domingo, 23 de agosto de 2020

Es la resaca



Si el hombre piensa como vive, esta pertinaz nostalgia de humedad y salitre es huella de los intensos años vividos en un valle apostado entre mar y montaña, lejos de este castellano ducado que es hoy terapia para mis agradecidos huesos. 
Nací en una ciudad insertada en la naturaleza, de barrios como islas, delineados por los irregulares cauces de tres ríos que la atraviesan. Dos lomas daban cobijo a incontables manantiales que saciaban su sed de mar atravesando nuestras vidas, abonando jardines, protagonizando una leyenda de majestuosos puentes abarrotados de músicos y poetas, bailarines y pintores, actores y payasos, artistas y locos reales que bebían de sus nombres y humedades para mejor volar.
Pienso como vivo, desde la cálida paz comarcal de un árido poblado manchego con ancestrales antojos de lluvia, rodeado de gente noble que no renuncia al sueño de una pequeña tormenta cada mes.
Pero los domingos, cuando la siesta, un imposible rumor de algas y velas en el horizonte hacen lagrimear el largo bochorno de mis tardes.
Es la resaca de aquellas playas de mi niñez que me traje de polizontes el día que partí de casa para siempre.

Rubén AM
Loeches, Octubre de 2011.

jueves, 20 de agosto de 2020

La circunstancia.

Se equivocaba Ortega: el hombre es solo circunstancia. Sin el Yo. Yo soy este que nació en aquella capital de provincias. Hijo de padres cantores al que le crecieron pronto dos hermanos. Mar y campo. Humedad y sol. Herencia española. Mis gestos, mi idioma, mi modo de ver, pensar y decir son todos consecuencia de la provinciana ceremonia en que crecí. Si me hubieran secuestrado el día de mi nacimiento y llevado a Ulán Bator yo sería nómada. Si a Estocolmo, un sueco sin fisuras. Esta mirada siempre perdida luciría mirada siempre distante. Frío mi silencio. Alienación mi fobia a los teléfonos. Odiaría la síncopa. Por fin! Aunque quizás mi síndrome sería de habanacolmo. Lo que, sueco al fin, podía ser cualquier cosa menos raro. La vida, tal como la conocemos, es la circunstancia de la vida que conocemos. Donde quiera que se manifieste, la vida tendrá la forma de la circunstancia que le toque. Será solo una circunstancia de la Vida. Por eso no hay destino ni trascendencia para esto que somos. El hombre es hijo del planeta Tierra. Su hijo más aventajado, sí. El rebelde. El hijo pródigo que todo lo pone patas arriba. El que todo lo acomoda en su beneficio. El que terminará marchándose de casa. Pero la vida en el planeta Tierra es la circunstancia de la Vida en el planeta Tierra. No hay Yo. Somos solo adaptación. Circunstancia. Atrapados.

sábado, 15 de agosto de 2020

La no-vela cubana

“Para mí, lo cubano dista mucho de ser una abigarrada descripción monumental y barroca, al estilo de Alejo Carpentier. Para mí lo cubano es la intemperie, lo tenue, lo leve, lo ingrávido, lo desamparado, desgarrado, desolado y cambiante. El arbusto, no el árbol; la arboleda, no el bosque; el monte, no la selva. La sabana que se difumina y repliega sobre sus propios temblores. Lo cubano es un rumor o un grito, no un coro ni un torrente. Lo cubano es una yagua pudriéndose al sol, una piedra a la intemperie, un matiz, un aleteo al oscurecer. Nunca una inmensa catedral barroca que jamás hemos tenido. Lo cubano es lo que ondula. Más que un estilo, lo cubano es un ritmo. Nuestra constante es la brisa. Más fuerte al atardecer, casi inmóvil al mediodía, anhelosa y gimiente en la madrugada. De ahí que la novelística cubana no esté escrita en capítulos, sino en rachas; no sea algo que se extiende, sino que ondula, vuelve, se repliega, bate, ya con más furia, ya más lentamente, circular, rítmica, reiterativa, sobre un punto. Así, si de alguna ‘teluricidad’ podemos hablar es de una ‘teluricidad’ marina y aérea... Nuestra selva es el mar.” - Reinaldo Arenas, Necesidad de libertad.
—————————————————— 
Es bello ese texto de Reinaldo Arenas. Paradójicamente carpenteriano. Tiene razón, quizás. Y da gusto leerlo por bien escrito y amable. Sin embargo, que lo cubano sea eso que él ilumina no le aporta mérito a la novela que después describe, mas bien lo contrario. Está tan diestramente escrito que consigue no parecer estar juzgando, pero el arte, si el artista no se atreve y arriesga, no alcanza su condición.
"De ahí que la novelística cubana" no sea capaz de estar "escrita en capítulos, sino en rachas, no sea algo que se extiende, sino que" se diluye... poco y nada… De ahí que en Cuba no dispongamos de un Kafka, un Mann, un Dostoievsky; o de un Unamuno, alguna Woolf, un Kundera; ni siquiera alguien menos lejano como un Sábato, un Octavio Paz, un Vargas Llosa, que encumbren lo criollo y su intemperie, su guajiro convertido en cocuyo, su túnel de aguasal, conflictos tan válidos como los usados por esos escritores citados para una novela cubana de capítulos imprescindibles y que se extienda, aunque sea a nivel de noticia literaria. Arenas, capaz de escribir un pequeño gran texto como ese, no fue capaz de entregar su talentosa alma al diablo de la novela cuando escribió novela. Quizás porque era fundamentalmente un poeta. ¿Y así los novelistas cubanos todos? No a todos he leído. Pero, hasta donde sé, la novela cubana es exposición del conflicto exterior del hombre, su vínculo con la circunstancia. Y, también en mi opinión pero esta vez a partir de lo percibido como lector, la gran novela es la expresión del conflicto interior del hombre: su vínculo con su condición. —————————————————— Incluso sin haber salido del caracol, tras cualquier aproximación a la literatura creada fuera de la isla, me ha desconcertado siempre no hallarme en la novela cubana. Y se me hace molesto esa persistente ostentación de ligereza al dibujar la cubanía y la ridícula intención de convertir esa ligereza en virtud. Y no creo se trate de falta de talento. Si desde que naces estás escuchando que no eres capaz de llegar se reducen las posibilidades de que te esfuerces para hacerte el camino. La novela es un territorio en sí mismo, separada del resto de las artes aunque también es una de ellas. La novela pertenece tanto a las artes como a la historia, la filosofía, la psicología, la política, la sociología, la ciencia. La novela es un territorio entre el arte del hombre y el hombre en sí mismo, entre el hombre creando y el hombre siendo, punto de unión entre el hombre que piensa y el que hace. O sea, el hombre pleno en su condición. Eso no lo consiguen el resto de las artes. Como tampoco son suficientes, por sí solas, la historia, la filosofía, la psicología, la política, la sociología, la ciencia para conocer, comprender y expresar al hombre. La novela es lo que nos llevaremos cuando nos larguemos de esta piedra maravillosa pero mortal. O lo que quedará si no conseguimos escapar.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Resulta que es un desconcierto la vida

