lunes, 17 de octubre de 2011

¿Amor vs. Razón?

    Llevo unos días inmerso en un interesante debate, email mediante, con mi amigo Julio Fowler: crisis económica y  de valores,  verdad y  libertad,  política e ideología, lo absoluto y lo relativo, amor y razón. Justo transcurriendo este último punto sucedió la muerte de Steve Jobs. 
    Desde Arcos de la Frontera otro buen amigo, Rafa, me ha instado a escribir algo al respecto. Julio me ha enviado un link del discurso de Jobs durante la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford de 2005 en email que amablemente me ha autorizado a publicar, cosa que ahora hago acompañándolo de mi respuesta.
    Puesto que mi conocimiento del fundador de Aple no va más allá de mi condición de cliente con Iphone, algunas referencias ineludibles en noticiarios y prensa y ahora desde mi encuentro con su discurso de Stanford, en mi respuesta parto de las opiniones de Julio derivadas del debate que mantenemos. De ahí el énfasis en mi defensa de la Razón del Hombre, uno de los fundamentos de mi defensa de la verdad, la libertad y el amor. Y trazo mi propia percepción de la dimensión de ese hombre que, aun joven, acaba de morir dejando marcado el mundo con la huella de su obra y su trabajo.
    Antes de ver el vídeo leí la transcripción del discurso, enviado por Julio con sus personales subrayados en negritas. Lo he colocado en este link tal y como me lo envió para, si lo desean, lo puedan leer (y ver los subrayados), que es en mi opinión mejor vía para acercarse a él.





He aquí el email de Julio:
"Mi querido Rubén: He estado leyendo y releyendo este discurso de Steve Jobs y curiosamente, su mensaje contiene unas cuántas claves emocionales, éticas, filosóficas y antropológicas narradas como lecciones de vida no muy distantes de lo que ya se nos ha dicho por ejemplo en "El Nuevo Testamento" en boca de Jesús (o en los mensajes de tradiciones gnósticas, místicas, esotéricas, en el arte y la canción y ahora desde el nuevo paradigma científico); también en "El pequeño Príncipe" (por solo citar solo dos libros con un mensaje ético más o menos común) que sugieren la idea del AMOR como condición antropológica del ser humano, como motor inspirativo y creador y al CORAZON como nido, como centro creativo, energético, iluminador, orientador. Hay unas cuantas frases sintomáticas de Jobs en este discurso que me llamaron mucho la atención y me recordaron de repente la sentencia con la que terminas el último de tus mensajes cuando dices:
"Es a la Razón adonde ha de retornar el Hombre para salir de este atolladero al que el uso inducido de la sinrazón le ha llevado".
Te invito a reflexionar sobre estas, al parecer "tópicas" frases que desbordan el discurso de Jobs (algunas las he señalado en negritas) pero que en mi opinión, son de una honestidad visceral y revelan una verdad que al menos yo comparto. Me pregunto si lo que el ser humano olvidó durante los últimos 2.000 años no fue precisamente el mensaje que preside las parábolas más entrañables de Jesús, Ghandi e incluso Albert Einstein...?. Me pregunto _coincidiendo con Humberto Maturana_ si no ha sido la RAZON la herramienta psicológica que han utilizado los controladores para manipular y devaluar la naturaleza de esta emoción-energía?. Me pregunto si el desequilibrio social y la asimetría psicológica y perceptual que vivimos no tiene que ver precisamente con la sobrevaloración de la Razón?. Tal vez no haya que acudir a los mensajes de Jesús, Ghandi o Einstein para entender el Amor como fundamento olvidado de lo humano puesto que, seguramente nuestras madres nos educaron instintiva e incondicionalmente en ese sentimiento que por cierto, no se enseña en las escuelas. Me pregunto entonces, retomando tu idea si, a donde ha de retornar la especie que somos para salir de este atolladero no es sino al AMOR, al corazón, al interior?. Si hay algo que comparto profundamente con Jobs en este discurso es esa certidumbre crística y antropológica de que el AMOR es la respuesta. 
(love is the answer)
Te abrazo."

    Naturaleza y Razón.
    Querido Julio: Sí que es interesante el discurso de Steve Jobs. Al menos a mí me ha gustado mucho. Me confirma la idea de que nada tiene valor en sí mismo, que las cosas sólo tienen valor si alguien le otorga ese valor. Y este es el discurso de un hombre que otorga mucho valor a la vida. Este de Job no es el discurso de un hombre ante la muerte: es el discurso de un hombre ante la vida, de un hombre que va a vivir. Un hombre que ha estado en peligro de abandonar la vida, sí, pero que ha superado tal peligro.
    Y precisamente en este hecho encuentro una de las premisas en que fundamento esa defensa de la Razón que cuestionas. El Jobs de ese discurso no ha superado la muerte porque lo deseaba, ni por intuición, ni porque sus emociones lo contactaron con algún poder del más allá ni de su interior que lo curaron: la superó justamente porque desechó esas energías emocionales ¿naturales?  y se puso en manos de la medicina. ¿Debo decir medicina creada exclusivamente por la razón del hombre para procurarse una vida sana, condición indispensable para acceder entre otras cosas a esas “tradiciones gnósticas, místicas, esotéricas, en el arte y la canción y ahora desde el nuevo paradigma científico”? 
    La realidad es que ese hombre superó tal peligro justamente porque se violaron todas las leyes de la naturaleza, de los chamanes, de la mística y de las fuerzas ocultas naturales o mágicas. Incluso porque se alteraron algunas desafortunadas creencias personales de Steve Jobs acerca de esas leyes naturales. Resulta que, curiosa y lamentablemente, fue justo una reacción equivocada de Jobs lo que, según algunos especialistas, ahora le ha causado la muerte: cuando le notificaron su enfermedad recurrió en un primer momento a terapias alternativas. Un año antes del discurso en Stanford cambió de idea y decidió someterse a la operación que lo mantuvo con vida por más de siete años. Pero al parecer ya era tarde.
     
     La Razón estricta.
     Ninguna de nuestras creencias y certezas, ni la fe ni la ausencia de ella nos puede inducir a menospreciar, ignorar o tergiversar el hecho de que es el ejercicio de la razón y no otra cosa lo que nos confiere nuestra cualidad de Hombres. 
     Jobs superó el peligro de morir en aquel momento, pero no tiene música de fondo ni nada de romántico el motivo estricto por el que sucedió ese admirable y feliz acontecimiento: otros hombres y él mismo hicieron uso de la razón para conseguirlo. Los medicamentos creados por el hombre le curaron alterando el desenlace natural de su enfermedad. Tales medicamentos y los aparatos con que los médicos consiguieron alargar la vida de Jobs desafían todas las leyes naturales, desde el bisturí y las jeringas hasta los escáneres que detectaron su mal. Los “brujos” que hicieron posible que Steve Jobs sorteara la muerte fueron los hombres, los médicos que lo atendieron, el personal todo relacionado con esto, los creadores de los artilugios con que se realizan esas operaciones, los científicos que usando su razón inventaron aparatos, descubrieron medicamentos efectivos, aquellos otros hombres que montaron las fábricas para producir las medicinas y cada uno de los implementos usados en la operación... y los matemáticos, biólogos, químicos y  filósofos que aportan cada vez nuevas ideas y creativos razonamientos para mejorar la vida del hombre... y los miles de libros que conservan memoria de todo ello... 
     No se me ocurre un solo componente de ese acto de curar a Jobs que pudiera haber sucedido o sido creado de manera natural y diferente a la acción de razonar del hombre. Todas involucradas: desde la rueda y la imprenta hasta la microcámara, desde el sistema eléctrico hasta el tubo de cristal, desde las combinaciones químicas hasta la goma rodante de los camiones que transportan todo lo implicado de un sitio a otro... Todo creado por la mente del hombre.
      
     El sitio justo.
     Todo ello es digno de la más alta consideración y respeto y, en mi opinión, debiera tener música de fondo y ser cantado por poetas a la vieja usanza de odas y rapsodias, y ser observado con mayor frecuencia bajo este prisma romántico que no consigo disimular.
   Y nada tiene que ver esta Razón que defiendo con esos experimentos de diseño social, ideologías y manipulación de masas con que desde ciertos círculos intelectuales y de poder se quiere presentar la Razón del Hombre. El uso de la razón, como verás más adelante, es justamente lo opuesto a esas falsedades.
    Algo me sonrojo al escribir estas cosas, pues sé que te son conocidas y evidentes y me reprocho que, aunque parece que hablo con un extraterrestre, es obvio que conoces todo esto. Pero un poco las escribo también para mí, para no olvidarlas, para no permitir que vuelva a poseerme aquella irresponsable visión que provocó que malgastara los grandes años de mi juventud esperando sucediera algún milagro relacionado con mi vida y mi felicidad que no fuera provocado por mí mismo.
     "Volver a la Razón" quiere decir para mí, además, encontrar la belleza, la grandeza y la poesía también en todos esos actos que son consecuencia del ejercicio de la Razón del Hombre. Puede parecer temeraria la idea de “volver” adonde no parece que hayamos estado jamás. Pero haber llegado a este punto del camino en que nos encontramos no es un síntoma que pueda ser rechazado. Y yo soy siempre optimista. Además llevamos mucho tiempo salvando vidas, sorteando leyes naturales que nos son muy poco favorables. ¡Estamos volando, amigo, volando! Y navegando por el mar. Y conquistando el polo y la selva y el ecuador. Y la luna y el cosmos. Y cada aparatito que tan común hoy día nos parece, desde un helicóptero hasta un mando a distancia o una guitarra eléctrica no es un milagro divino ni de la naturaleza ni es magia o esoterismo: es obra de la Razón del Hombre, creación suya... nuestra.


    Razón es identidad.
    Yo no te quiero amigo (al menos no de modo fundamental) ni realizo este intercambio de ideas por tu condición de entidad emocional e intuitiva. Tú no eres una mascota. ¿Con cuál de tus emociones aprendiste a escribir, a pensar, a elegir cada acción de tu vida?  Todo cuánto crees o decides creer, todas tus decisiones, erradas o acertadas requieren de tu acto de pensar. Es ese acto el que te identifica como el Julio que Yo quiero y no como otro ni como otra cosa distinta a una Persona. Deja de pensar y te convertirás en una planta. Entiendo que alguien pueda querer ser una planta, o una entidad medio animal medio bosque. Pero ese alguien ha de decidir mediante el uso de la razón dejar de ser una persona, suicidarse como hombre. Aún no sé cómo lo lograría, pero supongo que puede uno inyectarse alguna sustancia que apague el cerebro, o lo desconecte para siempre. Seguramente. Y si no lo hay lo puede crear (por supuesto usando la razón) Pero para ello ha de ser previa e irremediablemente un hombre. 
    Desde mi personal perspectiva la palabra más importante del discurso de Steve Jobs aparece en esta frase: “Y diseñamos el Mac”... “Diseñamos”. Esa palabra define al Hombre, al ser humano, a la criatura más insólita de la creación, cumbre de lo vivo conocido. Y todo eso no lo es el Hombre porque la tierra, el viento o los poderes del más allá etéreo lo hayan querido o estructurado así, sino por su capacidad para razonar, para pensar, para usar esa herramienta sin la que no sería: su mente. El uso de la Razón (palabra esta última que para alguna gente resulta hasta vulgar y que otros niegan con el propósito de manipular a los más crédulos o perezosos) es la más sorprendente y admirable cualidad que se da en la naturaleza. La conciencia no existe sin razonamiento. Sólo desde el acto de pensar es que puede una criatura conocer que está viva y ser consciente y dar valor a esa vida. 
    La frase más notable del discurso es para mí esta: “Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.”  Una reacción particularmente sobrada de “incorrección política” para la actual moral social más generalizada esa de asumir con orgullo algo que tanto él como el resto del mundo reconocen como un valor. Eso es ego crecido y asumido. Eso es autoestima. Eso es lo que llamarían por ahí “falta de humildad”. ¿Y a la gente qué le parecerá? Porque resulta que tiene toda la razón del mundo, que es una verdad al parecer indiscutible. Me gusta esa frase porque considero que el hombre debe sentirse orgulloso de sus logros. Eso también lo identifica.

