martes, 14 de enero de 2014

Espacio para el debate

Mike Porcel ha creado un espacio para el debate en su pagina web que recomiendo a todos. 
Entusiasma mucho el gesto de Mike de incitar a mantener en forma nuestra salud intelectual y espiritual como antídoto a este "Síndrome de Ganado Feliz" que nos autoinoculamos día a día... y al que, en el peor de los casos, no es necesario renunciar en tanto nos fumigamos con algo de pensamiento y de aquella antigua manía de crecer que nos hemos ido dejando en el camino... en plan "retro" quizás para los más "adelantados" en esto de la evasión... pero no olviden que el sepia es también un bello color... 
Rubén Aguiar Muñoz.

Comparto aquí la invitación y uno de los temas expuestos y ya comentado por algunos pioneros...
http://mikeporcel.com.hostbaby.com/forum/algun_comentario__any_comments/ 

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F O R U M
Un espacio bilingüe para el intercambio de ideas y opiniones sobre, (arte,) música, y cultura en general.
Participe. Su opinión es importante!
deje su opinión aquí en facebook (en español o en ingles) o vaya directamente a
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Cree usted que la música es capaz de transmitir emociones?



Igor Stravinsky (1882-1971) fue un innovador y polémico compositor, que pasó a través de muchas facetas musicales en su larga carrera. Éste es un fragmento de su famosa afirmación de que la música era incapaz de expresar ninguna emoción, nada en absoluto:
"Considero que la música, por su propia naturaleza, es esencialmente incapaz de expresar nada en absoluto, ya sea un sentimiento, una actitud de la mente, un estado de ánimo psicológico, un fenómeno de la naturaleza, etc. .La expresión como tal nunca ha sido una propiedad inherente de la música. Eso no es en absoluto el propósito de su existencia. Si como es casi siempre el caso, la música parece expresar algo, esto es sólo una ilusión y no una realidad. Es simplemente un atributo adicional que, por acuerdo tácito y empedernido, se ha ido quedando como prestado, como una etiqueta, como una convención. En resumen, un aspecto que, inconscientemente o por la fuerza de la costumbre, hemos venido a confundir a menudo con su ser esencial"
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F O R U M
A bilingual forum for the exchange of ideas and opinions, about (art) music, and culture in general.
Join us! Your feedback is important!
Leave your opinion here (in english or spanish) on Facebook or go directly to
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Do you think that music can convey emotions?

Igor Stravinsky (1882-1971) was an innovative and controversial composer who passed through many musical phases in his long career. Here are some of his writings on music, including his famous claim that music does not express anything at all: "For I consider that music is, by its very nature, essentially powerless to express anything at all, whether a feeling, an attitude of mind, a psychological mood, a phenomenon of nature, etc. Expression has never been an inherent property of music. That is by no means the purpose of its existence. If, as is nearly always the case, music appears to express something, this is only an illusion and not a reality. It is simply an additional attribute which, by tacit and inveterate agreement, we have lent it, thrust upon it, as a label, a convention – in short, an aspect which, unconsciously or by force of habit, we have come to confuse with its essential being.”

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viernes, 22 de noviembre de 2013

He probado a vivir

La canción "He probado a vivir" la compuse en 1987. Siempre me ha divertido considerarla mi "canción más larga en espacio", pues la comencé a escribir una madrugada en la Estación de Versalles, Matanzas, esperando el primer "Tren de Hershey" del día que salía a las 4:30 am rumbo a La Habana... y la terminé sentado en el malecón habanero, cómicamente lagrimeando al mar, una vez sorteadas las habituales 47 paradas y 4 horas de traqueteo de vagón durante las que apenas conseguí garabatear media estrofa en un papel que sí repleté de malas palabras... Es una canción que mide los algo más de 100 km que separan la capital cubana de mi nativa capital "yumurina". 
Hoy día ni siquiera sé si eso que acabo de contar sucedió exactamente así. Justo ayer, a propósito de un "recuerdo tus ojos" en los que a alguien que ama le va la vida, le apuntaba: "uno puede llegar a crear recuerdos... historias y situaciones que cada día va configurando y recreando en la memoria hasta tener la certeza que sucedieron exactamente de tal manera." ... No es razonable pero puede valer cuando se buscan la belleza y el placer... Además de ser uno de los componentes del arte: dar forma concreta, convertir en objeto real lo que no es más que la opinión, el parecer, la estimación de un hombre: el artista... 
En cualquier caso "He probado a vivir" es una canción hija de la suerte de andar con la guitarra a cuestas toda la vida... cualquier sitio puede ser el taller de crear, moldear, labrar una canción... o simplemente perderse en las de otros. 
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Directo del Concierto Secreto en Xtrings Estudio, Miami, el Septiembre 13 de 2013. 


He probado a vivir
Música y Letra: Rubén Aguiar Muñoz 

He probado mis cantos sin ti,
he probado a llorar y a reír,
a soñar con un tiempo mejor,
me he inventado un pasado sin sol,
regalé mis parcelas de mar,
mis tormentas, mi único huracán,
escondí los panales, la miel,
libo sólo flores de papel.

He probado a saberme sin ti,
a tomar la ciudad, a partir;
he probado a gustar el arroz,
a pecar en cualquier rincón;
he tirado mis juegos de azar,
mis confiadas maneras de estar,
convertí la esperanza en la fe,
hice público mi padecer...

Pero el espanto acecha sin tu luz,
la soledad y el miedo no hacen bien,
mis guardas escaparon tras de ti
y no encuentro manera de vencer.
Sólo podrá salvarme una canción,
un milagro, un refugio en otro amor...

Pero yo no quiero otro canto que tu voz
ni otro refugio que tu desnudez,
mis formas son perfectas sólo en ti,
en el reclamo noble de tu piel.
Yo no quiero otro amparo, otro calor,
otro milagro que tu corazón.

He probado a salvarme sin ti,
vale tanto probar a vivir,
procurar la esperanza, la flor...
vale todo por el amor...
Pero, cómo, si tú te vas,
si me faltas, si ya no estás...
Yo no quiero otro renacer,
otra luna, otro amanecer...

He probado a morir sin ti...

sábado, 26 de octubre de 2013

Mike Porcel: la Canción

Apuntes abiertos a propósito de los discos INTACTVS y Personal.

Pocas veces me he preguntado qué edad tendrían aquellos héroes de mi primera niñez, que se lanzaron a la conquista del oeste o al centro de la tierra o viajaban veinte mil leguas bajo el mar o en globo alrededor del mundo. Sabía tan sólo que estaban llenos de ambiciones y sueños de cosas nuevas, de mundos diferentes y mejores porque realmente sólo eso me interesaba saber.
Escuchando los discos INTACTVS y Personal de Mike Porcel no hacía más que preguntarme  “¡pero ¿qué edad tiene este hombre?!"  Porque Mike hace tanto que es un clásico que uno no espera verlo aún escarbando en la cima de una montaña, al parecer desierta, buscando oro o intentando convertir en oro cada piedra que extrae, la ropa toda cubierta de polvo y sudor, las botas rotas, hurgando, trabajando, como olvidado del tanto tesoro que, acumulado allá abajo, al pie de la montaña, le convierte en un hombre muy rico y le protege: su obra ya realizada.

  

Creados y expuestos en primera persona y de tal manera percibidos, siento necesidad de hablar también en primera persona.
Bellos, Mike. Bellos!  INTACTVS y Personal, como he dicho sobre algunos libros definitivos, son discos que no se dejan escuchar. Al menos a mí no me permiten avanzar, no de manera lineal en el tiempo. Cada canción es un mundo en sí mismo, un sitio al que tengo que volver una y otra vez para conseguir advertirlo, aprehenderlo en su totalidad. Termina una canción y la repito. Muchas veces va por la mitad y pulso con fuerza rewind para disfrutar o confirmar qué exactamente dijo el poeta o el piano o las cuerdas.
La única imagen general, la única en que como clones coinciden los 14 mundos de ese universo que has llamado INTACTVS y los 16 de Personal, es la Belleza. Belleza de la palabra y la música fundidas. Belleza de la Canción.
Acabo de escucharlos. Orgullo, Mike Porcel, es lo primero y más. Y lo segundo. Orgullo de ti que de alguna manera eres nuestro, aunque en este punto me desoriente y no consiga definir quienes somos exactamente esos nosotros que tenemos necesidad de sentirte nuestro, ni en qué sentido o con respecto a qué pertenecemos a un mismo grupo de algo. Aunque he terminado siendo un individualista radical, cierto pudor aún me impide llamarte sencillamente mío. Tampoco importa mucho. De pronto, mientras escuchaba esas grandes canciones, decidí que, para algún espécimen de persona al que pertenezco, tú eres o representas o simbolizas eso que uno llama “nuestro” en los inútiles momentos en que uno se siente masa o miembro de un colectivo o parte de… Nuestro como llamamos a algunos comportamientos tribales o a los equipos deportivos o a ciertas puestas de sol que “sólo nosotros comprendemos”. Y nuestro como, sin discusión, los mejores hombres de la ¿cuál? nación.
Escuchando tu música decidí también que no pretendes vender a nadie lo mejor que eres. Amén de lo muy difícil que es hoy día hallar comprador para lo que ofreces. Decidí por tanto que sólo lo creas y lo expones. El que lo quiera y lo entienda y lo merezca que lo disfrute y crezca desde lo que ofreces.
Ahora bien, hay algo que no “decidí” yo, algo que es simplemente un dato: Libertad. Libertad es tu música, tu decir, tus arreglos, tus modos melódicos y poéticos. Tu expresión. Libertad, ese requisito imprescindible para que suceda el acto real de la creación y la única atadura exigible para gestar lo bello, el arte. Atadura que, evidentemente, no has podido eludir teniendo en cuenta que en la canción hoy día la libertad es tabú. Y “Mis momentos felices” es la libertad de un hombre más que la de sólo un poeta, en la acepción más abarcadora del concepto. No sé si “Mis momentos felices” es tu-la mejor canción de ese o ambos discos, es tonto comparar e inútil, ni siquiera es mi preferida, ni siquiera sé si es tu mejor momento. Pero es el momento en que me has convencido de eso que “no decidí yo”. 
Y me voy a ahorrar los adjetivos, la explicación que describiría cómo te defino en tanto que artista, puesto que, me has avisado, evades las alabanzas tanto a la hora de recibirlas como de ofrecerlas, pero no me ahorro señalarte aquello de lo que me has convencido: el hombre no puede tener miedo a ser libre, hay que decir lo que se siente necesidad de decir del modo en que uno entiende y decide que lo debe decir. 
Insisto: libertad, amigo, libertad. ¡Con cuánta libertad está construido ese track 7 de INTACTVS! ¡Con cuánta Libertad todo en ambos discos!

