La canción "He probado a vivir" la compuse en 1987. Siempre me ha divertido considerarla mi "canción más larga en espacio", pues la comencé a escribir una madrugada en la Estación de Versalles, Matanzas, esperando el primer "Tren de Hershey" del día que salía a las 4:30 am rumbo a La Habana... y la terminé sentado en el malecón habanero, cómicamente lagrimeando al mar, una vez sorteadas las habituales 47 paradas y 4 horas de traqueteo de vagón durante las que apenas conseguí garabatear media estrofa en un papel que sí repleté de malas palabras... Es una canción que mide los algo más de 100 km que separan la capital cubana de mi nativa capital "yumurina". Hoy día ni siquiera sé si eso que acabo de contar sucedió exactamente así. Justo ayer, a propósito de un "recuerdo tus ojos" en los que a alguien que ama le va la vida, le apuntaba: "uno puede llegar a crear recuerdos... historias y situaciones que cada día va configurando y recreando en la memoria hasta tener la certeza que sucedieron exactamente de tal manera." ... No es razonable pero puede valer cuando se buscan la belleza y el placer... Además de ser uno de los componentes del arte: dar forma concreta, convertir en objeto real lo que no es más que la opinión, el parecer, la estimación de un hombre: el artista... En cualquier caso "He probado a vivir" es una canción hija de la suerte de andar con la guitarra a cuestas toda la vida... cualquier sitio puede ser el taller de crear, moldear, labrar una canción... o simplemente perderse en las de otros. ---------------------------------------------------- Directo del Concierto Secreto en Xtrings Estudio, Miami, el Septiembre 13 de 2013.
He probado a vivir Música y Letra: Rubén Aguiar Muñoz
He probado mis cantos sin ti, he probado a llorar y a reír, a soñar con un tiempo mejor, me he inventado un pasado sin sol, regalé mis parcelas de mar, mis tormentas, mi único huracán, escondí los panales, la miel, libo sólo flores de papel.
He probado a saberme sin ti, a tomar la ciudad, a partir; he probado a gustar el arroz, a pecar en cualquier rincón; he tirado mis juegos de azar, mis confiadas maneras de estar, convertí la esperanza en la fe, hice público mi padecer...
Pero el espanto acecha sin tu luz, la soledad y el miedo no hacen bien, mis guardas escaparon tras de ti y no encuentro manera de vencer. Sólo podrá salvarme una canción, un milagro, un refugio en otro amor...
Pero yo no quiero otro canto que tu voz ni otro refugio que tu desnudez, mis formas son perfectas sólo en ti, en el reclamo noble de tu piel. Yo no quiero otro amparo, otro calor, otro milagro que tu corazón.
He probado a salvarme sin ti, vale tanto probar a vivir, procurar la esperanza, la flor... vale todo por el amor... Pero, cómo, si tú te vas, si me faltas, si ya no estás... Yo no quiero otro renacer, otra luna, otro amanecer...
Apuntes abiertos a propósito de los discos INTACTVS y Personal.
Pocas
veces me he preguntado qué edad tendrían aquellos héroes de mi primera niñez, que se lanzaron a la conquista del oeste o al
centro de la tierra o viajaban veinte mil leguas bajo el mar o en
globo alrededor del mundo. Sabía tan sólo que estaban llenos de
ambiciones y sueños de cosas nuevas, de mundos diferentes y
mejores porque realmente sólo eso me interesaba saber.
Escuchando
los discos INTACTVS y Personal de Mike Porcel no hacía más que
preguntarme “¡pero ¿qué edad tiene este hombre?!" Porque Mike
hace tanto que es un clásico que uno no espera verlo aún
escarbando en la cima de una montaña, al parecer desierta, buscando
oro o intentando convertir en oro cada piedra que extrae, la ropa
toda cubierta de polvo y sudor, las botas rotas, hurgando, trabajando, como olvidado del
tanto tesoro que, acumulado allá abajo, al pie de la montaña, le
convierte en un hombre muy rico y le protege: su obra ya realizada.
Creados
y expuestos en primera persona y de tal manera percibidos, siento
necesidad de hablar también en primera persona.
Bellos,
Mike. Bellos! INTACTVS
y Personal,
como he dicho sobre algunos libros definitivos,
son
discos que no se dejan escuchar. Al menos a mí no me permiten
avanzar, no de manera lineal en el tiempo. Cada canción es un
mundo en sí mismo, un sitio al que tengo que volver una y otra vez
para conseguir advertirlo, aprehenderlo en su totalidad. Termina
una canción y la repito. Muchas veces va por la mitad y pulso con
fuerza rewind para disfrutar o confirmar qué exactamente dijo el
poeta o el piano o las cuerdas.
La
única imagen general, la única en que como clones coinciden
los 14 mundos de ese universo que has llamado INTACTVS y los 16 de
Personal, es la Belleza. Belleza de la palabra y la música
fundidas. Belleza de la Canción.
Acabo
de escucharlos. Orgullo, Mike Porcel, es lo primero y más. Y lo
segundo. Orgullo de ti que de alguna manera eres nuestro, aunque en este punto me desoriente y no consiga definir quienes somos
exactamente esos nosotros que tenemos necesidad de sentirte nuestro, ni en qué sentido o con respecto a qué pertenecemos
a un mismo grupo de algo. Aunque he terminado siendo un individualista radical, cierto pudor aún me impide llamarte sencillamente mío. Tampoco importa mucho. De pronto, mientras escuchaba esas grandes canciones, decidí que, para algún espécimen de persona al que pertenezco, tú eres o representas o simbolizas eso que uno llama “nuestro” en los inútiles momentos en que uno se siente masa o miembro de un colectivo o parte de… Nuestro como llamamos a algunos comportamientos tribales o a los equipos deportivos o a ciertas puestas de sol que “sólo nosotros comprendemos”. Y nuestro como, sin discusión, los mejores hombres de la ¿cuál? nación.
Escuchando tu música decidí también que no pretendes vender a nadie lo
mejor que eres. Amén de lo muy difícil que es hoy día hallar comprador para
lo que ofreces. Decidí por tanto que sólo lo creas y lo expones. El que lo quiera y lo entienda y lo merezca que lo disfrute y crezca
desde lo que ofreces.