     Claves.   
     Pero vayamos a tus subrayados.
     La primera palabra que señalas es “intuición”. Está claro que nada de lo expuesto en el discurso de Steve Jobs está ahí por azar. Pero la clave para interpretar el sentido estricto de esa palabra en su exposición es esta frase:
     "...era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde. Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro."

    Desde mi punto de vista, Jobs intenta comunicar su experiencia e inspirar seguridad en los jóvenes que lo escuchan. Pero, en lugar de hacerlo desde una reflexión negativa tipo "no te amilanes ante los obstáculos que puedan surgir", usa un parlamento de comunicación positiva: "Tienes que confiar". Y para ofrecer garantía de veracidad a su recomendación presenta su propio comportamiento de años atrás como consecuencia de su "curiosidad e intuición", no como una actuación carente de sentido y sin consecuencias ya prescritas. Evidentemente Jobs  ha reflexionado acerca de las causas que lo llevaron a los resultados obtenidos en su vida. Y trata de encontrar en aquel juvenil comportamiento suyo un sentido más allá del simple proceder de un joven inteligente poco dado a regirse por las normas  y decidido a hacer sólo aquello que le apetecía.
     Está claro que podemos creer que todo formaba parte del destino, él mismo puede haberlo creído. Desde una visión determinista de la existencia, desde la creencia en un destino inevitable podemos aceptar aquella cierta "intuición" de sus años juveniles como una de las causas para el efecto que fue el triunfo de Job y la creación del Mac, del Iphone, del Ipad, de Toy Story, etc. Aunque sospecho que, en un mundo predeterminado, el destino inevitable sería la única causa de todos los efectos.  


    La causa.
    Pero la realidad es que si Steve Jobs  hubiera muerto en aquellos días de la universidad, hoy “los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen”. Porque la clave real para esos resultados es inalterable y sólo tiene una causa: Steve Jobs... y su inteligencia y su talento y su entrega al trabajo y su encuentro con esas tipografías... y mucho de haber sucumbido a su belleza: “Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante." (En fin, la estética, que es en mi opinión el fundamento sobre el que se soporta buena parte de las grandes creaciones del hombre y probablemente todas sus actitudes más cotidianas) 
     Jobs, desde la cima de su obra realizada, trató de encontrar más allá de sí mismo una causa a todo ese éxito. Y no la encontró porque él mismo era esa causa. (Me divierto pensando que, de haber topado con un curso de relojería en lugar del de caligrafía, lo más probable es que ese hombre, en lugar del Iphone, nos hubiera legado una "Máquina para Viajar en el Tiempo")  Aunque tal vez sí lo supo. Y se guardó tal certeza quizás autocensurándose o, cosa comprensible, por cierta aprensión a que se interpretara mal su respeto a su propio trabajo, su autoestima (ya sabemos cuán costoso es hoy día el "individualismo")
     Cualquiera de esas dos razones son premisa de lo impreciso de la segunda frase que subrayas en el discurso y de su incapacidad para concretar el consejo: “Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.”
      La lección  que trata de comunicar Jobs es que todo cuanto percibimos nos va a servir en el futuro, y por tanto nada se debe desechar, pues cuanto se aprende, cuanto nos gusta y encontramos de valor va a estar incorporado a nuestras creaciones, nuestras actuaciones y a nuestra visión futura de la vida.  
     Sin embargo, eso no es suficiente. Y es en su segunda historia donde él mismo confirma la verdadera causa de su éxito, de su realización personal y de nuestro beneficio que te indico: el amor al trabajo y la constancia de Steve Jobs.
    El amor.
    Es imposible realizar algo bien, total, sin amor. No es posible la felicidad sin amor. Y en todo sentido el amor no es un capricho, ni es un deseo, no es instinto, no es arbitrariedad de emociones, aunque todos esos sentimientos se encuentren implicados. El amor, en tanto que proyección verdadera y sublime del hombre, es sobre todo un ejercicio de la razón. “Tenéis que encontrar qué es lo que amáis “ – dice Job y tú mismo lo subrayas. Eso sólo se consigue desde la reflexión, de lo contrario tendríamos que convenir que los animales aman.
    El hombre no ha solucionado su problema con el AMOR precisamente porque lo mantiene subordinado al terreno de lo emocional. Y el amor, válgame Dios, es asunto demasiado serio y fundamental para dejarlo a merced de las emociones. El amor es un acto volitivo. Otra cosa es el enamoramiento, como lo son el deseo, la idolatría, la sumisión, incluso el apareamiento... todas estas emociones más o menos involuntarias, aunque inevitables algunas y necesarias otras. ¿No te parece revelador cómo a pesar de tanto tiempo transcurrido los problemas del hombre relacionados con “el amor” perduran como si estuviéramos aun en la cueva?
       El Amor (el verdadero, no hay otro) está supeditado realmente al conocimiento de lo amado. No puede amarse lo que no se conoce. Y conocimiento es pensamiento. El amor es la materialización y concreción en otra persona o acción (como el amor al trabajo) de lo mejor que quiere uno para sí. Está claro que es un sentimiento complejo y de difícil consecución, pero no es un acto irracional, no es una práctica ajena a la voluntad. Y es por ello exclusivo del hombre. Cualquier otra definición que se le quiera dar reduce el amor a un instinto. O, en el mejor de los casos, lo devalúa a otras categorías menos elevadas para mi gusto: el cariño, el afecto,  la simpatía, etc., que son válidas, pero que no son Amor. 
      En mi opinión, si el amor no pasa el filtro de la razón, si no es un acto consciente, aceptado y concebido de manera meditada y reflexiva no pasa de ser puro instinto, no deja de ser jamás inmaduro y por tanto inseguro, incontrolable, y en lugar de formar parte de lo mejor de tu vida se puede convertir en un infierno, en una serie de sensaciones que conspiran en contra tuya, un obstáculo más que un motivo de felicidad.
     El corazón.
     Cada cual puede tomar para sí lo que desee del discurso de Jobs. Tú pones el énfasis en la alusión que hace acerca del corazón: “Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado”  
    Me hago cargo que buscas confirmación a una presunta controversia con la razón en esas palabras. Pero te saltas lo que realmente es el mensaje basado en la experiencia de este hombre y que él expresa justo antes de esa frase, cuando dice:
"El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis."

    Seguir los dictados del corazón quiere decir, literalmente, que, tras realizar un razonamiento, el hombre decide dejarse llevar por su intuición, elige consumar una acción de la que no conoce exactamente el resultado pero sobre la que su mente sospecha que puede ser buena para él. El corazón no decide: la mente decide seguir al corazón.
    El corazón no reacciona ante el hecho estético o amoroso o premonitorio o de conocimiento de modo involuntario, mucho menos voluntario. Lo hace después que la mente "identifica" esos hechos como tales. No existe reacción del corazón previa a esa identificación. Y esos criterios se aplican a todos los órganos y componentes de nuestro cuerpo físico a los que solemos atribuir capacidades premonitorias o cualidades como instintos, etc: “un salto en el corazón”, “una angustia en el pecho”, “un vacío en el estómago”, “un frío en la espalda”, “una sensación en la nuca”... Todos estos “indicadores” están precedidos de algún proceso mental, ya sea percepción en tiempo real, un recuerdo, o la representación de un suceso futuro.


    La imagen.
    Desde el punto de vista estético lamento despoetizar  estos símbolos, que de siempre nos han servido a los hombres para sublimar los sentimientos o adornar con algo de misterio y mística una vida que se nos antoja mediocre y vulgar, cuando no totalmente aburrida. El hombre, en un larguísimo ejercicio de pereza intelectual, ha vivido confundiendo ese reflejo estético, esa imagen ilusoria, esa interpretación con la realidad misma. Y así nos va.
    Los poetas, como un poco señalé en el post anterior, tienen una enorme responsabilidad en este hecho. Aunque no exclusivamente: hay que sumar a todos esos individuos que se atribuyen el patrimonio de nombrar las cosas, contar la historia, definir el mundo y lo cognoscible: intelectuales, escritores, filósofos, políticos, todos los que diseñan lo que ha de conocer el hombre, la mayoría de los cuales no existirían como tales sin esta actitud irracional con que los demás contemplamos la vida más que la vivimos. En todos los casos, la metáfora es la forma que eligen para conectar con sus seguidores (víctimas, por mejor decir) Por eso, y porque aquellos son precursores, continuaré llamándolos poetas.     
     El hombre común suele creer a esos iluminados y considerarlos líderes y guías. Pero el problema no es que los hombres crean a los poetas, sino que los poetas, a resultas de su vanidad, terminan creyéndose a sí mismos. Y, puesto que del pozo de lo irracional no parece que vayamos a salir en breve, suelo divertirme también con esto: 
    Tal vez el origen de la sinrazón se encuentre en ese momento en que los poetas descubrieron que, la mayor parte de las veces, el único modo de conseguir que una mujer te perdone es diciéndole: “¡por favor, cariño, escucha a tu corazón!”... no “a tu razón”. 

