viernes, 12 de junio de 2020

La casa bajo el lago.

Ayer, por andar de aniversario, quise aproximarme a los años de mi niñez y su resaca con la canción Entre El Palenque y El Pan. Justo entre esas dos lomas nació mi padre. Un lugar hermoso y perfecto donde los Aguiar tenían su pequeño feudo de sudor y sueños. Y donde mi infancia retoza hermanos primos risas juegos jardines guarapo amor mucho amor amor.
La mayor parte de aquel sitio ya no existe. O mejor: existe bajo las aguas de un inmenso lago, una presa, que alguien construyó allí hace más de 40 años.
Esa casa de la foto yace bajo ese lago. Intacta de cemento e historias de mis abuelos, que la construyeron, de mi padre y sus hermanos y mis primos. En ella velamos a mi abuela cuando se marchó. Igual de intactos y eternamente borrosos bregamos nosotros, los de la foto ante la casa, eternos de agua y aquel amor. Mi madre al centro, mi abuelo Niní a la izquierda, mi abuela Rosa a la (ala) derecha. Los primos todos. Y al fondo, asomado, El Pan de Matanzas. El Palenque y sus cuevas enormes quedaba al frente.
Ese sitio de la foto era la cuna, génesis, el paraíso en el que abuelo, entre el portal trasero de la casa y la loma había construido un terreno de pelota para esa creche de la foto que existía tan solo los sábados y domingos. Allí, las mañanas antes del juego ordeñaba su vaca y nos lanzaba burlón desde la tetilla la primera leche de aquella que luego ahumaba abuelarosa en sus enormes calderos de lata.
Es una historia infinita que acabó cuando sacaron de allí a todos los habitantes de la zona y poco después construyeron la laguna que nos sumergió a toda la familia en la única tristeza que probablemente nos sobreviva.
Todavía, de vez en vez, se me aparece ese niño de la foto que fui, preguntando cómo pudo suceder aquello, por qué, quién lo hizo y de qué manera. También mi padre se lo pregunta tantas veces, entre ellas en esas décimas que comparto al final.
Traigo desde la foto esta historia porque hace apenas un rato he leído el comentario de un amigo, Julio Vicente, que me ha cortado la respiración.
Julio es amigo de Facebook, de relativamente poco tiempo. Nació en Holguín, Cuba, pero tiene mucho camino andado que incluye Rusia, España, Paraguay, Estados Unidos. Es músico, poeta y aquello otro, agudo, apasionado, conoce un montón de cosas que me sorprenden cada vez que las nombra. Pero lo más notable en él es que parece haber estado en cuanto evento ha ocurrido en este universo. Al escuchar mi canción Entre El Palenque y Pan ayer, me comentó:
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"Julio Vicente Eso está lindo! O en términos técnicos: Eso está bueno tuuuu!"
"�Julio Vicente No, y ahora me doy cuenta que he estado ahí. Dragando una presa. 40 o 45 años a. Oye, entre el palenque y el pan lo que hay es agua. Ahora me doy cuenta. Digo, si no se ha secao. Lindos parajes, pero te queremos por aca, Master!"
"Rubén Aguiar Muñoz Julio Vicente No sé si he entendido mal... Explícame eso de que has "estado ahí dragando una presa 40 o 45 años a", por favor."
"Julio Vicente Rubén Aguiar Muñoz , estuve en La Coca, Campo Florido, en una escuela de operadores de Grúas (retro excavadoras, Dragalinas, Izaje, Frente Pala y Jaiba) 1973-1975 y haciendo prácticas íbamos a empresas a hacer prácticas y yo estuve en Ceiba Mocha y todos esos parajes preparando ‘las cañadas que van al San Juan’ jajaja para hacer represas bueno, era cerca de la loma El Palenque, y del pan de Matanza. Lejos Del Río San Juan, si a eso te refieres en tu canción. Pero me acordé de esa parte de mis historias. Eso lo dejé para ir para la escuela de instructores de Arte. Chau grúas."
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No tengo cómo describir lo que siento. No sé lo que siento!! ¡Fue Julio Vicente quien…!!!!!!
Increíble. La vida es asombrosa. Y hermosa de veras. Tanta tristeza y de pronto esta curiosa alegría de lo pequeño que es el universo y lo cerquita que estamos unos de otros, en el espacio y el tiempo, en el misterio y la magia!
En venganza dejo aquí estas décimas de mi padre donde acusa a ese lago. A Julio le encantan las décimas así que no encuentro mejor castigo para quien creyó alguna vez que el talento se puede desperdiciar manejando grúas. Un artista en otro oficio puede ser un grave peligro.
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"Presa de valle Elena""
Autor: Rubén Aguiar Dávila
"La finca donde nací, situada en Valle Elena, y las praderas que la bordean y me vieron crecer entre las lomas El Pan y El Palenque de Matanzas, Cuba, se encuentran hoy sumergidas bajo las aguas de una inmensa presa o pantano construida por el hombre..."
Rubén Aguiar Dávila.
Inmenso lago, tú ignoras
Que el asiento de tus aguas
Nutrió en mis tiempos sin maguas
Mis virtudes creadoras.
Tú no sabes las auroras
De vivencias que aniquilas,
Ni sabes que mis pupilas
Cansadas de ver estrellas
Buscan sepultas mis huellas
Bajo tus aguas tranquilas.
Tú no sabes que la luz
Me llega de donde posas
Que el silencio que reposas
Para mi es látigo y cruz.
Que un inefable capuz
Invade mis reflexiones
Que donde tus proporciones
Se hacen líquida sustancia
Treinta años de fragancia
Besaron mis ilusiones.
Con qué intimidad te acuestas
Gigante desentendido,
Sobre mi espacio vivido
Y el espejo de mis fiestas.
Con qué arrogancia recuestas
Tu transparencia a mis lomas
Con qué cuerpo sin aromas
Ni savia para las flores
Tomas todos mis amores
Y no sabes que los tomas
Te acuso por tu indolencia
De anegar el caserío
Dejar el valle sin río
Y las flores sin esencia.
Te acuso por tu presencia
De incolora longitud
Y porque mi juventud
Y mis sueños de regazo
Son víctimas del abrazo
Eterno de tu ataúd.
Te acuso porque el sinsonte
Plegó sus alas de seda
Al quedar sin arboleda,
Frutos, palmares ni monte.
Por hacer del horizonte
Un espejismo difuso
Y por el flagrante abuso
De exterminar el batey
Patrimonio de la grey
Que me antecede, te acuso...
Tu delito es no saber
Que eres bóveda de todo,
Barro, lino, frondas, lodo,
Borrando mi amanecer.
Tu delito es converger
Lo siniestro con lo humano
Y tus náufragos, el llano,
El valle, el Palenque, el Pan,
Fiscales que juzgarán
Tu demencia de océano.
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Aquí un link a un video de mi padre diciendo esas décima suyas dedicadas a la presa bajo la cual vive humedecido todo su pasado. Y buena parte del mío!
https://youtu.be/dK4beuAI-Z8