Ahora
bien, hay algo que no “decidí” yo, algo que es simplemente un
dato: Libertad. Libertad es tu música, tu decir, tus arreglos, tus
modos melódicos y poéticos. Tu expresión. Libertad, ese
requisito imprescindible para que suceda el acto real de la
creación y la única atadura exigible para gestar lo bello, el arte. Atadura que, evidentemente, no has podido eludir teniendo en cuenta que en la canción
hoy día la libertad es tabú. Y “Mis momentos felices” es la
libertad de un hombre más que la de sólo un poeta, en la acepción
más abarcadora del concepto. No sé si “Mis momentos felices”
es tu-la mejor canción de ese o ambos discos, es tonto comparar e inútil, ni siquiera es mi preferida, ni siquiera sé si es tu
mejor momento. Pero es el momento en que me has convencido de eso
que “no decidí yo”. Y me voy a ahorrar los adjetivos, la
explicación que describiría cómo te defino en tanto que artista,
puesto que, me has avisado, evades las alabanzas tanto a la hora de
recibirlas como de ofrecerlas, pero no me ahorro señalarte aquello
de lo que me has convencido: el hombre no puede tener miedo a ser
libre, hay que decir lo que se siente necesidad de decir del modo en
que uno entiende y decide que lo debe decir. Insisto: libertad,
amigo, libertad. ¡Con cuánta libertad está construido ese track
7 de INTACTVS! ¡Con cuánta Libertad todo en ambos discos!
Quizás
al artista que cargas bajo la piel del hombre que eres no le quede
más remedio que ser libre. Quizás no te sea posible “conectar”
desde las maneras al uso. Quizás no sepas cuál es el modo apropiado
para conectar y entonces te dejas la piel y haces lo que desde sólo
ese acto de rebeldía puedes hacer: decir lo que quieres de la manera
que puedes, que es siendo libre. Quizás todo eso sea así,
pero me temo y quiero creer y creo, porque eso me dice tu obra toda,
que tu propósito es justo ejercer tu libertad personal-artística, que es una y la misma, hasta sus últimas consecuencias, sin concesiones
ni otra pretensión que el acto mismo de ser tú mismo en el acto de
crear. Nada ni nadie a quien complacer. Fue
en el momento justo “Mis momentos felices” que tuve que detener INTACTVS, dejé de escucharlo y comencé a contarte esto.
Finalmente acabé de escucharlos los dos a la no sé cuánta vez. Al fin sin detenerlos. Bellos, Mike. Y sólidos y enormes pero fundamentalmente bellos!
Ahora me queda por delante el tiempo de
aprehender cada canción de manera independiente, fuera de la fiesta al
alma que son tus dos discos. El tiempo exacto de cada canción.
Uno tiene, además de un montón de tesoros de valor consensuado e intercambiable, algunos íntimos y exclusivos tesoros que rara vez arriesga. Resultan ser objetos, detalles a los que solemos atribuir valor sentimental. Para mí son, de manera absoluta, el patrimonio imprescindible que respalda los valores fundamentales de cada persona.
Entre lo más preciado de mi escasa “fortuna fundamental” conservo celosamente un gesto de un hombre, una especie de “Quiero” poco común que me ofreció una noche, hace más de 17 años, alguien que hasta pocas semanas antes de aquel momento no tenía yo idea que existía. Intensos días descubriendo espacios comunes, sueños, proyectos, maneras de invocar a nuestras chicas tan lejanas, y hasta gestos coincidentes, lo convirtieron en poco tiempo en una de esas imposibles personas de las que nunca quisiera separarme. Unos días después de aquel día me despedí de él en el aeropuerto de Barajas, Madrid, y apenas he vuelto a tener noticias suyas hasta hace aproximadamente un mes en que lo encontré en facebook y le solicité amistad... y la aceptó.
A partir de entonces todo transcurrió como suele ser habitual ya en las relaciones contemporáneas (marcadas por esa mezcla de voyeurismo con afán exhibicionista que hasta hay quien considera casi un “derecho fundamental”), comenzando por el familiar “Félix ha aceptado tu solicitud de amistad, publica un comentario en el muro de Félix”...
En mi caso, ya saben: de publicar, nada. Pero comenzó entonces esa mirada (ya todos sabemos cual) esporádica al “muro” del otro, y ese cierto deseo sigiloso de que te descubra y te diga “Te recuerdo tanto y llevo años esperando encontrarte en algún lugar de este mundo para volver a tomarnos algunas cervezas, fumar algún pitillo y contarte algunas nuevas roturas en el corazón, estás sí que definitivas, de veras, estas sí...” (¡anda ya, amigo: el marcapasos y la sanidad pública han destruido nuestra credibilidad como donjuanes y poetas!) Y continuar uno sin atreverse a realizar otra acción que no sea la del clic de vez en vez en algún “Me gusta” o, en alguna que otra ocasión y en arriesgado acto de valentía, compartir algún “enlace” gracioso o socialmente “aceptable”. Incluso puede que ni eso.
Hoy, por una razón que conozco y callo (y no son tres gintonic), quiero dar testimonio de ese tesoro que poseo, aquel “Quiero” que me regaló el artista, actor y fotógrafo cubano Félix Antequera en el otoño de 1995.
“Acampábamos” en un estrafalario rincón de la “Europa profunda”, un camping en las afueras de 's-Hertogenbosch, Holanda, en la única gira que compartí con la Compañía de Teatro Buendía. Estaba ya fuera de Cuba, dando un paso importante y necesario en mi vida, pero con un gran secreto a cuestas: no regresaría. En esa situación mis días eran todo lo confuso y hermoso que propicia la libertad mezclada con dolor, dolor de no tener conmigo a la mujer que amaba, dolor de dejar atrás la familia, la vida vivida, el hombre que todavía era. Tenía, eso sí, un montón de gente alrededor, “los Buendía”, a quienes apenas conocía pero por los que sentía franca simpatía. Entre ellos algunos más cercanos que otros. De estos, dos fundamentales: José Juan Rodriguez "El Jabao" y Félix.
Aunque estaban casi todos presentes, para ellos dos (otro secreto, hasta hoy) canté una noche mis canciones. Es harto complicado dar con gente realmente valiosa. Es casi imposible que coincidan dos en un mismo momento y lugar. Cuando encuentro personas cuyos valores corresponden con lo que quiero de la vida suelo ofrecerles mis propios valores, mi pecho y mi salud. La escasez de “tropiezos” así es probablemente el motivo por el que apenas suelo cantar mis canciones, por el que aun no he grabado un disco: lo mejor de mí sólo por lo mejor de los otros.
(Aunque lo mejor de mí sea tan poquito como mis canciones, son ellas lo mejor de mí y elijo a quien ofrecerlas. Y eso mismo quiero recibir, no más, no menos. Hasta hace muy poco no era consciente del por qué de esta ancestral actitud mía, tan terca como indescifrable: léanse “La Rebelión de Atlas” y sabrán, como ya sé hoy, la respuesta a ese por qué)
El Jabao es uno de mis caros e irremplazables amigos, de esos que no necesitas tener cerca para que siempre estén, pero que además están.