Resulta

Resulta que es un desconcierto la vida
Que es cierto que al fin de los años
no hay más que preguntas
Que ver o no ver es igual
Que cotizan parejo callar y decir
Que obtiene lo mismo
quien se echa a volar
que quien cae al abismo
Resulta que es vano el intento
si al fin de los tiempos
resulta que no eres feliz.
Contemplas temprano dejar a tu hermano
plantar tu semilla en orillas
de ríos lejanos.
Tu aldea está muerta
y agazapada detrás de su puerta
la anciana serpiente tira de ti
Seduce y apura
cualquier aventura
Tan solo la duda será tu castigo
Partir es la justa salida
Y acaso vivir una vida de otros
te va a redimir.
Tu hermano te hará alguna apuesta
dirá que no está prohibida la fiesta
para quien se queda
Pero ya es muy tarde. Valiente y cobarde
te cruzas la verja que puede cuidarte
te atreves y partes
Te arriesgas, te asombras
E igual que a las cercas te saltas las normas
Te juntas, te acercas a otros caminantes
Y siempre preguntas. Preguntas bastante
Buscando salidas vives otras vidas
Disfrutas su vino. Recibes mordidas
Con yerro o con tino labras tu destino
mientras te abalanzas.
Y un día trapero y mezquino descubres,
oh, dios, que el camino es tan solo camino
y no hay nada delante.
Tu paso no es cierto.
Tu viaje es por dentro.
Tu andar es huida.
Tu meta, partida.
Tu ida, regreso.
La espada depuesta
y atado a tu nada de puertas abiertas
tan solo el enfado te guarda del trago
vulgar de buscar un refugio, como tu pasado.
Salvar del naufragio solo el amor
Y restos maltrechos de versos de una canción
de esperanza.
Tu hermano se acuesta. Final de la fiesta.
Cerrando los ojos suplica
por una respuesta.
Lo besas en largo silencio
Total, si ahora sabes, resulta lo mismo
callar que decir.
Sorteado el legado
del árbol plantado
del hijo y el libro,
sorteado el olvido,
resulta que es vano el intento
si al fin de los tiempos
resulta que no eres feliz.
Rubén Aguiar
Junio - 2019 - Miami

(Ennio Morricone acaba de partir. En esta canción que acabo de publicar hace unos pocos días incluyo un homenaje definitivo de mi vida a ese grande de la música del hombre, continuador de los maestros de la historia del arte.
La armónica que se escucha en varios momentos del video de mi tema “Resulta” es la original que, escrita por Morricone, se escucha a lo largo de la película de 1968 de Sergio Leone “Once upon a time in the west” (Érase una vez en el oeste), que extraje exactamente de la soberbia escena final.
Aquel adolescente al que obligan a soportar sobre hombros la vida de su hermano que cuelga de una horca, vista siendo yo un adolescente, es la imagen más estremecedora e inquietante que he cargado a lo largo de mis años. Y sin esa armónica no habría sido la misma. Tampoco mi vida.
No esperaba que partiera aún a otras lides Ennio Morricone, mi favorito compositor entre los vivos.
¡Buen viaje, maestro!)
Letra y Música, Intérprete y Arreglos Musicales, Realización del Video por Ruben Aguiar. En Miami. 2020.

domingo, 9 de agosto de 2020

La Nada Sudamericana


“Es la nada sudamericana lo que hace a los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.”

La frase es de Emil Cioran, en carta a propósito de Jorge Luis Borges que reproduzco más adelante. Pero antes, con permiso, me permito una consideración.  
En caso que admitamos como acertada o muy probable esta apreciación de Cioran, expuesta en 1976, mucho me temo que caducó poco tiempo después. Desde hace más de cuarenta años esa cualidad de “más abiertos, más vivos y más diversos” atribuida por el maestro rumano a los escritores latinoamericanos no consigue hacerse notar por ningún lado. Al menos no en sus obras, si es que hay en los escritores latinoamericanos de las últimas décadas algo que pueda, en su conjunto, considerarse obra.
Pero es otro asunto el que mejor llama mi atención en esa carta. 
Siempre he sentido que, para el indagador y el soñador moderno no europeo, lo verdaderamente exótico es lo occidental y su cultura, Europa y su protagonismo en la configuración del hombre tal y como lo conocemos actualmente. Y la causa sería esa “nada” que acertadamente denuncia Cioran, que es real y aplica en mucho más territorio que el sudamericano. “Nada”, en dimensión tal, que al hombre que la frecuenta y padece solo le queda, como destino para sus sueños y haceres, la exuberancia de la tierra y la cultura que abandonaron sus antepasados, ese exótico mundo de los ancestros que constituye Europa, la raíz, el origen, la sangre.

