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miércoles, 12 de febrero de 2020
Oscaridad
lunes, 3 de febrero de 2020
Magistral, exquisita, delicada... Promocionada en género equivocado.
Decir que me ha encantado deja en puro esqueleto el regalo que ha sido para mí el film "The Warden", escrita y dirigida por Nima Javidi, director iraní nacido en 1980.No supe que "The Warden" era iraní hasta que la terminé de ver y me lancé al ciberespacio a indagar sobre ella. El idioma que escuchaba sólo sonaba a música, que es como me suenan en el cine todos los idiomas que no son el español.
En realidad nada supe de la película antes de verla. Sencillamente no podía dormir y me enfrenté a la red a ver qué aparecía.
Como es frecuente en internet y en la prensa en estos tiempos meticulosamente desenfocados de la realidad, los géneros con que se promociona "The Warden" no tienen nada que ver con la película. Y otro tanto la solitaria crítica que he encontrado en otro idioma que no sea persa. Se lee… "Género: Misterio, Romance, Drama"… Increíble.
Claro que cada uno ve la película que lleva dentro. Pero hay un cine histórico que no se puede ignorar cuando te sientas ante un film poco común, realizado con mucho talento y maestría, como en este caso.
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| The Warden - 2018 |
"The Warden" es una comedia. Una comedia que, a pesar de estar realizada en Iran por un iraní, se puede insertar, sin comillas, dentro de la Comedia a la Italiana de los años 60-70 del pasado siglo. Una comedia magistralmente concebida y conseguida. Un tipo de humor muy particular, apenas expuesto, insinuado. Un humor de situación recreado con levedad tal que hace desaparecer cualquier sentimiento de burla hacia lo ridículo de la situación. Un humor que es el verdadero protagonista de dicha situación.
No queda otra que reconocer lo lejanos que van quedando los años del cine anteriores a la era internet. Lamentablemente, también del tan buen cine, como la Comedia a la Italiana.
Lejanos ya sus directores, Dino Risi, Mario Monicelli, Vittorio de Sica, Ettore Scola, Luigi Comenzini, Nanny Loy, Pietro Germi.
Lejanos sus actores, Alberto Sordi, Marcello Mastroianni, Vitorio Gassman, Ugo Tognazzi, Totó, Nino Manfredi, Walter Chiari, Giancarlo Giannini, Monica Vitti, Claudia Cardinale, Sofia Loren, Ornella Muti, Stefania Sandrelli, Gina Lollobrigid
"The Warden" es como un trabajo de tesis a propósito de esos directores, actores y sus películas. Una tesis que los recrea al tiempo que les rinde homenaje. Tesis y homenaje también a aquel tipo de humor que consiste en recrear la solemnidad con que reaccionan los protagonistas ante situaciones poco solemnes.
Me gustaría encontrar una entrevista a su director y guionista Nima Javidi, para confirmar que fue su intención homenajear a esos grandes films, actores y directores del cine italiano. Preguntarle yo mismo un tanto más a propósito.
El parecido físico y la caracterización del protagonista, interpretado por el actor iraní Navid Mohammadzadeh, con el genial actor italiano Nino Manfredi no puede ser una coincidencia. Navid Mohammadzadeh, de 34 años, consigue una magistral representación que hace pensar todo el tiempo que estamos ante un maduro Manfredi, el siempre brillante actor italiano, contenido, dueño y señor del mejor humor de la gran pantalla.
"The Warden" está ambientada en los '60. Y, aunque sigue una clásica estructura de thriller y como tal canaliza la tensión de manera gradual hasta el final, las herramientas que la convierten en una obra cinematográfica de primera son otras.
El delicadísimo humor. El ritmo impecable. El manejo del tiempo que, una vez planteada la trama, agrega a la anécdota la tensión que hace al espectador preguntarse cómo va resolver el realizador llenar la hora y media restante sin malograr esa misma tensión ya creada, la finísima linea de humor y la magia toda de la puesta. La fotografía y la música a nivel.
Y sobre todo la insinuación, el coqueteo y la recreación de aquel gran cine que los italianos nos regalaron durante alrededor de 20 años.
"The Warden", con su combinación de película iraní y Comedia a la Italiana me ha regalado uno de los mejores momentos de este intenso Festival de Cine en Cuarentena que todos hemos estado disfrutando o padeciendo estos meses.
Está tan lograda que, incluso quien no consiga entrar en frecuencia con el tipo de humor planteado, va a disfrutar de una magnífica película.