Quizás al artista que cargas bajo la piel del hombre que eres no le quede más remedio que ser libre. Quizás no te sea posible “conectar” desde las maneras al uso. Quizás no sepas cuál es el modo apropiado para conectar y entonces te dejas la piel y haces lo que desde sólo ese acto de rebeldía puedes hacer: decir lo que quieres de la manera que puedes, que es siendo libre. Quizás todo eso sea así, pero me temo y quiero creer y creo, porque eso me dice tu obra toda, que tu propósito es justo ejercer tu libertad personal-artística, que es una y la misma, hasta sus últimas consecuencias, sin concesiones ni otra pretensión que el acto mismo de ser tú mismo en el acto de crear. Nada ni nadie a quien complacer. Fue en el momento justo “Mis momentos felices” que tuve que detener INTACTVS, dejé de escucharlo y comencé a contarte esto.

Finalmente acabé de escucharlos los dos a la no sé cuánta vez. Al fin sin detenerlos. Bellos, Mike. Y sólidos y enormes pero fundamentalmente bellos!  
Ahora me queda por delante el tiempo de aprehender cada canción de manera independiente, fuera de la fiesta al alma que son tus dos discos. El tiempo exacto de cada canción.
Qué gustazo!

Rubén.


by Mike Porcel

© Copyright - Mike Porcel / MusicMP.Inc (884501896276)


viernes, 30 de noviembre de 2012

Fortuna fundamental


Uno tiene, además de un montón de tesoros de valor consensuado e intercambiable, algunos íntimos y exclusivos tesoros que rara vez arriesga. Resultan ser objetos, detalles a los que solemos atribuir valor sentimental. Para mí son, de manera absoluta, el patrimonio imprescindible que respalda los valores fundamentales de cada persona.
Entre lo más preciado de mi escasa “fortuna fundamental” conservo celosamente un gesto de un hombre, una especie de “Quiero” poco común que me ofreció una noche, hace más de 17 años, alguien que hasta pocas semanas antes de aquel momento no tenía yo idea que existía. Intensos días descubriendo espacios comunes, sueños, proyectos, maneras de invocar a nuestras chicas tan lejanas, y hasta gestos coincidentes, lo convirtieron en poco tiempo en una de esas imposibles personas de las que nunca quisiera separarme.
Unos días después de aquel día me despedí de él en el aeropuerto de Barajas, Madrid, y apenas he vuelto a tener noticias suyas hasta hace aproximadamente un mes en que lo encontré en facebook y le solicité amistad... y la aceptó.


A partir de entonces todo transcurrió como suele ser habitual ya en las relaciones contemporáneas (marcadas por esa mezcla de voyeurismo con afán exhibicionista que hasta hay quien considera casi un “derecho fundamental”), comenzando por el familiar “Félix ha aceptado tu solicitud de amistad, publica un comentario en el muro de Félix”...
En mi caso, ya saben: de publicar, nada. Pero comenzó entonces esa mirada (ya todos sabemos cual) esporádica al “muro” del otro, y ese cierto deseo sigiloso de que te descubra y te diga “Te recuerdo tanto y llevo años esperando encontrarte en algún lugar de este mundo para volver a tomarnos algunas cervezas, fumar algún pitillo y contarte algunas nuevas roturas en el corazón, estás sí que definitivas, de veras, estas sí...”  (¡anda ya, amigo: el marcapasos y la sanidad pública han destruido nuestra credibilidad como donjuanes y poetas!)  Y continuar uno sin atreverse a realizar otra acción que no sea la del clic de vez en vez en algún “Me gusta” o, en alguna que otra ocasión y en arriesgado acto de valentía, compartir algún “enlace” gracioso o socialmente “aceptable”. Incluso puede que ni eso.
Hoy, por una razón que conozco y callo (y no son tres gintonic), quiero dar testimonio de ese tesoro que poseo, aquel “Quiero” que me regaló el artista, actor y fotógrafo  cubano Félix Antequera en el otoño de 1995.  
“Acampábamos” en un estrafalario rincón de la “Europa profunda”, un camping en las afueras de 's-Hertogenbosch, Holanda, en la única gira que compartí con la Compañía de Teatro Buendía. Estaba ya fuera de Cuba, dando un paso importante y necesario en mi vida, pero con un gran secreto a cuestas: no regresaría. En esa situación mis días eran todo lo confuso y hermoso que propicia la libertad mezclada con dolor, dolor de no tener conmigo a la mujer que amaba, dolor de dejar atrás la familia, la vida vivida, el hombre que todavía era. Tenía, eso sí, un montón de gente alrededor, “los Buendía”, a quienes apenas conocía pero por los que sentía franca simpatía. Entre ellos algunos más cercanos que otros. De estos, dos fundamentales: José Juan Rodriguez "El Jabao" y Félix.
Aunque estaban casi todos presentes, para ellos dos (otro secreto, hasta hoy) canté una noche mis canciones. Es harto complicado dar con gente realmente valiosa. Es casi imposible que coincidan dos en un mismo momento y lugar. Cuando encuentro personas cuyos valores corresponden con lo que quiero de la vida suelo ofrecerles mis propios valores, mi pecho y mi salud. La escasez de “tropiezos” así es probablemente el motivo por el que apenas suelo cantar mis canciones, por el que aun no he grabado un disco: lo mejor de mí sólo por lo mejor de los otros.

(Aunque lo mejor de mí sea tan poquito como mis canciones, son ellas lo mejor de mí y elijo a quien ofrecerlas. Y eso mismo quiero recibir, no más, no menos. Hasta hace muy poco no era consciente del por qué de esta ancestral actitud mía, tan terca como indescifrable: léanse “La Rebelión de Atlas” y sabrán, como ya sé hoy, la respuesta a ese por qué)

El Jabao es uno de mis caros e irremplazables amigos, de esos que no necesitas tener cerca para que siempre estén, pero que además están.
Félix sucedió tan sólo unas semanas en mi vida, pero fue suficiente. Aquella noche él supo que canté para él. Nada me dijo de ello. Apenas fue al cajón de sus propios tesoros fundamentales, tomó uno de los más querido y poco antes que acabara la noche me lo entregó a cambio de mis canciones. Sólo me dijo: “Busca una cartulina para que la protejas”... Ese detalle no lo recuerdo: lo leo de vez en vez en una carta que unos minutos después, emocionado, escribí a mi esposa. 

 Esa espléndida fotografía que aquí expongo es la representación material del enorme “Quiero” que recibí de mi amigo. No le voy a pedir permiso para mostrar su dedicatoria: dice más de él que todo lo aquí contado.
A pesar de los 17 años transcurridos no lo extraño. A los amigos no se les extraña. Están ahí todo el tiempo, a toda hora. De vez en cuando, como ahora hago, se les presenta a aquellos a quienes conoces:
“Ea, aquí tienen a un hombre de los buenos, está repleto de los valores que pueden salvar al mundo... y es mi amigo”.



























Rubén AM
1 de diciembre de 2012
Madrid

martes, 27 de noviembre de 2012

Juan Carlos Calderón



Hace hoy una semana conversaba con mi amigo Antonio Hermida acerca de la obra fundamental de los dos más grandes compositores de la canción romántica española: Juan Carlos Calderón y Manuel Alejandro. Sumergido en la red recorrí gran parte de la obra de ambos, sin saber que en un hospital de Madrid se hallaba convaleciente el primero de ellos, quien finalmente acaba de morir esta madrugada.
El día en cuestión tomé de la web de Juan Carlos Calderón su correo electrónico, decidido a corresponder al ofrecimiento que el gran músico me había hecho años atrás en el único encuentro que tuve con él, durante un homenaje en el que se le otorgó la llave de Santander, su ciudad natal y en el que participé con mi Trío Matancero.
Esa noche hice algo que mi obtusa timidez no me había permitido hacer antes y que  por supuesto no he vuelto a hacer después: me acerqué a la mesa donde cenaba el compositor y me presenté como gran admirador suyo y uno de los músicos que en breve ofreceríamos un concierto para los invitados. 
Al verme, me dijo:
 - Ah, eras tú el que cuando entramos tocabas en la guitarra los sones con acordes de novena y trecena... ¡tremendo eso! .... Lo intenté, pero con todo este protocolo no me pude acercar a ustedes. -
Me admiró que se fijara en ese detalle “técnico” a pesar de toda la barahúnda de aquella ceremonia. Me pidió que cuando termináramos lo esperara tras el escenario. Pensé que era tan sólo un gesto cortés de su parte y al terminar nuestro concierto el Trío nos pusimos a deambular por el recinto.
De alguna manera dio con nosotros:
- ¡Hombre, llevo media hora buscándoles!... – nos dijo, inmortalizando para mí esa noche sin saberlo. 
Conversamos un buen rato. Habló de su admiración  por los cubanos, con quienes llevaba conviviendo muchos años en Miami. Hablamos de música y de política. Y habló del malestar propio y de muchos grandes artistas españoles por la falta de reconocimiento del que eran objeto en su tierra. Fue espléndido con América. Y sarcástico con ese mismo evento en que le homenajeaban. España no suele hacer justicia a sus mejores hombres y el coste de ello se traduce, además de en la partida de buena parte de estos, en una insolvencia que probablemente sea lo que no les permite siquiera encontrar el camino para salir de una constante crisis económica, social y cultural. 
Finalmente, el maestro me entregó una nota que había escrito pensando que esa noche ya no nos vería, con unas cariñosas palabras, su dirección, su teléfono en Madrid y su ofrecimiento:
- No dejes de llamarme cuando regresen allí. Te voy a cantar unas cosas que estoy haciendo. -
Hice lo que suelo hacer siempre: guardar aquella nota como una reliquia... y no llamarlo.
Esta es la segunda vez que me pongo en contacto con él. No hay dos oportunidades. Ni siquiera le dije que yo hacía canciones. Sí conservo, en algún sitio entre mis escasos tesoros y un tanto amarilla como aquellas sus Cartas que cantó Nino Bravo, la nota que me entregó aquel día ese hombre bajito y vivaracho, de pelo largo y cuidado, pecho, cuello y manos exhibiendo collares y cadenas, con acento que se me antojó un tanto “acubanao”, ese hombre que era y es para mí institución: Juan Carlos Calderón, uno de los grandes creadores que configuraron la música popular moderna hispanoamericana.
Todo mi respeto a su memoria.