    La muerte.
    "Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder."
    Es inevitable de vez en vez recordar que uno va a morir, reflexionar acerca de la muerte. Pero, amigo, mi reflexión más constante y consciente es acerca de la vida. Me interesa enfrentar una personal cultura de la vida a esta cultura de la muerte en la que hemos crecido y que ha marcado al hombre desde tiempos inmemoriales. No me gusta el alegato que intenta hacernos creer que, puesto que vamos a morir, todo lo que poseemos es banal y carece de valor y significado. No me parece correcto disminuir el valor que concedo a las cosas que me hacen feliz, sean estas las que sean, porque existe la muerte al final del camino. Más bien al contrario. La muerte es inevitable, llegará. Pero mi deber es para con la vida, para con mi vida y la de los míos. Una cultura de la vida, de la alegría, una búsqueda constante de felicidad, de bienestar, de amor. Una vida en la que nada signifique un sacrificio para mí.
    Sólo hay una cosa “que perder”: la vida. Y esta cuando se pierde no tiene significado. Es decir: sólo estamos vivos, no existe estar muerto.
    El amor, el trabajo, ambos en sentido “genial” como dice Job en su discurso, el orgullo, la plenitud espiritual y material son todos ingredientes y vías desde los que procurarnos felicidad. Si no soy feliz debo cambiar mi vida. Si me es difícil cambiarla, debo encontrar en lo que realmente soy y hago el motivo para la alegría que me corresponde de cada día de esa única vida mía. Eso, amigo, no debe posponerse, no debe dejarse para después, para un más allá, para una posible trascendencia. Porque con ello, definitivamente, tampoco vas a alterar el final. Y todo esto es igual tanto para quienes creen en Dios como para quienes se aproximan a cualquier otro tipo de percepción, e igual para quienes no creen que existan opciones posteriores.
    Pienso que el alimento para la vida es la felicidad, no el “recuerdo de que vas a morir”. Y felicidad en tiempo real. No tenemos mejor activo, para el futuro que venga, que esa acumulación de dicha, satisfacción espiritual, profesional, intelectual o física que resulta de la felicidad de cada día. ¿Y cómo acceder a esa conquista constante de la felicidad si no es mediante el acto consciente de la búsqueda? 
    Defensa de la Razón. 
   Toda defensa de la razón es siempre autodefensa. Y no procedería sin la existencia de la sinrazón. Toda una niebla de falsos conceptos inducidos, medias verdades, erradas premisas y una moral ancestral aceptada por todos y sin alternativas entorpeció durante mucho tiempo mi percepción de la razón. Así somos educados. Considero eso un ataque premeditado a mi libertad y a mi derecho a mi vida. He supuesto, como tantos, que la razón enturbiaba el pleno acceso al amor, a la creación artística y al entusiasmo, a la bondad, incluso al conocimiento de la verdad. Había un objetivo claro en la pretensión de hacerme víctima de tales desmanes. “No es nada personal”, dirían los victimarios en estricto argot pandillero. Pero eso ha dejado de ser importante para mí hasta donde es razonablemente posible. 
    La mayor nobleza está en la mente del hombre, no en su corazón ni en sus emociones. Un hombre que abusa de otro no es un hombre que razona, es un ser primitivo que atiende apenas a sus impulsos más básicos. Eso hace un hombre que mata: dar rienda suelta a sus instintos, a sus emociones. Mientras que un hombre que cultiva la razón enriquece su vida intelectual, espiritual y física. Y eso provoca felicidad. Y la felicidad es lo que el hombre culto y sano de mente intenta procurarse en todo momento. Cuando un hombre culto hace uso de la violencia y reacciona de manera violenta no lo hace desde la razón sino desde el ser primitivo que lleva dentro.
    Lo que conduce a las guerras no es la razón sino todo lo contrario: la sinrazón.  El hombre que usa la razón concluye y sabe que su vida es su mayor, su único valor. Quien razona descubre que ese valor, su vida, ha de ser protegido y mimado y salvado de todo peligro. Porque es único ese valor y sin él no puede ni vivir ni ser feliz y ni siquiera proteger todo aquello que quiere y posee. Por tanto, un hombre que violenta a su prójimo, que provoca guerras es un hombre que no está haciendo uso de su razón, porque es un hombre que está poniendo en peligro su propia vida, su mayor valor. Un hombre que razona sólo hace uso de la violencia para proteger su vida. Por cierto, un hombre que pudiendo hacerlo no protege su vida de la violencia de otros es también un hombre que no razona.
    Y un hombre que no trabaja, que no busca la felicidad, que no alimenta y cuida su propia vida es también un hombre irracional.
    Negar al hombre la Razón es negar al Hombre mismo, negar su propiedad más exclusiva. Negar la Razón es acercarnos al animal. La ética es un ejercicio de la Razón: los animales no tienen ética, la tierra no tiene ética, ni el viento, ni el fuego... El mundo natural no es un mundo noble, es más bien salvaje, agresivo, un mundo en el que todo lo vivo está en constante lucha por la supervivencia. Todos los organismos vivos, excepto el hombre, se hallan directamente a merced de ese mundo y de su comportamiento, arbitrario o armonioso pero siempre indescifrable para toda entidad que no piense, que no razone y no lo conozca.
     Que el hombre pretenda negarse a sí mismo, negando la Razón como hacen y tanto consiguen aquellos manipuladores que te señalé, es el principal síntoma de cuán enfermo está. Sólo te puedes reconocer a ti mismo mediante el ejercicio del pensamiento, pues las emociones no son  una herramienta fiable para el conocimiento. Los animales y hasta las plantas tienen emociones, reaccionan al medio y a la circunstancia. Pero no tienen conciencia de sí mismos ni de su entorno. El hombre puede sobrevivir sólo porque usa la razón. Y aun así, para que haga uso de ella, tiene que ser enseñado por otros hombres. 
    Abandona a un hombre recién nacido en un bosque y verás qué queda de él. El hombre cuando nace no sabe qué planta es venenosa ni qué alimentos comer ni cómo procurarse un sitio para sobrevivir al frío, al fuego, al ataque de otros animales, a las enfermedades. No cuenta con ningún aditamento fuera de los órganos de los sentidos para adquirir información del medio, ni fuera de su propia mente para procesar esa información, conocer el medio y transformarlo en beneficio propio para sobrevivir.
    Observa a tu alrededor y comprueba cuán distante está el hombre de hoy de esa situación tan primitiva que te describo. Y concuerda conmigo cuánto le debe el hombre a su capacidad de pensar, a su mente, a su razón. Y no olvides que para ello necesita también de la vida en sociedad, que es la única que suple esa carencia de instintos, pues hace que el hombre conserve el conocimiento y lo trasmita a cada nuevo hombre que nace y le advierta acerca de cuál ha de ser su comportamiento. Incluso para negar todo esto que te digo hay que hacerlo usando la mente, el pensamiento, la capacidad de razonar. La tierra, la amada tierra no ha destruido al hombre porque este se defiende con la Razón. Todo lo demás es, perdona la rudeza, tontería.


    El Hombre.
    El hombre, como entidad viva, no tiene destino. La tierra sí y practicamente todo lo que nos rodea: la destrucción es el destino de este planeta. Su acercamiento al Sol hasta tal vez ser absorbida por este es una de ellas. Otra puede ser el choque con algún elemento espacial de dimensiones “apropiadas” para tal desastre. Sin embargo el hombre no tiene que tener ese destino: podemos abandonar el planeta, largarnos a otros sitios, conquistar otras piedras estelares y usarlas como refugio hasta que esa también se destruya después de habernos largado una vez más. Eso no lo lograremos haciendo uso de nuestras emociones, más bien al contrario.  En cualquier caso, ningún otro organismo vivo de la tierra, complejo o simple, tiene esa posibilidad de que dispone el hombre. Porque no cuentan con esta herrramienta que hace que la vida tenga conciencia de sí misma y se garantice la posibilidad de no perecer. Se puede fantasear de mil maneras acerca de cómo puede concretarse el acto mediante el cual el hombre perdure eternamente. La ciencia ficción se ha ocupado de ello desde años ha. Pero no hay fantasía alguna en el acto de asegurar que disponemos de todas las herramientas (en realidad una sola: la mente, el pensamiento, la razón) adecuadas para ello.

    Steve Jobs 
    Es el símbolo del hombre “locomotora”, el que tira de los vagones en que va el resto del mundo. Es la representación de eso que tantos odian y envidian: el hombre que consigue el éxito y la realización mediante el esfuerzo propio. Pertenece a ese tipo de hombres que son fundamentales para que el Hombre sobreviva. Es un creador de riqueza. Como tantos que hoy día desprecia el vulgo. Es ese tipo de ser humano que por más que se le intente destruir saldrá adelante una y otra vez. Porque basan su acción en la satisfacción de sus principios individuales, en el respeto de sus valores personales, en su amor al trabajo y la concreción de ese amor. Y porque encuentran la felicidad en la armonía entre el amor y la acción, entre lo que piensan y lo que hacen. Y tanto que sólo lo complace la realización de un “trabajo genial”. Nunca descansan y nada los detiene. No viven parásitos de los demás. Eso es liberador y un paso fundamental para la felicidad.
     En lo personal, me quedo con estas palabras del discurso de Jobs, que interpreto como un llamado a la reflexión propia, a la acción individual, al razonamiento íntimo y al trazo de un objetivo personal, independiente de lo que otros pretendan inculcar en nuestras mentes. Y que, al parecer, aunque por caminos diferentes, nos hace a ti y a mí finalmente coincidir:

"Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior."

     La propia voz...
     No existe la Razón en sentido social, colectivo, común. Existe sólo en sentido personal, individual, íntimo, en interacción e intercambio de resultados con otros hombres y sus propios exclusivos procesos de pensar y obtener conclusiones.
     El uso de la Razón por el Hombre es el único vehículo para una búsqueda rigurosa de la verdad y para el ejercicio consciente de su mayor fuente de energía: el Amor.
     Y no es que niegue la fundamental función de las emociones ni que me parezcan absolutamente obstaculizadoras o innecesarias. Las emociones forman parte de nuestra identidad tanto como la razón. Pero han estar supeditadas a esa nuestra herramienta para la comprensión, el conocimiento y la supervivencia. Dependemos de la mente, y entre esta y las emociones hay que elegir nuestra mente. No es una emoción lo que advierte que no debes cruzar la calle con el semáforo en verde. Si desconectas tu mente para "sentir" el universo, antes de una semana te has muerto de sed o de hambre. Eso no es algo que me parezca debatible siquiera: no existe la opción de elegir entre razón y emoción, porque sería elegir entre vida y muerte. Y me atrevo un poco más: es cierto que lo común es un punto intermedio, algo de razón, algo de emoción... Pero eso conduce a este tramo gris, mediocre, que adultera la lucidez y cierra las puertas a la genialidad, conduce a esa entidad incompleta que hemos sido siempre la mayor parte de los hombres, los que usamos el mínimo de razón posible para controlar el máximo de emoción conveniente.
     No dudo que muchos de los grandes logros, inventos y descubrimientos de la humanidad han sido producto de la vanidad del Hombre, o del intento de procurarse el amor de una dama o mancebo, o buscando apenas la aprobación de sus semejantes... resultado en fin de emociones básicas o complejas. Pero en todo caso han debido realizarse desde el uso más estricto del pensamiento, desde la razón.
     Es ahí adonde refiero que ha de llegar el Hombre, es eso lo que opino que lo puede salvar. Por supuesto, para ello necesita el Hombre despojarse del lastre de lo que han dicho y siguen diciendo los gurús de lo irracional, que pretenden que el uso de la Razón es malvado y sus consecuencias dañinas.


     Te abrazo.
     Rubén.


.

lunes, 22 de agosto de 2011

Teoría y práctica de la intolerancia.


La noche del viernes, mientras atravesaba Madrid, pude observar de cerca a muchos de los participantes en la católica  Jornada Mundial de la Juventud.
Por las aceras, en los parques, en cada semáforo desfilaban ante mi coche. Organizados en grupos, uniformados en banderas, camisas de igual color y otros elementos por el estilo...
Qué vimos en realidad los que viajábamos en el coche: Montones de jóvenes. Muy jóvenes. Muchos menores de edad. Cantando, coreando, riendo alegres... ¡No protestando contra “nada”!  Marchando en doble negativo, diría mi hijo: “no contra nada” “no contra nadie”. Sólo cantando en alegría.
“Qué refrescante, después de estos meses”, decía mi hermano.
Felices de estar juntos, ilusionados en su fe, seguros, inocentes... ingenuos... ¿errados? ¿importa? 

En estos días he leído no pocos artículos referidos a este evento católico que reunía a todos esos jóvenes. Mi interés se centró en conocer las razones por las que un notable número de personas repudiaban de manera radical todo lo relacionado con la Jornada, el Papa, la Iglesia Católica, Dios... Mucho de lo que leí arremetía de manera bastante agresiva contra ellos.    

A tales artículos llegué por diferentes vías. Cito algunas:
Este por correo electrónico: “HeilBenedicto está en Madrid. Supongo que los madrileños sensatos habrán sacado a sus hijos de la ciudad hasta que pase el peligro. ¡Huid niños!, debería leerse a cuatro columnas en la portada de los diarios.”
Este también por email: “Me ha causado un cierto estupor saber que se han colocado cientos de confesionarios en el parque del Retiro de Madrid con motivo de la visita del Papa Benedicto XVI. ... Son esos confesionarios los que, con razón, indignan a los indignados, mientras a ellos tratan de impedirles que confiesen su indignación.”
Diario en Internet: “El antiguo nazi, quizá agobiado por una nostalgia senil de cuando paseaba marcialmente su uniforme de las Juventudes Hitlerianas, de botas y correaje militar, y saludaba brazo en alto, a la romana, a cuanta cruz gamada se le pusiese por delante, no quiere morirse sin antes experimentar la sublime sensación de ese viaje místico que debe de ser el baño de masas, al mejor estilo de los dictadores a los que la Iglesia ha servido tan obsequiosamente a lo largo de la historia.”
...
En principio estimaba una pérdida de tiempo tomar en cuenta lo que consideraba simples opiniones, por agresivas que fueran. Todos tenemos opiniones y libertad para exponerlas. ¡Y hace tanto calor!

Pero no me ha sido posible pasar por alto algunas imágenes publicadas en internet (dónde si no) que, en mi opinión, testimonian precisamente la puesta en escena de las insidiosas tesis que cada uno de esos artículos citados enuncian.
 Reproduzco por ello aquí algunas muestras de esos mismos artículos con sus opiniones “hechos materia”, las versiones “prácticas” de aquellas “teorías”, su ejecución... y su consagración.