Habrá que seguir a Nima Javidi.
viernes, 20 de diciembre de 2019
Abuelarosa
¿Cómo puedo saber todo lo que quiero de todas y cada una de las personas que aparecen en esta foto? ¿Cómo saber todo lo que quisiera de esa señora, al centro, que los engendró? ¿Cómo saber del hombre que ahí falta, el que puso la otra mitad, el padre? Porque son 16 hermanos y hermanas alrededor de la señora y su tanta paz en el rostro. Porque justo a su lado, la segunda en la hilera del centro, con blusa blanca de bandas y mangas oscuras y mirada que amo es Rosa Dávila, la madre de mi padre. Abuelarosa. ¿Cuánto será lo tanto que quiero saber? Sus nombres todos, sus edades, sus destinos. ¿Cómo saber sus gestos y sus manías, sus miedos y sus sueños? Puedo imaginar el color de sus voces, algo graves como la de Abuelarosa, quizás. ¿Olerían también a miel y cigarro? Puedo aventurar un punto melancólico en sus cada miradas, desde ojos transparentemente impregnados de luz de campo, incapaces de ocultar esa luz del campo de Cuba. ¿Cómo fueron esos nueve hombres en sus juegos y sus torpezas? ¿Cómo esas siete mujeres en sus sobresaltos e ilusiones?
¿Serán acaso mis propios sobresaltos, mis torpezas, mis juegos y mis ilusiones aquellas que de ellos quisiera conocer? De pronto descubro que puedo estar soñando sus sueños, temblando sus miedos, disimulando sus gestos y manías. Con muchos otros, por supuesto, los que provienen de los otros tres causes que abonan mis venas e interrogantes. Pero estos que miro han aparecido de repente esta noche en esta foto que no conocía, que me deslumbra y disfruto por primera vez. Llevo la sangre que cargaron durante toda su vida Abuelarosa, sus seis hermanas y nueve hermanos. Poco a poco se fueron marchando. Más de cien años tendrían ya casi todos. Pero se están moviendo ahora mismo dentro de mi cuerpo. Corretean, se abrazan, ríen entre ellos, se tocan ellas, emocionadas. Es la primera vez que se ven dentro de mí. ¡Y hace tanto que no se ven así juntos! En unánime ritual de tragar hasta el fondo siento que se beben la más deliciosa leche ahumada que ha bebido jamás alguien sobre la tierra, la que nos hacía a sus nietos Abuelarosa y que estoy seguro aprendieron a beber y hacer desde las manos y la ternura de su madre, la del centro, la del rostro de paz. No sería yo sin ella. Y no sé su nombre.
lunes, 9 de diciembre de 2019
Tonadas Guajiras Cubanas en Décimas de mi Padre
Aún no puedo detectar si yo llegue a la música a través de la poesía o si, justo lo contrario, la poesía se hizo ante mí arropada en música.
La más sorprendente expresión de la poesía, al menos la que más lo es para mí, está indisolublemente ligada a la música: se llama repentismo y se cultiva o practica, hasta donde sé, en casi todo el mundo. El repentismo tiene variadas formas y nombres en distintas regiones del planeta. Consiste en improvisar versos, cantándolos, generalmente mientras una guitarra o instrumentos folklóricos acompañan al poeta. Los instrumentos, las tonadas o melodías y las estrofas poéticas suelen ser diferentes en las distintas regiones del mundo, aunque este modo de expresión de arte popular es en esencia el mismo. Por ser una expresión cultivada por gente de pueblo, fundamentalmente de campo, en la mayoría de los países o regiones donde se practica no hay una particular reglamentación a propósito del tipo de estrofa o de música a las que deben ceñirse sus cultivadores. La posibilidad de tomarse licencias de tipo técnico no restan calidad ni valor al buen hacer de estos versificadores.
Pero yo nací y me crié en Cuba, indudablemente el lugar donde con mayor severidad se castiga a quienes violan las, allí sí, estrictas leyes y parámetros que conforman la estrofa poética única que han de usar sus repentistas: la décima espinela. Para colmo de presión, esta estrofa ha de ser improvisada con y desde una melodía musicada por el poeta mientras va creando sus versos bajo el inclemente escrutinio de uno de los pueblos más musicales que existe. Aunque el nivel de exigencia es menor en el aspecto musical, la realidad es que una buena melodía o tonada y una voz hermosa y afinada aumentan considerablemente las posibilidades de culminar airoso una presentación o de resultar vencedor en una contienda poética entre repentistas, las llamadas controversias.
Cuando se hace repentismo en una sala o batey o patio en Cuba el público no te está evaluando: te está realizando una verdadera autopsia estética.