jueves, 19 de julio de 2012

Pérez Prado, El Cumbanchero

Dámaso Pérez Prado. Escuchen su indescriptible percepción de "El Cumbanchero”, la canción del puertoriqueño Rafael Hernandez,  en ese vídeo-foto. 
Considero ridícula y mediocre la idea de que Pérez Prado no fue el creador único y absoluto de la música que hoy se conoce en el mundo con el nombre de Mambo, esa que escuchamos en este video y toda su música. Aunque algunos músicos y especialistas consideren que un ritmo llamado “mambo” ya había sido creado, lo que aportó y difundió por todo el mundo Pérez Prado no es un “ritmo”: es un concepto musical, una propuesta estética y sonora absolutamente personal, novedosa y revolucionaria, sin más antecedentes que aquellos formales y técnicos de los que se nutre todo creador. 
El ritmo en sí existía en Cuba, pero jamás “suena” a lo que la gente reconoce como “Mambo”, jamás a esa mezcla dulcemente agresiva de ritmos, “ruidos”, melodías, armonías... El "Mambo” de Pérez Prado parece creado por la naturaleza, parece la voz de las selvas, los acantilados, las fábricas, los carros, pero sobre todo parece el “ruido” del Hombre natural, libre, alegre y mezclado con los otros hombres-mujeres, orgía, sexo y sensualidad y sobre todo buen gusto, porque es música también exquisita, transparente, fluida y compleja a la vez, para escuchar tanto como para bailar. 
Es por ello que “eso” que él creó y difundió es sólo suyo, único, camino abierto y cerrado en sí mismo, en el que, como sucede con la lógica aristotélica, todo parece dicho ya: lo único comparable a la actualidad de su música es esa imposibilidad, al parecer insalvable, de aportarle algo nuevo, algo que no esté dicho o insinuado ya por Pérez Prado. 
Rubén AM.



martes, 26 de junio de 2012

Michael Jackson

Hace tres años que murió Michael Jackson. Cuando su muerte se hizo oficial ya era 26 de junio en España: lo tuvimos un día más entre nosotros. Hoy en Facebook, Alexis Díaz Pimienta recordó un email que envié comentando aquel suceso que tanto me conmovió. A propósito de la muerte del artista y tomando de referencia mi email, Alexis publicó en un artículo su particular visión del personaje y el suceso, artículo del que suelo resaltar el modo en que desnuda las actitudes y poses de “nuestros intelectuales (en La Habana)” en aquella época (actitudes y poses a las que practicamente ninguno escapábamos)
Dejo aquí ambos textos a modo de homenaje a MJ, quien cada día me sorprende más con su talento.
Y, de paso, una confesión: fue la prematura muerte de Jackson lo que dio el puntillazo definitivo a mi intención de publicar este blog, hecho que ocurrió dos semanas después de aquel suceso.

...

 

MURIÓ EL REY, VIVA EL REY‏

Por Rubén Aguiar Muñoz

Todo el respeto del mundo para este monstruo de la música y del espectáculo.
Lo cambió todo con sus modos de hacer y rodeado de muchos de los más grandes maestros de la música, el baile, el teatro, el diseño, el cine y el vídeo actual.
Me perdí verlo en directo.
Sus temas, la mayoría escritos por él, y sus performans marcaron al Siglo XX.
Y, estruendoso efecto mariposa, ya es para siempre referencia obligada porque, como todo gran mito, se va temprano... dejándonos con los ojos abiertos y sin espacio apenas para creernos que
- MICHAEL JACKSON  se murió!!!
- coño, que no ha dejado de ser un niño!!!
- que tiene un futuro, nuestro futuro, enorme por delante!!!

Ahora si sé que hemos llegado a viejos.
Bueno, también sé que volvemos a ser testigos de esa suerte de exorcismo que es morir joven y evitarnos echar a perder con una apacible (o quién sabe) vejez todo lo realizado.
Por otro lado, estaba claro también que jamás veríamos a MICHAEL JACKSON viejo. No habría perdón: ni él ni nosotros nos perdonaríamos eso. Es agotador el ejercicio de imaginar a alguien en sus mejores momentos, joven y fácil de perdonar.
Por supuesto, que entre sus tantas excentricidades cabría perfectamente la de morir en falso, desaparecer para siempre y garantizar así la eternidad al personaje que le tocó interpretar en este escenario común que es la postmodernidad y en la que le tocó un protagónico de lujo.
Quizás dentro de unos días, cuando pase la resaca y el mareo, decida quedarme con esta última variante que aventuro. Así que no les extrañe que empiece a defender y a inventar los argumentos más tremendos para validarla.

Les pongo aquí dos enlaces, mis preferidos. (Ambos a continuación del texto de Alexis... impresionantes!)
El primero es un directo, "Billie Jean" (Live in New York 2001)... CON 43 AÑOS!!!

El segundo: "Bad", dirigido por MARTIN SCORSESE, producido por QUINCY JONES, escrito por RICHARD PRICE y que co-protagoniza WESLEY SNIPES. 

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Murió Michael Jackson: ahora sí que hemos llegado a viejos.