Félix sucedió tan sólo unas semanas en mi vida, pero fue suficiente. Aquella noche él supo que canté para él. Nada me dijo de ello. Apenas fue al cajón de sus propios tesoros fundamentales, tomó uno de los más querido y poco antes que acabara la noche me lo entregó a cambio de mis canciones. Sólo me dijo: “Busca una cartulina para que la protejas”... Ese detalle no lo recuerdo: lo leo de vez en vez en una carta que unos minutos después, emocionado, escribí a mi esposa.
Esa espléndidafotografíaque aquí expongo es la representación material del enorme “Quiero” que recibí de mi amigo. No le voy a pedir permiso para mostrar su dedicatoria: dice más de él que todo lo aquí contado.
A pesar de los 17 años transcurridos no lo extraño. A los amigos no se les extraña. Están ahí todo el tiempo, a toda hora. De vez en cuando, como ahora hago, se les presenta a aquellos a quienes conoces:
“Ea, aquí tienen a un hombre de los buenos, está repleto de los valores que pueden salvar al mundo... y es mi amigo”.
Hace hoy una semana conversaba con mi amigo Antonio Hermida acerca de la obra fundamental de los dos más grandes compositores de la canción romántica española: Juan Carlos Calderón y Manuel Alejandro. Sumergido en la red recorrí gran parte de la obra de ambos, sin saber que en un hospital de Madrid se hallaba convaleciente el primero de ellos, quien finalmente acaba de morir esta madrugada. El día en cuestión tomé de la web de Juan Carlos Calderón su correo electrónico, decidido a corresponder al ofrecimiento que el gran músico me había hecho años atrás en el único encuentro que tuve con él, durante un homenaje en el que se le otorgó la llave de Santander, su ciudad natal y en el que participé con mi Trío Matancero. Esa noche hice algo que mi obtusa timidez no me había permitido hacer antes y que por supuesto no he vuelto a hacer después: me acerqué a la mesa donde cenaba el compositor y me presenté como gran admirador suyo y uno de los músicos que en breve ofreceríamos un concierto para los invitados. Al verme, me dijo: - Ah, eras tú el que cuando entramos tocabas en la guitarra los sones con acordes de novena y trecena... ¡tremendo eso! .... Lo intenté, pero con todo este protocolo no me pude acercar a ustedes. - Me admiró que se fijara en ese detalle “técnico” a pesar de toda la barahúnda de aquella ceremonia. Me pidió que cuando termináramos lo esperara tras el escenario. Pensé que era tan sólo un gesto cortés de su parte y al terminar nuestro concierto el Trío nos pusimos a deambular por el recinto. De alguna manera dio con nosotros: - ¡Hombre, llevo media hora buscándoles!... – nos dijo, inmortalizando para mí esa noche sin saberlo. Conversamos un buen rato. Habló de su admiración por los cubanos, con quienes llevaba conviviendo muchos años en Miami. Hablamos de música y de política. Y habló del malestar propio y de muchos grandes artistas españoles por la falta de reconocimiento del que eran objeto en su tierra. Fue espléndido con América. Y sarcástico con ese mismo evento en que le homenajeaban. España no suele hacer justicia a sus mejores hombres y el coste de ello se traduce, además de en la partida de buena parte de estos, en una insolvencia que probablemente sea lo que no les permite siquiera encontrar el camino para salir de una constante crisis económica, social y cultural. Finalmente, el maestro me entregó una nota que había escrito pensando que esa noche ya no nos vería, con unas cariñosas palabras, su dirección, su teléfono en Madrid y su ofrecimiento: - No dejes de llamarme cuando regresen allí. Te voy a cantar unas cosas que estoy haciendo. - Hice lo que suelo hacer siempre: guardar aquella nota como una reliquia... y no llamarlo. Esta es la segunda vez que me pongo en contacto con él. No hay dos oportunidades. Ni siquiera le dije que yo hacía canciones. Sí conservo, en algún sitio entre mis escasos tesoros y un tanto amarilla como aquellas sus Cartas que cantó Nino Bravo, la nota que me entregó aquel día ese hombre bajito y vivaracho, de pelo largo y cuidado, pecho, cuello y manos exhibiendo collares y cadenas, con acento que se me antojó un tanto “acubanao”, ese hombre que era y es para mí institución: Juan Carlos Calderón, uno de los grandes creadores que configuraron la música popular moderna hispanoamericana. Todo mi respeto a su memoria.
Dámaso Pérez Prado. Escuchen su indescriptible percepción de "El Cumbanchero”, la canción del puertoriqueño Rafael Hernandez, en ese vídeo-foto. Considero ridícula y mediocre la idea de que Pérez Prado no fue el creador único y absoluto de la música que hoy se conoce en el mundo con el nombre de Mambo, esa que escuchamos en este video y toda su música. Aunque algunos músicos y especialistas consideren que un ritmo llamado “mambo” ya había sido creado, lo que aportó y difundió por todo el mundo Pérez Prado no es un “ritmo”: es un concepto musical, una propuesta estética y sonora absolutamente personal, novedosa y revolucionaria, sin más antecedentes que aquellos formales y técnicos de los que se nutre todo creador. El ritmo en sí existía en Cuba, pero jamás “suena” a lo que la gente reconoce como “Mambo”, jamás a esa mezcla dulcemente agresiva de ritmos, “ruidos”, melodías, armonías... El "Mambo” de Pérez Prado parece creado por la naturaleza, parece la voz de las selvas, los acantilados, las fábricas, los carros, pero sobre todo parece el “ruido” del Hombre natural, libre, alegre y mezclado con los otros hombres-mujeres, orgía, sexo y sensualidad y sobre todo buen gusto, porque es música también exquisita, transparente, fluida y compleja a la vez, para escuchar tanto como para bailar. Es por ello que “eso” que él creó y difundió es sólo suyo, único, camino abierto y cerrado en sí mismo, en el que, como sucede con la lógica aristotélica, todo parece dicho ya: lo único comparable a la actualidad de su música es esa imposibilidad, al parecer insalvable, de aportarle algo nuevo, algo que no esté dicho o insinuado ya por Pérez Prado. Rubén AM.
