domingo, 16 de enero de 2022


La noticia es clara: “Australia gana. Djokovic pierde.” 

El tenista será deportado y no podrá participar en el “democrático evento deportivo” porque no se vacunó y no le da la gana vacunarse.

Traducido a mi idioma existencial: 

“Un país (un sistema, una autoridad armada, una masa de no se sabe qué con el patrimonio del uso de la fuerza) gana.  Un hombre (un individuo, una persona, un ser humano que se pretende libre) pierde.”

Dios ("la naturaleza” para los menos místicos) ha sido sustituido por “la mayoría”.

La libertad en picada. Por obra, acción y mandato de “la mayoría”.  “La mayoría” que ha delegado su opinión e intención en los gobiernos. Los gobiernos que son, literalmente, esos tipos y tipas ¡tipes! que mandan. 

“La mayoría”… esa cosa comunosa. 

Tengo puestas las tres vacunas porque me da la gana ponérmelas. Porque lo creí conveniente para mí. No sirvió de nada, por supuesto, he dado positivo a covid-19 hace una semana (dos semanas después de la tercera “vacuna”) y ahora es que voy saliendo.  Pero quede claro que lo que haga al respecto lo hago ¡porque me da la gana! 

Nadie puede impedirme que me vacune. Ni nadie puede obligarme a vacunarme.

Y esto último es lo que está en juego en estos tiempos y cada día más.  La guillotina de la comuna social cayendo sobre mi cuello. No digo “nuestros cuellos” porque a los demás no parece importarle. 

Así que ¡la mía cabeza! Golpeada una y otra vez. Porque, encima, la guillotina apenas tiene filo, está mellada a propósito: no intenta cortar sino causar dolor, el dolor justo que consiga te enteres (me entere) de que eres (soy) un guiñapo y a ello me debo.

A mí me da asco.  El covid no ha conseguido anularme el gusto. 

Blandamente nos van introduciendo… perdón, nos dejamos introducir (ya saben: me dejo) la neocerteza de que NO somos (soy) individuo sino grupo. Y que, como grupo que somos, tenemos derechos sobre el individuo que ya ni somos…   (repartiros el soy y los somos como os dé la real)

Finalmente me han puesto una vacuna contra la libertad. Con mi absoluta colaboración. 

Lenta y blandamente. Poquito a poquito. 

La puntita nada más pero hasta bien adentro.