No es de extrañar entonces que la curiosidad sea el rasgo más notable en cuanto escritor y artista de Latinoamérica llega a esa “casa de los abuelos” que es la vieja Europa, la de la historia común, original y definitiva, la que diseñó el abrigo y los zapatos que calza en su aldea americana, la de los cubiertos y las maneras ante la barroca mesa y las tonadas con cierto deje español o italiano o francés en la voz de la madre. 
El efecto es testimonio: todos o casi todos se mudan a Europa aunque sea un tiempito nomás.
Describe Cioran a los artistas del este de Europa como “irremediablemente provincianos.” Se salta Cioran que ser un “provinciano europeo” significa haber sido amamantado con versos Goethe y acunado con melodías de Bach, llenos los ojos cada mañana de los parajes que tentaron a Velazquez en sus colores originales. Significa corretear la infancia entre castillos y catedrales y bosques y brujas. Ser provinciano europeo significa convivir con los mismos reyes, lloros, tragedias, aventuras, amores y traiciones con que corretean y conviven los latinoamericanos pero como irremediables extranjeros cuya decadente cultura europea, su cultura real, les fue contada desde viejos libros, recuerdos de nostálgicos ancianos y perezosos rituales y creencias conservadas con tibia fe y frágil esperanza.

Los artistas europeos no necesitan “curiosear” para contar: cuentan lo que viven, lo que son, su arte es autobiográfico. Otra cosa es que se hayan estancado en su ruedo. O que otros europeos menos arriesgados, los del este, digamos, les exijan riesgos mayores. O que la resaca de las guerras y el advenimiento del imperio de las ideologías haya ralentizado parte de la creatividad en sus artistas, con imposiciones, censuras, dictados, leyes.
Desde la lejanía latinoamericana, eso que llama Cioran “tradiciones” son nuestra ilusión, nuestra utopía, nuestro retorno al hogar.

Cuando llegué a Europa por primera y definitiva vez, a España hace más de veinte años, sentí como que estaba de vuelta. Fue una sorpresa ese sentimiento. La carga enorme del dolor por el desprendimiento de la matriz que eran mi familia, mi barrio y mis manías no consiguió nublar la agradable sensación de estar regresando a un sitio al que pertenezco.
El destierro para mí fue un regreso a casa.   
———————
He aquí la carta de Ciorán. 
Emil Cioran y Jorge Luis Borges. 1976
París, 10 de diciembre de 1976
Querido amigo:
El mes pasado, durante su visita a París, me pidió usted que colaborara en un libro de homenaje a Borges. Mi primera reacción fue negativa; la segunda también. ¿Para qué celebrarlo cuando hasta las universidades lo hacen? La desgracia de ser conocido se ha abatido sobre él. Merecía algo mejor, merecía haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tan inasequible e impopular como lo es el matiz. Ese era su terreno. La consagración es el peor de los castigos -para el escritor en general y muy especialmente para un escritor de su género. A partir del momento en que todo el mundo lo cita, ya no podemos citarle o, si lo hacemos, tenemos la impresión de aumentar la masa de sus “admiradores”, de sus enemigos. Quienes desean hacerle justicia a toda costa no hacen en realidad más que precipitar su caída. Pero no sigo, porque si continuase en este tono acabaría apiadándome de su destino. Y tenemos sobrados motivos para pensar que él mismo se ocupa ya de ello.

viernes, 31 de julio de 2020

Danny Danny - pequeño balsero.



Miles de cubanos se han lanzado al mar intentando atravesar el Estrecho de la Florida en botes, lanchas, balsas y cualquier tipo de artefacto que flotara y les llevara a Estados Unidos. En 1994 mi hijo se convirtió en uno de esos "balseros". Estuvieron cinco años. Su madre partió una noche en un bote con su familia, llevándolo con ella. Mi amanecer fue la noticia de su desaparición, porque todo lo que ocultaron temiendo no poder llevar a cabo lo planeado. Durante tres días de indagación y búsqueda nada supe de su suerte. Luego su voz al teléfono: "Papá, estoy bien, en Miami". Pero ya la separación y el dolor eran irreversibles. Mi hijo y yo no volvimos a encontrarnos hasta cinco años después, en España.
Esta canción, que compuso meses de su partida, es consecuencia de esta historia. Es el tipo de historia que solo le ocurre a los demás. Hasta que te ocurre a ti.
...
DANNY, DANNY
Letra y Música: Rubén Aguiar Muñoz (Mayo 4 de l995).
Se echó a remar
una noche de luna y mar de espejo
y navegó como en esos cuentos
que entre los dos solíamos inventar
supuestamente procurando el sueño,
marinerito navegó en silencio
con rumbo norte se escapó en silencio
sin su jolongo de juguetes y sin avisar.
Se echó a la mar
bien poco de esta orilla en la memoria
de tan pequeño, de tan breve historia
sin un motivo para regresar
sin un puerto seguro en el confín
sin tierra firme para su raíz
sin una culpa ni un pasado, desterrado.
Partió de aquí
un lustro es buen espacio para partir
como en los cuentos a inventar otro verano
de mi mano.
Danny, Danny, echa al mar tu barca, boga
Danny, Danny, hay piratas en la costa
Danny, Danny, otras playas te convocan lejos, Danny
llegarán noticias con las olas de ti
no será tu risa pero boga, Danny
siempre estará algún sitio donde puedas reír
lejos, Danny.
Se hizo a la mar
mi niño atravesó el estrecho
y de repente es mi
historia de otras gentes,
de quienes quedan, de los que se van
de las frías postales cada mes
de "no te olvides nunca" y "cuídate"
y esta tristeza contenida de la vida.
Partió de aquí
un lustro es buen espacio para partir
como en los cuentos a inventar otro verano
sin mi mano.
Danny, Danny, echa al mar tu barca, boga
Danny, Danny, hay piratas en la costa
Danny, Danny, otras playas te convocan lejos, Danny
Llegarán noticias con las olas de ti
no será tu risa pero boga, Danny
yo estaré contigo cuando quieras reír
lejos Danny
Danny, Danny ...
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domingo, 26 de julio de 2020