Hace tres años que murió Michael Jackson. Cuando su muerte se hizo oficial ya era 26 de junio en España: lo tuvimos un día más entre nosotros. Hoy en Facebook, Alexis Díaz Pimienta recordó un email que envié comentando aquel suceso que tanto me conmovió. A propósito de la muerte del artista y tomando de referencia mi email, Alexis publicó en un artículo su particular visión del personaje y el suceso, artículo del que suelo resaltar el modo en que desnuda las actitudes y poses de “nuestros intelectuales (en La Habana)” en aquella época (actitudes y poses a las que practicamente ninguno escapábamos)
Dejo aquí ambos textos a modo de homenaje a MJ, quien cada día me sorprende más con su talento.
Y, de paso, una confesión: fue la prematura muerte de Jackson lo que dio el puntillazo definitivo a mi intención de publicar este blog, hecho que ocurrió dos semanas después de aquel suceso.
...
MURIÓ EL REY, VIVA EL REY
Por Rubén Aguiar Muñoz
Todo el respeto del mundo para este monstruo de la música y del espectáculo.
Lo cambió todo con sus modos de hacer y rodeado de muchos de los más grandes maestros de la música, el baile, el teatro, el diseño, el cine y el vídeo actual.
Me perdí verlo en directo.
Sus temas, la mayoría escritos por él, y sus performans marcaron al Siglo XX.
Y, estruendoso efecto mariposa, ya es para siempre referencia obligada porque, como todo gran mito, se va temprano... dejándonos con los ojos abiertos y sin espacio apenas para creernos que
- MICHAEL JACKSON se murió!!!
- coño, que no ha dejado de ser un niño!!!
- que tiene un futuro, nuestro futuro, enorme por delante!!!
Ahora si sé que hemos llegado a viejos.
Bueno, también sé que volvemos a ser testigos de esa suerte de exorcismo que es morir joven y evitarnos echar a perder con una apacible (o quién sabe) vejez todo lo realizado.
Por otro lado, estaba claro también que jamás veríamos a MICHAEL JACKSON viejo. No habría perdón: ni él ni nosotros nos perdonaríamos eso. Es agotador el ejercicio de imaginar a alguien en sus mejores momentos, joven y fácil de perdonar.
Por supuesto, que entre sus tantas excentricidades cabría perfectamente la de morir en falso, desaparecer para siempre y garantizar así la eternidad al personaje que le tocó interpretar en este escenario común que es la postmodernidad y en la que le tocó un protagónico de lujo.
Quizás dentro de unos días, cuando pase la resaca y el mareo, decida quedarme con esta última variante que aventuro. Así que no les extrañe que empiece a defender y a inventar los argumentos más tremendos para validarla.
Les pongo aquí dos enlaces, mis preferidos. (Ambos a continuación del texto de Alexis... impresionantes!)
El primero es un directo, "Billie Jean" (Live in New York 2001)... CON 43 AÑOS!!!
El segundo: "Bad", dirigido por MARTIN SCORSESE, producido por QUINCY JONES, escrito por RICHARD PRICE y que co-protagoniza WESLEY SNIPES.
Murió Michael Jackson: ahora sí que hemos llegado a viejos.
Por Alexis Díaz Pimienta
Hoy, 26 de junio de 2009, me he levantado a las 6 de la mañana, he encendido el ordenador (como siempre), he abierto una de mis cuentas de correo electrónico (como siempre) y he recibido, como una pedrada contra el pecho, un email deRúben Aguiar,un gran músico cubano, un gran amigo. Ya desde el "asunto" del mensaje, rotundo y claro, tristemente poético ("Ha muerto Michel Jackson: ahora sí que hemos llegado a viejos"), comencé a sentirme literalmente desolado, triste, y lo más raro, lo peor: comencé a envejecer rápidamente. Y así estoy todavía, varias horas después: desolado, triste, viejo. Una grieta profunda atraviese mi adolescencia habanera, mi Alexis del Diezmero y se asoman por esa grieta novias y amigos,Tinitosobre todo, aquel morito sanmiguelino que era quien más se parecía aMichael,para envidia de todos: su misma piel (de entonces), su mismo pelo, su belleza y su físico.
Y aquellos pantalones pescadores. Y aquellas medias blancas. Y aquella delgadez exacta para retar a la fuerza de gravedad en los bailes. Michael Jackson marcó época. Su música, su baile, sus excentricidades. En realidad, la conocida como "era Obama" comenzó en Michael Jackson, pero nadie lo dice. O nadie lo sabe. Comenzó en Jackson mucho más que en Luther King o en Malcon X. Michael Jackson ilusionó desde el éxito descontaminado de política a millones de negros, demostró que se podía ser un genio y triunfar desde la nocturnidad cutánea, esa que terminó por asustarlo y convertirlo un un licántropo, pero también en un nictálope, dos esdrújulos musicalísimos y fuertes. El "yes, we can" de Obama bien pudo ser un estribillo de una canción de Jackson en los años 80. Un estribillo coreado por Quincy Jones, filmado por Scorsese, aplaudido por Liz Taylor. "Yes, we can", pudo cantar Michael Jackson en los años 80, volviendo de entre los muertos, y muchos años después Barak Obama hizo suyo ese verso y puso a bailar al son de la esperanza a todo el mundo.
Hace pocos días un amigo hizo un chiste macabro, de humor negro, diciendo que Michel Jackson se había quedado solo porque se había metido a blanco, ahora que estaban de moda losTiger Woodo losObama. Un chiste de humor blanco, me dije yo. Un chiste andrógino. Y luego continuamos (en serio) analizando de qué raza era Obama, de qué raza éramos todos. Entonces no sospechábamos que Michael moriría, que nos envejecería con un golpe de magia, con un giro inesperado en su coreografía del asombro, pero sobre todo que nos dejaría sin color de piel, o sí, con el color de los incrédulos. Y así ha sido.
A mis 42 años me he quedado incrédulo clarito, y tú incrédulo oscuro, y aquel incrédulo retinto, y aquella incredulísima. Es el color, la raza, que marcará esta época. Color Obama, para los que gustan de un nombre más cosmético. O color Jacko, para que quienes amamos los nombres más sonoro. Porque en Michael todo era colorido, y cosmético, y cromático, pero sobre todo sonoro. Ha nacido, gracias a él, una nueva raza: la incrédulo-sonora. Un negro, genio precoz, que muere blanco y prematuramente, es un prototipo incrédulo-sonoro. Marca tendencia, dirían los expertos en frivolidades. Marca época, diremos el resto de mortales. Ahora recuerdo que en mi "segunda adolescencia" (a los veintitantos años) en ciertos círculos intelectuales de La Habana me avergonzaba reconocer mi admiración por Michael Jackson y guardaba para mí (bien dentro), las emociones tan profundas asociadas a su música. Ahora siento vergüenza de aquella vergüenza.