La controversia es un género violento, probablemente tanto como lo eran los combates de gladiadores en el coliseo romano hace más de 2000 años. Y hay que estar preparado y en forma. Si no quedas bien es mejor que te retires y a otra cosa. Es precisamente por ello que existen tantas décimas improvisadas de esa manera en Cuba que forman parte de la historia de la poesía universal.
Yo fui amamantado bajo un aguacero constante de décimas y tonadas, hermosas pero tristes en su mayoría, como suelen ser las canciones, las leyendas y las historias de los pueblos. Mi madre, exquisita interprete de tonadas y décimas, vertió sobre mí y sobre mis hermanos toda la mágica grandeza de la expresión menos adulterada de la cubanía en aquellos tiempos de nuestra infancia, que era la música del campo cubano, guajira, verde, con aroma de humedad y cristalina, de palma, de manantial, de caña, café y (oh, pecado) de tabaco. Aumentada la tanta magia por la dulzura desde la que madre hacía llegar a nuestros oídos aquellas tonadas y décimas, al convertirlas en susurros y despojarlas, para sus tres pequeños, de esa suerte de violencia con que la impronta de la improvisación y la presión del jurado público suelen arroparlas. Mi padre es el mayor amante de la décima criolla que conozco. Y uno de sus más fieles cultivadores. Antes de aprender a pensar yo aprendí a rimar y a comprender en versos, octosílabos, incompletos si no sumaban diez, consonantes y sin rima interna. Antes de aprender a hablar y a escuchar yo cantaba mis lloros y mi risa y el mundo era para mí una melodía entonada por el amor de mis padres.
Quizás por eso yo soy un hacedor de canciones inapelable. No se me ocurre que pueda existir traje mejor donde amparar mi desnudez, manera más precisa de contarme, de hacerme entender, de transparentarme. Ni tampoco, por supuesto, de rebelarme, increpar y exhibir la miserias y las virtudes que aprendo o diseño y que me perfilan cada día.
La poesía y la música son una misma y única señal en mi expresión y mi percepción.
Décimas de Rubén Aguiar Dávila
Tonadas Guajiras Cubanas
Guitarra y Voz Rubén Aguiar Muñoz
Violín Pedro Alfonso
viernes, 18 de octubre de 2019
Mi descolorida y enorme camisa matancera
Pedro Alfonso era la voz de Matanzas. Lo que quiere decir una de las mejores voces de Cuba. Y un encantador de almas. Lo quise mucho y lo extraño enormemente.
Y para que en el pueblo no necesitáramos ni televisión teníamos al pianista: Gilberto Perez Lavastida. Que desapareció temprano: "!se fue pafuera!"... dicho en voz baja, por supuesto. Lo recuperé en 2007 en New Jercy.
Este tema acaba de compartirlo Gilberto. Y me ha transportado a ese trocito mío... y de mis hermanos Angel y Danny y Pedro Alfonso y Lazaro Horta y Alfredo Zaldivar y más... los del "algo".
¿La Habana, Madrid, Miami? Nunca dejaré de ser de provincias.
Gilberto Perez Lavastida
YouTube
Este audio de los años 70s, con Pedrito Alfonso y yo al piano. Es una de las grabaciones que hicimos para la radio en Matanzas, para el programa Ondas de Matanzas.
Les recomiendo que vean otros videos de composiciones de Esperancita Chapela, y otros mas del cabaret Continental de Varadero. Si pueden suscribanse a dicha pagina y denle LIKE a los videos que puedan ver. Mil gracias.
domingo, 13 de octubre de 2019
Canciones de Cassette.