Ultimas tardes con Marse

Como cuando llegas en la sed desaforada de andar el sol bajo la tarde y acercas a tus labios la jarra para beber despacio porque sea eterna el agua de la vida y de pronto tu ambición de sorbos tropieza con un incontrolable tragar tragar tragar sin respirar siquiera hasta que en la última gota descubres que va tu sed por la mitad si acaso fue que me bebí "Últimas tardes con Teresa" el día que cayó en mis manos esa novela de Juan Marsé resultando aquella la única vez que me ha ocurrido que comencé a leer un libro y no lo cerré hasta aquella tristeza del punto final que aun me acompaña porque la sed de Marsé no he conseguido saciarla ni leyendo tres veces su novela.
Juan Marsé ha muerto en Barcelona a los 87 años.
Si tienen sed de una novela espléndida bébanse "Ultimas tardes con Teresa".

Mis pantalones anchos

Lo que mejor recuerdo de esta foto de La Seña del Humor de Matanzas son mis pantalones. Tan anchos como pudiera conseguirlos, mi pasión de grandes pantalones y camisas enormes me llevaba a entrar siempre en una tienda de la Calle del Medio en Matanzas que vendía ropa para gente muy alta y ancha. Para gordos, sin ir más lejos. Ahí me encontré con ese pantalón que desluzco en la foto. Talla extra. Mal doblado sobre un estante de camisetas. Lo toqué. Y un rumor de hilos en mis manos me enamoró: ¡ese pantalón sonaba cuando lo tocabas!
Mi ambición de grandeza entonces era bien humilde y quedaba a salvo bajo la insolencia de mis desproporcionadas mudas de ropa.

domingo, 19 de julio de 2020

Marta Flores, la Reina de la Noche

Marta Flores, la Reina de la Noche y la Radio en Español de Miami, ha fallecido esta pasada madrugada, poco después de su programa habitual "La noche y Usted". Tenía 91 años y continuaba trabajando.
La escuché muchísimas veces. Era un crack. Matancera. Nació en Cárdenas, el 27 de diciembre de 1928. Llegó a Estados Unidos en 1959, sola, sin trabajo y sin hablar una palabra en inglés. Terminó convertida en una figura icónica de la radio, con más de 60 años al aire. Fue la primera voz femenina de la radio en español del sur de la Florida.
Los pocos minutos de esta entrevista de 2018 son suficientes para hacernos una idea de la historia de esta admirable mujer. Y, de paso, aprender y comprender un poco de la Cuba norteamericana y el esfuerzo, el emprendimiento, la perseverancia y la fuerza de una generación que convirtió un pantano en una ciudad imprescindible con una sola herramienta: el trabajo.
Esta enorme mujer, en sus inicios, para pagar un espacio de 15 minutos diarios en una radio local, trabajaba en una tienda vendiendo ropa, cantaba en un restaurante por la noche y los domingos vendía muebles en una mueblería de la calle 8.
Mucho le debe nuestra nación a personas como Marta Flores. Si Cuba y lo cubano no está completamente borrado del mapa es gracias a que ellos reprodujeron aquí en Miami una Cuba que en la isla se fue deteriorando.
Lo que admiro y agradezco por encima de todo es que hayan puesto a salvo el afán de trabajo. Lo que nosotros, los que nacimos después del 59, crecimos entendiendo como un deber, esos cubanos acá lo ejercieron como una necesidad y un derecho, desde la libertad, voluntariamente y con una voracidad que provoca mucha admiración y respeto.



EDP Marta Flores.

miércoles, 8 de julio de 2020

La llorona carta protestosa.

Realmente disfruto como un niño cuando la maldad y los malhechores se retuercen ahogados en el mismo charco de mierda que han creado.
Esta vez gozo con la llorona carta protestosa de esos compinches y/o inquisidores de la izquierda correctivera y establishmentcida, escritores, académicos e intelectuales que ahora se sienten víctimas ¡coyunturales! del monstruo que ellos mismos han ayudado a crear y alentado a lo largo de los años en su intento de volcar, sobre aquellos a quienes odian, sus propias miserias y sus carencias.
Vomitiva, la quejosa cartita, redactada desde la soberbia de su izquierdosa pretendida superioridad moral (ni siquiera en esta situación intentan evitarla o disimularla), acude al quevienelcoco de alegar: "Las fuerzas del iliberalismo están ganando fuerza en todo el mundo", para ventilar un tanto el mendicigüeño: "que temen por su sustento", que no les avergüenza confesar. Encima picúos y ridículos... ese toque de amenaza en tono suplicoso...
No la voy a compartir aquí, por supuesto.
Que preparen sus pescuezos que la guillotina que ellos decoraron tiene vida propia y un muy personal sentido de la justicia.
Muchos la conocemos bien.
Sarnosos.

viernes, 26 de junio de 2020

Dos riberas. Historia de amor y dolor, como todo buen amor.

"Dos riberas" es canción de una historia real. Historia hermosa y triste. De otros y mía. De amor y dolor, como todo buen amor.  