Nuestros intelectuales (en La Habana) eran demasiado "serios", demasiado lezamianos para tomar en serio una charla sobreBilly Jeano sobreThriller. Había que hablar de la posmodernidad y otras aristas perfiladas por la "metatranca" (un sublime neologismo auctóctono), y en ese ámbito no cabían el pop, la androginia, la personalidad indefinida del héroe de los negros del barrio. Ni siquiera entre nuestros intelectuales negros, que preferían disertar sobreBob MarleyoStevie Wonder,que era un genio más serio. En fin, que a los intelectuales de mi generación "se nos fue la guagua" muchas veces. Bailábamos casino como trompos, pero éramos incapaces de resbalar sonbre las suelas, marcha atrás, ingrávidos. Y nos quedamos en la fachada de Neverland, en el chisme macabro, el chiste facilón, o el velado comentario racista y homófobo. ¡Oh, los intelectuales¡... He aquí una raza sin color y crédula.
Pero bueno, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Cosas de la vejez, supongo. De la vejez repentina, que es la peor de todas. "Ahora sí que hemos llegado a viejos", dice mi hermano Rúben Aguiar, un musicazo "rubio como el pubis de las mariposas", un intelectual sobreviviente de la metatranca cultural de la isla. Y lo dice dolido, partido a la mitad como esas fotos que hay en las casas de los divorciados. Porque eso somos, Rúben (con tilde, para que no creas que es error ortógráfico, porque no suena igual Rubén en esta frase: repito): porque eso somos, Rúben: fotos partidas a la mitad con la muerte del mito, del genio, del primer obamista de la historia reciente. Fotos partidas a la mitad en las que estamos todos, cada uno de nosotros, en la parte que conservamos bajo el cristal de la cómoda, o en el fondo de una vieja gaveta, mientras en la otra parte falta él, moviendo el cuerpo como nadie, cayendo sin caer, caminando hacia atrás, dando golpes de pelvis sin parecer osbceno. Jackson, el mito. Michael, el eterno joven incrédulo-sonoro "Por otro lado, estaba claro también que jamás veríamos a MICHAEL JACKSON viejo. No habría perdón: ni él ni nosotros nos perdonaríamos eso", insiste Rubén, no Rúben, discutiéndolo con el viejo Rubencito.
Y desde lejos todos sus amigos, colegas, compañeros de música (viejos también de golpe) le damos la razón, qué remedio. Todos estamos envejecidos, encanecidos, ennietecidos, evocando desde un lejanísimo ¿recuerdas? al más pequeño de los Jackson. Por allá viene el anciano Tinito, pantalones pesqueros, medias blancas, sombrerito ladeado, defendiendo la última tesis de Rubén, aplaudida por Rúben, y enviada en un email por Rubencito: "Por supuesto, que entre sus tantas excentricidades cabría perfectamente la de morir en falso, desaparecer para siempre y garantizar así la eternidad al personaje que le tocó interpretar en este escenario común que es la postmodernidad y en la que le tocó un protagónico de lujo".
Por supuesto, fue un lujo. Nosotros que no vimos actuar aSarah Bernhardt, ni bailar a laIsadora Duncan, ni escribir aQuevedo, podemos alardear de haber sido, al menos, contemporáneos de otro mito: Jakcson. Porque los mitos reales escasean, no abundan, duran poco. Y es un absoluto lujo haberlo visto, haberlo oído, haber tenido su música como banda sonora de nuestra adolescencia.
"Billie Jean" (Live in New York 2001)... CON 43 AÑOS!!!
"Bad", dirigido por MARTIN SCORSESE, producido por QUINCY JONES, escrito por RICHARD PRICE y que co-protagoniza WESLEY SNIPES.
Un corto, "Utopía", del cineasta cubano Arturo Infante, que es una aproximación a la llamada “masificaciónde la cultura” en Cuba.
Lo he visto y disfrutado en incontables ocasiones. No es mi interés exponer conclusiones en el post: los cubanos sabemos de estos menesteres que un tanto se exageran (¿o no ?) en el film. Y en cualquier caso prefiero que lo vean antes, pues dice todo lo que pretende decir. Tan sólo apuntar un detalle. El corto presenta personas (ojo: cubanos, en Cuba y en situaciones cotidianas bastante frecuentes allí, que eso es muy importante) con conocimientos o inquietudes sobre Arte, pero con determinado comportamiento en sus relaciones personales y sociales, lenguajes y actitudes muy específicos. Mi lectura es, ¿a cuál criterio de “masificación de la cultura” apunta el corto:al conocimiento sobre Arte o al Comportamiento del “pueblo”?
El “organigrama de empresa” que con humor describe esta foto sólo puede ocurrir de modo natural en una empresa estatal o costeada por el estado, donde el dinero es de los contribuyentes no del que contrata y paga los salarios.
Evidentemente para abrir el hueco sólo es necesario Paco.
Paco debe ganar una porquería, puesto que hay que pagar a los otros también. Que probablemente hasta ganen más que Paco.
En una empresa privada, por ejemplo mía, trabajaría sólo Paco. Los demás irían a la p... calle, como corresponde.
Esto me permitiría incluso, con el dinero que me ahorro, pagar más al que más trabaja, a Paco en este caso. Para que lo haga mejor, por supuesto, lo que me beneficiaría a mí. Y a Paco, que estaría feliz.
Puesto que ahora tengo más dinero, invertiré en mi empresa de huecos para hacerla crecer y ofertaré más trabajo, de abrir huecos exclusivamente, por supuesto.
Los otros tíos que aparecen en la foto y que ahora están en el paro podrán tomar esos nuevos trabajos de abrir hueco.
Aquellos a quienes no les guste o no quieran tal trabajo pueden ser mantenidos por quienes consideren injusto que yo haya echado a la calle a esos zánganos.
Evidentemente esto no sucede así. En prácticamente todas las empresas, privadas y estatales, se repite la estructura que vemos en la foto. Seguramente en la mía terminaría siendo así. ¿Por qué?
Lo que ocurre realmente es que la ley no me permitiría despedir a esos inútiles que son precisamente a quienes defienden los sindicatos y quienes conforman la estructura burocrática de la sociedad de bienestar que es el sistema de organización mediante el cual los zánganos se apropian del fruto del trabajo de Paco y mío y se lo reparten como les place vociferando que es un derecho de ellos porque la justicia consiste en despojar a los que más se esfuerzan de la riqueza que crean y repartirla entre los menos capaces en función de unas necesidades que encima son elegidas y decididas por los políticos que gobiernan y controlan todos los aspectos de la vida privada y social de los ciudadanos que no se enteran que cuando obtienen más de lo que producen es porque alguien se lo está quitando a otro que lo produjo tal como hacen los parásitos con un animal más grande hasta que todos entran en catarsis cuando el animal se enferma o muere o se cansa como ya nos ocurre a Paco y a mí...