Por Alexis Díaz Pimienta

Hoy, 26 de junio de 2009, me he levantado a las 6 de la mañana, he encendido el ordenador (como siempre), he abierto una de mis cuentas de correo electrónico (como siempre) y he recibido, como una pedrada contra el pecho, un email de Rúben Aguiar, un gran músico cubano, un gran amigo. Ya desde el "asunto" del mensaje, rotundo y claro, tristemente poético ("Ha muerto Michel Jackson: ahora sí que hemos llegado a viejos"), comencé a sentirme literalmente desolado, triste, y lo más raro, lo peor: comencé a envejecer rápidamente. Y así estoy todavía, varias horas después: desolado, triste, viejo. Una grieta profunda atraviese mi adolescencia habanera, mi Alexis del Diezmero y se asoman por esa grieta novias y amigos, Tinito sobre todo, aquel morito sanmiguelino que era quien más se parecía a Michael, para envidia de todos: su misma piel (de entonces), su mismo pelo, su belleza y su físico.
Y aquellos pantalones pescadores. Y aquellas medias blancas. Y aquella delgadez exacta para retar a la fuerza de gravedad en los bailes. Michael Jackson marcó época. Su música, su baile, sus excentricidades. En realidad, la conocida como "era Obama" comenzó en Michael Jackson, pero nadie lo dice. O nadie lo sabe. Comenzó en Jackson mucho más que en Luther King o en Malcon X. Michael Jackson ilusionó desde el éxito descontaminado de política a millones de negros, demostró que se podía ser un genio y triunfar desde la nocturnidad cutánea, esa que terminó por asustarlo y convertirlo un un licántropo, pero también en un nictálope, dos esdrújulos musicalísimos y fuertes. El "yes, we can" de Obama bien pudo ser un estribillo de una canción de Jackson en los años 80. Un estribillo coreado por Quincy Jones, filmado por Scorsese, aplaudido por Liz Taylor. "Yes, we can", pudo cantar Michael Jackson en los años 80, volviendo de entre los muertos, y muchos años después Barak Obama hizo suyo ese verso y puso a bailar al son de la esperanza a todo el mundo.
Hace pocos días un amigo hizo un chiste macabro, de humor negro, diciendo que Michel Jackson se había quedado solo porque se había metido a blanco, ahora que estaban de moda los Tiger Wood o los Obama. Un chiste de humor blanco, me dije yo. Un chiste andrógino. Y luego continuamos (en serio) analizando de qué raza era Obama, de qué raza éramos todos. Entonces no sospechábamos que Michael moriría, que nos envejecería con un golpe de magia, con un giro inesperado en su coreografía del asombro, pero sobre todo que nos dejaría sin color de piel, o sí, con el color de los incrédulos. Y así ha sido.
A mis 42 años me he quedado incrédulo clarito, y tú incrédulo oscuro, y aquel incrédulo retinto, y aquella incredulísima. Es el color, la raza, que marcará esta época. Color Obama, para los que gustan de un nombre más cosmético. O color Jacko, para que quienes amamos los nombres más sonoro. Porque en Michael todo era colorido, y cosmético, y cromático, pero sobre todo sonoro. Ha nacido, gracias a él, una nueva raza: la incrédulo-sonora. Un negro, genio precoz, que muere blanco y prematuramente, es un prototipo incrédulo-sonoro. Marca tendencia, dirían los expertos en frivolidades. Marca época, diremos el resto de mortales. Ahora recuerdo que en mi "segunda adolescencia" (a los veintitantos años) en ciertos círculos intelectuales de La Habana me avergonzaba reconocer mi admiración por Michael Jackson y guardaba para mí (bien dentro), las emociones tan profundas asociadas a su música. Ahora siento vergüenza de aquella vergüenza.
Nuestros intelectuales (en La Habana) eran demasiado "serios", demasiado lezamianos para tomar en serio una charla sobre Billy Jean o sobre Thriller. Había que hablar de la posmodernidad y otras aristas perfiladas por la "metatranca" (un sublime neologismo auctóctono), y en ese ámbito no cabían el pop, la androginia, la personalidad indefinida del héroe de los negros del barrio. Ni siquiera entre nuestros intelectuales negros, que preferían disertar sobre Bob Marley o Stevie Wonder, que era un genio más serio. En fin, que a los intelectuales de mi generación "se nos fue la guagua" muchas veces. Bailábamos casino como trompos, pero éramos incapaces de resbalar sonbre las suelas, marcha atrás, ingrávidos. Y nos quedamos en la fachada de Neverland, en el chisme macabro, el chiste facilón, o el velado comentario racista y homófobo. ¡Oh, los intelectuales¡... He aquí una raza sin color y crédula.
Pero bueno, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Cosas de la vejez, supongo. De la vejez repentina, que es la peor de todas. "Ahora sí que hemos llegado a viejos", dice mi hermano Rúben Aguiar, un musicazo "rubio como el pubis de las mariposas", un intelectual sobreviviente de la metatranca cultural de la isla. Y lo dice dolido, partido a la mitad como esas fotos que hay en las casas de los divorciados. Porque eso somos, Rúben (con tilde, para que no creas que es error ortógráfico, porque no suena igual Rubén en esta frase: repito): porque eso somos, Rúben: fotos partidas a la mitad con la muerte del mito, del genio, del primer obamista de la historia reciente. Fotos partidas a la mitad en las que estamos todos, cada uno de nosotros, en la parte que conservamos bajo el cristal de la cómoda, o en el fondo de una vieja gaveta, mientras en la otra parte falta él, moviendo el cuerpo como nadie, cayendo sin caer, caminando hacia atrás, dando golpes de pelvis sin parecer osbceno. Jackson, el mito. Michael, el eterno joven incrédulo-sonoro "Por otro lado, estaba claro también que jamás veríamos a MICHAEL JACKSON viejo. No habría perdón: ni él ni nosotros nos perdonaríamos eso", insiste Rubén, no Rúben, discutiéndolo con el viejo Rubencito.
Y desde lejos todos sus amigos, colegas, compañeros de música (viejos también de golpe) le damos la razón, qué remedio. Todos estamos envejecidos, encanecidos, ennietecidos, evocando desde un lejanísimo ¿recuerdas? al más pequeño de los Jackson. Por allá viene el anciano Tinito, pantalones pesqueros, medias blancas, sombrerito ladeado, defendiendo la última tesis de Rubén, aplaudida por Rúben, y enviada en un email por Rubencito: "Por supuesto, que entre sus tantas excentricidades cabría perfectamente la de morir en falso, desaparecer para siempre y garantizar así la eternidad al personaje que le tocó interpretar en este escenario común que es la postmodernidad y en la que le tocó un protagónico de lujo".
Por supuesto, fue un lujo. Nosotros que no vimos actuar a Sarah Bernhardt , ni bailar a la Isadora Duncan, ni escribir a Quevedo, podemos alardear de haber sido, al menos, contemporáneos de otro mito: Jakcson. Porque los mitos reales escasean, no abundan, duran poco. Y es un absoluto lujo haberlo visto, haberlo oído, haber tenido su música como banda sonora de nuestra adolescencia.

  
"Billie Jean" (Live in New York 2001)... CON 43 AÑOS!!!



"Bad", dirigido por MARTIN SCORSESE, producido por QUINCY JONES, escrito por RICHARD PRICE y que co-protagoniza WESLEY SNIPES. 


jueves, 31 de mayo de 2012

Utopía

Un corto, "Utopía", del cineasta cubano Arturo Infante, que es una aproximación a la llamada “masificación de la cultura” en Cuba. 
Lo he visto y disfrutado en incontables ocasiones. No es mi interés exponer conclusiones en el post: los cubanos sabemos de estos menesteres que un tanto se exageran (¿o no ?) en el film. Y en cualquier caso prefiero que lo vean antes, pues dice todo lo que pretende decir. Tan sólo apuntar un detalle. El corto presenta personas (ojo: cubanos, en Cuba y en situaciones cotidianas bastante frecuentes allí, que eso es muy importante) con conocimientos o inquietudes sobre Arte, pero con determinado comportamiento en sus relaciones personales y sociales, lenguajes y actitudes muy específicos. Mi lectura es, ¿a cuál criterio de “masificación de la cultura” apunta el corto:  al conocimiento sobre Arte o al Comportamiento del “pueblo”?
"Utopía"
Director: Arturo Infante
Año: 2004     



lunes, 23 de abril de 2012

Organigrama Empresa Paco (Actualizado)

El “organigrama de empresa” que con humor describe esta foto sólo puede ocurrir de modo natural en una empresa estatal o costeada por el estado, donde el dinero es de los contribuyentes no del que contrata y paga los salarios.
Evidentemente para abrir el hueco sólo es necesario Paco.
Paco debe ganar una porquería, puesto que hay que pagar a los otros también. Que probablemente hasta ganen más que Paco.
En una empresa privada, por ejemplo mía, trabajaría sólo Paco. Los demás irían a la p... calle, como corresponde.
Esto me permitiría incluso, con el dinero que me ahorro, pagar más al que más trabaja, a Paco en este caso. Para que lo haga mejor, por supuesto, lo que me beneficiaría a mí. Y a Paco, que estaría feliz.
Puesto que ahora tengo más dinero, invertiré en mi empresa de huecos para hacerla crecer y ofertaré más trabajo, de abrir huecos exclusivamente, por supuesto.
Los otros tíos que aparecen en la foto y que ahora están en el paro podrán tomar esos nuevos trabajos de abrir hueco.
Aquellos a quienes no les guste o no quieran tal trabajo pueden ser mantenidos por  quienes consideren injusto que yo haya echado a la calle a esos zánganos.

Evidentemente esto no sucede así. En prácticamente todas las empresas, privadas y estatales, se repite la estructura que vemos en la foto. Seguramente en la mía terminaría siendo así.  ¿Por qué?

Lo que ocurre realmente es que la ley no me permitiría despedir a esos inútiles que son precisamente a quienes defienden los sindicatos y quienes conforman la estructura burocrática de la sociedad de bienestar que es el sistema de organización mediante el cual los zánganos se apropian del fruto del trabajo de Paco y mío y se lo reparten como les place vociferando que es un derecho de ellos porque la justicia consiste en despojar a los que más se esfuerzan de la riqueza que crean y repartirla entre los menos capaces en función de unas necesidades que encima son elegidas y decididas por los políticos que gobiernan y controlan todos los aspectos de la vida privada y social de los ciudadanos que no se enteran que cuando obtienen más de lo que producen es porque alguien se lo está quitando a otro que lo produjo tal como hacen los parásitos con un animal más grande hasta que todos entran en catarsis cuando el animal se enferma o muere o se cansa como ya nos ocurre a Paco y a mí...


Actualización... Mi hijo ha escrito este comentario que me parece imprescindible para completar el post.


Lo que esta diciendo la foto es que la empresa sobrevive gracias a los obreros, mientras ellos son los pobres que tienen que sudar y son maltratados con bajos sueldos. La foto habla de la clase obrera, que "sostiene" a los demás.

A las personas que piensan igual que el que hizo la foto, hagamos un proceso de pensamiento fácil: Cual de todos esos departamentos es la causa de la producción en una empresa? Cual hace que todo lo demás sea posible?
El ultimo en esa cadena de causa y efecto es el obrero, al que han reemplazado por maquinas desde que las maquinas existieron, y lo seguirán haciendo. Y el primero en la cadena ni siquiera es mencionado.

Todos los departamentos en la foto son necesarios en una empresa grande, con muchos proyectos. Dependiendo del tamaño de la empresa, seria mas o menos interés del empresario principal, invertir o malgastar su dinero en departamentos donde le dividen el trabajo con el fin de hacer las cosas mas eficientes..
Esa foto es una manipulación, ya que el trabajo de fuerza bruta en si no es la única forma de trabajo. 


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domingo, 1 de abril de 2012

Cuervos

A quienes piensan que los gobernantes son la solución y no el problema que genera las crisis, les recomiendo que traten de encontrar un político que posea apenas la mitad de la capacidad, inteligencia y pragmatismo que tiene el cuervo del primer vídeo para encontrar solución a un problema.
Lamentablemente, los escasos políticos con grados básicos de inteligencia que de vez en vez suelen aparecer (existen, no lo duden) invariablemente se comportan del mismo modo que lo hace el cuervo del segundo vídeo, primero con su pariente el águila y especialmente con el hombre que intenta procurarse su sustento.