Muy pocas veces he podido cantarla completa pues no tengo defensa ante esta canción. Se me encima, cada vez que recurro a ella, con todo el derrumbe de mi mundo, esa caída hacia otro Rubén que fue la década del 90' del Siglo XX, que comenzó quitándome a mi madre y, sin detener, separándome de mi hijo, de mi padre, de mis hermanos, de mis amigos, de mi tierra, de mi comida, de mis sueños y mis rabias, de mi futuro de cantor y una probable adultez y del cabal cumplimiento de aquella reposada vejez junto al río, frente al mar…

Nada de lo tanto hermoso vivido después de esa década ha conseguido reconciliarme con Dos riberas, reconocerla como una canción de circunstancia, útil, como toda canción, únicamente para exorcizar lo peor del pasado. Sigue siendo un golpe en mi pecho. 

Hay cosas a las que no se le debe cantar. Las canciones son la fotografía de las emociones, un retrato no de la imagen sino de lo que estás sintiendo cuando aprietas el obturador de la melodía y el verso.   

Los protagonistas de Dos riberas no sólo tienen una historia de amor increíble. De esas de también dolor. Él, además, ha compuesto algunos de los más bellos cantos que se han escrito en Matanzas. Ella no se ha conformado con provocar muchas de sus canciones y también las ha cantado.


"Dos riberas"

Con un bolso, un abrigo, un pasaje real

un manojo de sueños y un trozo de mar

viernes, 12 de junio de 2020

La casa bajo el lago.

Ayer, por andar de aniversario, quise aproximarme a los años de mi niñez y su resaca con la canción Entre El Palenque y El Pan. Justo entre esas dos lomas nació mi padre. Un lugar hermoso y perfecto donde los Aguiar tenían su pequeño feudo de sudor y sueños. Y donde mi infancia retoza hermanos primos risas juegos jardines guarapo amor mucho amor amor.
La mayor parte de aquel sitio ya no existe. O mejor: existe bajo las aguas de un inmenso lago, una presa, que alguien construyó allí hace más de 40 años.
Esa casa de la foto yace bajo ese lago. Intacta de cemento e historias de mis abuelos, que la construyeron, de mi padre y sus hermanos y mis primos. En ella velamos a mi abuela cuando se marchó. Igual de intactos y eternamente borrosos bregamos nosotros, los de la foto ante la casa, eternos de agua y aquel amor. Mi madre al centro, mi abuelo Niní a la izquierda, mi abuela Rosa a la (ala) derecha. Los primos todos. Y al fondo, asomado, El Pan de Matanzas. El Palenque y sus cuevas enormes quedaba al frente.
Ese sitio de la foto era la cuna, génesis, el paraíso en el que abuelo, entre el portal trasero de la casa y la loma había construido un terreno de pelota para esa creche de la foto que existía tan solo los sábados y domingos. Allí, las mañanas antes del juego ordeñaba su vaca y nos lanzaba burlón desde la tetilla la primera leche de aquella que luego ahumaba abuelarosa en sus enormes calderos de lata.
Es una historia infinita que acabó cuando sacaron de allí a todos los habitantes de la zona y poco después construyeron la laguna que nos sumergió a toda la familia en la única tristeza que probablemente nos sobreviva.
Todavía, de vez en vez, se me aparece ese niño de la foto que fui, preguntando cómo pudo suceder aquello, por qué, quién lo hizo y de qué manera. También mi padre se lo pregunta tantas veces, entre ellas en esas décimas que comparto al final.
Traigo desde la foto esta historia porque hace apenas un rato he leído el comentario de un amigo, Julio Vicente, que me ha cortado la respiración.
Julio es amigo de Facebook, de relativamente poco tiempo. Nació en Holguín, Cuba, pero tiene mucho camino andado que incluye Rusia, España, Paraguay, Estados Unidos. Es músico, poeta y aquello otro, agudo, apasionado, conoce un montón de cosas que me sorprenden cada vez que las nombra. Pero lo más notable en él es que parece haber estado en cuanto evento ha ocurrido en este universo. Al escuchar mi canción Entre El Palenque y Pan ayer, me comentó:
———
"Julio Vicente Eso está lindo! O en términos técnicos: Eso está bueno tuuuu!"
"�Julio Vicente No, y ahora me doy cuenta que he estado ahí. Dragando una presa. 40 o 45 años a. Oye, entre el palenque y el pan lo que hay es agua. Ahora me doy cuenta. Digo, si no se ha secao. Lindos parajes, pero te queremos por aca, Master!"
"Rubén Aguiar Muñoz Julio Vicente No sé si he entendido mal... Explícame eso de que has "estado ahí dragando una presa 40 o 45 años a", por favor."
"Julio Vicente Rubén Aguiar Muñoz , estuve en La Coca, Campo Florido, en una escuela de operadores de Grúas (retro excavadoras, Dragalinas, Izaje, Frente Pala y Jaiba) 1973-1975 y haciendo prácticas íbamos a empresas a hacer prácticas y yo estuve en Ceiba Mocha y todos esos parajes preparando ‘las cañadas que van al San Juan’ jajaja para hacer represas bueno, era cerca de la loma El Palenque, y del pan de Matanza. Lejos Del Río San Juan, si a eso te refieres en tu canción. Pero me acordé de esa parte de mis historias. Eso lo dejé para ir para la escuela de instructores de Arte. Chau grúas."
———
No tengo cómo describir lo que siento. No sé lo que siento!! ¡Fue Julio Vicente quien…!!!!!!
Increíble. La vida es asombrosa. Y hermosa de veras. Tanta tristeza y de pronto esta curiosa alegría de lo pequeño que es el universo y lo cerquita que estamos unos de otros, en el espacio y el tiempo, en el misterio y la magia!
En venganza dejo aquí estas décimas de mi padre donde acusa a ese lago. A Julio le encantan las décimas así que no encuentro mejor castigo para quien creyó alguna vez que el talento se puede desperdiciar manejando grúas. Un artista en otro oficio puede ser un grave peligro.
———————
"Presa de valle Elena""
Autor: Rubén Aguiar Dávila
"La finca donde nací, situada en Valle Elena, y las praderas que la bordean y me vieron crecer entre las lomas El Pan y El Palenque de Matanzas, Cuba, se encuentran hoy sumergidas bajo las aguas de una inmensa presa o pantano construida por el hombre..."
Rubén Aguiar Dávila.
Inmenso lago, tú ignoras
Que el asiento de tus aguas
Nutrió en mis tiempos sin maguas
Mis virtudes creadoras.
Tú no sabes las auroras
De vivencias que aniquilas,
Ni sabes que mis pupilas
Cansadas de ver estrellas
Buscan sepultas mis huellas
Bajo tus aguas tranquilas.
Tú no sabes que la luz
Me llega de donde posas
Que el silencio que reposas
Para mi es látigo y cruz.
Que un inefable capuz
Invade mis reflexiones
Que donde tus proporciones
Se hacen líquida sustancia
Treinta años de fragancia
Besaron mis ilusiones.
Con qué intimidad te acuestas
Gigante desentendido,
Sobre mi espacio vivido
Y el espejo de mis fiestas.
Con qué arrogancia recuestas
Tu transparencia a mis lomas
Con qué cuerpo sin aromas
Ni savia para las flores
Tomas todos mis amores
Y no sabes que los tomas
Te acuso por tu indolencia
De anegar el caserío
Dejar el valle sin río
Y las flores sin esencia.
Te acuso por tu presencia
De incolora longitud
Y porque mi juventud
Y mis sueños de regazo
Son víctimas del abrazo
Eterno de tu ataúd.
Te acuso porque el sinsonte
Plegó sus alas de seda
Al quedar sin arboleda,
Frutos, palmares ni monte.
Por hacer del horizonte
Un espejismo difuso
Y por el flagrante abuso
De exterminar el batey
Patrimonio de la grey
Que me antecede, te acuso...
Tu delito es no saber
Que eres bóveda de todo,
Barro, lino, frondas, lodo,
Borrando mi amanecer.
Tu delito es converger
Lo siniestro con lo humano
Y tus náufragos, el llano,
El valle, el Palenque, el Pan,
Fiscales que juzgarán
Tu demencia de océano.
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Aquí un link a un video de mi padre diciendo esas décima suyas dedicadas a la presa bajo la cual vive humedecido todo su pasado. Y buena parte del mío!
https://youtu.be/dK4beuAI-Z8