Actos contra jóvenes religiosos por manifestantes ateos anticatólicos en Madrid.




Y aquí mi personal opinión acerca de estos hechos.

Esos rostros despreciables que acosan, agreden, insultan, escupen, golpean a esas personas absolutamente pacíficas, son también los rostros de quienes escriben aquellos artículos que he citado (y de muchísimos textos más). Como de aquellos autores son también estos rugidos, este  odio y la tan repugnante conducta de quienes insultan y agreden a esos jóvenes físicamente. Y tras ellos se insinúan también, de manera furtiva, los escurridizos rostros de quienes confirman esos  manifiestos cargados de odio y provocación  re-enviandolos por correo, recomendando, publicitando y con ello suscribiendo cada opinión ... (“No soy yo quien lo ha dicho, pero lee esto”...)

Estos últimos son los que provocan en mí la mezcla de indignación y tristeza que me ha llevado a escribir estas palabras. Porque algunos son personas que conozco, amigos incluso nada sospechosos de ser capaces de realizar o incitar siquiera a tales actos. Sin embargo les entusiasman esos alegatos y me los envían. También esta vez, como tantas otras, podría sencillamente concluir que "seguro existe un por qué” soportando esa actitud, aunque yo continúe sin entenderlo. Y punto. Podría una vez más la búsqueda de ese “por qué” precisar de una reflexión previa de mi parte, supuestamente alejada de prejuicios y superficialidad, una prudente y serena reflexión en la que sopesara motivaciones, culpas, entorno familiar y crianza complejas que de alguna manera los exculpara un tanto... incluido alguna atenuante quizás, tipo “los emails fueron enviados antes de que ocurrieran los hechos que esas imágenes denuncian”... etcétera...  Claro que podría, también esta vez...

¡Pero no me da la gana!  Si quiero ser objetivo y honesto no puedo correr el riesgo de alterar la realidad. Y esa cristiana tendencia a la piedad que padezco, y que es común a tanta gente, me puede inducir a cometer una injusticia. Porque cualquier intento de justificar o atenuar la responsabilidad de quienes agredieron a esas personas es una nueva agresión que estas reciben. Sin contar que, en ese caso, el que ahora agrede soy yo.

 Tampoco me vale decir que esos agresores son ignorantes, víctimas ellos también de años y años de una educación perversa, de manipulación y adoctrinamiento por parte de padres o tutores errados o de malvados políticos e ideólogos. No me vale, porque en ese caso estaría menospreciando el respeto que merecen tantos otros que también han sido víctimas de ese mismo adoctrinamiento y lo han superado y son incapaces de llevar a cabo actos tan despreciables.

La verdad está ante mis ojos, la evidencia ante la mirada de todos: la repulsiva condición de estos intolerantes que agreden a sus semejantes, y su responsabilidad, es compartida en igual proporción  por manifestantes, autores de esos provocadores alegatos y divulgadores activos y pasivos de aquellos.   

Y punto.
...


Dicho esto...

Los cubanos hemos vivido a lo largo de todos estos años esas mismas actitudes. Los actos de repudio llevados a cabo en 1980 contra quienes decidían marcharse de la isla y del comunismo eran semejantes a estos actos de repudio a esos creyentes cristianos. Y el odio, el desprecio, los golpes y escupitajos a “la escoria” porque no “creían en la revolución” son estos mismos golpes y escupitajos contra estos jóvenes católicos simplemente porque creen en Dios.
También así trataron los fascistas a los judíos en la Alemania nazi.

Digo además...
Pienso en mi hijo, en mis sobrin@s, en los hijos de mis amigos educados en el respeto más absoluto a la libertad propia y ajena. Podría alguno de ellos decidir libremente participar en la JMJ. Y recibir tales insultos y escupitajos o golpes simplemente por ejercer su libertad de expresión y de credo...
Pienso entonces en mi reacción, la más visceral, que es la que corresponde según el código de justicia que aprendí y ejercí de niño y luego y más en mi barrio de Pueblo Nuevo, en Matanzas, en Cuba... y pienso en mi supervivencia y la de los míos y en el honor y el respeto a las personas y a su libertad... y en mi aversión a la impunidad de los violentos... y en la respuesta que considero adecuada a cualquier agresión personal.


Comprendo ahora y no me extraña que en este país hace no mucho se haya desencadenado una guerra civil.
Tal y como, desde 1980, comprendí y tampoco me extraña esa otra guerra civil que nos tiene enfrentados a los cubanos hace ya 52 años.


.

viernes, 19 de agosto de 2011

Cold As Snow

Sucedió en las postrimerías del pasado siglo. (Esto de que “el siglo pasado” sea en realidad mi Siglo XX aún no lo asimilo del todo) 

Vivía ya en estas hermosas tierras castellanas y consumía, con la misma resignada y sensiblera dulzura de un viejo tango hecho bolero (*), el último café colado con ingredientes exclusivamente cubanos.

Con enorme dificultad me desprendía de todo lo que había sido yo mismo hasta ese momento. Festejaba deshacerme de lo malo. Pero me destrozaba descubrir cómo el destierro convertía mi tesoro, mi familia, mis amigos, hogar, vida toda, en lastre del que tendría necesariamente que deshacerme si pretendía materializar algún sueño posible y labrar un futuro digno.

Bajo el torbellino de aquellos meses flaqueaba mi expectativa de algún acontecimiento que pusiera mi cuerpo a salvo de recibir el nuevo siglo con los pies en Europa y la cabeza en Cuba. 

Pero sucedió: logré reunir a mis hermanos conmigo. Y, con ellos, a mi cuñada de nombre de flor, Amarilys, sumergida en una ancha camisa bajo la que ocultaba el temor a que las autoridades cubanas no la dejaran viajar si descubrían su avanzado estado de gestación. El día que los abracé en el aeropuerto cayó deshecha la taza de aquel último café que el vértigo de la separación hacía ya interminable.

Fue un tiempo hermoso y desgarrador, en el que el pasado se tornó neblinoso desde la impronta de un presente vertiginoso y confuso. Muchos sueños se materializaban a poco de ser soñados. Y la esperanza.

Pero cuando verdaderamente comenzó nuestro futuro, nuestra nueva vida, fue el día que nació Daniela. Mi dulce sobrina. Nuestra primera raíz española.

Una vez comienzan a nacer los hijos del destierro, los conceptos de patria y tierra o país adquieren cada una su verdadera y exclusiva acepción. Y pierden esa condición de sinónimos a la que una vida sin la experiencia de la emigración suele reducirlos.

Desde Daniela nuestra Patria es la familia. Ella amplificó con su llegada nuestra identidad. Nos devolvió el hábito de la búsqueda y el aprendizaje cuando, aún sin cumplir los cincos años, desde su plato de frijoles negros o de tostones, nos rectificaba vocabulario, construcciones verbales viciadas aunque habituales en el otro lado del océano, diferencias entre las “s” las “c” y las “z” , y mucho más desde un tempranísimo exquisito manejo del más escrupuloso castellano.

Fueron aquellos los primeros síntomas de una prodigiosa lucidez que ha sido uno de los grandes orgullos de nuestra Patria a lo largo de todos estos años. Y que en mi personal opinión tuvo su disparo de salida en esta elocuente viñeta que comparto:

Conversábamos a la mesa, luego de un espléndido atracón de comida cubana en familia, en nuestra casa de Madrid junto al río Manzanares. Más allá del balcón, la habitual vista del estadio de fútbol “Vicente Calderón” nos sugería la nostálgica imagen de otro estadio, el de baseball, que asomaba tras la ventana del despintado apartamento, también junto a un río, el "San Juan" de Matanzas, Cuba, que habíamos abandonado apenas unos años atrás. 
Alrededor de la niña en su pequeño trono, una tribu de nueve indocumentados, incrementada con los invitados o aparecidos habituales, disponíamos de arsenal suficiente para bombardear el fuerte de los olvidos con cualquier cantidad y tipo de municiones en forma de recuerdos y pareceres.  
La conversación derivó, suceso habitual, hacia uno de tantos disparates que, de manera constante, regalaba en aquella y todas las épocas el señor Castro a los cubanos. Algo como que "un cubo de lentejas tiene la misma cantidad de proteínas que un filete de res" (un bistec, como decimos en Cuba) “NO necesitamos comer carne”...

Los criterios que esgrimía eran tan absurdos que alguien casi entra en cólera:

- ¡Es indignante que un presidente sea tan infantil!
Daniela, que escuchaba y que aún no cargaba siete años, se dirigió a todos increpando con estricto acento castizo:
- Por favor, ¿me podéis explicar qué tiene de malo ser infantil?
           ...

Recibí una solicitud de Daniela hace dos días, pidiéndome un post acerca de la Jornada Mundial de la Juventud y los sucesos alrededor de la visita del Papa a Madrid. Anoche, mi hijo me mostró un artículo sobre el tema, que me hizo recordar la petición de mi sobrina. Se lo comenté:

- Daniela me ha pedido que escriba sobre este asunto y no he tenido tiempo, tomaré este de referencia porque me gusta mucho y...

- No te preocupes – me dice mi hijo – ese es el artículo... –

- ¿Qué quieres decir? -

- Es de ella el post, de Daniela... Te ha enviado un email -
Y de vuelta a mi ordenador leo:

“Tío, te pedí que hicieras una entrada en tu blog sobre la JMJ, pero aun así no pude resistirme a escribir un post yo misma. Me he creado un blog en el que intentaré escribir de vez en cuando (espero que la inspiración esté de mi lado) y el cual he comenzado con este post sobre la visita del Papa.”
Cold As Snow es el blog que inaugura mi sobrina Daniela:    (http://friocomonieve.blogspot.com/)

Os recomiendo el artículo: "Visita del Papa a Madrid".  
Por supuesto, lo suscribo plenamente.

____________________
(*) "El último café", tango hecho bolero

sábado, 11 de junio de 2011

50

Esta mañana, transparente y única como todas, me ha sorprendido sobresaltado ante la perturbadora noticia de que mi esposa, desde hoy 11 de junio de 2011, está casada con un señor de ¡50 años!
Me tengo que replantear seriamente el matrimonio, pues no me gustan las mujeres que andan con viejos. Sobre todo las que son tan hermosas, sensuales y nobles. Siempre he tenido la impresión de que estas, las pobres, no tienen muy claro lo que hacen. O que el fulano tiene mucho dinero. O que, evidentemente, esa mujer nunca ha tropezado con un tipo como yo.
Lo tengo decidido: puesto que está claro que ninguno de esos tres casos es el mío, esta semana misma hablo con mi esposa y, o me da un argumento convincente acerca de qué hace casada con un tío tan antiguo, o me divorcio.

Mi hijo todavía no sabe que, mucho tiempo después, este será el primer cumpleaños que recuerde de su padre. Los hijos, no importa la edad, tienen invariablemente la impresión de que los padres siempre han sido viejos. Lo digo como hijo. Y como padre. No son justos los hijos que cuando cumplen 50 años exclaman:
- “Caramba, recuerdo cuando mi padre cumplió esta edad... ¡Diablos! ¡pero él era ya un viejo cuando aquello!” -
Decidido: puesto que ese ha sido hoy exactamente mi caso, esta tarde me hago 20 fotos con mi chiquillo para que, mucho tiempo después, vea que su papito era tan joven como él, o más, el día que cada uno en su momento cumplió 50 años.

Mis hermanos anoche me lanzaban miradas de compasión con gesto resignado. Al felicitarme llegadas las 12, me parecieron un tanto desorientados, entre afligidos y conscientes de lo irremediable de la nueva rara situación. Ambos más jóvenes que yo, no conseguían evitar mirar desde cierta culpa. Algo así como se mira a un conejillo atropellado en la carretera.
Les comprendo: es la primera vez que tienen un hermano con la edad de Papá.