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sábado, 17 de marzo de 2012

Otro lugar común

Gisela Baranda inaugura su web "Desde mis 35 metros cuadrados." 
Lo hace con un post que comienza diciendo:
"... es más una metamorfosis que un alumbramiento, mis 35 metros se ensanchan, se extralimitan.
Una vez más, toda magia necesita un acto de fe y tanta fiesta merece un tema especial, quienes me conocen saben que soy fiel y terca, así que recurro a un amigo."
 y entonces recurre a mí... ¡!
 Agradecido y sorprendido, que no "sin saber qué decir", he dejado en su web este comentario a sus palabras, que aquí acompaño de esa instantánea en que aparecemos Judith y yo, recuperada por Gisela para su post:


"Me he quedado sin música…
De inmediato me doy cuenta, Gise, de que eso es también un lugar común. No la frase, por ingeniosa que parezca (que también) sino el gesto de mudez adonde conduce la alabanza, esa aparente parálisis de frases apropiadas con que agradecer. Por supuesto, la causa es (¿qué esperabas?) otro lugar común: la contradicción que creamos cuando ocultamos nuestra íntima certeza de que el reconocimiento es justo, mientras públicamente simulamos la pose de humildad que los códigos al uso nos exigen mostrar. Es en ese punto donde nos quedamos “sin palabras”, cosa que es totalmente falsa: en realidad nos quedamos abrumados, reticentes ante la obligación que nos impone la “cosa social” de actuar hipócritamente.
Y ahora, ya liberado…
Estoy tremendamente conmovido de que hayas inaugurado tu web refiriéndote a mí. Es un detalle importante que acaricia mi ego, pero lo que realmente elevo a la altura de mi autoestima es lo bien que lo has hecho… ya sabes, lo que repito una y otra vez: qué bien escribes, qué bien observas y luego qué bien escribes lo que observas. Me siento privilegiado.
Gracias, Gisela, amiga."
Para leer todo el "discurso de inauguración" que me dedica Gisela en su nueva web sigan este link:

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lunes, 26 de diciembre de 2011

Todos bajo sospecha.

Fue maravilloso estar allí, en “lo mismo”, en lo que somos...
Mabel Cuesta, escritora cubana, profesora de la University of Houston, amiga enorme presentó su libro “Inscrita bajo sospecha”  (Betania, 2010) en el bar “La Ida”, en Malasaña, en Madrid, el pasado jueves 22 de diciembre a las 6:30 de la tarde.
Me pidió que cantara algunas de mis canciones, como hace cada vez que podemos coincidir. Un honor que no sé ni pretendo describir.
Una hermosa reseña de lo sucedido la pueden leer en este post de Gisela Baranda en su blog “Desde mis 35 metros cuadrados”.  Fue precisamente ese post el que provocó en mí estas reflexiones que apunto con prisa, sin intención alguna de ser definitivo ni cerrar el posible debate al respecto. Y que tienen como premisa este fragmento de Gisela (el subrayado es mío):
"María José enlazaba sus palabras con sonrisas, Mabel leía sus cuentos por encima de la algarabía del bar, Rubén y Judith cantaban sus canciones amadas y rotundas, conversamos, comentamos, reímos… y la magia volvió cauta y familiar a rondar sobre nuestras cabezas."  
Éramos nosotros “la algarabía del bar” aquella tarde. El bullicio, los raros, lo infrecuente. Nosotros fuimos “el ruido”  y casi el estorbo del pasado jueves en La Ida. Y no hay que pedir perdón por ello como tampoco nos correspondía pedir silencio. Para los clientes del bar y para el bar mismo lo habitual era lo que ellos hacían: beber, conversar, reír y todo lo que se hace en un bar y es lo propio de un bar.
Qué diferencia existe entre hacer la presentación de un libro en un bar y hacerlo en un apartado rincón del Parque del Buen  Retiro o en el salón de alguno de nuestros hogares. La respuesta es: justamente nuestro afán de protagonismo y cierta dosis de exhibicionismo y esa fe alegre y común a todos los mortales en que lo que hacemos es importante y definitivo, acaso lo más. Con nuestros poemas, canciones, risas y credos ocupamos un espacio diseñado para otras cosas, para luego marcharnos con la sensación de ser unos incomprendidos.
Es así que creamos nuestro particular elitismo los intelectuales y los artistas. Así imponemos ambiguas definiciones de la otredad, la alteridad, lo otro. Y así, marginando a los otros, nos marginamos nosotros mismos, otorgándonos una supuesta superioridad que no es más que una actitud defensiva y una manera ¿sutil? de evadir nuestra equivocación. ¿De dónde nos viene esa creencia en que somos los abanderados de la sociedad o la cabeza o punta de lanza de la historia y el progreso del hombre? ¿De dónde que debemos ser escuchados cuando lo decidamos y no cuando lo decida quien ha de escuchar? ¿Qué hacíamos presentando en un bar no diseñado para ello un libro de poesía y cantando canciones intimistas y “raras”?
No nos basta con sentirnos bien, necesitamos mostrarlo. Recuerdo cómo en Cuba, cuando alguien hace una fiesta en casa (incluso muchas veces sólo cuando está contento), abre las puerta o las ventanas o el balcón, y enfila hacia la calle los altavoces del tocadiscos o la casetera o la radio y  conecta a todo volumen la música... ¡que se enteren!, ¡transmitimos!... ¡esto es lo que soy esto lo que me gusta ea a disfrutar conmigo!!!
No hay mucha diferencia entre eso y la actitud de siempre, de año tras año, de una y otra vez  pretender realizar presentaciones de libros, conciertos de íntimas canciones para la reflexión, exposiciones de arte con nuestros afanes como altavoces enfilados hacia esas calles sorprendidas que son tantas y tantas personas a quienes no interesa nuestra fiesta. Está claro que no llegamos a ser mendigos atravesados en las aceras implorando ayuda, pero no estamos muy distantes de huelguistas o indignados que claman derechos que no siempre les corresponden.
Fue bueno estar juntos, incluso estar juntos allí. Pero no era estrictamente necesario hacerlo en  aquel sitio. Y conste que la amabilidad del dueño del local y de su personal fue total y mucho la agradecemos. 
Sí, fue maravilloso estar allí, en "lo mismo", en lo que somos... pero...
Suerte que Mabel es una escritora y comunicadora muy especial. ¡Y hasta cantó haciéndome feliz una mía canción! 
En cualquier caso, a partir de hoy, como siempre hice en Cuba, ofrezco mi casa, mi pequeño pero suficiente salón para cuanta presentación literaria o musical o artística suceda, o casi. Y también recomiendo aquello que insinué: un parque, un rincón de este basto universo donde estemos los que queramos, sin molestar a nadie para culparlos después de nuestras molestias, sin involucrar a quienes no desean ser involucrados en nuestros modestos o trascendentales asuntos. 


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lunes, 17 de octubre de 2011

¿Amor vs. Razón?

    Llevo unos días inmerso en un interesante debate, email mediante, con mi amigo Julio Fowler: crisis económica y  de valores,  verdad y  libertad,  política e ideología, lo absoluto y lo relativo, amor y razón. Justo transcurriendo este último punto sucedió la muerte de Steve Jobs. 
    Desde Arcos de la Frontera otro buen amigo, Rafa, me ha instado a escribir algo al respecto. Julio me ha enviado un link del discurso de Jobs durante la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford de 2005 en email que amablemente me ha autorizado a publicar, cosa que ahora hago acompañándolo de mi respuesta.
    Puesto que mi conocimiento del fundador de Aple no va más allá de mi condición de cliente con Iphone, algunas referencias ineludibles en noticiarios y prensa y ahora desde mi encuentro con su discurso de Stanford, en mi respuesta parto de las opiniones de Julio derivadas del debate que mantenemos. De ahí el énfasis en mi defensa de la Razón del Hombre, uno de los fundamentos de mi defensa de la verdad, la libertad y el amor. Y trazo mi propia percepción de la dimensión de ese hombre que, aun joven, acaba de morir dejando marcado el mundo con la huella de su obra y su trabajo.
    Antes de ver el vídeo leí la transcripción del discurso, enviado por Julio con sus personales subrayados en negritas. Lo he colocado en este link tal y como me lo envió para, si lo desean, lo puedan leer (y ver los subrayados), que es en mi opinión mejor vía para acercarse a él.





He aquí el email de Julio:
"Mi querido Rubén: He estado leyendo y releyendo este discurso de Steve Jobs y curiosamente, su mensaje contiene unas cuántas claves emocionales, éticas, filosóficas y antropológicas narradas como lecciones de vida no muy distantes de lo que ya se nos ha dicho por ejemplo en "El Nuevo Testamento" en boca de Jesús (o en los mensajes de tradiciones gnósticas, místicas, esotéricas, en el arte y la canción y ahora desde el nuevo paradigma científico); también en "El pequeño Príncipe" (por solo citar solo dos libros con un mensaje ético más o menos común) que sugieren la idea del AMOR como condición antropológica del ser humano, como motor inspirativo y creador y al CORAZON como nido, como centro creativo, energético, iluminador, orientador. Hay unas cuantas frases sintomáticas de Jobs en este discurso que me llamaron mucho la atención y me recordaron de repente la sentencia con la que terminas el último de tus mensajes cuando dices:
"Es a la Razón adonde ha de retornar el Hombre para salir de este atolladero al que el uso inducido de la sinrazón le ha llevado".
Te invito a reflexionar sobre estas, al parecer "tópicas" frases que desbordan el discurso de Jobs (algunas las he señalado en negritas) pero que en mi opinión, son de una honestidad visceral y revelan una verdad que al menos yo comparto. Me pregunto si lo que el ser humano olvidó durante los últimos 2.000 años no fue precisamente el mensaje que preside las parábolas más entrañables de Jesús, Ghandi e incluso Albert Einstein...?. Me pregunto _coincidiendo con Humberto Maturana_ si no ha sido la RAZON la herramienta psicológica que han utilizado los controladores para manipular y devaluar la naturaleza de esta emoción-energía?. Me pregunto si el desequilibrio social y la asimetría psicológica y perceptual que vivimos no tiene que ver precisamente con la sobrevaloración de la Razón?. Tal vez no haya que acudir a los mensajes de Jesús, Ghandi o Einstein para entender el Amor como fundamento olvidado de lo humano puesto que, seguramente nuestras madres nos educaron instintiva e incondicionalmente en ese sentimiento que por cierto, no se enseña en las escuelas. Me pregunto entonces, retomando tu idea si, a donde ha de retornar la especie que somos para salir de este atolladero no es sino al AMOR, al corazón, al interior?. Si hay algo que comparto profundamente con Jobs en este discurso es esa certidumbre crística y antropológica de que el AMOR es la respuesta. 
(love is the answer)
Te abrazo."