domingo, 7 de junio de 2020

Es la película más importante de mi vida.

Por supuesto que me encantan las buenas películas rusas. Sobre todo ahora que Hollywood, Netflix and the gang han asumido ese tono rojo banal retorcido e hipócrita que ensucia y está acabando con el cine. A diferencia de los rusos, que lo hacían con un revolver en la cabeza, estos postmodernistas de acá lo hacen con la pistola en la mano y evidentes ganas de disparar.
"Cada noche a las once" es la película más importante de mi vida. Tendría once o doce años cuando la vi por primera vez, en Cuba, en tv, subtitulada, por supuesto. Yo era un niño pero crecí con esta película en el alma. Luego la vi cada vez que la reponían, calculo que más de diez veces entre principio y finales de los setenta. Después ya no la vi más. 
Pero quedó por largos años ahí, donde ni yo mismo podía acceder. La he estado contando por los tiempos de los tiempos, por los whiskys de los whiskys y desde esa insolencia de “yo sé la mejor película” que no tienes cómo demostrar… sí, como es mejor el verso aquel que no podemos recordar. 
También la he estado cantando por todos los años desde aquella primera vez cuando, tras el конец, tomé la guitarra y toqué la canción que es el tema principal, bien simple, bella y rusa, casi francesa y tango como desde siempre se me antoja que es la música rusa. Mis amigos y mis hermanos se saben esa melodía y no vieron nunca el film. 
Ahora mismo acabo de verla nuevamente, en ruso. Y aunque no entiendo una palabra, lo entiendo todo. La dejo aquí solo por la emoción… o, quién sabe, quizás alguien se anime alguna vez y la subtitule en español.
Sigue siendo mágica esta película para el yo siempre adolescente que sueña para sí la más bella historia de amor del mundo.
Película: “Cada noche a las once”.
Director: Samson Samsonov.
Guión: Edward Radzinsky sobre una historia de Anar Rasul oghlu Rzayev
Compositor: Eduard Artemyev
Protagonistas: Margarita Volodina y Mikhail Nozhkin.
Año: 1969
Estudios Mosfilm.

jueves, 28 de mayo de 2020

Debi llorar de Piloto y Vera . Canta Barbara Milian



Debí llorar y ya ves, casi siento placer. Eso es sólo la mitad de esa frase completa.  La otra mitad es la melodía que no hay cómo expresarla si no es en música. Es el comienzo de una de las más espectaculares canciones cubanas, feeling y bolero a la vez. Sus autores son Gerardo Piloto y Alberto Vera,  un binomio grande. 
"Debí llorar". Disfruten esta magnífica versión, voz, guitarra e interpretación de Barbara Milian. 
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jueves, 21 de mayo de 2020

Yo nací bajo un aguacero de décimas improvisadas.