Actualización... Mi hijo ha escrito este comentario que me parece imprescindible para completar el post.
Lo que esta diciendo la foto es que la empresa sobrevive gracias a los obreros, mientras ellos son los pobres que tienen que sudar y son maltratados con bajos sueldos. La foto habla de la clase obrera, que "sostiene" a los demás.
A las personas que piensan igual que el que hizo la foto, hagamos un proceso de pensamiento fácil: Cual de todos esos departamentos es la causa de la producción en una empresa? Cual hace que todo lo demás sea posible? El ultimo en esa cadena de causa y efecto es el obrero, al que han reemplazado por maquinas desde que las maquinas existieron, y lo seguirán haciendo. Y el primero en la cadena ni siquiera es mencionado.
Todos los departamentos en la foto son necesarios en una empresa grande, con muchos proyectos. Dependiendo del tamaño de la empresa, seria mas o menos interés del empresario principal, invertir o malgastar su dinero en departamentos donde le dividen el trabajo con el fin de hacer las cosas mas eficientes..
Esa foto es una manipulación, ya que el trabajo de fuerza bruta en si no es la única forma de trabajo.
A quienes piensan que los gobernantes son la solución y no el problema que genera las crisis, les recomiendo que traten de encontrar un político que posea apenas la mitad de la capacidad, inteligencia y pragmatismo que tiene el cuervo del primer vídeo para encontrar solución a un problema. Lamentablemente, los escasos políticos con grados básicos de inteligencia que de vez en vez suelen aparecer (existen, no lo duden) invariablemente se comportan del mismo modo que lo hace el cuervo del segundo vídeo, primero con su pariente el águila y especialmente con el hombre que intenta procurarse su sustento.
"... es más una metamorfosis que un alumbramiento, mis 35 metros se ensanchan, se extralimitan.
Una vez más, toda magia necesita un acto de fe y tanta fiesta merece un tema especial, quienes me conocen saben que soy fiel y terca, así que recurro a un amigo."
y entonces recurre a mí... ¡!
Agradecido y sorprendido, que no "sin saber qué decir", he dejado en su web este comentario a sus palabras, que aquí acompaño de esa instantánea en que aparecemos Judith y yo, recuperada por Gisela para su post:
"Me he quedado sin música…
De inmediato me doy cuenta, Gise, de que eso es también un lugar común. No la frase, por ingeniosa que parezca (que también) sino el gesto de mudez adonde conduce la alabanza, esa aparente parálisis de frases apropiadas con que agradecer. Por supuesto, la causa es (¿qué esperabas?) otro lugar común: la contradicción que creamos cuando ocultamos nuestra íntima certeza de que el reconocimiento es justo, mientras públicamente simulamos la pose de humildad que los códigos al uso nos exigen mostrar. Es en ese punto donde nos quedamos “sin palabras”, cosa que es totalmente falsa: en realidad nos quedamos abrumados, reticentes ante la obligación que nos impone la “cosa social” de actuar hipócritamente.
Y ahora, ya liberado…
Estoy tremendamente conmovido de que hayas inaugurado tu web refiriéndote a mí. Es un detalle importante que acaricia mi ego, pero lo que realmente elevo a la altura de mi autoestima es lo bien que lo has hecho… ya sabes, lo que repito una y otra vez: qué bien escribes, qué bien observas y luego qué bien escribes lo que observas. Me siento privilegiado.
Gracias, Gisela, amiga."
Para leer todo el "discurso de inauguración" que me dedica Gisela en su nueva web sigan este link:
Fue maravilloso estar allí, en “lo mismo”, en lo que somos...
Mabel Cuesta, escritora cubana, profesora de la University of Houston, amiga enorme presentó su libro “Inscrita bajo sospecha” (Betania, 2010) en el bar “La Ida”, en Malasaña, en Madrid, el pasado jueves 22 de diciembre a las 6:30 de la tarde.
Me pidió que cantara algunas de mis canciones, como hace cada vez que podemos coincidir. Un honor que no sé ni pretendo describir.
Una hermosa reseña de lo sucedido la pueden leer en este post de Gisela Baranda en su blog “Desde mis 35 metros cuadrados”. Fue precisamente ese post el que provocó en mí estas reflexiones que apunto con prisa, sin intención alguna de ser definitivo ni cerrar el posible debate al respecto. Y que tienen como premisa este fragmento de Gisela (el subrayado es mío):
"María José enlazaba sus palabras con sonrisas, Mabel leía sus cuentos por encima de la algarabíadel bar, Rubén y Judith cantaban sus canciones amadas y rotundas, conversamos, comentamos, reímos… y la magia volvió cauta y familiar a rondar sobre nuestras cabezas."
Éramos nosotros “la algarabía del bar” aquella tarde. El bullicio, los raros, lo infrecuente. Nosotros fuimos “el ruido” y casi el estorbo del pasado jueves en La Ida. Y no hay que pedir perdón por ello como tampoco nos correspondía pedir silencio. Para los clientes del bar y para el bar mismo lo habitual era lo que ellos hacían: beber, conversar, reír y todo lo que se hace en un bar y es lo propio de un bar.
Qué diferencia existe entre hacer la presentación de un libro en un bar y hacerlo en un apartado rincón del Parque del Buen Retiro o en el salón de alguno de nuestros hogares. La respuesta es: justamente nuestro afán de protagonismo y cierta dosis de exhibicionismo y esa fe alegre y común a todos los mortales en que lo que hacemos es importante y definitivo, acaso lo más. Con nuestros poemas, canciones, risas y credos ocupamos un espacio diseñado para otras cosas, para luego marcharnos con la sensación de ser unos incomprendidos.
Es así que creamos nuestro particular elitismo los intelectuales y los artistas. Así imponemos ambiguas definiciones de la otredad, la alteridad, lo otro. Y así, marginando a los otros, nos marginamos nosotros mismos, otorgándonos una supuesta superioridad que no es más que una actitud defensiva y una manera ¿sutil? de evadir nuestra equivocación. ¿De dónde nos viene esa creencia en que somos los abanderados de la sociedad o la cabeza o punta de lanza de la historia y el progreso del hombre? ¿De dónde que debemos ser escuchados cuando lo decidamos y no cuando lo decida quien ha de escuchar? ¿Qué hacíamos presentando en un bar no diseñado para ello un libro de poesía y cantando canciones intimistas y “raras”?