    Naturaleza y Razón.
    Querido Julio: Sí que es interesante el discurso de Steve Jobs. Al menos a mí me ha gustado mucho. Me confirma la idea de que nada tiene valor en sí mismo, que las cosas sólo tienen valor si alguien le otorga ese valor. Y este es el discurso de un hombre que otorga mucho valor a la vida. Este de Job no es el discurso de un hombre ante la muerte: es el discurso de un hombre ante la vida, de un hombre que va a vivir. Un hombre que ha estado en peligro de abandonar la vida, sí, pero que ha superado tal peligro.
    Y precisamente en este hecho encuentro una de las premisas en que fundamento esa defensa de la Razón que cuestionas. El Jobs de ese discurso no ha superado la muerte porque lo deseaba, ni por intuición, ni porque sus emociones lo contactaron con algún poder del más allá ni de su interior que lo curaron: la superó justamente porque desechó esas energías emocionales ¿naturales?  y se puso en manos de la medicina. ¿Debo decir medicina creada exclusivamente por la razón del hombre para procurarse una vida sana, condición indispensable para acceder entre otras cosas a esas “tradiciones gnósticas, místicas, esotéricas, en el arte y la canción y ahora desde el nuevo paradigma científico”? 
    La realidad es que ese hombre superó tal peligro justamente porque se violaron todas las leyes de la naturaleza, de los chamanes, de la mística y de las fuerzas ocultas naturales o mágicas. Incluso porque se alteraron algunas desafortunadas creencias personales de Steve Jobs acerca de esas leyes naturales. Resulta que, curiosa y lamentablemente, fue justo una reacción equivocada de Jobs lo que, según algunos especialistas, ahora le ha causado la muerte: cuando le notificaron su enfermedad recurrió en un primer momento a terapias alternativas. Un año antes del discurso en Stanford cambió de idea y decidió someterse a la operación que lo mantuvo con vida por más de siete años. Pero al parecer ya era tarde.
     
     La Razón estricta.
     Ninguna de nuestras creencias y certezas, ni la fe ni la ausencia de ella nos puede inducir a menospreciar, ignorar o tergiversar el hecho de que es el ejercicio de la razón y no otra cosa lo que nos confiere nuestra cualidad de Hombres. 
     Jobs superó el peligro de morir en aquel momento, pero no tiene música de fondo ni nada de romántico el motivo estricto por el que sucedió ese admirable y feliz acontecimiento: otros hombres y él mismo hicieron uso de la razón para conseguirlo. Los medicamentos creados por el hombre le curaron alterando el desenlace natural de su enfermedad. Tales medicamentos y los aparatos con que los médicos consiguieron alargar la vida de Jobs desafían todas las leyes naturales, desde el bisturí y las jeringas hasta los escáneres que detectaron su mal. Los “brujos” que hicieron posible que Steve Jobs sorteara la muerte fueron los hombres, los médicos que lo atendieron, el personal todo relacionado con esto, los creadores de los artilugios con que se realizan esas operaciones, los científicos que usando su razón inventaron aparatos, descubrieron medicamentos efectivos, aquellos otros hombres que montaron las fábricas para producir las medicinas y cada uno de los implementos usados en la operación... y los matemáticos, biólogos, químicos y  filósofos que aportan cada vez nuevas ideas y creativos razonamientos para mejorar la vida del hombre... y los miles de libros que conservan memoria de todo ello... 
     No se me ocurre un solo componente de ese acto de curar a Jobs que pudiera haber sucedido o sido creado de manera natural y diferente a la acción de razonar del hombre. Todas involucradas: desde la rueda y la imprenta hasta la microcámara, desde el sistema eléctrico hasta el tubo de cristal, desde las combinaciones químicas hasta la goma rodante de los camiones que transportan todo lo implicado de un sitio a otro... Todo creado por la mente del hombre.
      
     El sitio justo.
     Todo ello es digno de la más alta consideración y respeto y, en mi opinión, debiera tener música de fondo y ser cantado por poetas a la vieja usanza de odas y rapsodias, y ser observado con mayor frecuencia bajo este prisma romántico que no consigo disimular.
   Y nada tiene que ver esta Razón que defiendo con esos experimentos de diseño social, ideologías y manipulación de masas con que desde ciertos círculos intelectuales y de poder se quiere presentar la Razón del Hombre. El uso de la razón, como verás más adelante, es justamente lo opuesto a esas falsedades.
    Algo me sonrojo al escribir estas cosas, pues sé que te son conocidas y evidentes y me reprocho que, aunque parece que hablo con un extraterrestre, es obvio que conoces todo esto. Pero un poco las escribo también para mí, para no olvidarlas, para no permitir que vuelva a poseerme aquella irresponsable visión que provocó que malgastara los grandes años de mi juventud esperando sucediera algún milagro relacionado con mi vida y mi felicidad que no fuera provocado por mí mismo.
     "Volver a la Razón" quiere decir para mí, además, encontrar la belleza, la grandeza y la poesía también en todos esos actos que son consecuencia del ejercicio de la Razón del Hombre. Puede parecer temeraria la idea de “volver” adonde no parece que hayamos estado jamás. Pero haber llegado a este punto del camino en que nos encontramos no es un síntoma que pueda ser rechazado. Y yo soy siempre optimista. Además llevamos mucho tiempo salvando vidas, sorteando leyes naturales que nos son muy poco favorables. ¡Estamos volando, amigo, volando! Y navegando por el mar. Y conquistando el polo y la selva y el ecuador. Y la luna y el cosmos. Y cada aparatito que tan común hoy día nos parece, desde un helicóptero hasta un mando a distancia o una guitarra eléctrica no es un milagro divino ni de la naturaleza ni es magia o esoterismo: es obra de la Razón del Hombre, creación suya... nuestra.


    Razón es identidad.
    Yo no te quiero amigo (al menos no de modo fundamental) ni realizo este intercambio de ideas por tu condición de entidad emocional e intuitiva. Tú no eres una mascota. ¿Con cuál de tus emociones aprendiste a escribir, a pensar, a elegir cada acción de tu vida?  Todo cuánto crees o decides creer, todas tus decisiones, erradas o acertadas requieren de tu acto de pensar. Es ese acto el que te identifica como el Julio que Yo quiero y no como otro ni como otra cosa distinta a una Persona. Deja de pensar y te convertirás en una planta. Entiendo que alguien pueda querer ser una planta, o una entidad medio animal medio bosque. Pero ese alguien ha de decidir mediante el uso de la razón dejar de ser una persona, suicidarse como hombre. Aún no sé cómo lo lograría, pero supongo que puede uno inyectarse alguna sustancia que apague el cerebro, o lo desconecte para siempre. Seguramente. Y si no lo hay lo puede crear (por supuesto usando la razón) Pero para ello ha de ser previa e irremediablemente un hombre. 
    Desde mi personal perspectiva la palabra más importante del discurso de Steve Jobs aparece en esta frase: “Y diseñamos el Mac”... “Diseñamos”. Esa palabra define al Hombre, al ser humano, a la criatura más insólita de la creación, cumbre de lo vivo conocido. Y todo eso no lo es el Hombre porque la tierra, el viento o los poderes del más allá etéreo lo hayan querido o estructurado así, sino por su capacidad para razonar, para pensar, para usar esa herramienta sin la que no sería: su mente. El uso de la Razón (palabra esta última que para alguna gente resulta hasta vulgar y que otros niegan con el propósito de manipular a los más crédulos o perezosos) es la más sorprendente y admirable cualidad que se da en la naturaleza. La conciencia no existe sin razonamiento. Sólo desde el acto de pensar es que puede una criatura conocer que está viva y ser consciente y dar valor a esa vida. 
    La frase más notable del discurso es para mí esta: “Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.”  Una reacción particularmente sobrada de “incorrección política” para la actual moral social más generalizada esa de asumir con orgullo algo que tanto él como el resto del mundo reconocen como un valor. Eso es ego crecido y asumido. Eso es autoestima. Eso es lo que llamarían por ahí “falta de humildad”. ¿Y a la gente qué le parecerá? Porque resulta que tiene toda la razón del mundo, que es una verdad al parecer indiscutible. Me gusta esa frase porque considero que el hombre debe sentirse orgulloso de sus logros. Eso también lo identifica.

     Claves.   
     Pero vayamos a tus subrayados.
     La primera palabra que señalas es “intuición”. Está claro que nada de lo expuesto en el discurso de Steve Jobs está ahí por azar. Pero la clave para interpretar el sentido estricto de esa palabra en su exposición es esta frase:
     "...era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde. Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro."

    Desde mi punto de vista, Jobs intenta comunicar su experiencia e inspirar seguridad en los jóvenes que lo escuchan. Pero, en lugar de hacerlo desde una reflexión negativa tipo "no te amilanes ante los obstáculos que puedan surgir", usa un parlamento de comunicación positiva: "Tienes que confiar". Y para ofrecer garantía de veracidad a su recomendación presenta su propio comportamiento de años atrás como consecuencia de su "curiosidad e intuición", no como una actuación carente de sentido y sin consecuencias ya prescritas. Evidentemente Jobs  ha reflexionado acerca de las causas que lo llevaron a los resultados obtenidos en su vida. Y trata de encontrar en aquel juvenil comportamiento suyo un sentido más allá del simple proceder de un joven inteligente poco dado a regirse por las normas  y decidido a hacer sólo aquello que le apetecía.
     Está claro que podemos creer que todo formaba parte del destino, él mismo puede haberlo creído. Desde una visión determinista de la existencia, desde la creencia en un destino inevitable podemos aceptar aquella cierta "intuición" de sus años juveniles como una de las causas para el efecto que fue el triunfo de Job y la creación del Mac, del Iphone, del Ipad, de Toy Story, etc. Aunque sospecho que, en un mundo predeterminado, el destino inevitable sería la única causa de todos los efectos.  