El resto de la familia se reunirá hoy conmigo en plan compromiso familiar, pasando por alto que, puesto que mi padre está al otro lado del océano, pegado a un teléfono en Cuba, han sido convocad@s en homenaje al segundo más viejo de la tribu y Cacique en funciones.
Que yo cumpla 50 años no altera en nada sus circunstancias personales y colectivas:
Mis cuñadas seguirán creyendo que los únicos hombres que existen son mis hermanos y, puesto que a estas alturas, como toda mujer moderna, deben estar convencidas de que todos los hombres somos iguales, estarán sorprendidas de que yo no las ignore. Pues no, hoy no. Es algo complicado de explicar.
Mis sobrinas pequeñas se darán ese baño de primas que no tiene igual en la tierra.
Mis sobrin@s mayores, cobijados por sus satélites naturales, recuperarán nuevamente por un rato el protagónico que resulta de ser, junto a mi hijo, el centro cronológico de la familia.
Los primos nos darán su casa, su bondad y sus oraciones sin faltar al amor.
Todos en la certeza de que a la tercera cerveza me quedaré dormido en el sofá y me despertaré con mi deshilachada melena convertida en una cómica trenza diseñada y confeccionada por mis sobrinas y aplaudida por todos.
Y me querrán. Incluso tan pobre.

Mis amigos al parecer han comenzado a darme, desde ya, tratamiento de jubilado. Últimamente ni se molestan con mis insultos ni se insultan porque no me ocupo de ellos, de escribirles, de llamarles y a veces ni de insultarles. Son la gran ausencia, ya demasiado larga y al parecer irremediable.

Y al final quedo Yo. Desorientado y configurado con los mismos sueños de siempre (es lo bueno que tienen los sueños no cumplidos) Crecido de dudas y deudas. Con menos certezas cuántos más años dejo atrás. Preguntándome acerca de la responsabilidad que me aseguraron llegaría con los años (nunca me dijeron con los cuántos años) Y preguntándome aun ¿cuándo voy a madurar? ¿por qué continúo haciendo muecas delante del espejo? ¿hasta cuándo seguiré aplazando la compra de una muda de ropa bien cara, de esas que no dejan lugar a dudas acerca de tu ideología? ¿cuándo dejaré de andar haciendo chistes a toda hora acerca de todo de manera irreverente y despiadada y con absoluta carencia de tacto y sin atender a la realidad de las arrugas que seguramente tengo y todos ven pero a las que no rindo el respeto que merecen o que merezco por culpa de mi absoluta carencia de un apropiado sentido del comportamiento? ¿para cuándo aquello de ser un adulto no cronológico sino real y necesario?

Hoy cumplo 50 años y tengo mi hambre y la razón ancladas en los 18. No elijo esa edad al azar: lo único que me advierte de la conveniencia de cierta contención es lo ineludible que resultan cada vez más las Garras de La ley del Hombre. Cada día más próximas esas garras a cuanto toco y se me aproxima. Cada día más falsas , más absurdas, más ilegítimas. Sigo queriendo luchar contra esas garras, porque creo que es uno de los pocos buenos motivos por los que luchar. Y lo haré, aunque cada mañana, como esta de hoy, una interior voz amiga, bromista y seria, me advierta:
Cuidado, todo lo que diga el Gobierno puede ser usado en tu contra.

Hoy, al cumplir 50 años, descubro que he recuperado algo que creí agotado hace mucho tiempo: mi Futuro, aquel sobre el que una vez canté que había pasado ya.
Hoy que cumplo 50 años he descubierto que tengo un Futuro nuevo. Y este no dejaré que me lo arrebaten. Esta vez no lo dejaré escapar.
Cumplo 50 años sabiendo que estoy empezando a vivir.
Quiero estudiar.
Quiero ser libre.
Y quiero estar con los míos otros muchos años.

Rubén A.M.
Junio 11 de 2011

viernes, 8 de octubre de 2010

El Nobel que quiero para mí

Caminaba yo bajo mi abundante y despeinada melena (“agresiva”, como imponía mi configuración estética para aquella Cuba de los primeros 80s), junto a dos amigos que me superaban, cronológicamente, en más de una década, intelectualmente, en más de una vida. En acceso a la información, en menos de dos horas.

- Le dieron el Nobel a Lech Walesa – escuché que decía P a A...

A mi cabeza asomaron, confundiéndose en el orden, un par de preguntas: “¿Ese quién es?” “¿Qué habrá escrito ese tipo para que le den el Premio Nobel?”
No tenía idea de qué significaba aquel nombre ni de quién era su dueño, por tanto no se me ocurrió relacionarlo con el Nobel de la Paz. “Algún escritorzuelo desconocido más”, intuí penetrante.

- ¿Cómo lo supiste, por aquí o por allá? – preguntó A.
- Por allá... ¡¿por dónde va a ser?! – apuntó P, bajando la voz.

“Aquí” se refería a la prensa o la radio cubana. “Allá”, la radio de Miami, de “afuera”.
Entonces intervine yo. Sacudiendo la melena y poniendo voz de enterado mientras dejaba entrever la combativa indignación que correspondía espeté:

- Compadre, dime una cosa, ¡¿qué ha escrito el Malesa ese pa’ ganar el Premio Nobel de Literatura?!

No recuerdo nada más de aquel momento. Juraría que mis amigos se miraron y cambiaron cortésmente de tema.

Mi confusión tenía un soporte lógico y comprensible: en los círculos en los que me movía en aquellos años se hablaba de arte y de literatura, de música y amor. Nos intercambiábamos versos, canciones, sueños y novias. La vida toda era, para mí, aquello que vivíamos. De política sabía, sobradamente, tan sólo aquello que me habían inyectado en vena durante toda mi vida desde la primaria, en la prensa única oficial revolucionaria, en círculos de estudio políticos, en discursos, desfiles, domingos rojos, escuelas al campo y, de modo más sutil, bebiendo pergas y pergas repletas de nuevatrova, series telesocialistas, cine tercermundista presentado como arte verdadero y alternativo al “decadente imperio hollywoodense”, filosofía marxista-leninista, principios revolucionarios, ética socialista...
Nausea real evocar tanta tontería y maldad juntas.
En aquellos tiempos no tenía idea, entre otras tantas cosas, de la existencia de montones de escritores que yo jamás había leído y de otros más aún que ni sospechaba que existían. La asignación del Nobel de Literatura (eso creía yo) a un escritor desconocido (si lo era para mí lo era para todos), no podía ser más que otra de esas tretas y montajes del imperialismo siempre dispuesto a fabricar falsos literatos como recurso desesperado para enfrentar la incuestionable superioridad de los intelectuales socialistas.
Cuánta soberbia produce el comunismo en sus ignorantes feligreses, yo el que más en esos años (definitivamente, a esas alturas, ignorante más que devoto)
Aún así, pocas horas duró mi ignorancia, gracias también a la radio de “allá”. ¡Nobel de la Paz! La melena se me compuso de la vergüenza pensando en la conversación con mis amigos; tanta que aún hoy me sonrojo al recordar aquello. Bueno, francamente no tanto, puesto que lo confieso y me produce aparatosa gracia mi extrema ingenuidad.
Una vez puesto al día sobre quién era realmente Malesa y la verdadera dimensión del premio por él recibido, recuerdo que me emocioné profundamente.
En aquel momento el Nobel a Lech Walesa tuvo consecuencias fundamentales en mi vida: descubrí que había un movimiento en Polonia que renegaba del comunismo, un movimiento de obreros, simples trabajadores que se rebelaban dentro del sistema. Y ha sido esa la única vez que he considerado el Nobel, en lo personal, un premio realmente útil: me enteré que el comunismo era vulnerable (se enteró un montón de gente a mi alrededor y sospecho que en medio mundo); me enteré que el futuro luminoso que nos esperaba (del que la Europa Socialista era una especie de versión beta previa a la inminente y definitiva consumación Pro del paraíso comunista), tenía zonas muy oscuras también allí donde hasta ese momento todo se me antojaba perfecto, sólido y seguro.
Aún no entendía muchas cosas, pero el horizonte se llenó de colores, de matices inesperados. En esa época comencé a componer.

Hoy me ha sorprendido gratamente la noticia de que le ha sido otorgado a Mario Vargas-Llosa el Premio Nobel de Literatura 2010.
Es la primera vez, desde que Lech Walesa recibiera el Nobel de la Paz, que este premio me emociona. Antes del ochenta y tres era yo muy joven y muy creído para “aceptar los pareceres de generaciones pasadas” (ignorancia aparte). Después, nunca la ceremonia de los Nobel me ha parecido precisamente inocente o menos tendenciosa que lo recomendable como para enternecerme de modo favorable con sus dictámenes. Más bien todo lo contrario.
Hasta hoy, que he sentido sincera emoción y alegría. Si algo caracteriza la asignación del Nobel de Literatura es que, siendo el premio supuestamente más prestigioso y cumbre en la carrera de un escritor, esté tan permeado de imperdonables olvidos que ofende. Aún así no puede uno dejar de ser víctima de sus propias e íntimas vanidades, aunque estas estén conformadas por circunstancias que no controla: como tantas veces hemos comentado mi buen amigo poeta Alfredo Zaldivar y yo “el premio Nobel que siempre he querido para mí es que se lo den a Mario Vargas Llosa y a Milán Kundera”. Ya tenemos la mitad del premio.
Me alegro profundamente por el autor de La fiesta del chivo y Elogio de la madrastra; pienso que merece este premio y que existen sobradas razones para que se le haya otorgado.
Menos claro tengo cuáles han podido ser las razones de la Academia Sueca: ¿Por qué le conceden el Nobel ahora a Mario Vargas Llosa cuando ya parecía un hecho que nunca lo recibiría? Imposible saberlo a ciencia cierta. Hace muchos años que el gran escritor peruano es uno de los más importantes intelectuales del planeta, con una obra mucho más sólida que la mayoría de los que han recibido este premio en los últimos 30 o 40 años, por no decir “todos”. Pero, también es sabido que sus preferencias y posiciones ideológicas no comulgan con los postulados de los miembros de la Academia Sueca. ¿Qué puede haber ocurrido? ¿hay que creer en un vuelco ideológico? ¿en un sincero ataquito de justicia?
Habrá que esperar a otros premios. En cualquier caso este servidor, canalla y conspiranoico, no puede dejar de pensar en una suerte de lavado de imagen por parte de los miembros de la Academia Sueca ante el desacierto que resultó el Nobel de la Paz otorgado el pasado año al Comandante en Jefe del Ejército de los Estados Unidos, Mister Barack Hussein Obama.
Y no es que crea yo que estos doctos personajes han decidido corregir los criterios desde los que eligen al afortunado de entre los candidatos de cada año, ni que sientan vergüenza propia o ajena por algún que otro premio polémico otorgado en alguna que otra determinada ocasión (hablamos de quienes han concedido premios de la paz a Yasser Arafat y a Al Gore; hablamos de quienes ignoraron a Kafka y a Joyce y a Proust y a Borges)
Pienso, no quiero evitarlo, si no será que se están muriendo los akademikomsomoles que tradicionalmente decretan qué autores son dignos de exhibir en su curriculum esa medalla con el visto bueno del Iluminado Comité Sueco para la Canonización de Intelectuales Afines al que pertenecen, el tan exclusivo santificador Premio Nobel de Literatura.
Si así fuera no estaría nada mal, aunque sospecho que la entrega de curriculums por parte de komsomolkandidatos a los puestos vacantes ya deben estar congestionando los servicios de correo de Estocolmo. Este mundo está repleto de Intelectuales Afines, gente necesaria para hacer respetar los dictados de lo políticamente correcto.
Seguramente se trata de un lavado de imagen, pero no voy a disimular mi contentura aunque Vargas Llosa no necesitaba de este premio, pues pertenece, por derecho propio, al exclusivo club de los grandes de la literatura universal.
Y porque no ha hecho concesiones en su defensa de la libertad.
Y porque es de esos pocos poquísimos intelectuales indiscutibles que nunca nos han dado la espalda a los cubanos.

miércoles, 28 de julio de 2010

La soledad del pianista del fondo



Lo está dando todo.
Un poco, tal vez, porque se siente observado ya por medio mundo (o porque “por si acaso”) a través de esa cámara (pongamos que de fotos en modo “hacer grabación de video”), testigo para la eternidad de este momento único y espléndido, y gracias a la cual ahora podemos disfrutar de su interpretación.
Un mucho porque él es así: lo da todo cuando toca. Lo cuentan quienes le conocen. Y lo intuimos quienes le hemos escuchado o visto frente al piano en ocasiones.

