo distinto, más cercano, más sincero, más armónico.
El orden social, de convivencia en que deambulas es insatisfactorio (por decirlo de manera suave) porque tú nunca te has mirado a ti misma dentro de ese orden: siempre te has visto como parte del colectivo, como tú le llamas. Y has hecho lo que el colectivo hace. Eso te da algo de seguridad, pero no te hace feliz.
Curiosamente, ahora mismo, estás "indignada" en colectividad. Gritas en colectivo. Cuando acabe todo, que acabará, volverás a casa a tu personal colectiva soledad. Quiere decir que no estarás sola porque sabes que formas parte de un colectivo de personas solas, solitarias, en soledad, acompañados en la certeza de que cada uno de todos los demás están igual de solos.
(Por suerte, en ese momento tendrás a tus niñas, a tu esposo, a tus amigos, lo único que de verdad te acompaña y te llena)
Debe ser por todo eso que percibo que los “indignados” entienden la “indignación”, las manifestaciones y las Asambleas como un fin, no como un medio. Porque no hay nuevas ideas, o viejas pero no reconocidas o razonadas, porque no hay enfoques diferentes. Es por eso que supongo que hablas de alegrías no de ilusiones.
Yo si te hablo de ilusionarte. Me ilusiona imaginar soluciones. De a poco, como ya te dije, iré aventurando algunas. Pero antes debemos estar de acuerdo en una serie de premisas básicas. Y en todas esas preguntas que te he hecho están muchas de esas premisas.
Ya tenemos la “indignación”, la cobertura, el diálogo iniciado. Falta airear las ideas, porque las que escucho están muy manidas. ¿O no te parece así?
Espero que se animen los amigos a conformar con nosotros una “asamblea” aquí en el blog.