    La causa.
    Pero la realidad es que si Steve Jobs  hubiera muerto en aquellos días de la universidad, hoy “los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen”. Porque la clave real para esos resultados es inalterable y sólo tiene una causa: Steve Jobs... y su inteligencia y su talento y su entrega al trabajo y su encuentro con esas tipografías... y mucho de haber sucumbido a su belleza: “Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante." (En fin, la estética, que es en mi opinión el fundamento sobre el que se soporta buena parte de las grandes creaciones del hombre y probablemente todas sus actitudes más cotidianas) 
     Jobs, desde la cima de su obra realizada, trató de encontrar más allá de sí mismo una causa a todo ese éxito. Y no la encontró porque él mismo era esa causa. (Me divierto pensando que, de haber topado con un curso de relojería en lugar del de caligrafía, lo más probable es que ese hombre, en lugar del Iphone, nos hubiera legado una "Máquina para Viajar en el Tiempo")  Aunque tal vez sí lo supo. Y se guardó tal certeza quizás autocensurándose o, cosa comprensible, por cierta aprensión a que se interpretara mal su respeto a su propio trabajo, su autoestima (ya sabemos cuán costoso es hoy día el "individualismo")
     Cualquiera de esas dos razones son premisa de lo impreciso de la segunda frase que subrayas en el discurso y de su incapacidad para concretar el consejo: “Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.”
      La lección  que trata de comunicar Jobs es que todo cuanto percibimos nos va a servir en el futuro, y por tanto nada se debe desechar, pues cuanto se aprende, cuanto nos gusta y encontramos de valor va a estar incorporado a nuestras creaciones, nuestras actuaciones y a nuestra visión futura de la vida.  
     Sin embargo, eso no es suficiente. Y es en su segunda historia donde él mismo confirma la verdadera causa de su éxito, de su realización personal y de nuestro beneficio que te indico: el amor al trabajo y la constancia de Steve Jobs.
    El amor.
    Es imposible realizar algo bien, total, sin amor. No es posible la felicidad sin amor. Y en todo sentido el amor no es un capricho, ni es un deseo, no es instinto, no es arbitrariedad de emociones, aunque todos esos sentimientos se encuentren implicados. El amor, en tanto que proyección verdadera y sublime del hombre, es sobre todo un ejercicio de la razón. “Tenéis que encontrar qué es lo que amáis “ – dice Job y tú mismo lo subrayas. Eso sólo se consigue desde la reflexión, de lo contrario tendríamos que convenir que los animales aman.
    El hombre no ha solucionado su problema con el AMOR precisamente porque lo mantiene subordinado al terreno de lo emocional. Y el amor, válgame Dios, es asunto demasiado serio y fundamental para dejarlo a merced de las emociones. El amor es un acto volitivo. Otra cosa es el enamoramiento, como lo son el deseo, la idolatría, la sumisión, incluso el apareamiento... todas estas emociones más o menos involuntarias, aunque inevitables algunas y necesarias otras. ¿No te parece revelador cómo a pesar de tanto tiempo transcurrido los problemas del hombre relacionados con “el amor” perduran como si estuviéramos aun en la cueva?
       El Amor (el verdadero, no hay otro) está supeditado realmente al conocimiento de lo amado. No puede amarse lo que no se conoce. Y conocimiento es pensamiento. El amor es la materialización y concreción en otra persona o acción (como el amor al trabajo) de lo mejor que quiere uno para sí. Está claro que es un sentimiento complejo y de difícil consecución, pero no es un acto irracional, no es una práctica ajena a la voluntad. Y es por ello exclusivo del hombre. Cualquier otra definición que se le quiera dar reduce el amor a un instinto. O, en el mejor de los casos, lo devalúa a otras categorías menos elevadas para mi gusto: el cariño, el afecto,  la simpatía, etc., que son válidas, pero que no son Amor. 
      En mi opinión, si el amor no pasa el filtro de la razón, si no es un acto consciente, aceptado y concebido de manera meditada y reflexiva no pasa de ser puro instinto, no deja de ser jamás inmaduro y por tanto inseguro, incontrolable, y en lugar de formar parte de lo mejor de tu vida se puede convertir en un infierno, en una serie de sensaciones que conspiran en contra tuya, un obstáculo más que un motivo de felicidad.
     El corazón.
     Cada cual puede tomar para sí lo que desee del discurso de Jobs. Tú pones el énfasis en la alusión que hace acerca del corazón: “Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado”  
    Me hago cargo que buscas confirmación a una presunta controversia con la razón en esas palabras. Pero te saltas lo que realmente es el mensaje basado en la experiencia de este hombre y que él expresa justo antes de esa frase, cuando dice:
"El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis."

    Seguir los dictados del corazón quiere decir, literalmente, que, tras realizar un razonamiento, el hombre decide dejarse llevar por su intuición, elige consumar una acción de la que no conoce exactamente el resultado pero sobre la que su mente sospecha que puede ser buena para él. El corazón no decide: la mente decide seguir al corazón.
    El corazón no reacciona ante el hecho estético o amoroso o premonitorio o de conocimiento de modo involuntario, mucho menos voluntario. Lo hace después que la mente "identifica" esos hechos como tales. No existe reacción del corazón previa a esa identificación. Y esos criterios se aplican a todos los órganos y componentes de nuestro cuerpo físico a los que solemos atribuir capacidades premonitorias o cualidades como instintos, etc: “un salto en el corazón”, “una angustia en el pecho”, “un vacío en el estómago”, “un frío en la espalda”, “una sensación en la nuca”... Todos estos “indicadores” están precedidos de algún proceso mental, ya sea percepción en tiempo real, un recuerdo, o la representación de un suceso futuro.


    La imagen.
    Desde el punto de vista estético lamento despoetizar  estos símbolos, que de siempre nos han servido a los hombres para sublimar los sentimientos o adornar con algo de misterio y mística una vida que se nos antoja mediocre y vulgar, cuando no totalmente aburrida. El hombre, en un larguísimo ejercicio de pereza intelectual, ha vivido confundiendo ese reflejo estético, esa imagen ilusoria, esa interpretación con la realidad misma. Y así nos va.
    Los poetas, como un poco señalé en el post anterior, tienen una enorme responsabilidad en este hecho. Aunque no exclusivamente: hay que sumar a todos esos individuos que se atribuyen el patrimonio de nombrar las cosas, contar la historia, definir el mundo y lo cognoscible: intelectuales, escritores, filósofos, políticos, todos los que diseñan lo que ha de conocer el hombre, la mayoría de los cuales no existirían como tales sin esta actitud irracional con que los demás contemplamos la vida más que la vivimos. En todos los casos, la metáfora es la forma que eligen para conectar con sus seguidores (víctimas, por mejor decir) Por eso, y porque aquellos son precursores, continuaré llamándolos poetas.     
     El hombre común suele creer a esos iluminados y considerarlos líderes y guías. Pero el problema no es que los hombres crean a los poetas, sino que los poetas, a resultas de su vanidad, terminan creyéndose a sí mismos. Y, puesto que del pozo de lo irracional no parece que vayamos a salir en breve, suelo divertirme también con esto: 
    Tal vez el origen de la sinrazón se encuentre en ese momento en que los poetas descubrieron que, la mayor parte de las veces, el único modo de conseguir que una mujer te perdone es diciéndole: “¡por favor, cariño, escucha a tu corazón!”... no “a tu razón”. 