Lo está dando todo aunque el local está vacío... o casi... o peor: las cuatro personas que consigo contar ocupando una mesa a la derecha ni siquiera miran hacia el rincón donde se encuentran “un pianista y un conguero tocando”.
Lo está dando todo ante sí mismo, para sí mismo y para su conguero. Y, por supuesto, para la chica, la única que observa y escucha.

Se me antoja que la chica es la verdadera protagonista de la escena. Ella sola llena todo ese teatro del universo para quien hace también su interpretación el excelente pianista. Es ella quien se eleva, flota desde esta versión que realiza Tony Pérez de “Levitando”, tema compuesto por Ramón Valle, otro extraordinario músico.
En ella, en la chica, está concentrado todo un intenso y multitudinario manojo de admiradores, fans o simples disfrutadores del buen hacer y del talento de este músico que en la Cuba de los 90, una época repleta de excepcionales ejecutantes del piano, consiguió destacar, muy joven aún, con sus aportes en los modos de interpretar, orquestar y crear-recrear desde ese instrumento.
En ella, en la chica, también estoy yo, exaltado y gratamente rendido a su talento, como ahora mientras lo escucho y lo veo. Y está el amigo, pianista, compositor y musicólogo Fernando Rodríguez “Archi”, quien, evidentemente conmovido también, ha enviado un mail con el link a toda su lista de contactos, entre los que me encuentro, con este Asunto: ¡¡esos músicos cubanos!!‏...

Importante ver el video: forma parte de lo que se escucha, aunque sólo escucharlo sería suficiente. Verlo, al gran pianista, y ver a la chica viéndolo es un detalle agregado que se nos concede, como cuando compramos un objeto valioso y caro y nos regalan por ello y con él una joya igual de valiosa e impagable.
Se concentra Tony Pérez antes de comenzar a tocar, marca el tiempo para el conguero y entra en la música, casi literalmente. Y desde dentro la amasa como un panadero a su futuro pan, la moldea como haría un escultor con el barro húmedo, dibuja trazos de ella y la llena de colores como un pintor, pero también la baila, la agita y la acuna y la besa, todo a un tiempo, todo en cada único y diferente instante.
Nada le distrae, nada le interrumpe, nada existe fuera de su música. Ni siquiera el flaco impresentable que con fingida indiferencia simula organizar un tanto el local ¿a la espera de clientes? mientras se va aproximando, hasta conseguir finalmente lo que en realidad le interesa: alcanzar la mesa de mezclas y bajar el volumen del piano.

Pero, nada distrae al pianista, nada le interrumpe, nada existe fuera de su música.
Ella, la chica, continúa mirando con aumentada atención; observa concentrada, disfruta medio sonriendo medio sabiéndose observada también, en breve y para siempre, por todos los que no estamos ahí... aún.
Ella mira dejándose mirar y asumiendo su rol de único testimonio físico de nuestra presencia desde este virtual “otro lado” del local, entonces futuro, hoy real y eterno gracias a la cámara, que es youtube.

¿Es ella la novia, la esposa, la probable pero enamorada chica del pianista? Quiero creer que sí, sería bello que así fuera. Pero, sería también un tanto aburrido y para algunos hasta vulgar.
Pongamos entonces que la chica es tan sólo la acompañante, en cualquiera de esas categorías anteriores, del dueño de la camarita de fotos “en modo video”, que filma para él, para nosotros, para la historia. De este modo, con el mayor de los respetos, puedo pedir prestada, para mi personal disfrute de este pequeño “film” (así lo denomina el mismo autor y probable dueño de la camarita y de la chica), a la bella y solitaria muchacha que mira, con el objeto de evocar una hermosa escena de una serie de televisión sobre la vida del compositor francés Hector Berlioz, que vi hace más de veinte años y que, aunque ya no debe parecerse a la versión original, me niego a abandonar.

En la escena que recrea mi memoria, el atormentado y romántico músico tiene un encuentro con una chica serenamente hermosa que no le pertenece. Conversan tranquilamente sobre temas intrascendentes, mientras van quedando atrapados en una larga e intensa mirada. Entonces él, de súbito, le pide a la muchacha que se quede inmóvil, detenida en el acto de contemplarlo. El apasionado compositor, pluma en mano, toma un papel y comienza a escribir música sobre este, dibujando a la chica en espontáneas e improvisadas melodía y armonía, como haría un pintor con trazos y colores, una suerte de Goya de los sonidos. Así hasta cubrirlo por completo con una extraordinaria pieza de amor. La escena ofrece, como protagonista principal, la música que va creando Berlioz y que se escucha mientras este la va delineando en el papel.

Así veo que toca Tony Pérez en el video. Así escucho cómo lo mira la chica.
El flaco impresentable aparece de nuevo y, esta vez sin disimulo, baja aún más la música. También así es ese oficio. Tony Pérez toca igual a Beethoven que a Ramón Valle que al propio Tony Pérez. Es de los que tiene un probable espacio en la historia de la música cubana. Pero eso en sí mismo no es intercambiable por una cesta de comida, algunas prendas para cubrir el cuerpo y protegerlo del frío y del qué dirán, o unos cuantos billetes con los que costear una habitación donde descansar y ducharse. Es el suyo un oficio inestable, sin garantías y a duras penas regulable. Pero, es también un oficio al que es imposible renunciar y del que es inútil pretender desligarse, y que se lleva hasta el final como una mancha en la piel o un tatuaje. El oficio de la música es como una condición de la que no te puedes desprender y seguir siendo tú mismo.
Eso ayuda a que una vez más nada le distraiga, nada le interrumpa, nada exista fuera de su música. Ni siquiera el flaco sonidista o miscelaneo o encargado del salón o simple camarero que vela porque no se moleste a los clientes.

Tony Pérez y los artistas como él tocarán a Gershwin y a Chopin y a Pérez Prado con la misma entrega, rigor, pasión y virtuosismo, en el Carnegie Hall de New York, en el Green Street Grill en Boston o debajo de un puente. Basta para ello que haya que tocar. Igual ante una pequeña cámara de fotos que ante una multitud.

A veces le bastará estar vivo para que un buen músico toque como el más grande.

A veces le bastará, como lo demuestra Tony Pérez en este video, que una muchacha le mire.

viernes, 11 de junio de 2010

Es 11 de junio


Es 11 de junio. La combinación de día y mes que más familiar me resulta: nací un día como hoy.
No tenía pensado realizar una entrada al blog a propósito, ni mucho menos. Para aplacar mis cada vez más crecidas necesidades de conexión con quienes amo, resulta que me ocupo cada año de recordar a todos los que puedo de entre ellos, algunos días antes, de que están a punto de “hacerme saber” que no se han olvidado este día tan particular.
Pero, sucede que he disfrutado tanto en las últimas 72 horas recibiendo felicitaciones, chistes, bromas, conjuros, ofrendas, proposiciones de ayuda espiritual... y cariño y buena energía, que no me resisto a dejar testimonio aquí de la tanta felicidad que me han procurado mis tan querid@s y conmovedor@s loc@s, diseminad@s por medio mundo, pero adherid@s a mis posturas como a través de un infinito o elástico umbilical cordón de afecto y de ternura.
Y, ciertamente, confieso que me es imposible contener cierto incontrolable ensanchamiento del ego.
Gracias a todos, por su cariño y por acudir a “mi llamado”.

Quiero, de modo especial, destacar dos “felicitaciones” que me han conmovido particularmente, hasta la mudez, el sonrojo, la lágrima. Y compartirlos con todos. Y públicamente agradecer tan incalificables regalos.

Mabel Cuesta, y su blog “De Nueva York a Matanzas”
Julito Font y su proyecto radial en internet “ANANTA”

Les invito a visitarlos, pues es también mi intención ofrecer a quienes no los frecuentan la posibilidad de disfrutar de sus personales proyectos.

Está claro que cada año estoy más indefenso.
.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Humor en Cuba, por PP Pelayo

El amigo PP Pelayo, en su blog, publica una breve semblanza de los primeros años de “La Seña del Humor de Matanzas”, para poner algo de luz en esa parte de la cronología de lo que constituyó una nueva manera de hacer humor escénico en Cuba y que, por reciente (¡cuánto daño sigue haciendo Gardel!), aun conserva los empecinados lados oscuros de las cosas que se resisten a morir (que es lo que sucede cuando algo pasa a formar parte de la historia).
Lo está presentando por entregas (ya va por la segunda) y, tanto en sus entradas como en los comentarios que suscita, se va delineando el perfil de ese momento en que la escena humorística cubana sufrió una transformación.

Argumenta PP Pelayo el por qué de sus artículos:

“Me di cuenta que existían pequeñas lagunas en la Historia de esos años y que algunos escribían esa Historia a su conveniencia, tergiversando la realidad a su antojo, sin contar otros chanchullos, típicos del ser humano, que han deformado muchas cosas.
Entonces el motivo de estas líneas es, obviamente, aclarar ciertos puntos en la Historia del humor escénico cubano entre los años 1984 y 1991. Años que viví con mucha intensidad como humorista en La Isla. Insisto: sólo me referiré a esos años y a esa manifestación artística, porque fui testigo presencial. Lo que sucedió después de septiembre de 1991 sólo lo sé por lo que me han contado, porque desde esa fecha he vivido en Santiago de Chile y no tengo derecho a “meter la cuchareta” en esa otra Historia
.”


La tempestuosa juventud que padecía yo en aquellos años me impedía observar, con la perspectiva apropiada, lo que a mi alrededor se iba cocinando. Vivía, sin mirar hacia atrás, pero tampoco hacia delante. Y consumía todo lo que aquel bosque de creatividad y amor que era La Seña del Humor, generaba. Por eso mis recuerdos de aquellos años son un caos total. No es que no existan, es que no consigo hacer coherente cada recuadro, cada viñeta que se me antoja lo vivido. Como un sueño, intenso y eterno, pero un sueño de otro al que me han permitido entrar para que conozca la felicidad.

Les dejo un par de fotos.
En la primera, encima, el Dúo “Violín y Silvestre”, mi guitarra y yo junto al genial músico y violinista Pedro Alfonso, en el Teatro Nacional de La Habana, durante el número de La Seña "El Hombre y su Instrumento".
La segunda es una reseña en la prensa de nuestra participación en un festival del humor, pero, considero ese recorte una “joyita” porque en él se puede leer el titular de la noticia que publicaban debajo de la que hace referencia a nosotros. No se lo pierdan.
Hagan clic en las imágenes para verlas ampliadas.

Les invito a que visiten la web de PP Pelayo y lean los artículos y comentarios. Y si alguien tiene alguno o un recuerdo, una foto, una denuncia, un chisme que aportar, ruego no se lo calle, pues la memoria suele ser traicionera cuando uno es tan joven aún, como Pelayo y Aramís Quintero, los principales instigadores de las revueltas generadas en las maneras de hacer humor escénico en Cuba gracias a ese hijo que engendraron junto al entrañable Moisés Rodríguez y que se llamó La Seña del Humor de Matanzas.

(I Parte) Algunas puntualizaciones sobre la historia del humor en cuba, durante los años 80.

(II Parte) Algunas puntualizaciones sobre la historia del humor en cuba, durante los años 80.

jueves, 6 de mayo de 2010

EL POEMA

Luego de tanto tiempo alejado del blog quiero retomar esta relación con un poema, el único poema "de otro" que me sé de memoria. Eso es todo un detalle, pues mi memoria es tan mala, falsa y traicionera como las mujeres en los boleros de victrolas.