jueves, 27 de diciembre de 2018
Alberto Pichardo
Aquí si cabe aquello de “esto no puede ser”… no debiera… el Picha era eterno… grande, hermoso, brillante… el más brillante de todos… no hay sentimentalismo en ello: era el hombre con mayor sentido del humor que me dio la vida… ese sentido que es proporcional a la inteligencia… y ya no hay cómo destronarlo porque se ha ido el primero y siempre será mejor el chiste aquel de Pichardo que no podemos recordar… y tengo rodando por el rostro junto a la rabia sus insuperables comentarios sobre cualquier cosa… inagotable el hermano grande… tengo su abrazo abrazándome desde esta tarde cuando supe que ya se iba hoy… su abrazo es el abrazo más hombre que he recibido y que he dado… era un abrigo Pichardo, desde los primeros y peores inviernos que fue aquel nuestro primer exilio en los noventa… Madrid es también el gran abrazo de Pichardo, sobre el que me dijo una tarde de Negra Tomasa en que nuestras bien cultivadas barrigas atentaban contra el beso tras los meses: “Vamos a tener que empezar a abrazarnos de espalda”… esa misma tarde, desde la mesa en que se bebía en heineken nuestra actuación, interrumpió con su voz redonda un tema de Jobim del que ya habíamos cubierto los primeros acordes, diciendo: “Aguanta, aguanta, Rube - y mientras se levantaba - que esa canción no se puede escuchar bebiendo cerveza, déjame pedirme un whisky, ve cantando otra”… el Picha era “una completa” del disfrute… tenía un trago distinto para cada tipo de música… desde su clásico gin tonic hasta el destornillador reforzado “más vodka que naranja”… y no nos podía faltar el Picha en ninguna de nuestras historias… llegaba el primero y se iba el último… no le importaba despilfarrar tres horas para regresar a su casa en El Escorial… cuando comenzaba a amanecer partía y luego, la mar de las veces, estaba nuevamente de regreso al final de la tarde… era el hombre solo que más compañía era… “¡¿dónde está Pichardo?!” es quizás la frase que más se repitió en el Madrid de estos últimos 23 años… significaba el cariño todo, desde y hacia... le daba sentido a cada encuentro, era el asiento sobre el que nos acomodábamos para ser… y no era poco el enorme ser que éramos todos los pocos juntos… sé que voy a repetir este sobresalto de hoy cada una de las pocas veces que recuerde que el Picha ya no está… porque está claro que será eso su partida: una sorpresa de vez en vez… el resto del tiempo, como siempre “Mi hermano, dale pacá’ que viene Pichardo… que ya está llegando”
lunes, 19 de noviembre de 2018
viernes, 9 de noviembre de 2018
Vicio poeta.
Vicio poeta. Es el vicio que se adquiere escribiendo poesía. La dulce y siempre cariñosa poeta matancera Carilda Oliver Labra, me señaló una mañana de taller literario en Varadero que yo tenía ese vicio incluso en la poesía misma, en la décima. Rondaba yo los 17 años y lógicamente, en testosterónica arrogancia adjudiqué aquella observación a su "pertenencia a una generación más conservadora en el lenguaje y las formas, incapaz de comprender los nuevos caminos que abríamos a la poesía (a la décima en este caso) la gente nueva". Cómplice y testigo recuerdo a mi amigo Fernandito García, quien además de la sonrisa compartía conmigo en aquellos tiempos (palabras de su padre Fernando García... de esos tan todos grandes poetas García de Sabanilla) "el honor de constituir la avanzada en la renovación de la décima guajira escrita en Matanzas". Importante subrayar "guajira", porque prácticamente todos los poetas en Matanzas, en esa y en todas la épocas cultivan, de modo exquisito, la décima. Pero nosotros éramos los hijos de los guajiros, de los repentistas, que renunciábamos al repentismo (¡ya nos hubiera gustado tener en ese género el talento y la estatura de nuestros padres!) y tomábamos la pluma para intentar ese mismo repentismo sobre el papel, procurando un lenguaje, si bien menos espontáneo y seductor, al menos más "trascendente" y ambicioso en términos literarios. Muy creídos ¡rimbombantemente creídos! pero divirtiéndonos a lo grande, nos hicimos de un espacio en el guateque. Hace unos años Fernandito se murió en abril siendo un incondicional de mi décima. De alguna manera y tras muchos recados a Madrid consiguió burlar mi dejadez y que le enviara algunas décimas que publicó en un libro de poetas matanceros. También han muerto su padre y Carilda. No sé si se salvará alguna de aquellas nuestras ilusionadas décimas. Pero estábamos equivocados. Y la vieja-bella-Gran Dama de Tirry estaba en lo cierto, aunque me costó muchos años comprenderlo.
La contención y los silencios, esas torturas para un poeta joven, tienen la ingrata función de poner en equilibrio lo que sin ellas sería oscuridad, pasión y desahogo escrito, pero no poesía.
virtuoso de esa locura
que es combinar la ternura
de tu beso, que no cabe
en un verso, con la nave
en que subo descubierta
hasta la tierra) convierta
tu andar en faro, seré
un juglar cantando fe
con la guitarra desierta.
a mis noches las maneras
de tus quejosas riberas
de muros y caserones.
En ti se van las canciones
eternas, inconfesadas
que no atrapo, las aladas
fantasías que convoco
secretamente si toco
tus aceras elevadas.
Mi amigo el pintor, Yovani Bauta, me pidió una décima para escribirla sobre una vieja montura que estaba convirtiendo en una de sus piezas de arte. Así me habló aquella montura.
jinetea tu mirada
nostalgias de la tonada
que te acunó de pequeño.
Hoy me cabalga el diseño
perfecto, no soy la muda
montura, discreta, viuda
de preguntas y respuestas,
voy con la décima a cuestas,
ya no me siento desnuda.