No nos basta con sentirnos bien, necesitamos mostrarlo. Recuerdo cómo en Cuba, cuando alguien hace una fiesta en casa (incluso muchas veces sólo cuando está contento), abre las puerta o las ventanas o el balcón, y enfila hacia la calle los altavoces del tocadiscos o la casetera o la radio y conecta a todo volumen la música... ¡que se enteren!, ¡transmitimos!... ¡esto es lo que soy esto lo que me gusta ea a disfrutar conmigo!!!
No hay mucha diferencia entre eso y la actitud de siempre, de año tras año, de una y otra vez pretender realizar presentaciones de libros, conciertos de íntimas canciones para la reflexión, exposiciones de arte con nuestros afanes como altavoces enfilados hacia esas calles sorprendidas que son tantas y tantas personas a quienes no interesa nuestra fiesta. Está claro que no llegamos a ser mendigos atravesados en las aceras implorando ayuda, pero no estamos muy distantes de huelguistas o indignados que claman derechos que no siempre les corresponden.
Fue bueno estar juntos, incluso estar juntos allí. Pero no era estrictamente necesario hacerlo en aquel sitio. Y conste que la amabilidad del dueño del local y de su personal fue total y mucho la agradecemos.
Sí, fue maravilloso estar allí, en "lo mismo", en lo que somos... pero...
Suerte que Mabel es una escritora y comunicadora muy especial. ¡Y hasta cantó haciéndome feliz una mía canción!
En cualquier caso, a partir de hoy, como siempre hice en Cuba, ofrezco mi casa, mi pequeño pero suficiente salón para cuanta presentación literaria o musical o artística suceda, o casi. Y también recomiendo aquello que insinué: un parque, un rincón de este basto universo donde estemos los que queramos, sin molestar a nadie para culparlos después de nuestras molestias, sin involucrar a quienes no desean ser involucrados en nuestros modestos o trascendentales asuntos.
La noche del viernes, mientras atravesaba Madrid, pude observar de cerca a muchos de los participantes en la católica Jornada Mundial de la Juventud.
Por las aceras, en los parques, en cada semáforo desfilaban ante mi coche. Organizados en grupos, uniformados en banderas, camisas de igual color y otros elementos por el estilo...
Qué vimos en realidad los que viajábamos en el coche: Montones de jóvenes. Muy jóvenes. Muchos menores de edad. Cantando, coreando, riendo alegres... ¡No protestando contra “nada”! Marchando en doble negativo, diría mi hijo: “no contra nada” “no contra nadie”. Sólo cantando en alegría.
“Qué refrescante, después de estos meses”, decía mi hermano.
Felices de estar juntos, ilusionados en su fe, seguros, inocentes... ingenuos... ¿errados? ¿importa?
En estos días he leído no pocos artículos referidos a este evento católico que reunía a todos esos jóvenes. Mi interés se centró en conocer las razones por las que un notable número de personas repudiaban de manera radical todo lo relacionado con la Jornada, el Papa, la Iglesia Católica, Dios... Mucho de lo que leí arremetía de manera bastante agresiva contra ellos.
A tales artículos llegué por diferentes vías. Cito algunas:
...
En principio estimaba una pérdida de tiempo tomar en cuenta lo que consideraba simples opiniones, por agresivas que fueran. Todos tenemos opiniones y libertad para exponerlas. ¡Y hace tanto calor!
Pero no me ha sido posible pasar por alto algunas imágenes publicadas en internet (dónde si no) que, en mi opinión, testimonian precisamente la puesta en escena de las insidiosas tesis que cada uno de esos artículos citados enuncian.
Reproduzco por ello aquí algunas muestras de esos mismos artículos con sus opiniones “hechos materia”, las versiones “prácticas” de aquellas “teorías”, su ejecución... y su consagración.
Actos contra jóvenes religiosos por manifestantes ateos anticatólicos en Madrid.
Y aquí mi personal opinión acerca de estos hechos.
Esos rostros despreciables que acosan, agreden, insultan, escupen, golpean a esas personas absolutamente pacíficas, son también los rostros de quienes escriben aquellos artículos que he citado (y de muchísimos textos más). Como de aquellos autores son también estos rugidos, este odio y la tan repugnante conducta de quienes insultan y agreden a esos jóvenes físicamente. Y tras ellos se insinúan también, de manera furtiva, los escurridizos rostros de quienes confirman esos manifiestos cargados de odio y provocación re-enviandolos por correo, recomendando, publicitando y con ello suscribiendo cada opinión ... (“No soy yo quien lo ha dicho, pero lee esto”...)
Estos últimos son los que provocan en mí la mezcla de indignación y tristeza que me ha llevado a escribir estas palabras. Porque algunos son personas que conozco, amigos incluso nada sospechosos de ser capaces de realizar o incitar siquiera a tales actos. Sin embargo les entusiasman esos alegatos y me los envían. También esta vez, como tantas otras, podría sencillamente concluir que "seguro existe un por qué” soportando esa actitud, aunque yo continúe sin entenderlo. Y punto. Podría una vez más la búsqueda de ese “por qué” precisar de una reflexión previa de mi parte, supuestamente alejada de prejuicios y superficialidad, una prudente y serena reflexión en la que sopesara motivaciones, culpas, entorno familiar y crianza complejas que de alguna manera los exculpara un tanto... incluido alguna atenuante quizás, tipo “los emailsfueron enviados antes de que ocurrieran los hechos que esas imágenes denuncian”... etcétera... Claro que podría, también esta vez...
¡Pero no me da la gana! Si quiero ser objetivo y honesto no puedo correr el riesgo de alterar la realidad. Y esa cristianatendencia a la piedad que padezco, y que es común a tanta gente, me puede inducir a cometer una injusticia. Porque cualquier intento de justificar o atenuar la responsabilidad de quienes agredieron a esas personas es una nueva agresión que estas reciben. Sin contar que, en ese caso, el que ahora agrede soy yo.
Tampoco me vale decir que esos agresores son ignorantes, víctimas ellos también de años y años de una educación perversa, de manipulación y adoctrinamiento por parte de padres o tutores errados o de malvados políticos e ideólogos. No me vale, porque en ese caso estaría menospreciando el respeto que merecen tantos otros que también han sido víctimas de ese mismo adoctrinamiento y lo han superado y son incapaces de llevar a cabo actos tan despreciables.
La verdad está ante mis ojos, la evidencia ante la mirada de todos: la repulsiva condición de estos intolerantes que agreden a sus semejantes, y su responsabilidad, es compartida en igual proporción por manifestantes, autores de esos provocadores alegatos y divulgadores activos y pasivos de aquellos.
Y punto.
...
Dicho esto...