Este es, para mí, EL POEMA. Desde él se resolvieron muchas de aquellas insolentes conjeturas estéticas y filosóficas que intentaban hurtarme las brujas asesoras del gran cacique y secuaces que reinaban y aún en la isla. Conjeturas cuya ausencia de solución, por otra parte, me auguraban un futuro de "hombre nuevo" en el que creí adentrarme durante algunos años y hacia el que orienté toda mi juvenil energía.
(No he conseguido dejar de imaginarlas, a las brujas, parapetadas tras la "joven poesía revolucionaria" con que a mansalva bombardeaban mi rusticidad cada instante cada día)

 


Es de Machado este poema total, poema thriller que, como las más espléndidas películas de mi memoria (sí, esa misma), lo tiene todo: vida, muerte, miedo, suspense... y sorprendente happy end.

Las dudas que pudieron quedar en mí, tras conocer estos versos, las solventó poco después un voluminoso poemario de Pessoa que me propinó un nocaut absoluto del que jamás he querido recuperarme.

Antonio Machado y Fernando Pessoa, no en ese orden, bastan para contar al Hombre.

 



Daba el reloj las doce... y eran doce
golpes de azada en tierra...

... ¡Mi hora! —grité— ... El silencio
me respondió: —No temas;
tú no verás caer la última gota
que en la clepsidra tiembla.

Dormirás muchas horas todavía
sobre la orilla vieja
y encontrarás una mañana pura
amarrada tu barca a otra ribera.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Dónde están los caballos

Conocí a Lázaro Horta porque Dios tuvo el detalle de hacernos crecer en el mismo barrio, con los mismos amigos, las mismas novias y el mismo extravagante capricho de querer hacer música. Aunque a estas alturas aún no sé si lo hemos logrado, nadie puede decir que el intento no se ha hecho. Lázaro, que al principio cargaba un acordeón que nunca supe de dónde salió, no ha podido levantar jamás las manos de las teclas desde el día que tropezó con un piano.
Recorrimos juntos millas y millas de sueños, música, risas y alguna memorable discusión de la que salimos ilesos gracias a su nobleza, su cariño y su talento para saber estar. Y fuimos inseparables durante muchos años. No existía el aire, el agua, ni el tiempo, pues todo lo que respirábamos y bebíamos en aquel eterno instante en el que estábamos detenidos era música, música, música. Años después supe que en los provincianos pasillos de la maledicencia se murmuraba que ¡éramos novios!.. No era para menos, ¿puede alguien creer que dos tíos anden juntos las 24 horas del día sólo en la tontería de la música? Y, horror, ¿qué no habrá pasado por aquellas cabezas y lenguas cuando cierto día nos dimos de bruces con el genio, el ingenio y el violín de Pedrito Alfonso y comenzamos a ser Trío en nuestra apasionada orgía musical?

Ha pasado mucho tiempo y, salvo el espacio físico que existe hoy entre nosotros, todo en el alma se mantiene intacto.

Esto no es una entrevista como merece el cantante preferido de mi ausente y dulce madre. Apenas tocaré algunas cuestiones para que Lázaro Horta, con quien no he vuelto a hacer un concierto desde hace más de 15 años,
nos dedique un rato
y nos cante el cuento
de esos tantos cantos
que de cuando en cuando
unos cuantos tembas
tontos como antaño
recordamos tanto...

- La primera pregunta que surge es una que hace más de 40 años me estás haciendo tú a mí: “Rubencito, ¿tú nunca vas a cambiar?”. Pero no te la voy a responder porque hoy, aquí, el que pregunta soy yo.
Pero, claro, mijo... cada vez que me miro al espejo me sorprendo lo pa’ bajo que va todo. Te confieso que hago mis rutinas de ejercicios para detener el impacto de los cambios físicos que ha hecho el tiempo en mí. Ahora, si me miro por dentro, créeme que la transformación interior ha sido enorme. Tengo menos miedos y eso me ayuda a enfrentar la vida con lo que trae día a día. Ya sé orar y ha crecido mi fe y todo eso hace una gran diferencia con aquel muchacho inseguro que recuerdo. Si, Rubén, he cambiado compadre, el reto diario es en hacerlo notar.

- Preséntate.
Lázaro Horta, hijo de Mario Luis Horta y Migdalia Vento, oriundos de Matanzas, Cuba. Me crié en Pueblo Nuevo, un barrio cerca del Río San Juan. Estos detalles aparentemente insignificantes hacen la diferencia (me diferencian) de quién podría haber sido si hubiera nacido o me hubiera criado un poco más al norte, en la ciudad de West Palm Beach, Florida, en Los Estados Unidos…Mi Padre se cuestionó en los años 60, como muchos cubanos, si valía la pena permanecer en Cuba después de que el desgobierno cubano le quitara la pequeña bodega que tenía para sustentarnos, y mi mamá fue la que dijo que no lo seguiría. Todo esto me define como cubano, matancero y guajiro, porque tampoco nací en la capital, ni siquiera en el segundo piso del Vedado, como dicen por acá. Así que canto en español, digo malas palabras por mi ascendencia española y hago alardes cuando juego al dominó con mis amigos… ¿Qué más me puede definir?

- ¿Adónde fue a parar aquel acordeón?
Papi se apareció un día con el acordeón más grande del mundo. Yo tenia 9 años y lo había conseguido dando a cambio una goma de su viejo Chevrolet. Ni te digo lo emocionado que estaba. Fue el instrumento que me dio la posibilidad de hallar mis primeros acordes y componer algunas descanciones con letras de rompe y rasga que yo creía que eran las mejores del mundo, por lo menos eso decía mi abuela. Ahora mi viejo acordeón permanece arriba del escaparate de la casa de mi madre, como una reliquia intocable del que fuera el primer instrumento que tocó “mi hijo”, como suele llamarme Migdalia para celo de mis hermanos. Se ha reducido, empequeñecido por el paso de los años y ahora resulta casi increíble que en aquel tiempo yo casi no lo podía cargar. Gracias, Papa, no te olvido entrando por la puerta de casa con aquel acordeón rojo.

- ¿Cuantos años llevas tocando el piano?
El piano vino porque la batería me tenía aburrido. Eso fue en la Escuela de Artes de Matanzas. Yo estudiaba percusión, pero siempre estaba en los cubículos de piano. Recuerdo que una de las primeras canciones que intente aprenderme era aquella que decía…"En cada cuadra un comité, en cada barrio, revolución"…Era lo que escuchaban los muchachos de otros niveles de música en la escuela; así que en lo que va y viene le estoy dando piñazos al piano por lo menos hace 39 años…!coño!.

- Recuerdo discos de vinilo y enormes libros repletos de partituras con música de Barry Manilow, Billy Joel, Michael Legrand. Dos preguntas: ¿Cómo llegaron aquellos libros a Cuba, a tus manos? ¿Te sirvieron de algo, aparte de marcarte como un joven con ciertas “debilidades ideológicas”?
Jejeje…En aquellos tiempos nosotros no concebíamos no pertenecer a la Juventud comunista y defender con gritos y aspavientos, como buenos cubanos, aquella cosa en la que nos habían formado, por lo que cuando vinieron los primeros cubanos de “la comunidad” yo tocaba en un combo que se llamaba “Los Tigres 76”…ese nombre se lo puse yo, para que quede claro. Cantábamos canciones de Los Pasteles Verdes, Los Iracundos y alguna que otra canción de José Valladares (sin comentarios), aquí es cuando me atrevo a decirte, “Rubén…Coño, algo he cambiado no”…En el combo teníamos a un baterista que era el dueño de los instrumentos y con el había que morirse porque sino…”me llevo la pelota”…Este tenía una prima “gusana” que trajo unos libros y discos de artistas norteamericanos que yo conocía cuando escuchaba la WQAM con los radios rusos y aquello fue la revolución cultural del combo. Me aprendí las canciones de Barry Manilow y de Billy Joel y los amigos nos decían que nosotros las tocábamos mejor que ellos..!Ay!, si no fuera por los amigos…Recuerdo al grandísimo músico cubano Oriente López en el Teatro Hubert de Blanc mirando los acordes que le estaba bajando al piano y una vez más agradecí a los yumas poder alardear de mis habilidades con los libros del enemigo.

- ¿En qué momento se coló en tu vida esa cosa “tan ajena”: la música tradicional cubana?
Un día estaba a la salida de mi escuela y conversaba con el presidente del Taller Literario que después resultaría ser uno de mis mas grandes amigos, el Señor Alfredo Zaldívar, y este me instaba a que montara algo de Barbarito Diez. Yo no pude hacer otra cosa que reírme e inquirirle que yo no iba a cantar canciones de ese viejo parao’ como una estaca, aburrido y otras porquerías más que se me ocurrieron en aquel momento. La ironía de la vida, que a veces tarda mucho tiempo en revelarse, hizo que en mi primer disco producido, arreglado y cantado por mí hallan cuatro canciones que inmortalizara la sin igual voz de Barbarito…Fue un proceso de reconocimiento que vino también al codearme con personajes como Rubén Aguiar que le metía a la trova en la misma costura y me enseño de primera mano a la guitarra en la pequeña sala de su casa en San Vicente, Pueblo Nuevo, la sutileza de canciones como Longina, La Tarde, Perla Marina y otras tantas que impactaron para siempre mi modo de seleccionar lo que quiero cantar…si no están a esa altura…que las cante Alfredito Rodríguez, un icono también de nuestra cultura cubana. He dicho.

- Cantaste, como casi todos, mucha “nuevatrova”. ¿Aportes? ¿Desengaños?
Todo, absolutamente todo forma…No provengo de una familia culta, ni de intelectuales, ni de clase media, por lo que todo ha devenido en un esfuerzo por encontrar “la forma” de formar de la mejor manera posible mi vocación por la música y el decir. La difusión mediática de aquellos años en que los Beatles estaban prohibidos y que Julio Iglesia y los Formulas Quinta eran los reyes de la radio, y que la música más cercana a lo tradicional que se escuchaba era un programa que mi madre oía cuando “cosía para fuera”, con los éxitos de las películas mejicanas cantadas por Pedro Infante, Jorge Negrete, entre otros, hizo que yo repitiera lo “popular”. Me encantaba cantar aquello de …”Hipocresía, morir de sed teniendo tanta agua”…Pero, bueno, Rubén, si he cambiado, compadre…La nueva trova fue el despertar, el descubrimiento de una manera diferente de expresarme en la palabra cantada. Pablo Milanes, Silvio Rodríguez, Noel Nicola y tantos otros que impactaron de manera definitiva mi universo comunicativo dieron al traste con lo que de alguna manera trato de ser ahora cuando canto o compongo alguna canción…trato de imitarlos, son una referencia ineludible de mi formación musical. No, ningún desengaño relacionado con la música porque es de lo que estamos hablando. No me desviaré del tema señalando a que Partido Político están afiliados estos autores. Quiero despertar en el siglo XXII y recordarlos sólo por canciones como Yolanda, Te Perdono o Rabo de Nube…Lo demás, créeme que no me aporta…Por cierto, no recuerdo cual era el nombre del Emperador o Rey de Austria cuando Mozart compuso sus monumentales conciertos y Sinfonías.

- Eres, también, compositor, arreglista, productor. ¿Alguna preferencia?
He tratado en la música hacer un poco de todo y créeme que aunque lo disfruto lo he tenido que hacer para sobrevivir. Me hubiera gustado más dedicarme por entero a cantar, respaldado por un grupo musical donde el pianista fuera Julio Font ( Matancero que vive en Paris), por Danny Aguiar en el bajo y haciendo únicamente para mí los arreglos de mis canciones (Matancero que vive en Madrid), en la batería Tavera (Matancero que vive en Canadá), en el violín, el monstruo de los monstruos, Pedro Alfonso (Matancero que vive en LaYuma) y nutriéndome de canciones de Rubén Aguiar (Matancero que vive en España), Raúl Torres (Matancero que vive en el mundo), Frank Pablo Laucerica (Matancero que vive en Miami ), y así. El extra que le pongo a mi condición de cantante son intentos que distan mucho (y no lo digo por modestia) de lo ideal que hubiera sido todo para mí si no anduviéramos de parias por el mundo.
Preferencia?...Un concierto con todos ustedes en el Teatro Sauto y viviendo de esos talentos que Dios nos ha dado y que lamentablemente nuestro país no ha sabido (en presente) retener.