Yo nací bajo un aguacero de décimas improvisadas. Nunca escampó mientras crecíamos mis hermanos y yo. Sigue lloviendo y no quiero paraguas.

sábado, 16 de mayo de 2020

Mike Porcel, "Cantar de Gesta" de Ruben Aguiar

Mis canciones se parecen tanto a mí como ese hombre que mira cuando me veo en el espejo. Sólo que ellas miran desde el otro lado de un espejo interior. Como yo, mis canciones están, en su mayor parte, configuradas por todo aquello que la cultura, la circunstancia y la herencia han dispuesto. No obstante hay un tramo en ellas que escapa a ese destino común a todos, un tramo que es mi personal aporte, mi decisión, mi empeño y mi libertad. Por supuesto, este último tramo también es una deuda que cargo. La canción es un arte que tiene, lamentablemente, muy pocos grandes artistas. Pero esos pocos maestros exhiben y proponen un umbral de belleza al que sólo es posible acercarse desde el más estricto y riguroso camino de búsqueda de la excelencia posible. Aunque no todos consigamos llegar a la meta. De esta manera mis canciones, que tanto se me parecen, no serían las mismas sin la obra de los cinco dioses de mi personal Olimpo del Arte de la Canción. Uno de ellos, Mike Porcel, hace unos años me hizo el regalo sublime de cantar una de esas mías canciones que, sin sus propias canciones, probablemente no sería así. Hoy Mike es cercano y eterno en su amistad, pero el enorme artista maestro que es le roba protagonismo al amigo en este momento que comparto en el video.
Mike Porcel interpretando mi canción “Cantar de Gesta”.
Xtrings Studio. Miami, 2014.


domingo, 29 de marzo de 2020

Letra-y-música es una canción

Letra-y-música es una canción. No puede haber mayor peso en una o la otra. Es un árbol. Tiene hojas, raíces, ramas, vida propia. En eso es como los demás árboles. Pero, árbol en sí mismo, solo sobrevive si esos componentes son meticulosamente eficaces en su condición de elementos específicos de tal árbol.
La canción es algo tremendamente importante en la vida del hombre. Así debemos cuidar de ella. Además de ser absolutamente honestos a la hora de calificarla. Como en todo, hay canciones para distintos momentos e intereses. Pero la Canción Arte tiene su propio universo, sus particulares leyes, su reino, su inigualable luz. Compuesta con todo el respeto que merece, al intentar una canción así no se ha de usar la música para simplemente arropar un poema ni usar la poesía para autorizar cualquier melodía, por bellos que ambas sean por separado. Tiene que ser un solo objeto, en la misma dimensión en que lo describiera Martí:
"El lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea."


Les comparto una canción que ilustra lo anterior. La que considero la mejor canción que ha compuesto el hombre. Y recalco Canción. Simple y enorme aporte del ser humano a la belleza de la vida. Perfecta esta y diosa de canciones.
"A mi pequeña radio" ("An den Kleinen Radioapparat") Compuesta en 1942. Música de Hanns Eisler y letra de Bertolt Brecht.
Musicalmente es un poema de sobrecogedora belleza, donde no se puede separar la melodía de la armonía que la soporta, ni los modos de tempo y matices con que el piano se vuelve un enorme lecho percutido para acomodo de la voz humana, el instrumento musical perfecto.
Me tomé la atribución de contar un poco la letra. Escrita por Brecht en el exilio tras el advenimiento de Hitler, cuando un pequeño aparato de radio, en el que solo se escuchaba al enemigo, era el único amigo y contacto con su tierra. He usado un montón de traductores y acudido a versiones de la letra en inglés, italiano y español que he encontrado para resumirla aquí. Convencido de que ni se le parece, les dejo también el original alemán, donde sospecho sea aún más tierna y estremecedora.
Está cantada por el barítono Dietrich Fischer-Dieskau y acompañada al piano por Aribert Reimann. Grabada en Berlín en 1987.

Nota: La canción tiene una versión realizada por Sting. Así la conocí. Pero siempre que la escuchaba tenía la impresión de que esas melodía y acompañamiento excedían al magnifico cantautor inglés y más aún al bello texto que él le aportó. Entonces me puse a investigar.

"A mi pequeña radio"
Tú, pequeña cajita que llevé en mi huída,
Apretada para que mis válvulas tampoco se rompieran dentro de mí,
Preocupado, de la casa al barco, del barco al tren,
Para que mis enemigos me siguieran hablando
Junto a mi cama y mi tormento,
Lo último cada noche y lo primero en la mañana,
Gritando sus victorias y mis peores derrotas:
¡Prométeme que no te quedarás callada de repente!

————————————
"An den Kleinen Radioapparat"
Du kleiner Kasten, den ich flüchtend trug,
Daß meine Lampen mir auch nicht zerbrächen,
Besorgt vom Haus zum Schiff, vom Schiff zum Zug,
Daß meine Feinde weiter zu mir sprächen,
An meinem Lager und zu meiner Pein,
Der letzten nachts, der ersten in der Früh,
von ihren Siegen und von meiner Müh:
Versprich mir, nicht auf einmal stumm zu sein!