    La muerte.
    "Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder."
    Es inevitable de vez en vez recordar que uno va a morir, reflexionar acerca de la muerte. Pero, amigo, mi reflexión más constante y consciente es acerca de la vida. Me interesa enfrentar una personal cultura de la vida a esta cultura de la muerte en la que hemos crecido y que ha marcado al hombre desde tiempos inmemoriales. No me gusta el alegato que intenta hacernos creer que, puesto que vamos a morir, todo lo que poseemos es banal y carece de valor y significado. No me parece correcto disminuir el valor que concedo a las cosas que me hacen feliz, sean estas las que sean, porque existe la muerte al final del camino. Más bien al contrario. La muerte es inevitable, llegará. Pero mi deber es para con la vida, para con mi vida y la de los míos. Una cultura de la vida, de la alegría, una búsqueda constante de felicidad, de bienestar, de amor. Una vida en la que nada signifique un sacrificio para mí.
    Sólo hay una cosa “que perder”: la vida. Y esta cuando se pierde no tiene significado. Es decir: sólo estamos vivos, no existe estar muerto.
    El amor, el trabajo, ambos en sentido “genial” como dice Job en su discurso, el orgullo, la plenitud espiritual y material son todos ingredientes y vías desde los que procurarnos felicidad. Si no soy feliz debo cambiar mi vida. Si me es difícil cambiarla, debo encontrar en lo que realmente soy y hago el motivo para la alegría que me corresponde de cada día de esa única vida mía. Eso, amigo, no debe posponerse, no debe dejarse para después, para un más allá, para una posible trascendencia. Porque con ello, definitivamente, tampoco vas a alterar el final. Y todo esto es igual tanto para quienes creen en Dios como para quienes se aproximan a cualquier otro tipo de percepción, e igual para quienes no creen que existan opciones posteriores.
    Pienso que el alimento para la vida es la felicidad, no el “recuerdo de que vas a morir”. Y felicidad en tiempo real. No tenemos mejor activo, para el futuro que venga, que esa acumulación de dicha, satisfacción espiritual, profesional, intelectual o física que resulta de la felicidad de cada día. ¿Y cómo acceder a esa conquista constante de la felicidad si no es mediante el acto consciente de la búsqueda? 
    Defensa de la Razón. 
   Toda defensa de la razón es siempre autodefensa. Y no procedería sin la existencia de la sinrazón. Toda una niebla de falsos conceptos inducidos, medias verdades, erradas premisas y una moral ancestral aceptada por todos y sin alternativas entorpeció durante mucho tiempo mi percepción de la razón. Así somos educados. Considero eso un ataque premeditado a mi libertad y a mi derecho a mi vida. He supuesto, como tantos, que la razón enturbiaba el pleno acceso al amor, a la creación artística y al entusiasmo, a la bondad, incluso al conocimiento de la verdad. Había un objetivo claro en la pretensión de hacerme víctima de tales desmanes. “No es nada personal”, dirían los victimarios en estricto argot pandillero. Pero eso ha dejado de ser importante para mí hasta donde es razonablemente posible. 
    La mayor nobleza está en la mente del hombre, no en su corazón ni en sus emociones. Un hombre que abusa de otro no es un hombre que razona, es un ser primitivo que atiende apenas a sus impulsos más básicos. Eso hace un hombre que mata: dar rienda suelta a sus instintos, a sus emociones. Mientras que un hombre que cultiva la razón enriquece su vida intelectual, espiritual y física. Y eso provoca felicidad. Y la felicidad es lo que el hombre culto y sano de mente intenta procurarse en todo momento. Cuando un hombre culto hace uso de la violencia y reacciona de manera violenta no lo hace desde la razón sino desde el ser primitivo que lleva dentro.
    Lo que conduce a las guerras no es la razón sino todo lo contrario: la sinrazón.  El hombre que usa la razón concluye y sabe que su vida es su mayor, su único valor. Quien razona descubre que ese valor, su vida, ha de ser protegido y mimado y salvado de todo peligro. Porque es único ese valor y sin él no puede ni vivir ni ser feliz y ni siquiera proteger todo aquello que quiere y posee. Por tanto, un hombre que violenta a su prójimo, que provoca guerras es un hombre que no está haciendo uso de su razón, porque es un hombre que está poniendo en peligro su propia vida, su mayor valor. Un hombre que razona sólo hace uso de la violencia para proteger su vida. Por cierto, un hombre que pudiendo hacerlo no protege su vida de la violencia de otros es también un hombre que no razona.
    Y un hombre que no trabaja, que no busca la felicidad, que no alimenta y cuida su propia vida es también un hombre irracional.
    Negar al hombre la Razón es negar al Hombre mismo, negar su propiedad más exclusiva. Negar la Razón es acercarnos al animal. La ética es un ejercicio de la Razón: los animales no tienen ética, la tierra no tiene ética, ni el viento, ni el fuego... El mundo natural no es un mundo noble, es más bien salvaje, agresivo, un mundo en el que todo lo vivo está en constante lucha por la supervivencia. Todos los organismos vivos, excepto el hombre, se hallan directamente a merced de ese mundo y de su comportamiento, arbitrario o armonioso pero siempre indescifrable para toda entidad que no piense, que no razone y no lo conozca.
     Que el hombre pretenda negarse a sí mismo, negando la Razón como hacen y tanto consiguen aquellos manipuladores que te señalé, es el principal síntoma de cuán enfermo está. Sólo te puedes reconocer a ti mismo mediante el ejercicio del pensamiento, pues las emociones no son  una herramienta fiable para el conocimiento. Los animales y hasta las plantas tienen emociones, reaccionan al medio y a la circunstancia. Pero no tienen conciencia de sí mismos ni de su entorno. El hombre puede sobrevivir sólo porque usa la razón. Y aun así, para que haga uso de ella, tiene que ser enseñado por otros hombres. 
    Abandona a un hombre recién nacido en un bosque y verás qué queda de él. El hombre cuando nace no sabe qué planta es venenosa ni qué alimentos comer ni cómo procurarse un sitio para sobrevivir al frío, al fuego, al ataque de otros animales, a las enfermedades. No cuenta con ningún aditamento fuera de los órganos de los sentidos para adquirir información del medio, ni fuera de su propia mente para procesar esa información, conocer el medio y transformarlo en beneficio propio para sobrevivir.
    Observa a tu alrededor y comprueba cuán distante está el hombre de hoy de esa situación tan primitiva que te describo. Y concuerda conmigo cuánto le debe el hombre a su capacidad de pensar, a su mente, a su razón. Y no olvides que para ello necesita también de la vida en sociedad, que es la única que suple esa carencia de instintos, pues hace que el hombre conserve el conocimiento y lo trasmita a cada nuevo hombre que nace y le advierta acerca de cuál ha de ser su comportamiento. Incluso para negar todo esto que te digo hay que hacerlo usando la mente, el pensamiento, la capacidad de razonar. La tierra, la amada tierra no ha destruido al hombre porque este se defiende con la Razón. Todo lo demás es, perdona la rudeza, tontería.


    El Hombre.
    El hombre, como entidad viva, no tiene destino. La tierra sí y practicamente todo lo que nos rodea: la destrucción es el destino de este planeta. Su acercamiento al Sol hasta tal vez ser absorbida por este es una de ellas. Otra puede ser el choque con algún elemento espacial de dimensiones “apropiadas” para tal desastre. Sin embargo el hombre no tiene que tener ese destino: podemos abandonar el planeta, largarnos a otros sitios, conquistar otras piedras estelares y usarlas como refugio hasta que esa también se destruya después de habernos largado una vez más. Eso no lo lograremos haciendo uso de nuestras emociones, más bien al contrario.  En cualquier caso, ningún otro organismo vivo de la tierra, complejo o simple, tiene esa posibilidad de que dispone el hombre. Porque no cuentan con esta herrramienta que hace que la vida tenga conciencia de sí misma y se garantice la posibilidad de no perecer. Se puede fantasear de mil maneras acerca de cómo puede concretarse el acto mediante el cual el hombre perdure eternamente. La ciencia ficción se ha ocupado de ello desde años ha. Pero no hay fantasía alguna en el acto de asegurar que disponemos de todas las herramientas (en realidad una sola: la mente, el pensamiento, la razón) adecuadas para ello.

    Steve Jobs 
    Es el símbolo del hombre “locomotora”, el que tira de los vagones en que va el resto del mundo. Es la representación de eso que tantos odian y envidian: el hombre que consigue el éxito y la realización mediante el esfuerzo propio. Pertenece a ese tipo de hombres que son fundamentales para que el Hombre sobreviva. Es un creador de riqueza. Como tantos que hoy día desprecia el vulgo. Es ese tipo de ser humano que por más que se le intente destruir saldrá adelante una y otra vez. Porque basan su acción en la satisfacción de sus principios individuales, en el respeto de sus valores personales, en su amor al trabajo y la concreción de ese amor. Y porque encuentran la felicidad en la armonía entre el amor y la acción, entre lo que piensan y lo que hacen. Y tanto que sólo lo complace la realización de un “trabajo genial”. Nunca descansan y nada los detiene. No viven parásitos de los demás. Eso es liberador y un paso fundamental para la felicidad.
     En lo personal, me quedo con estas palabras del discurso de Jobs, que interpreto como un llamado a la reflexión propia, a la acción individual, al razonamiento íntimo y al trazo de un objetivo personal, independiente de lo que otros pretendan inculcar en nuestras mentes. Y que, al parecer, aunque por caminos diferentes, nos hace a ti y a mí finalmente coincidir:

"Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior."

     La propia voz...
     No existe la Razón en sentido social, colectivo, común. Existe sólo en sentido personal, individual, íntimo, en interacción e intercambio de resultados con otros hombres y sus propios exclusivos procesos de pensar y obtener conclusiones.
     El uso de la Razón por el Hombre es el único vehículo para una búsqueda rigurosa de la verdad y para el ejercicio consciente de su mayor fuente de energía: el Amor.
     Y no es que niegue la fundamental función de las emociones ni que me parezcan absolutamente obstaculizadoras o innecesarias. Las emociones forman parte de nuestra identidad tanto como la razón. Pero han estar supeditadas a esa nuestra herramienta para la comprensión, el conocimiento y la supervivencia. Dependemos de la mente, y entre esta y las emociones hay que elegir nuestra mente. No es una emoción lo que advierte que no debes cruzar la calle con el semáforo en verde. Si desconectas tu mente para "sentir" el universo, antes de una semana te has muerto de sed o de hambre. Eso no es algo que me parezca debatible siquiera: no existe la opción de elegir entre razón y emoción, porque sería elegir entre vida y muerte. Y me atrevo un poco más: es cierto que lo común es un punto intermedio, algo de razón, algo de emoción... Pero eso conduce a este tramo gris, mediocre, que adultera la lucidez y cierra las puertas a la genialidad, conduce a esa entidad incompleta que hemos sido siempre la mayor parte de los hombres, los que usamos el mínimo de razón posible para controlar el máximo de emoción conveniente.
     No dudo que muchos de los grandes logros, inventos y descubrimientos de la humanidad han sido producto de la vanidad del Hombre, o del intento de procurarse el amor de una dama o mancebo, o buscando apenas la aprobación de sus semejantes... resultado en fin de emociones básicas o complejas. Pero en todo caso han debido realizarse desde el uso más estricto del pensamiento, desde la razón.
     Es ahí adonde refiero que ha de llegar el Hombre, es eso lo que opino que lo puede salvar. Por supuesto, para ello necesita el Hombre despojarse del lastre de lo que han dicho y siguen diciendo los gurús de lo irracional, que pretenden que el uso de la Razón es malvado y sus consecuencias dañinas.


     Te abrazo.
     Rubén.


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