- Has sido líder de agrupaciones vocales. Cuéntame del Cuarteto Kairos.
Kairos es uno de los grupos que más satisfacción me ha dado en mi carrera. Fue mi primera relación con los negocios de Dios, que siempre son buenos, aunque tú necesariamente no lo seas y créeme que hay una gran diferencia. Fue el comienzo de mi relación con Jesús de Nazaret, que perdura. Con el grupo probaba mis arreglos vocales, mis canciones. Era un taller donde aprendí un poco de todo, que me ha servido para continuar insistiendo en ser un instrumento en las manos de Dios para dar un mensaje a través del talento que Él ha depositado en mí. A veces llego a la Iglesia (donde sirvo y trabajo para Dios) aburrido, obstinado, con sueño y sin ganas de cantar, y resulta que cuando termina el servicio lo que menos espero es que alguien se me acerque y me diga…- No sabes, Lázaro, cuanto me ha emocionado tu canción, cuánta carga negativa he soltado hoy gracias a tu interpretación. - Reconocer que Dios te usa a pesar de ti es de una satisfacción sin limites. En eso estoy.

- ¿Te interesa aún el trabajo coral? ¿Algún viejo sueño en el trastero?
Hace como dos semanas me llamó de Canadá un director de Coro que tenía en su poder un Aleluya que compuse en Cuba hace ya varios anos y que estreno el Grupo Kairos. Fue una sorpresa y aun mayor cuando me envió un cheque por eso, y dije…Aleluya yuya. Estoy en la inmediatez del diario vivir, lo que quiere decir que arreglo para voces y las uso en mis propias producciones. En mi disco Mi Herencia Cubana le hice un arreglo a voces, a manera de introducción, a la romanza de Gonzalo Roig dedicada a Matanzas y a Dulce Embeleso de Miguel Matamoros. Ahora acabo de terminar una canción de Julio Font que se titula “Te amo” a la que le añadí ocho voces cantadas todas por mí. Hay que ahorrar gastos. Este capitalismo no es fácil.

- Qué prefieres ¿cantar o tocar el piano?
Ha pasado el tiempo y ya una cosa está estrechamente vinculada a la otra. Ahora tengo el poder de rubatear donde me da la gana, cambio los acordes, manipulo el tiempo, la melodía la estiro. Es bastante cómodo hacer esto y no depender de un instrumentista con el cual tienes que ensayar, que es el caso también de acompañar a un cantante, por lo que si de preferencia se trata me quedaría con esta dualidad.

- Un hijo actor y otro ya estudia en una escuela de música. ¿Hubieras deseado para tus hijos otra profesión?
Qué te puedo decir…Nunca he pensado seriamente en “qué es lo mejor para mí que mis hijos sean”. Creo que es de un egoísmo desmedido y morboso. Cuando Aniel ( Mi Príncipe Mayor) empezó a ir a Talleres de Teatro me pareció fantástico, porque sé que no tenia condiciones musicales y míralo ahora, es actor de uno de los Grupos de Teatro para niños más prestigiosos de Cuba y el mundo: Las Estaciones. Lo de Gabriel, se pasó de liga con la musicalidad. Yo solía jugar con él cuando tenia tres o cuatro años, a repetir melodías y siempre me dejaba pasmado hasta que él se aburría de repetir y me decía….”Papa, is my turne now”….entonces me tocaba a mi repetir lo que él inventaba. Ojalá que alcancen la felicidad tan grande que me ha dado a mí encontrar en la música una manera de vivir y ser.

- Profesor, dibujante. ¿Si no fueras músico?
Pintor. Mi gran amigo Yovani Bauta se aterrorizó cuando vio en mi casa una pintura hecha por mí. Yo diría, como Nerón…No saben qué pintor murió en mi aquella tarde.

- Tu disco Mi herencia cubana (Colibrí Récords, 2006) ¿es el final de una etapa ó un nuevo punto de partida?.
Pretendo continuar con Mi herencia Cubana y llevarla a dos proyectos más donde abarcaré la etapa del bolero, la canción propiamente dicha, el feeling y después una última donde estarán mis canciones y la de mis contemporáneos y ahí estas tú de lo que no hay remedio. Esta trilogía musical será un resumen de todo el repertorio tan ecléctico que he estado cantando todos estos años y que estará organizado de esta manera.

- El exilio, ¿lección o bendición?
Fue la decisión más difícil de mi vida y la mejor. Todos los días me levanto con un sueño realizable donde lo único que me limita soy yo mismo y eso…es bueno.

-Para el hombre: ¿Matanzas o Miami? ¿Cubano o Americano?
Tengo una banderita delante de mi computadora que si la volteas por una parte esta la bandera cubana y por la otra cara la bandera de Los Estados Unidos. Cuando me levanto y me siento a trabajar me pregunto, - ¿Cómo te sientes hoy?”... en dependencia de cómo anda mi estado de ánimo viro la bandera. Hoy, no sé por qué extraña coincidencia, está por el lado cubano. Debe ser porque debía recordar algunas cosas de mi vida pasada que abarcaron 38 años viviendo en Matanzas, Cuba. Llegar, por otro lado, a los 48 y sentirme tan orgulloso de este país que me hizo un ser humano auténticamente libre, de espíritu y de acción!... Cuba es y será mi eterna referencia emocional y Matanzas un refugio al que volveré cada vez que visite a mi Madre en Pueblo Nuevo... ¿Te había dicho que Miami es la ciudad más linda del mundo?

- ¿Para el músico?
Para el músico, música. Bendita música, citando a Serrat.

- ¿Algún proyecto inmediato?
Mañana voy a ver si tengo deseos de seguir haciendo un arreglo que me encargaron y que no me gusta para nada, pero me pagan.

- Regálame alguno de tus famosos despistes.
Mi fama entre mis amigos no es precisamente como buen músico ni mucho menos. Lo que más los hace recordarme son mis repetidos despistes y los cuentan a manera de chiste en las tertulias que organizamos. El que más le gusta contar a mi hermano es el del día que estábamos comiendo en el restaurante “La Carreta” ( símbolo culinario de la comunidad cubana en el exilio) y se me acercaron dos muchachas y una de ellas con evidente alegría me dice:

- ¡Lázaro Horta!

Yo, al ver tanta muestra de cariño y sin reconocer a la exaltada muchacha, me levanté de la mesa, le di un beso y le dije:

- ¡Oye!, ¡qué bueno verte¡ - Evidentemente fingiendo que la conocía.

Yo trataba por todos los medios de hallar una pista que me condujera a la ubicación de esta persona; busqué desesperadamente en los archivos de mi memoria, pero la conversación se tornaba cada vez más intrincada y no lograba dar pie con bola de con quién estaba conversando tan animadamente.

Mientras tanto, sentía una incomodidad en la mesa donde se encontraban mi hermano y Ernestino (viejo y gran amigo). Después supe que, a mis espaldas, hacían apuestas de que yo no recordaba quién era la muchacha.

- Veinte dólares a que no sabe quién coño es. Decía mi amigo conocedor de mis despistes.
- No chico, no puede ser que él no se acuerde, si fíjate cómo le habla. - Ripostaba mi hermano, en mi defensa.

De pronto, una luz en mi mente y le dije raudo y sin pensarlo más:

- Oye, ¿y tu hermana la que toca el chelo?

Ella abrió los ojos, después los cerró y, poniendo cara de asombro, me dijo:

- ¡Lázaro Horta!, la que toca el chelo soy yo. – Exclamó, casi gritando.

Nos tuvimos que ir del restaurante sin comer porque a mi hermano y a Ernestino les dio un ataque de risa que no pudieron contener y aun más cuando vieron mi cara de circunstancia al tratar de enmendar mi equivocación con infructuosos esfuerzos que empeoraron la situación.


- De un viejo correo tuyo, donde me contabas algunos de estos despistes y otras anécdotas, elijo la última, justo para cerrar diálogo.

!Autosuficiente yo!

Recuerdo mis años en Cuba y aquella energía de mi adolescencia junto a amigos con los que compartía los mismos deseos de escalar la montaña del éxito artístico. Nos creíamos los mejores y para nosotros estábamos inventando todos los códigos musicales de nuestra época, sin competencia, desarrollando un ego difícil de superar.

El tiempo se encargó de ponerlo todo en su justo sitio y bajarnos los humos que habíamos adquirido a través de los años por nuestra ingenuidad e inmadurez.
La llegada a Miami se encargó de sepultar para siempre algún rastro de la otrora autosuficiencia.

Mi hijo Aniel se graduó de actor en La Habana y estoy orgulloso de lo que logró por sí solo sin la ayuda de nadie; ni siquiera hice una llamada telefónica a ninguno de mis influyente amigos del medio artístico para que “le tiraran un cabo”. Todo lo hizo por si solo y creció como hombre en todo ese tiempo.

Mi otro hijo, Gabriel, tiene 12 años y es ocurrente para expresarse. Vive en Atlanta y ha resultado tener evidente talento para la música. Desde muy pequeño ya jugábamos a los intervalos musicales de manera que yo le decía:

- Gabriel, ahora repite después de mí. Y le cantaba un intervalo musical.

Así sucesivamente el repetía con asombrosa precisión y yo le iba complicando la melodía hasta que me paraba y me decía:

- Now, It’s my turn papá.

Entonces cambiábamos los papeles de alumno profesor.

Hace poco vino de visita a mi casa de Miami y me propuse grabar dos canciones con él, para tenerlas como recuerdo de familia. Luché mucho para convencerlo y finalmente me dijo que sí, con la única condición de que no se la enseñara a nadie.
Le prometí, con los dedos cruzados en mi espalda, de que así sería y empezamos a hacer la maqueta con los instrumentos para después finalmente ponerle la voz.

Elegir las canciones fue una tortura china. Yo trataba de influenciarlo con algunas propuestas que me parecían idóneas para su voz, pero él permaneció firme en su decisión de cantar las canciones que ya previamente había elegido. Así que trabajé en uno de los arreglos y se lo mostré para saber su opinión.
Lo oyó muy seriamente y me dijo una palabra en inglés que no necesitó traducción dada la cara que puso cuando la dijo. Pude deducir que, para él, el arreglo no tenia ¡swing!.

- Es solo un demo para nosotros, Gabriel, please.

- Ok, go. Me dijo, muy americano él.

Empezamos la grabación y les digo con mucho orgullo que hizo una toma de voz perfecta. Yo lo miraba asombrado y erizado y al final le di un beso emocionado y lo abracé fuertemente.

- Gaby, !que bien lo has hecho hijo mío!. Le dije eufórico.
- Si. Me dijo desinteresadamente.

No obstante, quise ser perfeccionista y le dije presuroso:

- Gaby, qué te parece si repetimos esta frase para que te salga mejor, si?

Miró sus zapatos, relajó los hombros como cansado, alzó los ojos a mí y me dijo profesionalmente:

- Déjame escuchar y te digo si tengo que repetir.

!Autosuficiente yo!? ¿Se habrá cumplido aquello de que “de tal palo tal astilla?”

Todavía llamo a mi amigo de la vida Rubén Aguiar y cuando sale al teléfono le digo:

- Por favor, ¿hablo con el mejor compositor del mundo?

A lo que él me responde:

- Sí, por supuesto. De seguro hablo con el mejor cantante del mundo.

...

Aunque Lázaro no lo crea, según mi propia teoría de probabilidades, no es disparate pensar que quizás uno de los dos esté equivocado en su apreciación.
________________________________________________________________________

“Dónde están los caballos”, es tema de la autoría de Lázaro Horta, dedicada a su padre enfermo de Alzheimer.