Los cubanos hemos vivido a lo largo de todos estos años esas mismas actitudes. Los actos de repudio llevados a cabo en 1980 contra quienes decidían marcharse de la isla y del comunismo eran semejantes a estos actos de repudio a esos creyentes cristianos. Y el odio, el desprecio, los golpes y escupitajos a “la escoria” porque no “creían en la revolución” son estos mismos golpes y escupitajos contra estos jóvenes católicos simplemente porque creen en Dios.
También así trataron los fascistas a los judíos en la Alemania nazi.
Digo además...
Pienso en mi hijo, en mis sobrin@s, en los hijos de mis amigos educados en el respeto más absoluto a la libertad propia y ajena. Podría alguno de ellos decidir libremente participar en la JMJ. Y recibir tales insultos y escupitajos o golpes simplemente por ejercer su libertad de expresión y de credo...
Pienso entonces en mi reacción, la más visceral, que es la que corresponde según el código de justicia que aprendí y ejercí de niño y luego y más en mi barrio de Pueblo Nuevo, en Matanzas, en Cuba... y pienso en mi supervivencia y la de los míos y en el honor y el respeto a las personas y a su libertad... y en mi aversión a la impunidad de los violentos... y en la respuesta que considero adecuada a cualquier agresión personal.
Comprendo ahora y no me extraña que en este país hace no mucho se haya desencadenado una guerra civil. Tal y como, desde 1980, comprendí y tampoco me extraña esa otra guerra civil que nos tiene enfrentados a los cubanos hace ya 52 años.
Sucedió en las postrimerías del pasado siglo. (Esto de que “el siglo pasado” sea en realidad mi Siglo XX aún no lo asimilo del todo)
Vivía ya en estas hermosas tierras castellanas y consumía, con la misma resignada y sensiblera dulzura de un viejo tango hecho bolero (*), elúltimo café colado con ingredientes exclusivamente cubanos.
Con enorme dificultad me desprendía de todo lo que había sido yo mismo hasta ese momento. Festejaba deshacerme de lo malo. Pero me destrozaba descubrir cómo el destierro convertía mi tesoro, mi familia, mis amigos, hogar, vida toda, en lastre del que tendría necesariamente que deshacerme si pretendía materializar algún sueño posible y labrar un futuro digno.
Bajo el torbellino de aquellos meses flaqueaba mi expectativa de algún acontecimiento que pusiera mi cuerpo a salvo de recibir el nuevo siglo con los pies en Europa y la cabeza en Cuba.
Pero sucedió: logré reunir a mis hermanos conmigo. Y, con ellos, a mi cuñada de nombre de flor, Amarilys, sumergida en una ancha camisa bajo la que ocultaba el temor a que las autoridades cubanas no la dejaran viajar si descubrían su avanzado estado de gestación. El día que los abracé en el aeropuerto cayó deshecha la taza de aquel último café que el vértigo de la separación hacía ya interminable.
Fue un tiempo hermoso y desgarrador, en el que el pasado se tornó neblinoso desde la impronta de un presente vertiginoso y confuso. Muchos sueños se materializaban a poco de ser soñados. Y la esperanza.
Pero cuando verdaderamente comenzó nuestro futuro, nuestra nueva vida, fue el día que nació Daniela. Mi dulce sobrina. Nuestra primera raíz española.
Una vez comienzan a nacer los hijos del destierro, los conceptos de patria y tierra o país adquieren cada una su verdadera y exclusiva acepción. Y pierden esa condición de sinónimos a la que una vida sin la experiencia de la emigración suele reducirlos.
Desde Daniela nuestraPatria es la familia. Ella amplificó con su llegada nuestra identidad. Nos devolvió el hábito de la búsqueda y el aprendizaje cuando, aún sin cumplir los cincos años, desde su plato de frijoles negros o de tostones, nos rectificaba vocabulario, construcciones verbales viciadas aunque habituales en el otro lado del océano, diferencias entre las “s” las “c” y las “z” , y mucho más desde un tempranísimo exquisito manejo del más escrupuloso castellano.
Fueron aquellos los primeros síntomas de una prodigiosa lucidez que ha sido uno de los grandes orgullos de nuestraPatria a lo largo de todos estos años. Y que en mi personal opinión tuvo su disparo de salida en esta elocuente viñeta que comparto:
Conversábamos a la mesa, luego de un espléndido atracón de comida cubana en familia, en nuestra casa de Madrid junto al río Manzanares. Más allá del balcón, la habitual vista del estadio de fútbol “Vicente Calderón” nos sugería la nostálgica imagen de otro estadio, el de baseball, que asomaba tras la ventana del despintado apartamento, también junto a un río, el "San Juan" de Matanzas, Cuba, que habíamos abandonado apenas unos años atrás.
Alrededor de la niña en su pequeño trono, una tribu de nueve indocumentados, incrementada con los invitados o aparecidos habituales, disponíamos de arsenal suficiente para bombardear el fuerte de los olvidos con cualquier cantidad y tipo de municiones en forma de recuerdos y pareceres.
La conversación derivó, suceso habitual, hacia uno de tantos disparates que, de manera constante, regalaba en aquella y todas las épocas el señor Castro a los cubanos. Algo como que "un cubo de lentejas tiene la misma cantidad de proteínas que un filete de res" (un bistec, como decimos en Cuba) “NO necesitamos comer carne”...
Los criterios que esgrimía eran tan absurdos que alguien casi entra en cólera:
- ¡Es indignante que un presidente sea tan infantil!
Daniela, que escuchaba y que aún no cargaba siete años, se dirigió a todos increpando con estricto acento castizo:
- Por favor, ¿me podéis explicar qué tiene de malo ser infantil?
...
Recibí una solicitud de Daniela hace dos días, pidiéndome un post acerca de la Jornada Mundial de la Juventud y los sucesos alrededor de la visita del Papa a Madrid. Anoche, mi hijo me mostró un artículo sobre el tema, que me hizo recordar la petición de mi sobrina. Se lo comenté:
- Daniela me ha pedido que escriba sobre este asunto y no he tenido tiempo, tomaré este de referencia porque me gusta mucho y...
- No te preocupes – me dice mi hijo – ese es el artículo... –
- ¿Qué quieres decir? -
- Es de ella el post, de Daniela... Te ha enviado un email -
Y de vuelta a mi ordenador leo:
“Tío, te pedí que hicieras una entrada en tu blog sobre la JMJ, pero aun así no pude resistirme a escribir un post yo misma. Me he creado un blog en el que intentaré escribir de vez en cuando (espero que la inspiración esté de mi lado) y el cual he comenzado con este post sobre la visita del Papa.”