lunes, 8 de junio de 2020

Mi descolorida y enorme camisa matancera

Mi descolorida y enorme camisa matancera tenía un agujero de quemadura de cigarro que yo jamas recordaba al salir de casa. Salvo que pasara ese día frente a la casa de Esperancita Chapela. Había allí un pequeño agujero, que brotaba de la acera justo en el momento en que se escuchaba su voz: "Rubencito, avísame cuando tengan algo!". "Algo" era alguna actuación o encantadera en aquellos días en los que "algo" era todos los días. Yo miraba el bache. "¡Carajo, me puse la camisa del hueco!" Ella era la compositora de mi ciudad. Y yo, que comenzaba a hacer canciones... un hueco en aquella camisa que no era mi talla. No se me quita el trauma.
Pedro Alfonso era la voz de Matanzas. Lo que quiere decir una de las mejores voces de Cuba. Y un encantador de almas. Lo quise mucho y lo extraño enormemente.
Y para que en el pueblo no necesitáramos ni televisión teníamos al pianista: Gilberto Perez Lavastida. Que desapareció temprano: "!se fue pafuera!"... dicho en voz baja, por supuesto. Lo recuperé en 2007 en New Jercy.
Este tema acaba de compartirlo Gilberto. Y me ha transportado a ese trocito mío... y de mis hermanos Angel y Danny y Pedro Alfonso y Lazaro Horta y Alfredo Zaldivar y más... los del "algo".
¿La Habana, Madrid, Miami? Nunca dejaré de ser de provincias.
Así presenta Gilberto Perez Lavastida el video.
Gilberto Perez Lavastida
YouTube
Este audio de los años 70s, con Pedrito Alfonso y yo al piano. Es una de las grabaciones que hicimos para la radio en Matanzas, para el programa Ondas de Matanzas.
Les recomiendo que vean otros videos de composiciones de Esperancita Chapela, y otros mas del cabaret Continental de Varadero. Si pueden suscribanse a dicha pagina y denle LIKE a los videos que puedan ver. Mil gracias.

domingo, 7 de junio de 2020

Es la película más importante de mi vida.

Es la película más importante de mi vida. Tendría once o doce años cuando la vi por primera vez, en Cuba, en tv, subtitulada, por supuesto. Yo era un niño pero crecí con esta película en el alma. Luego la vi cada vez que la reponían, calculo que más de diez veces entre principio y finales de los setenta. Después ya no la vi más. Pero quedó por largos años ahí, donde ni yo mismo podía acceder. La he estado contando por los tiempos de los tiempos, por los whiskys de los whiskys y desde esa insolencia de “yo sé la mejor película” que no tienes cómo demostrar… sí, como es mejor el verso aquel que no podemos recordar. También la he estado cantando por todos los años desde aquella primera vez cuando, tras el конец, tomé la guitarra y toqué la canción que es el tema principal, bien simple, bella y rusa, casi francesa y tango como desde siempre se me antoja que es la música rusa. Mis amigos y mis hermanos se saben esa melodía y no vieron nunca el film. Ahora mismo acabo de verlo nuevamente, en ruso y aunque no entiendo una palabra, lo entiendo todo. La dejo ahí solo por la emoción… o, quien sabe, quizás alguien se anime alguna vez y la subtitule en español.
Sigue siendo mágica esta película para el yo siempre adolescente que sueña para sí la más bella historia de amor del mundo.
Por supuesto que me encantan las buenas películas rusas. Sobre todo ahora que Hollywood, Netflix and the gang han asumido ese tono rojo banal retorcido e hipócrita que ensucia y está acabando con el cine. A diferencia de los rusos, que lo hacían con un revolver en la cabeza, estos postmodernistas de acá lo hacen con la pistola en la mano y evidentes ganas de disparar.
Película: “Cada noche a las once”.
Director: Samson Samsonov.
Guión: Edward Radzinsky sobre una historia de Anar Rasul oghlu Rzayev
Compositor: Eduard Artemyev
Protagonistas: Margarita Volodina y Mikhail Nozhkin.
Año: 1969
Estudios Mosfilm.