jueves, 19 de marzo de 2020

Acertijo

Estreno canción junto a Barbara Milian en mi canal de Youtube.
"Acertijo".
La letra de la canción es en décimas. A finales del siglo pasado mi comunicación con mi hermano Pedro Alfonso era a través de emails, él desde Chile yo desde España. Pedrito solía escribir los suyos en décimas y no había quien detuviera la controversia. Estas décimas del texto de la canción son una de mis respuestas.
La música comencé a hacerla en 2013. También por email, le envié a Barbara el texto y el fragmento de música que yo había compuesto hasta el momento. Recibí de respuesta un mp3 con la música que faltaba. Dijo "una propuesta" pero a mí me pareció maravillosa.
Ahora la hemos grabado y arropado con imágenes. Esperamos les guste.
"Acertijo" - Interpretes: Rubén Aguiar y Barbara Milian
Letra: Décimas de Rubén Aguiar Muñoz
Música: Rubén Aguiar y Bárbara Milian
Acertijo
Afuera, la madrugada.
A mi lado, mi mujer.
En mi pecho, sin nacer,
la décima desvelada.
Al norte, la tan soñada
Francia, romántica y loca.
Al sur, África que evoca
a los abuelos. Al Este,
la guerra. Y en el Oeste
la tierra que me convoca.
Arriba, el cielo infinito.
Abajo, el polvo al que voy.
A un lado, el calor que doy.
Al otro, el que necesito.
Delante de mí, inaudito,
un futuro ¿luminoso?
Detrás, el feroz acoso
del pasado. Y cada día
más cerca la lejanía,
más lejos lo provechoso.
En mis manos, la guitarra.
En mis piernas, el camino.
En mis ojos, el destino.
En mi oído, la cigarra.
En mi cabello, la garra
del tiempo, el intolerante.
En mi ceño el más constante
fruncir. Mi espalda desnuda.
En mi palabra, la duda.
En mi elección, el amante.
Así vuelvo a andar, disuelto
en la vida, que transcurre
con tanta prisa que aburre.
Libre, como un verso suelto,
con mi música he resuelto
imposibles acertijos.
Y voy como van los hijos
del campo, con el arado
sobre mi rostro grabado
de rústicos escondrijos.
Afuera, la madrugada.
Adentro, el amanecer.
Delante lo por hacer.
Detrás lo que fue y es nada.
A la vera, la tonada.
Al pairo, lo que medito.
Arriba, el cielo infinito.
Abajo, el polvo al que voy.
A un lado, el calor que doy.
Al otro, el que necesito.
(Madrid. Abril de 1999)

viernes, 28 de febrero de 2020

No había foto que se nos resistiera


Cienfuegos, Cuba, finales de los 80. Recorríamos Pedro Alfonso y yo todo lo recorrible, como hacíamos en cada pueblo, ciudad, batey o finca de la isla donde actuábamos. Nos inventábamos sobre la marcha los motivos menos ortodoxos para divertirnos. Y procurábamos conseguir fotos de las situaciones más inverosímiles, cada uno desde su cámara. Yo le fotografiaba a él y viceversa. Luego intercambiábamos los negativos. Razón por la cual conservo casi exclusivamente aquellas en las que aparezco yo. A él le ocurre lo mismo y lo contrario. Estas son, probablemente, de nuestra primera gira con La Seña del Humor de Matanzas a Cienfuegos.
...

Primera foto. Haciéndome pasar por liliputiense ante la bodeguera para conseguir una lata de galletas. Pedrito hizo esta foto a escondidas.
La conseguí. La lata de galletas. Aunque tuvimos que salir disparados cuando me erguí para agarrarla.
En la cola no entendían mucho. Era apenas un tipo agachado, de voz muy ronca, parloteando a grito pelao' con uno muy serio que asentía.
Para la vendedora… momento de la foto:
- ¡¡Señora deme una lata completa!!… - gritaba desde abajo mientras agitaba la mano - A mí una entera… ¡¡Una entera, SEÑORA!!
Creo que aquel "señora", en lugar del habitual y correcto "compañera", gritado por aquel mediohombrecito fue lo que impresionó a la desconcertada mujer. Por supuesto, ella no iba a negarle lo que pidiera aquel personaje desde allá abajo. El mostrador le impedía ver más allá de mi cabeza y mi mano.
Ni siquiera lo hicimos por las galletas: era por conseguir la foto.
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Segunda foto. El mismo truco para obtener una revista con la que forrar ese libro que no se soltaba de mi mano y que se descascarañaba por minutos entre mis dedos sudados. La Odisea.
Yo era Nadie participante de aquella "Semana de la Cultura Cienfueguera del 18 al 24 de Abril". El calor era mi Polifemo. Pedrito, que tomaba apuntes en la Zenit soviética, Homero.




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Los capítulos en los que aquellos curtidos guerreros griegos, protagonistas de la historia que contaba el ciego juglar, navegaban de regreso a Ítaca eran lo único refrescante aquel día bajo el sol de La Perla del Sur. Registrado en la tercera foto.






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La última es una foto sin/con mucho engaño y justo premio: ¡¡Conseguimos Nafasolina!!
Éramos nafasolindependientes. No sabemos por qué, pero en lo que coincidíamos sin remedio aquellos humildes artistas matanceros era en nuestra nariz eternamente congestionada y moqueando y en la necesidad de esnifar nafasolina o, en su defecto, agua con sal de manera constante.
Quizás fueran las cercanas fábricas del puerto que sobre nuestras calles y puentes vertían aquel humo que los poetas confundían con romántica niebla. Quizás simple alergia al clima político universal, a las aglomeraciones o a la polvareda desplegada tras el derrumbe del muro, del campo y del espíritu de entusiasmo. El caso es que vivíamos prendidos a ese medicamento.
Justo en aquellos tiempos comenzó a escasear y había que conseguirlo por receta o resolver dando coba y chantajeando a las amistades. Pero Cienfuegos era, para nosotros, la perla virgen. Y, tras una muela de media hora, aquella buena mujer, la de la foto, me vendió un pomito de Nafasolina.
La foto es testimonio de la solemne entrega oficial. Ella obtuvo una entrada gratis para la función de esa noche, función que, sin su comprensión y noble gesto subvertidor de la ley, no se hubiera podido realizar porque, literalmente, nos estábamos ahogando.
Homero, sobre el mostrador, al confirmar nuestra conquista, exclamaba a dúo con Odiseo: "¡No me lo puedo creer!"
Conseguimos la foto.
En esa época no había foto que se nos resistiera.